Mostrando entradas con la etiqueta Obispos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Obispos. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de diciembre de 2024

Primera misa en la nueva Notre Dame: 170 obispos, 5 santos y «el poder transformador del sacramento»

Primera misa en la nueva Notre Dame.

"La catedral de París recupera su esplendor, como ninguna persona la ha conocido antes", señaló el arzobispo Ulrich durante la primera misa y consagración del altar en Notre Dame.



Unas horas después de que buena parte de los líderes mundiales se diesen cita en la reinauguración de la catedral de Notre Dame, el arzobispo de París (Francia), Mons. Laurent Ulrich, presidía los nuevos fastos de la catedral que se celebraron este 8 de diciembre, consistentes en la primera misa tras su reapertura y la consagración del altar.

La misa contó nuevamente en esta ocasión con la presencia del presidente de Francia, Emmanuel Macron, así como de las principales autoridades religiosas del país, concretamente 170 obispos de todo el mundo, un sacerdote de cada una de las 106 parroquias de la arquidiócesis de París, y un sacerdote de cada una de las siete iglesias católicas de rito oriental, siendo varios los que acudieron a ambas jornadas, como el Cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York.

Ante la imagen de Nuestra Señora de París, el purpurado agradeció poder participar en la primera Misa en la catedral tras su reapertura y resaltó la generosidad de muchos, especialmente en Estados Unidos, que ayudaron en la restauración del emblemático templo.

La ceremonia de consagración del altar comenzó con la colocación en el mismo de las reliquias de cinco santos cuya historia está ligada a la Iglesia de París: Santa María Eugenia Milleret, Santa Magdalena Sofía Barat, Santa Catalina Labouré, San Carlos de Foucauld y el Beato Vladimir Ghika.

Acto seguido, Ulrich rezó la oración de consagración y ungió con el crisma el altar, antes de encender el incienso, adornar e iluminar el altar, donde ocurre "el sacrificio de Cristo, el lugar donde da su vida por todos" y que "se prepara como mesa fraterna para la Cena del Señor".

Especialmente emotiva fue la homilía del arzobispo, en la que constató que durante esa mañana, en la reapertura, "la pena del 15 de abril de 2019 se ha terminado".

"En cierto modo, y aunque la conmoción por el incendio haya sido duradera, el dolor ya estaba superado cuando la oración se elevó desde los muelles del Sena y desde cientos de millones de corazones del mundo entero", mencionó.

El arzobispo constató además como la catedral de París "recupera su esplendor como ninguna persona la ha conocido antes", e invitó a todo el pueblo francés a "participar de la alegría de los creyentes aquí, que rinden gloria a Dios de haber recuperado su Iglesia madre".

Sin embargo, pese a lo impresionante de las ceremonias y de la propia catedral, invitó a los fieles a no solo deslumbrarse por la belleza redescubierta de las piedras, sino a dejarse "guiar a las mayores alegrías, al don más hermoso que Dios les hace y nos hace de su presencia amorosa, de su cercanía a los más pobres, de su poder transformador en los sacramentos".

La cadena KTO retransmitió por completo la ceremonia, en directo y en francés:

ReL






martes, 26 de septiembre de 2023

Dos hermanos se ordenan sacerdotes... y llegan a obispos: su madre les pide vivir y morir por Cristo


  Mathew y John Nellikunnelm hermanos... y también obispos.       

 

Se han visto novios que lo dejaban todo, a sí mismos, para seguir por entero al Señor. También sacerdotes gemelos, dos hermanos que se ordenaron el mismo día, cinco que se casaron en la misma ceremonia o incluso un sacerdote de cien años que tuvo cuatro hijos, también curas.

Son muchas las formas que Dios tiene de perpetuar su llamado incluso dentro de las propias relaciones familiares. El de dos hermanos obispos es otro caso que sucede en contadas ocasiones.  El pasado mes de agosto la India fue testigo de ello. Es la tercera vez que ocurre en la historia del país.

Los protagonistas de esta curiosa coincidencia son Mathew y John Nellikunnel.

John nació el 22 de marzo de 1973, en la Eparquía de Palai. Cursó el seminario menor en San José y fue finalmente ordenado en diciembre de 1998, poco antes de ser enviado a Roma para cursar sus estudios superiores. Con su regreso a la India, ocupó diversos cargos desde el secretariado de obispo a decano de la Facultad de Filosofía del Seminario de San José.

Fue en 2018 cuando, tras aceptar la renuncia del entonces obispo de la Iglesia siro-malabar de Mons. Anikuzhikattil, fue elegido nuevo obispo de la diócesis de Idukki.

Su hermano Mathew tardaría cerca cinco años en seguir los pasos de John. Nacido tres años antes, el 13 de noviembre de 1970, accedió al seminario y profesó sus primeros votos religiosos con solo 16 años. Fue ordenado en diciembre de 1998, año desde el que se desempeñó como formador en el seminario menor, como párroco en la diócesis alemana de Ratisbona o rector del Seminario de Aluva.

El 26 de agosto este año, tanto él como su familia recibían con sorpresa la confirmación  de la Santa Sede de su nombramiento como obispo de la diócesis de Gorakphur.

"Cuando se conoció la noticia sobre la elevación del padre Nellikunnel como obispo, fue increíble ya que la familia ya tiene un obispo. Nunca pudimos imaginar que dos sacerdotes de la misma familia serían nombrados obispos", declaró un feligrés a UCA News al conocer el nombramiento.

Una de las personas que más lo celebran es la madre de Mathew y John, María, para quien se trata de "un cuidado especial de Dios" sobre su familia.

"Aún no sé si soy merecedora de bendiciones tan grandes", expresó la anciana de 79 años.

Maria Mathew y John Nellikunnel.

Los obispos y hermanos Mathew y John Nellikunnel, con su madre, María, en su casa en el distrito de Idukki de la aldea de Mariyapuram.

Más allá de la alegría, María sabe que los nombramientos de sus hijos tendrán firmes  exigencias.

"Mientras viva, debe llevar una vida piadosa. La vida en una diócesis misionera como Gorakhpur es un gran desafío. Quiero que viva y muera por Cristo. Si no es posible, no tiene sentido convertirse en misionero", expresó sobre el destino de su segundo hijo obispo: según el portal de información religiosa en Asia, Uttar Pradesh, el estado que alberga la diócesis del nuevo obispo, registra el mayor número de incidentes de persecución a los cristianos de todo el país. Solo entre enero y julio de este año se produjeron más de 400 de estos episodios en todo el país, 155 de ellos en Uttar Pradesh.

El obispo electo, miembro de la Congregación de Santa Teresa del Niño Jesús, contempla su nombramiento como "la elección de Dios" y confía en que "Dios está ahí para protegernos"

La ordenación episcopal del segundo de los Nellikunnel está prevista para el 5 de noviembre.

Una vez se convierta en obispo titular, el caso de los hermanos Nellikunnel será el tercero de la historia de la Iglesia en la India.

También sucedió el 31 de diciembre de 2022, cuando Sebastiao Mascarenhas, de 63 años, fue nombrado obispo de Baroda, en el oeste de la India. Su hermano menor, Theodore Mascarenhas, fue nombrado obispo auxiliar de Ranchi, en el estado oriental de Jharkhand, hace ocho años.

El primer caso fue el del obispo jesuita Alphonsus F. D'Souza de Raiganj, en Bengala Occidental, junto a su hermano menor y ex arzobispo Albert D'Souza de Agra, en Uttar Pradesh.

Entre otras ocasiones que se ha repetido esta circunstancia en el mundo, también es reseñable la de Monseñor Alfonso María Buteler, nombrado primer Arzobispo de Mendoza en 1940 poco después de que su hermano, Leopoldo Buteler, fuese el primer Obispo de Río Cuarto en 1934. 

J.M.C., ReL

Vea también      ¿Qué hay que hacer para NO tener vocaciones?




























jueves, 13 de julio de 2023

Jornada de oración por el obispo Rolando Álvarez, preso en Nicaragua: el domingo 16, por Internet


El obispo Rolando, preso en Nicaragua, se ha convertido para muchos en un símbolo de libertad y entereza

La iniciativa Acción Dale Vida a Nicaragua, que reza por la libertad en el país, ha convocado un encuentro de oración online específicamente por el obispo de de Matagalpa, Rolando Álvarez, detenido desde febrero en una de las peores cárceles del país, y condenado a 26 años de prisión por el régimen de Daniel Ortega.

“¡Únete a la Cruzada Mundial de Oración por Monseñor Rolando Álvarez! Un incansable defensor de la justicia, los derechos humanos y las libertades, Monseñor Álvarez se ha convertido en el ícono de entrega y sacrificio en nuestra nación”, invita la iniciativa desde redes sociales (más difundida en Twitter que en Facebook).

"Convocamos a todos los nicaragüenses, tanto en nuestro amado país como en el exilio, a unirse en una Cruzada de oración sin precedentes por monseñor Rolando Álvarez, el próximo domingo 16 de julio de 2023, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen”, detallan. Esperan que con esta oración "a través de las plataformas digitales, llevaremos el mensaje de unidad y esperanza a todos los rincones de nuestro país".

"No solo representa nuestras súplicas colectivas por su salud y liberación, sino que es un llamado trascendental a unir nuestras voces y elevar nuestras plegarias por Nicaragua misma es un grito de esperanza y solidaridad en busca de la recuperación de los Derechos Humanos, la justicia y la libertad, que tanto anhelamos”, insiste la convocatoria.

Es, añaden una invitación a todos, creyentes o no, y también "a la comunidad internacional y a todos los creyentes en el mundo, así como a líderes de fe y aquellos que anhelan un mundo mejor". Proponen recordar "la fuerza de la Fe en momentos de dificultad".

Más sobre el encuentro de oración en:
https://www.facebook.com/dalevidaanic 

Obispo Rolando en verano de 2022 con policías cuando estaba en arresto domiciliario

El obispo Rolando en verano de 2022 con policías cuando estaba aún en arresto domiciliario en Matagalpa.

Los obispos de EEUU piden liberar al obispo Rolando

La Conferencia de Obispos de Nicaragua no publica nada sobre la situación del obispo Rolando, pero la de obispos de Estados Unidos sí lo hace a través de su web. El obispo de Rockford, David Malloy, presidente del Comité de Justicia y Paz Internacional del este episcopado, difundió algunos datos:

"Recibimos noticias la semana pasada de otra ruptura en las negociaciones para liberar al obispo Rolando Álvarez de Matagalpa, Nicaragua, injustamente sentenciado a veintiséis años de prisión y despojado de su ciudadanía en febrero. Insto a los Estados Unidos y a la comunidad internacional a continuar orando por el obispo y abogando por su liberación", afirma el obispo Malloy.

Malloy elogia el reciente fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que exigió la liberación inmediata del obispo Álvarez. "El consenso de la comunidad internacional es claro: el encarcelamiento del obispo Álvarez es injusto y debe terminar lo antes posible", insiste. Y pide la intercesión de la Inmaculada Concepción, patrona de Nicaragua y de los Estados Unidos, para "que ilumine los corazones de todos los que toman las decisiones".

Defensores de derechos humanos, organizaciones nacionales e internacionales, entre ellos la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea, han abogado por la liberación inmediata y sin condiciones del obispo Rolando y de otras 60 personas encarceladas por motivos políticos. Sin embargo, la dictadura ha hecho caso omiso a cada llamamiento.

Otro sacerdote detenido: Fernando Israel Zamora Silva, canciller de la diócesis de Siuna

Recientemente la agencia Efe divulgó, citando a fuentes eclesiales, que el domingo 9 de julio la Policía detuvo a otro sacerdote, Fernando Israel Zamora Silva, canciller de la diócesis de Siuna. Lo abordaron justo después de participar en una misa en la parroquia San Luis Gonzaga, en Managua, que presidía el cardenal Leopoldo Brenes. En la eucaristía tomaba posesión del cargo parroquial el sacerdote Edgard Rodríguez y Zamora era un invitado.

La Fundación para la Libertad de Nicaragua, que preside el político opositor en el exilio, Félix Maradiaga, exigió la libertad del sacerdote y pidió el respeto a sus derechos humanos.

Otra forma que tiene el régimen de librarse de sacerdotes molestos es, simplemente, no dejarles volver si viajan al extranjero. Es el caso difundido de Juan Carlos Sánchez, vicario de la parroquia San Francisco de Asís, en Managua, desde hace más de 10 años. Acudió a Bolivia a una ordenación sacerdotal; luego visitó a unos familiares en Miami, EEUU, y al regresar a Nicaragua, la Dirección de Migraciones le impidió entrar.

¿La entidad más creíble para los nicaragüenses? La Iglesia Católica

En ese contexto, el medio independiente de noticias Confidencial dio a conocer recientemente los resultados de una encuesta de la casa CID Gallup de Costa Rica, a partir de unos 820 nicaragüenses sondeados (error de +/-3). El 48% dijeron confiar plenamente en lo que diga la Iglesia. En cambio, sólo 1 de cada 4 encuestados dijo confiar plenamente en la Presidencia del Gobierno (Daniel Ortega) o en la Policía.

En los dos últimos años el autócrata nicaragüense ha multiplicado sus mensajes criticando a la Iglesia, los sacerdotes y los obispos acusándolos de hipocresía o traición al pueblo y a Cristo, pero parece que sólo una cuarta parte de los nicaragüenses acepta esa visión.

G. de A., ReL

Vea también      Amor, Iglesia y Política






lunes, 26 de junio de 2023

8 formas en que la devoción popular bien vivida es eficaz frente al laicismo: lo cuentan los obispos


La devoción y religiosidad popular puede ayudar a llevar la luz de la fe a muchos

 

Con motivo del trigésimo aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II a España entre el 12 y el 17 de junio de 1993, los obispos de las diócesis de Andalucía han publicado una carta pastoral que recuerda especialmente las vistas del Papa polaco a Sevilla, Huelva o el Rocío. A lo largo de 60 puntos, el documento alterna las enseñanzas del pontífice con reflexiones y propuestas de los obispos en torno a la nueva evangelización a través de las devociones populares frente a una descristianización de la que ya alertó el mismo Papa.

Bajo el título María, Estrella de la evangelización. La fuerza evangelizadora de la piedad popular, los obispos pretenden recordar "el lugar importantísimo de la piedad popular en la vida cristiana", así como ayudar a los fieles a obtener la "energía para impulsar con toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora".

1º Iglesia, liturgia y evangelización, esencia de la piedad popular

En primer lugar, los obispos llaman a que la vida cristiana "sea percibida como bienaventuranza", para lo que es necesario integrar la piedad popular "en la armonía de lo que se cree, celebra, vive y ora".

Por ello, se menciona que verdadero cristiano no es "quien simplemente acepta el Credo", "reduce la vida cristiana a algunas celebraciones" o "se entrega a una acción que no brota de la liturgia ni está sostenido por una caridad iluminada por la fe".

"El solo ejercicio de ciertas prácticas de piedad no puede ser considerado manifestación auténtica de la fe. La piedad popular, para que sea realmente lo que está llamada a ser, para que ponga y exprese el afecto de la vida cristiana, ha de armonizarse con la doctrina de la fe de la Iglesia, con su celebración litúrgica, con el compromiso apostólico y misionero en favor de la evangelización y de la transformación del mundo, y con la vida de oración", recuerdan.

2º Profesar con los labios lo que se cree con el corazón

En este sentido, los obispos remarcan que si se busca una piedad popular "genuina", esta debe "tener como fuente la fe". Por eso, agregan, "la autenticidad cristiana de los ejercicios de piedad y devociones debe verificarse desde su conformidad con la doctrina de la fe, tal como es profesada por la Iglesia en el Credo: carece de sentido profesar con los labios lo que no se cree con el corazón, o, lo que es lo mismo, declarar externamente el Credo y vivir de manera contraria a la fe y moral de la Iglesia".

3º Evangelización y catequesis, compañeros de la piedad popular

Los obispos también recuerdan que la piedad debe ser, como han sido históricamente, "un medio muy eficaz para la transmisión del mensaje evangélico y para conservar la fe cristiana". Por eso, recuerdan que al mismo tiempo que en la evangelización, catequesis y educación cristiana "no se puede prescindir de la piedad popular, los ejercicios piadosos han de ir siempre acompañados de una catequesis correcta".

Puedes ver aquí la cómo fue la visita de San Juan Pablo II a la ermita de la Virgen del Rocío, el 14 de junio de 1993.

4º Lo sagrado, por encima de la devoción popular

A lo largo de la carta pastoral, los obispos también urgen a potenciar una adecuada formación que haga comprender "la preeminencia de la liturgia sobre las devociones populares" y "recuperar el sentido de lo sagrado y el decoro" en las celebraciones.

Remarcan la importancia de que las prácticas devocionales "no alteren" estas celebraciones: "La necesaria armonía entre Liturgia y piedad popular pasa siempre por el respeto de las normas litúrgicas. Los añadidos devocionales a la celebración no la hacen más solemne, como tampoco la hace más sencilla la supresión de lo estipulado por la norma litúrgica".

5º El respeto al domingo y la misa, "imprescindible"

En el plano litúrgico, la carta pastoral hace un llamamiento a que el domingo "sea de verdad el día dedicado al Señor", para lo que la participación en la Santa Misa "es imprescindible". Citando a San Juan Pablo II, alertan del "riesgo" de que "algunas tradiciones populares y culturales invadan la celebración de los domingos, `mezclando con el espíritu de la auténtica fe cristiana elementos que son ajenos o que podrían desfigurarla´.

6º Arma contra el laicismo y la descristianización

Refiriéndose a ella como "escuela de compromiso cristiano", los obispos recuerdan que la piedad popular "puede ofrecer recursos valiosísimos" para la evangelización "frente a la pretensión dañina de quienes se empeñan en desterrar de los espacios públicos las manifestaciones de fe".

"La descristianización que padecemos no comporta sólo la pérdida de la fe o su falta de relevancia para la vida personal y social, sino también un oscurecimiento del sentido moral. El reto evangelizador se encuentra hoy con el riesgo de ceder, por fuera, al laicismo que pretende desterrar de los espacios públicos la expresión de la fe y se obstina en plantear las relaciones humanas", expresa el documento.

7º Las hermandades, talleres de santidad

Buena parte del documento está dirigido a las Hermandades, a quienes se recuerda su llamado a ser "talleres de santidad" que cuiden la formación espiritual de sus miembros y sigan los ejemplos del Evangelio.

Es un sentido que las Hermandades encuentran en sus tres fines, "formación, culto y acción caritativa" y al que los obispos añaden el "cuarto fin" de la "participación activa en la misión evangelizadora de la Iglesia": "En el momento histórico que nos toca vivir, las Hermandades deben apoyar su vida en cuatro pilares inseparables: la formación, el culto (liturgia y devociones), la caridad y la evangelización".

 8º El primer fin de las hermandades, evangelizar a sus miembros

Además de "portadoras de esperanza" y "refugio de misericordia", los obispos contemplan la evangelización como uno de los primeros fines constitutivos de las hermandades. Hasta el punto de cifrar su "primera preocupación" en "llevar el Evangelio a todos sus miembros", pues "si la pertenencia a una hermandad no convierte en mejores católicos a sus miembros, de poco o nada sirven sus esfuerzos".

Para los obispos, las tareas, proyectos o preocupaciones de quienes están al frente de una Hermandad "no deberían centrarse prioritariamente en mejorar su patrimonio material, sino en el cuidado espiritual y corporal de quienes forman la Hermandad".

José María Carrera, ReL

Vea también       Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en el Hogar





















jueves, 4 de mayo de 2023

«La respuesta católica» al lobby trans: 11 consignas del obispo Coakley para ayudar a las víctimas

Se dirige a padres y personas con disforia,
a indiferentes o a los más implicados en la fe


El arzobispo de Oklahoma, Paul S. Coakley, pone especial atención en diferenciar los postulados trans, a rechazar en favor de la verdad, y los afectados por el transgenerismo, a quienes los católicos deben ayudar.

 

El pasado 30 de abril, el arzobispo de Oklahoma, Paul S. Coakley, publicó una serie de directrices encaminadas a orientar sobre cómo los católicos pueden enfrentar desde la firmeza pero también desde la caridad "el auge del movimiento transgénero, que trágicamente intenta promover y normalizar la transexualidad".

Se trata de un contexto en que la promoción y aceptación social del transgenerismo como movimiento se encuentra ampliamente asentado especialmente "por la creciente cobertura en medios de comunicación, el aumento de personajes transgénero en el cine o por los esfuerzos políticos para promover la ideología".

El resultado de estas presiones es demoledor: en Estados Unidos, el número de jóvenes que se identifican como transgénero se ha duplicado en los últimos cinco años.

¿Qué deben hacer -y cómo deben hacerlo- los católicos ante una concepción de la naturaleza "radicalmente opuesta" como es el transgenerismo? Dar respuesta a esta pregunta es el principal objetivo del documento publicado por Coakley, manteniendo la enseñanza de la Iglesia pero buscando al mismo tiempo contribuir a acompañar a todos los que sufren las consecuencias de la disforia de género, ya sea esta natural o generada externamente. Lo hace a través de 11 consejos

1º Empatizar con sus víctimas y buscar su bien

En primer lugar, el obispo destaca que también quienes se identifican como transgénero son "creadas y amadas por Dios", siendo el primer mandamiento de los cristianos amarles "como a nosotros mismos", lo que significa "ante todo, querer y desear su bien".

En este sentido, destaca que lo que les sucede a quienes se definen como "transgénero" puede ser por motivos comparables a los que llevan a los católicos a "adormecer el dolor de no encontrar satisfacción".

También los católicos, dice, "llenamos nuestras vidas y a nosotros mismos de trabajo, deseo de poder, sexo, alcohol, Internet y ruido constante en un intento inútil de satisfacer el dolor de nuestra alma o, incluso, como una forma de adormecer el dolor de no encontrar satisfacción. Algunos de los que sufren disforia de género buscan un respiro a su dolor identificándose como el sexo opuesto. Todos podemos empatizar con estas personas porque cada uno de nosotros, en nuestras circunstancias particulares, hemos intentado refugiarnos en algo distinto a Dios".

2º Comprender que son víctimas, no verdugos

El obispo también llamó a que la propia naturaleza caída de la persona "intensifica la falta de armonía interna", que en la situación actual de difusión del transgenerismo, aumenta la dificultad para "reconocer la bondad de nuestros cuerpos" y la "discordia dentro de la unidad de cuerpo y alma". Aspectos que "suelen experimentar" quienes luchan contra la disforia, sufriendo "sentimientos fuertes y persistentes de identificación con otro género y de incomodidad con el propio género y sexo".

En este sentido, y ante el "tremendo sufrimiento" que debe suponer dicha falta de congruencia, el obispo llama a acercarse a ellos "con gran compasión al buscar la verdad", así como a reconocer en ellos "el inmenso dolor": según documentos que incluye el obispo en la sección recursos, un 40% de las personas que se identifican como transexuales han intentado suicidarse al menos una vez, el 47% ha sufrido agresiones y en general son más propensos a sufrir trastornos alimentarios, mentales o de abuso de sustancias.

3º La respuesta católica: no descartar su dolor, pero tampoco la verdad

Meditando en torno a la "respuesta católica" a la cuestión, Coakley llama a "evitar los extremos" errados, que resume en "ignorar el dolor de la persona y afirmar que el sexo biológico es el final de la conversación o descartar la verdad del cuerpo con la falsa esperanza de aliviar el dolor".

"Una respuesta católica debe afirmar el sexo dado por Dios y reconocer el conflicto de la persona que tenemos delante. Requiere escuchar con empatía, así como extender la invitación a recibir el don de Dios del cuerpo sexuado. En definitiva, significa invitar a la persona que sufre a rendirse a la verdad", agrega.

Psicólogo.

El obispo Coakley considera crucial para ayudar de forma efectiva a quienes sufren disforia no caer en dos extremos, el de igorar su dolor o eludir la verdad pensando en que este no sea mayor. 

4º Ofrecer la verdad de forma oportuna a sus partidarios

"Estamos llamados a dar testimonio de la verdad y a hacerlo con gran amor. La mayoría de nosotros no acompañará directamente a alguien que lucha contra la disforia de género, pero puede interactuar con amigos o familiares que apoyan el tratamiento de afirmación y el movimiento transgénero. ¿Cuál es nuestro papel? La sanación requiere que hablemos de género y sexo de forma lógica y compasiva, haciendo todo lo posible por hablar desde la perspectiva del otro. El amor requiere que ofrezcamos la verdad en el momento y de la manera que sea adecuada a la relación para que la verdad pueda ser recibida. 

5º A los católicos que apoyan las doctrinas LGBT

El obispo recuerda la advertencia de Benedicto XVI que recuerda que "sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo": "Jesús ejemplificó el modelo de la verdad en el amor cuando se dirigió a la mujer sorprendida en adulterio, `tampoco yo te condeno. Vete, y no vuelvas a pecar´ (Juan 8,11). Debemos seguir su ejemplo de compasión centrada en la verdad".

6º Llamados a evangelizar la cultura, no a retirarse

También se dirige a los que se encuentran inclinados a retirarse de la labor evangelizadora sobre el movimiento LGBT. "Jesús nos lo recordó: `Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa´. En virtud de nuestro bautismo, somos enviados en misión a evangelizar la cultura", subraya.

7º A los católicos indiferentes

Por esto último, el obispo también se dirige a los católicos que contemplan esta labor con indiferencia, olvidando el llamado a las bienaventuranzas -"Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios"-. A ellos les recuerda que la indiferencia ante la realidad del transgenerismo también supone despreciar el intenso dolor que lo sustenta. Frente a la indiferencia, añade, "el compromiso compasivo fomenta la apertura a la verdad, pero exige que primero tratemos de comprenderla".

Dos amigos hablando.

Para los padres con hijos afectados, para los católicos que deseen acompañar a pacientes de disforia o a víctimas del movimiento trans, el obispo coincide en un consejo común: la importancia de la escucha. 

8º Acompañar a personas con disforia puede ser sanador

El obispo les transmite la consigna de que el compromiso "compasivo" es especialmente importante si se acompaña a alguien que lucha contra la disforia de género: "Acompañar a alguien que sufre puede ser sanador en sí mismo. Debemos tener siempre presente la plenitud de nuestra persona y la vocación que Dios nos ha dado de amar de verdad. Todos estamos heridos y, si hemos confiado plenamente nuestras vidas a Cristo, podemos compartir con autenticidad cómo, a través de la lucha y el dolor, podemos presentar nuestras heridas a Jesús, quien, en definitiva, lo hace todo para bien".

9º Para padres de hijos con disforia: amor, paciencia, humildad, empatía y respeto

Consciente de que "siempre es desgarrador ver a un hijo sufrir" y de que en este caso "no hay soluciones rápidas", el obispo remarca que "el amor incondicional, la paciencia y la humildad" son ingredientes necesarios para abordar esta dificultad y dolor de sus hijos. También les recomienda que se interesen y les pregunten "con delicadeza" -"no interrogarlos"- para entenderlos mejor -consulta aquí algunas preguntas de ejemplo-.

A través de estas conversaciones sugeridas por el obispo pueden surgir otras que les ayuden a comprenderse mejor a sí mismos y a sentirse escuchados, conocidos y queridos: "Teniendo en cuenta que el género no constituye la totalidad de la vida o la identidad de nadie, estas conversaciones deberían ser sólo una parte de lo que los padres dialogan. Si un hijo no quiere participar en este tipo de conversaciones, respete su decisión, pero siga pendiente de él y ofrezca su escucha. Si un niño cree que uno de sus padres lo escuchará con empatía y sin juzgarlo, será más probable que comparta sus experiencias y preocupaciones".

10º Ser firmes pero flexibles

También a los padres les llama a que la comprensión y empatía no vaya en perjuicio de la verdad. Así, en el caso de los nombres o pronombres que quieran usar a la hora de referirse a ellos, el obispo llama a que "deben mantenerse los pronombres acordes con el sexo biológico dado por Dios al niño", si bien hay algunas estrategias para hacerlo más llevadero para el joven, como es el uso de apodos cariñosos -"vida, cariño, corazón, etc"-, capaces de "aligerar tensiones". "El amor incondicional requiere de límites y flexibilidad, y la compasión arraigada en la verdad del sexo biológico de su hijo es una buena guía para navegar por terrenos difíciles", destaca.

11º Para quienes sufren disforia: "Ayudarles a conocer el amor de Jesús"

Por último, el obispo dirige la actitud de acogida de la Iglesia a quienes sin ser militantes activos del transgenerismo, sufren las consecuencias de la disforia: "Como Iglesia, queremos acompañarte en tu lucha contra la disforia de género, porque, como señala san Pablo: `Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él´. Queremos ayudarte a conocer el amor incondicional de Jesús y acercarte a Él en los sacramentos. Eres parte de la Iglesia, aquí perteneces y, de verdad, eres bienvenido. Rezo para que el Señor envíe a personas sabias y llenas de fe a tu vida para que te acompañen en tus luchas y a través de ellas. Pido a cada persona que esté experimentando esta confusión que confíe su dolor a Jesús", concluye.

José María Carrera, ReL

Vea también     ¿El liberador cambiar de sexo?
























sábado, 29 de abril de 2023

Papa a obispos, sacerdotes y religiosos: ni encerrarnos en oasis religiosos ni adaptarnos a vientos cambiantes de la mundanidad

Discurso a los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas y a loas agentes laicos de pastoral.

***

Queridos hermanos obispos

queridos sacerdotes y diáconos, consagrados y consagradas y seminaristas

queridos agentes pastorales, hermanos y hermanas

¡dicsértessék a Jézus Krisztus! [¡laudetur Jesus Christus!]

Me alegra estar de nuevo aquí después de haber compartido con vosotros el 52º Congreso eucarístico internacional. Ha sido un momento de gran gracia y estoy seguro de que sus frutos espirituales están con vosotros. Doy las gracias al arzobispo Veres por el saludo que me ha dirigido y por haber recogido el deseo de los católicos de Hungría con las siguientes palabras: «En este mundo cambiante queremos testimoniar que Cristo es nuestro futuro». Cristo. No ‘el futuro es Cristo’, no: Cristo es nuestro futuro. No las cosas cambiantes. Este es uno de los requisitos más importantes para nosotros: interpretar los cambios y las transformaciones de nuestro tiempo, intentando afrontar los retos pastorales lo mejor que podamos. Con Cristo y en Cristo. Nada fuera del Señor, nada lejos del Señor.

Pero esto es posible mirando a Cristo como nuestro futuro: Él es «el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso» (Ap 1,8), el principio y el fin, el fundamento y la meta última de la historia humana.

Contemplando en este tiempo pascual su gloria, la de Aquel que es «el Primero y el Último» (Ap 1,17), podemos mirar las tormentas que a veces azotan nuestro mundo, los cambios rápidos y continuos de la sociedad y la crisis de fe del propio Occidente con una mirada que no cede a la resignación y que no pierde de vista la centralidad de la Pascua: Cristo resucitado, centro de la historia, es el futuro. Nuestra vida, por muy marcada que esté por la fragilidad, está firmemente puesta en sus manos. Si lo olvidamos, también nosotros, pastores y laicos, buscaremos medios e instrumentos humanos para defendernos del mundo, encerrándonos en nuestros confortables y tranquilos oasis religiosos; o, por el contrario, nos adaptaremos a los vientos cambiantes de la mundanidad y, entonces, nuestro cristianismo perderá vigor y dejaremos de ser sal de la tierra. Volver a Cristo, que es el futuro, para no caer en los vientos cambiantes de la mundanidad, que es lo peor que le puede pasar a la Iglesia: una Iglesia mundana.

Éstas son, por tanto, las dos interpretaciones –me gustaría decir las dos tentaciones– de las que debemos cuidarnos siempre como Iglesia: una lectura catastrofista de la historia presente, que se alimenta del derrotismo de quienes repiten que todo está perdido, que ya no existen los valores del pasado, que no sabemos adónde iremos a parar.

Es hermoso que el reverendo Sándor expresara su gratitud a Dios, que le ha «liberado del derrotismo». ¿Y qué hizo de su vida, una gran catedral? No, una iglesia pequeña, rural, de emergencia. Pero lo consiguió, no se dejó vencer.

¡Gracias, hermano! Y luego el otro riesgo, el de la lectura ingenua del propio tiempo, que en cambio se basa en la comodidad del conformismo y nos hace creer que todo está bien después de todo, que el mundo ya ha cambiado y debemos adaptarnos… sin discernimiento; esto es malo. Aquí, contra el derrotismo catastrófico y el conformismo mundano, el Evangelio nos da ojos nuevos, nos da la gracia del discernimiento para entrar en nuestro tiempo con actitud de acogida, pero también con espíritu de profecía. Por tanto, con una apertura acogedora a la profecía. No me gusta utilizar el adjetivo «profético», está demasiado usado. Sustantivo: profecía. Vivimos una crisis de sustantivos y recurrimos tan, tan a menudo a los adjetivosNo: profecía. Espíritu, actitud acogedora, abierta, con profecía en el corazón.

A este propósito, quisiera detenerme brevemente en una bella imagen utilizada por Jesús: la de la higuera (cf. Mc 13,28-29). Nos la ofrece en el contexto del Templo de Jerusalén. A los que se quedaban admirando sus hermosas piedras y vivían así una especie de conformismo mundano, poniendo su seguridad en el espacio sagrado y en su solemne grandeza, Jesús les dice que no hay que absolutizar nada en esta tierra, porque todo es precario y no permanecerá piedra sobre piedra –estamos leyendo en estos días en el Oficio Divino el Apocalipsis, donde nos muestra que no permanecerá piedra sobre piedra–, pero, al mismo tiempo, el Señor no quiere inducir al desánimo ni al miedo. Y por eso añade: cuando todas las cosas pasen, cuando caigan los templos humanos, cuando sucedan cosas terribles y haya violentas persecuciones, entonces «verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes con gran poder y gloria» (v. 26). Y es aquí donde nos invita a mirar a la higuera: «De la higuera aprendéis la parábola: cuando su rama se ablanda y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros: cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca, que está a las puertas» (vv. 28-29). Por tanto, estamos llamados a acoger como una planta fecunda el tiempo en que vivimos, con sus cambios y sus desafíos, porque a través de todo esto –dice el Evangelio– el Señor se acerca. Y mientras tanto, estamos llamados a cultivar este tiempo nuestro, a leerlo, a sembrar el Evangelio, a podar las ramas muertas del mal, a dar fruto. Estamos llamados a una acogida con profecía.

Acoger con profecía: se trata de aprender a reconocer los signos de la presencia de Dios en la realidad, incluso allí donde no aparece explícitamente marcada por el espíritu cristiano y nos llega con su carácter desafiante o cuestionador. Y, al mismo tiempo, se trata de interpretarlo todo a la luz del Evangelio sin mundanizarnos –¡cuidado!– sino como heraldos y testigos de la profecía cristiana.

Cuidado con el proceso de mundanización. Caer en la mundanidad es quizá lo peor que le puede pasar a una comunidad cristiana. Vemos que incluso en este país, donde la tradición de la fe permanece firmemente arraigada, asistimos a la difusión del secularismo y de lo que le acompaña, que a menudo corre el riesgo de amenazar la integridad y la belleza de la familia, de exponer a los jóvenes a modelos de vida marcados por el materialismo y el hedonismo, y de polarizar el debate sobre nuevas cuestiones y desafíos.

Por eso, la tentación puede ser endurecerse, cerrarse en banda y adoptar una actitud de «combate». Pero estas realidades pueden representar oportunidades para nosotros los cristianos, porque estimulan la fe y la profundización en ciertos temas, nos invitan a preguntarnos cómo estos desafíos pueden entrar en diálogo con el Evangelio, a buscar nuevos caminos, instrumentos y lenguajes.

En este sentido, Benedicto XVI afirmó que las distintas épocas de secularización vienen en ayuda de la Iglesia porque «han contribuido de modo esencial a su purificación y reforma interior. En efecto, las secularizaciones […] significaron cada vez una profunda liberación de la Iglesia de las formas de mundanidad» (Encuentro con los católicos comprometidos en la Iglesia y la sociedad, Friburgo de Brisgovia, 25 de septiembre de 2011). Frente a cualquier tipo de secularización, hay un desafío y una invitación a limpiar la Iglesia de toda mundanidad. Volvamos a esta palabra, que es la peor: caer en la mundanidad es lo peor que nos puede pasar. Es un paganismo suave, es un paganismo que no te quita la paz, ¿por qué? ¿Porque es bueno? No, porque te anestesia.

El compromiso de entrar en diálogo con las situaciones de hoy pide a la Comunidad cristiana estar presente y testimoniar, saber escuchar las preguntas y los desafíos sin miedo ni rigidez. Y esto no es fácil en la situación actual, porque no faltan cansancios en el interior. En particular, quisiera subrayar la sobrecarga de trabajo de los sacerdotes. Por una parte, en efecto, las exigencias de la vida parroquial y pastoral son numerosas, pero, por otra, las vocaciones disminuyen y los sacerdotes son pocos, a menudo avanzados en años y con algunos signos de fatiga. Se trata de una condición común a muchas realidades europeas, respecto a la cual es importante que todos –párrocos y laicos– se sientan corresponsables: ante todo en la oración, porque las respuestas vienen del Señor y no del mundo, del sagrario y no del ordenador.

Y luego en la pasión por la pastoral vocacional, buscando la manera de ofrecer con entusiasmo a los jóvenes el encanto de seguir a Jesús incluso en la consagración especial.

Es hermoso lo que nos contó sor Krisztina… ¡Pero la suya fue una vocación difícil! Porque para hacerse dominica primero la ayudó un sacerdote franciscano, luego los jesuitas con los ejercicios… y al final se hizo dominica. ¡Bravo! ¡Qué buen camino has tomado! Es hermoso lo que nos contaste sobre ‘discutir con Jesús’ por qué te llamó –él quería que llamara a las hermanas, no a ti–; ¡hay necesidad de quienes escuchan y ayudan a discutir bien con el Señor! Y, más en general, hay necesidad de iniciar una reflexión eclesial –sinodal, a hacer todos juntos– para actualizar la vida pastoral, sin contentarse con repetir el pasado y sin tener miedo a reconfigurar la parroquia en el territorio, pero poniendo la evangelización como prioridad e iniciando una colaboración activa entre sacerdotes, catequistas, agentes de pastoral, profesores. Ya estáis en este camino: por favor, no os detengáis.

Buscad los caminos posibles para colaborar gozosamente en la causa del Evangelio y llevar adelante juntos, cada uno con su propio carisma, la pastoral como anuncio, anuncio kerigmático, es decir, que mueve las conciencias. Es hermoso en este sentido lo que nos decía Dorina sobre la necesidad de llegar al prójimo a través de la narración, de la comunicación, tocando la vida cotidiana. Y aquí me detengo un poco para subrayar la hermosa labor de los catequistas, este antiquum ministerium. Hay lugares en el mundo –pensemos en África, por ejemplo– donde la evangelización la llevan a cabo los catequistas. Los catequistas son pilares de la Iglesia. Gracias por lo que hacéis. Y doy las gracias a los diáconos y a los catequistas, que tienen un papel decisivo en la transmisión de la fe a las jóvenes generaciones, y a todos aquellos, profesores y formadores, que se comprometen generosamente en el campo de la educación: ¡gracias, muchas gracias!

Permítanme decir entonces que una buena pastoral es posible si somos capaces de vivir ese amor que el Señor nos ha mandado y que es don de su Espíritu. Si estamos distantes o divididos, si nos volvemos rígidos en nuestras posiciones y grupos, no damos fruto; pensamos en nosotros mismos, en nuestras ideas y teologías. Es triste cuando estamos divididos porque, en vez de jugar en equipo, jugamos el juego del enemigo: el diablo es el que divide, y es un artista en hacerlo, es su especialidad. Y vemos obispos desconectados entre sí, sacerdotes en tensión con obispos, sacerdotes mayores en conflicto con los más jóvenes, diocesanos con religiosos, presbíteros con laicos, latinos con griegos; nos polarizamos en cuestiones que conciernen a la vida de la Iglesia, pero también en aspectos políticos y sociales, atrincherándonos en posiciones ideológicas.

¡Que no entren las ideologías! La vida de fe, el acto de fe, no pueden reducirse a ideología: eso es del demonio. No, por favor: la primera pastoral es el testimonio de comunión, porque Dios es comunión y está presente donde hay caridad fraterna. Superemos las divisiones humanas para trabajar juntos en la viña del Señor. Sumerjámonos en el espíritu del Evangelio, arraiguémonos en la oración, especialmente en la adoración y en la escucha de la Palabra de Dios, cultivemos la formación permanente, la fraternidad, la cercanía y la atención a los demás. Se ha puesto en nuestras manos un gran tesoro, ¡no lo desperdiciemos persiguiendo realidades secundarias al Evangelio!

Y aquí permítanme decirles: cuidado con el chisme. El chisme entre obispos, entre sacerdotes, entre monjas, entre laicos… La crítica destruye. Parece una cosa tan bonita, la cháchara, un caramelo de azúcar, es bonito charlar de los demás. Uno cae a menudo en esto. Ten cuidado, porque es el camino de la destrucción. Si una persona consagrada o un laico que vive en serio, consigue no chismorrear nunca sobre otro, ése es un santo. Id por este camino: nada de chismorreos. «Eh, Padre, es difícil, porque a veces uno se resbala: ese comentario, ese otro…». Hay un buen remedio contra el chisme: la oración, por ejemplo; pero hay otro buen remedio: morderse la lengua. Te muerdes la lengua y no parloteas. ¿De acuerdo?

Y otra cosa quiero decir a los sacerdotes, para ofrecer al pueblo santo de Dios el rostro del Padre y crear un espíritu de familia: no seamos rígidos, sino tengamos miradas y acercamientos misericordiosos y compasivos. Sobre esto quiero subrayar una cosa: cuál es el estilo de Dios. El primer estilo de Dios es la actitud de cercanía. Él mismo lo dijo en el Deuteronomio: «Dime, ¿qué pueblo tiene a sus dioses tan cerca de sí como tú me tienes a mí?». La actitud de Dios es la cercanía, con compasión y ternura. Cercanía, compasión y ternura: ése es el estilo de Dios. Sigamos con este estilo. Yo, ¿soy cercano a la gente, ayudo a la gente, soy compasivo o condeno a todo el mundo? ¿Soy tierno, suave? Para esto, nada de rigidez, sino cercanía, compasión y ternura. A este respecto, me han impresionado las palabras del P. József, que ha recordado la entrega y el ministerio de su hermano, el Beato János Brenner, bárbaramente asesinado con sólo 26 años. ¡Cuántos testigos y confesores de la fe tuvo este pueblo durante los totalitarismos del siglo pasado! ¡Han sufrido tanto! El Beato János experimentó tanto sufrimiento en su propia piel y le habría sido fácil guardar rencor, encerrarse en sí mismo, endurecerse. En cambio, fue un buen pastor.

Esta actitud nos capacita para la acogida, una acogida que es profecía: es decir, para transmitir el consuelo del Señor en las situaciones de dolor y pobreza del mundo, estando cerca de los cristianos perseguidos, de los emigrantes que buscan hospitalidad, de las personas de otras etnias, de cualquier persona necesitada. Tenéis grandes ejemplos de santidad en este sentido, como san Martín. Su gesto de compartir su capa con los pobres es mucho más que una obra de caridad: es la imagen de la Iglesia hacia la que hay que tender, es lo que la Iglesia de Hungría puede llevar como profecía al corazón de Europa: la misericordia, la proximidad.

Pero quisiera recordar también a San Esteban, cuya reliquia está aquí a mi lado: él, que confió primero la nación a la Madre de Dios, que fue un intrépido evangelizador y fundador de monasterios y abadías, supo también escuchar y dialogar con todos y ocuparse de los pobres: les bajó los impuestos y fue a mendigar disfrazado para no ser reconocido. Ésta es la Iglesia que debemos soñar: una Iglesia capaz de escucharse, de dialogar, de cuidar a los más débiles; una Iglesia acogedora para todos, una Iglesia valiente para llevar a cada uno la profecía del Evangelio.

Queridos hermanos y hermanas, Cristo es nuestro futuro, pues es Él quien guía la historia, Él es el Señor de la historia. Vuestros confesores de la fe estaban firmemente convencidos de ello: tantos obispos, sacerdotes, monjas y religiosos martirizados durante la persecución atea dan testimonio de la fe granítica de los húngaros. Y no es una exageración, estoy convencido: tenéis una fe granítica, y damos gracias a Dios por ello.

Quisiera recordar al Cardenal Mindszenty, que creía en el poder de la oración, hasta el punto de que aún hoy, casi como un dicho popular, se repite aquí: «Si hay un millón de húngaros rezando, no tendré miedo del futuro». Sed acogedores, sed testigos de la profecía del Evangelio, pero sobre todo sed mujeres y hombres de oración, porque la historia y el futuro dependen de ello. Os doy las gracias por vuestra fe y vuestra fidelidad, por todo el bien que sois y hacéis. Y no puedo olvidar el testimonio valiente y paciente de las Hermanas húngaras de la Compañía de Jesús, a las que conocí en Argentina, después de que hubieran abandonado Hungría durante la persecución religiosa. Eran mujeres de testimonio, ¡eran buenas! Con su testimonio me hicieron mucho bien. Rezo por vosotras, para que, siguiendo el ejemplo de vuestras grandes testigos de la fe, nunca os dejéis atrapar por el cansancio interior, que nos lleva a la mediocridad, y sigáis adelante con alegría. Y os pido que sigáis rezando por mí.

Traducción del original en lengua italiana realizada por el director editorial de ZENIT.



























domingo, 23 de abril de 2023

Ortega: Califica de "demonios" a los obispos

Lo de Nicaragua no deja de sorprender. Lo último del presidente-dictador Daniel Ortega es calificar de “demonios” a los obispos. Esto es exactamente lo que dijo:

Ahí andan los obispos dando golpes de Estado (...) Es un pecado, un sacrilegio que esos demonios lleven la cruz en el pecho (...) Todos firmaron, hasta los que lucían de moderados (...) En el Vaticano hay corrientes con el alma llena de veneno”

El insulto no es nuevo. Ya en el 2021 llamó a los obispos “demonios con sotana”. Pero ahora eleva el insulto al mismo Vaticano…

Porque Ortega también arremetió contra Juan Pablo II a quien acusó de tirano por mandar callar a los sandinistas que gritaron durante una misa en 1983. Según Ortega, san Juan Pablo II llegó a Nicaragua “manipulado por Ronald Reagan y con una mentalidad totalmente alejada del cristianismo”

Es curioso porque Ortega insiste en que la Iglesia se mete en política, pretende derrocarle, etc y no son nadie para meterse en cuestiones de orden temporal.

En cambio, al parecer, él si es quien para decidir sobre cuestiones eclesiásticas y decidir quién debe de ser obispo, quien no y qué es sacrilegio y qué no. Incluso se permite afirmar que el Papa Juan Pablo II estaba alejado del cristianismo… ¿Pretende ser él la máxima autoridad católica? ¡Alucinante doble vara de medir!

Como ves, el asunto sube de tono. Y mientras tanto, Mons. Rolando sigue en la cárcel. La Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de EEUU ha emitido un comunicado de solidaridad. También la oposición nicaragüense se ha solidarizado. 

Si todavía no lo hiciste tu, todavía estás a tiempo:

Me sumo a la exigencia de liberación inmediata de Mons. Rolando Alvarez

Lo más alucinante es que estás declaraciones de Ortega (acompañado de su mujer y vicepresidenta Rosario Morillo) se produjeron el pasado 19 de abril, ‘bautizado’ como Día de la Paz.

Paradójico porque el 19 de abril de 2018 hubo una queja ciudadana contra el régimen de Ortega-Murillo y fue brutal y violentamente reprimido. Como dicen desde la oposición, paradójico que se califique de día de la paz para conmemorar la comisión de delitos de lesa humanidad…

Así de duras están las cosas en Nicaragua. Cualquier novedad, te iré contando. Un fuerte abrazo,

Luis Losada y todo el equipo de CitizenGO

PD. Si ya firmaste esta campaña, ¿podrías compartirla para que más gente se sume y hagamos más presión?