Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
"Pon orden en mi vida, y concédeme cumplir con lo que Tú quieras que yo haga, como se deba hacer..."
Para hacer las cosas bien, para tomar decisiones correctas y llevar adelante buenos proyectos, necesitamos sabiduría. Santo Tomás de Aquino, uno de los filósofos más destacados de todos los tiempos, sabía a quién acudir para pedirla. Y cómo hacerlo. Él nos dejó esta oración:
Concédeme, Dios misericordioso, el poder desear con fervor aquello que tú apruebas, buscarlo con prudencia, reconocerlo con verdad, cumplirlo con perfección, para alabanza y gloria de tu nombre.
Pon orden en mi vida, y concédeme cumplir con lo que Tú quieras que yo haga, como se deba hacer y de la manera más útil para mi alma.
Déjame ir hacia ti, Señor, por un camino seguro, recto, agradable y que me lleve hasta la meta, un camino que no se pierda entre las prosperidades y las adversidades, para que yo te agradezca la prosperidad y que en la adversidad tenga paciencia, no dejando que las primeras me exalten, ni las segundas me venzan.
Que nada me alegre, ni me entristezca, más allá de lo que me lleve hacia ti, allá donde quiero llegar. Que no desee ni tema no agradarle a nadie que no seas Tú. Que todo lo perecedero se vuelva vil ante mis ojos por ti, Señor, y que todo aquello que te toque sea amado por mí, pero Tú, mi Dios, lo serás más que todo…
Que yo no desee nada más que no seas Tú…
Concédeme, Señor Dios, una inteligencia que te conozca, una complacencia que te busque, una sabiduría que te encuentre, una vida que te complazca, una perseverancia que te espere con confianza y una confianza que, al final, te posea.
Concédeme estar afligido de tus penas por la penitencia, usar el camino de tus favores para la gracia, regocijarme de tus alegrías, sobre todo en la patria para la gloria.
Tú que, siendo Dios, vives y reinas por los siglos de los siglos.
Santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino es un brillante y reconocido filósofo y teólogo medieval, Doctor de la Iglesia, patrón de los estudiantes y las universidades y escuelas católicas.
Se pasó la vida sumergido en libros, pero a la vez fue muy humano.
Escribió grandes libros que se han convertido en clásicos, entre ellos la Summa Theologica, que ha ayudado a muchas personas a creer en Dios con sus profundos argumentos a favor de su existencia.
Patricia Navas, Aleteia
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Maria Paola Daud
Curiosa anécdota de uno de los mayores doctores de la Iglesia. ¿Por qué se volvió tan estudioso y silencioso?
Gracias a Guglielmo di Tocco postulador de la causa de beatificación de Tomás de Aquino y autor de la primera biografía del santo publicada en 1323, conocemos esta curiosa anécdota.
El joven Tomás de 20 años se encontraba en la Universidad de París. Enviado por la Orden de los Predicadores para que pudiera especializarse en teología bajo la guía de Alberto el Grande, el primer dominico de nacionalidad alemana en convertirse en maestro de teología en París.
Cuenta di Tocco que Tomás: “después de haber escuchado a Alberto enseñar todas las ciencias de una manera profunda y admirable, se alegró de haber encontrado de inmediato lo que estaba buscando, alguien quien podía calmar su sed ardiente de saber”. Para aprovechar una oportunidad tan extraordinaria, Tomás “comenzó a ser más silencioso que nunca, asiduo en el estudio y devoto en la oración”
Llenará el mundo entero
Los compañeros al, ver a Tomás tan robusto y silencioso, lo tomaron por tonto. Le pusieron como apodo: (bovem mutum), «El buey mudo».
Un día, uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó a san Alberto. Al leerlos, este les dijo a los estudiantes: «Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero».
Desde ese día el joven Tomás pasó a ser el bachiller encargado de responder a las disputas y asistente personal de Alberto el Grande.
Después de casi 50 años de presentarse en la capital de la nación para mostrar a los legisladores y al mundo su solidaridad en la defensa de los no nacidos, el cambio por el que oraron los defensores de la vida finalmente puede estar llegando
Durante casi cinco décadas, personas de todo el país se han reunido en Washington, DC para defender la dignidad de la vida humana.
Han soportado el frío amargo. Dormían en sótanos de iglesias, auditorios de colegios y hasta en la cripta de la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción.
Mientras estaban en casa, se ofrecían como voluntarios en centros de embarazo en crisis, abogaban por la vida y rezaban fuera de las clínicas de aborto con la esperanza de que la santidad de la vida fuera apreciada y amada.
Y después de la marcha cancelada del año pasado, innumerables pro-vida regresaron con toda su fuerza.
Vea esta presentación de diapositivas de fotos de la marcha histórica tomadas por el reportero gráfico Jeffrey Bruno:
Y qué año para aparecer. Después de casi 50 años de presentarse en la Capital de la Nación para mostrar a los legisladores y al mundo su solidaridad en la defensa de los no nacidos, el cambio por el que rezaron finalmente puede estar llegando.
El caso Dobbs v. Jackson Health Organization que ahora se encuentra ante la Corte Suprema plantea el desafío más importante para Roe v. Wade desde que se convirtió en ley. Y si se anula Roe v. Wade, el futuro será muy diferente.
Sobre la base de los innumerables carteles que proclaman «Somos la generación posterior a Roe», existe una fuerte sensación de optimismo de que se producirá un cambio.
Cuando la Marcha por la Vida pasó por la Corte Suprema por 49ª vez, me viene a la mente el paralelo con la historia de Jericó y las trompetas sonando en oración derribando los muros. La perseverancia en oración del movimiento provida puede tener el mismo efecto.
Pero si bien es de esperar que esto ponga fin a una batalla, prepara el escenario para la siguiente.
Si bien puede haber tomado 50 años hacer que el aborto sea ilegal, tomará generaciones lograr la curación de la nación.
Los 65.000.000 de abortos que ha sufrido la nación significan que casi todos los estadounidenses han sido tocados de alguna manera por este flagelo.
Pero con oración, tiempo y trabajo duro esto se superará.
“El aborto dice que la mujer es demasiado débil para ser mamá y tener una vida; bueno cariño, ¡las mujeres no son débiles!” dijo un participante.
¿Habrá una Marcha por la Vida el próximo año? Solo Dios sabe la respuesta.
En un mundo posterior a Roe, la Marcha por la Vida puede convertirse en un recuerdo. Pero la dedicación implacable del movimiento pro-vida continuará para siempre hasta que el útero sea de hecho el lugar más seguro del mundo. Y todas las mujeres y los niños reciben todo el amor y el apoyo que necesitan para prosperar.
Guillaume tenía una novia creyente, pero él no se cuestionaba nada
Guillaume se encontró de golpe con las respuestas que no conocía a preguntas que no se había planteado
Cuando Guillaumese levantó el verano pasado, en uno de los encuentros de lacomunidad del Emmanuel en Paray-le-Monial,para ofrecer su testimonio de conversión, tenía cerca aMagali, su esposa. Ella fue uno de los dos pilares que le condujeron al bautismo. El otro, unniño autistaa quien hizo una pregunta absurda.
¿Ciencia y fe? Imposible
Esta historia sorprendente nace para Guillaume al comenzar sus estudios universitarios y abarca su ciclo completo de licenciatura y de postgrado, hasta la lectura de su tesis doctoral en Física Cuántica. Guillaume tiene ahora 48 años, así que hay que remontarse treinta años atrás.
En la facultad conoció a una compañera de clase, Magali, muy creyente y practicante. “Para mí eso era raro”, explica Guillaume, “porque en aquel entonces Dios era para mí una hipótesis inútil e incluso dañina. La ciencia y la fe no podían estar juntas”. Él ni siquiera estaba bautizado, pues creció en una familia no cristiana.
Eso no impidió que se enamoraran: “Me educaron en los valores de la tolerancia, así que no me importaba que ella fuese a misa, y alguna vez incluso la acompañaba. Pero contemplaba todo aquello desde la distancia. No intentaba comprender realmente lo que ella vivía, ni qué significaba aquello para ella, aunque era consciente de que era algo enormemente importante”.
Guillaume no entra en detalles, pero algo se quebró entre ellos: “Nuestros caminos se separaron”. Fue entonces, a raíz de esa ruptura, cuando él empezó a plantearse la cuestión de Dios.
Guillaume, ofreciendo su testimonio en Paray-le-Monial en el verano de 2021.
En ese proceso sucedió el hecho que resultaría decisivo. Fue en el verano de 1998 y él colaboraba con un asociación de ayuda a niños discapacitados À bras ouverts [Con los brazos abiertos], fundada en 1986 por Tugdual Derville, uno de los portavoces de Manif pour Tous.
Charles-Étienne
Además de un trabajo en grupo con los niños, los fines de semana lo hacían en binomio, para suscitar en los pequeños una relación de confianza y "encuentro" con su responsable. Guillaume empezó esta actividad dos fines de semana con sendos chicos, Nicolas y Benoît, y luego llegó el tercero, que como era la festividad de la Asunción de Nuestra Señora, era largo, de cuatro días.
Debía compartirlo con Charles-Étienne, un niño autista de 11 años que causaba bastantes problemas: “Tenía un gran problema de comunicación. Nunca te miraba a los ojos y rechazaba el contacto físico, salvo que fuera, como en ocasiones, violento”. Tuvo algún incidente con otros chicos del grupo y por la noche Guillaume, despertado por el ruido, fue a su habitación y le encontró tirando todos los objetos por el suelo. Hubo que vaciar el cuarto.
“Si el fin de semana hubiese durado dos días, habría sido un fracaso. No hubo ningún ‘encuentro’. Afortunadamente, era de cuatro días”, celebra Guillaume. Porque en la mañana del tercer día, Charles-Étienne aceptó que le columpiara: “Fue un momento extraordinario, él estaba contento”.
A mediodía comieron en un picnic, tras el cual los demás se echaron a dormir la siesta. Pero no su inquieto y hosco binomio, así que se fueron a caminar hasta el río.
Una pregunta absurda
A todo esto, Guillaume seguía dándole vueltas a la cabeza a sus reflexiones sobre Dios: “Empezaba a cuestionar mis razonamientos tan sabios”, dice. Pensaba en ello durante aquel paseo cuando llegaron a la orilla: “Allí hice algo que puede parecer completamente increíble, absurdo desde un punto de vista científico. Nunca lo habría hecho si lo hubiese pensado cinco minutos”.
Y continúa: “Aunque Charles-Étienne no hablaba, le planteé una cuestión y quería una respuesta. Le dije: ‘Charles-Étienne, quiero que me digas quién es Cristo’. Naturalmente, no me contestó. Pero se sentó y yo me senté a su lado, para reposar un poco. En el fondo de mi ser, yo tenía la certeza de que iba a responder a mi pregunta. Entonces el Espíritu Santo sopló de nuevo, le miré y le dije: ‘Escucha, Charlie, no has respondido a mi pregunta. Quiero que lo hagas’. Y entonces ese niño me miró a los ojos por primera vez, cogió mi rostro entre sus manos, y me abrazó”.
“Y ahí estaba yo, impactado hasta un punto al que jamás nadie me había impactado”, añade Guillaume: “Me puse a llorar -¡lágrimas de alegría!- durante veinte minutos. La única palabra que acertaba a decir era ‘Gracias’”.
Aprendiendo a rezar
Tenía la certeza de que aquel abrazo era la respuesta a sus interrogantes de los últimos meses: “Pero yo soy muy cabezota y lento para las cosas de la fe, y si en aquel momento me hubieseis preguntado si tenía fe, os habría respondido que no. El Señor todavía tuvo que seguir acompañándome un poco en ese camino. Sin embargo, algo había sucedido que yo no podía ocultar”.
Por las tardes, los jóvenes que acompañaban a los chicos tenían un momento de oración, en el que Guillaume estaba presente, sin participar. Aquel día, sin embargo, musitó un breve rezo: “Me vinieron de golpe estas palabras: ‘Gracias, Señor, por el regalo de Charles-Étienne’. En el fondo de mi ser había una alegría que yo quería compartir”.
La semana siguiente quiso hacerlo con otras personas de su entorno, familiares y amigos, pero no encontró la acogida que esperaba: “No sabía qué hacer. Entonces pensé en la oración del sábado anterior”. Acudió a una iglesia y encendió una vela: “Sentí un silencio, pero un silencio realmente habitado. Hice la experiencia de la oración”.
Una fe que nace
Alguien le recomendó entonces hacer un retiro ese verano con los hermanos de San Juan, precisamente en silencio y sobre la oración: “Vete, te conviene”, le dijeron.
Fue “terrible, muy duro”, porque no estaba acostumbrado. Pero también muy aleccionador: “Ignoraba que en el silencio hubiese tan grandes enseñanzas”.
En el retiro también había tiempo para la formación, donde asimismo se sentía extraño (“¡Y ya no os hablo del rosario!”, bromea): “Todos los que se sentaban a mi lado compartían algo, un punto de partida, salvo yo. Y, según un planteamiento científico, si la hipótesis de partida no es buena, uno puede razonar todo lo que quiera… pero la conclusión no vale nada”.
Eso sí, Guillaume tenía claro que “algo había pasado”: “Si algo había en la Iglesia, Charles-Étienne me había hecho tocar ese tesoro. Y aunque había en la Iglesia cosas que no me gustaban, yo no podía tirar a Jesús por el desagüe. Me dije a mí mismo: ‘Aunque ahora no comprendes, quizá un día comprenderás’”.
Magali
Decidió retomar su contacto con Magali, que se encontraba en Israel, en una estancia de fin de carrera. E iniciaron una relación epistolar, en una época en la que aún no se habían genaralizado el correo electrónico ni el teléfono móvil: “Le escribí contándole lo que estaba viviendo, y lo extraordinario es que ella vio lo que yo aún no podía entender. Comprendió que había pasado algo. Y cuando regresó, decidimos comprometernos y emprender juntos una preparación para el matrimonio por la Iglesia”.
Lo hicieron con el sacerdote de la comunidad de San Juan que había predicado el retiro, a quien fue planteándole sus dudas cara a cara. El religioso le animaba a bautizarse: “Yo no estaba preparado para el bautismo. Así que nos casamos sin estar yo bautizado”.
La hora de dar un paso
Pasaron muchas cosas, aclara Guillaume sin especificar: cosas que, de una forma u otra, le fueron acercando cada vez más a Dios: “Al cabo de un tiempo, tenía la impresión de que ya no avanzaba. Miré hacia atrás en mi vida, y empecé a considerar todos los regalos que había recibido. Me hice este razonamiento: ‘Sí, Guillermo, está bien, pero no es Navidad todos los días’”.
Había pasado el momento de solo recibir y había que empezar también a dar: “Durante la preparación al matrimonio meditamos mucho sobre el compromiso. Ahora comprendí que me faltaba dar un paso hacia el Señor y comenzar a preparar el bautismo”.
Fueron dos años de catecumenado de adultos. “Al final, en la noche de Pascua recibí cuatro sacramentos”, celebra: “Bautismo, eucaristía, confirmación y matrimonio”.
"Has escondido estas cosas a los sabios, y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25)
Guillaume insiste en que es “lento y con la cabeza dura” en las cuestiones de fe: “Así que me hicieron falta aún muchos años para comprender realmente lo que había pasado con Charles-Étienne. Lo primero fue entender que aquella pregunta que le hice no había venido de mí, sino que fue el Espíritu Santo quien me inspiró. Y comprendí también que a través de Charles-Étienne, Jesús vino personalmente a mi encuentro”.
“En la Biblia”, concluye, se dice que “los pequeños –como Jesús les llamaba (Mt – ocupan un lugar muy importante. Y la respuesta que ese pequeño me dio, abrazándome sin palabras, me explicó verdaderamente el corazón de la fe: el amor de Jesús que se expresaba para mí, personalmente, a través de ese niño”.
Quizás alguna vez nos ha pasado que sentimos las ganas de rezar, pero no sabemos qué decirle a Dios. El corazón nos llama al encuentro con Él, pero no encontramos las palabras adecuadas para expresar lo que pensamos y sentimos. Quizás lo que se nos viene a la mente nos parece poca cosa, o tenemos las ideas muy desordenadas, o incluso no se nos viene nada a la cabeza y nos sentimos vacíos. A veces, también puede suceder, nos sentimos tan mal por lo que hemos hecho que ni si quiera nos vemos con derecho de hablarle a Dios.
Para empezar, es importante no frustrarnos ni desesperarnos. Dios está ahí a nuestro lado, acompañándonos para que podamos encontrarnos con El. Es lo que más quiere, y su sed por nuestro corazón es infinita, sin importar cómo lleguemos.
Te comparto algunas cosas que me han ayudado cuando me encuentro en esas situaciones, no sin antes recomendarte el curso online «Aprender a orar con los Salmos». Una oportunidad perfecta para aprender a conectarte de una manera diferente con Dios.
1. Empezar siempre con una oración al Espíritu Santo
Pedirle a El que nos ilumine, que nos inspire, que nos llene de su presencia. Basta un “Espíritu Santo, ilumíname” para que actúe con más fuerza en nuestro interior, pues ya el tener ganas de rezar significa que está obrando en nuestra vida y nos llama. Existen otras oraciones muy antiguas y hermosas. Recomiendo el “Ven Espíritu Santo Creador” y la Secuencia de Pentecostés.
2. Dios conoce todos los idiomas, sobre todo el de nuestro interior
Dios escucha nuestras palabras, pero sobre todo ve nuestro corazón. Ahí, donde se mezclan nuestros anhelos, sentimientos difíciles de discernir o interpretar, incluso frustraciones, cosas bonitas y fragilidades, Dios con su fineza va entendiendo igual. El comprende bien ese lenguaje con el que nos queremos comunicar y que nosotros no sabemos entender. Confiemos siempre en ello. Sepamos que ninguna oración, incluso aquella que viene mezclada con otros deseos o pensamientos, es poca cosa para Dios.
3. Recurrir a oraciones ya escritas
El Señor Jesús nos enseñó el Padre Nuestro quizás precisamente para esos momentos donde no sabemos qué decir. ¿Puede haber una mejor oración que la que Dios mismo nos enseñó? Junto con ella la tradición de la Iglesia ha ido acumulando grandes tesoros: el Ave María, la Salve, el Adoro te devote… y muchísimas otras. Entre ellas vale la pena destacar la Liturgia de las Horas. Son oraciones que toda la Iglesia reza en la mañana, en la tarde, en la noche, basadas en los Salmos. Si no tenemos palabras para rezar, ahí con seguridad encontraremos muchas, así como una experiencia de comunión con la Iglesia Universal, pues esas mismas oraciones las rezan los católicos en todo el mundo.
4. Utilizar una imagen
A veces, si no tenemos palabras, ayuda mucho centrar la atención en una imagen. Mirar detenidamente un crucifijo, una imagen de Jesús, empezar a notar sus detalles, el rostro, las heridas, poco a poco va suscitando en nosotros pensamientos y sentimientos que nos ayuden a elevar una oración. Puede ser un buen punto de partida para encontrar el camino hacia las palabras que se nos escapan.
5. Narra tu día
A veces, cuando no sé bien qué decirle a Jesús, pero quiero estar con El, empiezo a contarle mi día. Se lo voy narrando, con detalles, haciéndole notar las cosas bonitas y las que no lo son tanto. Así siento que le voy compartiendo mi corazón, haciéndolo parte de mi vida, dejándolo entrar en los acontecimientos de mi jornada. También le cuento lo que pienso hacer. Poco a poco van aflorando palabras de gratitud, esperanza, de necesidad y de amor.
6. Solo míralo y deja que Dios te acompañe
No es la última opción, al contrario, a veces puede incluso ser la primera. Si no tengo palabras, sencillamente me quedo mirándolo en el Santísimo o en una imagen. En ese silencio, sin el esfuerzo de tener que estar buscando palabras, y con la fe de que El está conmigo, he experimentado momentos muy bonitos de oración y encuentro. A veces pienso que sé que estoy con un buen amigo cuando el silencio no incomoda. ¡Igual con Jesús! Estar solo con El, en silencio, sencillamente bajo su mirada amorosa, es una oración hermosa y llena de gracia. En tantas ocasiones, además, ahí es donde lo he escuchado mejor.
Esperamos que estos consejos sean de mucha utilidad para ti y para tu apostolado 🙂
El Papa Francisco, en su audiencia de este 26 de enero, ha recordado a San José como un "hombre que sueña" capaz de distinguir la voz del Señor ante las dificultades y pruebas de la vida.
Recurriendo a los tres sueños de San José y las "decisiones justas" que tomó al reconocer la voz de Dios, el Papa Francisco ha explicado en su audiencia de este 26 de enero en el aula Pablo VI la "receta" del santo para enfrentar las pruebas de la vida, del miedo y del demonio.
Tras mencionar a José como "hombre que sueña", Francisco se refirió al santo como modelo para "lograr reconocer la voz de Dios" en los sueños, "donde Dios se manifiesta y a menudo nos habla". Especialmente ante "las voces de nuestros miedos" y "también la del maligno, que quiere engañarnos y confundirnos".
Del primero de los sueños narrados por el Evangelio, Francisco destaca "la respuesta inmediata" de José ante "el drama que le asalta cuando se entera del embarazo de María" y la ayuda prestada por el ángel.
La oración, efectiva para resolver los problemas
"Muchas veces, la vida nos pone ante situaciones que no comprendemos y parece que no tienen solución", añadió. Como hizo San José, "rezar en esos momentos significa dejar que el Señor nos indique cuál es la cosa justa para hacer. Cuando nos hace ver un problema, nos da siempre la intuición, la ayuda y su presencia para resolverlo".
La oración fue también la respuesta de José al segundo sueño revelador, cuando sabe que la vida del niño Jesús está en peligro.
"En la vida, todos nosotros experimentamos peligros que amenazan nuestra existencia o la de los que amamos", comentó el Papa. En estas situaciones, "rezar quiere decir escuchar la voz que puede hacer nacer en nosotros la misma valentía de José para afrontar las dificultades sin sucumbir".
Del tercero de los sueños, en el que el ángel le ordena que regrese a su patria con Jesús y María, Francisco se centra en el temor que sintió "al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea".
Frente a este miedo "que forma parte de la vida", el Papa explica que como en José, la oración es el modo para que "no sea el criterio de nuestras decisiones. José siente el miedo, pero Dios lo guía a través de él. El poder de la oración hace entrar la luz en las situaciones de oscuridad".
"La oración nunca es un gesto abstracto o intimista", remarcó Francisco en referencia a "movimientos espiritualistas más gnósticos que cristianos" y añadió que "siempre está indisolublemente unida a la caridad".
La receta de San José: oración, trabajo y amor
A continuación, Francisco recordó y se dirigió a multitud de personas "aplastadas por el peso de la vida, que no logran rezar, a los padres ante los problemas de los hijos o que ven orientaciones sexuales diferentes" en ellos: "No os asustéis. Hay dolor, mucho, pero pensad cómo resolvió los problemas José y pedir que os ayude".
Para enfrentar estas situaciones, invitó a pedir la valentía de José y a rezar como él.
"La oración nunca es un gesto abstracto o intimista", recordó: "Siempre está indisolublemente unida a la caridad y solo cuando unimos a la oración el amor logramos comprender los mensajes del Señor".
El Papa concluyó recordando a los padres la oración, el trabajo y el amor de José, virtudes por las que "siempre recibió lo necesario para afrontar las pruebas de la vida. Encomendémonos a él y a su intercesión".
Juan y Marta tienen seis hijos, todos chicos, y acaban de cambiarse de casa. ¿Cómo es su vida diaria? Se lo cuentan a Pedro del Castillo en otro episodio de Mi gran familia.
El aniversario de la infame decisión del aborto de la Corte Suprema, Roe v. Wade, está sobre nosotros nuevamente. Y aquí estamos, 61 millones de abortos después.
Algunos de los portavoces más poderosos contra Roe son quienes sobrevivieron a un intento de aborto. Al menos 300 estadounidenses vivos hoy están en esa categoría. Aquí destacaremos a tres de esos sobrevivientes.
Hace un par de meses, escuché una charla dramática de Gianna Jessen de Tennessee. Nacida en 1977, Gianna sobrevivió a un aborto salino, y su historia ha sido contada en un libro de Focus on the Family, Gianna: Aborted, and Lived to Tell about It.
Gianna incluso ha corrido dos maratones, a pesar de la parálisis cerebral provocada por el intento de aborto. Le tomó varias horas más que al corredor promedio completar las 26.2 millas. Pero ella lo logró. Dos veces.
Algunos dicen que le falta una "calidad de vida", pero ella pregunta (según recuerdo), "¿Quién eres tú para juzgar mi 'calidad de vida'?" Gracias a la fidelidad del Señor tiene una “calidad de vida” alta, muchas gracias.
Otra sobreviviente es Melissa Ohden de Missouri. Recientemente tuve el privilegio de entrevistarla para Christian TV. De niña supo que había sido adoptada. Pero no fue hasta los 14 años que supo la historia de fondo.
Melissa me dijo: “Tengo 42 años; y fue en 1977 que a mi madre biológica, cuando era estudiante universitaria, se le obligó a abortar con una infusión de solución salina, en contra de su voluntad... Así que ese tipo de procedimiento en realidad implicaba inyectar una solución salina tóxica en el líquido amniótico que me rodeaba en la matriz. Y la intención de esa solución salina tóxica era envenenarme y escaldarme hasta la muerte. Por lo general, el procedimiento duraba unas 72 horas. El niño se sumergiría en esa solución de sal tóxica, su vida terminaría cuando tuviera éxito; y ellos inducirían el parto creyendo que ese niño difunto sería expulsado de la matriz.”
Al revisar sus registros médicos, Melissa descubrió que había estado empapada durante cinco días, no tres días, y aun así no murió. “Pero en lugar de ser entregado como un aborto exitoso, nací vivo accidentalmente”. Y luego, una enfermera compasiva pudo llevarla rápidamente a un hospital para ayudarla a recuperarse y finalmente ser adoptada.
Cuando conozcas a Melissa, no sabrás que le ha pasado nada de esto. Hoy, es una de las principales redes de sobrevivientes del aborto.
La tercera sobreviviente de aborto que conocí recientemente es Claire Culwell de Texas. Cuando era niña, siempre supo que era adoptada, por lo que hace aproximadamente una década estaba encantada de finalmente conocer, y agradecer en persona, a la madre que la dio a luz y la dio en adopción. Pero poco sabía ella sobre la historia de fondo de su madre biológica.
Cuando su madre biológica tenía 13 años, quedó embarazada. Su madre la golpeó y la llamó “inútil” y “horrible”. Luego la llevó a una clínica de abortos.
La niña de 13 años se sintió terrible por haber abortado a su bebé. Pero unos días después se dio cuenta de que de alguna manera todavía estaba embarazada. Resulta que el abortista se había perdido el hecho de que estaba embarazada de mellizos. Cuando se dieron cuenta de esto, la madre de Claire estaba demasiado avanzada para tener otro aborto.
Claire me dijo: “Me dieron a luz a las 30 semanas y pesé 3 libras. 2 oz., yo era prematuro de diez semanas, y tenía una cadera dislocada, pies zambos. Mis signos visibles son mi recordatorio diario de ser un gemelo. Pero milagrosamente los instrumentos abortivos nunca tocaron mi cuerpo”.
Sorprendentemente, hay personas que usan varias plataformas, incluidas las redes sociales, para negar de alguna manera la validez de la historia de Claire. Y eso también es cierto para otras sobrevivientes del aborto.
Claire observa: “Hay absolutamente personas que se oponen a lo que hacemos porque mi presencia, y personas como yo que han sobrevivido a un aborto, nuestra presencia, cierra todo su argumento porque dicen que no somos humanos; y están diciendo que somos imaginarios y que esto no pasa, y el aborto no es quitarle la vida a un niño”.
A medida que otro aniversario de Roe va y viene, es bueno recordar las muchas víctimas del aborto… comenzando con las decenas de millones de bebés nonatos asesinados. Además, millones de aspirantes a madres han sido victimizadas. Los estudios muestran que más de la mitad de ellas se sienten obligadas a abortar. Y al menos 300 sobrevivientes de aborto entre nosotros también dan testimonio de la inhumanidad del aborto.
Y de esos 300, los tres con los que hablé están muy agradecidos con Dios por el regalo de la vida, a pesar de su difícil comienzo en la vida. Como dice Melissa, "Le debo mi vida a Jesús, esa es la única razón por la que estoy viva".