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lunes, 9 de diciembre de 2024

¿Te haces buenos propósitos en Adviento y Año Nuevo? 10 pasos para que puedas hacerlos realidad

¿Cómo convertir las intenciones en hechos?
Trucos que ayudan a conseguirlo


Está bien tener buenos propósitos pero está mejor organizarse e ir dando pasos - foto de Per Loov para Unsplash
Está bien tener buenos propósitos pero está mejor organizarse e ir dando pasos - foto de Per Loov para Unsplash

Al llegar la Navidad y el fin de año, muchas personas, y más entre los cristianos, se plantean buenos propósitos. Muchos católicos se confiesan en Adviento, y se replantean cómo organizar mejor su vida, salir de dinámicas dañinas y servir mejor a Dios.

Quizá se plantean un servicio en la parroquia, en una ONG o apostolado, en una asociación provida , profamilia o educativa. Quizá quieren mejorar su vida de oración, rezar cada día, leer un poco de Biblia, visitar enfermos o ancianos, llamar a antiguos amigos... 

Otras  personas simplemente recapacitan sobre el año que acaba, lo que funcionó bien y lo que no, y fantasean -o planean seriamente- nuevas iniciativas. 

Por supuesto, hay un gran riesgo de que muchos de estos buenos propósitos se queden en meros planes imaginados sin realizar. Mucha gente enseguida queda atrapada de nuevo en su rutina diaria y no emprende sus nuevos planes. 

El cardenal Cantalamessa explicaba que si los buenos propósitos no se llevan a lo concreto "Jesús es concebido pero no llega a nacer". El cardenal Spídlik dice que los buenos propósitos son oportunidades.

Miguel Navarro es el fundador y principal formador de Productividad Feroz , una plataforma online que imparte cursos sobre hábitos y formas de mejorar la productividad. Él enumera 10 pasos que, en su experiencia, ayudan a aumentar la fuerza de voluntad y a cumplir los propósitos.

 1. Hazte mejores preguntas

Para cambiar de hábitos nuestro cerebro tiene que pensar diferente, y eso se hace con nuevas y mejores preguntas. Por ejemplo, ¿cómo podría hacer una tarea o una actividad en la mitad de tiempo que el promedio de personas? Esta pregunta que puede parecer muy inocente, ayuda a enfocar lo necesario para que el cerebro empiece a pensar, a innovar e incluso crear de manera distinta.

2. Acepta y gestiona cierta incomodidad

El hecho de encontrarse con una sensación de nerviosismo, de incertidumbre o de tener un reto entre manos, es señal de se está siguiendo el buen camino. Es imprescindible acostumbrarse a gestionar y a trabajar de forma cómoda en la incomodidad, aunque parezca una paradoja. La calidad de vida depende de la cantidad de incomodidad o incertidumbre que se puedan asumir de forma cómoda.

3. Haz una cuenta atrás desde cinco: 5, 4, 3... 

Esta regla la creó Mel Robbins y consiste en que cuando exista pereza por realizar una tarea, hay que imaginar en la mente una cuenta atrás (5, 4, 3, 2, 1…), porque el cerebro está programado para ponerse en funcionamiento después de esto.

4. Nuevo hábito: empieza con 5 minutos al día, pero hazlo

 Siempre que se inicia un cambio de hábitos, es preferible realizar la tarea a diario durante 5 minutos para generar adherencia. Empezar un nuevo hábito con pequeñas dosis de tiempo y después prolongarlo ayuda a que tanto el cuerpo como la mente se acostumbren de forma gradual.

5. ¿Tu 'yo ideal' lo haría? ¡Adelante!

Todo el mundo tiene una visión de quién es su “yo ideal”. Ayuda mucho preguntarse cómo actuaría ese “yo ideal”, ya que incluso puede ayudar a tomar decisiones más difíciles o complejas, y a enfocar los objetivos del nuevo año.

Un tipo reflexiona bajo la nieve, demasiado inactivo - foto de Marcos Paulo Prado para Unsplash

Amigo, toma ya una decisión y actúa, o te quedarás helado y no harás nada (foto de Marcos Paulo Prado para Unsplash).

6. Decide pasos a realizar en 24 horas... ¡y a por ellos!

Por cada meta a alcanzar, es necesario comprometerse a realizar una pequeña acción en las próximas 24 horas. Es importante que algo suceda y que no se quede en el aire, va a ayudar a ser mucho más disciplinados y conscientes.

7. Pon tu nuevo hábito junto a otro que ya tenías

Cuando se quiere incorporar un nuevo hábito, la manera más sencilla es acumularlo antes o después de una costumbre que ya se tenga. Por ejemplo: una persona quiere iniciarse en el hábito de la lectura, y ya posee el de tomarse un café cada mañana. Pues en lugar de leer en cualquier momento del día, es preferible que lo haga antes o después del momento del café. Al ir ligado con otra costumbre, de forma inconsciente será mucho más fácil de incorporar en la rutina diaria. Esto mismo vale para la misa diaria, la oración, el deporte, etc...

8. Haz listas y vete tachando los objetivos alcanzados

¿A quién no le produce cierto placer tachar una tarea de “Lista de Cosas Pendientes”? Este paso está muy relacionado. Consiste en que cada vez que se consigue realizar un objetivo de forma diaria, se recurre a este listado para hacerle un checkLa satisfacción conseguida al realizar este pequeño hábito provocará más compromiso para seguir repitiéndolo. Equivale a una recompensa.

9.  Busca un socio o un aliado

Encontrar una persona del entorno personal que quiera iniciar el mismo hábito va a generar un vínculo muy potente. Las dos personas tendrán que ayudarse para poder cumplirlo con consistencia y fortaleza. Esto generará un doble compromiso, con la persona aliada y con uno mismo. Esto Jesús lo tenía claro y por eso envió de dos en dos a los Doce (en Marcos 6, 7-13) y a los 72 discípulos (en Lucas 10). En Eclesiastés 4,12 leemos: "Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!"

10.   Mejor mal hecho que perfecto, pero sin hacer

¿Cuándo es el mejor momento para empezar a hacer algo? Procrastinar y dejar los propósitos de año nuevo para la siguiente semana es lo más común, pero es preferible realizar una acción mal que no hacerlo. Por ejemplo, si un propósito es empezar a ir al gimnasio, es mejor ir y estar 20 minutos que no ir en absoluto. Esos 20 minutos se pueden convertir en una hora con el tiempo.

***

Cambiar de hábitos y ejercitar la fuerza de voluntad puede parecer muy complicado, pero con los consejos adecuados y con buenas prácticas, cualquier persona es capaz de cumplir sus objetivos.

Productividad Feroz, como escuela online, ofrece talleres y masterclass online dirigidas especialmente a cambiar de hábitos y aumentar la productividad , acabar con la procrastinación (dejarlo todo para más tarde) y mejorar el rendimiento.

P.J.G., ReL







jueves, 8 de octubre de 2020

¿Por qué luchar contra la pereza?

 

INSOMNIA

¿Dejas de hacer algo porque cuesta o no nos apetece? Aquí tienes argumentos para combatir esas ganas de procrastinar (que a todos nos asaltan) 

¿Cuántas veces pensamos «lo haré más tarde» o «ahora no me apetece»? La pereza es como las raíces de una higuera: se extienden a lo largo y a lo ancho, abarcan todo el terreno posible, y cuando uno se da cuenta han adquirido tanta fuerza que son capaces de levantar el asfalto del suelo o derribar paredes cercanas que creíamos indestructibles.

Consentirnos detalles de pereza es comenzar a perder la batalla porque, como todas las virtudes, se empieza por abandonarse en cosas pequeñas pero uno comienza a deslizarse por una pendiente: cada vez las cosas nos parecen más costosas, apetece menos trabajar, decimos que no a afrontar cuestiones difíciles…

¿Salimos perdiendo si cedemos a la pereza? Desgraciadamente sí.

Cada vez que decidimos no levantarnos a la hora prevista y ronroneamos en la cama, cada vez que dejamos para otro día la tarea de hoy, cada vez que hacemos a medio gas el trabajo y solo cumplimos para cubrir el expediente… Nos estamos haciendo daño.

¿Por qué es perjudicial ceder a la pereza?

PORQUE LAS PERSONAS NOS FORJAMOS CON LOS HÁBITOS, DÍA A DÍA.

De forma que si yo renuncio a cumplir hoy con mi deber y mañana hago lo mismo, creo en mí el hábito de incumplir esa tarea. Cuesta luego arrancar los malos hábitos y hay que redoblar esfuerzos. Es como si me hubiera roto una pierna y deberé hacer rehabilitación, me costará más hacer el simple movimiento de andar.

LA PEREZA VA LIGADA A LA SOBERBIA, LA VANIDAD, LA AVARICIA, LA LUJURIA...

Si doy rienda suelta a la pereza, estoy bajando mi nivel de preparación contra el resto de defectos. Descuidar la pereza es dejar que entre el aire frío por una rendija: será más difícil calentar una habitación entonces.

SI ERES PEREZOSO, ES POSIBLE QUE TE PIERDAS COSAS INTERESANTES -Y COSAS IMPORTANTES- EN TU VIDA.

Por ejemplo, para un perezoso es difícil preparar un examen, unas oposiciones… y todo lo que exige un trabajo constante durante un cierto tiempo. También es posible que si no nos levantamos a la hora prevista, un día perdamos un tren o nos cierren la puerta por no llegar a la hora a un lugar.

ES FÁCIL ENCONTRAR EXCUSAS.

El perezoso tiende a las explicaciones que justifican su acción: «es que no me avisaron», «pensé que podría…». Se trata de un proceso mental (en el que interviene la voluntad, ojo) por el que hacemos laxa nuestra conciencia: el primer día que no va a clase el perezoso está pensando en ello a menudo y sabe que está mal hecho, al cuarto día ya ni se preocupa.

Excusarse es un mal argumento.

SI UNO ES PEREZOSO Y DEJA LOS ASUNTOS PARA MÁS TARDE, LUEGO DISPONE DE MENOS TIEMPO PARA HACER LO QUE DEBE.

Eso obliga a trabajar con prisas y a hacer las cosas con menos atención de la que necesitan.

STUDYING
Shutterstock | Monkey Business Images
Es crucial forjar buenos hábitos desde la infancia.

SI HAY PEREZA, UNO VIVE CON EL CAPRICHO DE HACER PRIMERO LO QUE MÁS LE GUSTA O LE APETECE.

Eso hace que desdibujemos nuestras prioridades y al final queda por hacer lo más importante (porque era más arduo). Recuerdo que cuando era estudiante, en época de exámenes me vino mil veces la tentación de dejar de estudiar y ponerme a ordenar el cajón de la mesa donde estudiaba. ¿Te ha ocurrido algo similar a ti? Me sigue pasando de mil modos ahora: son distracciones a las que uno debe poner freno para concentrarse en lo prioritario.

LA PROCRASTINACIÓN HACE QUE SE ACUMULEN TAREAS.

Así, si uno procrastina en los trabajos de la casa, se encuentra en muy poco tiempo con una montaña de ropa por lavar o doblar, con veinte mugs en el fregadero o con un dedo de polvo sobre las estanterías. Y no hablo de pisos de estudiantes.

TIRED MOTHER
DGLimages | Shutterstock
El cuidado de la casa requiere constancia.

LA PEREZA NO SOLO PERJUDICA A LOS DEMÁS SINO TAMBIÉN A UNO MISMO.

Destruye las virtudes y por lo tanto perjudica el carácter: ser perezoso hace que una persona se vuelva irresponsable, blanda, abandonada, inconstante, mentirosa y poco confiable.

LA PEREZA TIENE MUCHAS MÁSCARAS.

Por ejemplo, la de los sentimientos. «Ahora no me siento preparada emocionalmente para hacer este trabajo», «mejor dejamos para mañana esta conversación»… Otra máscara: la de la falsa preocupación por los demás, que nos llevaría a hacer primero lo que tiene una dimensión social (del club deportivo, de una asociación, etc.) mientras abandonamos deberes personales, religiosos o familiares.

WEB 3 FRIENDS
SHUTTERSTOCK
La pereza nos llama a poner más empeño en lo social que en lo familiar.

Una cita para la reflexión

Hay un texto bíblico que resume los males que despliega la pereza. Está en el Libro de los Proverbios y dice:

«Yo pasé junto al campo de un holgazán y junto a la viña de un falto de entendimiento, y vi que las ortigas habían crecido por todas partes, los cardos cubrían la superficie y su cerco de piedras estaba demolido.

Al ver esto, me puse a reflexionar, miré y aprendí la lección: «Dormir un poco, dormitar otro poco, y descansar otro poco de brazos cruzados: así te llegará la pobreza como un salteador y la miseria como un hombre armado.» (Pr 24, 30-34).

No hay que entender esa ‘pobreza’ solo en el sentido material sino como pobreza del ser humano en todo su conjunto. De ahí que luchar contra la pereza sea un espléndido combate que hay que tomar en serio.

Dolors Massot, Aleteia

Vea también   Acedia y Pereza


lunes, 2 de diciembre de 2019

3 sencillas ideas para que la procrastinación juegue a tu favor

¿Es malo dejar las cosas para más tarde? ¿Haces todo en el último minuto?
Mira las ventajas y los inconvenientes de esta actitud.
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¿Tiendes a posponer las decisiones importantes? ¿Te ha ocurrido que vas dejando una tarea hasta última hora?
A ese hecho de dejar las cosas para más tarde (que pueden ser horas, días, semanas o años más tarde) se le llama procrastinar.
Hay quien deja para más tarde el estudio de una asignatura hasta que tiene la fecha del examen.
Y hay quien deja para más adelante la boda: cuando nos conozcamos mejor, cuando tengamos unos ahorros y podamos permitirnos una celebración en condiciones.
Uno procrastina en cuestiones que solo de pensarlas, no apetecen. ¿A que nunca procrastinarías si te dijeran que te ha tocado la lotería y hay que ir hoy a presentar el boleto al lugar donde lo compraste?

“Lo haré más adelante”

La procrastinación es una forma de pereza: No me apetece, luego no lo quiero hacer, luego lo dejo para más adelante.


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Simone Bechetti | Stocksy United
Una tarea siempre exige un esfuerzo para ponerse en marcha. La tentación de procrastinar es real.

La procrastinación nos cubre las espaldas, porque no decimos “no voy a hacerlo” sino “lo haré más adelante”.
El origen de la palabra lo define muy bien: viene del latín pro y crastinus, que significa “para” y “mañana”. Procrastinar es “dejar las cosas para mañana”. El mismo Cicerón habla de la procrastinatio: siglo I antes de Cristo. Se ve que la cosa viene de lejos.

Pero, ¿por qué iba a ser malo procrastinar?

Dejar las cosas para otro día implica que ya le buscaré el momento adecuado, que me lo pensaré o que sencillamente ahora voy a hacer otra cosa y esta la aparco.
La realidad es que cuando uno procrastina, frena el trabajo que debería estar haciendo y eso siempre quiere decir que no cumplo con mis responsabilidades.
Además, al procrastinar uno se vuelve blando y no fuerte, comodón y no ágil. Y lo peor: nos engañamos mentalmente a nosotros mismos y nuestro cerebro desarrolla “argumentos” para justificar esos retrasos. Somos capaces de subrayar que ya estudiaré mejor mañana, que mañana estaré más centrado para hacer este trabajo o -siguiendo con el ejemplo de la boda- que casarnos más adelante será un acto de mayor madurez. ¡Y nos creemos nuestras propias mentiras!


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G-Stock Studio - Shutterstock

¿Procrastinar es bueno, me hace tener más calidad de vida? Mira lo que dice un estudio.
En 1997, los investigadores Roy Baumeister y Dianne Tice, de la Universidad de California San Diego (Estados Unidos), llevaron a cabo dos estudios con estudiantes universitarios. Su objetivo era comprobar si la procrastinación afectaba a sus calificaciones, su salud y su bienestar.
El primer estudio se hizo en el primer semestre del curso y los estudiantes que procrastinaban presentaron calificaciones más altas (por sus intervenciones en clase, por ejemplo) y gozaban de mejor salud.
Pero, ay, el segundo estudio se hizo en el segundo semestre, cuando ya los exámenes de final de curso estaban más cerca y había que entregar los trabajos de final de curso. Entonces, los procrastinadores presentaban más problemas de salud: el estrés aumentaba en ellos más que en los no procrastinadores.
El ejemplo es del todo aplicable a nuestras vidas: cuando la fecha límite está lejos, uno se despreocupa del asunto. Pero cuando se acerca el plazo final, la preocupación es tal que puede llevarnos al insomnio, a la preocupación y a que nuestro cuerpo somatice el problema.


JAK POMÓC WYBRAĆ SZKOŁĘ
Shutterstock

¿Todo es negativo al procrastinar?

Solo hay un caso en que los estudios científicos hablen de efectos positivos de la procrastinación: en los casos en que la tarea requiera creatividad.
Es decir, si yo “me doy un tiempo” para cambiar una bombilla fundida o hacer la colada, no saco nada positivo de ello (es más, ¡puede que aumente el volumen de ropa sucia!).
En cambio, en tareas como escribir un discurso para el brindis de Navidad, puede que mientras lo voy postergando, mi subconsciente me recuerda esa tarea y los inputs exteriores me aportan ideas, recuerdos o detalles para mencionar ese día.


MAŁŻEŃSTWO W KUCHNI
Shutterstock
Meterse en la cocina puede ayudarte a procrastinar y al mismo tiempo mejorar tu creatividad.

¿Cómo hago para que la procrastinación juegue a mi favor?

Adam Grant, psicólogo y profesor de la Universidad de Pensilvania, publicó en 2016 el libro Originals: How Non-Conformists Move the World (Originales: Cómo los inconformistas mueven al mundo). En él afirma que resulta positivo dejar un tiempo para que broten ideas mejores que las iniciales y aporta ejemplos de éxito creativo en personas que procrastinaron y eso les ayudó a ser más creativos en su trabajo final.
¿Qué hago entonces si quiero ser más creativo y dar la mejor respuesta posible a mis tareas, peor a la vez no puedo dormirme en los laureles y he de cumplir con mis obligaciones?
Te pueden ayudar estas tres sencillas ideas:
-señálate un deadline. Está comprobado que todos racionalizamos nuestro tiempo para entregarlo al final del plazo que nos han (o nos hemos) marcado. Así que tú mismo señálate cuándo deberías tener listo algo y asúmelo como plazo límite.
-distingue con sinceridad qué tareas necesitan un tiempo para la creatividad y qué tareas debes hacer sin dilaciones. Dale creatividad a lo que realmente lo necesita y para el resto, manos a la obra ya.
-haz un primer borrador y déjalo “reposar”. Así habrás vencido la pereza del primer momento, actuarás con diligencia y la procrastinación solo va a hacer que mejore el trabajo final.

Dolors Massot, Aleteia