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domingo, 3 de mayo de 2026

Aquilino Polaino-Lorente, psiquiatra: evolución en las relaciones del padre y la madre con la hija

Ambos son modelos, señala el célebre psiquiatra católico, pero no de lo mismo ni de la misma forma.

Aquilino Polaino-Lorente, durante una reciente entrevista.

Aquilino Polaino-Lorente, durante una reciente entrevista.


    Aquilino Polaino-Lorente es una de las grandes referencias de la psiquiatría española de las últimas décadas. 

    Nacido en Cazorla (Jaén) en 1945, sumó tres títulos académicos (doctor en Medicina y licenciado en Psicología Clínica y en Filosofía) y fue catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid. En su condición de católico de convicción y militancia fue nombrado miembro de la Academia Pontificia por la Vida en 1996.

    Es también un autor muy inquieto por las cuestiones personales, aparte de las patológicas. En 1994 sufrió un grave accidente de tráfico que le tuvo cinco días en coma. Tras recuperarse quiso plasmar en un libro editado por Planeta en 1997 todo lo que implicaba vivir, a partir de ese momento, la que consideró Una vida robada a la muerte, que fue como tituló la obra.

    En las páginas de dicho testimonio, Polaino-Lorente hace una intensa referencia a los sentimientos que él vivió durante la dura recuperación de meses. Percibió el intenso afecto de los suyos y explicó las consecuencias que tuvo para él.

    Pero, como queríamos preguntarle por el amor entre el progenitor masculino y sus hijos de ambos sexos, rescatamos de aquel libro algunas frases porque sirven de introducción. En efecto, aunque provienen de un traumatismo extraordinario, parecen adaptarse también a esa realidad del querer familiar ordinario:

    • "Cuando una persona se siente querida sin apenas merecerlo, es lógico que entienda esos afectos y la misma vida como un regalo", escribió entonces en el libro: "Surge entonces, de forma inevitable, el agradecimiento", añade, porque "hay muchas personas que nos quieren más de lo que pensábamos, incluso más de lo que, tal vez, cada uno se quiere a sí mismo".

    Así que, partiendo de esa realidad del amor y el agradecimiento, se lo planteamos para las relaciones padre-hijo y padre-hija.

    -¿Cómo influye ese hecho en la relación padre-hijo?

    -La figura del padre constituye para los hijos varones el primer núcleo de referencia personal. El padre es el modelo más cercano para el hijo por su semejanza biológica, además de por el tipo especial de relación que también entre ellos se da, incluida la exigencia paterna.

    -¿Y condiciona esa exigencia la relación?

    -El hijo es muy sensible a la autoridad del padre, mientras que la percepción de la madre es más lejana y está envuelta en el laberinto de la afectividad.

    -¿Y eso diferencia la relación padre-hija de la padre-hijo?

    -El padre se relaciona con la hija, hasta la adolescencia, de otra forma. En esa etapa no se siente el alter-ego de su hija, cuya función casi siempre delega en la madre, tal vez porque considera que así su relación es más natural. La hija admira la fortaleza y autoridad del padre, además de su excesiva tolerancia para con ella, aunque casi siempre desde una cierta ternura. Al mismo tiempo siente la satisfacción de su estrecha cercanía afectiva con su madre -su primer modelo de referencia-, y experimenta el peso de sus correcciones, recomendaciones y autoridad.

    -¿Y con el padre es diferente?

    -A lo largo de la vida de la hija, la relación con su padre está sometida también a ciertos cambios evolutivos, acordes con las circunstancias de sus etapas de desarrollo. El cambio más significativo acontece en la adolescencia

    -¿Por qué en esa etapa?

    -En esta etapa de deseos de independencia y afirmación del ego de la adolescente y las relaciones con la madre entran en crisis: la adolescente se afirma llevando la contraria, con independencia de la razón, a lo que la madre le sugiere.

    »Sin embargo, la admiración por su padre en esta etapa se convierte en ‘adoración’, en especial si entre ellos se establece una profunda relación de complicidad. A la vez que amplía la distancia con la madre, la adolescente busca la cercanía y proximidad con el padre. 

    »Más tarde, estas distancias se modifican. Sobre todo, si se casa y llega a ser madre. En ese caso la afinidad por la madre vuelve a ser más fuerte y estrecha que nunca.

    -¿Y si falta el padre por ruptura familiar? ¿Puede tener consecuencias futuras?

    -Aunque no es el único factor relevante, considero que la ‘ausencia’ del padre o una presencia distante y malhumorada puede influir decisivamente en las decisiones y deliberaciones de las hijas respecto a la importante determinación de optar por un hombre con el que formar una familia. 

    Carmelo López-Arias, ReL

    Vea también    Adolescentes y la Educación






    domingo, 5 de abril de 2026

    Un médico convencido por la Sábana Santa


    El doctor Carlos Navarro Díaz explica con detalle y precisión las razones de la autenticidad de la Síndone, en la que él no creía.


      [38:36] El doctor Carlos Navarro Díaz, médico especialista en Cirugía Plástica, Reparadora y Quemados, es miembro del Centro Español de Sindonología desde que una charla del padre Jorge Loring, un jesuita apologeta de la Sábana Santa, le hizo comprender su autenticidad. Él la consideraba un fraude de la Iglesia hasta que escuchó las pruebas de su autenticidad y luego pudo estudiarlas como experto en anatomía y fisiología.

      ReL

      Vea también    El Debato sobre la Sábana Santa
      y sus respuestas



      lunes, 31 de julio de 2023

      Juleon Schins, físico: «Siempre que pareció haber una contraposición entre ciencia y fe, ganó la fe»

                    Es experto en nanotecnología y además doctor en Filosofía


      La ciencia y la fe son independientes, pero entre sus verdades respectivas no puede haber contradicción, señala el físico y filósofo Juleon Schins.

       

      Es llamativo el título: La ingenuidad española (Círculo Rojo). Aunque su autor nos aclara enseguida que escribirá pronto sobre la ingenuidad de otros pueblos (lo ha hecho, por ejemplo, con los británicos): “Empecé con España porque tengo la impresión de que seréis el pueblo que dentro de cincuenta años salve la fe de Europa”.

      Juleon Schins (n. 1964) es católico y lo ha sido siempre: “Nunca he tenido una profunda crisis religiosa ni he visto una ‘gran luz’ que me hiciera volver a la fe”. Holandés de padres holandeses, aunque nacido en Suiza, se doctoró en Física Molecular por la Universidad de Amsterdam, tiene estudios de postgrado en Biofísica, ha trabajado en diversos centros de investigación (entre ellos la Escuela Nacional Superior de Técnicas Avanzadas de París la Universidad de Tecnología de Delft, Holanda, donde enseñó nanotecnología). Es también doctor en Filosofía.

      Juleon Schins, en su laboratorio de nanotecnología.

      Juleon Schins, en su laboratorio de nanotecnología.

      Cuando habla de ingenuidad, es para alertar de algunos errores en la actuación pública de los católicos.

      -¿Qué entiende por ingenuidad?

      -Me limito a la definición del Evangelio, porque no soy teólogo: “Los hijos de este mundo son más astutos para sus cosas que los hijos de la luz” (Lc 16, 8). La virtud opuesta a la ingenuidad es aquella parte de la prudencia que regula el comportamiento de la persona hacia todo lo no-inmediato, lo no-personal: es decir, lo político, lo social.

      -¿Es una característica de los católicos?

      -Es característica de todo hombre afectado por el pecado original. Pero el mismo Evangelio dice que los hijos de la luz somos menos prudentes que los de las tinieblas. Como pobre físico que soy, que lo ve todo a través del microscopio de lo cuantitativo, pienso: a más luz, menos prudencia. La ingenuidad no es propia de los católicos por ser católicos, sino por ser hijos de la luz. Y la ingenuidad típicamente católica es la ingenuidad de un pueblo con fuerte tradición católica, como españoles, italianos y polacos.

      -¿En qué consiste?

      -La ingenuidad que esos países tienen en común es un cierto error en la delimitación entre lo debido al César y lo debido a Dios. Por ejemplo, fieles que consideran su parroquia como una familia cerrada, u obispos que hablan de política. Una excepción espectacular es Juan Pablo II cuando era arzobispo de Cracovia: en momentos increíblemente duros, en situaciones increíblemente complicadas, siempre supo ser pastor de su rebaño, con el debido sometimiento a las autoridades comunistas, y con la debida resistencia, con un equilibrio muy pensado.

      -¿Cómo se consigue ese equilibrio?

      -Aparte de una fe colosal, Juan Pablo II tenía un profundo conocimiento del comunismo y del hombre católico polaco. Este profundo conocimiento práctico, junto con todas sus virtudes, le hicieron inmune para la ingenuidad. Nunca se dejó llevar por la ira, la gran amiga de la ingenuidad.

      -¿Por qué dice eso?

      -Porque la ira lleva a decir cosas por las que luego hay que pedir perdón, a veces públicamente.

      'La ingenuidad española' de Juleon Schins.

      -Usted es católico y científico. ¿Puede haber entre la ciencia y la fe una contraposición real?

      -Mi fe me dice que no puede haber contraposición entre ciencia y fe, ni real, ni aparente. Siempre que pareció haber una contraposición entre ciencia y fe, ganó la fe. Como en el caso de Fred Hoyle y su universo eterno sin inicio. O en el caso del pecado original: según la genética, hubo un bottleneck [cuello de botella] de la especie humana hace 200.000 años; esto puede interpretarse como la supervivencia de Noé y los suyos; como la pareja inicial, Adán y Eva, puede haber vivido hasta hace siete millones de años, va a ser muy difícil demostrar genéticamente la imposibilidad de que toda la humanidad descienda de una sola pareja. En cuanto al caso Galileo, allí tampoco hubo contraposición: los jesuitas astrónomos estaban de acuerdo con él y hasta le ayudaron identificar errores en su razonamiento; los que provocaron la crisis fueron los filósofos aristotélicos.

      -La ciencia ¿aleja de la fe, acerca a la fe, son campos independientes...?

      -Ciertamente son campos independientes, en el sentido de que contemplan una misma realidad desde distintos puntos de vista. Nunca he conocido una conversión a la fe por las ciencias cuantitativas. ¡Así que espero poco, desde el punto de vista apologético, de las reflexiones de mi libro sobre las desigualdades de Bell o la causalidad cuántica! Sí conozco bastantes ejemplos de sabios en la historia de la Iglesia, o entre los mismos Padres, que se han convertido por su conocimiento científico (argumentos históricos, teológicos, patrísticos, no cuantitativos), como el americano Scott Hahn, la holandesa Cornelia de Vogel o la judía alemana Edith Stein. Muchísimos más ejemplos conozco de científicos no creyentes que se han convertido a través de un amigo creyente y a base de argumentos no-científicos.

      -¿Y los científicos que se declaran ateos?

      -Ganan un dinerillo bastante interesante por escribir tonterías acerca de un dios que no existe.

      -¿Cuál debe ser la actitud del científico ante los milagros?

      -La misma de un no-científico, salvo en el caso de que el científico sea un experto en la materia del mismo milagro. Entonces tiene su parte de responsabilidad en convencer a los demás del carácter milagroso de los hechos considerados.

      -¿Qué propone para que la apologética católica sea más eficaz?

      -Dedicarse a fondo a la estadística. Por ejemplo, en cuanto a los beneficios de la educación separada. O en cuestiones de teología moral fundamental, moral sexual o social, cuestiones antropológicas o las enseñanzas sociales del Magisterio. En vez de escribir una tesis doctoral sobre la influencia de San Pacomio en el cenobitismo… salir a la calle y buscar datos, por ejemplo, sobre la delincuencia en función de la educación primaria y secundaria recibida. O, en cuanto al aborto y las uniones homosexuales, yo no me centraría tanto en las leyes. A mayor libertad de aborto, más se desenmascara a los abortistas. Cuantas más adopciones por parejas homosexuales haya, más oportunidades se presentan para hacer tesis doctorales que expliquen cuantitativamente su desastre educativo-emotivo-psicológico.

      Carmelo López-Arias, ReL

      Vea también        Dios, la fe, la razón y la ciencia -
      Benedicto XVI























      domingo, 7 de mayo de 2023

      El escepticismo de un biólogo ante la «casualidad» del origen de la vida y de la división celular


      La energía del sol, la clorofila, el azúcar, el oxígeno, la respiración... Una cadena de mecanismos relacionados que posibilitan la vida y resulta difícil explicar solo por la casualidad.

       

      La vida en la Tierra es un milagro biológico que damos por  hecho sin reparar en su enorme improbabilidad.

      Umberto Fasol (n. 1959), biólogo y profesor de Ciencias Naturales en un instituto de Verona, ha escrito varios libros y artículos sobre las dificultades de la hipótesis evolucionista. El último, en el número 227 (abril de 2023) del mensual italiano de apologética Il Timone:

      "Mi nombre es Luca, soy la primera célula viva"

      Se sabe que nuestro peor enemigo es la costumbre, sobre todo cuando alguien se olvida de las cosas hermosas que ha tenido de la vida y se centra solo en las feas. La vida es una maravilla y es el don más grande que hemos recibido, pero nos es tan familiar que no nos damos cuenta. La damos por descontada, o creemos que es algo "fácil" en el mundo y en el universo.

      En realidad, basta con salir de la capa de gas atmosférico que envuelve nuestro planeta para registrar una temperatura sumamente baja e inimaginable: -270º C, una temperatura próxima a lo que los físicos llaman "el cero absoluto" (-273º C). En el cero absoluto la materia se aniquila. El universo es un congelador enorme, hostil a cualquier estremecimiento de vida, por mínimo que sea, y con el contrapunto aquí y allá de miles de millones de hornos incandescentes, como son las estrellas. Alrededor de las estrellas hay fragmentos de polvo orbitando, los planetas, en los que debería depositarse algo de moho o alguna bacteria con la esperanza de recibir el calor de alguna estrella que no esté ni demasiado cerca ni demasiado lejos. Este es el escenario.

      Y sin embargo, desde hace cientos de miles de millones de años la vida en la Tierra es tan próspera que ha llegado a colonizar cualquier ambiente con formas muy variadas y coloreadas, como las que van de las algas al coral, de la trucha a la ballena, del hilo de hierba al roble y del águila a los seres humanos.

      La mitosis, un prodigio

      Los evolucionistas afirman que la vida apareció en este pequeño punto caliente del universo por coincidencias fortuitas que se verificaron en el llamado "caldo primordial": según ellos, las descargas eléctricas atmosféricas habrían obligado, tras innumerables intentos, a unos pocos átomos de carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno a mezclarse entre sí de manera inédita, dando origen a Luca. Este nombre es el acrónimo de Last Universal Common Ancestor (el último antepasado común universal), es decir, la primera célula.

      Sin embargo, toda persona que tenga unas nociones básicas de biología sabe que la célula es un microcosmos en el que se concentran las nanotecnologías naturales más osadas jamás descritas en todo el universo: pensemos en nuestros dos metros de doble hélice de ADN con 3.200 millones de letras que transmiten los mensajes necesarios para construir el cuerpo humano (¡!), una información que es mucho más sofisticada que la de la Divina Comedia.

      'Un mundo improbable', del que es coautor Umberto Fasol.

      Umberto Fasol es coautor de 'Un mundo improbable', donde se explica el sorprendente 'ajuste fino' de todas las variables que hacen posible que el Universo existe y en él exista la vida.

      No es racional confiar a la casualidad la disposición de las letras necesarias para componer la Divina Comedia; sin embargo, admitiendo -sin conceder- que la vida empezó por casualidad, como relatan los libros de texto de nuestros estudiantes, sigue sin respuesta una cuestión fundamental en la historia de la vida sobre la Tierra: la reproducción de Luca.

      Si la primera célula no hubiera inventado (sic!) la posibilidad de replicarse, en pocas horas habría vuelto a la nada de la que surgió, deshidratada por el calor y el aire, o destruida por las mismas radiaciones que la crearon. La reproducción celular, llamada "mitosis", es un proceso de una complejidad inaudita que distribuye en dos mitades simétricas tanto el bagaje cromosómico como el contenido del citoplasma. Sin la división celular todo se detiene. Nuestro desarrollo embrionario y fetal es posible gracias al ritmo frenético y armónico de mitosis sucesivas. Cómo -y sobre todo por qué- nació la división celular es un enigma posiblemente aún más grande que el origen de la primera forma de vida. Sobre esto, los evolucionistas callan. 

      Una cuna térmica suspendida

      Pero esto no es todo. La Tierra es verdaderamente una cuna térmica suspendida en un océano infinito de hielo perenne: un milagro. Su condición es realmente rara, tal vez única: se encuentra a una distancia idónea de una estrella de tamaño medio como el sol -estable, que arde desde al menos cinco mil millones de años, con un régimen de combustión fijo en un determinado valor (1,3 kw/m² es la constante solar)- y la Tierra es un planeta de tipo rocoso, ni demasiado pequeño ni demasiado grande, dotado de fuerza de gravedad para sujetar a los seres vivos, con una atmósfera que les permite respirar, calentarse y protegerse, con abundante agua en estado líquido, necesaria para las reacciones metabólicas.

      En los últimos decenios, tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea han creado y financiado varios proyectos a fin de localizar en el espacio otros planetas con estructuras morfológicas similares al nuestro. Y cada día se oye un anuncio en este sentido, dictado más por el deseo que por la realidad. Efectivamente, después del anuncio en los periódicos, las revistas especializadas publican un artículo que analiza el descubrimiento, redimensionando las expectativas.

      Hay un dato, entre todos, que realmente es impresionante: se trata de la excepcional correspondencia entre la molécula de la clorofila, difundida por doquier en la superficie terrestre, y la radiación electromagnética procedente del sol. Sin la clorofila la radiación solar no tendría ningún efecto sobre la producción del primer e indispensable alimento de la cadena alimentaria, el azúcar. Esta molécula especial, que le da el color "verde" a las hojas, la hierba y los organismos planctónicos que viven en la superficie de los océanos, está hecha de modo tal que puede "captar" un segmento particular de la luz solar que viaja en el espacio. Fue diseñada para este fin. Tras haber capturado un paquete de energía, la clorofila es capaz de excitar dos moléculas inertes presentes en el aire como el anhídrido carbónico y el vapor de agua para transformarlas tanto en azúcar, que permanece en la célula vegetal, como en oxígeno, que es liberado por la respiración de todos los seres vivos.

      En la infinidad del universo, en este puntito caliente, pero no demasiado, que es la Tierra, acontece en el silencio el milagro improbable de la transformación de la energía solar en el alimento base que sostiene la vida, primero de los animales herbívoros y, después, de sus depredadores, hombre incluido. Y todo esto sucede, no una vez, no un día, no un año, sino durante ¡miles de millones de años! Sin manutención, sin sustituciones de piezas, sin interrupción de ningún tipo. La Tierra parece haber sido pensada como un jardín para un huésped especial, el hombre, llamado a "tratar de tú a tú al Creador para toda la eternidad" (Benedicto XVI). ¿Acaso sería asombroso que fuese una pieza única en el universo?

      Traducido por Helena Faccia Serrano.

      ReL

      Vea también    La Ciencia y la Fe Frente a Frente - P. Loring sj




























      domingo, 15 de mayo de 2022

      Los 400 años de San Isidro, zahorí y agricultor, y su eco en la ciencia medieval y posterior

      Cada año se bendice de nuevo la fuente de San isidro a la que acuden muchos madrileños

       

      En 2022 se cumple el 400 aniversario de la canonización de san Isidro: la realizó el 12 de marzo de 1622 Gregorio XV, junto con la de los españoles Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y el italiano Felipe Neri. Seguro que se van a hacer muchos actos culturales y religiosos en honor de tan insigne personaje, pero desde aquí lo vamos a enfocar hacia la ciencia.

      Bula de canonización de san Isidro

      San Isidro (c.1082-c.1172) fue pronto objeto de estudio para la ciencia. Sería el rey Alfonso X El Sabio (1221​-1284​) quien mandaría redactar un libro en el que se recogieran la vida y la obra de este popular personaje, un libro de historia al fin y al cabo. Y no se lo encargó al primero que pasó por allí. El encargo recayó sobre Juan Gil de Zamora (c.1241-c.1318), un franciscano teólogo, escritor, erudito y humanista, un científico de la época, colaborador del rey Sabio en su obra ‘Las Cantigas de Santa María’. Alguien de fiar.

      Ciertamente desde nuestra perspectiva actual, lo recogido en la obra puede resultarnos de veracidad no del todo demostrada, pero no es menos cierto que en principio no tenemos porqué negar la historicidad de los hechos, admitiendo claro está la sobrenaturalidad de muchos de ellos.

      Por este y otros estudios sabemos que San Isidro Labrador nació y murió en Madrid, de 1082 a 1172, año arriba, año abajo. Recibió veneración popular intensa en la Capilla Real ubicada junto al altar mayor de la parroquia de San Andrés de Madrid.

      Probablemente el estudio científico más completo y documentado sobre su vida sea ‘San Isidro de Madrid. Un trabajador Universal’, escrito por los doctores Tomás Puñal y Jose Mª Sánchez y editado por Ediciones La Librería en 2000. El libro recoge con rigor científico todo lo conocido sobre el santo, referencias al estudio pionero de Juan Gil de Zamora incluidas, así como una guía de todos los lugares relacionados con su vida y una completa bibliografía sobre su persona. Merece la pena comprarlo a cualquiera que quiera sumarse a este 400 aniversario del santo y tener conocimiento de causa.

      San Isidro zahorí: ¿ciencia, don natural o sobrenatural?

      San Isidro es tenido por zahorí o descubridor de manantiales y pozos. Se le atribuye haber abierto la popular Fuente de San Isidro, en la Ermita del Santo; haber descubierto el Pozo de San Isidro, de 27 metros de profundidad, ubicado en el actual Museo del Santo; el de la Ermita de Santa María la Antigua, en Carabanchel, y el del subsuelo de la capilla de la Inmaculada de la Colegiata de San Isidro.

      La práctica de encontrar agua a falta de conocimientos geológicos e instrumental adecuado ha llegado a denominarse radiestesia, y es por muchos considerada como una pseudociencia. No se puede demostrar que san Isidro no dispusiera de un ‘don natural’ para interpretar empíricamente elementos paisajísticos y geológicos que finalmente las ciencias modernas asociaran a la proximidad de aguas subterráneas, por lo que hemos de conceder el beneficio de la duda al santo, poderes sobrenaturales más que posibles al margen.

      Otra actividad desempeñada por nuestro santo fue la agricultura. En su época, los conocimientos agrarios se transmitían sobre todo oralmente pero a partir de cierto momento muchos se recopilaron ya por escrito, como hizo el clérigo de la Universidad de Alcalá de Henares, Gabriel Alonso de Herrera (1470 - 1539), en su tratado ‘Agricultura General’, de 1513, que fue de utilidad a muchas generaciones en España y en todo el mundo.

      La casa de san Isidro y su fuente curativa

      Se considera que san Isidro trabajó en un campo próximo a la villa, heredad de Juan de Vargas, en Carabanchel, junto a la ribera derecha del río Manzanares, entonces llamado Guadarrama, en una casa de labor situada en medio de tierras fértiles dedicadas al cultivo de cereales, tierras que siguen ocupando una buena parte de las terrazas fluviales del río.

      Sobre la casa de labor que ocupó la familia se levantaría, ya en el siglo XV, una ermita, aprovechando el manantial y la fuente cuya construcción se atribuye al mismo santo, cuyas aguas tienen propiedades curativas, según fue reconocido por Roma en el propio proceso de canonización y sigue siendo evidente por múltiples testimonios.

      El Madrid que pasó a manos cristianas

      Madrid pasó de manos musulmanas al reino de Toledo, es decir, a manos cristianas, en el año 1085, gracias al rey Alfonso VI, tras un pacto con el rey de taifa Al-Qādir. Esto sucedió en vida del santo agricultor. Se habla de Isidro como un mozárabe que casó con María de la Cabeza, y tuvieron un hijo, Juan o Illán. Por los pelos no acabaron los tres canonizados: su esposa sí. Se le atribuyen milagros, como a Cristo: hechos insólitos para los que la ciencia, incompleta como es ella, no tiene explicación, pero no por ello desdeñables o susceptibles de ser considerados como falsos sin más.

      La Historia como disciplina científica nos habla del Madrid de san Isidro. De la primera muralla que tuvo Maŷrit – Madrid- nos quedan restos palpables. Los más destacados están en el Parque de Mohamed I, junto a la Cuesta de la Vega. Se cree que son los restos más antiguos: material de sillería a soga y tizón al estilo califal. La muralla era, a juzgar por los restos, de pedernal y sílex en su parte inferior. Del contacto de los proyectiles cristianos con este material y las chispas que saltaban se dice que surgió la conocida frase: “Sobre agua fui edificada, mis muros de fuego son”.

      Un importante resto de la muralla se encontró al realizar el subterráneo del aparcamiento de la Plaza de Oriente: una atalaya fechada en el siglo IX que hoy se encuentra expuesta, protegida por un cristal, en el aparcamiento de la plaza. La arqueología ha revelado la existencia de un barrio islámico de campesinos, de origen bereber, durante los siglos X, XI y XII, en el lugar donde fue enterrado el cuerpo de San Isidro, en una zona llamada “Puerta de los Moros” tras la toma de Maŷrit por Alfonso VI.

      Maslama el Madrileño: un científico musulmán del s.XI

      En la época de nuestro santo fue Maslama El Madrileño, del que habla muy acertadamente Julio Samsó en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de Historia, el científico más relevante, también creyente por cierto, eso sí musulmán. También se encuentra información interesante sobre él en madridislamico.org.

      Nacido en Madrid, estudió en Córdoba aritmética, geometría , astrología, y desarrolló allí toda su actividad profesional, creando importante escuela. Hay referencias de que levantó un horóscopo e hizo un tratado de aritmética comercial. Se le tiene por astrónomo, astrólogo, matemático y economista. Aunque los datos son escasos, se sitúa su nacimiento en Madrid en torno a 1007. Desarrolló sus avances científicos en Córdoba, ciudad en la que se estableció siendo joven, y donde falleció. Es considerado por algunos el científico más reputado de al-Ándalus en su época.

      Se dice que tradujo el ‘Planisferio’ de Ptolomeo, pero esta obra aún no ha sido localizada, aunque se acepte que sirvió para posteriores traducciones al latín y hebreo, las cuales sí que han llegado hasta nuestros días. También se realizó una adaptación de las tablas de Al-Juarizmi (a cuyo nombre debemos el vocablo ‘algoritmo’) al meridiano de Córdoba, mediante observaciones astronómicas realizadas en torno al año 979, convirtiendo las fechas persas (guiadas por calendario solar) a las árabes (guiadas por el lunar). Esta obra la tradujo al latín el sabio inglés Adelardo de Bath en el siglo XII, trabajando con los benedictinos de Bath. Gracias a estos cálculos se pudo corregir el tamaño del mar Mediterráneo y determinar su tamaño real.

      Maslama escribió el ‘Tratado del Astrolabio’, sobre la construcción y uso de este artefacto. Dicho tratado se conserva en la biblioteca del Monasterio de El Escorial de Madrid, con el número 967 del Fondo Árabe. Actualmente a Maslama se le recuerda a un paso de la madrileña avenida Ramón y Cajal, en una pequeña plaza, desde el año 1985: la Plaza de Maslama.

      San Isidro como patrono de instituciones científicas

      San Isidro, santo patrón de agricultores, ha sido reclamado como patrono de varias instituciones científicas, resultando cuanto menos curiosa la fama que tiene en este sentido en Argentina. Así, en 1993 se fundó allí la Academia Provincial de Ciencias y Artes de San Isidro bajo el auspicio de la Fundación San Isidro para la Educación, las Ciencias y las Artes.

      También en Argentina encontramos la Universidad de San Isidro. Fundada en 2013 está localizada en la metrópoli de Buenos Aires. Otra institución relacionada con la investigación y la docencia universitaria ubicada en Argentina y en honor a nuestro santo patrón es el Hospital Central de San Isidro ''Dr. Melchor Ángel Posse'', un hospital público ubicado en el Partido de San Isidro, en la localidad de Acassuso, y es un Hospital Universitario adherido a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

      San Isidro, de hecho, da nombre a una localidad argentina, cabecera del partido bonaerense de San Isidro, ubicado en la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Su origen se remonta a 1706, cuando el capitán Domingo de Acassuso, vizcaíno de origen, fue autorizado a transformar la capilla particular de su hacienda en un templo público que llevó el nombre de San Isidro Labrador, en homenaje al santo de su devoción.

      Según se cuenta, el santo labrador se le apareció en sueños y le pidió que, cuando dispusiera de fortuna, erigiera en ese lugar una capilla donde pudieran asistir los pobladores de aquella zona, algo que hizo y terminó ocasionando que a los campos vecinos se les llamaran «del Santo», creándose una tradición que llega hasta nuestros días en forma de universidades.

      Otra institución científica muy célebre que honra al santo agricultor es el Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, que se fundó como asociación empresarial agraria en 1851. Este centro, impulsor de la ciencias modernas en el mundo agrario, creó una oficina de investigación y descubrimiento de aguas subterráneas, sin duda en honor a san Isidro. Esta institución jugó un papel crucial en la lucha científica contra la filoxera, insecto que arruinó al sector vitivinícola español a finales del siglo XIX. Un importante científico católico que trabajó aquí fue Luis Justo Villanueva (c.1836-1880) , ingeniero industrial madrileño que impulsó las bases científicas de la elaboración del cava a nivel industrial.

      También se dedicó al santo el Real Cortijo de San Isidro, pedanía de Aranjuez fundada por Carlos III en 1766. Ideada como explotación agrícola modélica y despensa del cercano Palacio de Aranjuez, el rey trajo desde Nápoles plantas y viñas a modo de granja estudio. Fue en todos los sentidos una finca de experimentación agraria dedicada estudiar la combinación de tierras dedicadas a huerta con prados para cría de ganado lechero y, muy especialmente, el cultivo de diferentes variedades de olivos y vides, intensificado a partir de 1786.

      Otro espacio importante es el Instituto San Isidro, situado en la Plaza Mayor de Madrid, quizá el centro educativo más antiguo de España, heredero de los Estudios de la Villa (1346), del Colegio Imperial (1603), y también de los Reales Estudios (1625). Fue Seminario de Nobles, Academia de Matemáticas de Felipe II, Facultad de Medicina, Escuela de Arquitectura, Facultad de Filosofía y Letras y Facultad de Artes. Los mejores tratados de enseñanza de la España del pasado, fueron redactados por personas vinculadas a este centro. El listado de personajes ilustres que han pasado por sus aulas es largo. Entre los científicos estuvo el jesuita y naturalista Juan Eusebio Nieremberg y Ottin (1595–1658), el inventor del autogiro Juan de la Cierva y Codorníu (1895-1963), el historiador Manuel Tuñón de Lara (1915-1997), el fundador del Instituto de Estudios Madrileños, José Simón Díaz (1920-2012) y el más que famoso historiador Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984).

      El Instituto de Estudios Madrileños, del cual soy Miembro colaborador, está desarrollando un conjunto de interesantísimas conferencias de entrada gratuita que serán la delicia de quienes quieran honrar al santo sin olvidar la ciencia. 
      ¡Viva san Isidro!

      Alfonso V. Carrascosa / ReL

      Vea también     Lo que dicen los Santos sobre la Eucaristía































      jueves, 27 de enero de 2022

      Una pregunta absurda y un niño autista: la peculiar senda que llevó al bautismo a un físico cuántico

               Guillaume tenía una novia creyente, pero él no se cuestionaba nada


      Guillaume se encontró de golpe con las respuestas que no conocía
      a preguntas que no se había planteado

      Cuando Guillaume se levantó el verano pasado, en uno de los encuentros de la comunidad del Emmanuel en Paray-le-Monial, para ofrecer su testimonio de conversión, tenía cerca a Magali, su esposa. Ella fue uno de los dos pilares que le condujeron al bautismo. El otro, un niño autista a quien hizo una pregunta absurda.

      ¿Ciencia y fe? Imposible

      Esta historia sorprendente nace para Guillaume al comenzar sus estudios universitarios y abarca su ciclo completo de licenciatura y de postgrado, hasta la lectura de su tesis doctoral en Física Cuántica. Guillaume tiene ahora 48 años, así que hay que remontarse treinta años atrás.

      En la facultad conoció a una compañera de clase, Magali, muy creyente y practicante. “Para mí eso era raro”, explica Guillaume, “porque en aquel entonces Dios era para mí una hipótesis inútil e incluso dañina. La ciencia y la fe no podían estar juntas”. Él ni siquiera estaba bautizado, pues creció en una familia no cristiana.

      Eso no impidió que se enamoraran: “Me educaron en los valores de la tolerancia, así que no me importaba que ella fuese a misa, y alguna vez incluso la acompañaba. Pero contemplaba todo aquello desde la distancia. No intentaba comprender realmente lo que ella vivía, ni qué significaba aquello para ella, aunque era consciente de que era algo enormemente importante”.

      Guillaume no entra en detalles, pero algo se quebró entre ellos: “Nuestros caminos se separaron”. Fue entonces, a raíz de esa ruptura, cuando él empezó a plantearse la cuestión de Dios.

      Guillaume, ofreciendo su testimonio.

      Guillaume, ofreciendo su testimonio en Paray-le-Monial en el verano de 2021.

      En ese proceso sucedió el hecho que resultaría decisivo. Fue en el verano de 1998 y él colaboraba con un asociación de ayuda a niños discapacitados À bras ouverts [Con los brazos abiertos], fundada en 1986 por Tugdual Derville, uno de los portavoces de Manif pour Tous. 

      Charles-Étienne

      Además de un trabajo en grupo con los niños, los fines de semana lo hacían en binomio, para suscitar en los pequeños una relación de confianza y "encuentro" con su responsable. Guillaume empezó esta actividad dos fines de semana con sendos chicos, Nicolas y Benoît, y luego llegó el tercero, que como era la festividad de la Asunción de Nuestra Señora, era largo, de cuatro días.

      Debía compartirlo con Charles-Étienne, un niño autista de 11 años que causaba bastantes problemas: “Tenía un gran problema de comunicación. Nunca te miraba a los ojos y rechazaba el contacto físico, salvo que fuera, como en ocasiones, violento”. Tuvo algún incidente con otros chicos del grupo y por la noche Guillaume, despertado por el ruido, fue a su habitación y le encontró tirando todos los objetos por el suelo. Hubo que vaciar el cuarto.

      “Si el fin de semana hubiese durado dos días, habría sido un fracaso. No hubo ningún ‘encuentro’. Afortunadamente, era de cuatro días”, celebra Guillaume. Porque en la mañana del tercer día, Charles-Étienne aceptó que le columpiara: “Fue un momento extraordinario, él estaba contento”.

      A mediodía comieron en un picnic, tras el cual los demás se echaron a dormir la siesta. Pero no su inquieto y hosco binomio, así que se fueron a caminar hasta el río.

      Una pregunta absurda

      A todo esto, Guillaume seguía dándole vueltas a la cabeza a sus reflexiones sobre Dios: “Empezaba a cuestionar mis razonamientos tan sabios”, dice. Pensaba en ello durante aquel paseo cuando llegaron a la orilla: “Allí hice algo que puede parecer completamente increíble, absurdo desde un punto de vista científico. Nunca lo habría hecho si lo hubiese pensado cinco minutos”.

      Y continúa: “Aunque Charles-Étienne no hablaba, le planteé una cuestión y quería una respuesta. Le dije: ‘Charles-Étienne, quiero que me digas quién es Cristo’. Naturalmente, no me contestó. Pero se sentó y yo me senté a su lado, para reposar un poco. En el fondo de mi ser, yo tenía la certeza de que iba a responder a mi pregunta. Entonces el Espíritu Santo sopló de nuevo, le miré y le dije: ‘Escucha, Charlie, no has respondido a mi pregunta. Quiero que lo hagas’. Y entonces ese niño me miró a los ojos por primera vez, cogió mi rostro entre sus manos, y me abrazó”.

      Guillaume.

      “Y ahí estaba yo, impactado hasta un punto al que jamás nadie me había impactado”, añade Guillaume: “Me puse a llorar -¡lágrimas de alegría!- durante veinte minutos. La única palabra que acertaba a decir era ‘Gracias’”.

      Aprendiendo a rezar

      Tenía la certeza de que aquel abrazo era la respuesta a sus interrogantes de los últimos meses: “Pero yo soy muy cabezota y lento para las cosas de la fe, y si en aquel momento me hubieseis preguntado si tenía fe, os habría respondido que no. El Señor todavía tuvo que seguir acompañándome un poco en ese camino. Sin embargo, algo había sucedido que yo no podía ocultar”.

      Por las tardes, los jóvenes que acompañaban a los chicos tenían un momento de oración, en el que Guillaume estaba presente, sin participar. Aquel día, sin embargo, musitó un breve rezo: “Me vinieron de golpe estas palabras: ‘Gracias, Señor, por el regalo de Charles-Étienne’. En el fondo de mi ser había una alegría que yo quería compartir”.

      La semana siguiente quiso hacerlo con otras personas de su entorno, familiares y amigos, pero no encontró la acogida que esperaba: “No sabía qué hacer. Entonces pensé en la oración del sábado anterior”. Acudió a una iglesia y encendió una vela: “Sentí un silencio, pero un silencio realmente habitado. Hice la experiencia de la oración”.

      Una fe que nace

      Alguien le recomendó entonces hacer un retiro ese verano con los hermanos de San Juan, precisamente en silencio y sobre la oración: “Vete, te conviene”, le dijeron.

      Fue “terrible, muy duro”, porque no estaba acostumbrado. Pero también muy aleccionador: “Ignoraba que en el silencio hubiese tan grandes enseñanzas”.

      En el retiro también había tiempo para la formación, donde asimismo se sentía extraño (“¡Y ya no os hablo del rosario!”, bromea): “Todos los que se sentaban a mi lado compartían algo, un punto de partida, salvo yo. Y, según un planteamiento científico, si la hipótesis de partida no es buena, uno puede razonar todo lo que quiera… pero la conclusión no vale nada”.

      Eso sí, Guillaume tenía claro que “algo había pasado”: “Si algo había en la Iglesia, Charles-Étienne me había hecho tocar ese tesoro. Y aunque había en la Iglesia cosas que no me gustaban, yo no podía tirar a Jesús por el desagüe. Me dije a mí mismo: ‘Aunque ahora no comprendes, quizá un día comprenderás’”.

      Magali

      Decidió retomar su contacto con Magali, que se encontraba en Israel, en una estancia de fin de carrera. E iniciaron una relación epistolar, en una época en la que aún no se habían genaralizado el correo electrónico ni el teléfono móvil: “Le escribí contándole lo que estaba viviendo, y lo extraordinario es que ella vio lo que yo aún no podía entender. Comprendió que había pasado algo. Y cuando regresó, decidimos comprometernos y emprender juntos una preparación para el matrimonio por la Iglesia”.

      Lo hicieron con el sacerdote de la comunidad de San Juan que había predicado el retiro, a quien fue planteándole sus dudas cara a cara. El religioso le animaba a bautizarse: “Yo no estaba preparado para el bautismo. Así que nos casamos sin estar yo bautizado”.

      La hora de dar un paso

      Pasaron muchas cosas, aclara Guillaume sin especificar: cosas que, de una forma u otra, le fueron acercando cada vez más a Dios: “Al cabo de un tiempo, tenía la impresión de que ya no avanzaba. Miré hacia atrás en mi vida, y empecé a considerar todos los regalos que había recibido. Me hice este razonamiento: ‘Sí, Guillermo, está bien, pero no es Navidad todos los días’”.

      Había pasado el momento de solo recibir y había que empezar también a dar: “Durante la preparación al matrimonio meditamos mucho sobre el compromiso. Ahora comprendí que me faltaba dar un paso hacia el Señor y comenzar a preparar el bautismo”.

      Fueron dos años de catecumenado de adultos. “Al final, en la noche de Pascua recibí cuatro sacramentos”, celebra: “Bautismo, eucaristía, confirmación y matrimonio”.

      "Has escondido estas cosas a los sabios, y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25)

      Guillaume insiste en que es “lento y con la cabeza dura” en las cuestiones de fe: “Así que me hicieron falta aún muchos años para comprender realmente lo que había pasado con Charles-Étienne. Lo primero fue entender que aquella pregunta que le hice no había venido de mí, sino que fue el Espíritu Santo quien me inspiró. Y comprendí también que a través de Charles-Étienne, Jesús vino personalmente a mi encuentro”.

      “En la Biblia”, concluye, se dice que “los pequeños –como Jesús les llamaba (Mt – ocupan un lugar muy importante. Y la respuesta que ese pequeño me dio, abrazándome sin palabras, me explicó verdaderamente el corazón de la fe: el amor de Jesús que se expresaba para mí, personalmente, a través de ese niño”.

      C.L. / ReL


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