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sábado, 22 de noviembre de 2025

«Él y yo», cuando Dios te muestra sus sentimientos: «No hay ningún huérfano tan abandonado como Yo»

Gabrielle Bossis, con uniforme de la Cruz Roja en 1917.

Gabrielle Bossis, con uniforme de la Cruz Roja en 1917.

Nunca he recomendado un libro con tanto entusiasmo como Él y yo. Me lo hizo descubrir la Providencia hace ya muchos años en su versión original francesa, y eso me llevó después promover una versión española completa que, por fin hoy, saca a la luz Rialp.

Gabrielle Bossis, 'Él y yo'.

Gabrielle Bossis, 'Él y yo'.Rialp

  • 'Él y yo', de Gabrielle Bossis (Rialp).

"Él" significa Jesucristo y "yo" es Gabrielle Bossis (1874-1950), pero puede ser cualquiera que lo lea. Ella no era una religiosa, sino una laica francesa que empezó a recibir locuciones de Jesús desde 1936 hasta su muerte en 1950. La "Voz" la sorprende por primera vez en un barco, las siguientes en la calle, en casa, en el tren, o en su trabajo en el teatro... es decir en la vida ordinaria. No se trata de un "mensaje" sino de una catarata de breves mensajes que le van descubriendo, de manera íntima y personal, inconcebibles riquezas de amor y misericordia.

Él y yo cautiva rápidamente al lector con un mínimo de fe. No cansa. Invita a seguir leyendo. Yo lo he releído muchas veces, descubriendo siempre nuevos matices. Es como un corazón ardiente que conoce nuestros entresijos y se vuelca en nosotros con fina ternura. Es un Padre, que conoce en detalle nuestras vidas, como se lo muestra a Gabrielle: "Cuando eras pequeña tú me decías..."

Este libro no se bebe en largos tragos, como un refresco, sino en pequeños sorbos, como un licor fuerte que hay que paladear, que ayuda a meditar y a descubrir lo que nunca habíamos imaginado.

Por cierto, monseñor Millepelet, el obispo de Nantes, la diócesis donde ella vivía, aprobó su libro. Y el proceso de beatificación de Gabrielle Bossis está ya en curso.

Aquí te explico 15 razones en favor de leer Él y yo y procurar su difusión audiovisual.

1. Su biografia es apasionante 

  • Gabrielle Bossis (1874-1950) fue una francesa laica, nacida en Nantes en una familia adinerada. Fue enfermera voluntaria en el frente de Verdún en la Primera Guerra Mundial. Rechazó numerosas propuestas de matrimonio. Sin tener vocación religiosa, se dedicó al apostolado de la doctrina y la cultura a través del teatro. Guionista y directora de sainetes para jóvenes y niños. Viajó a numerosos países para representar sus comedias, sin reparar en gastos, pues vivía de la fortuna de su padre.

2. Dios la sedujo en un barco

  • En 1936, durante un viaje a Canadá en transatlántico, Gabrielle, a sus 62 años, tuvo una experiencia mística. Oyó una voz que le decía: "Hijita mía" y, sin ver nunca a su Interlocutor, comprendió y creyó que era Jesús quien quería "charlar" con ella. Conversación impresionante, de breves episodios espaciados, que duraría 15 años, hasta el día de su muerte.

3. Gabrielle transcribió literalmente lo que oía, sin añadirle comentarios de su cosecha

  • Solo ponía al margen sus escasas preguntas y alguna fecha, detalle del lugar o contexto. Sus manuscritos se publicaron gradualmente en París en 7 libros de unas 150 páginas cada uno. El primer tomo vio la luz en 1948 con el título Lui et moi [Él y yo]. Ella vivía todavía, y pudo darle su visto bueno.
El plan de 'Lui et moi' en siete tomos, en las primeras ediciones de los años cuarenta, cuando ya fue un éxito.

El plan de 'Lui et moi' en siete tomos, en las primeras ediciones de los años cuarenta, cuando ya fue un éxito.

4. El obispo de su dócesis lo aprueba.

  • Era monseñor Jean-Joseph-Léonce Villepelet, el obispo de Nantes, quien, no solo lo aprobó, sino que escribió un alentador prefacio al primer tomo. A este se añadió el prólogo del teólogo jesuita Jules Lebreton, decano de la Facultad de Teología del Institut Catholique de París. Sin afirmar ni negar su origen divino, los dos garantizaron su ortodoxia.

5. Éxito creciente y persistente.

  • Lui et moi triunfó pronto en Francia. Antes de dos décadas había alcanzado más de treinta ediciones. Lo utilizan como libro de meditación o de oración tanto el ama de casa como el agricultor o el profesor de universidad. Sin campaña publicitaria ni ruido mediático, se difundió de boca a oreja. Al cabo de unos años se dio a conocer una versión resumida en inglés, después siguieron versiones en diversos formatos en italiano, español y otros idiomas. En España la editorial Rialp ha publicado la versión española completa en noviembre de 2025. La traducción es del catedrático de Filologia Francesa de la Universidad Complutense de Madrid José Antonio Millán.

6. Más que "La imitación de Cristo"

  • La imitación de Cristo se publicó por primera vez hace seis siglos en latín. Unos pocos lo leyeron al principio. En 1900 era ya el primer libro devocional del mundo. Su autor es Tomás de Kempis, un místico. Se diferencia de Él y yo en que Gabrielle Bossis no es su autora, sino la mera transcriptora de unas locuciones que ella, y casi todos sus lectores, consideran palabras divinas. Lo mismo podría decirse de miles de títulos de libros de teólogos, incluso de santos de todos los siglos. Ellos solo son portavoces. Dios habla muy raras veces "en directo".
Gabrielle Bossis, en su hogar.

Gabrielle Bossis, en su hogar.

7. Los laicos, íntimos amigos de Dios.

  • Hacia el final del libro, la "Voz" pregunta a Gabrielle: "¿Y sabes tú lo que estamos haciendo al escribir estas páginas? Deshacemos el prejuicio de que la intimidad del alma solo era posible para los religiosos en sus claustros, cuando Mi Amor secreto y tierno es para toda alma que vive en este mundo". Con esto, parece descubrirle el principal motivo de estas locuciones, que empiezan en 1936. Por entonces San Josemaría Escrivá -precursor de la santidad laical- no era más era un joven sacerdote desconocido que trataba de salvar su vida de la persecución religiosa en Madrid. Escrivá y Bossis: dos espiritualidades que se complementan. ¿Acaso no emanan de la misma Fuente?

8. Cuando habla Dios es siempre original, no aburre

  • Una razón para explicar el éxito de Él y yo es que cautiva rápidamente al lector. No cansa. Invita a seguir leyendo. Parece escrito por una inteligencia superior que conoce los entresijos de la criatura humana, y, a la vez, por un Padre que ama con locura a sus hijos. Sabe ganárselos hablándoles de lo que les preocupa, del día a día, elevándolos por encima de la miseria humana y metiéndoselos "en el bolsillo", es decir en su corazón.

9. Como un licor fuerte que hay que saborear sorbo a sorbo

  • No es para beber a grandes tragos. Porque cada sorbo, o párrafo, es muy rico en contenido. Todo es oro sin ganga, o todo trigo sin paja. Si se lee de corrido se pueden perder matices importantes e incluso lo más valioso. Si se medita, se puede llegar a sentir algo de lo que Jesús está sintiendo en ese momento al hablar a Gabrielle.

10. No sobra ni una palabra

  • El texto original está en un francés puro, elegante pero directo. No se embarulla, no divaga, no copia, no se alarga. Va derecho al grano. No sobra ni una palabra. Nada se repite, salvo las ideas, las grandes verdades. Dios es maravillosamente capaz de exponer una idea de mil tonos y modos distintos, sin usar las mismas palabras o los mismos ejemplos. De ahí una parte de su encanto. Otra parte es que se puede releer, al cabo de un tiempo, con nueva frescura, y aún mayor atracción.

11. Filiación divina al revés

  • Grandes autores espirituales, como San Josemaría, insisten en el hecho revelado de que somos hijos de Dios. Eso implica sentirse y obrar como hijos suyos. Así el corazón del hombre se acerca (de abajo arriba) y trata de identificarse al de Jesús. Con Bossis es el corazón de Cristo el que derrama (de arriba abajo) el amor paternal del Padre sobre Gabrielle, que nos representa a todos sus hijos. Él nos revela cómo siente, cómo piensa, cómo "funciona" el corazón del Padre y su amor infinito hacia nosotros.
Gabrielle Bossis el día de su Primera Comunión.

Gabrielle Bossis el día de su Primera Comunión.

12. Te conocí de pequeñita

  • El tono de la Voz se vuelve a veces intensamente tierno. A Gabrielle le recuerda episodios de su vida de niña que apenas afloran en su memoria. Pero Él si tiene grabada aquella petición que la pequeña Gaby le hizo 70 años atrás, demostrando así que conoce nuestras vidas mejor que nosotros mismos. De ahí a la infancia espiritual no hay más que un paso... y un repaso.

13. Nos revela secretos nunca oídos

  • No son grandes secretos o profecías como en Fátima. No habla del fin del mundo. Sobre esto le dice a Gabriela: "Hazme el honor de dejar el futuro en mis manos". Pero sí le cuenta, de vez en cuando, algún pequeño detalle o comentario de su vida, o incluso de su Pasión, que no aparece en ningún otro libro. Un ejemplo: "Enseguida después de haberme encontrado a mi Madre, me llegó un auxilio: Simón de Cirene. Recurre a Ella". El hecho es sabido, pero no la correlación, ni la conclusión práctica.

14. Un audiovisual ¿por qué?

  • Llegados aquí, ¿no bastará un libro para difundir este maravilloso mensaje? En primer lugar: no es "un mensaje" sino un diluvio de mensajes que pueden convertirse en otras tantas gracias. En segundo lugar, ¿cómo está el ranking de lectura en el mundo actual? ¿Anda la gente por la calle con la nariz pegada a un libro, o a un móvil? ¿Cuánta gente habla de un libro a un amigo? Si estamos en la era del móvil y las redes sociales, eso trae una ventaja: poder enviar una cita de Él y yo a millares de personas en un plis plas a cualquier rincón del mundo. ¿Le gustaría eso a "la Voz", ¿al verdadero Autor del libro"? ¿No sería eso un espléndido milagro?

15. Ayúdanos a provocar el milagro

No, no esperes ver aquí un imperativo "Dona". Esto no va de dinero, sino de voluntad, de buena voluntad, de deseo de hacer el bien, empezando por uno mismo: "Deseo conocer a un Amigo del alma, que me ama con delirio, y deseo propagar ese descubrimiento", "Deseo transmitir esa felicidad a otros". Pues eso. Empieza por ver esos audiovisuales, y el resto... ya lo adivinas. 

Andrés Garrigó, ReL

Vea también     La Providencia de Dios
- San Juan Pablo II




martes, 23 de mayo de 2023

Sor Juana de la Encarnación: Mantuvo una dura lucha con el Demonio

JUANA-DE-LA-ENCARNACION          

Experimentó la Pasión de Cristo en una de sus revelaciones

Son muchas las personas que viven con intensidad la Pasión de Cristo y son muchas las veces que se ha recreado, escrito y narrado. Sor Juana de la Encarnación la vivió en su propia carne. Mujer de profunda devoción, tuvo incluso que luchar contra el Demonio cuando su confesor le impuso la tarea de relatar lo que vivió durante la Semana Santa poco antes de morir. Su texto es una extensa y profunda experiencia mística que nos acerca, aún más, a la crucifixión. 

Sus padres, Juan Tomás Montijo e Isabel María de Herrera, se habían casado en Perú donde vivieron durante un tiempo hasta que decidieron regresar a España. Eran «padres nobles y ricos de los bienes temporales, y no menos cristianos y virtuosos.»

El 17 de febrero de 1672 nació en Murcia su única hija, Juana Montijo Herrera. Juana creció feliz, en una familia rica, recibiendo una educación excelente que le permitió aprender latín cuando apenas tenía diez años. Desde bien pequeña rezaba a Jesús Niño y acompañaba a sus padres en la oración y en su misión de ayuda a los pobres

«Era la niña agradecida, amable y de un natural tan dócil y apacible que se llevaba el cariño de los más extraños como si vieran en ella un ángel. Desde entonces empezó en ella a resplandecer una amorosa y tierna compasión con los pobres, abriendo la mano para socorrer su necesidad aún antes de que tuviese limosna que poderles dar. La que recibía de sus padres, puesta de rodillas se la alargaba al pobre con gran alegría, como si en él reconociese a aquel Señor que recibe, como echa a su persona la misericordia, que se ejercita con el menesteroso y necesitado».  

Tal era su fe, que pidió recibir la primera Comunión cuando tenía nueve años, algo excepcional en su tiempo. Conocedora del catecismo y con una fuerte vocación religiosa, pidió ingresar en la vida conventual con doce años.

Un deseo ratificado por una visión de Cristo en la Cruz que le pedía que la siguiera en su camino de santidad. Su madre pensó que era demasiado joven para tomar aquella decisión, por lo que acudió a varios sacerdotes para encontrar la solución. Finalmente, ganó la voluntad de su hija e ingresó en el convento del Corpus Christi de Agustinas de Murcia. 

Juana, convertida en Sor Juana de la Encarnación, se volcó de lleno en la vida conventual, trabajando en varias tareas como la de enfermera, tornera, sacristana o maestra de novicias.

Durante apenas un año asumió la responsabilidad de ser priora a pesar de que mostró sus reticencias y llegó a pedir a las altas instancias eclesiásticas que la liberaran del cargo. Porque lo que Juana quería era rezar y encomendarse a Dios y no creía estar capacitada para guiar a las mujeres que vivían en el convento.

Ellas no opinaban igual, pues durante el tiempo que fue priora la recordaron como una mujer generosa, buena y volcada de lleno en el bienestar de sus hijas. Sin abandonar su compromiso con la comunidad, la hermana necesitaba acercarse a Cristo crucificado. Para ello, junto a la oración, sometió a su cuerpo a duras mortificaciones, comiendo de manera escueta o sufriendo el dolor en su piel.

«Se retiraba a media noche con sumo tiento, por no ser vista y sin más luz, que la del fervor divino, que la guiaba al sitio más retirado del Convenio, y allí hacía su disciplina, mejor se llamara carnicería contra su cuerpo, con tres géneros de cadenillas de hierro, y acero, hasta quedar todo bañado en su sangre.»

Sor Juana de la Encarnación tuvo muchas visiones a lo largo de su vida. La más importante sucedió durante la Semana Santa de 1714, cuando experimentó ella misma la Pasión de Cristo. 

«Así estaba mi pobre alma toda embebida en el Señor, entregada, y suspensa toda mi atención, y potencias, deshecho mi corazón, unido mi espíritu en sus mismas penas, y congojas, y convertido en el mismo Señor, cuando vi también el sudor de Sangre del Salvador […]. A las dos de la noche vi a su Majestad continuando su padecer, y que le ponían un paño sobre sus purísimos ojos, cubriendo estos divinos Soles con imponderable burla, y escarnio, añadiendo bofetadas a bofetadas, y golpes a golpes.»

También el demonio se acercó a ella, intentando ganar su alma a Cristo. Lo hizo con tentaciones constantes e impidiendo que realizara sus muchas penitencias y escribiera sus experiencias místicas. 

«Las trazas, pues, y ardides del Demonio fueron tantas, y tan exquisitas, que dieron después materiales a la Venerable Madre, para que las dejase escritas en muchos cuadernos, las que atendiendo a la brevedad, y omitir la molestia, fueron en esta sustancia: Luego que tomaba la pluma para escribir lo que le ordenaban, sentía, que se la arrancaban de la mano, turbaba la vista, para que no viese formar las letras, cubrirle los ojos, ponerla tal olvido de los caracteres, como si en su vida hubiera aprendido a escribir. Experimentaba también adormecido el brazo, entumecidos los dedos, y sin movimiento: tales dolores en los hombros, como si le descoyuntaran los huesos. Unas veces aparecían hormigas sobre la mano sola, que escribía, hiriéndola con sus picazos; otras, enjambres de abejas que la martirizaban, moscas grandes que le entraban en narices y boca, bandadas de murciélagos que, con sus aletas y chillidos la estorbaban y tal vez le borraron muchas hojas, que con gran trabajo había escrito.»

El padre jesuita Luis Ignacio Ceballos, su confesor la obligó a mostrar sus experiencias místicas en una obra titulada Passión de Christo comunicada por admirable beneficio a la Madre Juana de la Encarnación, Religiosa Agustina Descalza. Una obra que muchos sitúan a la altura de la tradición mística de Santa Teresa. Algunos incluso la situaron como precedente de la mística alemana Anna Emmerick. 

El padre Ceballos escribió también una biografía Vida y virtudes, favores del cielo, prodigios y maravillas de la venerable Madre Juana de la Encarnación religiosa agustina descalza, natural de Murcia, en su convento observantissimo de Corpus Christi. Una obra en la que dijo de Sor Juana que “fue grande en los dones de la naturaleza, capacidad, discreción y hermosura, pero más grande en los dones de la gracia.”

Sandra Ferrer, Aleteia 



















domingo, 8 de diciembre de 2019

5 oraciones reveladas en Fátima que todo católico debería conocer



Johann Jaritz, WikipediaCC BY-SA 3.0 AT
La aparición de la Virgen María y un ángel ante tres pastorcitos en Fátima, Portugal a principios del siglo XX es uno de los milagros más populares en la historia de la Iglesia.
Entre los mensajes que recibieron los niños destacan intensos llamados a la conversión personal y 5 hermosas oraciones.
Estas son las 5 oraciones que los pastorcitos recibieron en Fátima:

1. La oración de Fátima

“¡Oh! Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia. Amén”.
La Virgen María pidió a los niños que las fieles deberían agregar esta oración al final de cada misterio del Santo Rosario.

2. Oración de reparación

“¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman!”
Esta oración fue dada a los niños por el Ángel que los visitó un año antes que la Virgen.

3. Oración del Ángel

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores”.
Esta es otra oración enseñada por el Ángel mientras sostenía un cáliz sobre el cual flotaba una hostia consagrada de la cual caían gotas de sangre.

4. La oración eucarística

“Santísima Trinidad, te adoro, Dios mío, te amo en el Santísimo Sacramento”.
Cuando la Virgen apareció ante los niños el 13 de mayo del 1917, ella les dijo “Tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con vosotros y os fortalecerá”. Según Lucía, mientras la Virgen les decía aquello una luz proveniente de sus manos los envolvió y ellos, maravillados por aquella visión, cayeron de rodillas y dijeron en coro aquella oración que les brotó del corazón.

5. Oración de sacrificio

“Oh Jesús mío, es por tu amor, en reparación de las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María y por la conversión de los pecadores [que yo hago esto]”.
Nuestra Señora le enseñó esta oración a los niños el 13 de junio de 1917. Podemos usar esta oración cuando queramos ofrecerle algún sacrificio a Dios.
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