
Qualfon comenzó en Filipinas con unos 50 empleados. Después de años, más de la mitad del equipo original sigue en la empresa. Su fundador lo dice sin rodeos: el punto de inflexión fue cuando consagró la empresa al Sagrado Corazón de Jesús.
El vuelo a Filipinas cambió algo más que el plan de negocios

Se suponía que iba a ser un viaje de negocios como cualquier otro. Alfonso González Arocha, fundador y presidente del consejo de Qualfon Corporation, voló en 2006 a Filipinas para inaugurar el primer centro operativo de su empresa en ese país. En el mundo de los negocios, esos momentos suelen describirse en términos de expansión, mercado, costos y escala. Él recordó algo diferente.
En una entrevista con PRO Network, contó que fue precisamente en ese momento —de camino a un nuevo país, a un nuevo equipo y a un gran riesgo profesional— cuando, junto con sus colaboradores, sintió el deseo de encomendar la empresa al Sagrado Corazón de Jesús.
"Durante el viaje a Filipinas, donde íbamos a inaugurar nuestro primer centro operativo, el Señor puso en nuestros corazones el deseo de consagrar la empresa al Sagrado Corazón de Jesús, por intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, de San José y bajo la protección del arcángel Miguel. Aterrizamos en Filipinas con el corazón lleno de alegría", recuerda González Arocha.
"No entendíamos del todo lo que eso significaba"
González Arocha no contaba con una teología ya definida sobre la gestión de la empresa. Admite que no todo les resultaba claro. No entendían del todo lo que significaba ser una "empresa consagrada". Sin embargo, sabían que debían dar un paso de fe. "Con obediencia, nos preparamos para la consagración", dijo.
En Filipinas invitaron a dos sacerdotes locales que los ayudaron a vivir ese momento. No querían que se percibiera como una estrategia de mercadotecnia o un eslogan religioso pegado al logotipo corporativo. Se trataba de un acto de entrega: poner el trabajo, a las personas, las decisiones y el futuro bajo el cuidado del Corazón de Jesús.
En ese entonces, Qualfon comenzaba sus operaciones en Filipinas con un grupo de unas 50 personas. Tras dos décadas, más de la mitad de ellas sigue trabajando en la empresa.
"Es hermoso que de esas 50 personas —me refiero al año 2006— más de la mitad siga con nosotros en esta empresa consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. A partir de ese fundamento, la empresa se ha transformado", destaca González Arocha.
Una empresa que se preocupa por las personas
Qualfon pasó de tener un pequeño inicio en Coahuila, México, a convertirse en una empresa global del sector de BPO, es decir, la gestión de procesos de negocios. La empresa opera, entre otros lugares, en Filipinas, México y Estados Unidos, atendiendo principalmente a clientes de América del Norte. La empresa comenzó en la década de los 90 como proveedor de Internet en colaboración con IBM, para luego transformarse en un centro de servicios para grandes empresas.
Sin embargo, lo más interesante es cómo la propia empresa habla hoy sobre su misión. En el sitio web de Qualfon se lee que se trata de apoyar la "verdadera vocación" y el potencial de cada persona. En la misión de la empresa aparece la frase: "Queremos ser los mejores en lo que hacemos y hacer que la vida de cada persona sea un poco mejor cada día".
Por supuesto, uno puede encogerse de hombros y decir: "Qué linda frase". Pero en esta historia, esa frase tiene un peso muy concreto. Si la empresa ha sido confiada al Corazón de Jesús, el empleado no puede ser únicamente un "recurso".
El cliente no puede ser solo un "contacto". El jefe no puede pensar en sí mismo únicamente como alguien que genera resultados. En este modelo de gestión, la persona se vuelve verdaderamente importante y valorada.
¿Negocios católicos? ¡Claro que sí!

El testimonio de González Arocha conmovió a los empresarios católicos en las redes sociales. Bajo las publicaciones aparecieron comentarios de dueños de empresas que escribían que ellos también habían consagrado sus negocios al Sagrado Corazón de Jesús o a Jesús por intercesión de la Virgen de Guadalupe. Algunos dirigen un teatro en México, otros tienen empresas familiares y otros más, pequeñas iniciativas locales.
Y es bueno que esta historia cause impacto. Pero hay que tener cuidado de no reducirla a un simple mensaje: "consagra tu empresa y tendrás éxito". El Corazón de Jesús no es un talismán mágico. Quizás funcione más bien como un espejo.
Si una empresa está entregada a Dios, el dueño debe hacerse con mayor frecuencia preguntas incómodas. ¿Trato a las personas como me gustaría que me trataran a mí? ¿Mi ambición no está devorando la vida familiar de los empleados? ¿El éxito financiero no se ha convertido en el único lenguaje con el que describo el sentido del trabajo?
Un empresario católico necesita lecturas sólidas, como la encíclica "Rerum novarum" de León XIII, para evitar caer tanto en el modelo socialista —donde "estés de pie o acostado, te tocan quinientos zlotys"— como en la carrera «por encima de los cadáveres" hacia el éxito comercial. ¡El negocio católico es un compromiso!
Miriam Wysock, Aleteia
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