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sábado, 6 de febrero de 2021

Lesbianismo: Lucia gritó en silencio ayuda (3ª parte)

 


Lucia compartió en un video grabado su experiencia con la AMS (Atracción a personas del mismo sexo). 
Este video se publicó junto con otros testimonios en el curso online:
“Camino a la heterosexualidad”.  Me ha parecido interesante transcribirlo y compartirlo.

En ese momento, Lucia llevaba 5 meses en un proceso de Coaching de Identidad, empezaba sus primeros pasos.

Dicho testimonio lo he dividido en tres partes. Este es la tercera parte.
Aquí puedes leer: Lesbianismo: Lucia gritó en silencio ayuda (1ª parte) y 
Lesbianismo: Lucia gritó en silencio ayuda (2ª parte), ya publicados.


Testimonio de Lucia (continuación)


¿Qué me llevo a querer iniciar un proceso de coaching?

La verdad es que hace mucho tiempo que grito en silencio ayuda. Desde la dirección espiritual se me han dado buenos consejos, pero nunca suficientes. Me decían: pide ayuda a Dios, encomiéndate a María, intenta cortar antes, piensa en otras cosas…etc. Y no digo que todo eso no ayude, pero no va al fondo de la cuestión: a sanar la herida de fondo. 

Llevo años luchando para dejar la masturbación o la pornografía. Alguien puede pensar que no tiene porqué ser un problema, pero yo lo vivo como un problema. A mí esto me quita la libertad y no me llena, nunca me dan lo que les pido. Además, si soy un ser libre ¿por qué acabo haciendo algo que no quiero? ¿Por qué no soy capaz de decir que no? 
Y lo mismo en el caso de la atracción sexual hacia amigas mías: ¿por qué siento atracción si en realidad no quiero? ¿por qué acabo sexualizando ciertas relaciones estropeándolas? ¿por qué no puedo querer mucho a esas chicas, sin necesidad de que haya una atracción física? eso a mí, me quita libertad.

Después de años de no saber a quién acudir para que me hablara de la verdad, de mi verdad, que me entendiera, que me ayudara… conocía a Elena a través de una amiga mía a la que ella estaba ayudando. Desde ese momento supe que esa era la ayuda que yo estaba buscando. Yo sabía que no necesitaba ayuda psicológica o psiquiátrica, pero no conocía a nadie que supiera del tema y pudiera entenderme y ayudarme.

Me ha costado mucho dar el paso. Primero reconocerlo, y después que lo entendiesen personas cercanas a mi. Por otro lado, para mi es una pena no poder compartirlo con mi familia o con mis amigos y tener que vivirlo en el anonimato. 

Esta sociedad creyente todavía no está preparada para oírlo, una gran parte vive encerrada en unos prejuicios profundos y una antropología parcial. Hay mucho desconocimiento sobre la AMS, se relaciona el lesbianismo solo con la ideología de género. Y no se cree posible que haya muchas mujeres y hombres de fe que vivan en su carne la atracción sexual no deseada hacia su mismo sexo.

¿Cuál ha sido la experiencia más importante para mi con todo esto?

Me siento todavía muy en los inicios, pero puedo reconocer que me está ayudando mucho el proceso. Primero el hecho de dar el paso y luego el invertir energías en entrar en mí misma. Quizás lo más clave hasta ahora ha sido el poder mirarme sin miedo, contar con un entorno seguro en el que abrirme sin sentirme juzgara. Desde el primer momento en el que me puse en contacto con Elena por mail noté su cercanía y un cariño súper desinteresado.

¿Qué aspectos destacaría del proceso?

El simple hecho de poder hablar de absolutamente todo con alguien externo a mi vida, que no me juzga y que quiere ayudarme. En el proceso he encontrado ese espacio seguro que no había encontrado en ningún lugar. Y para mi, eso es oro. Otro punto importante ha sido el hecho de dedicar tiempo en mi agenda para mi: para pensar, leer, reflexionar, dedicarme a mi. 

Una de las cosas que más me está gustando del proceso es que es un trabajo global. Elena se centra en mi persona, en todo lo que soy, no solo en mi sexualidad, no le interesa mi AMS. 


Con estos cinco meses de proceso me he dado cuenta de que soy una unidad y de que la raíz de todas mis heridas afectivas y sexuales son mucho más profundas de lo que yo me esperaba. Estoy tocando temas de mi vida que nunca hubiera pensado y esto, lo considero el mejor Master de mi vida, en el que invertiría todo mi patrimonio. 

Lo que está aportando a mi vida, lo describiría con una palabra: PAZ, mucha paz.

Llevo mucho tiempo queriendo y no queriendo dar el paso y puedo decir que la paz y la luz sobre mi vida que empiezo a experimentar ahora, no lo cambio por nada del mundo, es una inversión para toda la vida. Está en juego mi felicidad.

Conocerme y entenderme me está haciendo mucho más libre. No se trata de negar o afirmar la identidad sexual sino de conocerte, entenderte para poder ser libre y poder ser quién tú quieres ser, esa es la clave.

Transcripción del video de Lucia extraído del curso: “Camino a la Heterosexualidad” (resumido y publicado en tres partes consecutivas).

En el próximo artículo, Lucia nos contará lo que ha sido para ella los meses posteriores, su trabajo personal, las herramientas que más le han ayudado y en qué punto se encuentra ahora en su vida.


Vea también     La Iglesia católica de cara a la cultura gay y la ideología de género



domingo, 6 de noviembre de 2016

Matías tenía tendencias homosexuales, pidió ayuda a Dios, fue a terapia y ahora tiene mujer e hijos


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La ideología de género se está colando en todos los rincones de la sociedad y mediante leyes se está imponiendo a todos los ciudadanos, niños y adultos. Y algunas de estas normativas ya prohíben cualquier tipo de terapia o ayuda para una persona con atracción por personas del mismo sexo y que quiere dejar de tenerla.

Existen muchas personas con tendencias homosexuales que ni se sienten ni quieren estar representados por el lobby LGTB y son también numerosos los que teniendo esta tendencia quieren abandonarla. Estas leyes van contra ellos y por ello cobran importancia testimonios como el de Matias, que recoge Portaluz, y que reproducimos a continuación:

“Me siento muy apenado, con tristeza y mucha rabia cuando se publica tanto acerca de la vida gay, la vida homosexual, la libertad de género, sin presentar esta otra cara de la moneda. Nosotros también existimos y nuestra vida -no estando exenta de luchas- es hermosa”. Quien así se expresa es Matías, un hombre que desde su  adolescencia comenzó a sentirse sexualmente atraído por personas de su mismo sexo (AMS).

“Cronológicamente -se explica Matías- veo que a los nueve o diez años de edad, no tenía AMS. Me gustaban incluso dos compañeras de curso, aunque obviamente era un amor algo platónico. Pero esto se forma fuertemente en mi adolescencia, dos polos, dos fuerzas opuestas. Una fuerza que era mi naturaleza propiamente tal y esto, la AMS, que estaba llegando como de visita y que yo también dejé entrar…”.

Se hizo explícita en la adolescencia
Hoy este profesional que transita la tercera década de vida, feliz y agradeciendo a Dios por su esposa e hijos, recuerda sereno y con claridad que tenía casi trece años cuando sintió por primera vez la pulsión de atracción por otro hombre, que resultó ser el padre de un amigo… “Me atraía algo de lo masculino en él, que era como alto… ¡deseos de que me abrazara!”, señala Matías.

Esta realidad, comenzó a provocarle un conflicto interior de magnitud, robándole durante años su paz psicológica y espiritual. Durante mucho tiempo nadie supo lo que padecía, porque así lo decidió. “En algún momento de mi vida me hice una especie de juramento que dije: esto no lo voy a comentar con nadie, no quiero que nadie lo sepa, esto va a ser mío. Tenía vergüenza de lo que sentía”, reconoce.

Causas y luego la esperanza
Encuestas de probada validez estadística, indican que el porcentaje de quienes libremente se reconocen como lesbianas y homosexuales oscila entre el 1.49% (Chile. Encuesta CASEN publicada en octubre 2016) y un 2.3% (USA. National Health Interview Survey publicada en 2014) de la población.

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El lobby gay tiene el poder total pese a que no representa a muchos homosexuales

Una minoría cuya voz más escuchada es la del activismo Gay. Pero no todos los hombres y mujeres que sienten atracción por personas de su mismo sexo desean continuar viviendo con esa atracción. Matías es uno de los miles que libremente ha decidido buscar ayuda terapéutica y entre sus pares (participa de un grupo de terapia con más de veinte miembros) para reconquistar su heterosexualidad y apostar por ser libre de la AMS, aunque le lleve toda la vida.

Nacido y formado en una familia tibia en la vivencia de la fe católica, vivían en una ciudad pequeña donde no era una realidad socialmente visible la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad u otras variantes que la ideología de género hoy señala como normales. Entre sus amistades tampoco había ningún confidente. Además, desde que Matías podía recordar, no le agradaba el vínculo con su padre y madre…

Los traumas infantiles y de la adolescencia
“Las heridas de no haber tenido un padre más cercano que te dijera: ‘hijo vamos a jugar a la pelota’ o que al menos no te dijera como lo hizo, ‘eres inútil’. Son heridas que a un niño lo marcan mucho. Con una súper madre también, protectora, que no me ayudaba a desarrollar mi parte masculina… Luego, siendo adolescente, me sentía físicamente feo, con algunos kilos de más, no atractivo.  Y mi padre también me lo decía. Comencé a sentirme por momentos inferior, siempre en relación a otros hombres”.

Hoy Matías en una retrospectiva de su vida considera que también se sumaron otros elementos para gatillar en él la atracción hacia personas del mismo sexo. Como su “hipersensibilidad” que magnificaba emocionalmente la realidad que no le resultaba grata,  refugiándose luego obcecadamente, señala, en un “egocentrismo” o bien comportándose en su adolescencia como el “chico bueno”, permitiéndose incluso predicar a otros moralidad. “Todo para proteger el niño interior” y sus heridas.

A los catorce años afirma que no sabía nada del tema homosexual. Pero intuía que el “no vincularme bien con mi papá, alteraba de alguna forma mi relación con los demás hombres. Hoy estoy convencido que en mí la AMS no ocurre por un problema con las mujeres, sino que precisamente por un vínculo problemático con los hombres, con lo masculino”.

El problema de la pornografía
Luego, con poco más de veinte años, “consumía mucha pornografía y masturbación compulsiva”, como una forma de satisfacer el impulso de la AMS, señala Matías. Cansado, buscó los consejos de un religioso católico que le sugirió “aceptarse como homosexual”. Esta idea progre lejos de ayudarlo, dice, lo dejó más confundido.

Matías no incursionó demasiado en la actividad homosexual, ni menos la vida gay. Durante esos años mantuvo relaciones sexuales ocasionales con tres hombres, el primero en unos baños-sauna de una ciudad populosa, distinta a la que vivía, cuando tenía 22 años.  Jamás, confiesa, amó ni se proyectó emocionalmente con un hombre. “La primera vez que tuve un encuentro con un hombre, al otro día sentí este vacío que te digo. Fue sentir… ¡por qué lo hiciste! si esta no es tu esencia”.

Durante los estudios en la universidad se relacionó también afectiva y sexualmente -por primera vez- con algunas chicas… Pero la AMS continuaba presente, sin dejar de alterar todo su proyecto de vida.

El factor de la fe y la terapia
El año 2011 tras fracasar la relación que mantenía con una chica, sintiéndose al límite, “deseando ser libre de esta AMS” -reconoce-, imploró a Dios por ayuda…


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Matias pidió ayuda a Dios para superar esta situación

“Rezando de rodillas le pedí al Señor, le exigí, que me iluminara. Le dije: ‘Señor, hazlo hoy, que no pase ya más tiempo, ¡ilumíname!’. Así, tal cual. Una hora después me encontré con una página en Internet que se llama: Es posible la esperanza. Empecé a navegar en ella y descubrí que toda mi historia estaba allí, contada en libros escritos por psiquiatras y psicólogos que saben del tema. Porque hay psiquiatras y psicólogos que no saben del tema”.

A través de esa página Matías cuenta que contactó a la terapeuta Marcela Ferrer quien aceptó acompañarlo en su proceso.  “Estuve como dos o tres meses dándole vuelta al asunto sobre si conocerla o no hasta que a fines de agosto de 2011 me decidí y le escribí. Creo que fue obra de Dios. Él abrió los caminos hasta llegar a ella”.

El proceso de terapia, dice, le ha dado las herramientas para comprender, aceptar y reconciliarse con su historia, con las personas que han formado parte de ella, consigo mismo.

La clave, poder perdonarse y reconciliarse
Hoy Matías tiene su centro puesto en el amor que vive con Dios, su esposa e hijos. “Poder perdonarse y reconciliarse” ha sido unos de los frutos de la terapia, señala. Por décadas “Dios era alguien lejano”, con quien tampoco se atrevía a conversar de su AMS.

“El perdón en uno es un tema grande en la terapia para quien vive con AMS”, confidencia y agrega… “Esto es una cuestión de libertad para elegir. No existe una receta express para dejar la AMS. Hoy tengo todavía AMS, no puedo mentir en cuanto a eso. Pero no es la AMS de mis veinte años tampoco, ha perdido su fuerza. Ya no es lo central. Mi fuerza está en que amo a Dios, a mi esposa y mis hijos”.

“Creer en Dios es fundamental”
 Al finalizar la entrevista que registra  este testimonio entregado a Portaluz, quisimos conocer también cuáles son las armas que esgrime Matías en su particular batalla espiritual. Esta fue su respuesta:

“Ser católico, creer en Dios es fundamental. Él pelea por mí cuando ya las fuerzas no me dan. Porque el demonio te ataca y entonces, cuando surge inesperada la pulsión de la AMS, como flechazos, rezo a San Miguel Arcángel y él viene. No soy de rosario diario. Sí rezo durante la semana Padre Nuestro y Ave María. La eucaristía también es algo que valoro y espero, hace parte de mi vida, voy todos los domingos a misa. De vez en cuando Adoración Eucarística. Confesión cada quince días. Así Dios está constantemente ayudándome”.