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miércoles, 4 de marzo de 2020

Videomensaje del Papa: “Celebremos juntos la ‘Semana Laudato Si’”

“Cuidemos la creación, don de nuestro buen Dios Creador.
Celebremos juntos la Semana Laudato Si’”.


Ecología, cuidar nuestra casa

Con estas palabras y para celebrar 5º aniversario de la Encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco invita a las comunidades católicas a participar en la Semana Laudato Si’ del 16 al 24 de mayo.
Involucrar a los católicos
Esta iniciativa coincide, efectivamente, con el 5º aniversario de la Laudato Si’ y busca involucrar a los 1.300 millones de católicos de todo el mundo en acciones concretas para proteger la casa común.
De acuerdo a una nota difundida por Movimiento Católico Mundial por el Clima, con cerca de un sexto de la población mundial organizada en más de 220.000 parroquias en todo el mundo, la Iglesia Católica desempeña un papel único y vital para hacer frente a la crisis ambiental.
Protección de la creación
En su video, el Papa Francisco reflexiona sobre la protección de la Creación como tema central de su papado y anima a los fieles a participar en dicho acontecimiento:” ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? (cfr Laudato si’, 160)”, expone.
“Motivado por esa pregunta, quisiera invitarlos a participar en la Semana Laudato si’, del 16 al 24 de mayo del 2020. Es una campaña global en ocasión del 5º aniversario de la Carta Encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común”, insiste.
Finalmente, el Papa renovó su “llamado urgente a responder a la crisis ecológica. ‘El clamor de la tierra y el clamor de los pobres’ no dan para más” .
Encíclica Laudato Si’
Publicada en 2015, la Encíclica del Papa Francisco Laudato Si’  ha inspirado la oración y la acción para proteger el medio ambiente en miles de comunidades católicas y ha dado un nuevo impulso al movimiento católico para cuidar la creación, señala la citada nota.
Sin embargo, los análisis científicos revelan que el ritmo del cambio climático y de las extinciones masivas sigue aumentando. Se necesitan urgentemente mayores esfuerzos para hacer frente a este desafío.
En este contexto, el Santo Padre y el Dicasterio del Vaticano para el Servicio de Desarrollo Humano Integral animan a las comunidades católicas a reflexionar sobre sus acciones hasta la fecha y, por lo tanto, a dar el siguiente paso. Estas acciones ambiciosas variarán de una comunidad a otra; las sugerencias para acciones de alto impacto están disponibles en el sitio web de la Semana Laudato Si.
Quinto aniversario
El 5º aniversario de Laudato Si’ coincide con los principales acontecimientos que tendrán lugar antes de finales de año. En noviembre, en la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los países tendrán que anunciar sus planes para alcanzar los objetivos del acuerdo climático de París.
En octubre se celebrará también la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Bodiversidad, durante la cual el mundo tendrá la oportunidad de establecer importantes objetivos para proteger la creación.
“El Papa Francisco nos pide que volvamos al corazón de lo que somos como cristianos: personas que aman a sus vecinos como nosotros mismos. La catástrofe climática está aumentando el riesgo de hambre, enfermedades y conflictos para nuestros vecinos más vulnerables. Cada minuto que pasamos calentando el planeta es una tragedia para los más vulnerables. El Papa Francisco nos hace un urgente llamado a actuar aquí y ahora de acuerdo a los valores de nuestra fe”, explicó Tomás Insua, director ejecutivo del Movimiento Católico Mundial por el Clima.

 Larissa I. López, zenit

Vea también: Sexualidad Ecológica



viernes, 15 de marzo de 2019

El papa Francisco propone una Cuaresma ecológica

Convirtamos el desierto de la creación en un jardín de comunión con Dios



Para los 40 días anteriores a la Pascua, el Papa propone  “entrar en el desierto de la creación” para que vuelva a ser “aquel jardín de la comunión con Dios” para llevar la “esperanza de Cristo a la creación y liberarla de la esclavitud de la corrupción.
¿Y cómo se puede lograr esto? Francisco vuelve a proponer, en su mensaje para la próxima Cuaresma publicado hoy martes, las 3 herramientas de los tiempos de crecimiento espiritual: el ayuno, la oración y la limosna.
Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.
Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.
Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece.
El mensaje para la Cuaresma 2019 usa el lenguaje de la ecología y muestra una gran esperanza: “volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad”.
“La “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3)”, escribe.
Y añade: “Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios”.
Francisco une ser humano y creación destacando que “si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo, y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención”.
“La creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano”, añade.
Todo queda unido, entonces cuando el amor cambia la vida de las personas -espíritu, alma y cuerpo- y “con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís.
En cambio, advierte, “cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca”.
“Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse”, constata el Papa.
“El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto”, añade.
Francisco escribe que el pecado “lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás” y que “cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil”.
Pero “el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual”.
“Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios”, insiste.
Y recuerda que “la Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna”.

Este es el mensaje completo del Papa para la Cuaresma de 2019, titulado “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8,19):
Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma).
De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).
Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación.
San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.
Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención.
Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano.
Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87).
Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.
Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11).
Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.
Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo.
El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18).
Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.
Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17).
En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1).
Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.
Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión.
Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm8,21).
La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.
Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.
Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.
Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece.
Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.
Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3).
Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).
No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión.
Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales.
Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.
(Sugerencia del Papa Francisco del año pasado, pero vale también hoy)

























jueves, 2 de marzo de 2017

"Extinción biologica. Como salvar el ambiente natural del que dependemos” – Comunicado de la Academia Pontificia de las Ciencias


Conferencia de prensa de la Pontificia academia de las ciencias


Del 27 de febrero al 1 de marzo, en la Casina Pío IV en el Vaticano, ha habido un seminario conjunto de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, para examinar lo que sabemos sobre la extinción biológica, sus causas y las  formas a través de las cuales se podría reducir su alcance. Los participantes han llegado a  la conclusión, basándose en la comparación de la documentación fósil,  de que la actual pérdida de especies es aproximadamente  1000 veces la del  porcentaje histórico.
Actualmente estarían en peligro de extinción un cuarto de todas las especies y la mitad de ellas podría extinguirse a finales del presente siglo. Dado que  de los organismos vivos dependen el funcionamiento de nuestro planeta, los alimentos, muchas de nuestras medicinas y otros materiales, la absorción de  residuos y el equilibrio del clima, así como gran parte de la belleza de este mundo, tales pérdidas causarán un daño incalculable a nuestro futuro a menos que no se mantengan bajo control. Conocemos solamente la existencia de menos de una quinta parte de las especies que poblarían el mundo. Por lo tanto estamos perdiendo un potencial desconocido y poniendo en peligro el mecanismo fundamental de nuestro planeta.
Antes del desarrollo de la agricultura. hace unos 10.000 años, los seres humanos vivían en grupos de pocas decenas de individuos para los que la supervivencia era un enorme desafío. En aquella época la población mundial era de  cerca de un millón de personas. Con el aumento de la poblacióna empezó la construcción de aldeas, pueblos y ciudades en los que se  ha desarrollado nuestra civilización. Una tercera parte de la tierra se ha destinado gradualmente  a la agricultura
Hace doscientos años, por primera vez, la población alcanzó los mil millones de personas, rozando en 1930 los dos mil millones que hoy en día se han convertido en 7,4 mil millones. Desde 1950, el PIB mundial aumentó 15 veces y la población mundial se ha triplicado. La quintuplicación del  rédito   per cápita ha comportado enormes ventajas para la condición humana contemporánea.
Además de amenazar a millones de especies en peligro de extinción, este enorme aumento de la actividad económica basada exclusivamente en el beneficio y en el uso de combustibles fósiles está sometiendo a duras pruebas el funcionamiento  sostenible del planeta. Los signos más evidentes son el cambio climático global y los daños en el sistema de la tierra, tales como el aumento del nivel del mar, la acidificación del océano y la anoxia, que alimentan directamente la extinción biológica.
La población humana de la tierra se caracteriza  por grandes desigualdades económicas. Las personas más ricas del mundo, que representan el 19% de la población consumen más de la mitad de los recursos del globo. El rédito per cápita de  los 1.400 millones de ricos es aproximadamente de 41.000 dólares; por el contrario, los mil millones de personas más pobres, en particular en el África subsahariana, tiene un rédito medio de 3.500 dólares. Los ricos, por lo tanto,  son los principales responsables del aumento del calentamiento global y como resultado de la disminución de la biodiversidad. La mayoría de las personas pobres que no se benefician del uso de combustibles fósiles son indirectamente responsables de la deforestación y de una parte de la destrucción de la biodiversidad, ya que su actividad se desarrolla dentro de un sistema económico mundial basado en las necesidades de los más ricos que  tienen, en absoluto, los mayores niveles de consumo sin  pagar por  los factores externos que podrían hacer posible preservar la biodiversidad.
Al igual que  las actividades humanas son responsables de estos efectos negativos, hoy necesitamos en cambio, una acción humana positiva para el desarrollo sostenible de la biodiversidad. Una condición indispensable  para el logro de la sostenibilidad global es la redistribución de la riqueza, porque en todas partes del mundo los altos niveles de consumo repercuten en el degrado del funcionamiento de la tierra y en la destrucción de la biodiversidad.
Acabar con la pobreza costaría alrededor de 175 mil millones de dólares, es decir, menos del 1% de la suma de los ingresos de los países más ricos del mundo y es una de las principales formas de proteger nuestro medio ambiente y  de salvar la mayor biodiversidad posible para el futuro. Se puede hacer región por región. La creación  de grandes reservas naturales marinas es otro elemento importante para preservar  la productividad biológica en conjunto. Para lograrlo debemos seguir los principios morales claramente descritos en la encíclica Laudato Si’ que ha inspirado  nuestro encuentro.
La formación de sistemas de agricultura intensiva en regiones adecuadas, cuando se efectua correctamente mediante la rotación de cultivos y la incorporación de la ganadería y reinvirtiendo  los beneficios en las economías regionales, es una parte importante de la estrategia para la protección de la biodiversidad, porque la productividad concentrada permite el desarrollo sostenible de otras regiones y la preservación de la biodiversid, como está sucediendo en  Amazonia. Por  cuanto se refiere  a los métodos genéticos modernos, como ha subrayado el Papa Francisco, la cuestión de los OGM “es una cuestión ambiental de carácter complejo, por lo cual su tratamiento exige una mirada integral de todos sus aspectos, y esto requeriría al menos un mayor esfuerzo para financiar diversas líneas de investigación libre e interdisciplinaria que puedan aportar nueva luz. “.
También será importante considerar cuidadosamente la mejor forma  posible de proyectar  las ciudades del futuro, a las que se trasladarán pronto  la gran mayoría de personas en todo el mundo, cuyos suburbios deben disfrutar de las mismas ventajas  de los centros urbanos.
Hemos concluido nuestro encuentro en el espíritu de las palabras elocuentes de Francisco en su encíclica Laudato Si’ , decididos  a buscar nuevas formas de trabajar juntos para construir un mundo sostenible, estable y basado en la justicia social. En el pasado, la raza humana ha experimentado graves amenazas locales, pero las amenazas tienen ahora un nivel mundial. Para resolver nuestro dilema común debemos aprender a amarnos unos a otros, a colaborar y a construir puentes en todo el mundo a niveles hasta ahora inimaginables”.