martes, 3 de noviembre de 2020

La Palabra de Dios como la proclama la Iglesia durante el mes de Noviembre: Celebrando en casa.


 Tenemos el privilegio de ofrecerles una ayuda para poder leer y escuchar en familia la Palabra de Dios tal como la Iglesia la celebra cada día. 

Cada día tiene una introducción/monición, las oraciones, las lecturas y un pensamiento final. Todo esto les puede ayudar para que la Palabra de Dios resuene en su casa e ilumine la vida de todos los miembros de la familia. 

 Descargar el calendario litúrgico de la Palabra de Dios para Noviembre


Vea  también lo que dice el Papa acerca de la Palabra de Dios en tu vida.

El Papa pide que "hagamos espacio" a la Palabra de Dios en nuestra vida diaria

"Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad", fue la exhortación del Papa Francisco al celebrar la misa en el domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Santo Padre mediante su Carta Apostólica Aperuit illis, con el fin de "no dejar empolvar la Biblia como si fuera un libro más". Añadimos: "Proclamar y Comentar la Palabra de Dios en casa, en familia", un espacio vital en el hogar.

El Evangelio  (Mt 4, 12-23), narra el inicio del ministerio público de Jesús, "nos dice cómo, dónde y a quién el Señor comenzó a predicar".

 ¿Cómo comenzó Jesús a predicar?

Ante la primera cuestión, ¿Cómo comenzó Jesús a predicar? el Papa señaló que lo hizo con una frase muy simple: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (v. 17).

"Esta es la base de todos sus discursos, nos dice que el reino de los cielos está cerca, es decir que Dios está cerca de nosotros y esta es la novedad, el primer mensaje", aseveró Francisco: "Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos. Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro".

El Pontífice va a la esencia de este mensaje de alegría que predica el Maestro, resaltando que por amor "Dios vino a visitarnos en persona, haciéndose hombre", por tanto la invitación directa de Jesús cuando nos dice “Convertíos”, quiere decir, “cambia tu vida”. "Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor"..

 ¿Dónde comenzó Jesús a predicar?

En cuanto al segundo punto, ¿Dónde comenzó Jesús a predicar? el Santo Padre afirmó que descubrimos el origen de sus predicaciones precisamente en las regiones que entonces se consideraban “oscuras".

"No desde el atrio del templo en Jerusalén, sino desde el lado opuesto del país, desde la Galilea de los gentiles, desde un lugar fronterizo, desde una periferia y de esto podemos sacar un mensaje: la Palabra que salva no va en busca de lugares preservados, esterilizados y seguros. Viene en nuestras complejidades, en nuestra oscuridad, porque Dios desea visitar aquellos lugares donde creemos que no llega".

¿A quién comenzó Jesús a hablar?

Finalmente, está la pregunta ¿a quién comenzó Jesús a hablar? El Evangelio dice que «paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos […] que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”» (Mt 4,18-19). En este sentido, Francisco recordó que los primeros destinatarios de la llamada fueron pescadores; "no personas cuidadosamente seleccionadas en base a sus habilidades, ni hombres piadosos que estaban en el templo rezando, sino personas comunes y corrientes que trabajaban" y los convocó de una manera particular.

Hagamos espacio a la Palabra de Dios

"Los llama donde están y como son, para involucrarlos en su misma misión", y ellos responden a esta llamada dejando todo inmediatamente para seguirlo, para escucharlo.

Por eso, el Papa hizo hincapié en que, al igual que los primeros discípulos del Señor, también nosotros necesitamos atender su llamada y escuchar su Palabra: "en medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de vida".

El Santo Padre concluyó su homilía pidiendo que hagamos espacio a la Palabra de Dios: "Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida".

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano


Lo que tienen en común las personas que llegan al cielo

 


No es la perfección, ni una conducta intachable…

Estoy llamado a la santidad, eso no quiero olvidarlo. El otro día escuché una definición del padre José Kentenich sobre santidad que me dio qué pensar:

«Los santos no son más que la buena voluntad de los hombres canonizada»[1].

La buena voluntad llevada a los altares. Me gusta ese concepto.

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Otter/Wikipedia | CC BY-SA 3.0

A veces pienso que los santos nunca yerran, no se cansan de hacer el bien, llegan a todo, cumplen con todo. Nunca están tristes ni pierden la paciencia. No caen en el orgullo en ningún momento. Jamás pecan de egoísmo ni de soberbia.

Pienso que lo santos han de cumplir todas las normas. Amar siempre a Dios por encima de todo y con toda el alma. Respetar a sus hermanos amándolos por encima de sí mismos.

Un concepto de santidad universal en el que nadie encaja, al menos nadie que conozca. Leo historias de santos y espero encontrar milagros, vidas ejemplares que yo no puedo imitar, actitudes perfectas.

Espero de ellos la infalibilidad. Espero que no me fallen nunca y siempre estén a la altura en sus actitudes y comentarios de lo que se espera de ellos.

Una vida ejemplar muy lejos de la mía, me siento tan imperfecto… Entonces es como si la santidad no tuviera que ver conmigo.

Es algo reservado sólo para unos pocos desconocidos. Los miro de lejos, no conozco sus errores y no tengo acceso a su piel humana frágil y falible.

Ese concepto de santidad que a veces me han transmitido me desconcierta. Me piden un amor perfecto que no poseo.

Me piden un cumplimiento riguroso de todo y no llego. Y luego me dicen que sea santo imitando las vidas de esos santos lejanos e inmaculados. Yo no soy de esos.

Por eso me gusta esa definición. Se canoniza mi buena voluntad, mi pobre deseo de hacer el bien, de llevar a Cristo encarnado en mi corazón tan débil y humano, tan impuro y frágil.

Pienso que la santidad de cada uno es diferente. Escribe el beato Carlo Acutis:

«Todas las personas nacen como originales pero muchas mueren como fotocopias».

El santo no muere como una fotocopia de los demás. muere siendo fiel a sí mismo, a su misión única, a su carácter y temperamento.

Fiel a la madera con la que Dios puede tallar en él una obra de arte. Fiel al barro con el que el Alfarero hace el mejor jarrón humano.

Es Dios el que se hace fuerte en mi alma única. No quiere Dios fotocopias, esclavos de galera. Necesita hombres libres fieles a su originalidad. Me necesita fiel a mí mismo y luego Él hará el resto.

La santidad no es el triunfo de la fuerza de voluntad del hombre. Es más bien el triunfo de Dios en mí, en mi alma, en mi vida pobre y limitada.

Es Él quien ensancha mi universo, despeja las nubes, acrecienta el amor de mi alma y me hace capaz de cruzar mares revueltos en medio de la tempestad.

Es Él quien sostiene mi vida para que se revista de su luz. El que aclara mis sombras y despeja mis dudas. Es Dios el que me sube a la altura de sus ojos para decirme muy quedo que me ama.

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karnavalfoto | Shutterstock

Es Él quien respira dentro de mí y me enseña a pronunciar su nombre con voz temblorosa. Y no pretende que siempre diga lo correcto, lo haga todo bien y salve a todas las vidas perdidas que encuentro.

Porque es Él quien salva y no yo. Es Él el que levanta al caído y no yo con mis débiles brazos. Es Él el que sostiene al pobre y perdido y no yo cuando me lleno de orgullo pretendiendo ser el salvador de todos. Dice un salmo:

«Esta es la generación que busca tu rostro, Señor».

Yo busco su rostro. Yo quiero conocer a Jesús. Mi buena voluntad prevalece. Quiero llegar a las alturas. Tengo una voz en mi interior que me dice cómo tengo que vivir. La escucho.

No me doblego a los moldes que el mundo me ofrece. Ni siquiera a los moldes que a veces la misma Iglesia parece ofrecerme.

Quiero ser fiel a la misión que me confía Dios en medio de mi camino. Quiero ser ese niño que se levanta cada mañana dispuesto a tocar el cielo.

Dispuesto a abrazar a ese Dios que me ama por encima de mis miserias y me quiere tal como me ha creado. Con mis talentos y defectos. Con mis grandezas y límites. Con mi barro va a hacer maravillas.

Mi propia herida, esa provocada por otros o por mi propio pecado, va a ser una fuente de vida y luz para muchos. Porque es Dios el que da luz a mis actos, el que ilumina mi camino.

Es Él en mí y yo dentro de Él, cubierto por su manto. Es su amor el que me da la fuerza. Comenta el Padre Kentenich:

«La historia de vida de los santos nos enseña que, por lo común, comenzaron a entregarse heroicamente a Dios cuando se creyeron y experimentaron tratados por Dios como la niña de sus ojos»[2].

La santidad no consiste en vivir en tensión por no saltarme ninguna norma, por respetar todas las señales, por vivir cumpliendo todo lo que me piden.

La santidad no es un libro en perfecto estado, sin anotaciones en los márgenes, ni manchas, ni desperfectos. No es canonizado mi mérito, sino mi buena voluntad. Mi deseo por hacer el bien, mis ganas de dar la vida.

El sueño de ser fiel hasta el fin de mis días. Mis ansias de amar a los demás y a Dios con toda mi alma, con todo mi ser.

[1] J. Kentenich, Desafíos de nuestro tiempo

[2] King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

Carlos Padilla Esteban, Aleteia 

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lunes, 2 de noviembre de 2020

Cáritas Perú y el coronavirus: “Gracias a Dios estamos llegando a los necesitados”

 PERU


Más de 200.000 familias han estado recibiendo alimentos y artículos de protección durante la crisis del coronavirus

La Red Cáritas en Perú, famosa por ser reconocida como brazo social de la Iglesia, ha estado (y sigue estando) también en primera línea de batalla en el combate contra la pandemia del coronavirus.

En ese sentido, en los últimos días fue presentado el informe de “Respuesta de la Red Cáritas en el Perú a la emergencia por la pandemia COVID-19” con el objetivo de dar a conocer un resumen de la intensa labor entre abril y septiembre, cuyos beneficiarios han sido los más desprotegidos.

Las familias, más de 200.000, recibieron apoyo a través de canastas de alimentos de primera necesidad, pero también con el reparto de insumos de higiene.

Fue así que la “ayuda humanitaria llegó a todos” y para la distribución de la misma también se contó con la colaboración de las Fuerzas Armada.

A continuación la ayuda en imágenes:

En tanto, también se recuerda como acción de respuesta la campaña “Ayúdanos a Ayudar”, instancia de alianza con organizaciones estatales como Ministerio de Defensa, pero también medios como América Televisión y Canal N, donde fue posible atender con alimentos a casi 900.000 familias vulnerables.

El informe, divulgado también por la Iglesia en Perú, se puede leer completo aquí:

PERU


El avance de la pandemia del covid-19 tanto en Perú como América Latina y el resto del mundo no se detiene. Pero el amor al prójimo tampoco.

Cierto. No es el único caso. En muchos países del mundo se están multiplicando estos gestos. Pero lo que está haciendo Cáritas en Perú perfectamente sirve de ejemplo a la hora de traducir en acciones todo lo que tiene que ver con el amor al prójimo y aquello de la empatía con el que más lo necesita.

Efectivamente, permítanme por un instante hacer que Cáritas Perú ponga el rostro por todos quienes están dando su vida por los demás, particularmente en América Latina. Y de la mano de algunos de sus representantes, en este caso de la responsable de Imagen Institucional en ese país, Karla Auza, le mostremos al mundo que el en tiempos donde el coronavirus parece no tener freno, el amor también se reproduce de manera exponencial.

A continuación imágenes y palabras que Karla quiso compartir con Aleteia:

“El Covid 19 es una pandemia que nos ha afectado a todos, al mundo entero, y nos ha hecho valorar el estar cerca del otro, un abrazo, un beso, el sentir empatía por el que más necesita”, afirma Karla.

 

PERU

 

“La Red Cáritas viene brindando ayuda, pero no sólo entregando donaciones sino también acompañando, escuchando, compartiendo palabras de aliento, de que todo esto pasará con la bendición de Dios”, expresa.

 

PERUGalería fotográfica 

 

“En muchas partes del Perú se vienen haciendo misas virtuales, oraciones y rezando el rosario, y eso nos hace sentir unidos en un solo corazón. También desde nuestras casas y balcones las personas aplaudimos a las 8 p.m por aquellas personas que vienen sacrificando su vida y la de su familia, como son el personal médico, de limpieza, la Policía, el Ejército, Bomberos, entre otros, como un reconocimiento a su labor», establece.

 

 

“Cada persona que fallece por el coronavirus nos duele… Debemos cuidarnos, por eso es tan importante la labor de Cáritas de llevar alimento a quien más lo necesita, que por el Estado de Emergencia no puede trabajar y con ello subsistir”, señala.

“Todos unidos podremos salir adelante, siempre con el apoyo de Dios”, concluye.

 

PERU

 Pablo Cesio/Aleteia Perú


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¿Cuándo empieza una vida humana según la ciencia?

 

En el momento en que el zigoto, tras la fecundación del óvulo por el espermatozoide, inicia su paso a embrión de dos células. Las ciencias experimentales han demostrado en los últimos años que la existencia de un ser humano comienza tras la fecundación

1.La biología muestra que con la fecundación del óvulo por el espermatozoide empieza a existir un nuevo ser vivo.

La biología molecular, la embriología médica y la genética han arrojado mucha luz para responder la antigua pregunta sobre el inicio de cada vida humana. La ciencia avala hoy que la vida empieza con la fusión del espermatozoide y el óvulo llamada fecundación (del latín, fecundare: fertilizar).

El clásico manual de Langman sobre embriología, utilizado en las Facultades de Medicina para el aprendizaje del desarrollo humano inicial, explica de manera sencilla el proceso de la fecundación: “Una vez que el espermatozoide ingresa en el gameto femenino, los pronúcleos masculino y femenino entran en contacto estrecho y replican su DNA” (o ADN). Esa unión genera una nueva célula llamada cigoto.

Esa nueva célula posee una identidad genética propia, diferente a la de los que le transmitieron la vida, y la capacidad de regular su propio desarrollo, el cual, si no se interrumpe, irá alcanzando cada uno de los estadios evolutivos del ser vivo hasta su muerte natural.

Durante las horas que dura la fecundación, el ADN de ambos progenitores se funde para alcanzar la estructura y patrón propios del nuevo individuo, y a la vez, con la fecundación se pone en marcha el motor de desarrollo embrionario con el que se inicia una nueva vida”.

Ese nuevo ser vivo, ya un embrión, se divide después en dos células, cada una de ellas con una finalidad biológica definida; más tarde en tres, luego en cuatro y así sucesivamente hasta formar un organismo completo y estructurado.

El siglo pasado, el profesor de Genética Fundamental de la Universidad de la Sorbona que descubrió la anomalía cromosómica que produce el síndrome de Down, Jérome Lejeune, ya señaló que todos los códigos de vida están inscritos en esa primera célula llamada cigoto.

FETAL DEVELOPMENTGalería fotográfica 

2. Ese pequeño ser vivo ya pertenece a la especie humana.  No es simplemente una sola célula  que contiene toda la información genética que le identificará siempre y el programa de vida que necesita para desarrollarse hasta su etapa adulta; es mucho más, es un cuerpo humano en desarrollo.

El cigoto es un viviente de la especie de sus progenitores, con toda la dignidad que corresponde a cada uno de los hombres. En los últimos años, la ciencia ha permitido detallar la complejidad de la vida naciente. Explica detalladamente los mecanismos por los que ya la primera célula está dotada de una organización celular que la constituye en una realidad propia y diferente de la realidad de los gametos. Ese cigoto es ya un cuerpo, un organismo con un programa de vida individual. Posee polaridad y asimetría (lo cual la diferencia de cualquier otra célula) de tal forma que tiene trazados, en función del punto por que el que el espermatozoide penetró en el óvulo, los ejes que establecerán la estructura corporal.

La catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra Natalia López Moratalla lo explica así: “La fecundación es un largo proceso de unas 12 horas que empieza con el reconocimiento específico  y la activación mutua de los gametos paterno y materno, maduros, y en el medio adecuado. Desde la zona en la que el espermatozoide alcanza al óvulo se produce una liberación de iones calcio que se difunden como una onda hacia la zona opuesta.

Esa zona del óvulo en fecundación será el dorso del embrión y el eje dorso-ventral seguirá la dirección de la onda de calcio. Perpendicular a él, se establece el eje cabeza-cola. La concentración de iones calcio en el espacio celular del óvulo que se está fecundando regula los procesos que ocurren a lo largo del tiempo de la fecundación. El proceso esencial que se regula por estas señales moleculares es la estructura del ADN que, además de ser más que la suma del ADN de su padre y de su madre, tiene los cromosomas alineados según los ejes corporales para dar paso, sin solución de continuidad, al embrión de dos células”.

No se trata sólo de genética: el desarrollo del individuo requiere una serie de interacciones entre sus células, y sobre todo entre sus genes con componentes del medio interno y externo al organismo. Se realiza así la regulación perfecta y coordinada de la información genética. Ya en la primera división celular, cada una de las dos células del embrión tiene un destino diferente y bien definido. La rica en calcio quedará inmadura con capacidad de ir dando lugar a todos los tipos celulares, es el embrión. La otra, pobre en calcio, dirigirá su desarrollo hacia la formación de los tejidos extraembrionarios y la placenta.

En perfecta continuidad con el proceso de fecundación, el cigoto inicia el desarrollo, según la forma corporal dada por los ejes, con la construcción de las diversas partes del cuerpo. Al tercer día, el embrión ya está formado por ocho células. Autoorganizándose siempre de manera asimétrica, siguiendo una trayectoria unitaria programada de forma temporal y espacial, las células van generando los órganos y los tejidos. Antes de implantarse en el útero al inicio de la segunda semana, y desde el primer día, el embrión ha ido mandando señales moleculares a la madre para que ambos se coordinen como dos vidas distintas, en perfecta simbiosis durante toda la gestación.

La actual embriología molecular ofrece una imagen del embrión incompatible con la anticuada noción del embrión «amorfo», homogéneo, hecho de elementos iguales entre sí, escindible, del que incluso podrían separarse grupos casuales de células capaces de establecer en cualquier momento dos sistemas nuevos. El rigor científico impide hoy confundir un embrión con un conglomerado de células sin organizar.

Referencia:
Inicio de la vida de cada ser humano. ¿Qué hace humano el cuerpo del hombre? Coordinado por Natalia López Moratalla.

3. Desde su inicio en la fecundación, ese ser es una persona con un dinamismo vital abierto propio de la especie humana.

Actualmente, un catálogo completo de las diferencias genéticas entre el hombre y el chimpancé muestra que cada ser humano tiene más creatividad –una identidad suya y diferente de la de los otros- que cualquier animal, con menos biología, con menos genes. López Moratalla explica que ha habido una “pérdida” de genes que suponen reducción de capacidad de adaptación al medio pero que son ganancia en posibilidad de manifestación del carácter personal. Por ejemplo, una mutación en el gen de la miosina, MYH16, se traduce en una fibra muscular más fina que permite al hombre el gesto típicamente humano de la sonrisa, a cambio de una disminución de la musculatura de la masticación.

Los gestos humanos naturales, como la unión corporal en la transmisión de la vida, las tendencias,  tienen carácter personal ya que están liberados del automatismo de lo biológico. No existe una «propiedad biológica» que explique la apertura libre, intelectual y amorosa de los seres humanos hacia otros seres: la biología humana, como ciencia, reconoce la presencia, en los individuos de la especie Homo sapiens, de un dinamismo vital abierto y desprogramado y propio de cada individuo humano. Ese «plus de realidad» es inherente a cada uno y hace posible aflojar las ataduras que atan a los genes.

El cigoto es persona  porque es un cuerpo humano. Y la dimensión corporal es un elemento constitutivo de la persona humana, destaca López Moratalla. Es decir, un ser humano no sólo tiene cuerpo, sino que es el titular de su cuerpo. Cada uno se identifica con la estructura biológica y al mismo tiempo el cuerpo es signo de la presencia de la persona. Cada vida humana es la vida de un sujeto que es a lo largo de la trayectoria temporal de crecer, madurar, envejecer y morir.

En cada sujeto humano, hay una fusión de su vida autobiográfica y su vida biológica que es inherente y originaria, aunque las manifestaciones genuinas y propias de su ser personal sólo pueden hacerse explícitas a un determinado y gradual nivel de desarrollo y maduración corporal.

Agradecemos la revisión de este artículo a la catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra Natalia López Moratalla.

Patricia Navas, Aleteia 

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                           Caricaturas Mortales

«Un millón de niños rezando el Rosario» bate su récord pese al ataque que sufrido por los «hackers»

 


Los pasados 18 y 19 de octubre niños de 136 países de todos los continentes participaron en la iniciativa de “Un millón de niños rezando el Rosario” organizada por Ayuda a la Iglesia Necesitada, y que según aseguran este ha sido “un récord histórico de participación” desde que se iniciara en 2004. Todo ello, a pesar del ataque informático que sufrieron.

Polonia y México han sido los países donde más se difundió la iniciativa, seguidos de Eslovaquia, India y Filipinas. La idea central de la iniciativa era rezar por la paz y la unidad en el mundo. Esta fue la principal petición de los niños de Maiduguri, en el norte de Nigeria, duramente atacada por el Boko Haram.

Por ejemplo, 517 niños se unieron a la oración desde Armenia, país que en ese momento se encontraba en guerra. Desde Minsk, capital de Bielorrusia, donde se ha producido una gran violencia en los últimos meses también numerosos niños quisieron adherirse.

También desde la llanura del Nínive, en el norte de Irak, un gran grupo de niños se reunió frente a una estatua de la Virgen María en Telskuf para rezar el rosario por la paz en el mundo, por todos los que sufren y por el fin de la pandemia.

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Niños cristianos de un colegio de Ramalá (Palestina) rezan el Rosario

“Por la pandemia que está afectándonos, en muchos países no pudieron reunirse en grandes grupos, lo hicieron en familia, hemos visto videos preciosos de niños de Beirut, en el Líbano, o de Carúpano, en Venezuela, donde los niños rezan en sus casas”, cuenta el padre Martin Barta, asistente eclesiástico de ACN Internacional.

Cientos de colegios de toda España, Gran Bretaña o Eslovaquia apoyaron la iniciativa en Europa. En Corea del Sur, los niños del colegio diocesano de Seúl se unieron a las oraciones el día 22 porque no fue posible hacerlo antes por restricciones sanitarias gubernamentales.

Uno de los momentos más simbólicos de la campaña fue el rezo del rosario con los niños desde el Santuario de Fátima, en Portugal. La transmisión en directo por canales católicos permitió a miles de creyentes seguir esta iniciativa en todo el mundo.

“Nos han llegado cientos de testimonios de todo el mundo. Estamos muy contentos del resultado. El contador de la web donde se podían apuntar las familias y grupos participantes se quedó en 509.771. Pero sabemos de miles de personas que no pudieron inscribirse porque la página sufrió un ataque cibernético dos días antes de la fecha”, explican desde ACN internacional.

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Es difícil entender por qué alguien quiere evitar que los niños recen, por otra parte, nos demuestra que alguien teme el poder de esas oraciones ‘que pueden cambiar el mundo’, como decía el Padre Pío”.

El padre Martin Barta explica que “muchos reciben desde hace años el material de ACN por correo postal o por distribuidores en sus países, especialmente en África porque no tiene fácil acceso a internet. Era la primera vez que habíamos promovido una página para apuntarse. La iniciativa ha sido un éxito, tomó vida propia y hemos visto en las redes sociales que muchísimos recibieron la invitación de amigos, parroquias o por las diócesis”.

La campaña “Un millón de niños rezando el rosario” surgió en Caracas, Venezuela, hace quince años, cuando un grupo de niños rezaban la oración mariana y los presentes recordaron las palabras del padre Pío: “Si un millón de niños rezan el rosario, el mundo cambiará”.

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domingo, 1 de noviembre de 2020

¿Sabes que en tu familia puede que hubiera santos?

 MEMORIES


En la fiesta de Todos los Santos celebramos a muchos más que no están en el santoral. Y es que no están todos los que son.

Llega la fiesta de Todos los Santos y seguramente nos preguntaremos quiénes son exactamente esos «todos».

Puede que imaginemos un cielo repleto de personas santas, pero algo alejadas de nosotros: personas de otros siglos, con vidas perfectas, tan admirables que no nos creemos dignos de imitarles… ¿El cielo se nos queda como algo inalcanzable? Nada más lejos de la realidad.

La fiesta de Todos los Santos está en el calendario para que recordemos que también nosotros podemos llegar a la santidad. Hay muchos santos que están en el cielo y no sabemos sus nombres ni se hizo un proceso de canonización para llevarlos a los altares, pero están gozando de Dios e interceden por nosotros. Y son muchos más que los que hay en el santoral con nombre y fecha de celebración. Qué menos que dedicarles especialmente un día.

En directo o a través del purgatorio

El santo es la persona que ha llegado al cielo y goza de la felicidad eterna, o sea, para siempre. Llegó al cielo en directo o lo alcanzó después de purificarse un tiempo en el purgatorio. Pero el caso es que recibió el premio final, el que todos estamos llamados a conseguir y en el que intervienen la gracia de Dios por un lado y nuestra respuesta personal por otro.

Amigos de Dios con una vida «normal»

¿Has pensado alguna vez que en tu familia pudo haber santos? Es posible, por qué no. Hombres y mujeres que vivieron una vida cristiana desempeñada seguramente en las tareas profesionales y en un ámbito familiar que no llamaba la atención, pero que lucharon por ser amigos de Dios y responder a su llamada. Personas que vivieron las virtudes en grado heroico, o sea, al máximo.

FAMILY
Shutterstock | Andrey Zhar
Todos estamos llamados a ser santos, sin hacer cosas extraordinarias, tan solo siguiendo la vocación que Dios nos da a cada uno.

En estos días en que se acerca el mes de noviembre, que la Iglesia dedica especialmente a los difuntos, recordamos especialmente a nuestros familiares y rezamos por sus almas.

¿Fue santo alguno de tus antepasados?

Hablamos de ellos y elogiamos las hazañas (grandes o pequeñas) que alimentan la tradición familiar: los sacrificios de la abuela, la fortaleza de un antepasado, su amor, su generosidad, los valores que transmitieron… tras esas fotografías y esos recuerdos hay vidas ejemplares. Dios nos habla también a través de ellos, en la propia familia.

Descubramos lo cerca que estaban de Dios, hablemos de ellos a los más pequeños de la familia y recemos por todos para que estén ya en el cielo. Aunque el santoral no los recoja con nombre y apellido, la fe nos dice que si fueron santos o ya cumplieron el purgatorio, estarán allí. En la fiesta de Todos los Santos se celebra a esos «santos anónimos» pero reales.

Dolors Massot, Aleteia

 Vea también  Corazón de Jesús Delicia de todos los Santos


Ayuda a tus hijos a descubrir su vida espiritual en función de su edad

 PRAYING CHILD


Los padres son los primeros educadores de la fe de sus hijos, una tarea para la que se debe tener en cuenta la edad y el desarrollo psíquico de cada uno de sus hijos.

¿Cómo hablar de Dios a los hijos en función de su edad? El padre Philippe de Maistre, capellán general del liceo Stanislas de París, explica las diferentes edades de la vida espiritual en niños y adolescentes.

HASTA LOS 2 AÑOS
CONCIENCIA DE AMOR : LA PERCEPCIÓN DE SU MISTERIO

 

Desde su concepción, el niño está en relación con Dios. En el momento misterioso en que Dios insufla alma al niño, Dios crea una especie de “línea directa” con él o ella. Contrariamente a lo que pensaba Freud, la primera conciencia del bebé, ligada a su madre de manera vital, es por tanto y por completo una conciencia de amor y de unidad.

El niño percibe una interioridad y también una exterioridad. Por eso la oración de los padres con el niño es importante ya desde la vida uterina. El niño es sensible a la voz del padre, que no debe dudar en hablarle a su hijo, en bendecirle a través del vientre de su madre, con una voz audible.

Por tanto, desde el nacimiento, el niño tiene una vida espiritual. ¿No dijo Jesús: “Dejen que los niños se acerquen a mí”? Igual que los agonizantes que ya no tienen conciencia intelectual, el bebé todavía no puede conceptualizar, pero mantiene una conciencia de amor del cuerpo.

A través de ese amor el niño tiene la experiencia fundadora del encuentro con Dios. Es el centro de la teología de san Juan Pablo IInuestro cuerpo es más consciente, más inteligente que nuestra alma.

Para esta edad, podemos marcar el momento de la oración apagando la luz y encendiendo una vela ante un icono, que podría representar la Sagrada Familia. A modo de espejo, el niño junto a su padre en los brazos de su madre podría empezar a percibir que hay una fuente más lejana que el amor de sus padres y en la cual se baña: Dios.

DE 3 A 7 AÑOS
LA CONCIENCIA DE LUZ: LOS FUNDAMENTOS DE LA FE

 

Antes de la edad de la razón, el niño se separa de su madre y se da cuenta de que vive dentro de una red. Va a aprender a dirigirse y Dios debe encontrar su lugar en ese gran tejido relacional compuesto por su familia y sus seres queridos. A partir de los tres años aparece su “pequeño yo”; el niño abandona la comunión original para entrar en la oposición. Es el “yo” del pecado, visto ahora como desobediencia a los padres. La clave de la primera educación es resituar ese “yo” en el interior de la alianza original sellada por Dios con sus padres.

Al ir creciendo, necesita que le leamos el Antiguo Testamento: el sacrificio de Isaac, la historia de Caín y Abel, la de José y sus hermanos, etc. Le apasionarán estos relatos sobre los primeros dramas de las alianzas, mientras que su relación con Dios se va entablando en el sello de la afectividad.

Los sentimientos de José que quiere acaparar al amor del padre o la cólera de Caín celoso de su hermano, habitan en él. A través de esos problemas relacionales, familiares, del miedo al abandono, puede aprender que no todo termina en drama. El perdón, la misericordia y la bendición continúan pasando y la última palabra es para la reconciliación.

Hay que contarle las historias de los Patriarcas. Abraham, Isaac y Jacob deben ser como sus abuelos o sus primos. Que se sumerja en la Biblia con la misma pasión que lo hace con los cuentos fantásticos, ¡ya que encontrará en ella la clave de todas las cuestiones espirituales y afectivas de una vida de familia!

Podrá entonces poner nombre a sus dragones interiores (robo, mentira, celos, etc.) y aprender a derrotarlos. También pueden hablarle de la Creación, de Adán y Eva, decirle que fue creado por Dios, a su imagen.

¿Cómo privar a quien está empezando su vida espiritual de estos relatos de los comienzos? Pero sobre todo hay que hablarle del Cielo. La edad de la luz es la edad privilegiada para hablar del paraíso. El niño percibe la muerte como un tránsito al Cielo más fácilmente que el adulto, que se choca con la idea como contra un muro. Precisamente son los niños los que, a menudo, consuelan a sus allegados tras la muerte de un familiar: “Mamá, ¿por qué lloras? Ahora la abuela está en el Cielo con Jesús”.

Entre los 3 y 6 años, no se puede hablar todavía de espiritualidad autónoma, pero la interioridad se despierta bajo el sello de una relación de amor con Jesús.

En primero de primaria, podemos hablar del alma que viene de Dios, esta dimensión invisible que el niño oculta en su interior. Podemos hablarle de su cuerpo que ven los demás, que sus padres pueden tomar entre sus brazos, pero que existe también en una relación con Dios. Puede sentir su alma recogiéndose, con los ojos cerrados, y dirigiéndose directamente a Dios: es la intuición de los “niños adoradores”. Entonces, es importante no “hablar de Dios” en general, sino dirigirse a Jesús, al Padre, delante del niño o niña.

DE LOS 7 A LOS 10 AÑOS
LA EDAD DE LA RAZÓN: EL DESPLIEGUE DE LA INTERIORIDAD

 

Esta edad abre lo que en psicología se llama periodo de latencia. Una edad que se despliega bajo el signo de la armonía porque Dios va a extender en ella la interioridad. Es la edad de la luz interior que se amplía a través del conocimiento. Colorear no es bastante, el niño necesita de un catecismo muy nutrido de la vida de Jesús, la cronología, el aprendizaje de memoria de las oraciones.

Al entrar en secundaria, el niño debe saber utilizar la Biblia. En el instituto se le estimula intelectualmente, pero también desea ser motivado espiritualmente. El niño experimenta la conciencia del pecado, aprende a pedir perdón. No hay que dudar en proponerle a menudo que se confiese.

En familia, se puede respetar un momento de silencio durante la oración, aunque siga guiada por los padres. El niño puede confiarse a Jesús y adorarle. Hasta ahora, el niño obraba esencialmente en función de sus padres, pero en adelante el sentido del bien y del mal le habla directamente.

Al preguntarle cómo se siente después de una buena acción o una confesión, podemos ayudarle a verbalizar esa “gran luz” recibida en lo íntimo de su conciencia. Lo mismo tras una mala acción: ¿por qué se siente triste? La voz de la conciencia le habla, siente que ha fastidiado alguna cosa.

En la vida espiritual puede emerger una verdadera vida mística, de oración. En algunos niños, la relación privilegiada con Jesús es más que una relación amistosa y se vuelve nupcial. Es con frecuencia la edad en la que nacen las vocaciones.

El niño debe apropiarse del Evangelio. Los padres pueden leerle, o darle para que lea, la vida del Cura de Ars. El niño toma conciencia de que una parte de él sólo pertenece a Dios. Es por esta razón que san Pío X recomendó la primera comunión justo antes de la edad de la razón, antes del despertar de la conciencia racional, cuando aparecen una conciencia teologal y una conciencia moral. Este Papa pidió que les diéramos acceso a la oración y a la confesión. El niño tiene un sentido moral autónomo, podemos orientarlo hacia esta vida interior y comprenderá que Jesús siempre está presente ahí.

DE LOS 10 A LOS 13 AÑOS
LA CONCIENCIA DE VIDA, EL MOMENTO DE LA AMISTAD

 

El niño se desarrolla, es la edad de la esperanza, donde Dios se muestra en gran profusión de vida.

Dios nos llama a adentrarnos mar adentro, no todo puede vivirse en familia.

El joven necesita desbordar el círculo familiar y escolar, establecer alianzas, desarrollar el sentido de la camaradería, de conocer a sacerdotes, símbolos de una paternidad mayor.

Necesitan hermanos mayores, de ahí el genio del escultismo o del patrocinio de los padrinos. Con niños o niñas más mayores nace el deseo de hacerse crecer mutuamente a través del juego y la amistad sobre unas bases espirituales. Al descubrir la fraternidad, por fin descubre la Iglesia. La amistad, experiencia moral y espiritual, compromete la fidelidad, hace crecer.

En los exámenes de conciencia, podemos preguntarle cómo escoge a sus amigos, hacerle leer la vida de santo Domingo Savio, muy elocuente. ¿Qué responsabilidades puede asumir en la escuela, cómo se siente responsable de los demás, cómo cree que puede hacer crecer a los demás?

A PARTIR LOS 13 AÑOS
LA CONCIENCIA DE FUEGO: EL ADOLESCENTE EN LA CONQUISTA DE LA AUTÉNTICA LIBERTAD

 

Es fundamental decir que la adolescencia es, ante todo, un acontecimiento espiritual. Es una iniciativa de Dios que trastorna la conciencia del niño, antes de ser un trastorno hormonal y psíquico.

La adolescencia es la edad de fuego que toma el corazón del niño y lo atrae hacia el exterior. De ahí las tensiones existentes, incluso entre Jesús y su madre. “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”, respondió Jesús a sus padres con 12 años.

El adolescente aprende que no está hecho solamente para recibir amor, vivir y desarrollarse tranquilamente en la luz de Dios. El deseo de su corazón es más grande que este mundo tan pequeño. Está hecho para amar y para un absoluto que el mundo no puede darle. Necesita, ya que el fuego de Dios lo ha prendido, que no reduzcamos su adolescencia a una “edad ingrata”.

Dios está al mando, la sexualidad es buena, el deseo de amar es bueno, y es Dios quien lo enfrenta con la percepción de los límites. Necesita de un Moisés para atravesar este mar Rojo, las experiencias espirituales de fuego: necesita la confirmación.

La misa sigue siendo una base. Si protesta a la hora de ir, sus padres pueden decirle que se comprometieron el día de su boda y el de su bautismo a asumir la responsabilidad de transmitirle la fe. Sobre el pecado, no olvidemos darle este versículo para meditar:

Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Rm 7,19).

A los diez años, el niño es más legalista, incluso un poco moralizador. Luego, se divide, conoce las pulsiones, ya no está unificado. Hacen falta lecturas intensas, como el Apocalipsis. La vida aparece, de hecho, bajo una luz un tanto trágica.

Existe una tensión entre el deseo de lo absoluto –este ímpetu nuevo– y la conciencia de límites irreductibles, de debilidades, la percepción de rupturas provocadas por la muerte o las separaciones. Es el cóctel explosivo, analizado por Freud, entre Eros y Thanatos, la llamada a lo absoluto del amor y los límites de la muerte.

Al adolescente la vida le parece demasiado estrecha para satisfacer los impulsos de su corazón. Para salir de este callejón sin salida, el adolescente necesita modelos sólidos que hayan atravesado por sí mismos esta etapa y abierto una esperanza. Necesita heroísmo, conviene hacerle leer sobre las vidas de los mártires, hablarle de san Maximiliano Kolbe, del beato Pier Georgio Frassati o de Chiara Luce. No puede identificarse solamente con estrellas musicales o sus deportistas preferidos.

Más importante que vivir, se trata de amar y encontrar un significado. El padre Thomas Philippe, autor de Temps des forces vives chez l’adolescent (editorial Saint-Paul) sobre la vida espiritual en los adolescentes, llegó incluso a decir que había que comulgar con las dos especies, que la embriaguez generada por el vino tenía un fuerte sentido simbólico.

El adolescente se busca y no se encontrará mirándose al espejo, desahogándose en los medios sociales o echándose un “amorío”. Debe salir de sí mismo o misma a través de experiencias fuertes de evangelización, de servicio a personas sin techo o a personas con discapacidad…

Necesita superarse a sí mismo, experimentar la auténtica embriaguez en la alegría de la entrega de sí; si no, puede dirigirse hacia falsos paraísos como el sexo o las drogas.

Una vida cristiana plena no es una vida hacia uno mismo, sino una vida hecha para ser dada. Se puede experimentar con los scout o dando clases de catequesis a los más jóvenes. Así hace atravesar a los más pequeños por el camino que él mismo atraviesa y esta relación hace crecer a ambas partes al mismo tiempo. Está entonces en una posición de transmisión; pero es el adulto el que transmite.

Cuando confiamos a un adolescente una responsabilidad, se convierte en adulto… ¡y deja de incordiarnos con sus problemitas de adolescente!

Más allá de las rupturas, del duelo de la infancia y de su paraíso soñado, el joven entra en el don de sí mismo y supera los límites de la muerte y de la separación a través de experiencias fuertes, de fuego. Jesús transformó el agua en vino, el adolescente debe luego experimentar la sobria embriaguez del Espíritu Santo.

Olivia de Fournas Edifa Aleteia

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