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viernes, 29 de noviembre de 2024

El demonio se vende muy bien, pero paga muy mal

Una mujer abre los brazos ante el sol del amanecer, en la playa.

La libertad interior nos permite dejar de ser prisioneros de las circunstancias, sobre todo mediante la confesión, que nos libra de las cadenas del remordimiento.

Como dice la celebérrima película, El diablo viste de Prada. De esto se desprende que el maligno se venda tan bien y pague francamente mal; casi tanto como aquellos vendehúmos de birlibirloque que ofrecen palacios de cristal, pero que luego no te pagan la hipoteca.

Bromas aparte, a medida que he ido cumpliendo años, me he ido dando cuenta de una cosa, y es que, cuando uno se va haciendo mayor, los pecados cada vez le satisfacen menos.

Esto se debe, desde mi humilde punto de vista, a que el tiempo parece que corre más deprisa a medida que transcurren los años; y por consiguiente, el placer que nos reporta pecar disminuye, debido a que se vuelve paulatinamente más fugaz.

Tengo la sensación de que, en la edad adulta, el carpe diem vive compinchado con el tempus fugit. El usufructo -uso y disfrute- de cometer pecados es cada vez más pasajero, perecedero, caduco… Por algo el filósofo Alan Watts diría aquello de que “el hombre sufre a causa de su sed de poseer lo que es esencialmente transitorio”.

No le voy a decir al pecado aquello de “tú, antes, molabas”, pero hay que reconocer que, antaño, pecar tenía un poco más de gracia; que no de Gracia, ojo. Así pues, venerable lector, a base de recordarte que cada vez mola menos cometer pecados (dicho con sentido del humor), te concito a dejar de sobrevalorar la placentera magnitud de hacerlo. Con vistas a la eternidad, nunca compensó, pero es que, ahora, no compensa ni en la vida terrena (huelga matizar que esto último lo digo en broma).

La perspectiva que tenemos de pecar es mucho mayor que el disfrute que realmente nos proporciona hacerlo; porque el demonio se vende muy bien, pero paga muy mal; y cada año que pasa, parece que es peor pagador.

A este razonamiento de que, en la edad adulta, el carpe diem vive compinchado con el tempus fugit, he de agregar otro, que consiste en que, a medida que nos hacemos mayores, nuestra libertad para pecar -es decir, nuestra libertad para dejar de ser libres- es cada vez menor. La salud languidece -nuestra independencia, también- y el peso de las responsabilidades aumenta. En definitiva, el libre albedrío se vuelve casi tan menguante como la luna ante la llegada del amanecer…

El renombrado teólogo Jacques Philippe, en su opúsculo La libertad interior, nos advierte de que “cuantos más años vamos cumpliendo, menos son nuestras posibilidades de elegir”; advertencia que redondea con la siguiente cita del Nuevo Testamento: “En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando hayas envejecido, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras” (Jn 21, 18).

Ante esta verdad como un templo (y nunca mejor dicho), Jacques Philippe nos recuerda que hay una libertad de elegir que la edad jamás nos podrá arrebatar: se trata de la libertad interior; esa que nos lleva a aceptar interiormente aquello que incluso no hemos elegido, por tremebundo que sea, con esperanza en que Dios, en esta vida o en la otra, nos compensará; y, además, con creces, puesto que su amor y su justicia son infinitas; porque "ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman" (1 Cor 2, 9); y a los premios de Dios no hay tempus fugit que pueda hacerles frente…

Un ejemplo de libertad interior en la falta de libertad para elegir sería el de Etty Hillesum, una joven judía que murió en Auschwitz en las postrimerías de 1942, y cuyo diario fue publicado en 1981. Su singladura espiritual comienza a coger fondo y forma en aquella Holanda sacudida por la persecución nazi.

Un amigo psicólogo ayuda a Etty Hillesum a descubrir el irresistible magnetismo de los valores cristianos, lo cual provoca, en palabras de Jacques Philippe, que “al tiempo que le son arrebatadas todas sus libertades externas, descubre dentro de sí misma una felicidad y una libertad interior que en adelante nadie le podrá arrancar”. A esto, el teólogo añade: “Por todas partes se ven carteles en los que se prohíbe a los judíos transitar por los senderos que conducen al campo. Pero, por encima de ese poquito de carretera que nos queda permitido, se extiende el cielo entero”.

Esto último el insigne Philippe lo relaciona con “la estrechez de los lugares” en los que vivió Teresa de Lisieux; en donde la santa carmelita no fue privada, a través de su “sensibilidad espiritual”, de “una maravillosa sensación de amplitud, de expansión”. En un paraje del mapamundi “humanamente tan pequeño y pobre”, en “un pequeño Carmelo provinciano de vulgar arquitectura, un jardín minúsculo, una pequeña comunidad compuesta por religiosas cuya educación, cultura y costumbres serían seguramente básicas”, halló -catapultada por su insaciable libertad interior- “horizontes sin fin”, “inmensos deseos”, “océanos de gracias”, “abismos de amor”, “torrentes de misericordia” …

De este modo, la libertad interior nos permite dejar de ser prisioneros de las circunstancias, algo que nos hace genuinamente libres, puesto que nos reviste de libertad incluso en los momentos en los que la capacidad de elegir brilla por su ausencia…

El egregio León Tolstói, en su novela corta La muerte de Iván Illich, retrata a un personaje -cuyo nombre es el que da título a la obra- que, tras vivir afanado a los éxitos mundanos, es atizado por una severa enfermedad. En aquellos momentos de soledad, empieza a valorar la escasa compañía que tiene. Deja de rodearse de esnobs caviar, de burgueses ilustrados y altos funcionarios, para permanecer bajo los cuidados de su mujer y de un humilde campesino llamado Gerasim; pero lo que realmente le reconforta en estos momentos de tribulación es el confesarse con un sacerdote; puesto que le libera de las cadenas del remordimiento que genera el no poder volver atrás y cambiar muchas cosas.

En otras palabras, la libertad que Iván Illich no adquirió a lo largo de su dorada trayectoria, la encontró confinado en su hogar, reconciliado con Cristo, arropado por el manto de su Gracia, gracias al sacramento de la confesión

 Ignacio Crespí de Valldaura, ReL

Vea también      Decálogo sobre cómo defenderse del demonio
y evitar sus seducciones





jueves, 14 de julio de 2022

Cómo «no» luchar contra la tentación: seis consejos realistas para no caer de nuevo en la trampa


 

Herido por el pecado original, el hombre se enfrenta cotidianamente a tres enemigos: el demonio, el mundo y la carne. Y tras la "crítica" decisión de seguir a Cristo, en seguida se descubre que la vida cristiana se parece mucho al deporte: para perfeccionar el juego hay que entrenar mucho más de lo que parecía.

Es la comparación a la que recurre un joven sacerdote para ofrecer unos buenos consejos para la vida espiritual. Clayton Thompson fue ordenado en 2013 y es párroco de la iglesia de San José, en Delphi (Indiana) y director de la Oficina de Vocaciones de la diócesis de Lafayette-in-Indiana.

Clayton Thompson.

En un artículo en Those Catholic Men explica que luchar contra el pecado y la tentación que conduce a él es complicado en ocasiones, pero que "son las cosas pequeñas las que, con la gracia de Dios, nos llevan a la victoria".

Siguiendo las pautas de un "gigante espiritual" como San Francisco de Sales (1567-1622) y su Introducción a la vida devota el padre Thompson desmonta seis estrategias equivocadas y propone las contrapuestas. Traducimos, con algunas adaptaciones, sus propuestas. (Las citas de San Francisco de Sales son todas de la Parte IV: Los avisos necesarios contra las tentaciones más ordinarias; el número indica el capítulo del que están tomadas).

1. No ames la tentación

Parece obvio, ¿no? Pero, asumámoslo, incluso después de romper con ciertos pecados, la tentación hacia ellos aún puede hacernos sentir bien. Cuando un tipo ha apartado de su vida la rabia y la ira, regodearse en el pensamiento de lo que le diría a la gente que le ha hecho mal puede darle una gran sensación de victoria. Un hombre que nunca traicionaría a su mujer puede sentirse muy a gusto dándole vueltas a la idea de hacer una visita a esa chica de la oficina que le mira con buenos ojos.
 
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
"La complacencia sirve, ordinariamente, de paso para llegar al consentimiento” (3). 

2. No te pongas en tentación

Esto es un asunto tanto de previsión como de honestidad. Primero, requiere previsión: si sé que cada vez que converso con esas personas a la hora de comer terminamos hablando de asquerosidades y cotilleando de los demás, es culpa mía si caigo en murmuraciones y deshonestidades. Al mismo tiempo, requiere honestidad: a menudo, cuando nos ponemos en situaciones porque nos decimos s nosotros mismos que estamos “por encima” de ciertos pecados. Esto puede ser verdad, pero es menos frecuente de lo que nos gusta pensar. Si me he dado cuenta de que me gustan ciertas tentaciones, tengo que ser honesto en evitar las situaciones que me conducen a ellas. Es lo que se llama “evitar la ocasión de pecado”.
 
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Ocurre, a veces, que la sola tentación es pecado, porque somos causa de ella” (6). 

Hombre pensativo en un sofá.

Foto: Nick Shulahian / Unsplash.

3. No te angusties

La tentación no es pecado (punto 1) siempre que no seamos causa de la tentación poniéndonos en la situación que la genera (punto 2). Si quiero algo que no es mío y siento el impulso de llevármelo cuando nadie me ve, mientras sea un sentimiento, se queda solo en una tentación molesta. Las cosas empiezan a ir mal cuando nos ponemos histéricos por sentirnos tentados. Cuando perdemos la paz, empezamos a creernos la gran mentira del Tentador de que nunca superaremos el sentimiento de una lucha cuesta arriba… hasta que nos rindamos. Y cuando esa mentira se instala en nuestra mente, el siguiente paso es la caída.
 
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“La inquietud es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado” (11). 

4. No escuches a la tentación

San Francisco de Sales distinguía entre tentaciones mayores y menores: por ejemplo, la tentación de matar a alguien y la de enfadarse con él; la de robar algo y la de codiciarlo; la de cometer perjurio y la de decir una mentira; la de cometer adulterio y la de no guardar la vista. Mientras que contra las grandes tentaciones tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas, con las tentaciones pequeñas dice San Francisco de Sales que nuestra principal tarea es simplemente dejarlas pasar: deshacernos de ellas tranquilamente y no dejar que nos roben la paz. Es el viejo truco del elefante rosa: cuando más intentamos no pensar en elefantes rosas, más ocupan nuestra conciencia. Cuando surjan las tentaciones y las reconozcas como tales, recházalas y sigue tu camino, no dedicándoles ni solo pensamiento más. Si no, se hacen abrumadoras.
 
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Desprecia, pues, estos pequeños ataques… No hagas otra cosa que alejarlos sencillamente, sin combatirlos ni responderlos de otra manera que con actos de amor a Dios” (9).


Elefantes rosas... la pesadilla de Dumbo.

5. No conviertas la tentación en una cuestión de voluntad

Cuando un hombre está intentando superar un cierto pecado en su vida, con frecuencia se descorazona por su debilidad al luchar contra las tentaciones hacia ese pecado. Muchas veces, el problema es de perspectiva. Si mi aproximación a la vida moral es decir “le voy a demostrar a Dios lo bueno que soy no pecando”, en vez de “amo a Dios y por tanto odio el pecado y quiero dominarlo porque perjudica mi relación con Él”, no hay que sorprenderse si Dios me permite caer: pensaría que soy mi propio salvador. La confianza en uno mismo es una de las principales causas de la caída. Cuando vienen las tentaciones, la claves está en confiar más intensamente en la gracia de Dios, humillarse ante Él y amarle más.
 
¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Espera tu liberación más de la bondad y providencia de Dios que de tu industria y diligencia; si buscas tu liberación por amor propio, te inquietarás y acalorarás en pos de los medios, como si este bien dependiese más de ti que de Dios” (11). 

6. No te calles

Quizá una de las verdades más importantes que recordar al hablar del pecado y de la tentación es que no estamos solos en esta lucha. Dios está ahí, pero también el Maligno. El Maligno no es un cuento de brujas: es real e influye en tu vida. Aunque una buena parte de las tentaciones provienen del desorden en nuestras almas, Satán y los espíritus malignos son también intensamente activos. Uno de los mayores peligros es intentar luchar por tu cuenta contra una inteligencia-angélica-entregada-al-mal. Comenta con otras personas tus luchas: ten otras personas a quienes rendir cuentas, un confesor habitual que conozca tu alma y comprenda las tretas de Satanás. Esa apertura y honestidad es esencial para vencer los pecados que nos conducen a la desgracia.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“El gran remedio contra todas las tentaciones, grandes y pequeñas, es desahogar el corazón y comunicar a nuestro director todas las sugestiones, sentimientos y afectos que nos agitan. Fíjate en que la primera condición que el Maligno pone al alma que quiere seducir es el silencio” (7).
 

* * *

"Son las pequeñas cosas las que cuentan en la vida", concluye el padre Thompson: "Así que haz caso a San Francisco de Sales y lucha contra las tentaciones en la forma correcta".

ReL

Vea también        Sermón sobre las tentaciones
- Santo Cura de Ars





























miércoles, 30 de septiembre de 2020

¿Qué son las ocasiones próximas de pecado?

 


Se dice que la persona que está en peligro de ofender a Dios es porque se encuentra en una situación que la conduce al pecado; es decir, en circunstancias que suponen para él una facilidad e incitación a pecar. La ocasión próxima de pecado puede proceder de personas que le incitan con su mal ejemplo o de cosas que atraen su voluntad al mal.

Por ello, no siempre debemos pensar que es fruto de malas compañías, también son hábitos o lugares que frecuentamos que nos llevan al mal camino. Para entender esto, podemos poner de ejemplo aquellos amigos que nos invitan a participar de actividades que incitan la lujuria, la embriaguez, la vanidad, etc. o ciertos lugares no recomendables para el católico por su alto contenido de tentación hacia los vicios o pecados de la carne tal como son las discotecas, disco-pubs, tabernas (cantinas), casinos, etc.

Es importante saber, que consentir las ocasiones de pecado, es similar a “amar el peligro”, pues estas poniendo en riesgo tu alma a caer en la tentación. Acercarnos al pecado (ocasión próxima) es dejarnos morder por la serpiente. La Escritura dice:

El corazón endurecido temerá al final el mal, y el que ama el peligro perecerá en él. Eclesiástico 3:27

"Como de serpiente huye del pecado, porque, si te acercas, te morderá. Dientes de león son sus dientes, que quitan la vida a los hombres. "Eclesiástico, 21:2

Por ello, debemos aprender a evitar estas ocasiones, o lo que viene a ser lo mismo “no ponernos en tentación”. La tentación es una solicitud, instigación o estímulo, interior o exterior, para cometer algún pecado. Decimos es interior cuando proviene de nuestra concupiscencia (egoísmo, soberbia, impaciencia, la carne), el apóstol Santiago enseña que: Cada uno es tentado por sus propias concupiscencias, que le atraen y seducen” (Santiago 1,14). Pero también existen tentaciones externas, en este sentido coincidirían con las ocasiones próximas de pecado: Sugestiones del mundo, o del demonio. Muchas de las tentaciones que sufrimos en el transcurso de nuestra vida provienen de las sugestiones e insinuaciones del demonio y del mundo. En este caso la propia escritura nos recomienda huir de lo que ocasionará el pecado:

Y si tu ojo derecho te escandaliza, sácalo y échalo de ti. Porque te conviene que se pierda uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te escandaliza córtala y échala de ti; porque te conviene que se pierda uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo sea echado al infierno "Mateo 5: 29-30

Este texto, no debe entenderse literalmente sino la enseñanza que de este se deriva y es que cuando estamos ante una ocasión próxima de pecado, debemos actuar rápidamente evitando todo diálogo con ella o darle gusto, alejándonos de la tentación, en definitiva, cortar toda relación con lo que nos va a generar esa tentación que nos incitará a pecar.

Evidentemente la división en los dos tipos de tentaciones se debe a que existen   3 los enemigos del alma, el demonio, la carne y el mundo. Los tres actúan juntos, nos inducen al pecado y a la condenación, por eso es fundamental conocer quiénes son los enemigos del hombre en su progreso espiritual y su camino de santidad para poderlos hacer frente.

Cuando en teología se habla de “ocasión de pecado”, se suele diferenciar entre “ocasión próxima” y “ocasión remota”. Son próximas las que ponen en un peligro serio y grave; es decir, un peligro tal que prudentemente se ha de temer que hará sucumbir a la persona de quien se trata. Son remotas las que conllevan un peligro ligero, que pide cautela, pero que se supone fácilmente superable.


Ejemplos prácticos de ocasión próxima de pecado:

Pongamos algunos ejemplos de ocasión próxima de pecado: digamos que tengo la costumbre de murmurar sobre la gente, hablando a sus espaldas. Digamos que Dios me da la gracia de arrepentirme de ese pecado, de confesarlo y de sentir un fuerte deseo de romper ese hábito. Para hacerlo, será de ayuda evitar situaciones que tienden a fomentar el chisme (esas situaciones son las “ocasiones de pecado” que estamos considerando). Quizás almorzar en el club de tenis es una situación en la que los chismes tienden a dominar la conversación. O tal vez salir a tomar algo con amigos que tienen esta mala costumbre y nos incitan a ello. Evitar ir a estos lugares frecuentemente o no pasar mucho tiempo con esas personas puede ser una buena elección. Me ayudarían a evitar situaciones (ocasiones) en las que tiendo a ceder a la tentación del chisme.

Otro ejemplo, sé que me entra la tentación por la vista, pues a los hombres la tentación de la carne, del sexo , de la excitación les entra por los sentidos en concreto el de la vista, si yo conozco que tengo esa tentación evitaré comprar revistas que me generen dicha tentación, evitaré ver películas de contenido erótico o sexual, e incluso ir a lugares donde estaré siendo tentado, como son las discotecas, playas, disco-pubs etc.

¿Cómo evitar las tentaciones y las ocasiones próximas de pecado?

Por último, os dejo algunas enseñanzas de sacerdotes que han tratado este tema más ampliamente:


Jose Maria Iraburu :

La tentación hay que combatirla desde el principio, desde que se insinúa. Hay que apagar la chispa del fuego inmediatamente, antes de que haga un incendio. Hay que aplastar la cabeza de la Serpiente tentadora en cuanto asoma, al punto, sin entrar en diálogo, sin darle ninguna opción.


Royo Marin en su obra “Teología de la perfección cristiana”:

Durante la tentación. - La conducta práctica durante la tentación puede resumirse en una sola palabra: resistir. No basta mantener una actitud meramente pasiva (ni consentir ni dejar de consentir), sino que es menester una resistencia positiva. Pero esta resistencia positiva puede ser directa o indirecta.

a) RESISTENCIA DIRECTA es la que se enfrenta con la tentación misma y la supera haciendo precisamente lo contrario de lo que ella sugiere. Por ejemplo: empezar a hablar bien de una persona cuando nos sentíamos tentados a criticarla, dar una limosna espléndida cuando la tacañería trataba de cerrarnos la mano para una limosna corriente, prolongar la oración cuando el enemigo nos sugería acortarla o suprimirla, hacer un acto de pública manifestación de fe cuando el respeto humano trataba de atemorizarnos, etc. Esta resistencia directa conviene emplearla en toda clase de tentaciones, a excepción de las que se refieren a la fe o a la pureza, como vamos a decir en seguida.

b) RESISTENCIA INDIRECTA es la que no se enfrenta con la tentación, sino que se aparta de ella, distrayendo la mente a otro objeto completamente distinto. Está particularmente indicada en las tentaciones contra la fe o la castidad, en las que no conviene la lucha directa, que quizá aumentaría la tentación por lo peligroso y resbaladizo de la materia.

Adolfo Tanquerei en su obra “Compendio de Teologías ascética y mística”:

Para vencer las tentaciones y hacerlas redundar en provecho de nuestra alma, hemos de procurar tres cosas principales: 1º prevenir la tentación; 2º pelear con ella valientemente; 3º dar gracias a Dios después de la victoria, o levantarnos después de la caída.

Jesús Urones y Yasmin Oré, ReL

 

Vea también  Tentaciones don del Espíritu

 




miércoles, 11 de marzo de 2020

Cuatro trampas que te susurra el demonio para que dejes de rezar, y lo que puedes contestarle

Son universales: no distinguen a religiosos o laicos, expertos o novatos

Es cuestión de fijar las prioridades al distribuir el tiempo, dice la autora del artículo: si no establecemos un momento para rezar, lo más probable es que no lo hagamos en todo el día.
Es cuestión de fijar las prioridades al distribuir el tiempo, dice la autora del artículo:
 si no establecemos un momento para rezar, lo más probable es que no lo hagamos en todo el día.

El demonio "hace todo lo posible por separar al hombre de la oración", dice el Catecismo de la Iglesia Católica (2725). Los trucos que emplea para ello son muy comunes -no distinguen entre laicos o religiosos, expertos o novatos- y simples. Pero si son comunes y simples es precisamente porque son eficaces para lograr su objetivo.
Christine Ponsard escribió en su día en Famille Chrétienne un artículo alertando de cuatro trampas básicas y en él ofrece algunos argumentos para desecharlas.

Cuatro tramas que hay que evitar
La oración cotidiana suele figurar entre las nuevas resoluciones de cada año. El Tentador no dejará de tendernos trampas  para desanimarnos. Recordemos algunas. 
Trampa número 1. La oración es inútil
Efectivamente, la oración no sirve para nada, si nos atenemos a los criterios habituales de eficacia. Desde un punto de vista humano, rezar es perder el tiempo. Además, está la gran cuestión que plantean los monjes y monjas al mundo que les rodea: ¿para qué sirven esos hombres y esos mujeres cuya vida se consume en la oración? Esas vidas entregadas parecen, a los ojos de muchos, como vidas desperdiciadas.
Nosotros cometemos exactamente el mismo error cuando renunciamos a rezar con el pretexto de que tenemos demasiado trabajo: nos situamos en una lógica de la productividad, en vez de situarnos en una lógica del amor. Si estamos un poco atentos, veremos que, en nuestra vida lo que es más inútil es también lo más precioso: hacerle mimos a un niño, por ejemplo, abrazar a tu cónyuge o contemplar un paisaje hermoso. Del mismo modo, la oración es radicalmente inútil y fundamentalmente indispensable.
Trampa número 2. No sabes rezar.
El Tentador multiplica los argumentos para demostrar con argumentos apabullantes que la oración es algo demasiado difícil para mí, que es cosa de especialistas, que debería formarme antes de empezar a rezar, etc. Una vez más, es cierto: yo no sé rezar.
Mi oración está llena de distracciones, de infidelidades, de búsqueda sutil de mí mismo y de mil otras imperfecciones. ¿Y qué? Cuando un padre coge en brazos a su bebé y él empieza a balbucear y a sonreír, ¿acaso el padre suelta a su hijo y le dice: “Te dirigirás a mí solo cuando sepas hablar”? ¡Por supuesto que no! Al contrario, lo contempla enternecido y maravillado esos torpes balbuceos. Lo que es verdad para los padres en la tierra, ¡lo es también para Dios!
Trampa número 3. Ya rezarás cuando tengas tiempo.
Una cosa es segura: si espero a tener tiempo para rezar, no rezaré, porque siempre tendré mil otras tareas más urgentes que cumplir. Si tengo la intención de rezar hoy, pero no fijo un momento concreto para ello, corro un gran riesgo de llegar a la noche sin haber encontrado ni un minuto disponible.
Quien reza de forma regular no es quien dispone de mucho tiempo libre, sino quien decide consagrar un tiempo a la oración. Es una cuestión de elección. ¿Cuáles son mis prioridades? ¿Quiero situar la oración en el centro de mi vida, o la considero como un lujo opcional? Si es algo primordial, ocupará un buen lugar en mi gestión del tiempo.
Trampa número 4. Tu trabajo es tu oración.
Dicho de otra manera: si trabajas con toda tu alma, ofreciendo tu trabajo al Señor, eso te dispensa de rezar. Es cierto que la oración no es la única forma de mantenerse en presencia de Dios, de estar cercano a Él y de servirle. ¡Afortunadamente! Porque si no, eso querría decir que no podríamos pasar más que una pequeña parte de nuestras jornadas con Dios.
¿Cuándo estoy cercano a Dios, “conectado” a Él? Cuando hago su voluntad, allí donde Él quiera, cuando y como Él quiera. Si eso es a la hora de preparar la comida, de animar una reunión de trabajo o de llevar las cuentas de mi empresa, realizando ese trabajo es como estoy más cercano a Él.
Soy llamado a hacerlo todo en presencia de Dios y por amor a Él. Pero “no se puede orar «en todo tiempo» si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos” (Catecismo de la Iglesia católica, 2697). Podría rezar trabajando si, todos los días, rezase también sin trabajar.
* * *
Estas cuatro trampas son universales. Todos los que rezan se tropiezan con ellas, de una forma u otra. Contrariamente a lo que piensa mucha gente, la oración no es más fácil para una carmelita que para una madre de familia. Porque la oración es siempre un combate “contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración” (2725).
Confiemos pues nuestras buenas resoluciones a María, “la orante perfecta” (2679), cada mañana, para que no se acabe el día sin que hayamos dedicado un tiempo a rezar.
Traducción de Carmelo López-Arias.  ReL
Vea también Cartas del diablo a su sobrino sobre la castidad

domingo, 18 de noviembre de 2018

Tentaciones típicas del diablo para arruinar matrimonios

El demonio sabe claramente que si trabaja para destruir el matrimonio, puede desentrañar y destruir todo el tejido de la sociedad



Es cierto que muchos de nosotros nos vamos de vacaciones, pero hay alguien que nunca se va de vacaciones, y para el caso, nunca se irá de vacaciones. ¿Puedes adivinar quién puede ser? ¡El diablo! ¡Eso es correcto, el diablo! Trabaja 25 horas al día, ocho días a la semana, y 366 días cada año.
De hecho, ¡es uno de los trabajadores más constantes del mundo! Padre de Mentiras y Asesino desde el Principio, Príncipe de este mundo, serpiente antigua, Lucifer, Satanás, demonio, diablo, todos estos son nombres para el diablo que se encuentran en los Sagrados Textos de la Escritura.
Los santos han acuñado otros nombres que resaltan diferentes aspectos de su mala intención, aquí están algunos:
Santo Tomás de Aquino llama al diablo El Tentador.
San Agustín lo llama un perro enojado en una correa, ¡mejor mantén tu distancia!
San Ignacio, que nos dio los Ejercicios Espirituales y las Reglas para el Discernimiento de los Espíritus (en parte explicando la obra del diablo en nuestras vidas), llama al diablo El Enemigo de la naturaleza humana. En el día de la fiesta litúrgica de San Martín de Tours llama al diablo “Bloque“.
Por último, san Pedro, en una de sus cartas, llama al diablo un León Rugiente que busca devorar a quien puede. ¡Estamos llamados a resistirlo!
Uno de los principales ataques del diablo en la sociedad moderna es lanzar sus misiles contra la institución más antigua establecida por Dios, la familia. El matrimonio es la unión entre hombre y mujer, esposo y esposa, unidos en un sacramento que llamamos Santo Matrimonio, abierto a tener hijos y a educarlos en el amor y el temor del Señor.
El diablo sabe claramente que si puede trabajar para destruir la institución de la familia puede ayudar a desentrañar y destruir todo el tejido de la sociedad. Los historiadores nos dicen que una vez que la familia se desentraña, la sociedad se descompone rápidamente.
Siendo éste el caso, ¿cuáles son algunas de las tentaciones típicas que el diablo lanza contra parejas para debilitar y eventualmente destruir a la familia? En este breve artículo presentaremos cinco de las más insidiosas pero comunes tentaciones que el Padre de la Mentira y el Asesino desde el Principio lanza contra la familia.

1. Vivir juntos. Unión libre. Cohabitación. Matrimonio de prueba.

Hemos enumerado varios títulos para los numerosos acuerdos de parejas que militan contra el Sacramento del Santo Matrimonio.
Hace dos generaciones, una pareja católica que eligiese uno de los arreglos de vida mencionados anteriormente serían vistos como radicales, renegados, parias y un escándalo flagrante en todo el mundo. Hoy en día, si una pareja comienza a convivir en un matrimonio similar, casi se considera normal.
Muchos jóvenes afirman: “Tenemos que probarlo primero, comprobar si tenemos química”. “Tenemos que ver si funciona, si somos compatibles”.
Mientras tanto, están dispuestos a vivir fuera del estado de gracia, poniendo así en peligro su salvación eterna, sin mencionar el mal ejemplo que dan a los niños nacidos en estas circunstancias.
Las parejas que viven en este estado se están convirtiendo en una verdadera epidemia. Peor aún, la sociedad se de-sensibiliza a creer que esto es normal y que está bien. Detrás de las escenas en este escenario no se encuentra otro que no sea el diablo, ¡el mentiroso!

2. Uniones del mismo sexo.

A pesar de que las uniones homosexuales han sido legalizadas, eso no significa que sean correctas. Como en el caso del aborto que fue legalizado en los Estados Unidos en 1973, no significa que las uniones del mismo sexo legalizadas sean morales.

Lo que es legal no siempre es moral.

La Sagrada Escritura nos enseña que volviendo al Libro del Génesis que Dios creó al hombre ya la mujer, Adán y Eva, y dijo que un hombre debe dejar a su padre y a su madre para unirse a su esposa:
“Lo que Dios ha unido, entre hombre y mujer, no deje que nadie se separe” (Génesis 3).
Detrás de esta mentira de las uniones del mismo sexo está el diablo.

3. Adulterio.

En el Sermón del Monte Jesús elevó el amor, la fidelidad y la pureza a un nivel mucho más elevado. Jesús dijo:
“Tú lo has escuchado: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que todo aquel que mire a una mujer con lujuria, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”(Mateo 5, 27-28).
Una de las interpretaciones modernas de este pasaje, en relación con el Sacramento del Santo Matrimonio, es que aun cuando un hombre casado no cometa el acto de adulterio físico con otra mujer, todavía puede cometer adulterio de otras maneras, a través de sus ojos, en su mente y en las profundidades de su corazón.
Por supuesto, una de las formas más comunes de adulterio moderno es la de hombres casados ​​(y a veces mujeres) que ven pornografía. Más allá de la sombra de la duda, esto se está volviendo más y más común, causando estragos y destruyendo familias.
Una vez más, detrás de gran parte de la industria del porno no está simplemente un diablo, ¡sino una enorme multitud de demonios! Una de las frases más comunes que trata de minimizar la gravedad de ver la pornografía, especialmente en los hombres, es la siguiente: “Bueno, los niños serán niños. Los hombres serán hombres”.
Al mismo tiempo, las familias están siendo destruidas y los niños están siendo gravemente heridos y marcados por esto durante toda su vida.

4. No estar abierto a la vida.

Hace años las parejas se casaban y anhelaban que los niños vinieran lo antes posible. Las parejas con 6, 8, 10 o 12 hijos eran casi la norma. Este siempre era el caso, incluso si económicamente la pareja no tenía una abundancia.
Hoy en día es todo lo contrario. Las parejas se casan y su mentalidad es cómo podemos evitar tener hijos.
Para muchos, la filosofía es como tal: Tengamos nuestro hogar, nuestro nuevo automóvil, nuestra televisión de pantalla grande, nuestro yate, nuestro centro vacacional, y después de que todos estos bienes materiales sean comprados, entonces puede ser hora de tener un hijo o una niña. Dos, como mucho.
En una sociedad saturada por el materialismo, el hedonismo, el egocentrismo y el utilitarismo, la cosa prevalece sobre traer al mundo una nueva entidad con un alma y una existencia inmortal que llamamos persona humana.
Esta atmósfera anticonceptiva y anti-vida es promovida y cultivadapor el diablo. Nuestro Dios es un Dios de vida. El diablo es un mentiroso y un Asesino desde el Principio.

5. Falta de comunicación.

Debe decirse, a nivel social, que muchas parejas, desde el comienzo de su matrimonio, nunca aprendieron realmente a dialogar. Nunca aprendieron el importante arte de la comunicación.
La comunicación es un arte con el que ninguno de nosotros nace. Debe ser aprendido. Por lo tanto, antes de llegar al día de pronunciar la fidelidad en los buenos y malos tiempos, en la salud y en la enfermedad, en las riquezas y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe, las parejas deben ser conscientes de la extrema necesidad de comunicarse, del arte de la comunicación, y hacer todo en su poder para nunca renunciar a esforzarse por mejorar en sus habilidades de comunicación.
Incluso en este proceso, el diablo puede actuar como un gusano en el camino de las vidas de las parejas para bloquear la comunicación de las siguientes maneras:
  • El diablo puede convencer a una pareja de que es mejor no hablar para evitar conflictos.
  • El diablo puede tentar a una pareja a pronunciar palabras hirientes que actúen como picaduras de abejas.
  • El diablo puede trabajar de tal manera que uno puede querer hablar de todo y el otro no quiera decir nada.
  • El diablo puede convencer a una pareja de evitar hablar con Dios. En resumen, Dios ayuda a las parejas a comunicarse bien.
  • Por último, el diablo puede mover a una pareja a hablar más a otra persona(exes o incluso nuevos “amigos” del sexo opuesto) que a su propio cónyuge, en gran detrimento de su matrimonio.
En conclusión, incumbe a todos los cristianos ser muy conscientes de las obras del diablo, quien está empeñado en destruir a la humanidad. Uno de sus primeros ataques es sobre la Institución de la Familia, la cuna del niño, la Iglesia Doméstica y el futuro de la humanidad.
Volvamos a la Sagrada Familia: San José, María y Jesús, rogamos su intercesión ayudándonos a ser conscientes de los astuciosos ataques del diablo, ayúdanos a rechazar sus tentaciones y a fomentar todo lo puro, noble y digno de alabanza.
Artículo publicado por Píldoras de fe