jueves, 3 de marzo de 2022

Descárgate tu calendario de actividades para esta Cuaresma

Calendario Cuaresma


Rezar, ayunar y ayudar a los demás durante 40 días. ¡Imprime el calendario y ponlo en el frigorífico!

La Cuaresma es un tiempo de preparación para la Pascua de Resurrección y, si bien se caracteriza por el ayuno en honor a los 40 días que Jesús pasó en el desierto, también es un momento para intensificar nuestras oraciones y ofrecernos más que nunca a los demás.

El ayuno no necesariamente tiene que ser algo de comida, sino también de cualquier cosa que te pueda distraer en este tiempo de preparación; una purificación tanto física como mental. 

Dar o ayudar a los demás es un recordatorio mínimo del sacrificio que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Cuando haces de las necesidades de los demás las tuyas, trabajas tu compasión y te haces más consciente del sufrimiento del prójimo.

Y, por supuesto, la oración en tiempos de Cuaresma debe ser más profunda. Quizá esto implique hacer un hábito diario de oración si no lo tienes, investigar sobre la vida de un santo como una manera de acercarte más a la santidad a través de su ejemplo, rezar el rosario más veces o acudir más a misa para fortalecer y crecer tu relación con Dios.

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Calendario de Cuaresma

Este cuadro es sólo una idea, muchas de las actividades que están allí las puedes hacer a diario también y otras quizá no están en tus posibilidades o intenciones… así que puedes imprimirlo o inspirarte aquí para hacer tu calendario propio.

No dejes de compartirnos tus ideas en los comentarios o las redes sociales de Aleteia para que entre todos hagamos de esta Cuaresma un tiempo verdaderamente especial.

Adriana Bello, Aleteia

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miércoles, 2 de marzo de 2022

Cuaresma: cómo motivar a los niños en el camino hacia la Pascua

RODZICE Z CÓRKĄ


Durante las largas semanas de Cuaresma, los niños necesitan ser acompañados para no abandonar las buenas resoluciones tomadas en el entusiasmo de los primeros días

Puede suceder que, por inercia o sencillamente porque nos hemos dejado desbordar por el tiempo, aún no hayamos tomado seriamente el camino de la Pascua. Es grande la tentación de decirnos: “Qué más da, ya lo haremos mejor el año que viene”.

Ayudemos a los niños a descubrir que nunca es demasiado tarde para hacer el bien, y nunca demasiado pronto para comenzar.

Un calendario lúdico

Recordemos que un calendario permite al niño, al visualizar el tiempo que pasa, medir su progresión día tras día en el camino hacia la Pascua. Si aún no está hecho, es posible fabricar para el niño un calendario de Cuaresma sobre el que pegar cada día una pegatina (o colorear una casilla).

Para mostrar bien que la Cuaresma es una progresión, una ascensión, es importante que el camino hacia la Pascua esté representado con una vía que ascienda o una escalera (con un escalón por día).

El niño puede señalar sus esfuerzos en este calendario o sobre cualquier otro soporte simbólico: una gran cruz que coloree o sobre la que ponga adhesivos, un puzle que vaya componiendo, etc. Incluso si no ha comenzado en el primer día de cuaresma, podemos sugerírselo ahora, si sentimos que necesita de este medio concreto para perseverar.

Por supuesto, esta manera de proceder tiene sus límites: al ser el niño su propio juez, a veces es demasiado indulgente y otras veces demasiado severo; quizás haya algún tipo de competición (lamentable) entre hermanos y hermanas y, sobre todo, el valor de la Cuaresma no puede reducirse a la suma de unos esfuerzos y sacrificios otorgados.

Sin embargo, estos riesgos pueden paliarse si los niños son apoyados y guiados por sus padres, que sabrán tranquilizar al escrupuloso, invitar al arrogante a tener más discreción y ayudar a todos en general a descubrir que la Cuaresma es, ante todo, un acercamiento de Dios a cada uno de nosotros. Su Amor es lo primero, lo que precede nuestros esfuerzos y nuestras renuncias.

No elegir esfuerzos demasiado ambiciosos

Cuando no tenemos el valor de perseverar en el esfuerzo, encontramos a menudo mil excusas “convenientes” del tipo: “La resolución que he escogido es demasiado difícil, no sirve para nada porque siempre recaigo”.

Puede suceder que los niños escojan, efectivamente, unos esfuerzos demasiado ambiciosos. En este caso, podemos sugerirles que redefinan con más precisión y modestia su resolución. En vez de: “Todos los días estaré de buen humor”, decidir: “Haré un esfuerzo para sonreír siempre por las mañanas”.

Además, el niño debe descubrir que lo que es grave no es caer, sino quedarse en el suelo. Porque permanecer en el suelo es dudar, no solamente de sí mismo, sino sobre todo de Dios y de Su misericordia. Dios no nos pide avanzar a pasos gigantes; nos pide avanzar, es todo. Dar un paso, por pequeño que sea. Y luego otro. Y después otro más.

Si algunas resoluciones son demasiado ambiciosas, otras pueden no serlo bastante. Para renovar el entusiasmo, no hay que temer “pasar a una marcha superior”. Decir al niño: “Puedes ir más lejos todavía, eres capaz de hacerlo”.

Es algo cierto también en el plano familiar: podemos decidir, durante la Cuaresma, hacer más de lo que estaba previsto al principio (en lo que respecta a la oración familiar, por ejemplo, o en los momentos de compartir). En todo caso, no hay que anquilosarse o dejarse encerrar en los límites de un “programa” establecido de forma definitiva. La Cuaresma, como con toda la vida, debe verse siempre como una progresión, una ocasión de crecer.

Motivar a los pequeños, pero también a los grandes

El niño necesita lo concreto, lo palpable. Sin embargo, no ve a Dios, no Lo oye. Pero Dios se revela al niño a través de los padres. Él cuenta con ellos para que estén atentos a sus esfuerzos, a sus sacrificios, a sus gestos generosos llenos de ardor y para que sepan, unas veces, permanecer silenciosos y discretos y, otras veces, restablecer su confianza y darles su aprobación.

El niño necesita que le digan: “Lo has hecho bien”. Necesita sentirse comprendido y animado. A menudo basta con una mirada o una sonrisa para transmitir al niño que hemos visto su esfuerzo y que, respetando la discreción alegre con la que avanza en sus logros, queremos mostrarle que estamos orgullosos de él.

Ayudar a los pequeños es relativamente fácil, pero los mayores también necesitan motivación y exigen, al mismo tiempo, que no nos entrometamos en sus asuntos. Corresponde entonces a los padres encontrar esa difícil dosificación entre presencia atenta y discreción respetuosa.

Basta con que digamos públicamente al adolescente: “¿Ya no tomas mantequilla? ¿Es por la Cuaresma?”, para que renuncie de inmediato a esa penitencia que quería llevar en secreto. Pero si hace esfuerzos, aunque mínimos, para prestar servicio y nadie se percata, corre el riesgo de darse por vencido rápidamente.

Una atmósfera alegre

La Cuaresma no es un tiempo de pesadumbre. Es un tiempo de conversión y, por tanto, de alegría. Igual que “un santo triste es un triste santo”, “una Cuaresma triste es una triste Cuaresma”. Ciertamente, la conversión implica contrición y penitencia. Llorar los pecados, tener “el corazón quebrantado y humillado” a causa de ellos, es una de las gracias de la Cuaresma. Pero esos llantos no excluyen la alegría, más bien al contrario, porque son la puerta que abre hacia la felicidad de ser salvados.

La alegría de la Cuaresma debe traducirse muy concretamente, muy cotidianamente, en la vida familiar. Y esta atmósfera alegre es, sin duda, uno de los medios más seguros de ayudar a los niños a perseverar hasta la Pascua.

Christine Ponsard

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Familias en misión españolas en Ucrania, muchos hijos y nacidos ya allí: «Lo vivimos desde la fe»


Los Brio Sala tuvieron a su novena hija en diciembre en Ucrania
(no aparece en la imagen).
 

Durante las últimas décadas familias españolas han ido llegado a Ucrania como familias en misión para anunciar el Evangelio y ayudar a la Iglesia Católica en la era postsoviética. Tras décadas de sufrimiento debido al régimen comunista llegaron al país órdenes, con monjas y sacerdotes, pero también numerosas familias del Camino Neocatecumenal, que a petición de los distintos obispos se han ido estableciendo a lo largo y ancho de un país tan grande en extensión como España y Portugal juntos.

Varias de ellas se encontraban en Ucrania en el momento de la invasión de las tropas rusas. Se trata de familias españolas, en general con muchos hijos y que ya se encontraban muy asentadas en el país del este de Europa. De hecho, bastantes de los hijos han nacido ya en Ucrania, y en el caso de las más veteranas incluso los hay que se han casado con ciudadanos de este país.

A pesar de las llamadas desde España y de los consejos de la Embajada española estas familias misioneras se negaban a abandonar el país hasta que finalmente el estallido de bombas cerca de sus casas les ha obligado a tener que dejar atrás su misión y la que es su casa en un peligroso periplo hasta poder salir de Ucrania.

Los Del Brío Salas, familia navarra con nueve hijos, la valenciana Carbonell Aguiló, con sus ocho, o la burgalesa Campomar Hernando, con 10, son algunas de estas familias misioneras españolas neocatecumenales, aunque son más, que han ido pudiendo salir de Ucrania estos días.

"El Señor nos ha dado seguridad"

Joaquín Carbonell y Sara Aguiló son padres de ocho hijos y llegaron en 2010 como familia en misión. Proceden de la parroquia de San Francisco Javier de Valencia y han podido salir de Ucrania en el convoy organizado por el Ministerio de Exteriores.

Los Carbonell Aguiló llevaban en Ucrania desde 2010

Los Carbonell Aguiló llevaban en Ucrania desde 2010.

“Yo no me imaginaba que podía estallar una guerra en Ucrania. Escuchaba las recomendaciones del Ministerio de Exteriores y las advertencias de la OTAN, pero nunca pensé que serían reales”, cuenta este matrimonio a La Razón.

Ante la precipitación de los acontecimientos y el inicio de la invasión decidieron finalmente salir del país. Pasaron la última noche en un hotel en el que en la mitad de la noche sonó la alarma obligándoles a bajar al sótano.

“No estamos hechos de otra pasta. En absoluto. No tengo la vida eterna, pero en estas circunstancias el Señor nos ha dado seguridad y paz y no hemos tenido mucho agobio”, afirman. Sus hijos lo han vivido de manera similar: “no tienen miedo de que les pueda caer una bomba porque nosotros no lo tenemos. La guerra la vivimos de otra manera desde la fe cristiana”.

Este matrimonio, Joaquín con 45 años y Sara con 41, explica que “en 2009 nos dijeron que en Ucrania necesitaban familias para la misión. Y allí nos fuimos. Estuvimos dos años en Donetsk y después nos trasladamos a Kiev. Aquí hemos sido muy felices, tanto que llegamos con tres hijos y nos vamos con ocho y uno que está de camino. Así que puedo decir que Kiev ha triplicado mi felicidad. El que da, recibe. Yo he dado mis años de juventud y Dios ha sido generosos conmigo”.

En Kiev ha trabajado los últimos seis años como profesor de español en la Universidad Boris Grinshenko, labor que compaginaba como misionero y catequista. “Ha sido un privilegio poder enseñar allí, y también ver el fruto de la tarea evangelizadora. Me llena de satisfacción que haya personas que quieran unirse a la comunidad”, asegura él.

Aunque han dejado Ucrania esperan poder volver pronto. “Hemos dejado amigos atrás, hay gente que ha cambiado de ciudad, otros que siguen en Kiev y también conozco a personas misioneras que siguen esperando para salir. Espero que después del verano se pueda volver, las guerras se sabe cuándo empiezan pero no cuando acaban”, aseguran.

"Hemos venido a mostrar el amor de Dios"

También han tenido que huir con mucha pena los Campomar Hernando, una familia misionera del Camino Neocatecumenal de Burgos que llegó con siete hijos (actualmente son diez) y que llevaba en Ucrania desde 1997 anunciando el Evangelio.

César y María Auxiliadora no querían irse, pero con ellos vivía también la madre de él, que padece Alzheimer, lo que ha precipitado su salida. “Hemos venido a evangelizar, a mostrar el amor de Dios a este pueblo, pero teníamos claro que sería hasta que Dios quisiera”, afirmaban en Trece TV, mientras añaden: “hemos rezado y hemos visto a Dios salir porque estamos con la madre de César. Hemos dicho que a la madre hay que sacarla”.

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César y María Auxiliadora, a la izquierda de la imagen, llegaron a la misión en 1997. Sus tres últimos hijos nacieron en Ucrania.

En una entrevista pasada con la Archidiócesis de Burgos, César explicaba que “la misión lo es todo; mi vida es la misión”. Y es que este matrimonio ya ha pasado más de media vida como misionero. Primero pasaron seis años en Bielorrusia, donde les dieron un “ultimátum porque sabían que éramos de la Iglesia”, y después llegaron a Kiev, donde han vivido hasta ahora.

Colaboraban con la parroquia de San Alejandro de Kiev. “Caminamos con ellos e impartimos catequesis en esta y otras parroquias del entorno donde nos llaman. No hacemos nada extraordinario, solo lo que podemos. Aportamos nuestras ganas de vivir, contamos que Dios ha sido bueno con nosotros”, explica el matrimonio castellano.

Durante estos años César ha trabajado como administrativo en la Embajada española en Ucrania. Según su experiencia, “Dios se ocupa de nosotros con pequeños milagros” que resume en haber encontrado a su mujer, haber tenido con qué alimentar a su familia y haber tenido“una comunidad de hermanos que me acogen y acompañan”, refiriéndose al Camino Neocatecumenal, realidad eclesial a la que pertenece desde la adolescencia.

“Los cristianos podemos alentar a este mundo que vive sin esperanza, que ha perdido el sentido, para quien todo termina con la muerte. La vida eterna da sentido a nuestra existencia, si se cierra el cielo, ¿para qué aguantar? ¿Para qué sufrir si no existe la vida eterna y no existe el perdón? La propuesta cristiana es la mejor respuesta a los anhelos del mundo; el cristianismo atrae por su belleza, cuánta gente desearía creer y vivir nuestra esperanza. ¡No hace falta demasiada propaganda, es el deseo de nuestros hermanos! Por eso estamos nosotros aquí y donde haga falta, para anunciar lo que he vivido, que Dios me ha sacado de la muerte, que Dios me ha devuelto a la vida”, confesaba este matrimonio.

"Nuestro corazón está en Ucrania"

Por su parte, los Del Brío Salas, con sus nueve hijos que van desde los 11 años a los 2 meses de edad, lograron finalmente salir de Ucrania por la frontera húngara, donde fueron acogidos por otra familia en misión española que está en Hungría, la también navarra Francés Palacios (cuyo impresionante testimonio contamos ya en ReL).

Los Brio Salas estas Navidades en Ucrania

Los Brio Salas estas Navidades en Ucrania con la última de las hijas, la novena, recién nacida.

“Hemos pasado la frontera y estamos aquí, en Hungría, pero nuestro corazón está en Ucrania”, afirmaba este joven matrimonio conformado por Rubén y Núria. Visiblemente tristes y cansados, explicaban al Diario de Navarra que “allí se han quedado nuestros hermanos de misión. Esperamos y confiamos que el Señor esté con ellos”.

Su misión se encontraba desde hace cuatro años en la ciudad de Vinnytsia. A las pocas horas de tomar la decisión de tomar la furgoneta y salir rápidamente de allí empezaron a caer bombas en las inmediaciones. Rubén condujo prácticamente 24 horas sin parar mientras los niños, todos muy pequeños, fueron “unos benditos”, según afirmaba su madre. El único problema se produjo con la bebé, que nació el pasado 22 de diciembre, y no tenía todavía papeles, y por tanto ni pasaporte ni salvoconducto, lo que produjo una cierta tensión en la frontera con Hungría.

Finalmente, el proceso administrativo será resuelto la próxima semana en la embajada española en Budapest para así poder emprender el viaje de regreso hasta España.

Sobre Ucrania, este matrimonio asegura:  "es una sociedad que ha sufrido mucho, que tiene un carácter muy duro y muy fuerte y la verdad es que no son expresivos. Lo viven con mucha tranquilidad y eso se contagia. Y no es que vivan engañados ni nada de eso. La gente está informada, se habla de ello y hay muchas noticias que se escuchan en Europa y que llegan aquí”.

Javier Lozano, Aleteia

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martes, 1 de marzo de 2022

Sacerdote en Ucrania: «No voy a huir. Estoy listo para confesar y celebrar la misa»

Polacy pomagają Ukraińcom na granicy



Los polacos se vuelcan en la ayuda a los ucranianos en la frontera: "Recibimos tanto amor y compasión que es difícil expresarlo con palabras"

“Tanto amor, tantas llamadas telefónicas, tanta simpatía que recibimos y todo lo que he recibido personalmente y toda Ucrania está recibiendo de Polonia. Es difícil expresarlo con palabras. Sabemos cuáles son los problemas históricos entre Ucrania y Polonia, pero en este momento Polonia es simplemente alguien más cercano a mí, que se solidariza y ayuda ”, dice el p. Andrzej Lalik, vicario de la parroquia de la Natividad de St. Juan Bautista en Mościska, cerca de Lviv.

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Las personas que buscan seguridad migran a la frontera polaca. Muchos de ellos pasan por Mościska.

Padre Andrzej Lalik: Sí, es verdad. Mostiska es la última gran ciudad ucraniana antes de la frontera. La ruta principal al cruce fronterizo en Medyka pasa por aquí. Mi ciudad ha cambiado por completo desde el jueves. Todas las calles han sido bloqueadas por autos, hay enormes colas, miles de personas caminan con bolsas, con niños pequeños hacia la frontera.

Polonia ha eliminado todos los obstáculos y ha facilitado el cruce de fronteras. Aquí no solo hay ucranianos, sino también muchos africanos, asiáticos, personas que hablan diferentes idiomas, que quieren ir a Polonia.

¿Cuál es su situación?

Padre A.L.: Muy trágica. Se llevaron sus cosas, se llevaron a los niños y van a pie. El paso fronterizo está a 15 km de Mościska. Y estos kilómetros los recorren a pie, de día y de noche. Dejan sus maletas en el camino porque no pueden caminar. Son principalmente mujeres y niños pequeños, porque el gobierno ucraniano prohíbe a los hombres de entre 18 y 60 años salir de Ucrania.

Repartimos sándwiches y té caliente. Por la noche, una madre con niños pequeños caminaba junto a nosotros, cargando bolsas. Uno de los niños estaba enfermo y tosía mucho. Y aquí hay tantos kilómetros. Le ofrecimos alojamiento, pero ella quería ir más lejos hacia Polonia.

¿Está aumentando el número de inmigrantes?

Padre A.L.: Sí, hay miles, miles de personas. Muchos vienen en coches. Las mujeres con niños se juntan y los autos están abarrotados. Esperan en fila durante al menos un día y medio, e incluso dos días y medio, para cruzar la frontera. La fila de autos se extiende de 25 km a 40 km.

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¿Cuál es la temperatura por la noche?

Padre A.L.: La temperatura podría ser -1. Aquí termina la ciudad y comienza el bosque. No hay baño, está todo oscuro, trágico. Lo siento mucho por todas aquellas personas que se van de Ucrania. Estoy convencido de que muchas personas se van de Ucrania porque han sucumbido al pánico. Especialmente aquí. En el oeste es más seguro. No hay tropas rusas, ni bombas, y nadie dispara.

¿Cómo está pasando este tiempo la comunidad parroquial?

Padre A.L.: Desafortunadamente, algunos de nuestros feligreses también se fueron a Polonia. Todo el mundo tiene una familia o hijos allí. Aquí, la parroquia ayuda. Cuando hay pobreza, la gente se une. Incluso los que no convivían bien vienen al presbiterio a cocinar algo, lo sacan a la calle y lo ofrecen a la gente.

Hubo un problema con la ropa de cama o los colchones. La gente empezó a traer sus propias almohadas, edredones y colchones. Comparten con los refugiados que duermen en la escuela. La parroquia también está a la altura. Ayudamos donde y como podemos. Nadie se arrepiente de ofrecer su dinero, los recursos materiales, el coche, el combustible o la comida para compartir.

¿Cómo vive su sacerdote esta situación?

Padre A.L.: Lamento que Rusia haya invadido Ucrania y que haya una guerra, pero no voy a huir, no me voy a esconder. Me paro en mi puesto, listo para confesar, para celebrar la Misa.

Oramos mucho. En la parroquia organizamos adoración al Santísimo Sacramento, rosarios, vía crucis y encaje. Celebramos misas como antes de la guerra. Ninguno de nosotros los sacerdotes escapó. Todos en la diócesis están en su lugar y listos para estar con los feligreses hasta el final.

La parroquia de Mościska está cerca de la frontera con Polonia. ¿Cómo percibe las reacciones de los polacos ante lo que está sucediendo en Ucrania?

Padre A.L.: ¡Lo único que puedo decir es un gran agradecimiento! Dios bendiga a todos los polacos, compatriotas que tanto nos ayudan. Tanto amor, tantas llamadas telefónicas, tanta simpatía que recibimos y todo lo que he recibido personalmente y toda Ucrania está recibiendo de Polonia, es difícil expresarlo con palabras.

Sabemos cuáles son los problemas históricos entre Ucrania y Polonia, pero en este momento Polonia es simplemente alguien más cercano a mí, que se solidariza y ayuda.

¿Qué es Ucrania para ti?

Padre A.L.: La patria primera. Nací en Ucrania, pero vengo de una familia polaca y tengo ciudadanía polaca. Me encanta Ucrania y Polonia. Y me duele el corazón por mi país, porque sé que la guerra no conduce a nada bueno, sino a la destrucción y la muerte. ¿Por qué deben llorar las madres y los niños? ¿Por qué los hombres deben morir en la guerra?

Artículo por Pawel Keska en la edición polaca de Aleteia

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«La misa estaba terminando cuando cayeron los cohetes»

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Los rusos bombardearon la curia en Kharkiv (Vídeo). Un misil ruso golpea el techo del edificio y destroza una de las habitaciones

Como informó en «Kurier Lubelski», el vicario de la parroquia catedralicia de la Asunción de la Santísima Virgen María en Kharkiv, p. Wojciech Stasiewicz, uno de los misiles disparados por las tropas atacantes cayó sobre el edificio de la curia católica romana local.

El ataque tuvo lugar hoy (1 de marzo) alrededor 8:00 hora española. Un misil ruso golpeó el techo del edificio de la curia y destruyó una de las habitaciones del ático. Afortunadamente, no había personas en la habitación en el momento del tiroteo.

«La misa acababa de terminar. Sobrevivimos de milagro. Gracias a Dios nadie resultó herido, porque estábamos en el piso de abajo» – dice el p. Stasiewicz.

El video compartido por el clérigo muestra que la habitación donde impactó la bala quedó completamente devastada.

Según las grabaciones facilitadas por la parte ucraniana (hasta ahora no verificadas por fuentes independientes), en los disparos de ayer contra Kharkiv, los rusos utilizaron munición de racimo (splash), que está prohibida por el derecho internacional y tiene un área de tiro particularmente grande. La ciudad fue atacada como una de las primeras en la guerra en curso y se libran feroces batallas.

Karol Wojteczek, Aleteia 

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Nueva Evangelización. (III) Fundamentos del método


 

Volvamos al texto de la conferencia sobre la Nueva Evangelización, que el Card. Joseph Ratzinger pronunció en el año 2000. El siguiente tema tratado en la conferencia es el método que debemos emplear para llevar a cabo la Nueva Evangelización. Pero ¿Qué es método? Método, según la RAE, es: “Modo de obrar o proceder, hábito o costumbre que cada uno tiene y observa”. También se puede definir como : “Procedimiento que se sigue en las ciencias para hallar la verdad y enseñarla”. En resumen, el método para la Nueva Evangelización es un conjunto de bases que debemos seguir para anteponer a Cristo y compartirlo con los demás.

Para determinar el método, lo primero que nos señala el Card. Ratzinger es que “No buscamos atención para nosotros, no queremos aumentar el poder y la extensión de nuestras instituciones, sino servir al bien de las personas y de la humanidad, dando espacio a Aquel que es la Vida”. Buscamos: “hacer accesible y comprensible la voz del Señor”. Buscamos que el protagonista sea Cristo. San Juan el Bautista, prototipo de evangelizador, decía: “Es necesario que Él crezca y yo disminuya” (Jn 3,30). Cuando decimos que la voz del Señor debe ser accesible y comprensible, no se trata de cambiar el Mensaje para que sea más fácil de aceptar en la sociedad del siglo XXI. El objetivo es transmitir la Buena Noticia en el siglo XXI.

Hoy en día abundan adaptaciones de los Evangelios. Adaptaciones que olvidan o borran lo que desagrada y maximizan todo lo que es agradable de escuchar. Dicen que esto ayuda a que el ser humano acepte la fe; pero al retocar el Evangelio, lo que proponemos no es la fe completa y verdadera, tal como Cristo nos la entregó. El Card. Ratzinger lo tiene muy claro, indicando que: “Esta renuncia al propio yo, ofreciéndolo a Cristo para la salvación de los hombres, es la condición fundamental del verdadero compromiso por el Evangelio”. La Nueva Evangelización debe llevar a todos el Mensaje Cristiano, tal cual lo hemos recibido. Si algo debemos minimizar o hacer desaparecer, es a nosotros mismos y nuestro protagonismo: “...evangelizar  no  es simplemente una forma de hablar, sino una forma de vivir: vivir en la escucha y hacerse voz del Padre” [...] “De esta ley de renuncia al yo se siguen consecuencias muy prácticas”. De hecho, el método que se propone sigue esta renuncia al yo, tal como Cristo nos mostró en su vida.

Todo lo que hagamos y digamos para evangelizar debe centrarse en Cristo y en la Esperanza que nos transmite el Evangelio. Debemos utilizar los medios de comunicación que tenemos actualmente a nuestra disposición, pero debemos utilizarlos maximizando a Cristo y minimizando nuestro protagonismo. Para que nuestro ego no se dedique a proponer que somos nosotros los líderes a seguir, lo mejor es partir del silencio interior y la oración. En la conferencia esto se indica claramente de una forma real:

"Jesús predicaba de día y oraba de noche". Con esta breve noticia quería decir: Jesús debía conseguir de Dios a los discípulos. Esto mismo es válido siempre. No podemos ganar nosotros a los hombres. Debemos obtenerlos de Dios para Dios. Todos los métodos están vacíos sin el fundamento de la oración. La palabra del anuncio debe siempre sumergir en una intensa vida de oración. (Joseph Ratzinger. Conferencia sobre la Nueva Evangelización - 2000)

Sí, el silencio que nos permite orar. ¿Orar? Cristo oraba en silencio de noche. Esto le permitía acercarse al Padre y suplicarle fuerzas para seguir adelante y al mismo tiempo, fuerzas para dejar el ego a buen recaudo. Para que la Semilla del Evangelio germine en nuestro ser, debe caer a tierra y morir (Jn 12,24). "No se dará otro signo que el signo del profeta Jonás" (Lc 1,29), dijo el Señor. El signo de Jonás es Cristo crucificado. Ante Él, toda rodilla de doble. ¿Cómo orar? Leamos de nuevo la parábola del Publicano y el Fariseo (Lc 18,9-14). Ambos oraban, lo hacían de forma muy diferente. La oración que nos acerca a Dios no es la del fariseo, sea para darse gloria a sí mismo, sea para dolerse de cómo le maltratan los malvados que no le dan la importancia que él cree tener.

¿Cómo desarrollar acciones para la Nueva Evangelización siguiendo lo que el Card. Ratzinger nos indica? No es sencillo. 

La Divina Proporción, ReL

Vea también           Nueva Evangelización:  ¿Qué es? (I)  

                        y   Nueva Evangelización: Estructura (II)


























«¿Quiere un niño con retraso mental y deforme?»: así se presiona en la Sanidad española para abortar

La terrible experiencia de Rebecca, que finalmente ha encontrado
su apoyo en RedMadre



Rebecca está ya cerca de dar a luz en un embarazo que ha sido
 una lucha para que la vida prevalezca 

Rebecca ha experimentado durante estos meses unos sufrimientos y dificultades en un momento en el que debería abrirse paso la alegría, la esperanza y la vida. Está embarazada, aunque su experiencia está marcada por una gran presión para abortar por parte de la sanidad pública española por un único motivo: su hijo por nacer tiene síndrome de Down.

"¿Usted quiere un niño con retraso mental y deforme?", le llegaron a preguntar los médicos que la atendían. Frente a esta presión abortista que se produce en estos diagnósticos, Rebecca ha encontrado el apoyo incondicional de RedMadre, que le ha prestado toda la ayuda necesaria. Incluso algunas voluntarias han llegado a acompañarla a las ecografías.

Tan sólo en 2020, en plena pandemia, RedMadre ayudó a más de 50.000 mujeres que solicitaron su ayuda, y que gracias a ella decidieron no abortar y seguir adelante con sus embarazos.

Esta mujer paraguaya residente en España ha contado su dura historia en un reportaje de Sandra León en Libertad Digital. Rebecca no ha tenido nunca una vida fácil. Siendo una niña fue violada en su país, y en la adolescencia sufrió otro intento de violación. Estos sucesos le marcaron profundamente, hasta tal punto que decidió que nunca tendría hijos. Pero entonces llegó este inesperado embarazo.

En un primer momento –asegura- el mundo se le vino encima, pero rápidamente vio que quería tenerlo. Rebecca recuerda que “la hermana de mi pareja me dijo que tenía que abortar. Tuvimos una discusión muy fuerte y creo que esa fue la primera vez que desperté mi lado maternal, porque ya entonces le defendí con uñas y dientes”.

El apoyo vital de RedMadre

Esta situación provocó la ruptura con su pareja, por lo que finalmente esta joven se enfrentó sola a todo lo que esperaba por venir. Fue entonces cuando alguien le recomendó que fuera a RedMadre, y una de sus voluntarias, Esperanza, fue con ella a la primera ecografía.

"Estuvimos casi 40 minutos en la sala, porque no se le veía bien el corazón. Después, descubrieron un bultito que indicaba que podría tener síndrome de Down", explica

Este fue el inicio de un calvario en el sistema público de salud. Rebecca relata que los médicos le dijeron que sería derivada a una cardióloga y que además debía someterse a una amniocentesis. La voluntaria de RedMadre objetó ante el médico y abogó por esperar. “La respuesta de los médicos fue que lo mejor era hacerlo cuanto antes para ver qué decisión quería tomar”, afirma.

RedMadre atendió en 2020 a casi 50.000 mujeres

RedMadre atendió en 2020 a casi 50.000 mujeres, tanto con ayuda material como psicológica y emocional.

Pero Rebecca en ese momento tenía muy clara su postura: "es mi hijo y, venga como venga, le voy a aceptar". Pero lo que no esperaba era la terrible respuesta de la doctora: "me dijo… ‘Desde mi punto de vista, este niño tiene síndrome de Down. ¿Usted quiere un niño con retraso mental y deforme?’ Esas fueron sus palabras".

Rebecca asegura que esta fue la primera de un sinfín de invitaciones y presiones para abortar bajo el eufemismo de “interrumpir” el embarazo. Ella lo cuenta así: "me han repetido hasta la saciedad esa frase y yo siempre digo que interrumpir se puede interrumpir la luz, porque la apagas y luego la puedes volver a encender. A un bebé no se le interrumpe, a un bebé se le mata".

Al final, aunque no sabe por qué accedió se realizó a amniocentesis, bajo promesas de que era una prueba invasiva pero “con bajo riesgo”. Un día después le confirmaron que el bebé tenía síndrome de Down y además una cardiopatía grave. De nuevo, otra invitación a abortar. “Si quieres interrumpir tu embarazo, puedes presentarte el lunes sin cita previa”, le dijeron, pero obviando cualquier otra alternativa que no pasara por acabar con la vida de su hijo.

Sola, desesperada y confundida, la presión pudo con ella y tras salir llorando pasó por un puente del sur de Madrid y pensó en suicidarse. “Cuando estaba a punto de lanzarme, una pareja joven, de unos 16 o 17 años, empezó a hablar conmigo y a preguntarme qué me pasaba. Me hicieron entrar en razón y me ayudaron a bajar, pero la situación seguía siendo la misma”, señala a Libertad Digital.

"Me están destruyendo psicológicamente"

Ir al hospital provocaba en ella una ansiedad que la impedía dormir. De hecho, confirma que hasta la semana 24 la siguieron presionando para abortar. Pero entonces Rebecca estalló: "cuando vino el médico y me dijo que todavía podía interrumpir mi embarazo, empujé la mano al residente que me estaba haciendo la ecografía, me levanté de la camilla, me estiré la blusa con rabia y les dije: ‘Estoy harta de ustedes, estoy cansada, me están destruyendo psicológicamente. Son médicos y creo que, como en mi país, hacen un juramento para salvar la vida. Desde la semana 12, soy consciente de todos los problemas que tiene mi hijo, pero, venga con una mano o con un solo ojo, yo le voy a aceptar, así que déjenme en paz y respétenme’".

Esta joven afirma que desde entonces nunca más le han dicho nada de abortar, pero por el contrario ahora es tratada con total indiferencia. Es más asegura que está “marcadísima y el trato es de indiferencia y frialdad. El médico prácticamente ni me habla cuando voy a consulta. No me quieren decir cuánto pesa mi bebé o, si les pregunto cómo va, me evaden todas las preguntas”.

De nuevo, RedMadre ha sido su gran sostén, y gracias a esta plataforma puede ir a un cardiólogo que le da un análisis completo, con lo bueno y con lo malo.

Está cerca de dar a luz y sabe que Bastian podría morir. "Puede que muera dentro de mí, al nacer, o que viva tan solo unos meses, pero la cardióloga me ha dicho que también hay niños que, tras varias operaciones, hoy tienen 9 años. Y ahí está la diferencia. Su trabajo es informar objetivamente de las dos cosas, no solo de una. Informar y respetar tu decisión, cosa que en mi caso no han hecho en ningún momento", añade

"Una chica en mi misma situación, pero que esté sola, que no conozca ninguna red, que no tenga ese apoyo, a la que nadie le aliente y le explique que puede salir adelante, es evidente que va a abortar. Hasta yo, que por mis creencias no lo contemplaría nunca, me lo llegué a plantear", confiesa Rebecca refiriéndose a la importancia de RedMadre.

Desde la asociación –asegura la joven- le han dicho "que no me preocupe de nada, que, cuando el bebé nazca, ellas se encargan de llevarme un carrito al hospital y lo que me haga falta".

Por ello, anima a todas las mujeres que puedan pasar por su misma situación que pidan ayuda: “tienen que saber que de todo se sale y que un bebé te puede curar hasta la herida más profunda que tengas en el corazón. Que digan sí a la vida, porque no hay mejor cosa que ser mamá y creo que no hay mejor forma de defender el sexo femenino que la maternidad", sentencia”.

ReL

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