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lunes, 13 de diciembre de 2021

5 hábitos para ser felices teniendo a Dios


El llamado a la felicidad es un llamado que Dios nos hace todos los días de nuestra vida, ¿sabes aprovecharlo?

Vivir una vida con el deseo de ser felices o de alcanzar la paz es un hábito del que no nos podemos privar, es un hábito que hay que construir a base de pequeños cimientos diarios.

Cuando tenemos la consciencia de que Dios nos llama a ser felices, nuestra vida cambia. Aunque no cambie externamente o de manera drástica, adquiere una luz nueva. 

Toda nuestra existencia toma un relieve distinto, porque todo lo que hacemos está lleno de sentido para la eternidad. 

Para poder tomarnos este tema en serio, es importante implementar en nuestra vida 5 hábitos fundamentales:

1SER HIJOS

Como hemos sido creados de la misma naturaleza divina, caer en la cuenta de que venimos de Dios nos mueve a portarnos como lo que somos: sus hijos.

Buenos hijos, hijos que confían, hijos que se abandonan, hijos que saben que nunca van solos, que son amados desde la eternidad y llamados a la eternidad. Pero, sobre todo, hijos que se dejan amar por su Padre.

Además de hijos de Dios, somos hijos de María. Ella nos conduce de la mano a Jesús y nos enseña a recorrer este camino de dejarnos amar por Dios y de responder a su amor. Ella nos enseña el rostro de su Hijo para que nos asemejemos a Él.

2DEDICAR TIEMPO A DIOS

Tiempo a las cosas de Dios, tiempo a cultivar la relación con Él, tiempo dedicado a conocerlo y a amar como Él.

De alguna forma, cada hábito es una manera de concretar esto: el deseo de que toda nuestra existencia esté orientada a Él. 

Todo lo que hacemos tiene sentido cuando responde a nuestro propósito más grande: alcanzar la plenitud del amor, la perfección en el amor. 

Esto implica tener en nuestra vida mucho más que lindos sentimientos. Involucra responsabilidades, deberes, el cumplimiento de algunas normas… pero todo con amor, o si no, será puro voluntarismo.

Como no podemos amar lo que no conocemos, es importante dedicar tiempo a la formación. Tener un rato diario para leer el Catecismo, libros de espiritualidad, documentos de la Iglesia… Esto alimenta tu fe y es de mucho provecho para profundizar en tu oración. 

3HACER ORACIÓN

Esto, en síntesis, es hablar con Dios. Un diálogo, una conversación, un espacio abierto a la escucha. 

Para poder vivir nuestra vida junto a Dios hemos dicho que es importante conocerlo y amarlo, entonces: ¿cómo estaremos cerca de alguien a quien no tratamos, a quien no conocemos, a quien no amamos?

¿Cómo sabremos lo que el Espíritu Santo nos quiere decir, si no lo escuchamos?, ¿cómo entenderemos la voluntad de nuestro Padre si no le preguntamos?

4HACER TODO POR AMOR

Podemos desanimarnos cuando miramos nuestra realidad y solo vemos tareas cotidianas, rutinarias, quizás algo aburridas, y no grandes oportunidades de heroísmo para demostrar nuestro gran amor a Dios.

Pero el Señor está en las cosas más pequeñas: en la cocina, en los correos electrónicos, en las clases, en los silencios, en las personas con las que me encuentro cada día.

Todo esto tendrá sentido si es hecho por y con amor. Al estar hecho con amor está bien hecho. Al menos, procurar que así sea —porque a veces tratamos y las cosas no salen bien—, pero Dios mira nuestra intención.

5SERVIR A LOS DEMÁS

Nuestra relación con Dios no nos aleja de los demás, por el contrario, nos invita a servirlos.

Si nos amamos lo suficiente como para querer nuestro bien y nuestra felicidad, ¿no desearemos la misma plenitud para los demás?

Nos tendría que importar llevar, junto a nosotros, a muchos otros a la felicidad.

Esto significa hablar de Dios y de las cosas de Dios, con la palabra y con el ejemplo, pero también desde nuestra oración discreta por los demás. Tiene mucho peso lo que hacemos, lo que pedimos y lo que ofrecemos por los demás.

Y luego de tener todos estos hábitos en mi vida, siempre es bueno

Luisa Restrepo, Aleteia

Vea también    10 hábitos de parejas felices según especialista













































sábado, 4 de diciembre de 2021

Psiquiatra católico comparte 12 hábitos para un matrimonio feliz

 Matrimonio Feliz

Créditos: Pixabay.

La vida matrimonial es un verdadero camino a la santidad. Además de la gracia sacramental que es imprescindible para cualquier relación plena de amor conyugal, un psiquiatra católico brinda doce hábitos sencillos que pueden ayudarte a tener un matrimonio feliz.

En un artículo escrito para National Catholic Register, Patti Maguire Armstrong comparte los hábitos que el Dr. Richard Fitzgibbons recomienda para vivir en plenitud la vida matrimonial.

Los 12 consejos de un psiquiatra católico para un matrimonio feliz

1. El perdón reduce la ira mediante el esfuerzo leal de entenderse a sí mismo y a su cónyuge y participar en el exigente trabajo de dominar la irritabilidad.

2. La generosidad conquista el egoísmo a través del crecimiento en la entrega de uno mismo. Hay que pensar muchas veces al día, “nosotros, no yo”.

3. El respeto supera la necesidad de controlar al pensar en la dignidad del cónyuge y los hijos.

4. La responsabilidad cierra la distancia emocional al comprometerse a proteger al cónyuge de la soledad, la ansiedad, la inseguridad y el egoísmo.

5. La confianza calma la ansiedad a través de la confianza en la bondad y protección de Dios y de su cónyuge y al perdonar a quienes la dañaron.

6. La esperanza reduce la tristeza al confiar en un resultado positivo de los eventos y circunstancias de la vida, especialmente la lucha con la soledad.

7. La gratitud genera confianza a través de la apreciación de los dones dados por Dios y de los dones adquiridos de cada padre y mediante el perdón de aquellos que dañaron la confianza.

8. La prudencia mejora la comunicación al ayudar a los cónyuges a ver lo que se necesita decir o hacer en una situación determinada y cómo decirlo o hacerlo.

9. La templanza refrena las compulsiones y la infidelidad al moderar la atracción de los placeres y al dominar los instintos y deseos para que permanezcan leales al cónyuge.

10. La justicia previene el divorcio fortaleciendo a los cónyuges para que den lo que se les debe a Dios, a sus cónyuges y a sus hijos, que es trabajar para afrontar y resolver honestamente su personalidad y sus debilidades espirituales .

11. La lealtad es un deseo inquebrantable de lo mejor para los demás que disminuye la retirada del compromiso al reconocer que el único lugar en el que se realizan el auténtico amor humano y la sexualidad es en el matrimonio.

12. La humildad fomenta el autoconocimiento y el proceso de abordar las debilidades adquiridas de los padres y de los errores propios que interfieren con el amor y la felicidad maritales.

¿Qué otro hábito agregarías para un matrimonio feliz? 

ChurchPOP

Vea también    La Formación de los Estados de Ánimo

























martes, 20 de noviembre de 2018

Si estás ansioso, los consejos de estos escritores espirituales pueden ayudarte

No dejes que las preocupaciones dirijan tu vida

WOMAN,ANXIETY
En El refugio secreto, una historia verdadera en la que unos judíos reciben ayuda para escapar de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, la autora Corrie Ten Boom escribe: “Preocuparse no vacía el mañana de su tristeza, vacía el hoy de su fortaleza”.
No sé tú, pero si yo hubiera estado envuelto en actividades tan peligrosas como en las que estuvo Boom, sin duda me habría preocupado. Aunque terminó encarcelada por sus acciones, sus fuerzas no flaquearon, quizás porque siempre mantuvo a raya su inquietud.
Es muy fácil caer en el hábito de preocuparse. Podemos preocuparnos por cosas grandes: ¿Estoy criando bien a mis hijos? ¿Escogí bien mi profesión? Y podemos preocuparnos por cosas pequeñas: ¿He olvidado cerrar la puerta del garaje? ¿He tomado la decisión correcta?
 Admito que me las he apañado para preocuparme por todas estas cosas en algún momento. No diría que tengo un problema constante de ansiedad, pero las veces en que esa preocupación ha logrado controlarme están impresas en mi mente como una advertencia.
Por ejemplo, hace un tiempo, pensé que había cometido un tremendo error en el trabajo. Peor todavía, mi jefe también creyó que yo había cometido un error tremendo y mantuvimos una tensa reunión para abordarlo. Hicieron falta unos cuantos días para poner en orden el problema, pero fue una de las pesadillas más horribles y llenas de cortisol de mi vida.
Cuando intentaba dormir por la noche, mi corazón se aceleraba y mi cabeza se obsesionaba con problemas aunque sabía que no podía tratarlos hasta la mañana siguiente. No descansaba, me sentía fatal y mi productividad en otras áreas de mi trabajo se desmoronó. ¿Lo más absurdo de este incidente? Al final, resultó que yo no había cometido ningún error en absoluto y no había ningún problema que solucionar. Ojalá que, antes de descender a ese laberinto de ansiedad sin sueño, hubiera tenido las cosas más claras sobre qué estaba bajo mi control y qué no. Quizás lo hubiera gestionado todo mejor.
A menudo veo a otras personas en la misma situación y, en vez de sentir compasión, me pregunto por qué se preocupan tantísimo, por qué es tan importante y si quizá estarán exagerando. Sin embargo, cuando estás en sus garras, la ansiedad es un gran problema y nadie tiene derecho a juzgar desde fuera. Quizás no siempre tenga sentido que alguien se preocupe tanto, pero es una oportunidad para ver cuánto pueden llegar a debilitar las preocupaciones y ofrecerle apoyo sin juicios.
Para algunas personas, la ansiedad puede estar ligada a un problema de salud que tratar con los médicos, para otras personas es un hábito que se ha formado a lo largo de muchos años y que es difícil de superar. Con frecuencia llega con situaciones en las que todos nos encontramos de vez en cuando: crisis de relaciones, dificultades parentales, estrés laboral, etc. Quizás nunca sepamos del todo por qué está inquieta una persona, pero sabemos que esa inquietud nos sucede a todos. 
San Francisco de Sales, autor de un libro sobre espiritualidad titulado Introducción a la vida devota, escribe sobre lo habitual que puede ser la ansiedad y cómo superarla. Con la excepción del pecado, afirma que “la inquietud es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma”.
Y es que la inquietud destruye nuestra paz interior, hace que actuemos de formas temerarias e impropias de nosotros y, con el tiempo, afecta a nuestra espiritualidad porque estamos abrumados con distracciones y sentimientos de desesperanza. La preocupación puede convertirse en la raíz de muchos otros problemas.
Esto tiene sentido. Después de todo, ¿cuántas veces he tenido que disculparme después de pronunciar unas palabras duras o realizar acciones apresuradas en un momento en que “no era yo mismo” debido a la inquietud?
Internamente, esa ansiedad nos hace dudar de nosotros mismos y quizás incluso haga caer nuestra fe, porque nos hace volvernos hacia dentro, hacia nuestros propios problemas, evitando que miremos a Dios en busca de ayuda.
La frase de Corrie Ten Boom es un buen punto de partida para aliviar nuestras inquietudes. Recuerda: “Preocuparse no vacía el mañana de su tristeza, vacía el hoy de su fortaleza”. Ella nos ayuda a ver que la preocupación nos ataca allá donde no tenemos control. Así que, en vez de centrarnos en el peor de los casos de lo que podría o no suceder mañana, centrémonos en el poder que tenemos para gestionar nuestro día de hoy. Esto puede ayudarte a ganar pequeñas victorias que te animarán a seguir adelante.
San Francisco de Sales también ofrece una perspectiva útil al mostrarnos que la inquietud perjudica nuestra vida espiritual. Así que, durante tiempos de estrés, en vez de centrarte en el problema hasta llevarte a la locura, reflexiona sobre el tema durante un rato y luego tómate un descanso para dedicar tiempo a Dios. Todos somos amados incondicionalmente y ninguna preocupación en el mundo nos robará la paz interior donde podemos encontrarle a Él.
Michael Rennier/Aleteia Francés







domingo, 5 de marzo de 2017

Papa Francisco ¿Y si tratáramos la Biblia como el móvil, siempre con nosotros, consultándola siempre?, dice el Papa



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Familiarizarse con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla. Eso pidió el Papa Francisco tras meditar, antes de la oración del Ángelus, sobre el Evangelio del primer domingo de Cuaresma que cada año presenta el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto.

En el domingo en que además se da inicio a los ejercicios espirituales del Papa y de la Curia Romana, el pontífice rezó el Ángelus en la Plaza de san Pedro - repleta de peregrinos a pesar del mal tiempo - , y tras reflexionar sobre las tentaciones de Jesús en el desierto, afirmó que en este tiempo cuaresmal estamos invitados a seguir las huellas de Jesús y a hacer frente a la batalla espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios.

¿Y si tratásemos la Biblia como al móvil?
Para explicar este llamado que como cristianos tenemos en estos cuarenta días que preceden a la Pascua, preguntó a los fieles presentes qué sucedería si tratásemos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono móvil, es decir, si la lleváramos siempre con nosotros, si regresáramos a buscarla cuando nos la olvidamos, si la abriéramos varias veces al día, y leyéramos los mensajes en ella contenida. Esto porque, para hacer frente a la batalla contra el mal, necesitamos estar familiarizados con la Palabra de Dios.

“Una comparación paradójica”, señaló el pontífice, pero que “hace reflexionar”, porque de hecho, “si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría desviarnos del camino del bien”.


A continuación, el texto y el audio de la reflexión del Papa antes de la oración del Ángelus:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio introduce en el camino hacia la Pascua, y nos muestra a Jesús que permanece durante cuarenta días en el desierto, sujeto a las tentaciones del diablo (cf. Mt 4,1-11). Este episodio se coloca en un momento preciso de la vida de Jesús: inmediatamente después de su bautismo en el río Jordán y antes del ministerio público. Él acaba de recibir la investidura solemne: el Espíritu de Dios descendió sobre Él, el Padre del cielo lo declaró "Mi Hijo amado" (Mateo 3:17). Jesús está ya listo para comenzar su misión; y porque tiene un enemigo declarado, es decir, Satanás, Él lo afronta de inmediato, "cuerpo a cuerpo". El diablo hace presión sobre el título de "Hijo de Dios" para alejar a Jesús del cumplimiento de su misión: "Si eres Hijo de Dios ...", le repite tres veces(v 3.6), y le propone hacer gestos milagrosos, de hacer el mago, como convertir las piedras en pan para satisfacer su hambre, y saltar de los muros del templo haciéndose salvar por los ángeles. A estas dos tentaciones, sigue la tercera: adorarlo a él, el diablo, para tener el dominio sobre el mundo (cf. v. 9).


Mediante esta triple tentación, Satanás quiere desviar a Jesús de la senda de la obediencia y la humillación - porque sabe que así, por este camino, el mal será vencido - y llevarlo por el falso atajo hacia el éxito y la gloria. Pero las flechas venenosas del diablo son todas los "paradas" por Jesús con el escudo de la Palabra de Dios (vv. 4.7.10) que expresa la voluntad del Padre. Jesús no dice alguna palabra propia: sólo responde con la Palabra de Dios. Y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del desierto.

Durante los cuarenta días de la Cuaresma, como cristianos estamos invitados a seguir las huellas de Jesús y a hacer frente a la batalla espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios. No con nuestra palabra: no sirve. La Palabra de Dios: aquella que tiene la fuerza para derrotar a Satanás. Para ello hay que familiarizarse con la Biblia: leerla menudo, meditarla, asimilarla. La Biblia contiene la Palabra de Dios, que siempre es actual y eficaz. Alguien dijo: ¿qué pasaría si tratamos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono móvil? Si la lleváramos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, ¿qué sucedería? Si nos volviéramos cuando nos la olvidamos: tú te olvidas el teléfono celular... "¡úh! ¡No lo tengo, vuelvo a buscarlo!". Si la abriéramos varias veces al día; si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono... ¿qué sucedería? Claramente la comparación es paradójica, pero hace reflexionar. De hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría desviarnos del camino del bien; sabríamos vencer las sugerencias cotidianas del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; seríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más vulnerables y necesitados, y también a nuestros enemigos.

Que la Virgen María, ícono perfecto de la obediencia a Dios y de la confianza incondicional a su voluntad, nos sostenga en nuestro camino cuaresmal, a fin de que nos pongamos en dócil escucha de la Palabra de Dios para hacer una verdadera conversión del corazón.
(Traducción del italiano de Griselda Mutual, de Radio Vaticano)


martes, 10 de mayo de 2016

¿Tener éxito depende de la suerte? 7 hábitos para lograrlo

Éxito y fracaso: dos conceptos que hay que aclarar

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Todo mundo se cruza con personas que tienen algo especial, personas que se entregan en cuerpo y alma a lo que están haciendo, que son capaces de dar lo mejor de sí, afrontar desafíos y ampliar sus oportunidades de éxito en todo los que hacen.

Éxito y fracaso: dos conceptos que hay que aclarar
No importa cuál sea nuestra profesión o actividad, en todos los lugares es posible distinguir que algunas personas consiguen alcanzar sus objetivos con más facilidad que otras. Obviamente, cuando hablamos de éxito o fracaso es necesario aclarar que cada persona tiene sus propias normas que definen ambos conceptos. Desde cuestiones puramente materiales (el éxito en la carrera, buena remuneración, vida confortable…) incluso cuestiones relacionadas con las emociones y el sentido de realización ( grado de felicidad subjetiva, nivel de afección en relación al trabajo que ejerce …), todas son partes esenciales de lo que queremos decir con éxito, a nivel genérico.
Esto significa que existe una parte visible del éxito, pues otros elementos, tan o más importantes, permanecen ocultos, y pueden sólo entenderse a partir de la subjetividad de cada persona.

En busca del éxito: la importancia de la actitud
Como ya mencionamos, independientemente de cuáles son los elementos que caracterizan el “éxito”, hay personas que alcanzan este ideal y desarrollan sus competencias y capacidades a un nivel extremo, mientras que otros no tienen la misma suerte. El éxito depende mucho de lo que hacemos en el día a día. La actitud, la determinación, el empeño y la capacidad de sacrificarse, muchas veces, marcan la diferencia entre las personas que consiguen lograr sus objetivos (no sólo profesionales) y las que no.
Lo importante no es el ‘qué’, sino el ‘cómo’. Aquí debemos resaltar, en primer lugar, una línea común entre las personas que consiguen ser exitosas. No es el talento o la habilidad que poseen (que, naturalmente, también influyen), sino la ética en el trabajo, la actitud, la disciplina y la capacidad de perseverar a pesar de las dificultades.

Atraer el éxito
Algunas personas creen que no tienen control sobre sus vidas ni, por tanto, sobre su éxito personal y profesional. Esto es un error. El éxito no surge como una magia o simplemente por una cuestión de suerte. Si te paras a pensar sobre las personas famosas que consiguen tener éxito, te darás cuenta de que todas ellas tienen un conjunto semejante de valores y hábitos.

Estos hábitos y creencias son lo que les permiten prosperar y, eventualmente, encontrar la suerte que impulse definitivamente sus carreras. Pero no son pasivos, sino que trabajan incesantemente en lo que les gustan, hasta que un día sus esfuerzos ven la recompensa.
Los 7 hábitos que pueden ayudarte a tener éxito en la vida
Si eres capaz de incorporar estas indicaciones a tu vida personal y profesional, probablemente tu vida empezará a tener un rumbo claro.
Observa que todas esas habilidades pueden adquirirse y mejorarse: nadie nace vencedor, sino que son las circunstancias y nuestra mentalidad las que nos llevan al éxito o al fracaso.

1. Sigue tu pasión y dedícate en cuerpo y alma a ella
Si quieres destacar en algo, ámalo. Si no puedes, no insistas: no estás en el buen camino. Las personas de éxito tienen en común la forma como aman y se apasionan por lo que hacen. Cuando tu pasión se convierte en tu modo de vida, el éxito es (casi) seguro.

2. Deja atrás la pasividad y aprende a tomar tus propias decisiones
Un rasgo común de personas que alcanzan sus objetivos es la determinación. Aunque no sean muy valientes para tomar decisiones de forma autónoma, sí suelen ser hábiles al hacerlo. Las grandes oportunidades de la vida no llaman dos veces a la puerta porta, así que necesitas identificarlas y aprovecharlas.

3. Enfoque y entrenamiento
Las personas de éxito son verdaderos gurús de lo que hacen. No podemos ser buenos en miles de cosas al mismo tiempo, por eso es mejor si profundizas sólo en el campo en que quieres especializarte. Eso no significa que no debas satisfacer la curiosidad con todo lo que despierte tu preocupación, pero es importante ser un verdadero especialista en el área en que quieres desarrollar tus habilidades.

4. Rodéate de personas positivas y con ideas claras
No olvides: rodearse de personas positivas nos hace personas positivas. Eso parece obvio, pero debemos tenerlo en mente. Si nos rodeamos de personas negativas, sin ideas, es probable que nos contagiemos de esa actitud mala también. Además, rodearse de amigos y colegas con ideas claras te ayudará a tener apoyo suficiente para llevar a cabo tus proyectos. Realizar grandes ideas en un negocio rentable también requiere la formación de un equipo cohesionado, donde cada miembro está especializado en un aspecto particular. ¡La unión hace la fuerza!

5. Confía en tus posibilidades y en tus sueños
Eso es inevitable para explorar todo el potencial del pensamiento positivo. Es un cliché, pero las personas que tienen éxito en la vida son capaces de vislumbrar el éxito mucho antes que ocurra. Son un poco visionarias. Pueden no tener el 100% de seguridad de que su proyecto tendrá éxito, pero no pierden las esperanzas y siguen trabajando todos los días. Al final, su perseverancia y persistencia son premiadas.

6. La excelencia no es una opción, sino una obligación
Las personas exitosas no se contentan con un modesto buen resultado. Si quieres destacar en tu sector, tienes que superar lo “bueno” y lograr la excelencia. No hay manera mejor de construir un nombre que hacer lo máximo que puedas todos los días. Si tu ética de trabajo es buena, pero no excelente, piensa que esto puede afectar a tu nombre a medio y largo plazo. Las personas que alcanzan la excelencia se dedican mucho, nada se gana gratis.

7. Cultiva hábitos saludables
Ten cuidado, la vida no se resume en el trabajo. En realidad, una actitud tan enfocada es muy contraproducente si tu objetivo es ser bueno en tu campo. Los que alcanzan sus objetivos conocen la importancia crítica de “recargar” y tener un tiempo para el placer, la relajación y los hobbies. Necesitamos estos momentos de paz y tranquilidad para que nuestra mente pueda reestructurar todas las informaciones y estímulos recibidos durante la semana.
(via Psiconlinews)

¿Cuál es el éxito más grande?  

Llegar a ser santo



domingo, 9 de agosto de 2015

Ir a misa es mejor para la salud que salir a pasear o hacer ejercicio

9 agosto 2015
Dos estudios revelan que la práctica religiosa es más beneficiosa para la salud que el deporte
Dos estudios, recientemente publicados, hacen tambalearse el sistema de valores que "la Modernidad" ha creado. En ellos se preguntan sobre hábitos saludables para tener una buena salud mental y sobre la satisfacción que tienen los empleados en sus trabajos. ¡Sorpresa! La cuestión religiosa sale muy bien parada y supera con creces a otros valores como el dinero, el voluntariado, el estudio o la carrera profesional.

Se tratan de estudios independientes creados por una Escuela de Negocios de Londres y un portal web dedicado al análisis de la remuneración de los trabajadores. Seguro que no esperaban estos resultados y quizá por ello, estos dos estudios no aparecerán en los grandes medios de comunicación. Serán probablemente silenciados.

Ir a misa es mejor para la salud que salir a pasear o hacer ejercicio
El culto al cuerpo y a la salud está de moda. Nos inundan con hábitos saludables y con comidas bajas en grasas y sal. Para mantenernos bien y tener buena salud nos invitan a mantenernos en forma, sobre todo la mente. Ya saben, hay que salir a pasear, hacer ejercicio de forma moderada y tener la mente ocupada con trabajos sociales o ampliando estudios. Son recetas y recomendaciones que todos hemos escuchado alguna vez.

Sin embargo, acaba de aparecer un estudio que muestra que participar en las actividades de la Iglesia puede ser incluso mucho mejor para la salud mental de los mayores que todas estas recomendaciones.

The London School of Economics and Politica Science muestra el seguimiento que han hecho durante cuatro años a 9.000 europeos mayores de 50 años y la gran sorpresa es que la única actividad asociada a una felicidad sostenida está relacionada con la asistencia regular a la iglesia, a la sinagoga o la mezquita.

El epidemiólogo Mauricio Avendaño explica: “La iglesia parece desempeñar un papel social muy importante para mantener a raya la depresión y también como un mecanismo de supervivencia durante los períodos de la enfermedad en la edad adulta”.

El experto, al principio se cuestionó si se trataba de la religión en sí o el sentido de pertenencia a algo lo que ayudaba a la salud mental, pero datos del mismo estudio explican que la pertenencia a organizaciones políticas y de la comunidad sólo proporciona beneficios a corto plazo en términos de salud mental y parece, de hecho, que dan lugar a un aumento de los síntomas depresivos a largo plazo.

«Los participantes reciben un mayor sentido de la recompensa cuando por primera vez se unen a una organización, pero si se trata de un gran esfuerzo y no reciben nada a cambio, los beneficios pueden desaparecer después de un tiempo», apunta Avendaño.

Curiosamente, el estudio no encontró beneficio para la salud mental en el deporte, en la participación de actividades sociales o en el voluntariado: “No se encontraron pruebas de que el voluntariado en realidad conduzca a una mejor salud mental”, explican los responsables del estudio.

Si quieres ser feliz, hazte curaUn nuevo estudio, esta vez realizado por la web PayScale , especializada en el análisis de la remuneración que reciben los trabajadores, muestra que el mayor grado de satisfacción laboral expresado por los empleados, la profesión en la que uno es más feliz es la de sacerdote o clérigo.

El 98% de los sacerdotes ó clerigos muestra que su empleo es significativo para él, seguido muy de cerca, por el 96% de las personas dedicadas a la educación o a cuestiones relacionadas con actividades religiosa.

454 empleos distintos se encuentran en este Ranking en el que se pregunta por el sueldo y por la consideración de si su trabajo hace que el mundo sea un lugar mejor para vivir. El sueldo medio de los sacerdotes, clerigos y personal dedicado a cuestiones religiosas no es destacable, lo que sorprende al conocer la gran satisfacción laboral que supone.