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miércoles, 12 de marzo de 2025

Día de concienciación detrans: «Los detrans destrozan el relato de una identidad de género innata»

 Se celebra cada 12 de marzo desde 2021 para desmentir que la identidad trans es innata e inamovible

Detransition awareness day march.

Manifestantes detrans, durante la celebración el 12 de marzo del Día de concienciación de la detransición o Detransition awareness day.

A los 10 años, la pequeña Nik trataba de superar el acoso y abuso sexual sufridos un año antes cuando el algoritmo de YouTube comenzó a bombardearla con vídeos sobre menores denominados transgénero. Entonces no achacaba su incipiente disforia a los abusos del pasado, así que pasó a identificarse como chico y a presentarse como Lucas.

“Los abusos estaban relacionados con mi cuerpo femenino, solo quería escapar de ser mujer lo máximo que pudiese, y lo logré intentando ser un chico”, contó a Post-trans. Pero aunque se identificaba como tal, admite que nunca quiso serlo: “Simplemente no quería ser yo misma”.

"Conocí el cristianismo y después la disforia comenzó a desaparecer"

Con 16 años, tras seis en la incertidumbre LGTB, conocer el cristianismo fue para ella como hallar una base sólida sobre la que afirmar su identidad.

“Por primera vez, sentí que Dios me hablaba. Me convertí a la Iglesia ortodoxa y descubrí mi rol como mujer. Dios me había creado con un don precioso, pero había rechazado mi esencia. A través de la oración, me acomodé al rol que Dios me había asignado. En torno a los 17 años, mi disforia comenzó a desaparecer tras sanar de mis traumas y aferrarme a mi feminidad”, cuenta la joven.

Hoy, Nik admite vivir con orgullo su feminidad, y el embarazo que antes odiaba o temía es ahora una de sus mayores ilusiones en la vida, sintiéndose afortunada de no haber dado el paso de la mutilación quirúrgica.

Día de la concienciación sobre la detransición

El de Nik es solo uno de los miles de testimonios de los llamados “detrans”, en referencia al proceso de “detransición” que llevan a cabo al abandonar los postulados y práctica de las doctrinas transgénero.

Se trata de historias que cobran especial relevancia cada 12 de marzo, cuando se celebra el Día de la concienciación sobre la detransición -Detrans awareness day-. Surgida en 2021, la jornada nace con el objetivo de visibilizar la realidad silenciada pero creciente de miles de personas que abandonan su proceso de transición, normalmente tras la manipulación en redes sociales o negligencias por parte de los especialistas de la salud mental.

Como parte de la jornada, la organización Contra el borrado de las mujeres ha publicado un artículo donde profundiza en el perfil de los llamados detransitioners, en los motivos que les llevan a comenzar y abandonar la transición o en la influencia que tienen en la misma las redes sociales.

Entre otros aspectos, se detalla que el deseo de detransicionar responde generalmente al incumplimiento de las expectativas que les prometieron a estos jóvenes.

También influyen otros factores: “No se han solucionado los problemas subyacentes que achacaban a haber “nacido en el cuerpo equivocado”, descubren que su aspecto físico nunca será el esperado y comprenden que dieron su consentimiento a tratamientos y cirugías irreversibles sin tener conciencia plena de lo que implicaba porque eran demasiado jóvenes”.

Detrans: de la inexistencia a la vulnerabilidad

Una de las principales denuncias de las organizaciones que acogen a los “detrans” es que generalmente no se abordan en profundidad los problemas de salud que afectaban a los que comenzaron el proceso.

Otra de las principales carencias por parte de la administración es la práctica inexistencia de los estudios que definan, valoren y cuantifiquen el fenómeno detrans, lo que probablemente podría de relieve el fracaso de los postulados transgénero.

Por una parte, se Contra el borrado de las mujeres advierte de una vulnerabilidad del colectivo “detrans” que en el plano médico se plasma en las secuelas del uso de los cada vez más cuestionados bloqueadores de pubertad y hormonas de sexo cruzado, pro especialmente de la mutilación quirúrgica:

“De enorme impacto son los efectos irreversibles de cirugías que modifican el cuerpo y/o su aspecto físico (mastectomías, histerectomías, orquiectomías) y que les privarán para siempre de la posibilidad de tener hijos o de la función sexual, y que implican además un gran peligro de complicaciones y efectos secundarios indeseados. Si bien a la transición se asocia obligatoriamente una medicalización de por vida… a la detransición se le añade la falta de estudios y protocolos sanitarios para tratar su condición específica”.

Sin protocolos para atender a los "detrans"

Por el momento, en buena parte del mundo se carece de un protocolo sanitario que acompañe a los “detrans”, salvo casos concretos como Reino Unido, remarcándose la dureza del proceso para quienes lo viven en soledad:

“Paradójicamente, las personas `detransicionadoras´ se enfrentan al rechazo y la exclusión por parte de los colectivos LGTBI que las animaron, acogieron y aplaudieron en su transición y que señalan su arrepentimiento como indicador de que no eran verdaderas trans. Lo cierto es que las detransiciones desmienten uno de los mitos fundacionales del transactivismo: el que afirma que la identidad trans es innata, inamovible y real”.

En último lugar, CBM denuncia en este Día de la concienciación sobre la detransición una “invisibilización de las personas detransicionadoras en los ámbitos legislativo, sanitario y de los medios de comunicación” que sólo puede explicarse “desde un punto de vista político e ideológico”:

“La existencia de personas detransicionadoras destroza los relatos de una identidad de género innata, de la idoneidad de las terapias de afirmación de género y de la reversibilidad de las consecuencias de tratamientos hormonales y quirúrgicos. Afortunadamente, empiezan a salir a la luz cada vez más casos a consecuencia de las denuncias que estas personas están presentando en diferentes países. Los testimonios de las mujeres que detransicionan hablan de rechazo, de estigma, de abandono por la comunidad médica, de la conciencia dolorosa de haber cometido un error que muchas veces es irreparable”, concluye el comunicado de Contra el borrado de las mujeres.

José María Carrera, ReL

Vea también     Los géneros-gender: El hombre y la mujer
en el plan de Dios de cara a las ideologías





























miércoles, 21 de febrero de 2024

Duro artículo en el «New York Times» contra la «afirmación de género» de los menores con disforia


Cada vez surgen más voces que denuncian la 'afirmación de género' como indicada para niños y adolescentes con disforia: son cambiante e influenciables y cada vez pesa más la influencia de las redes y del adoctrinamiento escolar.

 

Que The New York Times publique un extenso reportaje de una de sus columnistas de referencia visibilizando un problema que los medios sistémicos han silenciado durante años es toda una señal.

El 2 de febrero, Pamela Paul recogió el diario neoyorquino algunas historias dramáticas bajo un título definitorio: De niños, creían que eran trans. Ya no lo creen. Esos testimonios, junto con las opiniones de expertos incorporadas al artículo, muestran que el "enfoque Tavistock" es un grave error.

La presión de la 'afirmación de género'

Tavistock es la célebre clínica londinense especializada en disforia de género infantil, cerrada por el gobierno tras una investigación que mostró una auténtica 'galería de los horrores' de niños enviados a tratamiento hormonal e incluso mutilación genital prácticamente a la primera consulta con el especialista. Un criterio impuesto agresivamente por el establishment político, cultural y mediático, hasta el punto de que, como señala Pamela Paul, "los profesionales de la salud y científicos que piensan que no deberían respaldar automáticamente el autodiagnóstico de un joven suelen tener miedo a hablar".

Un informe del Servicio Nacional de Salud británico (NHS, por sus siglas en inglés), reconocía que los médicos de atención primaria y los especialistas "se sienten presionados a asumir un enfoque de respaldo incondicional" -es decir, de reafirmación al menor de edad que manifiesta su convicción de pertenecer al sexo opuesto-, algo que "contradice el proceso normal de valoración y diagnóstico que se les ha enseñado a aplicar en todos los demás ámbitos clínicos".

Este condicionamiento del abordaje científico y terapéutico abarca todos los ámbitos. Stephanie Winn,  licenciada en terapia matrimonial y familiar y especialista en 'afirmación de género', que se guiaba por los principios de Tavistock, empezó a dudar de ellos en 2020 cuando descubrió la realidad de las personas que 'detransicionaban'. En 2021 lo dijo públicamente, pidiendo tan solo mayor prudencia con los menores, y empezó a sufrir una campaña de acusaciones de transfobia. Fue expedientada en 2022 por su colegio profesional, y aunque finalmente resultó exonerada, dejó de tratar a menores y ahora hace asesoramiento on line a padres de niños con disforia de género.

Joven con un ojo pintado arco iris.

Los expertos empiezan a pedir 'prudencia' a valorar y diagnosticar la disforia de género y abordar su tratamiento. Foto (contextual): Kyle K. / Unsplash.

Como explica Paul, los pediatras, psicólogos y psiquiatras que disienten de esta imposición ideológica "porque creen que no reposa sobre ninguna prueba fiable" se sienten "frustrados" porque las organizaciones profesionales (la American Psychological Association, la American Psychiatric Association y la American Academy of Pediatrics), sobre las que los lobbies tienen un gran poder, respaldan abrumadoramente el modelo de 'afirmación de género'.

Los padres, asediados por YouTube, TikTok... y la escuela

Ese clima de miedo no afecta solo a los profesionales, también a los padres. Ninguno de los que hablaron con la autora del reportaje de The New York Times quiso salir identificado, pensando también en no perjudicar a sus hijos o en distanciarse de ellos. Porque "todos dijeron que se habían sentido empujados por los especialistas de género, los médicos, la escuela y la presión social a aceptar la identidad de género declara por sus hijos, aunque ellos tuviesen serias dudas. Temían que su familia quedaría rota si no apoyaban sin miramientos la transición social y el tratamiento médico. Algunos de los que cuestionaron el auto-diagnóstico de sus hijos han visto arruinada su relación con ellos".

Estos padres confiesan a Pamela que sus hijos "fueron introducidos en el ámbito transgénero por influencers en YouTube o TikTok" o en la escuela primaria, "mediante programas adaptados a los niños facilitados por organizaciones por los derechos trans".

"Fuera de control"

El acoso a quien disienta del dogma de la 'transición' es de tal magnitud, que afecta incluso a los implicados en ella. Es el caso de Aaron Kimberly, de 50 años, un hombre que hizo la transición a mujer a los 33 y  trabajaba en una clínica de la Columbia Británica (Canadá) asesorando a jóvenes con disforia.

Cuando en el centro empezó a aplicarse el modelo de 'afirmación de género', se le instruyó para apoyar la remisión del paciente a tratamiento hormonal independientemente de que padeciesen algún tipo de problema mental o trauma. Cuando, fiel a su conciencia deontológica, remitió pacientes a atención psiquiátrica en vez de a transición de género, se desató una campaña contra él y en 2021 tuvo que dejar del trabajo. "Comprendí que algo estaba por completo 'fuera de control'", confiesa a Paul, y fundó una asociación para mejorar la atención a personas con disforia.

Aaron, quien se define ahora como gay, hizo la 'detransición', y señala que "la ideología de género enmascara la homofobia", en el sentido de que se impulsa a la 'transición' a adolescentes con atracción por el mismo sexo y que ni siquiera han completado el proceso natural de maduración sexual: "Yo era un hombre gay a quien empujaron a parecerse a una mujer, y me citaba con lesbianas a quienes empujaron a parecerse a un hombre. Si esto no es terapia de conversión, ¿qué es?".

Pero, ¿cuál es la realidad del diagnóstico de disforia de género? Laura Edwards-Leeper, psicóloga fundadora de la primer clínica pediátrica de género en Estados Unidos, afirma que cuando ella empezó en 2007, la mayoría de los pacientes eran personas con una disforia de género antigua y bien asentada. "Pero esto ya no es así", porque ahora la mayoría de sus pacientes llegan sin historia de disforia de género infantil: son adolescentes, sobre todo niñas, con algún problema de salud mental no relacionado con el género que "requieren tiempo para valorar lo que está pasando con ellas, conocer la perspectiva de los padres y plantear un tratamiento individualizado". Pasos que las clínicas 'de género' "están descuidando completamente".

Veamos, por ejemplo, los casos que recoge el reportaje de Pamela Paul.

Las víctimas

Grace

Grace Powell, que ahora tiene 23 años, descubrió con 12 o 13 que podía ser chico. Era impopular, sufría acoso escolar y entraba y salía de estados depresivos, de los que era tratada. A través de las redes se convenció de que si se sentía a disgusto con su cuerpo era porque era el cuerpo 'equivocado'. El 'relato' omnipresente decía que debía 'transicionar', y que si no lo hacía la alternativa era el suicidio.

A los 17 se lo dijo a sus padres. Fue a un especialista, y al año siguiente estaba en pleno tratamiento hormonal y se había hecho una doble mastectomía. En la universidad se alojaba en una residencia masculina y se veía a sí misma como un hombre gay muy afeminado.

Hoy ha 'detransicionado' y lamenta que nadie investigara las causas subyacentes a su problema, como el abuso sexual que sufrió de niña. Se le dijo que su problema era único y había una única forma de resolverlo. Hoy es consciente de que ese asesoramiento estaba ideologizado, ya sea por convicción del facultativo o por acomodación ante el pavor a la denigración pública y profesional: "Lo que debería ser un asunto médico y psicológico se ha transformado en político", lamenta la joven.

El hijo de Kathleen

Otro caso es el del hijo de Kathleen, un chico de 15 años definido por su madre como muy obsesivo y en quien estaban estudiando un posible trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Cuando le dijo a sus padres y a su médico que era trans, fue remitido a un especialista de género, quien, lejos de hacer una valoración exhaustiva, les hizo una pregunta ya clásica en la coacción que sufren las familias: "¿Qué prefieren, un hijo muerto o una hija viva?". Ello a pesar de que, como recoge Pamela, de los estudios realizados no se deduce ninguna evidencia empírica de que la 'transición' disminuya el riesgo de suicidio en los menores con disforia de género.  

Kasey

También está el caso de Kasey Emmerick, que hoy tiene 23 años y ha vuelto a reconocerse como mujer, su sexo biológico. A los 15 años confesó a su madre que era lesbiana. Su madre lo atribuyó al trauma de haber sido violada reiteradamente por su padre entre los 4 y los 7 años, delitos por los que había sido condenado. La chica empezó a pensar que sus problemas desaparecerían si era chico. A los 16 años empezó a buscar en internet hasta que cayó en redes de 'asesores' trans. Convenció a su madre para ir a una consulta especializada, y aunque tenía problemas de ansiedad y depresión, ideas suicidas, TADH y ataques de pánico, su caso fue enfocado hacia la 'transición' y tras dos consultas de noventa minutos le recetaron testosterona.

A los 17 le dieron cita para una doble mastectomía. Ella dudó, pensando "Soy demasiado joven para esto". Pero siguió adelante: "La transición parecía una forma de controlar algo, cuando yo no podía controlar nada en mi vida", dice. Tras vivir durante cinco años como hombre trans, todos sus problemas psicológicos empeoraron. En el otoño de 2022 dijo en las redes que quería 'detransicionar' y le llovieron las amenazas: "Había vivido una mentira durante cinco años". Pero sus pechos habían desaparecido para siempre y hoy su voz, dice Pamela, sigue siendo de hombre.

La realidad diagnóstica de la disforia de género

Cualquiera que haya tratado con niños y adolescentes sabe que son cambiantes y maleables. Pero, por decir esto y concluir en consecuencia que no puede aplicarse con ellos una terapia de 'afirmación de género' inmediata, Sasha Ayad, asesora que trabaja en Phoenix (Arizona), ha visto amenazada dos veces su licencia profesional, como recoge el artículo de The New York Times. Es una de las tres coaturas del libro Cuando los niños dicen que son trans. Guía para padres conscientes.

Pamela Paul también ofrece dos datos que son de sobra conocidos pero sistemáticamente ocultados -quizá el artículo del Times empiece a cambiar las cosas- por los medios mainstream: 1) que el 80% de los casos de disforia de género infantil o adolescente se resuelven por sí mismos, porque la creencia de 'haber nacido en el cuerpo equivocado' desaparece, 2) que el 30% de quienes siguen tratamientos hormonales dejan de usarlos a los cuatro años, y sin embargo sus efectos, como la infertilidad, son irreversibles.

Los 'detrans'

Las personas que 'detransicionan' se quejan de que son silenciadas, amenazadas o acusadas de servir a la agenda conservadora, porque el asunto trans está "tóxicamente politizado". Lo cierto es que ninguna de las personas entrevistadas por Pamela Paul para este reportaje está en contra -ya sea por razones religiosas, morales o antropológicas- de la 'transición de género' en personas adultas, y ni siquiera en menores si han recibido una valoración global adecuada.  Algunos trabajan incluso en ese ámbito. Pero se pronuncian contra la ligereza con la que sus vidas fueron destrozadas por razones exclusivamente ideológicas.

¿Son pocos los 'detransicionadores'? Pamela Paul sostiene que su número está infravalorado. Por ejemplo, ninguno de los siete con los que ella conversó para este reportaje ha vuelto a contactar con el centro que les hizo la 'transición', ni conocen a ningún 'detransicionador' que lo haya hecho. Las estadísticas que facilitan las clínicas de género, con un número muy bajo de pacientes que informan de problemas posteriores, no representan, por tanto, toda la realidad.

Eslóganes

En Suecia, Noruega, Francia, Países Bajos o el Reino Unido se está empezando a adquirir conciencia de la magnitud del problema y de la magnitud del error que lo ha causado y se está avanzando en un abordaje más racional y científico. Canadá y Estados Unidos son reticentes a cambiar, en parte porque el gobierno de Jose Biden y el Partido Demócrata (como en España el PSOE, Sumar y el PP -con una leve rectificación en la Comunidad de Madrid-) han hecho bandera de la 'afirmación de género', envenenando aún más una cuestión ya fuertemente ideologizada.

"Cuando un profesional reafirma la identidad de género de una persona, lo que está haciendo es una intervención psicológica que estrecha la percepción de sí mismo de una persona y le cierra opciones": lo dice Paul Garcia-Ryan, psicoterapeuta en Nueva York, quien a los 15 acudió a una clínica que confirmó "inmediatamente" su auto-percepción como mujer. Las complicaciones de la cirugía que se  hizo en los genitales y del propio tratamiento hormonal le llevaron a 'detransicionar' a los 30, y a reconsiderar los principios de 'afirmación de género' que él mismo aplicaba como trabajador social en una clínica de género.

"Te hacen creer esos eslóganes", confiesa: "Que está demostrado, que salva vidas, que es seguro y eficaz, que es médicamente necesario, que es ciencia asentada... De nada de eso hay prueba alguna".

Carmelo López-Arias, ReL


jueves, 14 de julio de 2022

En adolescentes, colegios y psicólogos, el caos trans se contagia como una secta: casos reales

Escuelas que actúan a escondidas de la familia, psiquiatras
 que no investigan...


Joven sola y agobiada

En Inglaterra o en España, es asombroso comprobar cómo se parece la transmisión entre adolescentes, especialmente entre chicas, de las dudas sobre el propio género e identidad, y cómo la industria trans, y a menudo los propios colegios de secundaria, lo potencian, y esconden a los padres y las familias lo que pasa con sus hijas.

En Inglaterra, la diputada Miriam Cates, que fue profesora de biología durante años, avisa públicamente en una audiencia acerca de cómo en los colegios se instala la confusión que acaba dañando a las adolescentes e impulsándolas a la mutilación.

Colegios que actúan a escondidas de los padres

"Los niños que dicen a un profesor en la escuela que sufren incomodidad de género [gender distress] son excluidos a menudo de las protecciones normales. En vez de acudir a los padres y considerar los posibles orígenes de lo que siente el niño y la mejor forma de actuar, algunas escuelas activamente esconden información a los padres, cambian en secreto el nombre y los pronombres del niño en la escuela, y mantienen los nombres y pronombres de nacimiento en las comunicaciones con los padres", avisa la parlamentaria.

"La madre de una chica de 15 años con diagnóstico de síndrome de Asperger descubrió que sin su conocimiento, la escuela de su hija había empezado el proceso de transición social de su hija, y siguió haciéndolo pese a las objeciones de la madre", explicó.

Cita después las palabras de otra madre. “Todo pasó muy rápido y muy inesperadamente. Por lo que entiendo, a los niños les animaron a cuestionarse los límites de su identidad sexual y su identidad de género. Su grupo de amigas, de 8 chicas, todas adoptaron alguna forma de identidad sexual o de género LGTBQ. La salud mental de mi hija se ha deteriorado rápidamente, hasta llegar a autolesionarse, y parte de la culpa me echan a mí por no animarla en su deseo de aplanar sus pechos y tomar bloqueadores de pubertad".

En España, lo mismo: padres asustados, y a veces engañados

Lo que la diputada Cates denuncia desde Inglaterra ya sucede en España, y cada vez va a ser más complicado para los padres proteger a los hijos de este contagio, y más aún con la nueva Ley Trans española y otras leyes autonómicas que ya existían.

El pasado 9 de julio, la periodista Sandra León, en LibertadDigital, publicaba tres testimonios de madres e hijas españolas presionadas por psicólogos y colegios que en vez de examinar en serio la situación psicológica de las muchachas las colocaban con toda velocidad en la cinta transportadora del cambio de sexo, con su protocolo de transición social, y luego las hormonas, que son la antesala de la mutilación.

El titular del artículo resumía bien la sensación general en estas familias: "Cuando tu hija adolescente te dice que es trans y tú luchas para evitar un daño irreversible: 'Era como una secta'".

»Alma, Natalia e Irene ni siquiera se conocen en persona. Cada una vive en una comunidad diferente, pero las tres han pasado por lo mismo: sus hijas, unas niñas que jamás habían dado ningún síntoma de rechazar su sexo biológico, habían llegado a casa en plena adolescencia y les habían comunicado que en realidad eran chicos trans. Las tres lo habían hecho con un discurso perfectamente aprendido, prácticamente idéntico y extraído de las redes sociales en las que los jóvenes de hoy en día parecen encontrar el mejor refugio para capear los problemas inherentes a esta tediosa etapa de la vida: algunos de socialización y otros mucho más graves.

»Sus madres -mujeres que han educado a sus hijas en entornos libres de estereotipos de género y que hoy son tachadas de tránsfobas- han resistido los envites de médicos que, sin ni siquiera escuchar sus historias, les animaban a "celebrar la llegada de un nuevo hijo"; se han rebelado contra centros educativos que, sin su permiso, y ni siquiera su conocimiento, han empezado a tratar a sus hijas en masculino; y han estudiado día y noche para poder explicar a unas adolescentes a las que les cuesta pensar más allá de un año vista las consecuencias que la hormonación o la doble mastectomía pueden tener a largo plazo.

La historia de Alma

Cuando Alma se separó de su marido, su hija, entonces de 11 años, empezó a autolesionarse y cayó en la anorexia. A los 15, tras salir de uno de sus múltiples ingresos hospitalarios, la muchacha dijo a su madre que era un chico. La madre al principio lo aceptó, pero luego se lo pensó mejor, repasó su pasado, todo lo que sabía de su hija, y le dijo: "Vamos a tomarnos las cosas con calma y a ver qué pasa".

Pero la muchacha se sumó a un grupo de amigos adolescentes que, al igual que ella, se autodeclaraban trans y que ni estudiaban ni trabajaban, sino que se pasaban todo el día fumando porros, explica la madre.

"Se enganchó a uno que era como el líder, porque era un poco más mayor que el resto, y empecé a ver que aquello era como una secta que la había absorbido. Tenían su líder y también su comunión, porque empezar a hormonarse era como su rito de iniciación".

Como la chica empezó a escaparse de casa, la madre, temiendo que le pasara algo en la calle, aceptó llevarla a una unidad de género en un hospital.

"Lo primero que le dijeron fue que no necesitaba que ningún médico corroborase lo que le pasaba y que, como ciudadana, tenía derecho a pedir la hormonación, que ellos sólo estaban allí para acompañarla en el proceso", explica Alma. Nadie le preguntó sus antecedentes -chica anoréxica, que se autolesiona y que escapa de casa- antes de decirle eso.

Cuando la madre preguntó qué consecuencias tendría la hormonación para su hija dentro de 20 años, le respondieron "no lo sabemos", y le reconocieron que nadie le garantizaba, por ejemplo, que sus ovarios volvieran a funcionar bien.

La madre se convenció de que aquello era una locura y le dijo a la chica que no autorizaría nada así. Cuando la muchacha cumplió 18 años, la propia chica le dijo: ‘Mamá, gracias por no haberme dejado hormonarme, porque no soy un chico. No sé cómo me siento, pero no soy un chico".

La anorexia siguió golpeándola y la pandemia empeoró su situación. Intentó suicidarse. Psicólogos y psiquiatras descubrieron que de niña sufrió abusos sexuales (como muchas otras niñas que dicen sentirse chicos) y le diagnosticaron un trastorno grave de personalidad. Fue internada y sigue confusa: viste de chica y difunde fotos suyas como tantas otras chicas, pero pide que le hablen en masculino.

La madre, en cualquier caso, reivindica "que se atienda a las adolescentes en toda su dimensión, no que se focalicen en eso como si eso fuera a resolverles la vida, porque no es verdad. No sólo no se la resuelve, sino que en la mayor parte de los casos se la complica todavía más".

Una mujer desdibujada, de tono triste - foto de Liza Polianskaya para Unsplash

Muchas chicas con problemas de autoimagen - a veces ligados a distintos trastornos- corren el riesgo de caer en la "cinta transportadora" que les lleva al discurso trans, la hormonación y mutilación.

La historia de Natalia

La hija de Natalia no tiene ningún trastorno diagnosticado. Al repasar su historia, uno se pregunta qué habría sido de ella en una época sin redes sociales, móvil ni pandemia de coronavirus.

"Mi hija había sufrido acoso escolar en el colegio y, al pasar al instituto, no encontraba un sitio en el que encajar", explica Natalia, la madre. Pasó la pandemia encerrada en su habitación.

Empezó a tratar a una chica que se declaraba trans, y al poco, así lo hizo ella también. "Al llegar del instituto, soltó la mochila y me dijo: ‘soy un chico trans y quiero hormonarme y quitarme las tetas’". Cuando la madre, helada, le respondió que no era algo para hacer a la ligera, la chica contestó que ya sabía dónde y cómo ir, que ella tenía disforia de género.

Era un discurso aprendido en Internet. Además, en TikTok seguía a jóvenes trans que instruían a las adolescentes y les animaban a romper con su familia y su pasado. Así, si la madre le mostraba fotos de viajes o cumpleaños, ella negaba recordar nada. "Les dicen que tienen que borrar todos los recuerdos de su niñez", asegura Natalia. La chica, además, se negó a tratar con psicólogos.

Al año siguiente, cambió de instituto. Cuando la madre, tras un par de meses, se reunió con la tutora, la profesora le explicó: "Desde que comenzó el curso la tratamos en masculino y la llamamos por el nombre que ella ha elegido".

La madre se indignó: "¿Mi hija pide que la traten en masculino y nadie levanta el teléfono para comunicármelo y pedirme permiso? ¡Es menor de edad! ¡Y no saben nada de ella! Ni quién es, ni cómo es, ni qué le ha llevado a esta situación o si tiene un diagnóstico médico".

Después, descubrió que en la clase de su hija había otras cuatro chicas que decían ser chicos trans. En total, en el mismo centro, eran ocho. "¡Eso rompía todas las estadísticas! ¿De verdad nadie se lo replanteaba?".

La tutora le pasó la pelota al Departamento de Orientación, el que había tomado la decisión de aceptar los deseos de la menor sin ni siquiera ponerlo en conocimiento de sus padres".

"El orientador me citó la ley Rhodes [ley reciente en España, en teoría contra el maltrato a menores] y me dijo que lo que nosotros estábamos haciendo al negarnos a tratarla en masculino era violencia. Imagínate cómo nos quedamos. ¿De verdad creían que la estaba maltratando? ¿Y si me denunciaban? Ni siquiera me dejaron explicarles la vida de mi hija. Salí de allí temblando, con una sensación de indefensión total y pensando que menos mal que mi hija no era anoréxica o bulímica, porque entonces… ¿Le iban a enseñar a vomitar mejor?"

Natalia llevó el caso a la Consejería de Educación, que inició una mediación con el centro: "Se disculparon con nosotros y reconocieron que tenían que habernos llamado cuando mi hija les pidió que la tratasen en masculino. Yo les dije dónde encontrar información sobre la disforia de género de inicio rápido, subrayando que un 85% de los casos se revierten solos, sin que nadie tenga que reforzar o contradecir nada".

Se acordó que la volvieran a tratar en femenino y por el nombre que consta en el Registro, y, para sorpresa de unos y otros, ella lo encajó rápidamente. "Ahora mismo lleva una vida totalmente normal y tranquila -explica Natalia-. Sigue con el runrún y de vez en cuando nos habla del tema, pero yo no entro a debatir con ella, únicamente le suelto frasecitas para que reflexione, porque lo que estas chicas quieren realmente son los roles masculinos".

La historia de Irene

La hija de Irene, como la de Natalia, también conjuga un cambio de instituto con un aislamiento en pandemia, y además después de llegar de otro país donde era feliz. Cuando, tras el confinamiento más estricto, el Gobierno empezó a permitir salir en grupos de seis y luego de ocho, sus antiguas amigas nunca tenían hueco para ella.

Se centró en los compañeros de su equipo de vela, donde era la única chica, e insistió en más y más gimnasio para ser más fuerte. "Estaba todo el día en el gimnasio con ellos", señala la madre.

Un día, sin previo aviso, su hija escribió a sus padres una carta declarándose un chico trans. Los padres se asombraron: "Había sido una niña feliz, a la que le gustaban las manualidades, los bebés y los peluches". Pero otras personas señalaron que se había cortado el pelo y siempre estaba con chicos deportistas, como si eso fuera determinante de algo.

Cuando los padres contactaron con dos parientes psicólogas, se asombraron al ver que ellas no cuestionaban nada: "Nos dijeron que teníamos que aprender a llevar el duelo de haberla perdido y celebrar la llegada de un nuevo hijo. Todo eso, acompañado de advertencias sobre los casos de suicidios de chicos a los que los padres no comprenden".

Los padres decidieron visitar una unidad de género, sin decirle nada a su hija. "Nos dijeron tajantemente que si una niña seria y responsable con 17 años se autoidentifica como chico no hay ninguna duda. Nosotros explicamos que los dos últimos años habían sido muy duros para ella, pero nos insistieron en que eran asuntos independientes que no tenían relación. Es más, como mi hija había dicho que tenía la intención de entrar en la universidad en septiembre como hombre, nos hicieron un calendario para empezar inmediatamente con hormonas y terminar la transición para esa fecha con todo tipo de facilidades. ¡Y todo esto sin verla!", puntualiza Irene.

Les remitieron a una psicóloga que en vez de investigar la raíz del asunto la reafirmó más en su supuesta transexualidad.

Todo cambió hace unos meses, porque encontraron un libro valiente: Un daño irreversible, de Abigail Shrier. "Lo leímos en una sola noche. En ese momento entendimos por primera vez lo que ocurría con nuestra hija", explica.

un-dano-irreversible

Después contactaron con la asociación de reciente creación Amanda, de familias preocupadas por esta "cinta transportadora" en la que psicólogos, colegios y administraciones quieren meter a sus hijos para cambiarles de sexo. Son ya unas 200 familias preocupadas y organizadas.

Con la ayuda de una nueva psicóloga, hablaron con su hija. "Ella empezó a llorar y a decirnos que no tenía amigos, que sentía que nadie la quería, que si el colegio… La abrazamos, la besamos y le dijimos que entonces íbamos a empezar por todo eso que nos estaba contando y que luego ya veríamos si tocaba hablar de otras cosas. Ese mismo día comenzó a cambiar nuestra vida". En apenas dos meses, su hija les reconoció que estaba equivocada.

"La psicóloga no le hizo una terapia de conversión. Simplemente exploró cuál era la causa de su dolor", defiende Irene, que asegura que, en estos momentos, su hija es feliz. "Tiene un grupo grande de amigos, sale todos los fines de semana y su rendimiento escolar es excelente. El ambiente en casa es estupendo y está todavía más unida a nosotros que antes de todo esto", resume.

Pero, ¿y si no hubieran leído el libro? ¿Y si hubieran hecho caso a los supuestos "expertos" y las parientes psicólogas?

"Estamos en julio y en la Unidad de Género me decían que en septiembre tendría una niña con apariencia de chico. Hoy, tenemos una hija sana y feliz, con todo un futuro prometedor por delante, que es todo lo que unos padres desean para sus hijos", añade.

Más recursos sobre disforia de género:

Para familias en España: Amanda Familias (amandafamilias.org

Sobre investigación médica crítica con el cambio de sexo (en inglés):
SEGM (segm.org): Asociación para una Medicina de Género Basada en la Evidencia

P.J.Ginés, ReL

Vea también     El Colegio Americano de Pediatras desacredita la ideología de género: "Hace daño a los niños".


















domingo, 10 de noviembre de 2019

Exgays y exlesbianas protestan contra el intento de prohibir la ayuda para dejar la vida LGTBI

Frente al Capitolio de Washington relatan sus testimonios y su felicidad actual

Este grupo se concentró frente al Capitolio para protestar contra las leyes que buscan prohibir las "terapias" o ayudas par dejar la vida LGTB
Este grupo se concentró frente al Capitolio para protestar contra las leyes
 que buscan prohibir las "terapias" o ayudas par dejar la vida LGTB

l igual que está ocurriendo en España con leyes LGTB como la de Madrid con la cual se ha sancionado con 20.000 euros a la coach Elena Lorenzo, en Estados Unidos también están produciéndose iniciativas legislativas para prohibir la ayuda a personas LGTBI que deseen dejar de serlo.  
Por ello, un grupo de exgays, exlesbianas y extransexuales se han concentrado frente al Capitolio en Washington para mostrar al mundo sus testimonios y pedir que se pueda seguir ayudando a personas como ellos, que vivieron vidas LGTBI y quisieron dejar de tenerla.
Leyes contra la ayuda para dejar la vida LGTB 
En estos momentos la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, está proponiendo varias leyes como la de Igualdad y la del Fraude Terapéutico que pretenden prohibir todas las terapias y ayudas a estas personas. Además, en distintos estados y juntas locales se están tomando medidas similares.
Elizabeth Woning, cofundadora de Changed, organización que engloba a personas que dejaron atrás la vida LGTBI, es una exlesbiana y ahora casada, afirmó ante el Capitolio que “Estados Unidos necesita escuchar que hay diversidad de experiencias LGTB y eso debería afectar a la forma en que nuestro Congreso legisla”.
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Esta mujer explicaba que los allí presentes “hemos elegido una ruta diferente para nuestras vidas y al seguir este camino, ya sea a través de asesoramiento profesional o un discipulado basado en la fe hemos alcanzado niveles de plenitud y realización que la mayoría supone que es imposible”.
"Buscan lo que tenemos"
Igualmente, recalcó que “muchas personas, al escuchar nuestros testimonios de satisfacción, buscan lo que tenemos”.
Tal y como recoge Life Site News, otro de los presentes era Ángel Colon, un ex homosexual que sobrevivió a la masacre de la discoteca Pulse de Orlando, donde recibió seis disparos. En su testimonio afirmaba que “soy conocido como un superviviente del Pulse, pero realmente quiero ser conocido como prueba viviente de que Dios transforma vidas”. En su opinión, “el cambio es posible, y deberíamos tener derecho a compartir nuestras historias”.
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Ángel se hizo famoso tras recibir seis disparos en un club de homosexuales. Tras el ataque reconsideró toda su vida y abandonó la vida gay
Por su parte, April Lockhart es otra exlesbiana que aseguró en el acto que durante años “creí completamente  en esta mentira que se perpetúa: que las personas no cambian, no pueden cambiar, y si tratas de cambiarlas es perjudicial para su salud. Eso es una mentira”.
"Las personas pueden cambiar"
Por ello, esta mujer mostró una gran foto en la que aparecía con su esposo e hijos y señaló que se habría perdido las mayores alegrías de su vida si no hubiera descubierto que ese cambio es posible”. “Las personas pueden cambiar y lo pueden hacer si quieren, y necesitamos que se nos permita como estadounidenses libres buscar eso”, concluyó.
Ken Williams, cofundador de Changed, ironizó sobre las imposiciones de los legisladores y dijo que “los gobernadores piensan que saben mejor que yo cómo debo identificarme sexualmente".
Este exgay está actualmente casado y es padre de cuatro hijos. Criticó que se considere bueno “que todos los demás elijan su identidad sexual, pero no nosotros”.
¿Quién da derecho a elegir por uno mismo?
Y dirigiéndose a los miembros del Congreso, Ken Williams preguntó: “Con el debido respeto, ¿qué le da derecho a decidir qué me gustaría hacer con mi sexualidad? ¿Por qué en el mundo tú o alguien con un mazo deben decidir qué terapia debo o no debo recibir?”.
“Puedes decidir lo que quieras, pero no te confundas: nadie va a tomar decisiones por mí”, dijo este activista a los políticos del Congreso.
Por su parte, Jason Maxwell, indicó que el también pudo dejar la vida homosexual y recordando su vida dijo que “habiendo sido abusado sexualmente a una edad muy temprana esto me hizo tener una visión muy distorsionada sobre el amor, las relaciones y la sexualidad”.
Durante varios años tuvo una relación homosexual hasta que Dios apareció en su vida y pudo más tarde abandonar la atracción hacia personas del mismo sexo. “Ahora estoy ante ustedes como el orgulloso padre de tres hermosos hijos y el orgulloso marido de una esposa amorosa”.
J.L. / ReL