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jueves, 8 de julio de 2021

Cardenal aconseja lo que un católico debe hacer cuando escuche una ambulancia

Ambulancia

Créditos: Pxfuel.

“Cuando escuches una ambulancia di una oración”, aconsejó hace unos días el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, en un video en Twitter.

Cardenal aconseja lo que un católico debe hacer cuando escuche una ambulancia

Si escuchas una sirena, ya sea de un camión de bomberos, una ambulancia o un coche de policía, di una breve oración, porque alguien, en algún lugar, está en problemas.

Si escucha una ambulancia, ore por la persona enferma. Si escuchas un coche de policía, reza porque tal vez se esté produciendo un acto violento. Cuando escuche el camión de bomberos, ore para que la casa de alguien probablemente esté en llamas. Estas cosas nos impulsan a rezar una oración por amor y caridad hacia los demás”.

Otra cosa, dijo el Cardenal, es cuando suenan las campanas de una iglesia, sobre todo cuando anuncian la muerte de alguien. Y aprovechó la ocasión para recordar una anécdota de cuando iba a la escuela y escucharon las campanas.

Es casi seguro que no se podía saber quién era, estábamos en el aula, pero podíamos escuchar esas campanas. Entonces los profesores dijeron: ‘Hijos, levantémonos y recitemos juntos: ‘Dale el descanso eterno, Señor, y deja que la luz eterna brille sobre él. Descansa en paz. Amén‘.

“Cuando escuches una ambulancia di una oración”.

ChurchPOP

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martes, 15 de enero de 2019

No Tengas Miedo. Emprende el camino. Ánimo. Jesús irá contigo. (Un testimonio bellísimo)


Fui a Misa por la tarde. Las Eucaristías son momentos especiales para mí. A veces cierro los ojos y trato de escuchar cada palabra porque les encuentro miles de significados. Llevo años asistiendo a misa y cada vez escucho algo nuevo que me conmueve el alma y me acerca a Dios.
Esta tarde me encontraba en el Santuario Nacional del Corazón de María, con mi esposa Vida. De pronto le pedí un lapicero y tomé la hoja dominical y la usé para anotar algunas ideas que me llegaban a raudales.
En la palma de mi mano escribí estas palabras para ti: “No temas.  Todo va a salir bien”.
No te conozco. No sé quién eres. Pero sí sé que Dios tiene una preferencia especial por ti.
De alguna forma que no comprendo Dios quiere consolarte, que sepas que está contigo.
Perdona si escribo estas cosas, pero es imperativo que lo sepas: “Dios te ama”.
Una vez me ocurrió que sentí igual, era como una inquietud, pero no le di sentido y lo olvidé. Al tiempo de nuevo e hice igual, lo dejé olvidado. La tercera vez me ocurrió una madrugada. Me desperté inquieto, no podía dormir y le escribí a una persona que conocía y vivía en otro país. Le dije que todo saldría bien, que no se preocupara por lo temporal, sino por su alma, que era preciosa a los ojos de Dios. Que hiciera una buena confesión sacramental, pidiera consejos al sacerdote y asistiera a misa.
Le sugerí también que leyera libros de espiritualidad como Historia de un Alma” de santa Teresita del Niño Jesús, o Imitación de Cristo de Tomás de Kempis. Nada hace tanto bien al alma como la lectura de buenos libros. Le envié la carta.
A los meses mi mamá viajó y se encontró con ella. Le pregunto:
¿Cómo sabía Claudio que pasaba un mal momento? Su carta me reconfortó en la prueba”.
¿La verdad? No lo sabía. No tenía idea. Sencillamente sentí “algo” en mi interior que me movía a escribirle. Y ahora me mueve a decirte: “No tengas miedo. Dios va contigo”.
¿Sabes?… cuando tengo una gran dificultad o atravieso un momento desagradable suelo ir al sagrario. Me quedo un buen rato con Jesús. Le cuento todo y le pido la gracia y fortaleza espiritual que requiero para continuar.  Te lo garantizo, Él siempre escucha, y siempre responde. Es el mejor de los amigos. Un gran amigo. No te va a dejar desamparado(a).
¡Ánimo! ¡No te rindas! ¡Dios te ama!
 Claudio de Castro, Aleteia



















jueves, 23 de agosto de 2018

¿Miedo a algo que va a pasar? Cómo confiar más en Dios

Dios me va a ir dando las fuerzas necesarias para afrontar cada etapa de la vida, todo lo pongo en sus manos

SEASIDE
Hay cuentos y frases que cuando las digo yo tienen poca fuerza. Tal vez porque esas frases tienen que ver con una realidad que no estoy viviendo.
Es verdad que comunican una enseñanza, me hablan de un valor, de una forma de entender la vida. Pero cuando esa misma frase o ese cuento lo relata alguien que lo está viviendo, de golpe su enseñanza tiene la fuerza de la carne y de la vida. La fuerza de lo auténtico, de lo verdadero.
El otro día leía la historia de una persona enferma de cáncer. En su etapa terminal, para animar a su esposa y darle esperanza, le cuenta un cuento que tiene mucho más peso por las circunstancias que están viviendo:
“Imagínate que hay un incendio y estás con tu hijo pequeño, Marcos. ¿Acaso crees que él es el que tiene que decidir cuál es el mejor camino para salir de la casa? No puedes dejar que él decida, porque aunque se empeñe, tú sabrás mejor que él cómo escapar y salvarlo. Comparados con Dios nosotros somos mucho más pequeños. Él sabe cuál es el mejor camino para sacarnos del incendio”[1].
Me quedo pensando en la fuerza de ese cuento contado por aquel que no sabe cómo va a salir del incendio. Pienso en ese dolor ante una muerte próxima.
En ese momento sus palabras tienen una fuerza que las mías no tienen. Ante la angustia de la muerte brota de sus palabras la esperanza de una vida verdadera, para siempre.
Una ventana abierta en medio de la noche y la oscuridad. La confianza ciega en un Padre que me quiere más allá de lo que creo.
A menudo descubro que me cuesta confiar. Creo saber tantas veces la mejor forma de hacer las cosas. Creo conocer el mejor camino para salir del incendio. Sé lo que me conviene, lo que deseo. Y me empeño en descifrar los mejores senderos que me lleven a los mejores prados.
Creo que lo tengo claro, más que Dios, lo que a mí me conviene: “Yo no podía aceptar que lo mejor para nosotros era que él se fuera de mi lado. Aunque Javi siempre me repite que Dios es tan padre tuyo como mío y de nuestros hijos y por tanto sólo quiere lo mejor para todos nosotros. Dios me va a ir dando las fuerzas necesarias para afrontar cada etapa de la vida[2].
Me impresiona esa confianza en Dios cuando todas las fuerzas flaquean y los miedos pesan tanto en el alma. Esa confianza a prueba de fuego es la que me falta a mí tan a menudo.
Quiero hacer mis planes sin hacer caso a las insinuaciones de Dios. Quiero seguir mi rumbo y marcar yo la dirección de mi vida. Me rebelo ante las contrariedades y dificultades que se me imponen.
Cuento sólo con mis fuerzas, aunque compruebe una y otra vez que no son suficientes. Veo lo poco que tengo en mis manos y me rebelo. Veo mi agua sucia, mi pobre carne herida, mis pocos panes y peces.
No puedo hacer frente a la vida que me reclama la entrega total. No puedo superar todas las dificultades que se me plantean. Hay demasiados hombres en mi vida a los que alimentar. Me parece imposible el milagro que se me exige.
Desconfío entonces de ese Dios que es mi Padre y yo su hijo para el que quiere lo mejor. Dudo de sus fuerzas comprobando mis pocas fuerzas.
Tengo miedo de aceptar una voluntad que no es la mía y me da miedo que fracasen mis intentos por lograr la victoria. No cuadra todo según mis mezquinos cálculos humanos.
Quisiera aprender a confiar más en ese Dios que entra en mi casa en llamas para sacarme de allí. Yo le sugiero el camino. Le digo que sé un camino seguro para llegar lejos. Pero no escucho su voz que me pide que no tema, que confíe, que me abandone.
Es necesario que me fíe más de Dios. Pero también tengo que entregar mis fuerzas. Lo que soy y tengo. Lo que hago y deshago. Todo lo pongo en sus manos para que haga milagros.
Comenta el padre José Kentenich: “Pero, por otra, tampoco nos subestimemos: – Lo que hagamos no deja de carecer de importancia. La historia de la salvación del mundo depende también de la historia de mi propio acontecer salvífico. […] San Ignacio decía: – Confiar como si no existiese una voluntad propia, pero también querer con tanta fuerza como si no existiese un Dios que nos ayude[3].
No dejo de luchar por salvar la vida. Lo hago sin angustias ni miedos porque mi vida está en las manos de Dios.
Quiere mi bien. Sabe el mejor camino. La mejor solución para saciar mi hambre, mi sed, mi ansiedad. Y me toma de las manos como un niño. Para que crea y confíe. Para que no deje de luchar hasta el final del camino. Esa actitud de niño es la que quiero mantener toda mi vida.

[1] Idoya Tato, El mejor camino para salir del incendio, 75
[2] Idoya Tato, El mejor camino para salir del incendio, 75
[3] Kentenich Reader Tomo 2: Estudiar al Fundador, Peter Locher, Jonathan Niehaus

Carlos Padilla Esteban, Aleteia






jueves, 9 de noviembre de 2017

3 hábitos que te hacen empezar el día con el pie izquierdo

Acepta el desafío. ¡Quítate estos tres vicios y descubre cómo mejora tu día a día!

¿No sabes por qué tus buenas intenciones matinales se van al garete tan rápidamente? Aquí descubrirás tres maneras en que quizás estés saboteando tu propio día desde la misma línea de salida:

Vicio 1: Mirar los correos electrónicos y las redes sociales


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Tu smartphone te ha facilitado adquirir este hábito poco saludable: en cuanto te despiertas, revisas la bandeja de entrada de tu email, tus mensajes de texto, los muros de Facebook y Twitter y las demás redes sociales que tengas. ¿El problema de este vicio? Sencillo: empiezas a conectarte con las vidas de los demás y con el trabajo ¡antes incluso de conectar contigo mismo! Permites que una oleada súbita de elementos externos den comienzo a tu día por ti, arrastrándote en una corriente desbocada, en vez de ser una persona que tiene el control, que empieza el día pacíficamente, con una oración de agradecimiento o una ofrenda matutina, sintiendo el sol y la brisa de la mañana (aunque sea a través de la ventana), saludando a tu familia con una sonrisa y un beso, desayunando sano… y luego, sí, preparándote para un día de trabajo productivo y edificante.

Vicio 2: Leer o ver malas noticias


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Ya eres consciente del hecho de que los medios siempre dan una posición de honor a lo que sea que atraiga al público general. Por norma, eso implica apelar a emociones fuertes y a los instintos humanos más básicos, que son los más sencillos de hacer detonar, así que lo que más público recibe es, con más frecuencia, las noticias negativas: tragedias, crisis, escándalos, violencia, divisiones, peligro, amenazas, cotilleos… Por supuesto, tenemos que ser conscientes de los problemas que existen en el mundo, entendiendo que debemos usar ese conocimiento para ayudar a solucionar los problemas y evitar que sucedan más, no solo para poder quejarnos y lamentarnos.
Sin embargo, el primer momento de la mañana no es la mejor ocasión para ponerte al día con noticias de este tipo. Las malas noticias inspiran ira y miedo, y estos sentimientos liberan cortisol, la hormona relacionada con el estrés. Así que, sin duda, esa dosis de cortisol que podrías evitar fácilmente es una de las cosas que no necesitas para empezar el día con buen pie. ¡Respeta la paz y la armonía del inicio de tu día!

Vicio 3: Preocuparte por las tareas futuras


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Apenas has empezado el día y ya te estás preocupando; estar “pre-ocupado” significa (desde su etimología) “ocuparse de antemano”, en este caso, anticipas y te aferras mentalmente a un torrente de ocupaciones, tareas, responsabilidades, a las que no puedes dedicarte productivamente en ese momento. Esto genera ansiedad y una falta de concentración durante los primerísimos minutos del día. Es mucho mejor idea “llenar tu depósito” con paz al inicio del día porque, en nuestro horario, deberíamos tener “un lugar para todo y todo en su lugar”. Aprende a vivir el momento presente. Si, durante el desayuno, solamente piensas o hablas sobre lo que tienes que hacer durante tu día de trabajo, ni estás trabajando ni estás teniendo un buen desayuno.
Cambiar estos tres hábitos no es tan complicado y pueden suponer un gran cambio en nuestra actitud a la hora de afrontar el día desde el principio. Empezar la mañana con optimismo, positividad y concentración puede hacer que todo tu día sea diferente. ¡Pruébalo y seguro que estás de acuerdo con nosotros!
Este artículo se publicó originalmente en la edición portuguesa de Aleteia y ha sido traducido y/o adaptado aquí para los lectores  hispanohablantes.

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miércoles, 19 de octubre de 2016

Oración para vencer el miedo y aumentar la confianza

Ayúdame a cambiar mis llantos en carcajadas, mis amarguras y dificultades en alegrías y oportunidades

Oración para vencer el miedo y aumentar la confianza

Señor ¡Tú eres lo más grande de mi vida! Te encomiendo mis proyectos, a los míos y todos aquellos con los que voy a encontrarme en esta vida

¿Te enncuentras en este momento dando una gra batalla contra el miedo, las preocupaciones, o algúna cosa relacionada que te esté debilitando tu confianza? Teniendo fe en las Palabras de nuestro Señor: “Pide y se te dará, busca y encontrarás, llama y se te abrirá” (cfr Mt 7,7), hemos formulado una pequeña oración que quizás pueda ayudarte a cambiar tus temores, vencer todos tus miedos y sanar esa área de tu vida que no te deja avanzar.

Te invitamos a escoger un lugar tranquilo, lejos de cualquier tipo de interrupción. Tómese todo el tiempo que necesite para pronunciar cada una de estas palabras y si puede vuelve a repetir la oración con sus propias palabras.

Oración para vencer el miedo y aumentar la confianza
Señor mío, Tú estás siempre dispuesto a perdonar, porque eres justo y misericordioso, y yo debo imitarte siempre en mis acciones, para ello, me pides una conversión sincera, una conversión profunda en tu amor, que significa dejar atrás todo lo que me ata al pecado y caminar recto por tus senderos de justicia.

Sólo puedo poner mi confianza en Ti, ya que sólo Tú me puedes ayudar a desprenderme de los bienes terrenales, que son pasajeros, van y vienen, pero Tú te quedas, eres eterno.

Tú me quieres feliz, amado mío, y aunque pareciese que es una gran exigencia tuya, lo que realmente quieres es que yo sea libre y esté dispuesto para el propósito para el cual me has creado: «Amar con desprendimiento».

Dame voluntadpara poder dominar mis pasiones y mis anhelos superficiales, que nada ni nadie, ni ninguna cosa fuera de Ti, logre dominar y encerrar mi corazón en el egoísmo.

Señor, quiero que seas Tú mi único Dios, el Dios verdadero, no el engañoso y tentador dios dinero que ha hecho nido en muchos corazones hoy en día.

¡Tú eres lo más grande de mi vida! Te encomiendo mis proyectos, a los míos y todos aquellos con los que voy a encontrarme en este camino de vida.

Dame la voluntad para cumplir tu Palabra, quiero regirme por sobre todo aquella que has colocado en el libro de los proverbios: «Señor, no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria, no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: “¿Quién es el Señor?”, o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios» (Prov 30,8-9)

¡Señor, Tú me has llamado a vivir en la alegría, en la felicidad, aún en medio de las pruebas, en medio de tantas dificultades, luchas y problemas. Envíame tu Espíritu Santo, para no dejarme amargar, afligir o entristecer por nada de lo que pueda sucederme en esta vida pasajera.

Confío en que Tú me acompañas. Te ruego que inundes mi vida con tu Espíritu poderoso, quiero sentir tu presencia que fortalece el alma y la prepara para todo reto. Necesito de Ti. Necesito sentir esa fuerza que me ayuda a superar mis debilidades

Tú quieres hacerme feliz y yo también lo deseo. Por eso, quiero entregarte todas las situaciones por las que estoy atravesando, esas que me crean angustia y me roban la paz. Quiero entregarte esas cosas de las cuales me siento aferrado y me distraen de amarte y adorarte.
Quiero aprender a disfrutar de todo lo que me has ofrecido en esta vida, vivir cada momento con alegría e intensidad, sin apegos.
Ayúdame a cambiar mis llantos en carcajadas, mis amarguras y dificultades en alegrías y oportunidades. Confío en tu promesa fiel, confío en tu Palabra que me conforta.

Quiero que también a mí me digas esas palabras de esperanzas que le pronunciaste a Josué: “No tengas miedo ni te desanimes, porque Yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” (v1,9)
¡Amén!

Qriswell Quero

Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net