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sábado, 23 de septiembre de 2023

La Biblia pide regañar a los hijos, pero sin exasperarlos: 9 claves para hacerlo bien y con fruto


La cultura judeocristiana, que tiene ya más de 3.000 años de tradición y sigue siendo la más influyente de la historia humana, se ha construido sobre la noción de que los padres tienen la autoridad y el deber de educar a los hijos, y eso incluye reprenderles y regañarles. La Biblia trata el tema en numerosas ocasiones, y lo aplica después a la relación entre Dios Padre y sus hijos, los hombres.

Así, en la Carta a los Hebreos (12, 9-11), los primeros cristianos reflexionaban: "tuvimos padres terrenales para disciplinarnos y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero El para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Al principio, ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia".

El libro de Proverbios, que incluye muchos textos del siglo VIII antes de Cristo, ya insistía en el deber de no sólo enseñar, sino también regañar. El texto no desdeña el castigo físico (habitual en casi todas las culturas hasta hace muy poco) pero sólo dentro de un propósito educativo.

En Proverbios 13,24 leemos: "El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia". Y en 29,17: "Corrige a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma". Y en 29,15: "La vara y la reprensión dan sabiduría, mientras que el niño consentido avergüenza a su madre". Un versículo del libro pide evitar los castigos con ira y rabia (19,18): "Corrige a tu hijo mientras hay esperanza, pero no desee tu alma causarle la muerte".

Hay que tener en cuenta que el judaísmo no aceptaba el derecho de un padre a matar a sus hijos, cosa que los "civilizados" y "avanzados" romanos aceptaron sin pestañear y sin necesidad de alegar ninguna causa grave mientras fueron paganos.

En la época de los primeros cristianos, San Pablo escribía en varias ocasiones acerca de la necesidad de reprender a los hijos, pero sin agobiarlos excesivamente. Así, en Efesios 6,4 exhorta: "padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor", y en Colosenses 3,21, más concreto: "padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten".

Una madre reprende a su hijo pequeño desafiante

¿Cómo regañar hoy a nuestros hijos con eficacia y sin "exasperar"? En la revista HacerFamilia, María Viejo y la psicóloga y orientadora familiar Lucía Herrero ofrecieron algunas claves.

1. Hay que regañar: es necesario y educativo

"Las regañinas no sólo no son perjudiciales para los niños sino que pueden llegar a ser, incluso, un elemento positivo en su educación. El motivo es muy sencillo: gracias a ellas los niños aprenden disciplina y a comportarse, a descubrir dónde se encuentran los límites, a asumir las normas básicas de comportamiento, qué conductas deben evitar... Y es que, todos los hijos necesitan que sus padres les establezcan una serie de límites. Se trata de una forma más de prepararles para la vida y de enseñarles que cuando se desafía a las normas hay alguien (sus padres) que les detendrá".

2. Hay que dosificar las regañinas

"Sólo se deben utilizar en el momento adecuado, sobre todo porque cuando se regaña demasiado los sermones paternos comienzan a perder eficacia".

3. Actuar inmediatamente tras la trastada

"Una buena forma de regañar es intentando hablar con nuestros hijos inmediatamente después de que haya actuado mal. Así, por ejemplo, si nuestro hijo ha roto un cenicero por descuido no esperemos a que haga otra trastada para "echarle la bronca". Si le regañamos en su momento, estaremos evitando, además, que se nos hayan acumulado otros enfados adicionales (también olvidó sacar al perro y hacer los deberes...) que nos harán estallar de una forma totalmente desproporcionada y en el momento menos adecuado"

4. Ser muy claros: explicar la relación entre su hecho y las consecuencias

"Conviene que le expliquemos de inmediato las consecuencias de su despiste, los porqués de ser más cuidadoso con las cosas... Sólo así conseguirá encontrar una relación exacta entre nuestra regañina y su mal hacer. Tengamos en cuenta, en este sentido, que nuestro hijo ya no es un bebé. Ahora, es capaz de razonar y necesitará saber, ahora más que nunca y, en todo momento, el por qué de las cosas".

5. Mantenernos firmes ante los trucos del niño

"A partir de los siete años, los niños ya son capaces de desplegar todo tipo de estratagemas. De los sonoros berrinches habremos pasado a las caras de lástima, las réplicas, los actos de rebeldía... Cuando nuestros hijos se comporten así, sólo podremos actuar de una forma: con firmeza. Debemos tener en cuenta, en este sentido, que si consentimos que nuestros hijos se valgan de este tipo de trucos para ablandarnos, lo único que estaremos consiguiendo es que sus estratagemas se conviertan en una espiral ascendente. Si su técnica son "unas cuantas lagrimitas" cada día hará más uso de ellas para conseguir zafarse de nuestras regañinas. Si, por el contrario, el niño/a es de los que "planta cara" llegará un momento en que no habrá quien lo pare. Por todo ello, cuando tengamos que regañar, hagámoslo tranquilos, mirándoles a los ojos e ignorando en todo momento sus caritas o protestas".

Una madre grita a su hija adolescente que se tapa los oídos

6. Evitar la regañina repetitiva e irrelevante

"Evitemos regañar y advertir a nuestros hijos por rutina, repitiéndole una y otra vez las mismas cosas: "Raúl, no salpiques el cristal", "Raúl, no salpiques el cristal", "hijo, no salpiques el cristal"... Lo único que conseguiremos es que el niño se acostumbre a escuchar como si de un hijo musical se tratase las mismas cosas. Es decir, como quien oye llover. Y si no les pasa nada... ¿para qué van a dejar de manchar el cristal? Lo importante es intentar transmitir siempre, y de forma continuada, unas pocas normas, pero dejando claro que se tienen que cumplir a "rajatabla".

7. Reglas firmes y cumplir los castigos: coherencia

"Algunos padres son incapaces de mantener en el tiempo sus propias recomendaciones. Un día regañan a sus hijos porque les pillaron saltando sobre el sofá del salón y al día siguiente cuando contemplan como sus hijos trepan de nuevo, no les dicen nada, por cansancio o, simplemente, porque hoy están de mejor humor. Esto es una equivocación. Para que una regañina sea efectiva es imprescindible tratar de ser coherentes. Si hoy está mal estropear los sofás, mañana también lo debe estar y habrá que regañar a nuestro hijo en consecuencia. De igual forma cuando le hagamos una advertencia del tipo "como sigas gritando te vas a ir a tu cuarto" tendremos que cumplirlo. Así tendrán siempre muy claro que deben tomar en serio nuestros avisos".

8. Regañemos sin enfadarnos ni gritar

"Es importante que aprendamos a controlarnos desde el primer día. Antes de perder la paciencia del todo contemos hasta diez o retirémonos un rato a nuestra habitación para relajarnos antes de regañar. Los arrebatos no son buenos compañeros cuando de educar a los hijos se trata, sobre todo porque cuando uno grita no solo pierde los papeles sino también la razón".

9. No compenses la regañina con mimos: parecerá que nos arrepentimos

"Una vez que hayamos regañado convenientemente a nuestro hijo por su mala conducta no tratemos de compensarle. Si el chico comprueba que tras una trastada mayor, la bronca y el castigo correspondiente nos mostramos "como arrepentidos" llegará a la invariable conclusión de que no sólo nos tiene en sus manos, sino que, además, fuimos absolutamente injustos con él. Nuestro comportamiento tras un sermón en toda regla tendrá que ser siempre de absoluta normalidad. Sin mimos, sin constantes reproches, haciéndole ver que estaba equivocado y, por encima de todo, sin dejar ver que lamentamos haberle regañado".

ReL

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jueves, 21 de abril de 2022

¿Cansada de las emociones difíciles de tu hijo? 5 estrategias para padres

 

Zmęczona matka

Lo que necesitamos para ayudar a un niño ya está en nosotros: amor, empatía, disposición para comprender y aliviar el sufrimiento. Pero, ¿por qué es tan difícil a veces?

Cuando mi hijo de seis años explota por cualquier motivo durante el día, sé que está cerca y que estoy a punto de explotar. Gritos y llantos difíciles de calmar, arrojar objetos ha sido un hecho frecuente últimamente. Las situaciones que generan ira son diferentes: un cambio repentino de planes, un edificio de Lego roto, la apariencia de la comida, el hecho de que tengas que dejar de jugar e irte a dormir, etc. Cuando un niño se encuentra en un período emocionalmente difícil, no es fácil para los padres. Estamos agotados por la frecuencia e intensidad de las emociones infantiles y a veces nos cuesta mantener la calma.

Creo que la gran mayoría de los padres notan períodos de aumento de las rabietas y labilidad emocional en sus hijos. Lo reconfortante es que la mayoría de las veces estas son etapas naturales de desarrollo que terminan. A veces, la razón son situaciones externas que son difíciles para el niño, como un nuevo jardín de infancia, escuela, el nacimiento de un hermano o una mudanza.

¿O es difícil para ti, querido padre? Echa un vistazo a la lista de cosas que pueden ayudarte:

1. Llena la copa

Cuida de ti, de tus emociones y de la fortaleza mental para enfrentar las emociones de tu hijo. Esto está bien representado por la metáfora de la copa. Cuando estás al final de tus fuerzas y reaccionas con nerviosismo a cada llanto, grito o gemido, tu copa está vacía, se ha acabado. Debes llenarlo con atención para para que puedas atender a tu hijo. 

¿Cómo? Busca oportunidades para llenar la copa. Dile a tu cónyuge lo que necesita. Una tarde para ti, leyendo un libro interesante, caminando, nadando, relajándote, reuniéndote con amigas e incluso un viaje corto sin un niño. Las situaciones de los padres son diferentes y no siempre tenemos a alguien a quien confiar el cuidado de nuestros hijos. Pero si no nos cuidamos, nadie nos cuidará como es debido, porque no adivinarán lo que necesitamos. Y necesitamos una copa llena para brindarles a nuestros hijos atención, empatía y amor.

2. Recuerda: pasará

Repítete a ti mismo que este período difícil es temporal y terminará en un tiempo. Trata de reconocer lo que está causando la ira de tu hijo esta vez. Puede haber varios factores superpuestos. Habla con alguien en quien confíe y que se preocupe por usted y su bebé.

3. Descubre cómo funciona el cerebro y las emociones de los niños

Lee sobre el desarrollo del cerebro de un niño y verás el comportamiento de un niño desde un ángulo diferente. El cerebro se desarrolla hasta los 23 años. Los centros relacionados con la regulación de las emociones se desarrollan más tarde que los relacionados con la sensación y expresión de las emociones. Por esta razón, el niño no puede adaptarse completamente por sí mismo y necesita nuestro apoyo. Podemos enseñarles algunas cosas lentamente (nombrar emociones, formas seguras de liberar la ira…), pero es difícil esperar que puedan aplicarlas de inmediato.

4. Piénsalo

Intenta descomponer la situación en factores primos. Lo que ves y lo que te irrita es el comportamiento del niño. El comportamiento se basa en las emociones: ira, tristeza, desilusión, frustración, a menudo todo a la vez. Detrás de las emociones están las necesidades, por ejemplo: descansar, jugar, estar bien descansado, bien dormido, pasar tiempo con los padres, ejercicio, autodeterminación, autosuficiencia, desarrollo, logros, etc. Las necesidades ya no irritan. 

5. Respira

Cuando el comportamiento de tu hijo te haga enojar, piensa primero en tus emociones: obsérvalas, nómbralas, intenta comprender lo que está sucediendo dentro de ti. Piensa que tu hijo se está comportando así porque no puede expresar sus emociones de otra manera, pero quiere transmitirte algo. Haz algunas respiraciones profundas conscientes y acércate al pequeño con más calma (a menos que se esté lastimando a sí mismo o a otra persona, entonces reacciona de inmediato). 

A veces sucede que empezamos a dudar de si somos «aptos» porque reaccionamos diferente de lo que nos gustaría, le gritamos al niño cuando manifestaba emociones difíciles. Yo lo veo así, y otras madres que conozco también: nos asignamos la culpa. No siempre somos capaces de reaccionar a la perfección, porque somos seres emocionales con nuestras propias necesidades.

Un momento de detención me ayuda mucho. Cuando escucho un estallido de ira y siento una oleada de irritación dentro de mí, no reacciono de inmediato, miro mis pensamientos automáticos y lo que siento. Un minuto después estoy más tranquila y lista para apoyar a mi bebé.

Lo que necesitamos para ayudar a un niño ya está en nosotros: amor, empatía, disposición para comprender y aliviar el sufrimiento. Un momento de detenerse en sus propios sentimientos ayuda a recuperar el acceso a estos recursos.

Małgorzata Chrapkiewicz, Aleteia 

Vea también        Consagración de las emociones































viernes, 31 de mayo de 2019

¿Que hago cuando alguien me grita?

Esta es la mejor manera de reaccionar cuando alguien te grita

WOMAN MEGAPHONE

Gritar es una cuestión relevante, ya que cada persona de este planeta ya ha sentido, por lo menos una vez en la vida, una rabia tan grande al punto de levantarle la voz a alguien.
Algunas personas gritan siempre, pero todos gritamos en algún momento de la vida.
Gritar no es saludable para las relaciones y esa práctica no produce resultados positivos a largo plazo.
Pero existen maneras inteligentes de reaccionar ante una situación de esas, de manera que la rabia se disuelva en lugar de aumentar.
Una persona puede alcanzar un objetivo gritando, pero una vez que las coas vuelven a la normalidad, no hay cambios significativos, porque el grito no cambia la mentalidad de nadie a largo plazo.
Por ejemplo, una mamá que grita para que sus hijos recojan sus juguetes puede realmente lograr que ellos lo hagan en ese momento.
Los niños no aprenderán a hacerlo si son condicionados a un sistema de recompensa o castigo, pero sí, si reconocen la importancia y el valor de recoger sus juguetes.
Gritar es perjudicial para las relaciones. No es una manera constructiva de lidiar con una situación difícil.
Por eso, debes ser conscientes de tus propios gritos, entender por qué algunas personas gritan constantemente, y también saber lidiar con ellas.
Cuando alguien está constantemente gritándote, está externalizando su tiranía emocional sobre ti.
Su objetivo es ganar ventaja en la situación y los gritos son su medio para ganar control sobre ti.

pixabay

Es una forma de intimidación que puede funcionar temporalmente.
Sin embargo, los resultados a largo plazo no son buenos, porque es una forma de intimidar a alguien para que haga lo que se quiere.
De hecho, gritar no es saludable para las relaciones, pues termina con la comunicación saludable y con la cercanía de la relaciones.

¿Por qué gritan las personas?


WOMAN ANGER
Sofi Photo I Shutterstock

“La rabia es un ácido que puede causar más daños al recipiente en el que está almacenado que cualquier cosa en que se derrame” – Mark Twain.
Cuando alguien está enojado, hay una variedad de razones que le llevan a gritar.
La mayoría de las veces, esas razones no son buenas, por eso es importante que el destinatario reaccione correctamente, evitando ser reactivo.
Es importante entender por qué alguien está gritando, pues muchas veces el grito es un indicativo de problemas en la psique central de esa persona y puede no tener nada que ver con la persona que lo recibe.
Su grito es un reflejo de su inestabilidad emocional, aunque se destine a mostrar fuerza y dominio de la situación.
Abajo hay algunas de las razones por las cuales una persona grita cuando está irritada:

1. Débiles habilidades de enfrentamiento

Muchas personas gritan porque es su mecanismo para enfrentar situaciones difíciles.
Pero ese mecanismo no trae buenos resultados a largo plazo.
Si una persona aprende que solo está arriba si grita, necesita ayuda para encontrar mejores maneras de regular sus emociones.
Ella empieza a usar la explosión emocional como forma de lidiar con la vida y eso no es saludable ni para ella, ni para quien se vuelve destinatario de los gritos.

2. Pérdida de control

Una persona puede gritar porque siente una pérdida de control sobre determinada situación.
Ella puede ser dominada por los pensamientos, sentimientos y emociones y estar sufriendo una pérdida de control sobre esas cosas al mismo tiempo.
Está en un confuso lío mental, entonces grita para intentar controlar lo que está experimentando.
Ella no tiene habilidades de enfrentamiento adecuadas para recuperar el control sobre la situación, entonces recurre al grito para sentir que está en control.
A pesar de que a veces consigue esa falsa sensación de control, ésta es temporal, porque la mayoría de los problemas no se resuelven a través de los gritos.
Una persona puede parecer “agradecida” frente a un grito simplemente para calmarlo, pero, en realidad, nada se resuelve a largo plazo.

3. Sentirse amenazado

Los valentones son, muchas veces, personas que tienen una mentalidad emocional muy sensible y están intentando protegerse todo el tiempo.
Siempre que se sienten amenazados, reaccionan. Y gritar es una herramienta que usan proactivamente cuando se sienten amenazados.

4. Tendencias agresivas

Algunas personas son simplemente individuos agresivos. Pueden gritar y la agresión puede aumentar a nivel físico.
Rara vez se ve una pelea física que no ha empezado con voces alteradas y gritos.
Si alguien que no conoces te está gritando, es bueno estar “en guardia”, pues los gritos pueden llevar a un enfrentamiento físico.
Es importante evitar reaccionar de forma agresiva en esas situaciones, porque es como derramar gasolina en el fuego de su rabia y las cosas se pueden volver aún peores.
Si alimentas la agresividad, es probable que el griterío se vuelva agresión física.

5.  Comportamiento aprendido

Algunas personas se vuelven ‘gritonas’ porque crecieron en una casa donde sus papás gritaban regularmente.
Ellas aprendieron que, cuando surgen conflictos, es necesario aumentar el tono de voz.
Ellas no aprendieron comportamientos adecuados de enfrentamiento cuando están frente a conflictos y situaciones difíciles.
Gritar siempre fue su reacción para cualquier situación de turbulencia.

6. Sentirse desatendido

Algunas personas levantan su voz y gritan de rabia porque sienten que la otra persona no las escucha.
Ellas repiten su mensaje varias veces hasta que, finalmente, recurren a los gritos de rabia porque la otra persona no responde a su tono de voz original.
Este es, con frecuencia, el caso de los padres que gritan.
Los padres sienten que sus hijos no están oyendo, entonces en lugar de seguir repitiendo, ellos gritan a sus hijos.
El problema es que eso realmente afecta a los niños.
Las investigaciones han mostrado que los gritos pueden ser tan perjudiciales como el abuso físico.

Reacciones a evitar con un “gritón”



La peor reacción posible es reflejar su comportamiento.
Las cosas no van a mejorar si le gritas a alguien que te está gritando. Por el contrario: solo lo empeora.
Existen otras reacciones que pueden dificultar la situación que también deben evitarse, como animar a quien está gritando, desafiar lo que están diciendo, actuar defensivamente, y criticar a la persona durante el enfrentamiento.
Existen mejores maneras de lidiar con un ‘gritón’.
A continuación, unos consejos que puedes usar para lidiar y, espero, disminuir la tensión.

1. Mantén la calma y no alimentes su rabia

Recuerda que cuando una persona está gritando, no eres tú quien tiene el problema, es ella.
Como esas personas tienen pocas habilidades de enfrentamiento, su motivo para gritar probablemente no tiene nada que ver contigo personalmente.
Si reacciones, ellas reaccionarán a tu reacción y las cosas se pondrán peor.
Mantén la calma, incluso si estuvieras hirviendo por dentro.
No vale la pena alimentar sus gritos, ya que la situación terminará por empeorar y las cosas raramente se resolverán cuando las dos partes estén gritando una con otra.
Es mucho más probable que los problemas se resuelvan cuando los tonos de calma se usen.
Sé parte de la solución y no del problema, manteniendo la calma y usando un tono de voz tranquilo.

2. Haz una ‘pausa mental’ para evaluar la situación

Antes de tomar cualquier actitud en la situación, haz una pausa mental para evaluar las cosas.
Eso permitirá que descubras si vale la pena esperar a que termine el ‘gritón’ o abandonar la situación.
Si conoces a quien está gritando y sabes que no se ofenderá si te alejas, entonces vete.
No necesitas someterte a los abusos de alguien si no fueran relevantes para tu vida.
Si es tu jefe quien grita y sabes que el irte puede costarte el trabajo, tal vez necesites pensar y esperar para resolver el problema más tarde.
Principalmente si fuera una ocurrencia constante que perturbe tu capacidad de trabajar de forma efectiva.

3. No estés de acuerdo con el gritón para calmarlo, pues eso lo anima a gritar de nuevo en el futuro

Si concuerdas con la persona que está gritando solo para calmarla, estás solo tolerando sus gritos.
Al ser agradable con alguien que te está gritando, solo incentivas a que vuelva a gritar en el futuro.
Evita este tipo de método, o te toparás sujeto al griterío con más frecuencia.

4. Responde tranquilamente al grito

En la mayoría de los casos, cuando alguien te grita, sus emociones son evocadas y tú sientes la necesidad de reaccionar.
Reaccionar con gritos, críticas u otras respuestas negativas empeorarán la situación; tú necesitas hacer todo lo que esté a tu alcance para revertir tus pensamientos y sentimientos para que se pueda resolver el problema real.
Algo que no sucederá si respondes gritando.
Déjale saber a la persona que tú no aceptarás ese comportamiento, independientemente de la situación o problema.
Dilo educadamente y con calma, y es más probable que tengas una reacción positiva, como un pedido de disculpas o, por lo menos, con la concienciación de que el otro está, de hecho, gritando.
Algunas personas no se dan cuenta que están gritando. Entonces, el próximo paso es pedirles una pausa.

5. Pídele una pausa

Después de haber controlado tranquilamente los gritos, el siguiente paso es pedir una pausa para poder pensar.
Tú también puedes necesitar ese tiempo para calmarte, pues los gritos elevan tu adrenalina al cielo y no sabes cuánto tiempo podrás aguantar todo eso dentro de ti.
Cuando pidas una pausa, debe ser más una declaración que una pregunta, especialmente si no es tu jefe.
Si es un cónyuge, amigo u otra persona, es completamente aceptable afirmar que necesitas un tiempo (algunos minutos, un día o lo que necesites) para reflexionar y responder de forma adecuada y con calma

6. Cuando las emociones se calmen, y sepas cómo resolver el problema, vuelve a platicar

Da tiempo para procesar la situación, lo que fue dicho y cómo deseas responder.
En algunas situaciones, por ejemplo, en un matrimonio, eso puede tardar algunos días, pues las emociones puede llevar más tiempo a tranquilizarse.
Si es tu jefe y sabes que no puedes reflexionar sobre el asunto durante mucho tiempo, porque hay plazos o porque tu empleo está en juego, usa algunas técnicas tranquilizadoras, como la respiración profunda o métodos de visualización para procesar la situación más rápidamente.

Sigue el asunto bajo condiciones tranquilas


MOTHER AND DAUGHTER TALKING
Shutterstock

Si has pedido un tiempo para que la persona sepa que el grito no es aceptable, la probabilidad de que te grite ahora es mucho menor.
Por eso, si el otro quiere seguir con el asunto, necesitará mantener la calma para discutirlo contigo.
Tú no solo te estás imponiendo, mostrándole a esa persona que no serás abusado emocionalmente, sino también que estás ayudando a ver que su comportamiento no es aceptable.
Si todo el mundo hiciera eso, todos estaríamos más condicionados a evitar gritar como la primera opción.
Si el grito es un hábito que no ha sido alterado a pesar de tus reacciones maduras, tal vez sea la hora de sentarse y hablar sobre ello.
Dile a la persona cómo te afecta el grito. Por ejemplo, si te sientes profundamente triste después de un episodio de gritos y no quieres estar cerca por un tiempo.
Muestra también cómo eso afecta tu relación. Diciendo, por ejemplo, que eso crea un abismo emocional entre ustedes.
Si la persona responde diciendo “así soy”, dile que ser así no es aceptable.
Algunas personas no saben cómo cambiar su comportamiento. La ayuda profesional (como la terapia, el asesoramiento o las clases de control de la rabia) está disponible para las personas que tienen problemas con los gritos.
Ellas necesitan reconocer que el problema está afectando su relación y que los cambios son necesarios para curar la relación.
Gritar causa daños, por eso no permitas que los gritos sigan perjudicándote o a tu relación.
¿Te ayudaron estos consejos? ¡Coméntanos!
(Por Awebic. Esta es una traducción de Awebic del artículo original publicado en Life Hack, escrito por la Dra. Magdalena Battles).






























miércoles, 24 de abril de 2019

10 situaciones que parecen rabietas infantiles, pero que no lo son

¿Sabes reconocer lo que puede haber detrás de las reacciones exageradas de tus hijos?

Crying Child
Estas son 10 situaciones que parecen rabietas caprichosas de los niños, pero que no lo son. Cuando logramos reconocer que en los comportamientos no deseables de nuestros hijos hay algo más profundo que un simple capricho, como una reacción a las condiciones exteriores, a su fase de desarrollo o a nuestras propias acciones, podremos responder más proactivamente y con mucha más compasión.

1
NO CONTROLAR LOS IMPULSOS

Le dices a tu hijo, “¡No toques eso!” ¿Y lo toca igualmente? Las investigaciones sugieren que las regiones cerebrales implicadas en el autocontrol no maduran completamente hasta el final de la adolescencia, lo que explica por qué el autocontrol en desarrollo es un “proceso largo y lento” (Tarullo, Obradovic y Gunna, 2009, 31).
Cuando recordamos que los niños no siempre consiguen gestionar sus impulsos (porque sus cerebros no están totalmente desarrollados) podemos tener reacciones más suaves a su comportamiento.

2
SOBREESTIMULACIÓN

Repaso, natación, ballet, judo y todo lo que el tiempo y el dinero nos permita dar a nuestros hijos. ¿Será que todo eso es necesario? Horarios apretados, sobreestimulación y agotamiento son típicos de la vida familiar moderna. Kim John Payne, autor de Simplicity Parenting, argumenta que los niños experimentan una “reacción de estrés acumulado” debido al exceso de enriquecimiento, actividad, escuela y juguetes. Él afirma que los niños necesitan toneladas de “tiempo de inactividad” para equilibrar su “tiempo” (Payne, 2010). Cuando logramos que tenga un tiempo inactivo, hora de jugar y tiempo de descanso, el comportamiento de los niños mejora a menudo de manera visible.

3
REACCIÓN A DETERMINADOS FACTORES

¿Te sueles irritar cuando tienes hambre o te falta paciencia cuando no has dormido suficiente? A los niños les afecta diez veces más cuando están cansados, con hambre, sed, por el exceso de azúcar o cuando están enfermos. La capacidad de los niños de controlar las emociones y el comportamiento disminuye mucho cuando están cansados.

HUNGER
Suzanne Tucker - Shutterstock

Muchos padres también notan un cambio acentuado  en el comportamiento de los niños alrededor de una hora antes de las comidas, si se despertaron durante la noche o tienen sueño. Muchas veces, los niños no saben comunicar o resolver solos el problema comiendo una galleta, tomando un medicamento para el dolor o incluso beber agua, como hacen los adultos.

4
EXPRESIÓN DE FUERTES SENTIMIENTOS

Como adultos, se nos ha enseñado a dominar y ocultar nuestras emociones fuertes. Pero los niños aún no pueden hacerlo. La educadora de escuela infantil Janet Lansbury tiene una frase estupenda para cuando los niños muestran sentimientos fuertes, como gritar o llorar. Ella sugiere que los padres “dejen salir los sentimientos”, no riñendo o castigando a los niños cuando expresan esas emociones.

5
NECESIDAD DE TONELADAS DE MOVIMIENTO

“¡Para de perseguir a tu hermano dando vueltas a la mesa!” “¡Dejen de luchar a las espadas con esos trozos de cartón!” “¡Para de saltar en el sofá!” Los niños tienen necesidad de toneladas de movimiento. Tienen una necesidad tremenda de pasar tiempo al aire libre, ir en bicicleta y patinete, correr y saltar, arrastrarse, mover objetos y correr dando vueltas. En vez de pedirles que paren cuando están llenos de energía, es mucho mejor organizar una salida rápida al parque o pasar un tiempo en la calle.

6
NECESIDAD DE VOLVERSE INDEPENDIENTE

El modelo de Erik Erikson (1963) afirma que los niños intentan hacer las cosas por sí mismos, y que los preescolares toman la iniciativa y ejecutan sus propios planes. Aunque sea irritante cuando un niño elige tomates que aún están verdes, se corta el pelo o hace una cabaña con 8 sábanas limpias, están haciendo exactamente lo que deben hacer: intentando realizar sus propios planes, por su cuenta, tomando sus propias decisiones y volviéndose independientes.

7
EL OTRO LADO DE SUS FUERZAS

Todos tenemos fuerzas esenciales que también pueden desviarnos. Podemos estar increíblemente concentrados, pero no podemos salir de la concentración con mucha facilidad. Tal vez seamos intuitivos y sensibles, pero asumimos el humor negativo de otras personas como una esponja.

KIDS
Oksana Kuzmina - Shutterstock

Los niños son parecidos: pueden ser dóciles en la escuela, pero tener dificultad para gestionar cuando se confunden (por ejemplo, gritando cuando cometen un error). Pueden ser cautelosos y seguros, pero resistirse a nuevas actividades (por ejemplo, rechazando practicar un nuevo deporte). Los niños pueden vivir en el momento, pero no se organizan (por ejemplo, dejan el suelo de la habitación cubierto con juguetes). Reconocer cuando los comportamientos indeseables de un niño son realmente el otro lado de sus fuerzas – así como el nuestro – puede ayudarnos a reaccionar con más comprensión.

8
NECESIDAD IMPERIOSA DE JUGAR

¿Tu hijo se pinta la cara con yogur, quiere que corras detrás de él cuando estás lavándote los dientes, o se pone tus zapatos, en vez de los tuyos, cuando estás llegando tarde a la escuela? Algunos de los comportamientos aparentemente “malos” de los hijos son lo que John Gottman llama “tácticas” para hacerte jugar con ellos. A los niños les encanta provocarte. Les encanta la conexión que ven en la risa compartida, y disfrutan con los elementos de novedad, sorpresa y emoción.
El juego muchas veces necesita tiempo extra y, por tanto, aparta agendas y compromisos, lo que puede parecer resistencia y desobediencia, cuando no lo es. Pero cuando los padres entienden y atienden esa necesidad de los niños, es más fácil evitar juegos fuera de hora.

9
REACCIÓN AL HUMOR DE LOS PADRES

Varios estudios sobre el contagio emocional han descubierto que lleva apenas milésimas de segundo para que emociones como el entusiasmo y la alegría, pero también como la tristeza, el miedo y la rabia, pasen de una persona a otra, y eso generalmente ocurre sin que uno se de cuenta (Goleman, 1991; Hatfield et al., 2014). Con los niños no es distinto, a ellos les influye el humor de sus padres. Si ellos están estresados, distraídos, tristes, frustrados, los pequeños absorben estos humores. Y lo mismo sucede cuando están alegres, disfrutando de la vida.

10
RESPUESTA A LÍMITES INCONSISTENTES

Hoy le das a tu hijo un caramelo antes de comer. Al día siguiente dices: “no, que no vas a comer” y él grita y llora. Una noche le lees cinco libros, pero la siguiente insistes en que sólo tienes tiempo para leerle uno, y ellos quieren más. Cuando los padres son incoherentes con los límites, eso naturalmente desencadena la frustración de los niños y les impulsa a lloriquear y gritar. Igual que los adultos, los niños quieren (y necesitan)saber qué pueden esperar. Esfuérzate para que en tu casa haya límites y rutinas, porque eso mejorará el comportamiento de los niños.
(via Papo de Pai)
































martes, 3 de abril de 2018

Una técnica para enseñar a los niños a regular sus emociones

Gritar hace que los niños escondan sus emociones en lugar de intentar resolverlas

UPSET CHILD
Cuando mi cuarto hijo entraba en los terribles dos años, decidí cambiar totalmente mi forma de educar.
Parcialmente, me inspiré en mi propio y reciente episodio con la depresión posparto, que me dejó con muy poca capacidad para regular mis emociones, y también me inspiré en parte en mi amiga, que enseñaba a su hija (también de 2 años) a lidiar con la frustración pisando con su pie contra el suelo.
Al ver a mi amiga enseñando activamente a su niña a gestionar y regular una emoción difícil, me di cuenta de que yo misma nunca había aprendido a hacer eso y, sin duda, no le había enseñado a mis hijos a hacerlo. Así que decidí intentarlo.
Lincoln, mi hijo de 2 años, no tenía tantos problemas con la frustración como con la decepción. Si tenía que compartir un juguete o salir del parque, se ponía inevitablemente a gemir de forma histérica y, en ese momento, mi reacción por defecto era amenazar, castigar o ignorar. Así que decidí hacer todo lo contrario.
La próxima vez que empezó con su lamento, me arrodillé y le miré directamente a los ojos: “Lincoln, sé lo decepcionante que es marcharte de un lugar cuando lo estás pasando bien. Sé que puede ser difícil no llorar, así que voy a ayudarte a calmarte. Vamos a respirar hondo los dos y luego expulsar el aire tan fuerte como podamos”.
La novedad le pilló con la guardia baja y dejó de gemir. Entonces empezó a inspirar y espirar conmigo. Estaba tan ocupado con nuestra actividad nueva que nos marchamos del parque y llegamos hasta casa sin el sollozo habitual de todo el camino.
El éxito de mi experimento llevó a un cambio significativo en mi perspectiva general de acercamiento a mis hijos. Empecé a alejarme de los gritos y los “castigos” para acercarme más a la enseñanza y la formación. Aunque yo no lo sabía por entonces, mi hábito de gritar no solo no lograba solucionar problemas de disciplina, sino que los reforzaba (y quizás incluso los creaba). Según un artículo en Simplemost, gritar a los niños cambia, literalmente, sus cerebros… y no para bien:
Megan Leahy, madre de tres y coach de paternidad, explicó a The Washington Post en un artículo sobre los efectos de gritar que cuando un padre o madre grita, “estás aumentando la agresión o aumentando la vergüenza. Estas no son características que ningún padre quiera en sus hijos”.
En 2013, un estudio de la Universidad de Pittsburgh sugirió que “el castigo verbal duro” para adolescentes no sirve y de hecho tiene efectos similares al castigo físico. ¿Sus conclusiones? Gritar solamente refuerza el mal comportamiento e incrementa la depresión. Incluso en hogares que, por lo demás, eran amorosos, no se evitaban los efectos dañinos de levantar la voz, aunque fuera de forma ocasional.
Ahora no voy a fingir que soy perfecta y que nunca grito a mis hijos, porque sería mentira. Todavía grito, pero ni de lejos tanto como antes y ya no como primera respuesta.
Dedico mucho más tiempo a hablar sobre emociones con mis hijos, afirmando que son reales y poderosas y ayudándoles a idear estrategias para gestionar sus emociones.
Algunas estrategias funcionan mejor que otras (permitid que os diga lo bien que funcionó “hacer un dibujo de tu enfado en vez de pegar a alguien”), pero todo lo que inventamos es siempre un buen comienzo. Así da a mis hijos (¡y a mí también!) una estrategia concreta sobre la que trabajar.
En muchos aspectos, ya ha cambiado el paisaje de nuestra familia en tres cortos años. Lincoln ya rara vez entró en ataques de llanto quejumbroso después de aquella primera intervención y todavía practicamos lo de calmarnos los dos juntos.
A veces, cuando está triste, la iniciativa es mía. Pero otras veces él lleva la iniciativa cuando yo empiezo a mostrar poca paciencia y mal humor. Me pone sus manitas en mis mejillas y dice:“Mamá, respira hondo conmigo y luego echa el aire tan fuerte como puedas, ¿vale?”.
Y todas las veces, independientemente de lo irritada que esté el momento de antes, toda esa frustración se derrite con la respiración. A veces es más difícil que gritar, pero siempre es mejor opción.
 Calah Alexander, aleteia