Mostrando entradas con la etiqueta Reencarnación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reencarnación. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de septiembre de 2022

Contradictoria, antivitalista, incluso «insultante»: diez razones para rechazar la reencarnación


 

La creencia en la reencarnación, como la creencia en el karma, forma parte de las religiones orientales y ha llegado a Occidente como producto de consumo propio de la Nueva Era.

¿Tiene algún fundamento creer que hemos vivido otras vidas anteriores en otros cuerpos, siendo nosotros mismos? Peter Kreeft, católico converso del protestantismo, filósofo doctorado en la Universidad de Yale y profesor en el Boston College y en el King's College de Nueva York, incluyó el asunto en uno de sus últimos libros: Ask Peter Kreeft [Pregúntale a Peter Kreeft], que recoge cien cuestiones que le han planteado en sus muchos años y muchas conferencias como apologista de la fe.

Peter Kreeft.

El filósofo católico Peter Kreeft ha publicado en español Cómo ganar la guerra cultural.

Portada de 'Cómo ganar la guerra cultural'.

Kreeft sintetizó los contenidos de sus respuestas del libro sobre la reencarnación en un artículo en Catholic Exchange donde explica por qué los católicos no creen en ella, y cuya argumentación estructuramos y sintetizamos a continuación:

¿Por qué los católicos no creen en la reencarnación?

1. Porque es contraria a la Resurrección, y "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe" (1 Cor 15, 14). Cristo resucitado convivió con los apóstoles y tenía un cuerpo físico que podía tocarse y que Él alimentaba.

2. Porque la Biblia la contradice expresamente: "El destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio" (Heb 9, 27).

3. Porque la Iglesia siempre rechazó esa idea a pesar de que ya existía y era muy popular en el ambiente de cultura griega en el nació y se difundió el cristianismo. En la filosofía platónica, la vida después de la muerte consiste en liberarse del cuerpo. En el cristianismo, consiste en la resurrección del cuerpo.

4. Porque es un insulto al cuerpo. Sitúa toda nuestra humanidad en el alma o en el espíritu, y considera al cuerpo como un motel de carretera temporal, en el mejor de los casos, o como una prisión o una tumba, en el peor. Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos dicen que Dios creó el cuerpo, y que la imagen de Dios es en cierto modo corporal además de espiritual. La primera vez que se menciona la imagen de Dios ("Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó", Gn 1, 27) se habla de hombre y mujer, palabras que tienen un significado físico y biológico, no solo referidas a la mentalidad masculina o femenina.

5. Porque es un insulto a la individualidad. Con la reencarnación, tu vida no es única. En tiempos fuiste alguien distinto. Tu único yo se convierte en algo relativo e intercambiable, como si fuese una máscara o un uniforme.

6. Porque repudia la moralidad. Los neoplatónicos y los gnósticos iban más lejos que Platón y afirmaban que el cuerpo es la causa del pecado y del mal. Una filosofía muy conveniente para los pecadores: “Mi cuerpo me obligó a hacerlo. La culpa es tuya, Dios, por hacerme cargar con él”.

7. Porque rompe la unidad de la persona.  Descartes, quien en cuanto católico no compartía literalmente las herejías gnósticas, sí creía que el cuerpo era una sustancia separada del alma. Los cuerpos ocupan espacio pero no piensan; las almas piensan, pero no ocupan espacio. Así que no hay nada común que las una. Esencialmente somos almas, fantasmas acogidos por nuestros cuerpos como en una casa. Las consecuencias de esta "escisión cartesiana" en el olvido de la filosofía realista son incalculables.

8. Porque es contradictoria, como le demostró un cristiano a San Justino Mártir (100-165), que era platónico, llevándole a su conversión. El cristiano le preguntó a San Justino cómo explicaba la existencia de los cuerpos. Justino respondió que era un justo castigo de los dioses por los pecados cometidos en alguna vida corporal anterior. El cristiano le preguntó entonces si recordaba sus vidas, y la respuesta fue que no las recordaba. “Entonces, ¿cómo puedes ser castigado y, mediante el castigo, redimido de tus pecados anteriores, si no los recuerdas?” El futuro mártir no pudo contestar. El cristiano le interrogó sobre su esperanza en el más allá, y Justino contestó que esperaba liberarse del cuerpo en el Cielo, una vez que se hubiesen completado todos los castigos tras un número suficiente de reencarnaciones en la tierra. "En ese cielo puramente espiritual, ¿reina la perfección?", insistió su interlocutor. Sí, explicó el platónico, porque en él no hay cuerpos. "Pero si en el cielo no hay cuerpos, y por tanto no hay pecado, ¿por qué nos castigan los dioses?", argumentó el cristiano. Justino no tuvo qué decir, y no mucho después se convirtió, descubriendo que su nueva fe cristiana era también una filosofía más razonable que el platonismo. En efecto, en el esquema platónico de la reencarnación, el principio de los cuerpos (el castigo del pecado) y el final de los cuerpos (liberarse de ellos en el Cielo) se contradicen .

9. Porque es antivital, al quitarle a la vida todo su dramatismo. La reencarnación es como un examen sin consecuencias. Si puedes hacer infinitos exámenes hasta conseguir aprobar, le quitas todo dramatismo a la prueba. Si hay en la vida hay drama es porque solo tienes una oportunidad, y eso es lo que permite disfrutarla.

10. Porque casi siempre va de la mano con el panteísmo. Para explicar por qué, hace falta algo de filosofía. Es la materia la que individualiza cada forma esencial, la que hace múltiples a los miembros de una misma especie. Todos tenemos la misma forma esencial (a saber, la naturaleza humana), del mismo modo que todos los ejemplares de un cierto libro tienen la misma forma esencial. Si somos muchos en cantidad -como son muchos los ejemplares de un mismo libro- es por la materia, no por la forma. La forma es una; la materia es múltiple. Hay muchas copias materiales de una misma forma esencial. Por tanto, si somos uno en el espíritu pero muchos en la materia (premisa primera), y si esencialmente somos solo espíritu (premisa segunda para quienes creen en la reencarnación), la conclusión lógica es que somos esencialmente un único ser, no muchos seres. Todos somos olas del mar divino, todos somos parte de Dios. Y eso es panteísmo.

ReL

Vea también     Instrucción sobre el 'new age'






















viernes, 2 de noviembre de 2018

¿Por qué los cristianos creen en la resurrección y no en la reencarnación?


Cristo resucitado. Pintura de Raffaellino Del Garbo. Wikipedia / dominio público


Tal vez un elemento de la Nueva Era o New Age que goza de popularidad en el mundo actual es la reencarnación, una creencia que incluso algunos católicos aceptan pese a ser incompatible con la fe cristiana.

Una reciente encuesta realizada por el prestigioso Pew Center reveló que, por ejemplo, un 29% de cristianos en Estados Unidos acepta la reencarnación como algo cierto. En el caso de los católicos, el 36% admite esta creencia.

¿De dónde surge la creencia en la resurrección?

Aunque la creencia en la resurrección comienza cuando el Señor Jesús resucitó al tercer día después de morir, ya había cierta idea al respecto entre algunos judíos como los fariseos.

“Los fariseos creían en ángeles y en las almas espirituales y, en general, en la resurrección de los muertos”, dijo a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– el diácono Joel Barstad, profesor de Teología del Seminario Saint John Vianney en Denver (Estados Unidos).

“La resurrección de Jesús de entre los muertos confirmó esa creencia, pero también le dio una base sólida y profunda”, agregó.

La doctrina cristiana sobre la resurrección se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales que van del 988 al 1001.

El numeral 989 señala: “Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día. Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad”

“El término ‘carne’ designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad. La ‘resurrección de la carne’ significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros ‘cuerpos mortales’ volverán a tener vida”.

“Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. ‘La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella’”, señala luego el numeral 990.

“La salvación es la unidad con Cristo porque Cristo trae el Reino de Dios y ese Reino se realiza en la resurrección”, dijo a CNA el profesor de Teología sistemática de la Universidad Católica de América, Michael Root.

Joel Barstad dijo que “un cristiano es un individuo que quiere ser realmente alguien ahora y luego de la muerte hasta el fin de los tiempos, pero para que eso sea posible, voy a necesitar mi cuerpo resucitado y los demás necesitarán los suyos”, precisó.

¿Por qué los cristianos deben rechazar la reencarnación?

En opinión de Root, las dos razones principales para rechazar la creencia en la reencarnación son: que se opone a la forma en la que Cristo ofrece la salvación y porque va en contra de la naturaleza de la persona humana.

Root explicó que la reencarnación “contradice la imagen de la salvación que tenemos en el Nuevo Testamento, donde nuestra participación en la resurrección de Cristo es efectivamente de lo que se trata la salvación” y “nos da una imagen muy distinta de lo que es ser humano: un ente incorpóreo que no está relacionado a ningún tiempo específico”.

“El cristianismo toma muy en serio que somos seres con un cuerpo y, cualquier noción de reencarnación considera que el ser solo tiene una especie de conexión accidental con cualquier cuerpo específico, porque desde esa perspectiva uno pasa de un cuerpo a otro y a otro y a otro; y ese no tener un cuerpo específico termina en la idea de que uno no sabe quién es”, destacó Root.

El documento vaticano sobre la Nueva Era titulado “Jesucristo portador del agua de la vida”, señala que “la unidad cósmica y la reencarnación son irreconciliables con la creencia cristiana de que la persona humana es un ser único, que vive una sola vida de la que es plenamente responsable: este modo de entender la persona pone en cuestión tanto la responsabilidad personal como la libertad”.

Barstad también señaló que la creencia en la reencarnación no es algo positivo, tampoco para los budistas e hinduistas, quienes la ven como algo de lo que se debe escapar.

“No conozco una doctrina robusta sobre la reencarnación (…) que considere la reencarnación de un alma como algo bueno; aunque de repente algunos hinduistas o estoicos la vean como una necesidad cósmica benigna; pero ciertamente la aspiración más profunda” de algunos que creen en esto “sea disolver los nexos de las relaciones temporales y corporales totalmente; es decir, disolver la relación con el cuerpo de modo que no sea posible otra reencarnación para un alma. La meta para el alma es entonces convertirse permanentemente en nadie”, destacó Barstad.

La esperanza de la resurrección

Si bien los cristianos pueden experimentar sufrimiento en la vida, también pueden vivir la esperanza de que “son amados por Cristo que, a través de su propia muerte humana y divina; y su resurrección, puede llevarlos hasta el final y remodelarlos, haciendo algo hermoso a partir de un enredo”, explicó Barstad.

Los cristianos además esperan la resurrección de los otros, de sus amigos y seres queridos, “para vivir en un cielo nuevo y una tierra nueva”.

“Por todo esto evangelizamos, por esto nos arrepentimos de nuestros errores y perdonamos a quienes nos hacen mal. Por esto rezamos por los muertos y por esto los santos que ya gozan de la visión beatífica de Dios también rezan por nosotros”.

Los santos, concluyó el experto, “están todavía involucrados con el mundo y esperan con nosotros la revelación final de Cristo que nos dará la resurrección a todos”.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva, ACI. Publicado originalmente por CNA









viernes, 22 de diciembre de 2017

9 razones por las que reencarnación y resurrección son incompatibles

Un obispo español aclara las cosas sobre la reencarnación:
Que un cristiano crea en la reencarnación es absurdo

El pasado 15 de diciembre, el obispo de Menorca, Francisco Conesa Ferrer, dedicó la edición de “Diálogos en la Catedral” al tema siempre actual de la reencarnación, con un título muy sugerente y significativo: “¿Reencarnación o resurrección?”.
Y es que la cuarta parte de la población europea, según algunos cálculos, cree en la doctrina de la trasmigración de las almas. El reciente estudio publicado por la Fundación Santa María revela que el 26,9 % de los jóvenes españoles dicen creer en esta doctrina oriental.

Qué es… y por qué está de moda

Monseñor Conesa explicó en su charla en qué consiste esta creencia: para sus defensores, “cuando morimos nuestras almas abandonan el cuerpo y se encarnan en otro, que puede ser humano o no humano, hasta que estén plenamente purificadas”. De manera que, según el obispo, “en esta concepción el cuerpo es como un vestido que se tira cuando está sucio o inservible para vestirse de otro nuevo”.
Demostrando la solidez de su formación filosófica, el prelado explicó el origen de esta creencia, que hay que situar en la India en torno al siglo VIII a.C. y que se extendió después en la Grecia clásica. Hubo un rebrote en Occidente en la época moderna, sobre todo con la Ilustración y el romanticismo alemán.
En su repaso histórico, subrayó finalmente cómo “la creencia en la reencarnación se va difundiendo en Occidente desde finales del siglo XIX por la proliferación y propagación de las sectas de origen e impronta hindú, budista, etc., sobre todo gracias a la teosofía, al espiritismo, al gnosticismo moderno y a la Nueva Era”.
¿Cuáles son las causas de su difusión actual? Para el obispo de Menorca son principalmente dos: “la fascinación por lo oriental y exótico que se da en occidente”, por un lado, y “el silenciamiento de la enseñanza cristiana sobre el más allá”, por otro, algo que se constata en la predicación de la Iglesia. De modo que “muchos cristianos piensan de un modo muy vago en el más allá”.

Las justificaciones de la gente

En su intervención, monseñor Conesa planteó una cuestión fundamental: “¿por qué una persona que ha nacido y ha crecido en una civilización con raíces cristianas escoge esa creencia de origen oriental?”. Y aludió a tres justificaciones concretas.
La primera se refiere al problema del mal, para el que el ser humano siempre ha buscado una explicación. Para la cosmovisión oriental, en la que se enmarca esta creencia, “todo depende del desarrollo mecánico e inercial del karma y de las reencarnaciones”, de forma que “cada uno es responsable del mal que padece en cuanto la malicia de sus acciones en existencias pasadas gravita sobre él en su vida actual”.
La segunda justificación es la necesidad de que haya justicia, pues “la creencia en la reencarnación permite al alma realizar su purificación progresiva por sus solas fuerzas y esfuerzos con tal que se ajuste con minuciosidad a su nueva condición en un cuerpo distinto al de la vida anterior y a sus obligaciones específicas de su nueva existencia humana, animal o vegetal”.
En tercer lugar, la sucesión de reencarnaciones permite que el alma no se juegue “su destino eterno en una sola baza o existencia”, proponiendo futuras oportunidades de felicidad, “sin purgatorio ni infierno”.

La respuesta cristiana: resurrección

A continuación, el obispo de Menorca expuso una clave fundamental de la fe cristiana: la creencia en la resurrección de los muertos, que “no nace de la reflexión humana ni de la constatación empírica, sino del acontecimiento único de la glorificación de Jesucristo tras su pasión y muerte”.
Del anuncio cristiano de la resurrección de Cristo nace la convicción de la resurrección de sus seguidores. Y este hecho portentoso “no puede afectar sólo al alma. No se trata de la inmortalidad del alma, de la que hablaba ya el mundo griego. No es eso lo que pasó con Jesús. La resurrección es de la persona entera y esto significa que es también de su cuerpo, porque lo corporal es parte fundamental de la persona”.
Es difícil entender cómo puede ser esto, ya que el cuerpo físico se descompone tras la muerte. El modelo es el cuerpo glorioso de Cristo resucitado. Lo que resucitará al final junto con el alma “no se trata de un cuerpo físico”, explicó el prelado, “sino de lo corporal del hombre. Para el ser humano la corporalidad supone sobre todo estar en el mundo, mantener comunicaciones con los otros y vivir en la historia”.

9 razones por las que reencarnación y resurrección son incompatibles

Por si hubieran quedado dudas, y ante las propuestas que hacen algunos, monseñor Conesa afirmó que “reencarnación y resurrección son dos visiones alternativas del fin de la persona humana, pero también de cómo se concibe al ser humano, su historia y al mismo Dios”. Por ello, subrayó, “estamos ante creencias incompatibles”.
Y detalló algunas diferencias fundamentales. Las resumimos aquí, confrontando lo que trae consigo la resurrección frente a la creencia en la reencarnación. 9 diferencias:
– Una sola muerte, frente a las muchas muertes del ser humano.
– El encuentro con Alguien que ama personalmente al que muere, frente a la disolución del alma en “una realidad impersonal y neutra”.
– “Cada persona es absolutamente única y original” y su cuerpo es parte indispensable de su ser, frente al cuerpo entendido como prisión del alma y como algo secundario.
– La resurrección trae consigo una concepción lineal de la historia, frente a una visión circular del tiempo.
– La vida se experimenta ante la voluntad de Dios, frente a una existencia sujeta a una ley cósmica.
– Existe el pecado como desobediencia a la voluntad de Dios, frente a una concepción de insuficiencia o desequilibrio en el hombre.
– Cada acto del hombre tiene valor y es irrepetible, frente a la idea de que nada es irrevocable y todo es revisable.
– Es posible la esperanza y la lucha por un mundo mejor, frente a un fatalismo que promueve conformarse con lo negativo, que sería consecuencia de culpas de vidas anteriores.
– Existe un Dios personal que quiere salvar al hombre del pecado porque lo ama, frente a una visión del ser humano que lo deja solo, sin lugar para Dios, y responsable único de su salvación individual.

Una innegable contradicción

El obispo de Menorca terminó su charla reiterando la incompatibilidad entre reencarnación y resurrección, que “son dos maneras de responder a ese gran misterio que envuelve la vida del hombre” y, como expuso con todo detalle, “se trata de dos creencias divergentes e incompatibles”.
Y por si hubiera quedado alguna duda, la despejó con una afirmación muy gráfica: “es absurdo que un cristiano afirme creer en la reencarnación, como lo sería que un buen hindú pensará que iba a resucitar”.

Para más información:

– Miguel Pastorino, “¿Un cristiano puede creer en la reencarnación?”Aleteia, 19/11/12.
Luis Santamaría, aleteia