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viernes, 22 de diciembre de 2017

9 razones por las que reencarnación y resurrección son incompatibles

Un obispo español aclara las cosas sobre la reencarnación:
Que un cristiano crea en la reencarnación es absurdo

El pasado 15 de diciembre, el obispo de Menorca, Francisco Conesa Ferrer, dedicó la edición de “Diálogos en la Catedral” al tema siempre actual de la reencarnación, con un título muy sugerente y significativo: “¿Reencarnación o resurrección?”.
Y es que la cuarta parte de la población europea, según algunos cálculos, cree en la doctrina de la trasmigración de las almas. El reciente estudio publicado por la Fundación Santa María revela que el 26,9 % de los jóvenes españoles dicen creer en esta doctrina oriental.

Qué es… y por qué está de moda

Monseñor Conesa explicó en su charla en qué consiste esta creencia: para sus defensores, “cuando morimos nuestras almas abandonan el cuerpo y se encarnan en otro, que puede ser humano o no humano, hasta que estén plenamente purificadas”. De manera que, según el obispo, “en esta concepción el cuerpo es como un vestido que se tira cuando está sucio o inservible para vestirse de otro nuevo”.
Demostrando la solidez de su formación filosófica, el prelado explicó el origen de esta creencia, que hay que situar en la India en torno al siglo VIII a.C. y que se extendió después en la Grecia clásica. Hubo un rebrote en Occidente en la época moderna, sobre todo con la Ilustración y el romanticismo alemán.
En su repaso histórico, subrayó finalmente cómo “la creencia en la reencarnación se va difundiendo en Occidente desde finales del siglo XIX por la proliferación y propagación de las sectas de origen e impronta hindú, budista, etc., sobre todo gracias a la teosofía, al espiritismo, al gnosticismo moderno y a la Nueva Era”.
¿Cuáles son las causas de su difusión actual? Para el obispo de Menorca son principalmente dos: “la fascinación por lo oriental y exótico que se da en occidente”, por un lado, y “el silenciamiento de la enseñanza cristiana sobre el más allá”, por otro, algo que se constata en la predicación de la Iglesia. De modo que “muchos cristianos piensan de un modo muy vago en el más allá”.

Las justificaciones de la gente

En su intervención, monseñor Conesa planteó una cuestión fundamental: “¿por qué una persona que ha nacido y ha crecido en una civilización con raíces cristianas escoge esa creencia de origen oriental?”. Y aludió a tres justificaciones concretas.
La primera se refiere al problema del mal, para el que el ser humano siempre ha buscado una explicación. Para la cosmovisión oriental, en la que se enmarca esta creencia, “todo depende del desarrollo mecánico e inercial del karma y de las reencarnaciones”, de forma que “cada uno es responsable del mal que padece en cuanto la malicia de sus acciones en existencias pasadas gravita sobre él en su vida actual”.
La segunda justificación es la necesidad de que haya justicia, pues “la creencia en la reencarnación permite al alma realizar su purificación progresiva por sus solas fuerzas y esfuerzos con tal que se ajuste con minuciosidad a su nueva condición en un cuerpo distinto al de la vida anterior y a sus obligaciones específicas de su nueva existencia humana, animal o vegetal”.
En tercer lugar, la sucesión de reencarnaciones permite que el alma no se juegue “su destino eterno en una sola baza o existencia”, proponiendo futuras oportunidades de felicidad, “sin purgatorio ni infierno”.

La respuesta cristiana: resurrección

A continuación, el obispo de Menorca expuso una clave fundamental de la fe cristiana: la creencia en la resurrección de los muertos, que “no nace de la reflexión humana ni de la constatación empírica, sino del acontecimiento único de la glorificación de Jesucristo tras su pasión y muerte”.
Del anuncio cristiano de la resurrección de Cristo nace la convicción de la resurrección de sus seguidores. Y este hecho portentoso “no puede afectar sólo al alma. No se trata de la inmortalidad del alma, de la que hablaba ya el mundo griego. No es eso lo que pasó con Jesús. La resurrección es de la persona entera y esto significa que es también de su cuerpo, porque lo corporal es parte fundamental de la persona”.
Es difícil entender cómo puede ser esto, ya que el cuerpo físico se descompone tras la muerte. El modelo es el cuerpo glorioso de Cristo resucitado. Lo que resucitará al final junto con el alma “no se trata de un cuerpo físico”, explicó el prelado, “sino de lo corporal del hombre. Para el ser humano la corporalidad supone sobre todo estar en el mundo, mantener comunicaciones con los otros y vivir en la historia”.

9 razones por las que reencarnación y resurrección son incompatibles

Por si hubieran quedado dudas, y ante las propuestas que hacen algunos, monseñor Conesa afirmó que “reencarnación y resurrección son dos visiones alternativas del fin de la persona humana, pero también de cómo se concibe al ser humano, su historia y al mismo Dios”. Por ello, subrayó, “estamos ante creencias incompatibles”.
Y detalló algunas diferencias fundamentales. Las resumimos aquí, confrontando lo que trae consigo la resurrección frente a la creencia en la reencarnación. 9 diferencias:
– Una sola muerte, frente a las muchas muertes del ser humano.
– El encuentro con Alguien que ama personalmente al que muere, frente a la disolución del alma en “una realidad impersonal y neutra”.
– “Cada persona es absolutamente única y original” y su cuerpo es parte indispensable de su ser, frente al cuerpo entendido como prisión del alma y como algo secundario.
– La resurrección trae consigo una concepción lineal de la historia, frente a una visión circular del tiempo.
– La vida se experimenta ante la voluntad de Dios, frente a una existencia sujeta a una ley cósmica.
– Existe el pecado como desobediencia a la voluntad de Dios, frente a una concepción de insuficiencia o desequilibrio en el hombre.
– Cada acto del hombre tiene valor y es irrepetible, frente a la idea de que nada es irrevocable y todo es revisable.
– Es posible la esperanza y la lucha por un mundo mejor, frente a un fatalismo que promueve conformarse con lo negativo, que sería consecuencia de culpas de vidas anteriores.
– Existe un Dios personal que quiere salvar al hombre del pecado porque lo ama, frente a una visión del ser humano que lo deja solo, sin lugar para Dios, y responsable único de su salvación individual.

Una innegable contradicción

El obispo de Menorca terminó su charla reiterando la incompatibilidad entre reencarnación y resurrección, que “son dos maneras de responder a ese gran misterio que envuelve la vida del hombre” y, como expuso con todo detalle, “se trata de dos creencias divergentes e incompatibles”.
Y por si hubiera quedado alguna duda, la despejó con una afirmación muy gráfica: “es absurdo que un cristiano afirme creer en la reencarnación, como lo sería que un buen hindú pensará que iba a resucitar”.

Para más información:

– Miguel Pastorino, “¿Un cristiano puede creer en la reencarnación?”, Aleteia, 19/11/12.
Luis Santamaría, aleteia

domingo, 17 de septiembre de 2017

¿Son compatibles el karma y la fe católica? Este Obispo ofrece una clara explicación


Imagen referencial / Foto: Pixabay (Dominio Público)

 El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Los Ángeles en Estados Unidos, Mons. Robert Barron, explicó las razones por las cuales el “karma” no es compatible con la fe católica ya que niega algunas verdades esenciales de la fe cristiana.

En su blog, Word on Fire, Mons. Barron explicó que el “karma” es un elemento de las religiones orientales, como el hinduismo y el budismo, que considera que “por una ley espiritual cósmica, somos castigados o recompensados según nuestras actividades morales”.

“Si hacemos cosas malas, vamos a sufrir, en esta vida o en la que vendrá. Y si hacemos cosas buenas, seremos recompensados aquí o en el más allá. El karma no necesariamente es inmediato, a diferencia de la ley de gravedad”, pero “a la larga la gente es recompensada o castigada según sus méritos. Y esto satisface nuestro sentido de  equidad y justicia”, indicó.

En cambio, prosiguió el Prelado, la Iglesia Católica enseña que “todas las personas son pecadoras y por lo tanto merecen un castigo, pero Dios, en una muestra de generosidad, les da lo que no merecen”.

Para explicar en qué consiste esta “gracia” otorgada por Dios, Mons. Barron puso como ejemplo la parábola del Hijo Pródigo. Esta cuenta la historia de un hijo que malgastó su herencia en una vida libertina y cuando regresa arrepentido a la casa de su padre, este lo perdona, lo recibe con alegría y hace un festín en su honor con el mejor ternero.

Mons. Barron afirmó que Dios otorga su gracia como “un regalo”, pero cuando la persona la guarda de forma egoísta este don “se convierte en cenizas”. En cambio, “cuando entregas esa gracia, esta se renueva en ti”.

“Si la gracia asombrosa ha salvado a un desgraciado como yo, tengo que ser un vehículo de gracia para cada alma perdida que me rodea”, destacó el Prelado.

El Obispo Auxiliar de Los Ángeles indicó que en la Biblia hay dos pasajes que demuestran cómo Dios concede a oportunidad de redención a todos los pecadores sin excluir a nadie, a diferencia del karma.

El Prelado señaló que a pesar de que la Biblia señala que Israel es “el pueblo elegido”, en Is 56, 6-7 se lee que “a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración”.

Indicó que en Mt 15,21-28 una mujer cananea busca a Jesús para pedirle que libere a su hija de un demonio, pero él se niega diciéndole que solo ha venido a apacentar las ovejas de la casa de Israel. Incluso le dice “No está bien que se tome la comida de los hijos y se la tiren a los perros”. Pero ella le responde “Por favor Señor, hasta los perros comen de las sobras que caen de la mesa de los hijos”.

Jesús se sorprende por su fe y le concede lo que ella pidió. Al respecto, Mons. Barron explicó que “la mesa de la gracia fue puesta para los hijos de Israel, pero la comida de esa mesa no estaba destinada solo para los israelitas sino para todos los que vinieran. Israel fue escogido, sí, pero para el bien del mundo”.

En ese sentido, Mons. Barron manifestó que es una gracia de Dios que “no estemos viviendo bajo la dispensación del karma ¿Quién de nosotros sería capaz de soportar los fuertes vientos de la justicia pura?”.

“Los devotos de una religión de gracia tenemos que saber que el don no es solo para nosotros, más bien la generosidad de Dios está destinada a despertar en nosotros una generosidad semejante”, expresó.

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