Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
Continuando con sus catequesis sobre el Concilio Vaticano II, León XIV habló sobre la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo
Como ha hecho todos los miércoles desde principios de 2026, León XIV continuó su catequesis sobre el Concilio Vaticano II el 1 de abril. Al comentar la constitución dogmática Lumen gentium durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro ante varios miles de fieles, declaró que el apostolado de los laicos "no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se extiende al mundo".
El pontífice estadounidense comentó el cuarto capítulo de Lumen Gentium, que trata sobre los laicos. Representan a "la gran mayoría del pueblo de Dios", pero durante siglos fueron considerados únicamente como "aquellos que no pertenecen al clero ni a los consagrados", señaló el Papa. Sin embargo, "el Concilio afirma la igualdad de todos los bautizados", recalcó.
En una Plaza de San Pedro azotada por el viento y dominada por nubes grises, León XIV enfatizó que "cuanto mayor es el don, mayor es el compromiso". Por eso, según el Papa número 267, el Concilio "se centra en la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo".
Según Lumen Gentium, el pontífice indicó que están llamados a participar "a su manera" en "el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo". Por ello, enfatizó la complementariedad entre los laicos y los consagrados: el pueblo de Dios es una "comunidad orgánica, en virtud de la fructífera relación entre ambas formas de participación en el sacerdocio de Cristo".
El Papa número 267 recordó el compromiso de Juan Pablo II, tras el Concilio, de "revitalizar el apostolado de los laicos". Esto "no se limita al ámbito de la Iglesia, sino que se extiende al mundo", insistió el Papa.
Según el ex misionero en Perú, "la Iglesia está presente dondequiera que sus hijos profesan y dan testimonio del Evangelio". Por lo tanto, los laicos deben demostrar "la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que se cumplirán en el Reino de Dios".
"El mundo necesita estar imbuido del Espíritu de Cristo", continuó el Papa. "Y esto solo es posible con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos", exclamó.
La Iglesia Católica debe estar "encarnada en la historia" y "siempre abierta a la misión", explicó León XIV. Así debe ser "esta Iglesia que sale al mundo, de la que nos habló el Papa Francisco", concluyó.
El Señor Jesús advirtió a sus discípulos que se cuidaran del mundo porque habían sido elegidos por Él; hoy, esa advertencia sigue vigente para el cristiano
Jesús, el Señor, conoció a muchas personas durante su vida en la tierra, y vio lo mejor y lo peor de ellas, por lo que advirtió a sus discípulos sobre lo que podían esperar si decidían entregarse a Él, advertencia que sigue vigente para el cristiano actual.
Resistir al demonio
Por supuesto, sus enseñanzas iban encaminadas al amor y conocimiento de Dios, a quien hay que aprender a serle fiel rechazando lo que ofrece el mundo. Por ello, claramente dijo:
"Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, él mundo los odia".
(Jn 15, 19)
Por tanto, a pesar de las consecuencias, hay que vivir rechazando lo que ofrece el demonio, como dice el apóstol Santiago:
"¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios [...] Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes".
(Sant 4, 4.7)
Portadores de la buena noticia
Mundanizarse significa simpatizar con las cosas de mundo: el placer, los deseos carnales, la ambición, la soberbia, y toda clase de pecados que alejan al ser humano de Dios. En pocas palabras es apartarse de Dios.
Por ello, el deber del cristiano es convertirse en portador de la buena noticia y no adaptarse al mundo, recordando que lo que le ofrece es pasajero y que nada se llevará al morir, mas que las buenas obras y todo lo derivado de su amor y obediencia a Dios.
Vivir en el mundo sin ser del mundo
Jesús repite a sus discípulos cuál es el precio que hay que pagar por escucharlo, porque los que no tienen fe creen que el cristiano está equivocado, atacándolo con fiereza. Por eso, pide al Padre para que los preserve del Maligno:
"Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo".
(Jn 17, 14-16)
Vivamos con esperanza porque la promesa de Cristo se cumplirá para los que crean firmemente.
En la década de los cincuenta del siglo pasado éramos 2,500 millones de seres humanos habitando en la Tierra. En 2010 llegamos a 7,000 millones. Hace un mes, en la maternidad de Nuestra Señora de la Altagracia de Santo Domingo, República Dominicana, llegó simbólicamente el bebé 8,000 millones
Nació la noche del martes 15 de noviembre. Se llama Damián. Midió 52 centímetros y pesó 2.77 kilos. Es el primer aporte dominicano al cómputo mundial y marca un hito en materia de crecimiento demográfico al llevar a la población mundial a su mayor cifra de la historia. El alumbramiento se ha producido sin complicaciones.
Según los demógrafos el crecimiento de la población mundial se ha ralentizado desde 1970. Y sigue a la baja. De hecho, en 2020, según los datos de la ONU, por primera vez en la historia fue menor a 1%. Las previsiones son que en 2100 la población mundial alcanzará los 10,400 millones de personas.
UNFPA-R Dominicana
Hay varios factores que frenan el crecimiento de la población (en 80 años crecerá 2,400 millones), entre los que se encuentran la baja en la tasa de fecundidad, el envejecimiento de la población mundial, el aumento de la esperanza de vida entre las mujeres y la decisión cada vez más extendida en países desarrollados de no tener hijos.
Las organizaciones internacionales hablan de fomentar y desarrollar la resiliencia demográfica en el mundo, «invirtiendo en mejores infraestructuras, educación y atención sanitaria, así como garantizar el acceso a la salud y los derechos sexuales y reproductivos». Nada hablan del fondo del asunto: el respeto a la vida.
Dejemos hablar a la mamá
«El nacimiento de Damián no ha provocado mucho pesimismo neomalthusiano. Tal vez sea porque todo el mundo sabe que el ritmo de aumento demográfico va a descender pronto, quizás también porque a estas alturas las teorías del economista y clérigo británico ya se dan por superadas», escribe Fernando de Haro en su columna de páginasDigital.es
De Haro reconoce en su artículo que es cierto que los recursos alimentarios son limitados, pero que éstos crecen en la medida en que se demandan. «En los últimos 20 años, miles de millones de personas han salido de la pobreza y, nunca hemos estado tan cerca de erradicar el hambre en el mundo».
Por lo demás, dice De Haro, los discursos anti humanistas, basados en el eslogan «el hombre debe desaparecer como un rostro dibujado en la arena de una playa», sí reaccionaron ante la llegada de Damian al mundo. Para ellos, el hombre no es el centro de la creación, sino «una fuerza antinatural que ha roto el equilibrio primordial de la Tierra».
Más sencilla sería la vida si hiciéramos caso a las palabras de la madre de Damián –la señora Damaris Ferreras (35) a los medios dominicanos: «Este niño es una bendición de Dios». Y eso que Damaris no tiene un trabajo fijo y no tiene un marido que la apoye.
Contraviene toda la intelectualidad antihumanista. Y confirma que cada bebé es un regalo divino. El problema es que Damaris no tiene medios de expresión y las lumbreras de Silicon Valley los tiene por montones. Tantos que hasta se aburren de vivir.
Herido por el pecado original, el hombre se enfrenta cotidianamente a tres enemigos: el demonio, el mundo y la carne. Y tras la "crítica" decisión de seguir a Cristo, en seguida se descubre que la vida cristiana se parece mucho al deporte: para perfeccionar el juego hay que entrenar mucho más de lo que parecía.
Es la comparación a la que recurre un joven sacerdote para ofrecer unos buenos consejos para la vida espiritual. Clayton Thompson fue ordenado en 2013 y es párroco de la iglesia de San José, en Delphi (Indiana) y director de la Oficina de Vocaciones de la diócesis de Lafayette-in-Indiana.
En un artículo en Those Catholic Men explica que luchar contra el pecado y la tentación que conduce a él es complicado en ocasiones, pero que "son las cosas pequeñas las que, con la gracia de Dios, nos llevan a la victoria".
Siguiendo las pautas de un "gigante espiritual" como San Francisco de Sales (1567-1622) y su Introducción a la vida devota el padre Thompson desmonta seis estrategias equivocadas y propone las contrapuestas. Traducimos, con algunas adaptaciones, sus propuestas. (Las citas de San Francisco de Sales son todas de la Parte IV: Los avisos necesarios contra las tentaciones más ordinarias; el número indica el capítulo del que están tomadas).
1. No ames la tentación
Parece obvio, ¿no? Pero, asumámoslo, incluso después de romper con ciertos pecados, la tentación hacia ellos aún puede hacernos sentir bien. Cuando un tipo ha apartado de su vida la rabia y la ira, regodearse en el pensamiento de lo que le diría a la gente que le ha hecho mal puede darle una gran sensación de victoria. Un hombre que nunca traicionaría a su mujer puede sentirse muy a gusto dándole vueltas a la idea de hacer una visita a esa chica de la oficina que le mira con buenos ojos.
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales? "La complacencia sirve, ordinariamente, de paso para llegar al consentimiento” (3).
2. No te pongas en tentación
Esto es un asunto tanto de previsión como de honestidad. Primero, requiere previsión: si sé que cada vez que converso con esas personas a la hora de comer terminamos hablando de asquerosidades y cotilleando de los demás, es culpa mía si caigo en murmuraciones y deshonestidades. Al mismo tiempo, requiere honestidad: a menudo, cuando nos ponemos en situaciones porque nos decimos s nosotros mismos que estamos “por encima” de ciertos pecados. Esto puede ser verdad, pero es menos frecuente de lo que nos gusta pensar. Si me he dado cuenta de que me gustan ciertas tentaciones, tengo que ser honesto en evitar las situaciones que me conducen a ellas. Es lo que se llama “evitar la ocasión de pecado”.
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales? “Ocurre, a veces, que la sola tentación es pecado, porque somos causa de ella” (6).
Foto: Nick Shulahian / Unsplash.
3. No te angusties
La tentación no es pecado (punto 1) siempre que no seamos causa de la tentación poniéndonos en la situación que la genera (punto 2). Si quiero algo que no es mío y siento el impulso de llevármelo cuando nadie me ve, mientras sea un sentimiento, se queda solo en una tentación molesta. Las cosas empiezan a ir mal cuando nos ponemos histéricos por sentirnos tentados. Cuando perdemos la paz, empezamos a creernos la gran mentira del Tentador de que nunca superaremos el sentimiento de una lucha cuesta arriba… hasta que nos rindamos. Y cuando esa mentira se instala en nuestra mente, el siguiente paso es la caída.
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales? “La inquietud es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado” (11).
4. No escuches a la tentación
San Francisco de Sales distinguía entre tentaciones mayores y menores: por ejemplo, la tentación de matar a alguien y la de enfadarse con él; la de robar algo y la de codiciarlo; la de cometer perjurio y la de decir una mentira; la de cometer adulterio y la de no guardar la vista. Mientras que contra las grandes tentaciones tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas, con las tentaciones pequeñas dice San Francisco de Sales que nuestra principal tarea es simplemente dejarlas pasar: deshacernos de ellas tranquilamente y no dejar que nos roben la paz. Es el viejo truco del elefante rosa: cuando más intentamos no pensar en elefantes rosas, más ocupan nuestra conciencia. Cuando surjan las tentaciones y las reconozcas como tales, recházalas y sigue tu camino, no dedicándoles ni solo pensamiento más. Si no, se hacen abrumadoras.
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales? “Desprecia, pues, estos pequeños ataques… No hagas otra cosa que alejarlos sencillamente, sin combatirlos ni responderlos de otra manera que con actos de amor a Dios” (9).
Elefantes rosas... la pesadilla de Dumbo.
5. No conviertas la tentación en una cuestión de voluntad
Cuando un hombre está intentando superar un cierto pecado en su vida, con frecuencia se descorazona por su debilidad al luchar contra las tentaciones hacia ese pecado. Muchas veces, el problema es de perspectiva. Si mi aproximación a la vida moral es decir “le voy a demostrar a Dios lo bueno que soy no pecando”, en vez de “amo a Dios y por tanto odio el pecado y quiero dominarlo porque perjudica mi relación con Él”, no hay que sorprenderse si Dios me permite caer: pensaría que soy mi propio salvador. La confianza en uno mismo es una de las principales causas de la caída. Cuando vienen las tentaciones, la claves está en confiar más intensamente en la gracia de Dios, humillarse ante Él y amarle más.
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales? “Espera tu liberación más de la bondad y providencia de Dios que de tu industria y diligencia; si buscas tu liberación por amor propio, te inquietarás y acalorarás en pos de los medios, como si este bien dependiese más de ti que de Dios” (11).
6. No te calles
Quizá una de las verdades más importantes que recordar al hablar del pecado y de la tentación es que no estamos solos en esta lucha. Dios está ahí, pero también el Maligno. El Maligno no es un cuento de brujas: es real e influye en tu vida. Aunque una buena parte de las tentaciones provienen del desorden en nuestras almas, Satán y los espíritus malignos son también intensamente activos. Uno de los mayores peligros es intentar luchar por tu cuenta contra una inteligencia-angélica-entregada-al-mal. Comenta con otras personas tus luchas: ten otras personas a quienes rendir cuentas, un confesor habitual que conozca tu alma y comprenda las tretas de Satanás. Esa apertura y honestidad es esencial para vencer los pecados que nos conducen a la desgracia.
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales? “El gran remedio contra todas las tentaciones, grandes y pequeñas, es desahogar el corazón y comunicar a nuestro director todas las sugestiones, sentimientos y afectos que nos agitan. Fíjate en que la primera condición que el Maligno pone al alma que quiere seducir es el silencio” (7).
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"Son las pequeñas cosas las que cuentan en la vida", concluye el padre Thompson: "Así que haz caso a San Francisco de Sales y lucha contra las tentaciones en la forma correcta".