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domingo, 14 de noviembre de 2021

¿Cómo enseñar la belleza de la verdad a un niño que miente?


No es raro encontrarse con las mentiras de un niño. El origen de su mentira depende en parte de su edad. Sin embargo, ¿cómo le presentas al niño la verdad? ¿Cómo podemos compartir con él que la honestidad nos permite ser verdaderamente libres y felices?

Con la llegada del lenguaje, los niños descubren el poder de la comunicación. Desde la dulzura de un «te amo» hasta la dureza de una crítica, la variedad de la comunicación permite una inmensa paleta de compartir emociones, eventos, ideas, valores. El lenguaje también permite decir la verdad … y decir lo falso.

El niño pequeño puede maravillarse con el poder creativo del lenguaje y, en los primeros años de su vida, crearlo. ¡No tanto para mentirles a sus padres, sino porque se le abre un universo ilimitado! Desde la mejor destreza deportiva en el patio de recreo hasta las aventuras de su amigo imaginario, las palabras lo transportan a un mundo imaginario y maravilloso.

Pero, ¿qué hacer cuando el niño miente deliberadamente? ¿Cuando esconde su fracaso o disfraza su accidente? ¿Cuando culpa a su vecino o cuando se niega a asumir la responsabilidad? El miedo es a menudo el meollo del problema: ¿puede parecer tan miserable frente a sus padres? Sus padres lo aman: ¿no se sentirán decepcionados de tener un hijo como él?

La gracia y la fuerza que recibe la mujer samaritana para atreverse a contar su historia en verdad es el escenario que habilita a Cristo para actuar en su vida.

El episodio de la mujer samaritana da pistas sobre estas preguntas. Jesús le dijo: «Dame de beber» y ella se ofendería ante tal petición ( Jn 4, 7 ). Un niño sorprendido en el acto o interrogado sobre algo que sabe que no es muy reconocible también se siente agredido. Puede decirse a sí mismo: «¿Cómo me pides que justifique este punto de mi historia?» ¡Me molestas ! «

“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, eres tú quien le habría pedido, y él te habría dado agua viva. En ese momento, a los padres les gustaría decirle a su hijo: «Sospecho tu error, pero si supieras cuánto te amo, ¿me dirías quién eres realmente y qué has hecho?». Jesús le respondió: «El que beba de esta agua volverá a tener sed». Con este mismo espíritu, los padres se sienten bien: «Si no me dices la verdad, tu corazón se mantendrá agitado, no estarás en paz, ni contigo mismo, ni con nosotros».

Feliz el niño que se atreve a creer en tal amor

Entonces la mujer samaritana comienza a desear esta agua para evitar el cansancio de ir a sacar del pozo. ¿Quizás encontrar descanso? El niño también se siente llamado a creer en este amor que amaría más allá de su culpa. ¿Puede abrirse con honestidad y encontrar la paz?

Más adelante, la mujer respondió: “No tengo marido. Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido». La gracia y la fuerza que recibe la mujer samaritana para atreverse a contar su historia en verdad es el escenario que habilita a Cristo para actuar en su vida. Entonces Jesús puede unirse a ella y ella encuentra paz, y más adelante en el pasaje, ¡alegría! ¡Va a llamar a los habitantes del pueblo!

Cristo habló en verdad, expresando hechos, sin acusar y sin menoscabar la realidad de la vida de la mujer. Los padres están invitados al mismo proceso: ponga las palabras correctas en el suceso e invite al niño a revelarse. Juzgar no curará la herida, pero decir la verdad de su historia, incluso si esa verdad no es muy bonita (como la vida amorosa de la mujer samaritana), es liberador. Esta verdad es una fuente de paz y alegría, porque solo ella les permite continuar su viaje con un corazón en paz.

Bienaventurados los padres que logran demostrarle a su hijo que su amor por él y la verdad sobre su historia es mayor que cualquier error que pudiera cometer. ¡Feliz el niño que se atreva a creer en tal amor, correrá hacia los demás para hablar de estas maravillas!

Caroline Moulinet, Aleteia

 

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Método infalible para enseñar a decir la verdad

CHILD LIES



Desde la más tierna infancia, tenemos que ayudar a nuestros hijos a decir la verdad. Pero, para ello, primero hay que comenzar por dar buen ejemplo.

La armonía tan valiosa para la vida familiar pasa por un clima confianza que necesita sinceridad. Por desgracia, constatamos en nuestros hijos una aptitud para la mentira que se prolonga seriamente en la adolescencia. ¿Qué hacer para salir de estas espirales traicioneras que minan la confianza y nos ponen en un nefasto estado de sospecha?

AYUDAR AL NIÑO A VERBALIZAR EL MIEDO QUE LE IMPULSA A MENTIR

La gravedad de esta actitud depende, evidentemente, de la edad del niño pero, como ya sabemos, si dejamos que se instale una mala tendencia permitimos que se convierta en hábito e incluso dependencia, tanto que se vuelve difícil pasar sin ella. A partir de los seis años, muchos niños tienen esta tendencia a no decir la verdad. ¡Cuidado! No decir la verdad con esta edad no es todavía mentir aunque, de hecho, el niño pueda intentar ocultar la verdad.

Esta reacción es, a menudo, la consecuencia del temor que lo inunda al darse cuenta de que ha hecho una travesura, que ha lastimado a su hermano o que ha sido sancionado en el colegio. El miedo es mal consejero y desencadena un comportamiento inapropiado.

El papel de los padres es, por tanto, ayudar al niño a verbalizar este temor que le impulsa a ocultar la verdad y, luego, a liberarse de este miedo. “Falta confesada, medio perdonada”, dice un refrán francés.

Para que el niño lo crea, comencemos por aprender nosotros mismos a no dejarnos invadir por nuestras emociones, como la inquietud por una mala nota o un retraso, la ira frente a una desobediencia o una pelea… Al contrario, sepamos aceptar estos acontecimientos con la perspectiva que conviene a todo educador. Entonces, el niño liberado del temor frente a las reacciones parentales podrá encontrarse más cómodo en la verdad.

NO ETIQUETAR

No encasillemos al niño reduciéndolo a su acto. Es muy diferente decirle “No has dicho la verdad” que “Eres un mentiroso”. Dediquemos el tiempo necesario a nuestros pequeños para hacerles decir toda la verdad. Sin embargo, la revelación de la verdad no significa reparación y es esta reparación exigida por los padres lo que permitirá el perdón total de la falta.

DAR BUEN EJEMPLO A LOS NIÑOS

Sin embargo, cómo podría el niño aprender a ser sincero si nosotros, sus padres, nos permitimos “disfrazar” la verdad: ¡qué fácil es poner una excusa para ocultar la verdadera razón de una ausencia! ¿Cuántos padres ajustan la planificación escolar con falsas coartadas (es decir, mentiras)?

Esta actitud cómoda es contraria a la rectitud que reclama la sinceridad. ¿Nos sorprenderíamos entonces por que nuestro adolescente fuera coherente con aquello que ve y vive? Disfrazar la verdad, mentir, hacernos un favor… Pero ¿qué ejemplo somos para nuestros hijos?

Inès de Franclieu, Edifa


































lunes, 17 de mayo de 2021

No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad. 3 Juan 1:4

 

"Una antigua leyenda china cuenta que un día un emperador convocó a jóvenes de todo el reino a la capital. Cuando se reunieron en el patio del palacio real, se dirigió a ellos diciendo: "Cuando yo muera, uno de vosotros se convertirá en el próximo emperador. Al salir hoy de aquí, mis servidores os darán a cada uno una semilla mágica. Debéis plantarla, nutrirla y cuidarla. Dentro de un año, volveréis aquí con vuestras plantas y, al mirarlas, sabré quién es digno de ser el próximo emperador". Cada joven tomó su semilla y se apresuró a volver a casa, lleno de emoción y determinación, incluido un joven llamado Ling. Plantó su semilla y la regó fielmente cada día, pero no brotó. Todos sus amigos, ayudados por sus padres, se jactaban de que sus semillas habían dado lugar a grandes y hermosas plantas, pero Ling no tenía nada que mostrar por sus esfuerzos, y se sentía avergonzado y abochornado.

Cuando terminó el año, Ling tenía miedo de volver al palacio del emperador, pero su madre insistió en que era su deber ir, así que partió. El patio real estaba lleno de jóvenes que llevaban hermosas flores, arbustos e incluso pequeños árboles, y Ling, avergonzada, trató de esconderse en un rincón. Cuando el emperador salió, no pareció impresionado por la gran cantidad de plantas florecientes. Sin embargo, al ver a Ling, ordenó a los guardias que lo hicieran pasar. Todo el mundo se rió ante el espectáculo de aquel joven sosteniendo una simple vasija de arcilla carente de vida, y el propio Ling temió que estuviera a punto de ser condenado a muerte por su fracaso. Sin embargo, para sorpresa de todos los presentes, el emperador anunció: "Hoy he elegido a vuestro nuevo emperador. Contempladlo. Es este muchacho". Ling tartamudeó: "Pero, pero, su majestad, no lo entiendo; no he conseguido que crezca nada de mi semilla". El emperador explicó: "Esa es la cuestión. Hace un año les di a todos los presentes no una semilla mágica, sino una piedra ordinaria; nadie pudo cultivar nada con ella. Todos los que están aquí son un fraude. Sólo tú has tenido el valor y la honestidad de volver aquí y decirme la verdad, ¡y por eso sólo tú tienes madera de emperador!"

Christian Art

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miércoles, 4 de diciembre de 2019

¿Te has enfadado con Dios?

5 formas de enojarte con Dios y sincerarte con Él en la oración

SAD,WOMAN

Muchas veces nos enojamos con Dios y luego nos viene un terrible sentimiento de culpa porque pensamos que no está bien, porque pensamos que nuestra fe y nuestro amor son débiles.
Cuando nos pasa esto es importante pedir la ayuda del Espíritu Santo para que nos enseñe a comprender que la oración es un clamor íntimo, un río que brota de lo más profundo de nuestra interioridad y que no puede contenerse. 
Esto no significa que nuestro diálogo con Dios sea una cascada descontrolada de emociones y sentimientos; pero sí quiere decir, que debe ser un cauce natural por donde nuestro espíritu se encuentre con Él. Debe ser el encuentro de dos hambres, de dos personas que se aman; y porque se aman difieren, dialogan, discuten…
Por eso no tienes que sentirte mal si te molestas con Dios. Más bien toma en cuenta estas 5 ideas para que sepas manejarlo y no se convierta en un enojo que te aleje de tu Padre.
Antes de comenzar les advierto que las respuestas corresponden a la lógica de un Padre que nos ama profundamente y que quiere que disfrutemos de su amor, aunque muchas veces nosotros pensemos que no nos está amando.

1. Cuando parece que Dios no nos escucha y no nos responde


© Fred de Noyelle / Godong

Ante esta afirmación, una clave: Dios siempre tiene los oídos atentos a nuestras súplicas, los que muchas veces no tenemos idea si nos escuchó o no, somos nosotros, y dudamos. Sí, dudamos, nos enojamos y nos quejamos de que no nos escucha porque no nos responde nada…
Más de una vez me han preguntado: ¿cuando rezas cómo sabes que Dios te escucha?, ¿cómo puedes escucharlo tú a Él?
Sinceramente me es muy difícil explicarlo y siempre digo lo mismo: si tu oración es de criatura a creador es muy difícil escuchar algo; en cambio, si tu oración es de hijo a Padre, seguro que escucharás.
Si eres su hijo, Dios para ti no es un agente externo, un gran y todopoderoso personaje superior. Si eres hijo, Él es el sujeto agente de tu vida, el que mueve tu existencia desde dentro, el que te recrea y te llama todos los días a la vida.
Cuando comprendemos que Cristo vive en nosotros y que a través nuestro se dirige al Padre (como hijo), nuestra oración cambia.
Por eso, si te enojas porque Dios no te dice nada, enójate contigo mismo porque te estás olvidando de quién es tu Padre y cómo dirigirte a Él.

2. Cuando no queremos hacer lo que Él nos pide


© shutterstock - Tianika

No es que no escuchemos a Dios, es que no queremos escuchar a Dios. Lastimosamente tenemos sordera selectiva. Cuando Él nos pide cosas maravillosas y bonitas, somos todo oídos; pero, cuando la cosa se pone difícil, de pronto no escuchamos bien y nos enojamos porque no nos gusta lo que tiene para decirnos.
Admito que la mayoría de veces es difícil seguir al Señor cuando las cosas que nos pide tienen que ver con la Cruz. Nosotros, como los apóstoles, nos llenamos de miedo ante el sufrimiento y la muerte, pero todo se entiende si miramos la Cruz desde el amor.
Si Jesús es el sujeto agente de mi vida, también lo será de mi oración. Se trata de, poco a poco, permitir que el Espíritu Santo nos una a Cristo y así, en la oración, experimentando lo que experimenta Cristo, poderlo amar más y llegar a pensar y sentir como Él.
De esta forma no habrá un espacio tan abismal entre nuestra propia humanidad débil y nuestro deseo de querer estar con Él en la Cruz.
Por eso, desde la lógica del amor, si me voy haciendo uno con Él, las cruces serán cada vez menos pesadas.

3. Cuando nuestra vida es un desierto


DEPRESSED
Marjan Apostolovic - Shutterstock

Frente a la prueba es muy fácil pensar que Dios nos ha abandonado. Y es que puede suceder que nos permita pasar un desierto de dolor, de dudas y de sequedad para purificar nuestro amor y nuestra fe.
Santa Teresita, al final de su vida tuvo una prueba interior de fe y de esperanza; días muy duros en los que no le era fácil creer, pero ella dijo que jamás había hecho tantos actos de fe durante su vida.
Cuando vivimos tiempos difíciles, estamos obligados a hacer actos de fe, a permitirnos creer sin ver:
Señor tú no me das las respuestas que yo quisiera, pero yo quiero creer en ti
Es en los momentos de sequedad donde nuestra fe se hace más profunda, donde la fe se convierte en una decisión que implica toda mi libertad y toda mi confianza.
En definitiva, yo siempre elijo lo que quiero creer, yo soy el que decido creer.

4. Cuando no queremos rezar porque eso nos enfrenta con nuestras propias oscuridades


Andrei Kobylko | Shutterstock

A veces rezar es doloroso, nos enfrenta con nuestros temores, nuestras angustias, nuestras miserias, nuestras faltas… y esto a nadie le gusta… pero, aunque parezca paradójico, nos llena de paz depositar nuestra pequeñez ante Jesús. Es ahí donde podemos ser sanados, es ahí donde podemos ser salvados. 
Los seres humanos estamos acostumbrados a vivir de apariencias, tenemos la sensación de que todo lo podemos y que mostrarnos necesitados es signo de debilidad; pero Dios nos va convenciendo, poco a poco, con los acontecimientos de nuestra vida, de que no somos nada.
Él permite en nuestra vida callejones sin salida para que, enfrentándonos a ellos, nos demos cuenta de que tenemos que ser constantemente creados desde la nada.
La humildad nos pone en la paz de decir que no soy ni lo que los demás piensan de mí, ni lo que yo pienso; sino lo que Dios piensa.
La oración es una hermosa invitación a reconciliarnos con nuestra humanidad para dejarnos amar y santificar. Como dice santa Teresita: “lo que agrada a Dios de mi pequeña alma, es que ame, mi pequeñez y mi pobreza“.
En tu oración permítete decirle constantemente al Señor: “el que amas está enfermo”, y Él te dirá: “camina en la fe y la esperanza de que serás curado“.

5. Cuando estamos molestos con Él pues no entendemos por qué pasan las cosas


© SHUTTERSTOCK / LENETSTAN

A veces la rebeldía ante Dios obstaculiza nuestra relación con Él. Hay momentos en los que decimos con el profeta Jeremías: “Me han decepcionado y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua” (Jer 2,13). O le decimos: “Señor, me he comprometido por ti y me has dejado sin nada”.
Son momentos duros en que hemos perdido el entusiasmo y no tenemos consolación. En estas ocasiones es bueno hacer dos cosas: abrirle nuestro corazón, así como está, expresarle todas nuestras dudas, y pedirle al Espíritu Santo que nos dé la gracia de respondernos¿Cuál es el desafío que me está siendo dirigido? ¿Cuál es el acto de fe que estoy llamado a realizar? ¿Cuál conversión en el amor? 
Cuando Dios nos da la gracia de entender eso, la prueba toma sentido. Así, a pesar del contexto negativo que vivo, tengo la libertad que nadie me puede quitar, la libertad de elegir sacar un bien del mal que se me presenta.
A veces se tiene la impresión que todo está perdido, de que el mal no va a desaparecer nunca, pero siempre hay un bien posible. ¿Cuál es el bien que Dios quiere que yo haga?
No nos busquemos tanto a nosotros mismos en la oración, dejémonos purificar por Dios, Él quiere que aprendamos a rezar de forma realista, a tener paciencia y a esperar en Él.
Tratemos de liberar nuestro corazón de falsas expectativas de las personas, de la realidad, de nosotros mismos, de nuestras comunidades… somos libres cuando aceptamos nuestra propia miseria, cuando aceptamos a los demás con sus límites así me hayan decepcionado.
Solo así Dios nos dará la luz en nuestra oración, quizá no una luz inmensa y permanente, sino la luz que necesitamos para cada día.


domingo, 11 de noviembre de 2018

¿Para qué sirve un noviazgo?

Un buen noviazgo no acaba necesariamente en boda

COUPLE
Rock and Wasp - Shutterstock
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El noviazgo no es una etapa definitiva: es un periodo que debe servir para que los novios se conozcan suficientemente y para saber si quieren o no compartir un futuro juntos. Por tanto, un buen noviazgo no necesariamente acaba en boda sino que el noviazgo logrado es el que nos permite llegar a tomar la decisión libre y madurada de seguir adelante y casarnos o de romper nuestra relación.
¿Y qué hace falta para que un noviazgo pueda cumplir estos fines, de conocernos y decidir dar o no el paso de compartir la vida?
Por un lado, hace falta tiempo: no hay una medida que defina cuánto debe durar el noviazgo perfecto porque depende de muchas circunstancias (por ejemplo de la edad de los novios, de si tienen o no los recursos imprescindibles para dar el paso al matrimonio…) pero es necesario el tiempo suficiente para conocerse y para saber, a grandes rasgos, qué proyecto de vida nos planteamos juntos. 
Ahora bien, para conocerse no basta con pasar tiempo juntos: es necesario que en ese tiempo hablemos de lo que para cada uno es importante y eso sólo se consigue compartiendo momentos en los que poder hablar y escuchar al otro; sin interrupciones ni múltiples notificaciones (teléfonos, redes, likes….) que desvíen nuestra atención.
Para conocerse hay que pasar tiempo juntos, solos; pero también es necesario y muy importante no aislarse sino compartir tiempo y relacionarnos con familiares y amigos, para irnos conociendo en todas las facetas y circunstancias de nuestra vida.


RANDKI, KIEDY DAĆ DRUGĄ SZANSĘ
Pablo Merchán Montes/Unsplash | CC0

Además de tiempo, en un bueno noviazgo son necesarias la sinceridad y la confianza: es verdad que, al iniciar una relación, tendemos a mostrar lo más atractivo y positivo de nosotros mismos. Pero, para que la relación progrese, uno tiene que mostrarse tal cual es: ser uno mismo es muy importante porque si no el otro se estará enamorando de una imagen falsa de nosotros mismos, pero no de la persona que somos. Y para poder ser sincero con alguien es necesario que entre ambos se cree un clima de confianza: si no me fío de ti, ¿cómo voy a compartir contigo lo que para mí es importante? La desconfianza lleva a ponerse a la defensiva e impide que uno se muestre como es.  Por eso, en realidad, tiempo, sinceridad y confianza van unidos: hace falta tiempo para generar la confianza necesaria para poder mostrarse en sinceridad y verdad. 
La sinceridad se refiere no sólo a que expresemos lo que nos gusta o disgusta, a que dejemos ver nuestras virtudes pero también los defectos…sino que se refiere también a otro aspecto: hay que manifestar sin engaños qué tipo de relación queremos cada uno. No podemos dar por supuesto que los dos queremos lo mismo para un futuro juntos: por eso hay que hablar de si nos gustaría o no casarnos; y del concepto que tenemos del matrimonio: ¿entendemos los dos que es una relación de amor para siempre, fiel, fecunda? ¿o no?
¿Es esto lo que queremos compartir, o queremos una relación distinta? Porque para decidir libremente si quiero o no compartir la vida con una persona tengo que conocerla suficientemente y saber que compartimos los rasgos principales sobre los que queremos fundar nuestro proyecto de vida juntos.


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Si en el noviazgo somos sinceros, no faltará otro elemento esencial: los desencuentros y enfados. Un noviazgo sin enfados no es real: tienen que darse porque somos dos personas distintas, no podemos pensar igual en todo ni se trata de llegar a ser dos personas idénticas, sino de apreciar lo diferente y de aprender a llegar a acuerdos o, al menos, a respetar las opiniones y deseos del otro que no compartimos. Si no podemos resolver los desencuentros, o si hay cosas importantes que no podemos compartir, habrá que valorar si conviene o no continuar esa relación.
Dicho esto: si nos queremos, si hemos llegado a conocernos suficientemente y tenemos claro los dos que esta relación tiene sentido y que queremos compartir la vida, es el momento de dar un paso adelante. A veces puede dar un poco de vértigo: pero no podemos querer amarrar, asegurar y controlar todo porque amar es arriesgarse.
Pero un buen noviazgo nos da razones suficientes para poder tomar una decisión madurada y nos permite saber que nuestro amor es real y no una fantasía porque ya hemos experimentado que nos queremos de verdad, en los momentos buenos y en las dificultades.

 María Álvarez de las Asturias, Aleteia