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viernes, 28 de enero de 2022

Oración para pedir sabiduría, de santo Tomás de Aquino

MODLITWA



"Pon orden en mi vida, ​y concédeme cumplir con lo que Tú quieras que yo haga, como se deba hacer..."

Para hacer las cosas bien, para tomar decisiones correctas y llevar adelante buenos proyectos, necesitamos sabiduría. Santo Tomás de Aquino, uno de los filósofos más destacados de todos los tiempos, sabía a quién acudir para pedirla. Y cómo hacerlo. Él nos dejó esta oración:

Concédeme, Dios misericordioso,
el poder desear con fervor aquello que tú apruebas,
buscarlo con prudencia, reconocerlo con verdad,
cumplirlo con perfección, para alabanza y gloria de tu nombre.

Pon orden en mi vida,
y concédeme cumplir con lo que Tú quieras que yo haga,
como se deba hacer y de la manera más útil para mi alma.

Déjame ir hacia ti, Señor,
por un camino seguro, recto, agradable y que me lleve hasta la meta,
un camino que no se pierda entre las prosperidades y las adversidades,
para que yo te agradezca la prosperidad y que en la adversidad tenga paciencia,
no dejando que las primeras me exalten, ni las segundas me venzan.

Que nada me alegre, ni me entristezca,
más allá de lo que me lleve hacia ti, allá donde quiero llegar.
Que no desee ni tema no agradarle a nadie que no seas Tú.
Que todo lo perecedero se vuelva vil ante mis ojos por ti, Señor,
y que todo aquello que te toque sea amado por mí,
pero Tú, mi Dios, lo serás más que todo…

Que yo no desee nada más que no seas Tú…

Concédeme, Señor Dios, una inteligencia que te conozca,
una complacencia que te busque, una sabiduría que te encuentre,
una vida que te complazca,
una perseverancia que te espere con confianza
y una confianza que, al final, te posea.

Concédeme estar afligido de tus penas por la penitencia,
usar el camino de tus favores para la gracia,
regocijarme de tus alegrías, sobre todo en la patria para la gloria.

Tú que, siendo Dios, vives y reinas por los siglos de los siglos.

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino es un brillante y reconocido filósofo y teólogo medieval, Doctor de la Iglesia, patrón de los estudiantes y las universidades y escuelas católicas.

Se pasó la vida sumergido en libros, pero a la vez fue muy humano.

Escribió grandes libros que se han convertido en clásicos, entre ellos la Summa Theologica, que ha ayudado a muchas personas a creer en Dios con sus profundos argumentos a favor de su existencia.

Patricia Navas, Aleteia

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   Maria Paola Daud

Curiosa anécdota de uno de los mayores doctores de la Iglesia. ¿Por qué se volvió tan estudioso y silencioso?

Gracias a Guglielmo di Tocco postulador de la causa de beatificación de Tomás de Aquino y autor de la primera biografía del santo publicada en 1323, conocemos esta curiosa anécdota.

El joven Tomás de 20 años se encontraba en la Universidad de París. Enviado por la Orden de los Predicadores para que pudiera especializarse en teología bajo la guía de Alberto el Grande, el primer dominico de nacionalidad alemana en convertirse en maestro de teología en París.

Cuenta di Tocco que Tomás: “después de haber escuchado a Alberto enseñar todas las ciencias de una manera profunda y admirable, se alegró de haber encontrado de inmediato lo que estaba buscando, alguien quien podía calmar su sed ardiente de saber”. Para aprovechar una oportunidad tan extraordinaria, Tomás “comenzó a ser más silencioso que nunca, asiduo en el estudio y devoto en la oración”

Llenará el mundo entero

Los compañeros al, ver a Tomás tan robusto y silencioso, lo tomaron por tonto. Le pusieron como apodo: (bovem mutum), «El buey mudo».

Un día, uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó a san Alberto. Al leerlos, este les dijo a los estudiantes: «Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero».

Desde ese día el joven Tomás pasó a ser el bachiller encargado de responder a las disputas y asistente personal de Alberto el Grande.
























sábado, 29 de mayo de 2021

Una cosa que hacen las personas sabias (y que los tontos evitan)

 

communication


No viene de mí, sino del Libro de Proverbios

Un ejecutivo de éxito me recordó una lección de hace 3.000 años que te hará un padre, amigo y hombre de negocios más sabio. ¿No sabes de quién se trata? Desde el punto de vista de una autoridad divinamente inspirada, podría hacerte parecer un «tonto».

La lección implica escuchar, así que permítame llamar tu atención mientras cuento una historia y exploro su mensaje.

Cuando me uní por primera vez al equipo de un ejecutivo hace muchos años, solo lo conocía por su reputación: era un líder decidido y seguro que había heredado un sector grande pero infructuoso de nuestra empresa y pronto se había convertido en una joya. Tenía muchas ganas de aprender cómo lo hacía y estaba ansioso por absorber sus consejos sobre cómo liderar equipos y organizaciones.

Pero pronto sucedió algo extraño: me pidió ideas y consejos. En caso de que tengas alguna duda al respecto, no creas que soy un brillante dador de sabiduría estratégica. Él tenía mucha más experiencia que yo, por lo que a menudo me preguntaba por qué se molestaba en consultarme y en consultar también a otros miembros del equipo.

En medio de una charla informal, orientó la conversación a un tema empresarial importante: «Oye, estoy pensando en hacer esto o aquello: ¿qué piensas?» Escuchó atentamente lo que le dije, sin ponerse nunca a la defensiva si no estaba de acuerdo con su pensamiento.

Esto no significa que no tuviera ideas propias o que no pudiera decidir. Cuando llegó el momento de actuar, lo hizo y de forma segura. Expresó su decisión con confianza en sí mismo y sabiendo que el equipo la llevaría a cabo.

Su estilo me hizo repensar mi enfoque de la vida. Hasta ese momento, mi forma de actuar había sido más que nada la opuesta a la suya. Cuando me enfrentaba a una decisión importante, ya fuera una cuestión de negocios, carrera o dinero, generalmente solo confiaba en mis propias opiniones, y rara vez pedía una opinión a mentores o amigos.

Después de todo, pensé, era mi vida, y ¿quién conocía las circunstancias mejor que yo? Además de esto, tenía confianza en mi capacidad para hacer las cosas: no soy Einstein, pero tengo al menos una inteligencia media. Y, sin embargo, mi jefe era más inteligente, tenía más experiencia y, sin embargo, buscaba consejo. ¿Qué dejaba ver esa situación sobre mí?

10 frases de Jesús que han cambiado a la humanidad

Se apoderó de mí una sensación desagradable. Había atribuido mi enfoque solitario a una gran confianza en mi juicio, pero luego empezó a parecer una racionalización frágil; quizás mi estilo no significaba confianza en mí mismo, sino todo lo contrario, inseguridad. Quizás, sin saberlo, temía que pedir consejo a otros me hiciera parecer débil o indeciso.

Por el contrario, la confianza en sí mismo de ese ejecutivo era precisamente lo que lo hacía sentir tan cómodo al pedir consejos. Obviamente no amenazaba su ego el hacerlo, ni reconocer cuando alguien tenía una idea mejor.

Aquí está la antigua lección de hace 3.ooo años. Hace tiempo mientras estaba inmerso en una lectura espiritual, sonreí y me acordé de mi ex jefe cuando me topé con esta perla del Libero de los Proverbios: “Escucha el consejo y acepta la corrección, y al fin llegarás a ser sabio” (19, 20). Ese hombre tenía perfectamente razón.

Mientras hojeaba el Libro de los Proverbios, lo encontré plagado de advertencias similares, como esta:

Por falta de deliberación, fracasan los planes, con muchos consejeros, se llevan a cabo. (15,22)

Para aquellos que todavía son demasiado tercos para captar el mensaje, aquí está en un lenguaje más directo:

La necedad es la alegría del insensato, pero el inteligente va derecho por su camino. (15,21)

¿Los Proverbios me llaman tonto?

Han pasado casi tres milenios desde que se escribieron esas líneas, y no parece que los humanos hayamos cambiado tanto. Muchos de nosotros todavía somos demasiado tercos para pedir consejo o demasiado inseguros para hacerlo. Por el contrario, las personas verdaderamente sabias y seguras de sí mismas constantemente piden las opiniones de sus colegas, amigos, familiares y feligreses.

Una cuarta parte de los estadounidenses sienten que no tienen en quién confiar, pero si tienes la suerte de tener amigos y confidentes, agradece esta bendición y aprovéchala pidiéndoles su opinión de vez en cuando.

No tomes este consejo de un necio como yo. Tómalo de los Proverbios.


Chris Lowney, Aleteia


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sábado, 9 de mayo de 2020

10 libros que todo católico debe leer en esta cuarentena



Leer la Biblia

Creo que te lo he contado, mi sueño desde niño era ser escritor.  Una vez me reuní con autor panameño, quien gentilmente me recibió en su oficina. Me sorprendió porque dejó todo lo que hacía para atender a este joven que llegó a él lleno de sueños y con la meta de convertirse en un escritor. Me invitó a un café´ en una refresquería que estaba a una cuadra de donde él trabajaba. Por media hora hablamos de literatura, narrativas, autores y un momento hicimos una pausa para sorber el café. 
Aproveché para preguntarle:  “¿Qué  me aconseja para llegar a ser un buen escritor?” Ni siquiera tuvo que pensar su respuesta: “Leer mucho. Lee todo lo que puedas, Leer a tantos autores como te sea posible y estudia su forma de escribir. Aprende de los mejores”. Ahora cada vez que un joven escritor me escribe o me telefonea y me hace la pregunta que en su momento le hice a este sabio escritor, uso su respuesta invariable: “lee.  Es lo primero que debes hacer”.
He recordado esa anécdota en esta cuarentena porque de alguna forma tenemos un tiempo extra para hacer cosas, con que antes no contábamos. Y me parece que es buen momento para viajar con los libros a países imaginarios, entretenernos, y también, por qué no, aumentar nuestra fe, cimentarla con la lectura de buenos libros. Saquemos tiempo de calidad para leer.
No podemos salir y las librerías están cerradas. Nos queda una opción interesante, descargar libros digitales para leerlos en nuestros teléfonos móviles, ordenadores o tabletas. Los bajas en un minuto sin tener que salir de casa y exponerte al virus.  Es muy sencillo  hacerlo y guardarlos en tu dispositivo digital.
Tal vez nadie te lo ha dicho, pero hay cientos de libros gratis que puedes descargar de diferentes plataformas digitales.  Yo estoy leyendo algunos en mi celular. Me siento en el patio interior a leer, reflexionar y rezar.
Quisiera aprovechar este momento para recomendarte 10 libros católicos como complemento a la lectura de la santa Biblia, que te ayudarán mucho en este aislamiento social.  Te darán paz, te servirán de consuelo, crecerás espiritualmente.
Muchos son gratis solo escribe sus nombres en el buscador de Google y los hallarás. Otros tienen precios tan bajos que son casi un regalo. Los libros digitales por lo general son baratos.
Qué sabroso es el silencio cuando está acompañado de un buen libro.
Me gusta bajarlos en formato PDF que para mí es el más fácil y sencillo de leer. Incluso algunos puedes adquirirlos como audiolibros y escucharlos.
10 libros que todo católico debe leer
  1. Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis
  2. Historia de un Alma, de santa Teresita del Niño Jesús
  3. La Regla de san Benito, un libro extraordinario que puedes adaptar a tu vida cotidiana.
  4. El Combate Espiritual, de Lorenzo Scupoli
  5. El Abandono Confiado a la Divina Providencia, de S. Claudio de la Colombiere
  6. Práctica del Amor a Jesucristo, de S. Alfonso María de Ligorio
  7. El Santo Abandono, de D. Vital Lehodey (este maravilloso libro es el que me acompaña por las mañanas)
  8. La Cena del Cordero, Scott Hahn
  9. Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, San Luis María Grignion de Montfort
  10. El Diario, de santa Faustina Kowalska
Hay muchos más esperándote, como los libros de Don Bosco y san Josemaría Escrivá. Te aseguro que con estos 10 le tomarás el gusto a la lectura de libros espirituales y vas a buscar más cuando termines. 
¡Buen provecho!
Claudio de Castro, Aleteia

Nota: No será necesario - en tu caso - recordar el libro más importante: LA BIBLIA

Por si acaso encontrará para descargar varios y muchos más para el crecimiento espiritual (descargar: la segunda columna)


martes, 14 de agosto de 2018

Soberbia - Humildad - Sabiduria Mons. Munilla 5/7 en Santa Maria la Mayor

Mons. Munilla realizó ante los jóvenes de la Diócesis de San Sebastián que peregrinaron a finales de julio de 2018 a Roma, la catequesis de los 7 pecados capitales - 7 virtudes contrarias - 7 dones del Espíritu Santo, iniciada por San Felipe Neri en 1540. En cada una de las 7 iglesias romanas se explica un pecado capital, con su respectiva virtud contraria, y don del Espíritu Santo relacionado.




domingo, 26 de marzo de 2017

Gracias a los abuelos


Queridos ancianos: gracias por lo que sois y lo que habéis sido. Gracias por vuestra gran experiencia, que nos transmitís en tantos y tantos consejos.



 Abuelo



Permitidme que os cuente un cuento que puede ayudarnos a mirar a las personas mayores con ojos de amor a fin de que podamos valorarlas y amarlas más y más y no arrinconarlas como si fuesen trastos inservibles.


Este es el cuento:

Érase una vez un rey muy cruel que decidió desterrar a todos los ancianos de su reino y enviarlos a vivir a un país remoto. Así se lo dijo a sus soldados: “Lleváoslos lejos de aquí. No sirven para nada. Solo comen y duermen, pero no trabajan”.

Todos los soldados siguieron sus instrucciones, excepto uno de ellos, llamado Janos, que amaba mucho a su padre. De modo que le acondicionó una habitación secreta en su casa, donde lo mantenía oculto y le prodigaba todos los cuidados necesarios.

Pasaron los meses y una gran sequía asoló el reino. Los ríos y los lagos se quedaron sin agua, los árboles sin fruto y los graneros se vaciaron en cuestión de días. Preocupado por el riesgo de hambruna, el rey llamó a los soldados: “Os ordeno que encontréis trigo para alimentar al pueblo. De lo contrario, os encerraré a todos en un calabozo”.

Los soldados salieron muy tristes, pues en realidad no había forma de cumplir ese mandato. Janos llegó cabizbajo a su casa y fue directamente a la habitación donde su padre permanecía oculto.

“¿Qué te pasa, hijo?”, preguntó el anciano.

Janos le explicó en detalle la grave situación en que se hallaba.

“No te preocupes, tengo la solución para vosotros”, lo tranquilizó el padre. “Cuando trabajaba como labrador, hace muchos años, me llamaba la atención observar a las hormigas que llevaban cientos de granos de trigo a sus hormigueros. Diles a tus compañeros que abran todos los que encuentren en el campo porque estarán llenos”.

Sin revelar de dónde había sacado la idea, Janos fue con los demás soldados en busca de los hormigueros. A todos les alegró mucho encontrar grandes depósitos de trigo y llenar varios costales. Al día siguiente los presentaron al rey. Este se sorprendió al enterarse de la ingeniosa manera en que los habían conseguido.

“¿Cómo se os ocurrió?”, les preguntó. “Fue idea de Janos”, contestaron. “Explícame tú, entonces”, ordenó el rey.
“Majestad, temo hacerlo pues sé que me castigará”. “Dímelo y no te pasará nada malo”, prometió el rey lleno de curiosidad.

Janos le contó que su padre anciano, a quien mantenía oculto en su casa, le había dado el consejo.

El rey quedó en silencio por un largo rato y luego tomó la palabra: “Ahora me doy cuenta de que fui muy torpe al desterrar a los ancianos de este reino. Los conocimientos que han acumulado en su vida son una valiosa fuente de sabiduría”.

De inmediato ordenó que los ancianos desterrados regresaran a la ciudad, y así ocurrió. Cuando pasó la sequía, todos los habitantes recordaron que uno de ellos los había salvado de morir de hambre.

Queridos ancianos: gracias por lo que sois y lo que habéis sido. Gracias por vuestra gran experiencia, que nos transmitís en tantos y tantos consejos. Los pequeños, vuestros nietos, os escuchan con mucho agrado. Ojalá que todos sepamos tener en cuenta vuestras enseñanzas. Seguro que si lo hiciésemos más a menudo no nos equivocaríamos tanto.

Que Dios os bendiga y os dé su paz.
Monseñor Juan José Ornella, aleteia