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lunes, 2 de agosto de 2021

Cuba: Sacerdote denuncia juicios sumarios que dejan “indefensos” a detenidos en protestas

 


El sacerdote cubano Eduardo Llorens, de la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana, compartió su testimonio como uno de los miembros del clero que acompaña a los cientos de detenidos tras las históricas protestas del 11 de julio contra el régimen comunista de Cuba.

El P. Eduardo Llorens, de 57 años, fue ordenado sacerdote hace 18 años y pertenece a la Compañía de Jesús desde hace 26 años. Actualmente colabora en la parroquia San Miguel del Padrón en La Habana, es coordinador de la Colaboración para la Misión y dirige la Oficina de Espiritualidad Ignaciana, el Centro de Espiritualidad Padre Arrupe y el Apostolado de la Oración en Cuba.

En una entrevista concedida a ACI Prensa el viernes 30 de julio, el jesuita y abogado de profesión explicó que, tras las masivas protestas del 11 de julio en contra del régimen de Miguel Díaz-Canel, se continúan realizando juicios sumarios en Cuba, los cuales son legales y están “contemplados en la Ley de Procedimiento Penal”, pero “dejan al acusado en una situación de indefensión”.

“El abogado se puede personar y ver el expediente unos momentos antes del juicio, si los familiares logran reunir el dinero y encuentran un abogado que quiera defender el caso. Es prácticamente imposible que la defensa pueda en tan poco tiempo buscar otras pruebas que exculpen a su defendido. Los testigos son el instructor del caso (el que realiza la investigación) y los policías que llevaron a cabo la detención, y muchos de estos últimos no recuerdan la cara de los acusados, pues manifiestan que detuvieron a muchas personas”, explicó.

Asimismo, dijo que “si a lo anterior sumamos que el discurso oficial en la prensa única existente, la del gobierno, todo el tiempo es la aplicación del ‘peso de la ley’ el resultado son las sanciones máximas de privación de libertad para delitos que, de ser probados, admiten multas”.

El P. Llorens es también miembro actual del servicio de acompañamiento de la Conferencia Cubana de Religiosos y Religiosas (CONCUR), el cual se enfoca en el asesoramiento para la presentación de recursos de Habeas Corpus, la ayuda para la localización de detenidos, orientación en cuanto a los datos que deben de averiguar y el acompañamiento espiritual/psicológico a familiares tras los acontecimientos del 11 de julio.

“Sobre todo nos dedicamos al acompañamiento espiritual y psicológico a los familiares y detenidos si son puestos en libertad, pues la forma y manera en que son detenidos y su estancia en centros de detención ocasiona en muchos casos problemas psicológicos”, comentó.

Díaz-Canel, presidente de Cuba, llamó a los simpatizantes del régimen a responder con violencia a los manifestantes que reclamaban libertad, cambios tras meses de escasez de alimentos, medicinas y el colapso de los hospitales por la pandemia de coronavirus.

Organismos de derechos humanos aseguran que se han realizado cientos de detenciones injustificadas a manos de las autoridades.

El 24 de julio la BBC informó que la adolescente cubana de 17 años, Gabriela Zequeira, había sido condenada, junto a otras 11 acusadas, a ocho meses de prisión en uno de los juicios sumarios tras haber sido declarada culpable por “desorden público”.

Según el P. Llorens las cifras exactas de las detenciones no han sido informadas por el gobierno, pero organizaciones independientes mencionan unos 700 o incluso 1.000 detenidos.

“Lo cierto es que fueron muchos detenidos. Algunos están en sus casas con prisión domiciliaria a la espera de juicio, otros bajo fianza y una gran mayoría en prisión provisional a la espera de juicios”, comentó el jesuita.

Además, recordó que la semana pasada aproximadamente “a unas 50 personas les hicieron juicios”, y de estos, “algunos por la presión internacional y luego de haber apelado al Tribunal Provincial, han sido puestos en prisión domiciliaria a la espera de juicio de apelación, estos han sido sobre todo casos muy mediáticos o conocidos”.

“Si a todo lo anterior sumamos lo enrevesado de las leyes cubanas (sobre todo la de procedimiento penal) la falta de cultura jurídica en la población cubana y el desconocimiento de la inmensa mayoría de las familias de los detenidos de los procesos penales, el resultado final es un cóctel de desconocimiento jurídico, del cual se aprovechan las autoridades”, lamentó el presbítero.

El jesuita también alertó que “en el momento actual, en que la pandemia en Cuba tiene cifras que son de las peores del mundo, muchos de los detenidos si no tienen COVID pueden adquirirlo por la falta de higiene y hacinamiento en los centros de detención, que se encuentran abarrotados de personas”.

Posición frente a las protestas del #11J

El P. Llorens dijo que las manifestaciones pacíficas del pasado 11 de julio, en unas 36 ciudades y pueblos cubanos, “no fueron convocados por nadie, ni por personas en Estados Unidos, y tampoco fue planificada”.

“Las personas reclamaban fundamentalmente: ‘Libertad’, ‘no tenemos miedo’, ‘abajo la dictadura’, etc…”, añadió.

El sacerdote jesuita denunció que el presidente Díaz-Canel “convocó a una guerra o batalla civil” utilizando expresiones ante la prensa oficialista como “la orden de combate está dada” o haciendo un llamado a “enfrentar” las manifestaciones.

“Esto es muy grave, a modo de ejemplo la comunidad internacional se escandaliza cuando mandatarios de un país convocan a batallas, guerras o luchas internas en sus países por motivos étnicos o religiosos; sin embargo en Cuba se convoca a una batalla por diferencias políticas e ideológicas y nadie se escandaliza”, reclamó.

Para el P. Llorens “con esta ‘arenga’ a favor de una guerra civil el presidente ha perdido el poco ‘capital político’ que le quedaba”.

Cuando se le preguntó si las protestas aún continuaban en las calles de La Habana, el jesuita contó que “continuaron el 12 de julio, pero luego no hubo más, al menos de la envergadura de las del día 11”.

“Es lógico al militarizar las calles y movilizar todo el aparato represivo no queda oportunidad de manifestarse pacíficamente”, enfatizó.

Asimismo, denunció “las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida (especie de paramilitares armados con palos y piedras) dispuestos a salir a dar golpes y reprimir a los que se manifiesten de manera pacífica”.

El P. Llorens también denunció que “el Estado cubano se robó la narrativa de los hechos del 11 de julio quitando el internet en toda la isla” y “en forma paralela desarrolló una campaña de violencia verbal y física contra sus participantes, tildándolos de agentes de la CIA, anexionistas, traidores a la Patria, etc.”.

El P. Llorens cree que los hechos del 11 de julio han servido a  las autoridades del régimen para hacer una especie de “limpieza política”, “instruyendo penalmente a personas que les molestaban con anterioridad por su posición contra el régimen”. 

Futuro para la Iglesia y para Cuba

El sacerdote jesuita cree que es “muy difícil” augurar un buen futuro para la Iglesia Católica en Cuba y los ciudadanos, ya que “el régimen ha demostrado que es capaz de ejercer la violencia contra el pueblo ante el más mínimo reclamo de derechos por parte del mismo”.

Por otra parte, recordó que “el estado cubano está en quiebra total, en crisis y no ha sido capaz de gestionar mínimamente no solamente las dificultades de años anteriores, sino que la acumulación de problemas hace insostenible el funcionamiento mínimo de un país”.

“Lo anterior seguirá generando insatisfacción en la población, manteniéndose las condiciones para nuevas manifestaciones pacíficas. El pueblo cubano en los últimos 62 años no se había manifestado de esta manera contra el régimen, ahora ha perdido el miedo”, aseguró.

Para el P. Llorens “la solución sería escuchar las demandas de la población y comenzar a trabajar para solucionarlas”, pero “desgraciadamente este último escenario es muy difícil de que se dé”.

Finalmente, el sacerdote jesuita dijo que “gran parte de la sociedad cubana habló el 11 julio alto y claro: Libertad, ésta es la gran necesidad del pueblo cubano”. “Alcanzar la libertad no va a ser tarea fácil, pero desde la fe muchos continuarán aquello que se desencadenó el 11 de julio”.

“Mientras tanto seguimos apostando por la dignidad de todas las personas, por el derecho de manifestarse pacíficamente y a no ser encarceladas por hacerlo”, concluyó el sacerdote.

 DIEGO LÓPEZ MARINA | ACI Prensa

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viernes, 16 de julio de 2021

Un párroco logra contar desde Cuba el sentir del pueblo: «Se ha cumplido el tiempo de la esclavitud»

 


Cuba está viviendo estos días las mayores protestas contra el régimen comunista en décadas. Decenas de miles de cubanos tomaron las calles pidiendo libertad y sin miedo a la represión de la dictadura, que ya ha comenzado a actuar duramente contra sus ciudadanos.

La isla se ha convertido en un foco informativo internacional por lo que las autoridades castristas están intentando impedir que salgan más imágenes al exterior de una ciudadanía harta, pobre y hambrienta que pide a gritos el fin del comunismo y la llegada de la libertad.

Pero pese a su empeño siguen saliendo a la luz testimonios y denuncias, también desde el seno de la Iglesia Católica. Una de las más contundentes ha sido la del sacerdote Alberto Reyes Pías, párroco en Esmeralda, en la Archidiócesis de Camagüey.

Ahora ya no hay marcha atrás, porque ahora hemos visto el verdadero rostro de aquellos que durante años nos hablaron día a día y machaconamente de lo mucho que nos amaban y querían nuestro bien. Ahora sabemos que todo era mentira, y que no les vacila ni la mano ni la voz a la hora de proclamar destrucción y muerte, y de incitar a la guerra de hermano contra hermano en una lucha cuyas heridas tal vez no sanen nunca”, afirma este religioso en un contundente audio sobre la situación que se está viviendo en estos días.

El padre Reyes nació en pleno régimen castrista y creció en un ambiente que en el ámbito oficial despreciaba la religión. En una entrevista con ReL durante la presentación de su libro Historia de una resistencia (Voz de Papel) hablaba de esa infancia y del riesgo de vivir una fe pública.

“Yo había empezado el curso escolar y tenía una maestra nueva. Un día, ante un comentario mío que no recuerdo, ella me dijo: '¿Tú eres religioso?'. Y yo le respondí: 'Sí, pero no se lo diga a nadie'. Me sentí muy mal con mi respuesta y cuando llegué a casa se lo conté a mi madre. Mi madre siempre ha sido una mujer alegre y espumante, pero recuerdo que me miró a los ojos, muy seria, y me dijo: 'Si quieres seguir yendo a la Iglesia tienes que estar dispuesto a que te maten. Si no, no vas más', comentó el ahora sacerdote.

Su historia ha sido de entrega y sacrificio, pues Alberto Reyes dejó su carrera de Medicina, que en Cuba significa pertenecer a la élite, por ser sacerdote. Pero también dejó a su novia. Y ahora no tiene miedo a sacrificar incluso su integridad con unas duras palabras contra un régimen que ha maltratado a todo un pueblo.

No es la primera vez que este sacerdote denuncia lo que sucede en su país. En el Diario de Cuba, medio de los cubanos en el exilio, hace unos meses ya criticaba al régimen comunista: "No se trata simplemente de poder y economía, porque hoy día eso puede mantenerse sin la necesidad de tener a un pueblo en contra. Es algo más, es la impunidad que da el poder absoluto, es la posibilidad de actuar sin ser cuestionado (...) La impunidad es la posibilidad de jugar a ser Dios".

Y para ello ponía numerosos ejemplos concretos de la impunidad del régimen, que iban desde la condena a muerte de tres jóvenes que intentaron huir del país o la detención arbitraria de ciudadanos o la corrupción que genera aún más pobreza en el país.

En este vídeo el Movimiento Cristiano de Liberación y otros grupos desde el exilio alaban la valentía que desde hace años muestra el padre Reyes desde Cuba

"Tenemos el poder de actuar como hombres y mujeres libres, tenemos el poder de decir lo que pensamos, de usar el 'sí' y el 'no' desde nuestra conciencia y no desde lo oficialmente orientado, podemos denunciar en público y en privado lo que está mal y no responder 'como si no pasara nada', tenemos el poder de unirnos al que defiende la verdad y la justicia para no hacerlo vulnerable", afirmaba en enero de este 2021.

Ahora, ya en julio y con un país levantado contra una dictadura que intenta de nuevo oprimir a los cubanos ha pronunciado unas palabras que él sabe que le pueden traer muchos problemas. A continuación se las ofrecemos íntegramente:

Palabras del padre Alberto Reyes Pías sobre la situación en Cuba

Escuche aquí el audio con las palabras de este sacerdote

Dice el profeta Isaías: “Por mucho tiempo he guardado silencio, he estado callado, me he reprimido. Como parturienta grito, jadeo y resuello”.

El ser humano está hecho para la libertad, al punto que ni siquiera su Creador la violenta. Al ser humano se le puede reprimir, amedrentar, amenazar…, y esto puede hacer que, por un puro instinto de supervivencia, la persona se someta a la esclavitud e incluso llegue a defender al que lo oprime. Pero la libertad está inscrita en nuestros genes. Pueden pasar años, generaciones incluso, pero llega un momento en el cual el alma se rebela y dice: “¡Basta!”.

Desde hace mucho tiempo, el pueblo cubano viene dando signos de cansancio y de hartazgo, desde hace muchos años, nuestro pueblo viene avisando que “se ha cumplido el tiempo de la esclavitud”.

¿Cómo es posible que hayamos demorado tanto? Porque no nos sometieron de un día para otro. Nos engañaron, nos manipularon, nos deslumbraron, y cuando los primeros empezaron a despertar, los masacraron, los fusilaron impunemente. Y el miedo puso en nuestros corazones y en nuestros hogares su rostro omnipresente.

así hemos vivido por años, escondiéndonos, simulando, y huyendo a la primera oportunidad, dejando muchas veces solos y a merced del mal a aquellos que se atrevían a alzar la voz de la libertad, a pesar de que lo hacían en nombre de todos.

Con el tiempo, los signos de inconformidad y rabia fueron creciendo, pero esos signos fueron despreciados, ridiculizados y subestimados. “Somos poderosos”, “somos continuidad”, “los esclavos no osarán rebelarse”. Pero se equivocaron, porque la libertad nace del alma, y el alma tiene una fuerza imparable.

No tuvo que ser así, no tenía por qué ser así, pero llega un momento en el que es imposible no darse cuenta de que al opresor no le importa el esclavo, ni le importará nunca; es imposible no comprender que el discurso de un mañana feliz es sólo eso, un discurso vacío, el verdadero opio del pueblo.

Y ahora ya no hay marcha atrás, porque ahora hemos visto el verdadero rostro de aquellos que durante años nos hablaron día a día y machaconamente de lo mucho que nos amaban y querían nuestro bien. Ahora sabemos que todo era mentira, y que no les vacila ni la mano ni la voz a la hora de proclamar destrucción y muerte, y de incitar a la guerra de hermano contra hermano en una lucha cuyas heridas tal vez no sanen nunca.

Pudo ser diferente, pero los que nos engañaron y nos esclavizaron decidieron que no fuera diferente, porque ignoraron sistemáticamente a un pueblo que no pudo dar más síntomas de querer un cambio pacífico, y porque el cambio implicaba renunciar al poder absoluto, el cambio implicaba aceptar la libertad, el cambio implicaba la capacidad de amar, y el comunismo no puede admitir el amor porque el amor es contrario a su naturaleza.

Yo no sé si el amanecer está ya próximo o se hará esperar un poco, pero ya nada podrá ser igual. No sé si lucharemos hasta el final o nos rendiremos, agobiados por el miedo a la cárcel, a la represión y a la muerte, para resurgir más adelante, pero lo que sí es cierto es que a nuestra libertad las cadenas le pesan demasiado.

De momento, seguimos, recordando que un gobierno puede reprimir a una persona, en un lugar, en un momento, pero no puede reprimir a todas las personas, en todos los lugares, en todos los momentos.

J.L./ReL

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miércoles, 14 de julio de 2021

Cuba es viral: Las calles son un hervidero y hasta un sacerdote fue detenido


HAVANA


Las protestas, públicas y masivas, han sorprendido al gobierno y dejan claro que algo ha cambiado en el panorama

La última noticia es que un sacerdote católico ha resultado detenido y acusado de promover el desorden público. El padre Castor Álvarez fue golpeado y detenido en Camagüey cuando defendía a unos jóvenes manifestantes.

Y es que los cristianos están comprometidos hasta la cacha en la defensa de los derechos humanos en la isla.

El Movimiento Cristiano de Liberación, que avanza bajo la inspiración –humanista y profundamente cristiana- del asesinado líder de la disidencia Oswaldo Payá, reivindica su apoyo a las demandas de la población.

Las protestas son pacíficas y la represión, violenta y brutal.

CUBA

El 11 de julio será recordado para siempre como el día en que los cubanos se lanzaron a las calles al grito de “Patria y Libertad”. Aquello de patria y vida se hizo carne y habitó entre la gente.

Las banderas cubanas flameaban en manos de mujeres aguerridas que parecen haber liderado el sentimiento libertario.

Cuba es viral

El impacto informativo era de esperarse. Si bien el mundo está tan sorprendido como el régimen castrista, quienes venimos siguiendo paso a paso la dinámica social cubana no lo estamos tanto.

Desde hace meses se viene percibiendo un hartazgo en la población que presagiaba tormenta. También algunos destellos de tolerancia sospechosos pero comprensibles.

Los gobiernos autocráticos se caracterizan por ser inmisericordemente represivos pues se les va convirtiendo en la única forma de preservar el poder.

Pero ello les fabrica una realidad ficticia que los aleja de la población y les pinta un cuadro de seguridad. 

No escuchan crecer la hierba y de allí su sorpresa cuando la pradera se incendia. Es lo que está ocurriendo en Cuba.

Los gobiernos del mundo acuden a cuanta cumbre sobre derechos humanos se convoca y zanjan el asunto con un discurso de condolencia.

El tema cubano era frecuentemente desmerecido de tanto parecerse un informe a otro, “de tanto ver la tierra que no cambia”, como cantaba Neruda en uno de sus poemas.

En apariencia, nada cambió durante seis décadas, a los ojos del mundo. Pero el cubano de a pie, que son todos menos los privilegiados que medran a la sombra del poder, venían incubando el cambio en sus espíritus.

Sobre todo las generaciones jóvenes quienes, con la irrupción de internet en su cotidianidad, se percataban de que otra vida, otras posibilidades y otro destino podían llegar sólo si ellos mismos lo gestionaban. Y eso es lo que está pasando. Cuba se ha hecho viral.

El problema es social

Por ello están ocurriendo cosas insólitas. Que los cubanos llegaran hasta el mismísimo Capitolio de La Habana gritando por libertad, hasta hace sólo días era impensable.

Es la urdimbre de los conflictos sociales, que se gestan en silencio y estallan en bullicio. Y no es otra cosa el tema cubano. No es político, es social.

La política no tiene cabida en Cuba. La mala gestión gubernamental ha generado un problema social y una crisis humanitaria que ni siquiera Cuba había conocido en semejantes dimensiones. 

El llamado “período especial” que los cubanos tuvieron que sufrir décadas atrás, duro e inhumano, palidece ante lo que ahora ocurre.

Y hay razones: ya no les llega el chorro petrolero venezolano, apenas gotas, y menos Rusia les echa la mano.

Ha preferido dejar a la exhausta patria de Bolívar con una responsabilidad que no puede cumplir habiendo destrozado su industria energética, irónicamente, bajo tutelaje cubano por más de veinte años.

El problema que subyace es que regímenes como el de Cuba y Venezuela hacen al pueblo a un lado, una vez en el poder.

Son buenos para oponerse pero no para gobernar y, en el fondo, se debe al desprecio por el ser humano, sus necesidades y su dignidad.

Mantenerse a flote es lo único que los mueve. Pero el Titanic termina hundiéndose porque el choque de fuerzas sociales incendia las calderas.

Allí está, también, el motivo al que obedecen las amarras medio sueltas que últimamente vienen permitiendo algunas expresiones sociales que antes eran inimaginables.

La gente reacciona, hace frente a los represores, va presa y sale, critica abiertamente. Entendiendo poco o nada, hay un natural instinto de sabueso dictatorial que aconseja quitar presión a la olla.

Por otra parte, sin dinero, sin liderazgo y sin aliados efectivos, el castrismo siente el sol en la espalda.

No será fácil pero si el pueblo cubano mantiene la presión, no quedará otra opción sino negociar. Qué y cuándo, está por verse.

La violenta atmósfera nacional

La violencia está en Cuba, instalada en el sofá constitucional, desde la sanción de una Carta Magna que promete lo peor “contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico”. Así de claro. Con hambre o sin ella, nadie puede atreverse a cuestionar la gestión de la economía.

“De modo que –dice el analista Ernesto Pérez Chang-, como astuto o cobarde emprendedor al que solo importan las ganancias de su empresita, no importa cuánto “te metas” o no en política, cuánto evites la protesta pública u opinar en redes sociales, porque si piensas que cambiarás el orden económico con tus iniciativas personales pudieras, al igual que cualquier disidente, estar caminando al cadalso sin saberlo”.

La pandemia ha sido el factor acelerador de la irrupción social, aunque no la explica en toda su dimensión. 

“Nuestra violencia no llegó con la COVID-19. La violencia se instaló en nuestras vidas desde mucho antes de la pandemia, incluso desde mucho antes de las escuelas en el campo”, dice Pérez Chang. Y explica:

“Quizás ahora ha sido reforzada con los toques de queda prolongados, los despliegues militares en los barrios, con el uso y abuso de unas “medidas sanitarias” que parecen más un pretexto para reprimir las expresiones de descontento popular que un remedio para frenar contagios (de hecho, los confinamientos no han evitado los rebrotes) pero la violencia siempre ha estado entre nosotros”.

“No tenemos miedo” era la consigna más escuchada ayer en las calles. Y es que el miedo, el ingrediente indispensable para mantener el poder de facto, es inferior al hambre, a la humillación y a la muerte.

¿Qué tienen que perder que no hayan perdido ya?, se preguntan los cubanos. Y mucho que ganar.

No es el hambre, es la vida

Curiosamente, no es el hambre, la falta de medicamentos o la inmovilización que han sufrido los cubanos lo que los lanza a la calle.

«La gente joven se cansó de tanta miseria, gente de menos de 20 años eran los que más gritaban», reseña la crónica delblog 14y Medio. El hambre, sí, como catapulta.

Pero la carga es mayor. Los cubanos han entendido que el cambio debe ser de conducción del país, de  valores y de prioridades, o no será.

Es la comprensión, de fondo, de que nada cambiará para ellos si no cambia el régimen. Por ello las consignas son patria (el sentido de pertenencia conculcado), libertad (el don más preciado que les ha sido arrebatado por generaciones) y vida (lo inalienable).

Ello sólo puede lograrse y disfrutarse sin quienes los gobiernan y humillan mientras, ante sus propios ojos y sin el menor pudor, edifican hoteles de lujo, reservan los derechos para los extranjeros, compran autos último modelo, viajan a cuerpo de rey y negocian a sus propios médicos o entrenadores deportivos  con otros gobiernos en un canje por dinero que el régimen se embolsilla.

Nada derrama hacia la gente. Los “descartados”, como los llama el papa Francisco, llevan sesenta años soportando lo insoportable. El soporte está aflojando.

Los legisladores cubanoamericanos exigen a Biden su respaldo al pueblo de Cuba: “Ahora más que nunca, Estados Unidos y la comunidad internacional deben apoyar al pueblo cubano en su lucha por la libertad”.

Está por verse en qué se traducirá ese apoyo, si es que ocurrirá. Por ahora, sólo cuelga del micrófono.

El peor “remedio”

En todas las concentraciones, reportadas en varias provincias como Artemisa, Matanzas, Camagüey, Santiago de Cuba, Cienfuegos y La Habana, se escucharon gritos de «abajo la dictadura«.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, en una reacción que denota su impericia, llama a la guerra civil.

Al mejor estilo de Chávez y Maduro en Venezuela, se cuelgan de un supuesto apoyo popular cuyo resorte se oxidó.

Echa mano del más peligroso recurso, llamando a la guerra civil: «La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios».

Los cubanos respondieron: “No tenemos miedo. Ya estamos en la calle”.

¿Insólito lo que está pasando? Puede parecerlo pero detrás de cada evento social están largos pero perseverantes procesos que fueron ignorados o desconocidos. Eso pasa en Cuba hoy.

“Quizás no es la violencia de los cárteles de la droga en México ni tampoco la de las Maras en Centro América- admite Pérez Chang-  pero, sin dudas es germen de lo que en breve pudiera transformarse en algo similar o peor si todas nuestras represiones, frustraciones, odios, malquerencias, antipatías, rencores, ya individuales ya colectivos, no los canalizamos en la dirección correcta, es decir, hacia ese punto en que confluyen nuestros intereses colectivos de construir una nación con todos y para el bien de todos”, terminó parafraseando a José Martí, el padre de la patria cubana.

Y lo menos parecido a la dirección correcta es llamar a la guerra civil.

Macky Arenas, Aleteia 

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martes, 17 de noviembre de 2020

Perú: El abrazo a las familias que perdieron a sus hijos en protestas


LIMA


Un mensaje desde la Comisión Episcopal de Familia, Infancia y Vida de la Conferencia Episcopal Peruana luego de las manifestaciones que derivaron en la muerte de dos jóvenes, además de heridos y desaparecidos

“Francisco Sagasti es el nuevo presidente de Perú”. He aquí el titular que satura diversos medios de comunicación desde que este lunes 16 de noviembre el Congreso eligiera un nuevo mandatario tras la renuncia de Manuel Merino en medio de la crisis en Perú.

Sagasti se convirtió en el tercer presidente de Perú en una semana y el gran anhelo es que el país pueda retomar el camino de la pacificación. Es que han sido duras jornadas de marchas que dejaron dos muertos, casi un centenar de heridos y decenas de desaparecidos.

Es ahí, detrás del ruido de estos grandes titulares, donde persiste aún el dolor y drama de las familias que perdieron a sus hijos: Jordan Inti Sotelo Camargo (24) y  Bryan Pintado Sánchez(22).

PERU
Shutterstock | Witzrhol

Oración por las víctimas

En los últimos días hubo también respuesta desde la Iglesia ante la crisis en Perú. En primer lugar, con una misa en la que se rezó por los jóvenes fallecidos. El encargado de presidirla fue el arzobispo de Lima y primado de Perú, monseñor Carlos Castillo.

“La mayor parte de nuestros jóvenes que acudieron a marchar son hijos de familias pobres y sencillas que quieren que las cosas se enfrenten en la raíz del problema, no en la superficie”, expresó durante la misa.

Abrazo y cercanía

Pero en las últimas horas se sumó un mensaje desde la Comisión Episcopal de Familia, Infancia y Vida de la Conferencia Episcopal Peruana. Quien hizo el pronunciamiento fue el presidente de esta comisión, monseñor Luis Alberto Barrera Pacheco.

En el comunicado publicado por la Iglesia de Perú se expresa “cercanía y se solidariza con las familias que perdieron a sus hijos durante las protestas”.

Lo mismo con los heridos que han resultado en las marchas tras el “descontento por la grave situación política” que vive Perú.

“Rechazamos enérgicamente toda forma de violencia que atenta contra la vida. La defensa de la dignidad de la vida humana es la primera condición necesaria para encontrar la justicia y la paz. La paz social se funda en el respeto por la vida, la igualdad de oportunidad para todos y el diálogo”, se señala en un pasaje del comunicado sobre la crisis en Perú.

“No perdamos la esperanza, sigamos defendiendo la vida seguros que el Señor Jesús que es ‘Camino, Verdad y Vida’ no nos dejará solos”, concluye.  

Pablo Cesio - Aleteia Perú






miércoles, 6 de marzo de 2019

Venezuela: “Ayudé a salvar muchas vidas, pero la de mi hija fue imposible”

Carla Vallenilla falleció debido a la falta de medicamentos, insumos y personal calificado en uno de los hospitales más importantes del país, por eso su madre, que es enfermera, clama por la ayuda humanitaria para los venezolanos

XIOMARA
Fotos: Cortesía Xiomara
La enfermera Xiomara Vallenila denuncia la muerte de su hija Karla de 32 años el 6-Oct 2018, por falta de medicamentos e insumos
Xiomara Vallenilla Ortiz es una enfermera y abogada venezolana. Su refugio en Dios, y la lucha social que vive con ahínco, le han impedido que los arañazos sufridos durante los últimos 20 años, le ganen para el desánimo y la desesperanza. El último golpe lo recibió el 6 de octubre de 2018, cuando su hija Carla Vallenilla, de 32 años y madre de dos niñas, falleció como consecuencia de los daños neurológicos por hipoxia cerebral, en el hospital “Domingo Luciani”, un centro de referencia nacional que funciona en Caracas.
La joven mujer sufría de lupus, enfermedad inmunológica que le fue diagnosticada en 2015. Vallenilla Ortiz aseguró que en agosto de 2018, su hija se complicó con neumonía; se sumó la falta de medicamentos, personal especializado y equipos técnicos, que posteriormente le produjeron su muerte.
El hospital carecía de medicamentos y los quipos necesarios”, dijo Xiomara en una asamblea de Voluntarios X Venezuela a la que se incorporó para trabajar por la ayuda humanitaria que llegaría el 23 de febrero, y que estaría destinada a más de 300.000 pacientes crónicos en situación vulnerable.
“Mi hija falleció hace cuatro meses en el hospital Domingo LucianiEso me partió el alma porque después que, como trabajadora de la salud, ayudé a salvar muchas vidas durante 25 años de servicio, la vida de mi hija fue imposible de salvar”, ratificó en conversación con Aleteia.
Contó que la odisea de su hija Carla comenzó, prácticamente, desde el mismo momento en que fue diagnosticada, recibiendo tratamiento con esteroides a los cuales era alérgica. Presentó reacciones adversas que fueron tratadas a su vez con quimioterapia y siguiendo un control con diferentes médicos.
La enfermera inició una campaña en las redes sociales para poder comprar Solumedrol, un fármaco escaso y muy costoso en Venezuela. “Este medicamento la aísla de la realidad por la reacción alérgica que sufre y al no poder encontrar las quimioterapias necesarias para combatirla”, afirmó.
Luego comenzaron a suministrarle Plaquinol, que la misma Xiomara le enviaba desde el extranjero. En 2018 tenía una buena reserva de este tratamiento pero su hija Carla se mostró solidaria con otros pacientes a quienes se les hacía imposible conseguirlos. “Contando con una reserva mínima, mi hija sufrió una infección respiratoria que obligó a su hospitalización en el Domingo Luciani”, señaló la profesional de enfermería.


RAP: ¿Xiomara por qué salió usted de Venezuela?
“Desde el año 2011, ante el desmejoramiento de las condiciones laborales y sanitarias del sector público de la salud, participé en varias protestas junto a mis compañeros del Domingo Luciani y otros centros de Venezuela. Para entonces ya percibíamos el deterioro en los hospitales y creíamos que una manera de exigirle al Gobierno que les prestara atención era protestando. Además, nuestro salario era y sigue siendo de los más bajos. Yo como profesional de la salud me sentía orgullosa de este hospital que es Tipo IV y junto a varios compañeros dimos la vida por este centro. Me siento lucianista”.
RAP: ¿Realizaron acciones concretas durante esas protestas?
“Sí. En abril de 2011, participamos en una huelga de hambre frente a la embajada de Brasil para llamar la atención acerca de nuestras exigencias; se entregaron documentos en varios organismos y se realizaron varias ruedas de prensa para denunciar la situación. Para ese momento la ministra de salud era Eugenia Sader. Simultáneamente en todo el país se sumaron los colegas de otros estados a la huelga de hambre. En mi caso, hice huelga de sangre, es decir, realicé la extracción de mi propia sangre para mostrar que estábamos dispuestos a ir más allá de la simple protesta. En esa ocasión sufrí una descompensación y tuve que ser retirada de la protesta y hospitalizada”.
“Estas acciones me afianzaron la buena relación con mis compañeros de trabajo, pero también me llevó a ser mal vista por las autoridades sanitarias. Creamos una asociación civil para proveer de alimentos a mis compañeros pero debido a la crisis la idea no fructificó. Además, lo que recibía de salario ya no me alcanzaba para nada y me obligó a salir del país en 2016.  Primero viví en Suiza y luego en España, desde donde ayudaba a mis hijas y nietas. Regresé en agosto de 2018. Quise venir a buscar a mi hija Carla y a mis nietas para llevarlas a España porque conseguí una ayuda humanitaria de un organismo internacional para poder salvarla. Sin embargo, mientras llegaba a Venezuela, Carla había sido internada en el Domingo Luciani”.
RAP: ¿Qué sensación le dio regresar a su lugar de trabajo y ver que su hija era atendida en medio de condiciones tan críticas?
“Sentí mucho dolor e impotencia. Yo, como profesional de la salud, me sentía orgullosa de este hospital que es Tipo IV, es decir, uno de los que se supone está entre los más excelentes del país. Ahora lo encuentro en el piso y me consigo que no hay personal porque todos han emigrado. Además, el régimen de Nicolás Maduro incorporó a los MIC (Médicos Integrales Comunitarios), personas que ni siquiera saben manejar un parámetro de ventilación mecánica; que no están preparados ni formados para atender casos de salud”.
“Mi hija Carla presentó un paro respiratorio y ni siquiera sabían practicarle un RCP (Reanimación Cardio Pulmonar). Sin embargo, debido a que yo estaba allí pude hacerlo. Nadie la quería entubar hasta que hizo un daño neurológico por una hipoxia cerebral. Pasó a reanimación, un servicio donde faltan médicos, insumos, equipos y donde mueren muchas personas porque en ese lugar donde se trabaja con las uñas. Luego fue reingresada a terapia intensiva donde le quitaron todas las indicaciones y los cuidados. Entonces comenzó a desmejorarse nuevamente. Allí estuvo hasta el 6 de octubre cuando muere”.
RAP: ¿Usted hizo la denuncia? ¿Qué hará ahora cuando su hija puede considerarse una víctima más de esta crisis humanitaria?
“Sí. Presenté la denuncia ante el director del hospital. Pero con la situación de mi hija vi muchas cosas que me reservo de comentar públicamente para exponerlas ante instancias de los derechos humanos. Son cosas que no debieron pasar. ¿Cómo es posible que en el caso de mi hija haya tenido que comprar sangre para reponerle la hemoglobina que le llegó a 6 y no se conseguía en el Banco de Sangre del hospital? ¿Cómo es posible que haya recorrido varios bancos de sangre para conseguirla? ¿Por qué una bolsa de sangre cuesta 50 dólares? ¿Cómo hacen las personas que no tienen dinero para comprar medicamentos a precios internacionales?”.
“Por supuesto que decidí quedarme a luchar por mi país, para ser voluntaria y llegar a todos los ciudadanos que nos necesitan en esta emergencia humanitaria. En Venezuela hay muchos pacientes con altos niveles de desnutrición, con tensión alta y diabetes; que han sufrido accidente cerebro vascular, incapacitados en sus viviendas. Pacientes que no tienen pañales desechables y se están muriendo de mengua sin medicamentos y sin insumos porque en Venezuela no hay nada. Realmente, ver morir en la emergencia a muchos pacientes por falta de medicamentos es muy duro”.
Como cierre de esta entrevista, Xiomara Vallenilla Ortiz comentó que ella es, además, sobreviviente de la tragedia ocurrida en el estado Vargas, en diciembre de 1999. Está convencida que “con la fe puesta en Dios todopoderoso y con el esfuerzo personal, los malos momentos se van superando”. “¡Bendito sea Dios!”, dijimos tras escuchar su historia y cerrar esta conversación con Aleteia.


Ramón Antonio Pérez/Aleteia Venezuela 













jueves, 12 de octubre de 2017

Redeldes… ¿sin causa?

Mientras que el adolescente es más rebelde y rechaza las ayudas que se le ofrecen en casa, para confiar ciegamente en sus amigos, ocasionando cambios a los que los padres tanto temen enfrentarse.

¿Hasta qué punto la sensación de riesgo y adrenalina puede llegar a nublar el juicio de los jóvenes? ¿Se sienten invencibles? ¿No tienen límites? ¿Son capaces de cualquier hazaña? Lo cierto es que los adolescentes de 12 o 13 años, sí son conscientes de su vulnerabilidad y limitaciones, aunque no lo quieran manifestar. Sin embargo, muchas veces arriesgan su integridad, en beneficio de la sensación de placer que pueden extraer de la situación, más que escuchar a la voz de su razón. Es fundamental que los padres tengan claras algunas nociones básicas a la hora de vivir con ellos.
En vez de alejarse – dejándolos “tranquilos” para que no se sientan presionados  – resulta más bien imprescindible que se sientan acompañados y apoyados en todas sus necesidades, lo que reforzará una confianza mutua. No se trata de invadir sus espacios y limitar sus anhelos. Más bien, se trata de transmitir a los jóvenes la seguridad y la libertad suficientes para sentirse libres de conversar cualquier preocupación que puedan tener. Eso no se logra preguntándoles todos los días “¿Qué has hecho hoy?”, pero sí con una actitud de compañía, de hacerlos sentir acompañados; que sepan que hay un alguien que los ama, que los quiere y que están dispuestos a hacer lo que fuese necesario para su propio bien. Esa “compañía silenciosa” – la llamo yo – le da al joven el “colchón afectivo” que necesita, para superar situaciones, que por su propio orgullo y afán de “libertad personal” ya no pueden superar. Para esto, vale la pena decir a los padres, que todavía tienen hijos pequeños que hay cosas fundamentales en la que deben formar a los hijos. Dentro de varias están: la humildad y reconocimiento de las propias limitaciones; la confianza; la apertura y transparencia; la honestidad. Cualidades imprescindibles para “mantener una canal abierto” cuando estos chicos ya sean adolescentes. Lo digo, pues no es poco común, que un padre, a los 13 o 14 años de su hijo, “recién” se pregunte: “¿Qué le pasa a mi hijo?” Claro, si mientras pasaban los años, nunca existió esa preocupación ya descrita, es totalmente comprensible, que el adolescente no quiera la ayuda de los padres, cuando realmente la necesite.
La niñez, así como la adolescencia son dos momentos claves en la vida. Momentos en los que la persona descubre respuestas importantes para su vida y sobre esos “fundamentos” construirá su forma de vivir. Asumir riesgos es una cualidad que no tiene por qué ser considerada maliciosa a priori. En los más pequeños se traduce como una manera de poner a prueba sus límites y, a pesar de que surge en los padres un inevitable instinto para protegerlos de cualquier daño, son esas caídas, raspones en la rodilla y chichones en la cabeza los que les ayudan a superar sus miedos. El niño confía en sus padres y acepta su ayuda. Como se puede apreciar, a esta edad, los padres todavía juegan un rol decisivo en la vida de sus niños. Mientras que el adolescente es más rebelde y rechaza las ayudas que se le ofrecen en casa, para confiar ciegamente en sus amigos, ocasionando cambios a los que los padres tanto temen enfrentarse. El afán por ser uno más del grupo, por quedar bien ante los amigos, nubla muchas veces el buen juicio de los jóvenes, que se arriesgan a regañadientes para evitar ser excluidos. Ese “pertenecer” a un grupo, les confiere la identidad que tanto están buscando. La falta de autodominio y fortaleza de estos adolescentes hace que predominen estas malas decisiones frente a un comportamiento más meditado. Debe entenderse que, a esta edad, el joven busca afirmarse en su propia identidad, lo cual necesariamente conlleva cierto distanciamiento de los padres. Pero no como un rechazo, sino más bien, como un suerte de mecanismo psicológico de “auto identificarse”. Permanecer en el “ámbito” de los padres, no lo permite “hacerse” un hombre o mujer, que se vale por sí mismo.
Una parte de la labor de los padres durante la temida “edad del pavo” es conocer el mundo de sus hijos fuera de casa, sobre todo en lo que se refiere al entorno que les rodea. Las diversiones que comparten, las películas que les gustan y las amistades que frecuentan pueden resultar datos reveladores para que se impliquen y tengan la posibilidad de evitar tragedias. Esto, obviamente no es fácil. Implica de los padres mucho compromiso, involucración, dedicación, sacrificio por “entender” las complejidades de sus vidas, pero sin entrometerse.  Promover una comunicación sincera con estos, más allá del “¿a dónde vas?”, “¿con quién?” y “¿cuándo vuelves?” . Pasar tiempo con los hijos puede parecer, en principio, una medida evidente, pero su eficacia es notable cuando se incluye una conversación sincera en la que los padres les expresen algunas de sus preocupaciones personales y los hijos, a su vez, les pidan consejo, con lo que se consigue que los adolescentes se sientan apreciados y comprometidos.
Qué importante es que los adolescentes se conozcan a sí mismos “en lo referente a capacidades y limitaciones personales”, además de ser rebeldes y contestones, introvertidos o vergonzosos, inquietos o tranquilos, populares o solitarios…cada uno responderá con un ritmo y un carácter propios que dictará la forma en la que se desenvuelvan en ese camino hacia la madurez. En esto, cómo ya lo decíamos, los padres tienen un rol protagónico. Es más, ese tiempo de la adolescencia se “complica”, pues hoy en día presentan una prolongación de la inmadurez propia de estas edades y la causa principal no deriva del ámbito individual, sino del cultural y social que les rodea. Internet se posiciona como un nuevo canal que les presenta las imprudentes hazañas de miles de usuarios que son premiadas con millones de “likes” y que hacen populares prácticas nada favorables.Ahora, simplemente vale la pena entender, la equivocada manera como Internet proporciona la aceptación de los amigos, retrasando así muchísimo la propia madurez personal. Es decir, uno madura, en la medida en que aprende a poner su valor en lo que realmente vale la pena. Por ejemplo, ¿cuánto me esfuerzo por ayudar y servir a los demás? Esta es tan sola una pregunta, pero creo que deja claro, como la autoafirmación por medio de Internet es algo que no tiene contenido y asidero en lo real, ¿cuánto vale un “like”? ¿Cuánto significa un “seguidor?”
Para resumir, lo padres no deben desistir, o “tirar la toalla” cuando sus  hijos llegan a la “edad del pavo” y tienen actitudes jamás vistas. Es parte normal de su desarrollo psicológico personal. Es cuando más necesitan su compañía. Pero de modo distinto, no como el niñito que se puede lastimar su rodilla, sino como alguien que está buscando respuestas trascendentales para su vida. Generar el ámbito de confianza y cercanía es clave, para que sus hijos descubran papás que pueden ayudarlos en ese camino hacia la felicidad.

Artículo del Centro de Estudios Católicos originalmente publicado en Conectacec