viernes, 17 de junio de 2016

Embarazo con sorpresa

Les propusieron abortar,
pero el miedo no pudo atenazar a esta familia

Gemelos monocoriales monoamnióticos

“Finalmente estamos embarazados y…¡Sorpresa, gemelos! Nos dicen que tenemos que consultar a un especialista y ella nos dice que nunca ha visto en toda su carrera este tipo de gemelos, es raro. La especialista nos dice de que se trata y explica el por qué. Es difícil no tener miedo. Todo lo que podemos hacer es empezar a hacer un plan para dar a nuestros hijos lo mejor”.

Así muestra Lisa Hansen la historia de sus dos hijas: River y Piper. Acaban de recibir una noticia bastante inesperada: sus gemelos eran monocoriales monoamnióticos. Es decir, comparten tanto la placenta como el saco amniótico. No sólo se alimentan de la misma placenta sino que cohabitan en la misma bolsa sin ningún tipo de separación. Es un caso infrecuente, que sólo se da en 1 de cada 50.000 embarazos. Les dieron la oportunidad de abortarlos. No lo hicieron: “porque los amamos y los queríamos antes de verlos”.

Un gran riesgo porque el cordón umbilical podría haberlas ahogado. Un riesgo también para la madre que desde los 5 meses de embarazo tuvo que se hospitalizada. En el vídeo  nos cuentan toda su historia. La familia supo gestionar el miedo y River y Piper han llenado de amor el hogar.



jueves, 16 de junio de 2016

¿Cómo querer a un padre por el que no te sentiste querido?

El cuarto mandamiento hecho vida: nunca es tarde para el perdón

enfermo en la cama

Orfa Astorga, aleteia
Asistíamos al entierro de mi abuelo, que había muerto a avanzada edad. En esas largas horas de vigilia, mi padre,  a sus casi sesenta años, con serena tristeza conversa conmigo en esa intimidad que dispone abrir el corazón entre seres cercanos: me hablo del abuelo, de cosas que de una forma u otra, yo sabía, pero que consideró oportuno decantar con caridad.

Lo hizo con esa sencillez revestida de naturalidad con que se ha relacionado siempre con nosotros. Una naturalidad y una sencillez, por las que solo de adultos pudimos aquilatar su espíritu de sacrificio y abnegación, muchas veces heroico para sacar adelante a la familia.
Su mirada se posaba con tristeza y cariño en el ataúd, cuando me contó con voz baja su historia:
En mi niñez,  juventud y buena parte de mi vida adulta, a mi padre nunca lo conocí lo suficiente ni le tuve confianza. Era un hombre duro que no manifestaba cariño ni a sus hijos ni a mi madre. Cuando muy joven salí de mi casa, durante años, evadí su trato, pues me remitía a resentimientos que deseaba verdaderamente superar, ya que lo recordaba más que nada por el temor que me inspiraba su carácter irascible y a su tiránica  autoridad, por la que me exigió siempre una obediencia forzada como la de un esclavo,  y no la obediencia libre que nace del amor de hijo, un amor del que no se ocupaba. Una relación de la que quedaron daños que me llevo muchos años superar, y en los que tuve la fortuna de encontrar en mi vida personas que me ayudaron muchísimo, sobre todo a tu madre.

Finalmente me decidí a perdonarlo, como un importante escalón en mi superación espiritual y psicológica, sabía que no sería fácil, pero el querer crea la posibilidad.

Con esta actitud, me sorprendí recordando vivencias a través de los cuales pude ver los rasgos de bondad que existían en él, pero que fue incapaz de proyectar,  o que  quizá lo intento a su manera. Eso me animo aún más. Luego encontré mucha paz cuando me di cuenta de que honrar es una forma de amar, es decir,  cumpliendo el cuarto mandamiento; esforzándome en llevar una vida digna con obras que darían gusto  y satisfacción a cualquier padre, vida y obras que ofrecía por él.

Las oportunidades se fueron presentando aún más cuando  pasaron los años, murió mi madre, envejeció, se volvió achacoso y habiendo cambiado poco, parecía que iba a ser un caso de genio y figura hasta la sepultura, pero no fue así. Fue cuando lo recogí en casa, pues no tenía mucha autonomía y me necesitaba…  aceptó refunfuñando.

Viviendo con nosotros, por las tardes, con cierta frecuencia y sin que nadie más nos acompañara lo llevaba a tomar aire, a caminar a paso lento por jardines o a comer  bocadillos que le gustaban, hablábamos de cosas ordinarias sin ninguna referencia a nuestra complicada relación en la más sencilla convivencia, no hacía falta más y lo era todo al mismo tiempo. Alguna vez se encontró con uno de sus amigos y  mi me presento sin disimular su orgullo.

En un entorno de amor tu abuelo fue cambiando poco a poco y es la parte de la historia que te tocó vivir, donde lo recordarás como abuelo noble y bondadoso, lo que hizo una importante aportación a la familia. Se podría decir que se reeducó,  pues pagó el amor con amor, y me consta que se esforzó  creciendo mucho ante mis ojos, sanando mis viejas heridas. Llegó el momento en que sin dársele fácil, con voz quebrada y frases cortas, me contó de su vida, de la dureza en que él había crecido, de cómo había repetido comportamientos erróneos y lo arrepentido que estaba. Comprendí  que esa era su forma de pedir perdón, poco tiempo después ha muerto.
—–
Mi padre guarda silencio mientras recorre con su vista el ataúd  para luego fijarla en el crucifijo que está en la cabecera y se recoge en oración.

Mi padre fue capaz dar lo que no había recibido.  
Extiendo mis brazos sobre sus hombros, mientras acuden a mi memoria recuerdos de su tolerancia cuando sus hijos dramatizábamos y representábamos el  papel de incomprendidos,  sin imaginarnos que a la hora de corresponder, nunca podríamos pagar lo que le debíamos sino con veneración, de cariño agradecido, filial.  Cuanto amor le debemos, y el amor solo con amor se paga.

Cuando los hijos son mayores más urge la obligación de su amor, pues al tener más desarrollada y clara la  inteligencia y al estar menos obligados a obedecer; el amor, las delicadezas, las atenciones, deben crecer y son más necesarios. Cuando un hijo no quiere hacerlo porque con razonadas sinrazones  piensa que no debe nada a sus padres, debe acordarse de que  nada más y nada menos,  les debe  el ser de su existencia.

Más que nunca me propongo honrarlo.


miércoles, 15 de junio de 2016

Oración contra todo acto de terrorismo utilizando los Salmos

Nos unimos en oración, junto con todos nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo, en contra de los actos terroristas en todas sus formas

Oración contra todo acto de terrorismo utilizando los Salmos

Amado Padre, Tú eres nuestro protector y defensor. Hoy nos unimos en oración, junto con todos nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo, en contra de los actos terroristas en todas sus formas. 

Comenzamos nuestra oración a Ti con las fuertes palabras del Salmo (10,17-18):
“Tú, Señor, escuchas los deseos de los pobres, los reconfortas y les prestas atención. Tú haces justicia al huérfano y al oprimido: ¡que el hombre hecho de tierra no infunda más temor!”

Utilizamos esta fuerte promesa para orar contra todos los actos crueles de los terroristas y cualquier acto de terror destinado a infundir miedo en nuestros corazones.

Oramos en este momento para que, los que siembran el terror, sean sacudidos de sus actos, puedan liberarse de las ataduras del odio y dejen entrar el verdadero amor de Dios en sus vidas. Confiamos en que tu Amor, Padre amado, es más fuerte que todo odio y toda maldad y sabemos que Tú puedes convertir a los duros de corazón. Sabemos que Tú prestas atención a nuestras súplicas, pues confiamos en tu palabra en el Salmo (16,8):

“El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente: él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su salvador.”

Señor, te ofrecemos esta humilde súplica en contra de los actos terroristas. Queremos seguir buscando la sanación, esperanza y seguridad para todas las personas. Te pedimos que con tu gracia, consueles a todos aquellos que han perdido a sus seres queridos y le des el ánimo para derrotar la tristeza, y el coraje para salir adelante en los caminos de sus vidas.

Oramos por tu protección divina por todos aquellos que se encuentran en condición de rehenes, y para ellos, invocamos tu santa palabra en el Salmo (7,9-11):
“El Señor es el Juez de las naciones: júzgame, Señor, conforme a mi justicia y de acuerdo con mi integridad. ¡Que se acabe la maldad de los impíos! Tú que sondeas las mentes y los corazones, Tú que eres un Dios justo, apoya al inocente. Mi escudo es el Dios Altísimo, que salva a los rectos de corazón”

Oramos por todos aquellos que han sido afectados directamente por el terror. Para ellos, invocamos el Salmo (9,9-11):
“El Señor gobierna al mundo con justicia y juzga con rectitud a las naciones. El Señor es un refugio para los oprimidos, Una fortaleza en los momentos de peligro. ¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre, porque tú no abandonas a los que te buscan!”

Te damos gracias Señor, porque Tú tienes en tu corazón a todos los que han sido víctimas del terrorismo, porque Tú cuidas de ellos como los dices en tu Palabra en el Salmo (10,14):

“Pero Tú, oh mi Dios, lo estás viendo todo: Tú tienes en cuenta los problemas y el dolor, los tomas en tus propias manos. El débil se encomienda a Ti; Tú eres el protector del huérfano”

Oramos por los policías, militares y agentes de seguridad, que protegen a los inocentes de los actos del terrorismo. Que tus santos ángeles los faculten con sabiduría y discernimiento en el momento de las pruebas y que los protejan cuando traten de arriesgar sus vidas por las de aquellos que sufren en carne propia los actos de terror
Oramos para que el Espíritu Santo venga sobre nosotros en este momento que te ofrecemos esta humilde oración y nos des la fortaleza necesaria para derrotar todo acto de maldad e ilumine nuestra mente y corazón para elegir siempre los caminos de bondad y piedad por sobre la venganza. Que podamos seguir orando con mucha fe:
“Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. No nos dejes caer en tentación, mas líbranos del maligno” (Mateo 6,10-13)

Fortalecidos por el Espíritu Santo, podemos decir, en contra de todos los actos de terror, y con gran confianza en tu amor y en tus promesas, que:
“Aunque cruce por el valle de sombra de muerte, no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán confianza. Preparas una mesa ante mí en presencia de mis enemigos. Tú ungiste mi cabeza con óleo y mi copa rebosa. Ciertamente tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la Casa del Señor para siempre” (Salmo 23,4-6)

Ahora, llenos del Espíritu de Dios, e invocando el poderoso nombre de Jesús, pedimos a la Santísima Trinidad que desate y rompa toda atadura de miedo, terror y vandalismo que tiene al mundo aterrorizado, e invitamos a la poderosa presencia del Espíritu Santo para que nos asista e infunda en nuestra alma, palabras de amor y de esperanza, que nos llene de buena voluntad para vivir en fidelidad a la palabra de Dios y que su Santo Poder reine siempre en nuestra vida.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, Amén

Rezar el Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Artículo publicado por PildorasdeFe.net de la oración realizada por Uganda Catholics contra los actos terroristas en Kenia

martes, 14 de junio de 2016

Nace un bebé tras 4 meses de muerte cerebral de la madre

Un caso extraordinario

bebé recién nacido

Los equipos de Obstetricia y Unidad de Neurocríticos del Centro Hospitalario de Lisboa Central han anunciado hoy el nacimiento de un niño cuyas últimas semanas de gestación se produjeron con la madre en un estado de muerte cerebral.

El bebé nació por cesárea y pesó 2,350 Kg, después de una gestación de 32 semanas (15 de ellas con la madre en muerte cerebral).
La mujer, de 37 años se encontraba desde el día 20 de febrero en estado de muerte cerebral, tras sufrir “la aparición de una hemorragia intracraneal”.

En el momento de la muerte cerebral, el feto se encontraba en buen estado de salud aparente y, tras ser sometido a cuestión en el comité de ética y concertarlo con la familia de la mujer, se acordó mantener el embarazo hasta que fuera posible la viabilidad del proceso.

Según explica el hospital, “el consejo de administración llevó a cabo el nombramiento de un consejo científico para controlar el proceso, en el que ingresó un médico representante, un representante de la comisión de ética, un obstetra y el equipo de intensivistas”.

Y añaden: “Según los equipos médicos que siguieron el caso, este es el período más largo jamás registrado en Portugal – 15 semanas – de supervivencia de un feto con muerte cerebral de la madre”.

No nos casamos porque nos amamos, sino que nos casamos para amar: el éxito de una pastoral de novios

Los matrimonios no fracasan por incapacidad humana, sino por poca conciencia del sacramento, según el sacerdote Giuseppe Nevi
No nos casamos porque nos amamos, sino que nos casamos para amar: el éxito de una pastoral de novios



«Es desde la comunidad en familia como nace la Iglesia». No es una proclama la que hace don Giuseppe Nevi, sacerdote de 55 años y que desde hace 14 es el responsable de la pastoral familiar de la diócesis de Cremona, sino una realidad cuyos frutos están ante los ojos de todos: esposos que, educados para descubrir el «poderoso don del sacramento nupcial», hacen de su unidad «una comunión de familias vivida como una misión». Y no hay proyecto humano, ni estrategia humana, que haya producido frutos tan abundantes también para las parroquias de la diócesis; sólo la fe en Dios. Así se lo cuenta Don Giuseppe a Benedetta Frigerio en La Nuova Bussola Quotidiana.

Giuseppe Nevi, de la pastoral familiar de la diócesis de Cremona

- Don Giuseppe, ¿qué significa para usted la expresión "pastoral familiar", hoy tan de moda y a veces nombrada sólo cuando se hace referencia a los matrimonios con dificultades?
- No hay que partir de las dificultades; hay que acompañar a los esposos desde el primer momento para que entiendan la profundidad del don del sacramento que, si es consciente, tiene potencialidades enormes. Por eso, en cuanto se han casado les ofrecemos una larga formación catequética que dura cinco años, gracias a la cual descubren qué significa que el sacramento es el don de amor de Cristo a los esposos, el único que les permite amarse como Él nos ama.

»Cuando se empieza a vivir experimentando esto, entonces se entiende inmediatamente la exigencia de hacer de la propia vida una misión y se entiende que la tarea y el sentido del matrimonio es precisamente la edificación de la Iglesia.

- ¿Nos puede poner algún ejemplo concreto?
- De la catequesis ha nacido una asociación de fraternidad de familias que viven en comunión en un caserío, mientras que otras viven solas, pero manteniendo un vínculo muy fuerte entre ellas. Han sido los propios matrimonios los que, a la luz del descubrimiento del sacramento vivido, han decidido iniciar esta experiencia. Además,ponen su amistad al servicio de las parroquias en las que difunden la experiencia que hacen.

- ¿Cómo se desarrolla la vida de las familias?
- Algunas familias están divididas en cenáculos de oración, cada uno de ellos formado por un máximo de cinco núcleos. Y como una familia no se sostiene sin oración, cada día, con los hijos, se reza el Rosario. Además, cada núcleo reza por los otros.


»Cada día se medita el Evangelio, retomando la lectio divina que preparo cada mes. Una vez al mes tenemos adoración eucarística comunitaria. También hay encuentros semanales de formación cristiana y una vez al año se organiza un seminario en el que se debate determinados temas como el de la ideología de género, peligrosa para las familias y los hijos, o el de los principios no negociables, que desgraciadamente no se entiende cuán necesario es para el camino de fe.

»Por último, cada cenáculo tiene una misión: hay quien imparte la catequesis infantil implicando a las familias; hay quien a su vez imparte la catequesis a otras familias y quien orienta hacia el ministerio de la oración. Esta vida fundada sobre Cristo y no sobre nuestros esfuerzos es la única que puede generar una amistad operativa entre las familias, que además comparten todos los aspectos de la vida diaria.

- ¿Por qué son tan escasas estas experiencias en una Iglesia que las necesita hoy más que nunca?
- La Iglesia se está olvidando, o tal vez ya no cree en ello, que el sacramento es verdaderamente la acción gratuita de Dios. A menudo se hacen recorridos formativos y cursos prematrimoniales que plantean una manera moralista de amarse y que al final se reducen a una serie de compromisos y a la idea de soportarse mutuamente, vista la incapacidad del hombre de amar verdaderamente.


»Además, los cursos para novios no son suficientes, porque, si bien es cierto que el sacramento es real, uno lo puede entender verdaderamente sólo después de recibirlo. Es necesaria, por lo tanto, una formación humana, de oración, de fe y de comunión sobre la que sostener el vínculo, que se convierte así en un punto firme y, por consiguiente, de libertad real.

- Y, sin embargo, se habla continuamente de la familia como un modelo ideal: quienes lo alcanzan son afortunados y quienes no deben ser objeto de compasión. ¿Cómo mirar, en cambio, a la Sagrada Familia?
- La Sagrada Familia no es un modelo, sino un lugar donde se encuentran las vocaciones de las personas que la forman. El hijo se realiza en la sumisión al padre, el padre en la misión que Dios le ha confiado, mientras que la madre se realiza en la participación, desde la eternidad, en el destino del hijo. Sólo en la fe, en la vocación, en la oración y en los sacramentos Dios nos da las energías para vivir la vocación dentro de la familia. Que, repito, no es un esfuerzo, sino un don.

- ¿Por qué teme el mundo moderno a uniones tan fuertes?
- Los matrimonios no fracasan por incapacidad humana, sino por poca conciencia del sacramento. La gente tiene miedo porque piensa que es una cuestión de esfuerzo y sabe que no puede contar sobre sus propias fuerzas. Y no conociendo el camino para coger la fuerza de Dios, se rinde. Por esto el mundo se ha convertido en esclavo de la soledad. 

»Pero en el corazón de cada persona yace la necesidad profunda de uniones verdaderas y eternas. Se puede decir que el hombre contemporáneo se siente aún más fascinado por esto pero, al mismo tiempo, teme perder una falsa libertad. Frente a la comunión vivida se siente fascinación, pero también es causa de problemas. Por eso hay que tener paciencia, insistiendo en la formación, la oración y la comunión.

»No hay que olvidarse tampoco de enseñar a los jóvenes el alfabeto de la relación, porque ya no lo conocen. No entienden las diferencias fundamentales entre el hombre y la mujery por eso no consiguen dialogar, acogerse, sostenerse y esperarse. Por eso nacen muchos equívocos y distancias.


- ¿Cuáles son las otras emergencias?
- Creo que la Iglesia debe dejar de usar el lenguaje ambiguo del amor. No nos casamos porque nos amamos, sino que nos casamos para amar, es decir, para sacrificarse. Y, por consiguiente, para realizarnos. Además, es necesaria una fe encarnada. De hecho, el matrimonio está inscrito en la carne de los esposos. Y por esto para cumplirse necesita de la diferencia sexual. Sin ésta no son posibles ni la comunión ni el amor. 

»Como dice el filósofo francés Fabrice Hadjadj en La profundidad de los sexos, el sacramento es objetivo y pasa a través de la diferencia física de los cuerpos. Sólo esta objetividad nos libera de la esclavitud y de la confusión de sentimientos, que confunden y zarandean, lanzándonos a una misión más grande. Esta es la verdadera libertad. 


(Traducción de Helena Faccia Serrano, diócesis de Alcalá de Henares)

sábado, 11 de junio de 2016

¿Cómo puedo hacer para intentar comprender al otro?

Cuando alguien se siente comprendido entra en un estado de alivio, de tranquilidad y de paz interior

¿Cómo puedo hacer para intentar comprender al otro?

¡Quiero que me comprendas! Cuántas veces hemos tenido la necesidad de encontrar a alguien que escuche y comparta nuestros sentimientos e ideas en un momento determinado. Cuando nos sentimos comprendidos entramos en un estado de alivio, de tranquilidad y de paz interior. Pero, ¿somos capaces comprender a los demás? ¿de procurar dar algo más que un simple: “si te comprendo”?
La comprensión es la actitud tolerante para encontrar como justificados y naturales los actos o sentimientos de otro. Es en este momento nos percatamos que la comprensión va más allá de “entender” los motivos y circunstancias que rodean a un hecho, es decir, no basta con saber que pasa, es necesario dar algo más de nosotros mismos.

Podemos “saber “ que un empleado nuestro comete errores con cierta frecuencia, “justificamos” este hecho debido a una falta de conocimiento, lo cual determina sus fallas como involuntarias y observamos la necesidad urgente e inmediata de brindar la capacitación correspondiente. El justificar se convierte en una disculpa, en una atenuante que nos hace ubicar el problema en su justa medida, por lo tanto, la comprensión nos lleva a proponer, sugerir o establecer los medios que ayuden a los demás a superar el estado por el que actualmente pasan.

El ser tolerantes no significa ser condescendientes con lo sucedido y hacer como si nada hubiera pasado, la tolerancia debe traducirse como la confianza que tenemos en los demás para que superen sus obstáculos. El padre de familia que retira todo su apoyo a los hijos hasta que mejoren sus calificaciones, condiciona su comprensión a resultados, y no al propósito, al esfuerzo y al empeño que se pongan para lograr el objetivo.

Ver con “naturalidad” los actos y sentimientos de los demás, es la conciencia de nuestra fragilidad, la convicción de saber que podemos caer en la misma situación, de cometer los mismos errores y de dejarnos llevar por el arrebato de los sentimientos.

La mayoría de las veces los sentimientos juegan un papel importante y debemos ser cuidadosos. Una persona exaltada, triste o francamente molesta esta sujeta a la emoción momentánea, lo cual reduce su capacidad de reflexión, con la posibilidad latente de hacer o decir cosas que realmente no piensa ni siente. Cada vez que alguien pide comprensión, a través de palabras o actitudes, busca en nosotros un consejo, una solución o una idea que lo haga recuperar la tranquilidad y ver con más claridad la solución a su problema.

El comprender no debe confundirse con un “sentirse igual” que los demás, esto puede suceder con las personas a quien les tenemos cierta estima, pero, ¿Qué pasaría con quienes no tenemos un lazo afectivo? Es necesario enfatizar que la comprensión, es y debe ser, un producto de la razón, de pensar en los demás, “ de ponerse en los zapatos del otro”, sin hacer diferencias entre las personas. Si alguna vez nos hemos visto incomprendidos, recordaremos el rechazo experimentado y como nos sentimos defraudados por la persona que no supo corresponder a nuestra confianza.

Existen un sinnúmero de oportunidades para vivir el valor de la comprensión. En las situaciones cotidianas tenemos a tendencia a reaccionar con impulsos, por ejemplo: cuando no esta lista la camisa que pensábamos usar; si llegamos a casa y aún no han terminado de preparar la comida; una vez más los hijos han dejado sus juguetes esparcidos por toda la casa; los compañeros de clase que no terminaron a tiempo su parte del trabajo en equipo; el informe para la oficina que tuvo errores y se retrasó; etc.

Si deseamos hacer nuestra comprensión de manera consciente, debemos pensar un momento si hacemos lo necesario para:

– Aprender a escuchar y hacer lo posible para no dejarnos llevar por el primer impulso (enojo, tristeza, desesperación, etc.)

– No hacer juicios prematuros, primero se deben conocer todos los aspectos que afectan a la situación, hay que preguntar. No basta decir que una persona es poco apta para un trabajo.

– Distinguir si es una situación voluntaria, producto de los sentimientos o de un descuido. En cualquier caso siempre habrá una forma de prevenir futuros desaciertos.

– Preguntarnos que haríamos y como reaccionaríamos nosotros al vernos afectados por la misma situación.

– Buscar las posibilidades y opciones de solución. Es la parte más activa de la comprensión, pues no nos limitamos a escuchar y conocer que sucede.

– Dar nuestro consejo,proponer una estrategia o facilitar los medios necesarios que den una alternativa al alcance de la persona.

La comprensión no es algo para ejercitar en situaciones extremas, se vive día a día en cada momento de nuestra vida, con todas las personas, en los detalles más pequeños y en apariencia insignificantes.
¡Qué importante es la comprensión! Podemos afirmar que es un acto lleno de generosidad porque con ella aprendemos a disculpar, a tener confianza en los demás, y por lo tanto, ser una persona de estima, a quien se puede recurrir en cualquier circunstancia.

Artículo originalmente publicado por encuentra.com

miércoles, 8 de junio de 2016

10 Dimensiones de la Iglesia católica




"[...]Os invito a contemplar a la Iglesia en diez dimensiones para que descubráis en ella la gran compañera del camino en el que estamos metidos los hombres. Es la Palabra de Dios quien la mantiene viva, la que nos hace ver que Cristo no es una figura del pasado, sigue presente; descubrimos su presencia real en la vida sacramental, en el perdón sacramental, la Eucaristía, el Bautismo como nacimiento nuevo. La Iglesia en medio del mundo quiere seguir entregando el mensaje central del Evangelio: Dios es amor. Todo debe partir de esto y debe llevar a esto. En el mes del Sagrado Corazón, Cristo me inspira que os acerque estas diez dimensiones:
1. Una Iglesia que acompaña: Que en nombre de Jesucristo sale al camino donde están viviendo los hombres, se encuentra con ellos en las circunstancias reales en las que viven. Como Jesús, se acerca a todas las realidades en las que el ser humano construye la historia y entrega su luz, su vida, su gracia, su amor. Escucha con pasión el clamor de los pobres y excluidos, vive y hace con la gracia y con la fuerza de testigos la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad.
2. Una Iglesia que ama: Con el mismo amor de Cristo, que nunca se retira de las situaciones de cruz en las que viven los hombres y sabe dar la vida por ellos, asumiendo el reto de amar sin condiciones a quienes están perdiendo la vida. Que hace verdad aquellas palabras del Éxodo: «He visto la aflicción de mi pueblo, […] he escuchado su clamor, […] conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo» (Ex 3, 7-8).
3. Una Iglesia que cura: Ella se sabe guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, y pasea por el mundo mirando las heridas que tienen los hombres. Así entendemos aquellas palabras de Jesús: «Dadles vosotros de comer».
4. Una Iglesia que perdona: No se acerca a los hombres inquisitorialmente, sino que lo hace con el mismo amor de Cristo y con la misma misericordia de Cristo. ¡Qué bello es el pasaje en el que Cristo acepta la invitación de un fariseo a comer en su casa sin ninguna condición! Jesús se deja acoger, quiere compartir la vida, se deja encontrar. Se encuentra con el fariseo y con una mujer pecadora, que se acerca a esa misma casa a lavarle los pies y secárselos con sus cabellos. A los dos Jesús les devuelve a la misericordia y al amor. Y lo hace con lo que es propio de Dios: perdonando.
5. Una Iglesia que sale a todos los caminos por los que van los hombres: Ningún camino, ninguna situación puede ser extraña para la Iglesia, porque nada fue extraño para Jesucristo. A todos los hombres y a todas las situaciones. «Id por el mundo y anunciad el Evangelio a todos los hombres».
6. Una Iglesia que anuncia la Buena Noticia: Urge recuperar el carácter luminoso propio de la fe. Urge entregar la Buena Noticia. Cuando se apaga la luz de la fe, las demás luces languidecen. Pero esto hay que hacerlo desde un encuentro con el Dios vivo que nos llama, nos revela su amor y, cuando aceptamos que entre en nuestra vida, nos transforma.
7. Una Iglesia que sale en comunión: ¡Qué fuerza tiene decir: «Creo en la Iglesia, una»! Y adquiere mayor fuerza aún cuando miramos a la Iglesia católica en el mundo, diseminada por todos los continentes, culturas, lenguas. Todos formando una unidad, ¿cómo puede suceder esto? Nos lo dice el Catecismo: la Iglesia «tiene una sola fe, una sola vida sacramental, una única sucesión apostólica, una común esperanza y la misma caridad» (n. 161).
8. Una Iglesia que manifiesta ser madre: Como Jesús, nunca abandona, siempre tiene los brazos abiertos. Como Jesús, que al terco Tomás no lo abandonó, no le cierra la puerta y sabe esperar, así es la Iglesia que siempre da el abrazo de la misericordia. Es madre y siempre tiene un gesto de compasión, de amor y de afecto.
9. Una Iglesia que sorprende siempre: Siguiendo los pasos y las huellas de Jesús nos invita a crecer en la unidad en las realidades concretas en las que estamos, la parroquia, la diócesis. La unidad no viene del consenso, viene de Aquel que crea la unidad en la diversidad. Nunca dividamos, fuera las habladurías, no provoquemos heridas en la unidad.
10. Una Iglesia que sabe Quién la sostiene: Es santa porque sabe que Jesucristo está indisolublemente unido a ella y que la guía el Espíritu Santo, que la transforma y purifica y renueva. No es santa por sus méritos, lo es porque Dios la hace santa.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos, Osoro arzobispo de Madrid