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martes, 6 de mayo de 2025

¿Quieres ser feliz? Aquí el consejo de una psiquiatra

 

Cuaresma

El hombre debe aprender a negarse a sí mismo el placer para recuperar la verdadera alegría, afirma la Dra. Anna Lembke, psiquiatra de Stanford. En su libro, muestra cómo el hombre moderno se ha convertido en esclavo del placer, y el antídoto para esta condición es...

En su libro Dopamine Slaves (Esclavos de la dopamina) y en su recién publicado cuaderno de ejercicios, la Dra. Anna Lembke expone una tesis audaz para ser feliz: el mundo en que vivimos se ha llenado tanto de estímulos placenteros que hemos perdido nuestra libertad. El acceso a los placeres inmediatos (redes sociales, comida basura, pornografía, compras, juegos de ordenador) hace que nuestro cerebro se inunde constantemente de dopamina.

Y esto provoca un efecto paradójico: cuanto más placer nos damos, menos somos capaces de sentirlo. Nos volvemos adictos a más estímulos, al tiempo que nos volvemos cada vez más apáticos e infelices. ¿Cómo se puede remediar esto? La respuesta de la Dra. Lembke es sencilla: abstinencia temporal, una forma moderna de ascetismo.

¿Ascetismo u hormesis? Una diferencia importante

praying

A veces se confunde el ascetismo con la hormesis, pero se trata de dos conceptos diferentes. La hormesis se basa en el hecho de que pequeñas dosis de factores estresantes (duchas frías, ayuno intermitente, ejercicio intenso) fortalecen el organismo y mejoran la capacidad de adaptación. En cambio, el ascetismo no se centra en fortalecer el cuerpo, sino en renunciar al placer para recuperar el equilibrio mental y espiritual.

La Dra. Lembke no sostiene que los placeres sean malos, sino que un exceso de ellos conduce a un debilitamiento del sistema de recompensa del cerebro. La dopamina deja de liberarse en respuesta a las pequeñas alegrías, y buscamos estímulos cada vez más fuertes. ¿Su consejo? El ayuno dopaminérgico en forma de prácticas ascéticas (así como elementos de hormesis).

¿Cómo practicar el ascetismo moderno?

1Identifica tus puntos débiles

Es decir, los placeres que te atraen: quizá el uso excesivo de las redes sociales, los juegos, los dulces, las series de televisión, el desplazamiento por Internet, la búsqueda de «gangas» en las compras, los juegos de azar, el patinaje prolongado….

Renuncia a estos placeres durante cuatro semanas -preferiblemente a todos ellos, ¿Por qué cuatro semanas? Porque, según las investigaciones, ése es el tiempo que se tarda en resetear el sistema de recompensas, en restablecer su equilibrio natural. Por supuesto, para muchas de ellas merece la pena renunciar para siempre (el juego y la pornografía, por ejemplo), pero para las menos perjudiciales, cuatro semanas de ascetismo.

2Observa tus reacciones

woman thinking

Las dos primeras semanas pueden ser difíciles, habrá ansiedad, aburrimiento, frustración e incluso el típico síndrome de abstinencia como durante la desintoxicación del alcohol. Observar y registrar lo que nos ocurre ayuda a resistir la tentación de abandonar y volver al estilo de vida esclavo.

3Implementar ayunos

Los psiquiatras también sugieren introducir elementos de hormesis, es decir, pequeñas dosis de automortificación (como baños de hielo, ayuno) para poder restablecer un equilibrio saludable de forma más suave. Paradójicamente, pequeñas dosis de sensaciones desagradables aceleran el retorno de la capacidad de sentir alegrías sanas y experimentamos síntomas de abstinencia durante menos tiempo.

4Redescubrir las alegrías de la vida

Durante un ayuno de abstinencia de dopamina, puede descubrir que las pequeñas cosas (como caminar, hablar, rezar) empiezan a proporcionarle alegría de nuevo e incluso le dan más satisfacción que los estímulos fuertes.

La renuncia cristiana

Aunque Lembke escribe desde la perspectiva de la neurociencia, sus conclusiones están en consonancia con la doctrina de la Iglesia. La tradición católica del ayuno y la renuncia no tiene por objeto la mortificación para el sufrimiento, sino la renovación espiritual. Curiosamente, Anna Lembke también menciona este aspecto: la renovación espiritual como resultado de las prácticas ascéticas.

Bogna Białecka, Aleteia

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martes, 13 de diciembre de 2016

Cómo un psicólogo infantil encontró el elemento espiritual en su trabajo

Para poder mejorar el cómo nos sentimos, primero debemos volver a los pensamientos y cuestionar algunos

Cómo un psicólogo infantil encontró el elemento espiritual en su trabajo

Jim Schroeder, aleteia
Era una típica tarde de mi vida como psicólogo pediátrico. Trabajaba con un chico que llevo viendo varios años. Su vida ha quedado marcada por el divorcio, la violencia y la inestabilidad, pero su madre persiste en ayudar a su hijo a mejorar la regulación de sus emociones y el control de sus impulsos, entre otras habilidades.

Estaba usando un capítulo del libro Qué puedo hacer cuando estallo por cualquier cosa, de Dawn Huebner, para ilustrar la función de los pensamientos en nuestros sentimientos y nuestras respuestas. El chico leía en voz alta el siguiente pasaje: “Pero existe un secreto sobre la ira, algo que te ayudará a evitar que estalles cuando algo va mal. Lo único que hace que te enfades eres tú mismo”.

De repente, me inundó una sensación de consciencia, como una voz que me susurraba: “Estás involucrado en una tarea espiritual”.

Bueno, en la superficie, mi trabajo con este muchacho era sobre usar técnicas cognitivo-conductuales para enseñarle las herramientas para cuestionar nuestros pensamientos y para su re-definición, algo para lo que yo también estoy entrenado.

Pero mi voz interior me alertó, recordándome que, según nos repiten una y otra vez los santos, todo lo que hagamos debe ser un acto de fe y caridad, es decir, debe tener un elemento espiritual.

En mi vida profesional, confío en primer lugar en la doctrina católica sobre el libre albedrío. Según explica el Catecismo, “la libertades el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí mismo”.

En terapia cognitivo-conductual, enseñamos a niños y adultos por igual que los acontecimientos que suceden todos los días puede que estén o no bajo nuestro control. Sin embargo, nuestra actitud y nuestros pensamientos hacia esos acontecimientos afectan a nuestras emociones, nuestras reacciones conductuales, estados internos (por ejemplo, dolor de cabeza, de estómago).

Así que, para poder mejorar el cómo nos sentimos, primero debemos volver a los pensamientos, que a veces parecen automáticos, y cuestionar aquellos que son dañinos o exagerados. Luego, hemos de esforzarnos en re-definirlos de una forma más realista y positiva.

Básicamente, aplicamos el libre albedrío, induciendo un mayor razonamiento e incrementando la consciencia sobre cómo pensamos y actuamos.

De otra forma, podríamos experimentar problemas conductuales y emocionales significativos, incluyendo ansiedad y miedos innecesarios (que resulta aquello contra lo que nos advierte en primer lugar Dios en la Biblia: No tengáis miedo).

Como cristianos, sabemos que podemos usar la oración para pedir la ayuda de Dios para reducir las emociones negativas. Pero Dios también nos regaló la capacidad de “re-definir”.

Es posible que no consideremos esta “re-definición” como una tarea espiritual. Pero si la unidad con Dios comienza con la libertad, y los vicios nos impiden buscar Su perfección, entonces cualquier ejercicio que empleemos para unir nuestra voluntad con la Suya resulta una apertura a lo auténticamente divino.

En todas las Escrituras vemos que los profetas y los apóstoles no trabajan con Dios desde una posición de méritos, sino de voluntad. La simple voluntad propia crea esa apertura; nos conecta con lo divino.

Aquel día sentado con este muchacho, todo quedó claro. No soy responsable de su salvación. No soy responsable de su vida. Pero sí soy responsable de entregar de mí aquello que le ayude a trascender sus retos. Llamémoslo terapia. Llamémoslo orientación psicológica. Llamémoslo como queramos. Pero a fin de cuentas, mi esperanza es que su libre albedrío, su libertad, sea un poco más del estilo a Hágase Tu voluntad.