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sábado, 20 de junio de 2026

La ciencia descubre que el cerebro del hombre se transforma al ser padre: 5 hallazgos de «Nature»

La investigación confirma que el cerebro masculino se reorganiza tras el nacimiento de un hijo y desarrolla mecanismos específicos para el cuidado, la empatía y el vínculo.

Un estudio publicado en Nature concluye que la paternidad provoca cambios neurológicos relacionados con el apego, la empatía y el cuidado del hijo.

Un estudio publicado en Nature concluye que la paternidad provoca cambios neurológicos relacionados con el apego, la empatía y el cuidado del hijo.


    El de “mujeres vacías, hijos asesinados y padres desplazados” es quizá la síntesis y aportación más reveladora de un feminismo sistémico hoy en crisis. Aunque los dos primeros ya estaban argumentados desde la ciencia, eran muchos los que esperaban que esta corroborase una verdad elemental: que frente a su cancelación o caricaturización, el padre está tan vinculado a la unidad familiar que se ve neurológica y biológicamente alterado con el nacimiento de cada hijo. Es la gran conclusión del último estudio de Translational Psychiatry publicado en Nature, que muestra cómo cambia el cerebro del padre al tiempo que refuta mitos como la insignificancia del vínculo padre-hijo o que la presencia paterna apenas influye en el desarrollo.

    Bajo el título, El cerebro paterno: perspectivas longitudinales sobre la plasticidad estructural y funcional y el vínculo afectivo durante las 24 semanas posteriores al parto, el estudio de N. Daneshnia, E. M. Losse, A. Kurz, N. Chechko o S. Nehls arroja luz sobre este cambio y ofrece indicios y argumentos para contrarrestar mitos ampliamente extendidos.

    Así cambia el cerebro cuando llega un hijo

    Una de las principales conclusiones del estudio es la consolidación de “cambios significativos en la conectividad morfológica y funcional del cerebro masculino tras el parto”. Especialmente entre las primeras seis y nueve semanas tras el parto, “un periodo crítico para la neuroplasticidad paterna”. “Estas alteraciones siguen un patrón temporal caracterizado por adaptaciones rápidas y progresivas a las nuevas exigencias de la paternidad, seguidas de ajustes posteriores para apoyar las funciones relacionadas con el cuidado y el apego”, se lee.

    La creación del vínculo

    El trabajo identifica una relación directa entre determinadas áreas cerebrales y el apego paterno. Los investigadores afirman que “identificamos asociaciones entre la conectividad interregional de la amígdala y el apego paterno”, una región cerebral que desempeña un papel esencial en la vida emocional. No se trata simplemente de que los padres quieran a sus hijos: el propio cerebro parece reorganizarse para favorecer la creación de ese vínculo durante las primeras semanas de vida.

    Ser padre, mucho más que “tener un hijo”

    Otra de las grandes conclusiones es que conforme la ciencia reconoce cada vez más el “papel fundamental” de los padres, las investigaciones enfatizan también “el impacto significativo” de la participación paterna en el desarrollo del niño. Dicho de otro modo, la implicación del padre no es un complemento opcional ni una ayuda secundaria a la madre: tiene consecuencias reales y medibles sobre el crecimiento emocional e intelectual de los hijos.

    Una de las principales pruebas de ello es el hallazgo de que la experiencia del cuidado del hijo es incluso más determinante que la relación biológica. No basta con ser el padre, sino que hay que comportarse como tal.

    El cerebro deja de mirar el mundo

    En este sentido, los investigadores observaron que, durante las primeras semanas tras el nacimiento, el cerebro paterno experimenta una reorganización total. De forma progresiva, las áreas más relacionadas con la percepción y el procesamiento de estímulos dejan paso a otras vinculadas con la empatía, la regulación emocional, la atención al hijo y la capacidad de interpretar sus necesidades.

    En otras palabras, el cerebro parece adaptarse progresivamente a las exigencias de la crianza, centrándose más en el propio hijo que en su entorno externo. A medida que avanzan las primeras semanas de vida del hijo, aumentan las conexiones entre las regiones encargadas de la empatía, el afecto y la comprensión emocional, mientras se consolida una auténtica red neuronal orientada al cuidado, reflejando según los investigadores que la implicación cotidiana en la crianza transforma literalmente el cerebro masculino.

    La revolución silenciosa en el cerebro del hombre

    Los resultados contrastan con aquellas visiones ideológicas que presentan al padre como una “figura accesoria” o cuya relevancia depende exclusivamente de factores sociales.

    En este sentido, la investigación concluye que “la transición a la paternidad marca uno de los períodos más transformadores en la vida humana, que requiere que los nuevos padres se adapten a un nuevo rol para toda la vida”.

    En este sentido, los autores recuerdan que los hijos no solo activan procesos específicos de adaptación biológica, emocional y neuronal en las madres. Lejos de limitarse a un papel auxiliar, el padre desarrolla cambios hormonales y cerebrales que permiten “adaptarse para afrontar las nuevas exigencias de la paternidad”. Según las evidencias, la reacción cerebral y hormonal es clara al hablar de adaptaciones endocrinológicas paternas tanto antes como después del parto y niveles más bajos de testosterona y más altos de prolactina en comparación con los hombres que no son padres, facilitando el apego paterno. 

    José María Carrera Hurtado, ReL

    Vea también    La Paternidad espiritual




    domingo, 9 de marzo de 2025

    A los 15 años, su hija dijo ser un hombre trans; ella, médico, no se dejó engañar con mala ciencia

     Un testimonio tras tres años de dolor, y evitando malos terapeutas ideologizados

    Chica morena triste

    La soledad y tristeza en muchas chicas jóvenes enlaza con el contagio social de creerse trans y su ideología

    GenerAzioneD, con sede en Italia, es una "asociación cultural, apolítica, aconfesional y sin ánimo de lucro cuyo objetivo es informar sobre los problemas de disforia/incongruencia de género en niños, adolescentes y jóvenes". Está formada por unas 200 familias cuyos hijos, "de un día para otro y sin ninguna manifestación en la infancia, se identificaron como transgénero". Consideran necesario "admitir que existen importantes lagunas en las investigaciones y estudios, grandes divisiones en la comunidad científica", sobre la disforia de género y el cambio de sexo. [Véase en ReL la sección Ciencia e Ideología de Género].

    Entre los testimonios que han publicado, se incluye uno del que se ha hecho eco Avvenire. Es la historia de una quinceañera italiana, que de repente declara a su madre: "soy un hombre transgénero". ¡En su clase hay otras 7 chicas que dicen lo mismo y los maestros lo esconden a los padres! Y en Internet todo un submundo que incitaba a la chica, la aplaudía, le decía lo que tenía que hacer, con instrucciones y pasos detallados.

    La madre es doctora en medicina, cree en la ciencia y la razón, sabe que la ciencia enseña que hay hombres y mujeres, y que se detectan con facilidad, y no se deja conducir por ideologías ni cintas transportadoras. Pero con paciencia y cariño la madre y el resto de la familia deciden "seguir la corriente" parcialmente a la chica. Publicamos su testimonio traducido, apenas un poco recortado.

    "Mamá, soy transgénero, mis amigos me ayudaron a entenderlo"

    - ¿Puedo hablar contigo?

    - Por supuesto, cariño.

    - Durante el confinamiento me di cuenta: soy un hombre transgénero. No entendía por qué me sentía tan mal. No entendía quién era yo. Mis amigos me ayudaron a entender. No lo tomes como una fase: simplemente, lo soy.

    Una rápida mención de la transición. Un rayo caído del cielo, una puñalada en el pecho. Unos meses antes, mi hija de quince años había empezado a llevar sudaderas negras holgadas y a cortarse el pelo –que siempre había querido llevar largo, cuidándolo minuciosamente–, pero nunca podría haber imaginado un cambio así.

    Instintivamente, la abrazamos, le aseguramos nuestro amor incondicional y le pedimos tiempo para decidir qué hacer.

    A pesar del shock, tuvimos la claridad mental de no aceptar utilizar el nombre masculino que ella escogió, propusimos un apodo.

    Durante el confinamiento pensábamos que las redes sociales les salvarían del aislamiento, pero ahora vemos que les han sumergido en un mundo que los adultos desconocemos por completo. La soledad es verdaderamente un drama que subestimamos enormemente, preocupados por salvar a la familia del contagio.

    Para entender, creo una cuenta en TikTok. Cada vez que entro veo muchísimos perfiles de chicas que alaban su trayectoria FtoM [female to male, de mujer a hombre], contando cómo eran “antes”, de forma triste y negativa, y cómo finalmente se están “transformando” en su verdadero yo masculino, con todos los beneficios posibles e imaginables.

    La primera ingesta de testosterona se convierte en el nuevo cumpleaños, la fecha del renacimiento. Muestran cambios físicos, semana tras semana. Dan a los seguidores una cita para el siguiente paso. Algunos comentarios demuestran la identificación típica del grupo de edad preadolescente: “Definitivamente soy trans", "Tu vídeo confirmó lo que pensaba", [...] "Siempre pensé que había algo mal conmigo y estaba tratando de resolverlo. Y utilicé Internet para ayudarme a hacerlo".

    En Instagram y YouTube ocurre lo mismo: veo chicas jóvenes que no sólo abogan por la terapia hormonal, sino que también publicitan fajas y, por si fuera poco, aspiran al gran objetivo de la mastectomía bilateral, a la que llaman 'cirugía superior'.

    Descubro que ahora cada adolescente en los perfiles sociales declara sus pronombres (ella/ella, él/lo, ellos/ellas) que definen el género con el que se identifica.

    En la red también puedo encontrar manuales de casi todo: cómo vestirse, cómo parecer más alta, cómo maquillarse usando rímel para simular el vello de la barba, cómo simular un 'paquete' masculino con un calcetín adecuadamente relleno y colocado en el lugar adecuado... la obsesión de estas chicas, de la que depende el éxito de todo el día, es 'hacerse pasar' (por hombre).

    Si en las tiendas se dirigen a ella en forma masculina me lanza una mirada desafiante. De lo contrario, se encierra en un silencio ofendido.

    También hay muchos cuestionarios sobre "cómo saber si soy trans". Yo mismo hago uno. Dice que soy 80% masculina. ¿Soy trans?

    El confinamiento los atrapó justo en el momento de la pubertad, cuando la interacción con sus compañeros es esencial. No creo que mi hija se haya enamorado jamás, ni siquiera platónicamente, que haya sentido mariposas en el estómago, que haya besado o incluso sido tocada por alguien. [...]

    ¿Qué sabe realmente sobre sexo y amor? Cuanto más profundizo en el tema, más me cuesta entender: géneros, definiciones… Encuentro una etiqueta para mí también: soy cisgénero demisexual, es decir, me identifico con mi sexo biológico (¡asignado al nacer!) y siento atracción sexual solo en conjunción con el amor. Y pensar que yo creía que simplemente era yo misma, simplemente enamorada de mi marido. Odio las etiquetas.

    Estudio, buscando confirmación de que es un trastorno que acompaña los cambios en el cuerpo femenino durante la pubertad. En cambio solo encuentro psicólogos que dicen a los padres que acepten acompañar la transición, o endocrinólogos que hablan de administrar hormonas sintéticas como si fuera obvio. La angustia me devora.

    Soy médico, creo firmemente en la ciencia y la biología y escuchar hablar de "sexo asignado al nacer" realmente me pone furiosa. ¿Cómo es posible que un concepto así sea aceptado tan fácilmente?

    El sexo se determina en el momento de la concepción mediante el encuentro de un óvulo y un espermatozoide. XX hembra, XY macho.

    ¿Son conscientes estos estimados colegas de las consecuencias de estos tratamientos que a primera vista me parecen peligrosamente experimentales? ¿Son conscientes de que estarán medicalizados de por vida?

    Pero lo que es aún más inesperado es que encuentro a muchos padres en Internet, dispuestos a respaldar inmediatamente el autodiagnóstico de niños de 12 años que nunca han mostrado incongruencia de género en el pasado. Como si hacer preguntas fuera incorrecto y transfóbico y una señal de falta de amor hacia sus hijos. Estoy realmente sorprendida. ¿Entonces lo mío no es amor?

    Me mandaron a una psicóloga que parecía muy buena y que trata disforia de género. En el primer encuentro, sólo mi marido y yo, le contamos nuestra historia: una familia unida, 3 hijos deseados, las alegrías, los inevitables problemas. Nos tranquiliza diciendo que la disforia de género no conduce inevitablemente a la transición, muchos aprenden a aceptar sus cuerpos… Comenzamos este viaje con esperanza.

    En la segunda cita, a la que asistimos mi hija, su padre y yo, la psicóloga preguntó: “¿Cuántos meses llevas sintiéndote varón?” Como responde que de 8 a 10 meses, la psicóloga me lanza una mirada que no me convence. Según las pautas que se utilizan actualmente, un periodo de 6 meses en el que uno se siente congruente con el género elegido es suficiente para declarar la disforia. Un escalofrío recorre mi espalda, pero en ese momento estamos demasiado cansados para pensar en ello.

    Mientras tanto, ella quiere conocer a sus nuevos amigos, a quienes nunca había conocido antes debido al encierro. Ahora entiendo quiénes son los que la ayudaron a entender que es un hombre transgénero.

    Comienzo a contactar con las madres del grupo, comparamos. Descubrimos que todas nuestras hijas alteran su voz, tratan de hablar con un tono gutural, han conseguido una faja y la usan, se visten rigurosamente de oscuro y con prendas posiblemente largas y sin forma, que cubren lo más posible sus manos y pies que son inevitablemente pequeños para un varón. Una sudadera o gorra oscura luce "varonil".

    Descubro que siguen un camino pre-establecido: el nombre masculino (hay sitios que sugieren nombres para hombres transgénero), los pronombres masculinos, la ropa holgada, la carpeta, la historia de la infancia reelaborada para demostrar la identidad trans, el sufrimiento de crecer.

    Todos siguen el mismo guion. Seguido de manuales online e influencers que también explican paso a paso qué decir a padres, profesores y terapeutas.

    La amiga que ciertamente contribuyó a abordar el malestar de mi hija en esta dirección definitivamente parece un hombre, inicialmente yo no tenía dudas de que lo fuera, me tomó un tiempo darme cuenta. El cabello negro, ralo, cubre en gran parte el rostro. Un paso suelto y saltarín. La oscuridad en la mirada.

    "Sólo en la clase de mi hija, 7 niñas se declaran trans"

    A medida que pasa el tiempo veo a mi hija copiando su corte y color de pelo (lo hace ella sola), comprándose las mismas sudaderas y pantalones (me entero cuando la llevo al colegio), incluso le salen pecas como a 'su amigo'. Descubro que en su clase hay al menos siete chicas que se declaran trans.

    Descubro que en el colegio ya ha salido del armario con sus profesores y descubro que ellos, además de no habernos informado, la llaman por el nombre masculino que ella ha elegido. Su nombre de pila es ahora su 'deadname', su nombre muerto, como se explica cuidadosamente en las redes sociales.

    Observo que en su habitación tiene pesas de gimnasio (compradas en un ataque de buena voluntad en el pasado y que nadie ha usado hasta ahora) para desarrollar músculos masculinos. En los meses más cálidos, luce pantalones cortos tipo bermudas con las piernas sin afeitar.

    Por supuesto, quiere usar los baños de hombres, pero seamos claros: existen peligros en usar los baños equivocados. El verano pasado, en plena crisis, fue a la piscina con una amiga durante todo el día (llevando estrictamente el uniforme trans de playa: pantalón corto, faja y camiseta anti-UV).

    La miré directamente a la cara, especificándole claramente que los baños de la piscina, que también son vestuarios donde uno anda desnudo, son peligrosos. Ella asintió enojada, pero no fue a ellos. No podemos negar la realidad y seguir las tonterías que nos dice el mundo.

    Cambiar de psicóloga, la otra ocultaba sus objetivos

    Su psicóloga nos invita a asistir a una asociación de padres 'afirmativos'. Nos negamos rotundamente. Ahora entiendo que ella quería llevarnos hacia la transición. Descubro dibujos aterradores con mutilaciones, mastectomías, sangre, indicios de suicidio. ¿Qué clase de madre soy? Descubro que la amiga hace dibujos casi idénticos. Descubro la autolesión. A su psicóloga no le importa.

    Chica triste y sola, foto de Prostooleh en Freepik

    Una chica sola, y probablemente muy triste... en riesgo de ser captada por cualquier ideología nefasta

    Está claro que hay que cambiar de dirección. Busco una neuropsiquiatra por iniciativa propia. Por suerte encuentro una persona empática y comprensiva que me cuenta que prácticamente todos los adolescentes que ve hoy en día declaran un nombre diferente, un género diferente, pronombres…

    Ella ve a mi hija, percibe la extrema sensibilidad, el miedo a crecer, el miedo a compararse con los demás… Centrémonos en el dolor, en sus causas, ese es el quid de la cuestión, la disforia es un síntoma. También cambiamos de psicóloga, por su sugerencia.

    Cambiemos también nosotros, intentemos escuchar lo que ella no nos dice, intentemos verla con otros ojos, con la mirada que ella necesita...

    Intentamos darle todo el amor que podamos, dejarle vivir una vida inmersa en el mundo real, intentamos fomentar amistades con amigos más sinceros, sin máscaras.

    Nunca vamos en contra de las amigos que no nos gustan: corremos el riesgo que empeore la cosa, estamos seguros de que eso llegará solo. De hecho, ciertas personas “tóxicas” desaparecen.

    Afortunadamente, las amistades que la involucran permanecen, la hacen reír y logran devolverla a una vida real, no virtual.

    Somos muy conscientes de que a los padres que no les 'afirman' los ven como enemigos y corren el riesgo de ser excluidos de la vida de sus hijos.

    Después de muchos meses, y de mucho trabajo sobre ella y sobre nosotros mismos, la neuropsiquiatra nos dirá “ya no os siente como enemigos”. Entonces ella dejó de hablar de 'transición'.

    Tratamos con hechos y palabras de hacerle entender que la amamos, sea quien sea y sea quien sea en el futuro. Tratamos de vivir la normalidad de nuestra familia sin presionarla, dándole tiempo para que entienda quién es sin drogas, sin forzarla, sin empujarla en ninguna dirección, sin afirmarla como hombre ni forzarla a 'ser mujer'.

    Encontramos un nuevo psicoterapeuta que la ayuda a profundizar en su malestar, para comprender los orígenes de su dolor.

    Poco a poco redescubre el gusto por la vida, descubre pasiones, hace proyectos para el futuro.

    En la familia, tanto nosotros como sus hermanos utilizamos un lenguaje neutro, la llamamos por apodos.

    La oscuridad que llevaba dentro ya no está: los terribles dibujos de hace dos años desaparecen, abandona los libros de instrucciones, sus actitudes son las mismas que las de muchos adolescentes infelices.

    Una noche, hace unos meses, 3 años después del comienzo de esta historia, se acurrucó a mi lado, me abrazó y llorando me dijo: “Tenías razón, no soy trans”.

    Lloramos, reímos y hablamos hasta altas horas de la noche. Comprendió que la incomodidad del cambio de cuerpo (pubertad), vivida en un mundo virtual durante la soledad del encierro, la llevó a abrazar la idea de haber nacido en el cuerpo equivocado, idea luego apoyada por amigos, la terapeuta y también por el mundo escolar.

    [...]

    Comprender que cometiste un error y te causaste dolor a ti misma y a las personas que te rodean es aún más difícil y aún más doloroso.

    Regresar a la escuela y declarar que desistes es agotador, fuente de ansiedad y sufrimiento. "Si dices que eres trans, nadie se sorprende. Cuando dices que te has dado cuenta de que no lo eres, todo el mundo te hace preguntas y tienes que justificarte".

    Estuvo muy ausente, incluso pasamos una noche en urgencias por un ataque de ansiedad muy fuerte, tiró a la basura muchas cosas relacionadas con ese periodo. Está muy preocupada por su generación, teme que muchos de los que han continuado el camino de la transición se arrepientan de decisiones irreversibles.

    También está muy enojada con los adultos que han respaldado superficialmente sus sentimientos de 'ser un hombre'. "No puedes ayudar a un adolescente que no se acepta a sí mismo a hacerse daño".

    Ahora las cosas están mejor, florece día a día, su mirada y su postura han cambiado. “Quiero dejar atrás todos esos años pasados en el dolor y la confusión. Ahora sé que puedo hacerlo”.

    ReL

    Vea también    Ideología de género: peligros y alcances





























    jueves, 30 de enero de 2025

    Doctor en Ciencias disecciona los mitos trans: 7 conclusiones sobre una industria con mala ciencia

     «El riesgo de suicidio no disminuye con el cambio de sexo»,
    afirma Marco Del Giudice

    La ideología gay y trans desdibuja a las personas - foto de Isi Parente en Unsplash
    La ideología gay y trans desdibuja a las personas - foto de Isi Parente en Unsplash

    La ciencia cada vez cuenta con más evidencia de los daños que causa a las personas el llamado “modelo de afirmación de género”, es decir, las prácticas de la industria del cambio de sexo. 

    Marco Del Giudice es profesor en la Universidad de Trieste, doctor en Ciencias cognitivas, especializado en el área de Personalidad, diferencias individuales y de género y premiado en 2016 con el Early Career Award de la Sociedad de la Evolución y el Comportamiento Humano.

    Es uno de los muchos médicos y científicos que critican el "modelo afirmativo" y el cambio de sexo por su “incertidumbre sustancial y generalizada”, por usar argumentos “débiles y con importantes limitaciones”. “Es prudente y razonable considerar restricciones a la aplicación” de este modelo, dice.

    Ya varios estados y gobiernos dan “marcha atrás” y limitan o rechazan el "modelo afirmativo". Muchos denuncian que consiste, básicamente, en manipular, extorsionar y mutilar a niños y adolescentes. 

    En España existe AMANDA, la Asociación de Madres y Padres de Adolescentes, Niñas y Niños con Disforia Acelerada. Esta fue replicada pronto en Argentina por MANADA - Madres de niñas/os y adolescentes con disforia de género acelerada, a quienes entrevistamos-, que aglutina a afectados de todo Hispanoamérica.

    También existen organizaciones similares en el entorno anglosajón, como GENSPECT, o GenerAzioneD en Italia. Esta última acaba de hacerse eco de las investigaciones de Marco Del Giudice al respecto, en un extenso artículo con sus conclusiones para “restringir” la aplicación del modelo afirmativo, que resumimos.

    1º Los defensores del cambio de sexo tienen argumentos muy débiles

    Del Giudice comienza analizando unos “supuestos” (más bien presupuestos, suposiciones) del modelo afirmativo que, cuando muestran ser falsos, deberían llevar a que se abandone el modelo. 

    Los defensores del cambio de sexo en menores dicen que la disforia de género “no es una patología, sino una manifestación de la disonancia entre sexo y el género que debe afirmarse”.

    También dicen que no se explica por un “contagio social”, sino por la “creciente aceptación”. Y que se debe dar al joven la transición social y quirúrgica, en vez de una “espera” considerada “obsoleta y contraproducente”.

    Dicen también que estas intervenciones son “necesarias”, “salvavidas y efectivas, con una relación riesgo beneficio claramente favorable”.

    Todo eso que dicen los defensores del cambio de sexo en menores se basa en una “evidencia débil, incierta y, a menudo, extremadamente contradictoria”, que puede ser refutada, explica Del Giudice

    2º Las redes sociales, catalizadoras del “contagio social” trans

    El científico cita el estudio de Mirabella de 2022 que examinó a 125 adolescentes identificados como transgénero y/o no binarios atendidos en el hospital Careggi de Florencia y en el SAIFIP de Roma.

    “Entre las preguntas formuladas a los adolescentes estuvo la posibilidad de indicar los factores que, en su opinión, habían influido en su identidad de género. El 42,5% de los hombres biológicos y el 52,4% de las mujeres biológicas identificaron las redes sociales como un factor contribuyente”, explica el doctor.

    Una conclusión coherente con que “los procesos de transmisión y contagio social desempeñan un papel en la identificación transgénero”.

    3º El estrés o las tendencias suicidas no se deben al acoso y persisten tras la transición

    El autor remarca que la disforia de género se suele asociar con elevadas tasas de trastornos de ansiedad, depresión, alimentarios, de adicción, personalidad, disociativos o del espectro autista. En contraste con la hipótesis del “estrés de las minorías”; explica, “los problemas psicológicos y psiquiátricos asociados con la disforia de género muy a menudo comienzan a manifestarse antes de la propia disforia y tienden a persistir o disminuir solo débilmente después de la transición”.

    También se refiere a patologías concretas como el autismo, que “no pueden considerarse de manera realista como consecuencias del estigma y la discriminación”.

    “La hipótesis del “estrés de las minorías” sigue siendo en gran medida especulativa y se cuestiona por el hecho de que los trastornos a menudo surgen antes de la disforia y tienden a mejorar poco o nada después de la transición. Además, los estudios parecen indicar que el riesgo de suicidio se relaciona más con los trastornos mentales asociados con la disforia que con la disforia como tal, y no disminuye sustancialmente con la transición”, agrega Del Giudice.

    Marco Del Giudice.

    `Los procesos de transmisión y contagio social desempeñan un papel en la identificación transgénero´, asegura el doctor Marco Del Giudice.

    4º Los “nada convincentes” beneficios: no probados a corto plazo y desconocidos a largo

    Aunque los supuestos beneficios del modelo afirmativo se han “multiplicado” en los últimos años, los estudios que auguraban dichos beneficios “han resultado no ser convincentes tras un análisis cuidadoso”, afirma citando a Bränström y Pachankis, 2020 o Anckarsäter y Gillberg, 2020.

    Para el especialista, la investigación sobre la eficacia de las intervenciones afirmativas “adolece de una serie de limitaciones importantes”. Entre ellas, remarca “la falta de aleatorización; grupos de control completamente ausentes o inadecuados; control inadecuado de los factores de confusión; falta de comparación con otros tipos de tratamiento; falta de seguimiento a largo plazo; altas tasas de pérdida de pacientes durante el seguimiento o la tendencia a confiar en resultados subjetivos de autoinforme”.

    Según Del Giudice, “es probable que todo ello haya llevado a hacer hincapié en los beneficios a corto plazo de la transición (modestos desde el punto de vista clínico y susceptibles a importantes efectos placebo; Clayton, 2023), mientras que al mismo tiempo se subestiman las posibles consecuencias negativas a largo plazo”.

    Hasta ahora, agrega, las revisiones de la literatura científica elaboradas en Reino Unido, Suecia y Alemania arrojan la misma conclusión: “La calidad metodológica y los resultados de los estudios disponibles son muy débiles, y no permiten confirmar los beneficios de las intervenciones afirmativas dados los múltiples riesgos a largo plazo”.

    5º Los bloqueadores no hacen reflexionar, aceleran el proceso “no tan reversible”

    Para el doctor y psicólogo, una “suposición engañosa” de los promotores trans es que los bloqueadores ofrecen a los adolescentes un espacio de “pausa” y “reflexión” y la posibilidad de prolongar la evaluación psicológica antes de dar el paso a la transición.

    En realidad, afirma, “casi todos los adolescentes sometidos a tratamiento con bloqueadores (más del 90%) pasan luego a un tratamiento con hormonas cruzadas (Brik et al., 2020; Butler et al., 2018; Carmichael et al., 2021; etc). Estos datos están llevando a la comunidad científica a repensar la supresión de la pubertad, no como una pausa temporal sino como un paso decisivo (y en la práctica no tan “reversible”) en el camino hacia la transición médica”.

    6º El mito del arrepentimiento y las detransiciones del 1%

    La industria del cambio de sexo dice que pocos pacientes, menos del 1%, se arrepienten de haber hecho "la transición". 

    Para el experto, es difícil justificar ese dato. Los estudios hacen seguimientos demasiado cortos. Y se sabe que hay un porcentaje elevado de los pacientes que no regresan al seguimiento o lo abandonan.

    “Otro problema crucial es que la mayoría de los datos a largo plazo se refieren a una población de pacientes muy diferente a la actual, antes de la explosión de casos de disforia en los últimos años (especialmente en mujeres biológicas; Littman, 2021; Littman et al., 2023). La calidad metodológica de los estudios en este campo es generalmente baja, y las estimaciones más optimistas están teñidas de diversos tipos de errores (Cohn, 2023).  Por todas estas razones, los datos disponibles deben interpretarse con extrema cautela”, advierte Del Giudice.

    Del mismo modo, agrega que “ante la ausencia de estudios adecuados, es simplemente imposible estimar de manera fiable el porcentaje de pacientes que realizan la detransición. Según algunos autores, en la población actual de pacientes, la proporción podría alcanzar hasta el 10-30%, pero todas las estimaciones (ya sean altas o bajas) siguen siendo muy inciertas”.

    7º Conclusión: “Es prudente y razonable considerar restricciones”

    La conclusión de Del Giudice es tajante. La práctica y la teoría transgénero está “plagada de incertidumbre sustancial y generalizada” y los datos que dicen respaldarla “son débiles y presentan limitaciones metodológicas reconocidas”.

    Por eso varios países europeos y estados de Estados Unidos han empezado a bloquear estas prácticas. 

    “Se debe fomentar la apertura a modalidades de tratamiento alternativas, dada la falta de certeza sobre cuáles son las intervenciones más seguras y efectivas para abordar la disforia de género. A falta de evidencia sólida de que los beneficios de los tratamientos afirmativos superen los riesgos, es prudente y razonable considerar restricciones a su aplicación, especialmente en el caso de pacientes menores y de intervenciones invasivas”, concluye.

    ReL

    Vea también     El Colegio Americano de los Pediatras
    desacredita la ideología de género: "Hace daño a los niños".










    lunes, 15 de julio de 2024

    La ciencia nunca ha demostrado que la ayuda para dejar la homosexualidad dañe, más bien lo contrario

                                  Muchos se declaran ex-gays, otros reducen
                            sus sentimientos homosexuales, otros viven la castidad...


    Sea con los sentimientos de atracción por el mismo sexo, sea con otros retos y dificultades, la terapia puede ayudar a muchas personas, aunque no hacer magia










    Muchos países occidentales están intentando multar y perseguir a los terapeutas o médicos que traten de ayudar a una persona a reducir o eliminar sus sentimientos de atracción por su mismo sexo. En España, lo castigan varias normas autonómicas recientes, como la ley madrileña de multas LGTB que aprobó el PP con Cristina Cifuentes: castiga con hasta 45.000 euros la "promoción [...] de terapias [...] con la finalidad de modificar la orientación sexual". También la Ley Trans y LGTBI estatal española, aprobada en febrero de 2023, va en esa línea, aunque depende de cómo se interprete.

    Pero, ¿hay de verdad evidencia científica de que esas terapias dañen a las personas?

    O, por el contrario, ¿hay evidencia científica de que ayuden de verdad a las personas?

    Hay que entender que existen terapias muy diversas y usuarios también muy diversos, como en cualquier otro campo ligado a las emociones, la psique, el sentimiento, la sexualidad y la motivación.

    Pero hay al menos 50 años de experiencia con diversos tipos de terapias para trabajar los sentimientos de atracción homosexual, y hay suficiente evidencia científica para sacar algunas conclusiones generales. 

    1. Es falso que haya un "consenso científico" contra las terapias o intervenciones para el cambio de sentimientos homosexuales 

    Cuando se les pregunta qué consenso científico hay contra las terapias, quién lo estableció y con qué experimentos o estudios, siempre se remite a único documento de 2009 (hace ya diez años): el famoso "Report of the American Psychological Association Task Force on Appropriate Therapeutic Responses to Sexual Orientation" (en breve, la Task Force de la APA). Ese es, parece, el único "consenso" del que hablan. El texto de la "Task Force" se puede leer AQUÍ en inglés.

    Este documento ha tenido críticos firmes, especialmente de las asociaciones que trabajan con estas "terapias" y los psiquiatras especializados en ellas, con una recopilación de críticas en la asociación NARTH (hoy es la ATCSI). Se trata de un debate científico donde se mezclan dos campos -sociología y psicología/psiquiatría- que no son ciencias exactas y usan distintos lenguajes.

    La llamada "Task Force" (o "el consenso") no era un gran equipo plural de especialistas: eran 7 activistas de ideología LGTB militante reconocida, de distintas asociaciones, de los que uno era heterosexual, otro bisexual, una lesbiana y cuatro homosexuales. Esa era la "pluralidad". A los psicólogos, médicos y terapeutas que realizaban terapias desde hace 30 años y estudios sobre ellas, simplemente, no se les permitió participar. Y, evidentemente, dejaron fuera estudios que no les interesaban (como el de Jones & Yarhouse de 2007) o los glosaban por encima minusvalorándolos (como el importante estudio de Spitzer de 2003).

    Aún así, el informe de la Task Force de 2009 no dice que se haya demostrado que las terapias sean dañinas, ni dice que deban prohibirse, aunque se ha usado en varios parlamentos de EEUU para eso. Lo que dice, en realidad, es que "no hay estudios científicamente rigurosos de recientes esfuerzos por cambiar la orientación sexual que nos permitan hacer una declaración definitiva sobre si los recientes esfuerzos por cambiar la orientación sexual son seguros o dañinos, ni para quién".

    Es decir, el "consenso", lo que dice, es que no está demostrado que las terapias sean dañinas (como se ve en este pantallazo del documento de la APA).

    La APA en 2009 admitía que no hay ciencia que muestre que las terapias para cambiar de orientación sexual sean dañinas

    Hay que tener en cuenta, insistimos, qué 7 personas hicieron este "consenso" en 2009. El doctor Nicolosi (fallecido en 2017) los describió así: 

    -Presidenta del equipo: Judith M. Glassgold, Psy.D., lesbiana, expresidenta de la División Gay y Lesbiana de la APA.

    -Jack Drescher, M.D.: psiquiatra y activista gay; trabajaba en el Journal of Gay and Lesbian Psychotherapy; reconocido opositor a las terapias

    -A. Lee Beckstead, Ph. D.: psicólogo homosexual que declara ser mormón (una religión completamente contraria a la práctica homosexual); continuamente hace campaña en entornos mormones para que esta comunidad acepte la "identidad homosexual"

    -Beverly Greene, Ph.D., ABPP: es una lesbiana psicóloga, fundadora de la división Gay y Lesbian de la APA; trabaja en una revista de temas gays psicológicos: "Psychological Perspectives on Lesbian, Gay, and Bisexual Issues".

    -Robin Lin Miller, Ph.D.: es bisexual y psicóloga comunitaria, profesora en la Michigan State University. From 1990-1995 trabajó en temas de crisis de salud gay en Nueva York, y escribe en revistas gay

    -Roger L. Worthington, Ph.D: no es homosexual pero le han dado premios LGTB (como el "2001 Catalyst Award") por hablar a favor del ideario LGTB. Es autor de un libro para asesores profesionales en educación secundaria para sean "LGBT-Affirmative".

    - Clinton Anderson, Ph.D: homosexual y psicólogo, funcionario de la oficina de la APA para "Gay, Lesbian and Bisexual Concerns".

    Por el contrario, hubo especialistas con mucha experiencia en trabajar para reducir las atracciones homoeróticas y homosexuales que pidieron aportar sus estudios y punto de vista, y la asociación se lo impidió. 

    Así, pidieron participar el anterior (ya difunto) presidente de la asociación NARTH, A. Dean Byrd, Ph.D., M.P.H., M.B.A., autor de muchos estudios peer-reviewed sobre reorientación sexual. También George Rekers, Ph.D., autor del Manual de Problemas Sexuales del Niño y el Adolescente. También Stanton Jones, Ph.D., profesor de psicología en el Wheaton College de Illinois, co-author de "Homosexuality: The Use Of Scientific Research In The Church's Moral Debate"Joseph Nicolosi, Ph.D., fundador de NARTH, que llevaba 25 años practicando las terapias que (supuestamente) se iban a analizar. Y Mark A. Yarhouse, Ph.D., profesor de psicología en la Regent University de Virginia, autor de dos de los estudios modernos más detallados sobre terapias relacionadas con el cambio de orientación sexual.

    Cuando Nicolosi preguntó a Clinton Anderson, de los "7 elegidos", por qué estos especialistas en el tema que se trataba fueron rechazados, se limitó a responder: "no fueron rechazados, simplemente no fueron aceptados".

    Un abrazo de amistad y fraternidad; muchos buscan acogida y fraternidad y solo se les ofrece una erotización de las relaciones

    El Catecismo católico dice que las personas con sentimientos homosexuales "deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza", "se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta", estas personas "están llamadas a la castidad" y "mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana"  (foto de Adrianna Geo en Unsplash).

    2. Según bastantes estudios, las terapias logran "cambio completo" en un 30%

    En 2004, la Asociación Médica Católica de EEUU lanzó su informe Homosexualidad y esperanza, con reflexiones sobre posibles opciones de acompañamiento. "Trabajos de revisión de resultados del tratamiento del homoerotismo muestran que ha tenido tanto éxito como el tratamiento de problemas psicológicos similares: alrededor del 30% se siente liberado de los síntomas y otro 30% se encuentra mejor". Para ello citaban estudios de los años 60 a los 90: Bieber 1962, Clippinger 1974, Fine 1987, Kaye 1967, MacIntosh 1994, Marmor 1965, Nicolosi 1998; Rogers 1976, Satinover 1996, Throckmorton y West.

    ¿Muy antiguos? Pues bien, uno de los críticos del Task Force de 2009, el investigador Neil Whitehead de Nueva Zelanda, recopiló en 2009 datos más modernos. De los casos 318 que describe Nicolosi que realizaron estas terapias, un 36% declaraban llegar a alcanzar una atracción exclusiva por el mismo sexo. El estudio de Shidlo & Schroeder de 2002 (con 202 personas) sólo encontraba 8 personas (un 4%) que declararan un cambio completo. Pero un 4% no es cero. El estudio de Spitzer de 2003, que le sorprendió a él mismo porque antes no lo creyó, a partir de 183 personas, detectaba 52% que cambiaban completamente su orientación. 

    Sumando los tres estudios, a partir de 703 casos estudiados, las terapias lograban un cambio completo en un 31%. Coincidía con los hallazgos de estudios anteriores.

    Tabla de Whitehead en 2009 a partir de 3 estudios y 700 casos sobre cambios de orientación sexual

    Tabla de Whitehead en 2009 a partir de 3 estudios sobre cambios de orientación sexual

    3. En psicología, las terapias y estudios tienen sus límites: no hay que pedir "pruebas extra" ni imposibles

    ¿Puede una terapia que ayuda a una persona dañar a otra? Sí, los humanos somos muy distintos. Lo mismo sucede en las terapias con anoréxicos, alcohólicos, depresivos o simplemente personas que quieren tener más fuerza de voluntad.

    Solo con más práctica y estudios se va afinando en mejores apoyos. Ante la escasez de datos, la ciencia debe investigar -siempre con las normas éticas clásicas -consentimiento, riesgo mínimo y proporcional, gradualidad, etc... Lo correcto es recoger más datos, hacer más preguntas, atender a más personas y examinar más historiales. Prohibir la investigación no es forma de hacer avanzar la ciencia.

    La investigación en psicología es especialmente compleja: estudia procesos largos y complejos, que dependen de la declaración del sujeto, y que pueden verse afectados por infinidad de factores. Muchas personas con atracción por el mismo sexo presentan otros síntomas: ansiedad, depresión, tendencias suicidas, etc... ¿Qué relación tiene con su atracción sexual? Es un buen tema para estudiar, pero no hay respuestas automáticas.

    Decir, como algunos activistas gays, que lo que le causó "depresión" fue el "entorno hostil", no se ha demostrado nunca científicamente. No es lo mismo la "hostilidad real" que la "hostilidad percibida" y estudios en Países Bajos y Nueva Zelanda (Sandfort, de Graaf, Bijl, & Schnabel, 2001; Fergusson, Horwood, & Beautrais, 1999), donde hay poca hostilidad hacia los gays, no muestran diferencias con EEUU en lo que respecta a la salud mental de las personas con sentimientos homosexuales. 

    La evidencia y los estándares que se les exigen a las terapias sobre atracción por el mismo sexo no deben ser distintos a los estándares que se le exigen a otros retos de la psicología.

    De hecho, incluso la muy antiterapias Task Force reconocía que al menos algunas personas cambiaban su orientación sexual con ellas. Y lo ético es ofrecer terapias aunque su efectividad sea sólo para un porcentaje bajo de personas.

    4. Hay quien cambia incluso sin terapia... luego el cambio es posible

    Neil Whitehead recuerda, citando un estudio de 2005 (Kinnish, Strassberg, & Turner, 2005) que hay al menos un 3% de población heterosexual que declara que en algún momento creyeron ser homosexuales o bisexuales, y que hay gente que declara haber cambiado de tendencia sin terapia. El famoso cineasta Pedro Almodóvar, gay y activista, declaraba en El Mundo que a los 17 o 18 años "me lie con una chica alemana muy jovencita. Entonces era heterosexual".

    Declaración de Pedro Almodóvar a El Mundo reconociendo que de joven era heterosexual, luego es posible cambiar la orientación sexual

    Foto del director de cine Pedro Almodóvar en 2019

    Si el cambio espontáneo puede tener lugar, ¿no será que el cambio terapéuticamente asistido puede tener una mejor posibilidad?", escribe Neil Whitehead.

    5. Regla básica: escuchemos al paciente o usuario... y muchos declaran mejorar

    En ética médica se dice: "ante todo, escuchar al paciente". Hay que tener en cuenta que una terapia -de cualquier tipo, contra el tabaco o para adquirir buenos hábitos- no siempre logra un "cambio total".

    Puede lograr distintos grados de cambios parciales, que el usuario puede disfrutar ya como mejoras sustanciales.

    El mismo Spitzer, que era toda una autoridad (fue quien quitó la homosexualidad del manual de diagnóstico en 1973), en su informe publicado en 2003 en Archives of Sexual Behavior , la revista de la International Academy of Sex Research, (vol. 32, No. 5, octubre 2003, pp. 403-417), declaraba: "Muchos pacientes, cuando se les da un consentimiento informado acerca de la posibilidad de que queden decepcionados si la terapia no tiene éxito [sin un cambio total] pueden tomar la opción racional de trabajar para desarrollar su potencial heterosexual y minimizar sus atracciones homosexuales no queridas. [...] La habilidad de hacer tal opción debería considerarse fundamental en la autonomía y autodeterminación del cliente".

    Optar por explorar esa opción forma parte de la libertad de la persona: la de buscar potenciar una atracción y minimizar otra. Y, doce años después del Task Force de 2009, ¿cuántos estudios hay firmes que muestren que esta opción sea más dañina que las alternativas? No los conocemos.

    En cambio, cientos de personas aseguran que diversas formas de acompañamiento les ayudan, y valoran la mejoría que experimentan. En Alcalá de Henares se expresan en esa dirección cien personas.

    También en ReL han contado su testimonio muchas personas, hombres y mujeres, que se sienten ayudados y sienten que ganan en libertad, autoconocimiento y dominio de sí con estas terapias. 

    Un joven que necesita terapia - foto de Iluha Zavaley en Unsplash

    6. Libertad para los investigadores, terapeutas y usuarios

    Es curioso que mientras los fanáticos de la "autonomía" dicen que cualquier persona puede -por su autonomía- pedir que le maten con eutanasia o que le mutilen el cuerpo para "cambiar de sexo", y muchos ya hablan del derecho a quitarnos brazos y piernas y sustituirlos por poderosas prótesis mecánicas, esas mismas personas piden prohibir a adultos o familias explorar con terapias su potencial heterosexual.

    Darius Lee, un experto en derecho internacional, recordaba en Public Discourse que "si bien la preocupación por las conductas violentas, coercitivas, fraudulentas y manipuladoras es legítima, éstas ya están prohibidas en las leyes vigentes en todas las democracias. En cambio, al imponer la "afirmación" [el reafirmarse en que no es posible cambiar los sentimiento homoeróticos] como el único enfoque aceptable en la orientación sexual y la identidad de género, prohibir las terapias de conversión va más allá de la simple prohibición de conductas dañinas, y consagran y refuerzan un nuevo -y profundamente perjudicial- dogma moral sobre el sexo y el género".

    Es la imposición del poder político, con multas y coacción y sin la ciencia de su lado, sobre la libertad de las personas para buscar, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica "acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana". O a la judía, o a la musulmana, o a otra opción exigente libremente escogida.

    Darius Lee lleva el tema al debate sobre el transgenerismo y señala que incluso la Coalition of Activist Lesbians (Australia) [Coalición de Lesbianas Activistas] observó la contradicción que implica "el que se hayan prohibido los tratamientos médicos agresivos para las terapias de conversión mientras se permiten, al mismo tiempo, la cirugía radical y la utilización de hormonas peligrosas en niños en el caso de la identidad de género".

    Añade que "en la investigación los orígenes y el desarrollo de la identidad de género no se entienden muy bien. Los datos suelen mostrar un grado significativo de fluidez en la orientación sexual y la identidad de género entre niños y adolescentes".

    "Los gobiernos se entrometen de manera injustificable en cuestiones totalmente privadas relacionadas con el sexo y el género al prohibir las terapias de conversión y establecer leyes que 'afirman' la orientación sexual y la identidad de género, que no concuerdan con los puntos de vista clásicos que enfatizan el valor de la biología en relación a la naturaleza humana y socavan, por tanto, los aspectos de la autonomía personal y de grupo. Al hacerlo, no solo violan la privacidad de esas personas que, individualmente, buscan ayuda en estas cuestiones íntimas, sino también la libertad de expresión y religión de los terapeutas, los líderes religiosos y los consejeros que proporcionan dicha ayuda. Y cuando este tema atañe a los niños, estas prohibiciones limitan los derechos parentales", insiste Lee, como experto en derecho internacional.

    7. Las terapias hoy son hablar y acompañar... y con ellas encontramos personas que se declaran ex-gays

    Habrá grupos, terapias y terapeutas que funcionen mejor y otras que funcionen peor, pero no tiene sentido meterlas todas en el mismo saco. 

    El médico generalista Peter May, inglés y cristiano anglicano, que ha prestado atención a este tema, explicaba en MercatorNet que las terapias agresivas, de electrochoques u obligadas, "fueron abandonadas hace más de cincuenta años".

    "En Occidente, solo están disponibles, para quienes pidan ayuda, terapias basadas en la conversación. Entre ellas, el asesoramiento profesional, la atención pastoral, la oración y el apoyo de la familia y de los amigos. Los grupos de presión LGBT pretenden ahora prohibirlas todas", protesta.

    Recuerda que la revista Science el 30 de agosto de 2019 publicó la mayor investigación (con casi medio millón de personas) buscando una base genética a la homosexualidad, repitiéndose la misma conclusión que en tantos estudios anteriores: no existe lo que popularmente se conoce como "gen gay", es decir, un conjunto de factores genéticos claramente identificables que permitan predecir la atracción por el mismo sexo.

    8. Las terapias no son sólo para curar o para enfermedades: las hay para duelo, hábitos, vida matrimonial...

    Peter May está harto de oír a los que dicen "no necesito terapia porque no estoy enfermo" y responde que las terapias no son sólo para los enfermos.

    "El duelo, los trastornos de estrés post-traumático y las dificultades matrimoniales no son 'enfermedades' que puedan ser 'curadas'. Son, sin embargo, situaciones estresantes para cuyo alivio suele ser eficaz el asesoramiento", aclara.

    Y añade que "rara vez el asesoramiento 'cura' a nadie, y el terapeuta puede ser tan importante como la terapia para conseguir un buen resultado".

    Una terapia o un coaching puede aportar un mejor conocimiento de uno mismo que, incluso sin cambio de orientación sexual, puede ayudar a vivir una vida más equilibrada, generosa y virtuosa.

    ¿Consigue el asesoramiento cambiar la orientación sexual de una persona? "Sí", responde May, "aunque no siempre, ni siquiera frecuentemente". Pero lo cierto es que "cada vez hay más personas en todo el mundo que se identifican felizmente como ex gay. Si hay que respetar la identidad de las personas LGBT, también debería respetarse la identidad de los ex gays".

    Por eso, no solo considera "éticas" estas terapias "basadas en la conversación", sino "antiético" prohibirlas, porque se negarían "derechos humanos fundamentales: la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad religiosa y la libertad de elección de tratamiento. Y se condenaría a unas personas a vivir un estilo de vida que desean abandonar".

    De fondo, está el derecho de la persona a la búsqueda de la virtud y de la verdad. Y, como dijo Jesucristo: "la verdad os hará libres".

    La verdad de que todos somos vulnerables, y todos necesitamos ayudas.

    ReL

    Vea también    Homosexuales liberados