Mostrando entradas con la etiqueta Evangelización en las redes sociales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Evangelización en las redes sociales. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de agosto de 2026

Policía experta en ciberseguridad: «Si vieran lo que yo veo cada día, no darían móviles a sus hijos»

Del sexting a depredadores y adicciones: una policía revela los peligros que encuentra a diario y pide a los padres retrasar el primer móvil.

Silvia Barrera es agente de la Policía Nacional especializada en ciberseguridad.

Silvia Barrera es agente de la Policía Nacional especializada en ciberseguridad.


    El uso y abuso de los dispositivos móviles por parte de los menores es uno de los grandes retos a los que se enfrentan los padres hoy en día.

    La red es un universo enorme con grandes oportunidades pero también con numerosos peligros: pornografía, ciberacoso, adicción, hipersexualización...

    En muchas ocasiones los padres no saben dar respuestas y cuando se percatan del problema ya es tarde.

    Sobre este asunto sabe mucho Silvia Barrera, inspectora de Policía y experta en ciberseguridad. Persigue el cibercrimen desde 2006. Esta agente especializada publicó en 2020 su libro Nuestros hijos en la Red. 50 cosas que debemos saber para una buena prevención digital y en una interesante entrevista en ABC dio respuesta a algunos de estos interrogantes.

    1- Tiempos más complejos

    -Hay que comprender que los adultos hemos heredado la Red y la utilizamos más con fines profesionales o utilitarios (hacer compras por internet, utilizan la banca online, etc.). Pero los niños no. Para ellos, su mundo gira en torno a lo digital. Su manera de comunicarse es visual: no se llaman por teléfono sino que se envían un vídeo por TikTok. Este es el mundo en el que han nacido.

    »Lo viven con la misma intensidad con la que nosotros vivimos en su momento el mundo físico y, por tanto, hay que entenderlo. Por eso es vital crear una cultura digital desde pequeños. ¡Es lo que van a proyectar en su vida! Es una inversión de futuro. Internet no es un fenómeno que ha venido para irse. No, ha llegado para quedarse, está aquí y va a ir a más. Por eso es tan importante entender este nuevo mundo.

    2-Actúa, no te excuses

    -Es una necesidad que entendamos el mundo en el que viven los menores porque los adultos seguimos viendo internet como un juego. Se piensan que los menores viven en un mundo virtual en el que juegan, se divierten, experimentan... Pero es que estamos hablando de «su mundo», y es un entorno que tiene muchos riesgos.

    »Al igual que en el físico nos preocupamos por no dejarles solos en plena calle, ¿por qué les dejamos solos en el mundo virtual? Cuanto antes nos sentemos con ellos a hablar, a explicarles las cosas, mejor. Es el mundo que nos ha tocado vivir.

    »No hay que olvidar que con 3 años les estamos dejando la tableta para que vean vídeos. Con esa edad no va a chatear y cuando se la quitas, se la has quitado. No lo discute. Pero estamos dándole ya un dispositivo electrónico desde que no saben hablar, están consumiendo información y es solo cuestión de tiempo que quieran independencia, que te pidan un móvil, con sus cuentas, y tener cierta privacidad. Por eso es una inversión de futuro. Lo que no puedes hacer es darle un móvil a la edad que sea y cuando tenga 15, ponerle normas e intentar reconducir la situación cuando antes no les has formado ni has establecido unas normas.

    3-Que sea tu prioridad

    - Es una cuestión de prioridades porque forma parte de la educación enseñarles los riesgos de la Red y estar un poco al día de los que sucede. Es también una inversión de futuro. A los niños les están dejando solos con una herramienta que les abre al mundo. Por eso no se les puede dejar solos. ¡Lo veo todos los días!

    »Hay que configurarles el dispositivo, enseñarles que no pueden estar todo el día conectados y que, a la hora de dormir, se van a su cuarto sin el móvil. En la familia se deben crear unas normas de uso y un clima de confianza porque los niños van siempre a buscar ciertas aplicaciones, redes sociales, o cosas por internet por su cuenta. Pero, al estar educado, sabe que se salta las normas y cuando reciba un mensaje de un extraño o algo peligroso, te preguntará.

    » Es mejor que el niño vaya a ti a que tú tengas que estar detrás de él. Y este tipo de conflictos familiares son asuntos que la familia, no la policía, tiene que resolver en casa.

    4-«Ciberagentes» de los hijos

    - Es que los adultos no son conscientes y, además, ignoran la potencialidad de los niños, que son muy listos: pueden saberse cuál es tu código de desbloqueo del móvil o descargarse «apps» que no deben, usarlas y luego eliminarlas. Los padres tienen que estar muy atentos y no pueden permitir que el niño tenga un móvil cuyo código PIN desconozcan o no sepan qué hace su hijo tanto tiempo con el móvil.

    «Si se lo quito se enfada», me dicen muchos padres. Quítaselo. No hay más. No se les va a crear un trauma por quitarles el móvil durante una semana por un mal uso o por si se saltan las normas. Hay que ser estrictos.

    »De hecho, estoy segura de que si vieran lo que yo veo todos los días, serían conscientes y no darían móviles a sus hijos.

    5-Entender cómo funciona

    -No hace falta que hagan un máster ni nada parecido. Lo explico en el libro. Hace falta solo entender cómo funciona la Red. Son solo cuatro cuestiones muy básicas. Al final, todo se repite. Los padres me siguen haciendo las mismas preguntas que hace 10 años: siguen las mismas dudas y la misma ignorancia. Ves que al final no saben ni lo más básico.

    »¿Cuántos saben que la edad mínima de acceso a las redes sociales es de 13 años? ¿Y 16 en el caso de WhatsApp? Olvidamos que los niños no tienen herramientas emocionales para afrontar una situación de acoso. ¡No las tiene ni un adulto! Los riesgos están ahí y por eso hay que enseñarles.

    6-Ser didácticos con ellos

    -El afán de los menores es tener seguidores o, si no, eres un don nadie. Ellos saben que cuanto mayor impacto genere lo que publiquen, más «likes» y seguidores obtendrán. Entonces no distinguen si el contenido es peligroso, violento, de adultos... Pero saben que llaman la atención.

    »Y además, tienen referentes que, en muchas ocasiones, son adultos. Creen que socialmente está bien visto así que ¿por qué no lo van a hacer ellos? Hay que explicarles, sin embargo, que eso no está bien. Es difícil pero hay que pararles los pies. No se les puede mandar el mensaje de que valen más por lo que publican en sus redes sociales.

    El problema es que ese contenido es accesible y nadie les enseña que lo que un «youtuber» recomienda es falso o que lo que hace no está bien. Y son sus referentes. Todo esto hay que hacerlo a edades tempranas. No hay que hablarles de delitos, sino de límites, y explicarles que no se pueden compartir fotos íntimas, por ejemplo. Por que hay otra cosa: es más fácil cruzar la línea roja en internet que en el mundo físico.

    7-Pendientes de lo que publican

    -Son muchos los conceptos que me planteas. Lo primero que deben saber los padres es qué publican sus hijos por la razón de que si un menor de 12 años está en Facebook compartiendo fotos, vídeos o cualquier otro tipo de contenido... ¿por qué tiene perfil en esta red social cuando no puede?

    »En el caso de que quiera tenerlo, habrá que configurarle una cuenta a través de un email que maneje el progenitor, por ejemplo. El perfil lo tiene que configurar también el padre o la madre aunque «yo te deje usarlo». Y a los niños hay que dejarles muy claro que esa cuenta la gestionas y revisas tú. Nunca hay que dejar que se haga él su propio perfil en una red social.

    »Con respecto a la intimidad, no se trata de leerle todas sus conversaciones de WhatsApp pero sí de supervisar su actividad. Por ejemplo, si vemos que chatea con alguien que no es de su círculo cercano, que se esconde o se aparte de ti cuando está con el teléfono, no quiere que sepas cuál es su PIN... Algo pasa. Por eso siempre se debe supervisar el teléfono.

    »Lo que está claro es que revisarle todo porque sí, no. Pero depende de cada caso, depende mucho de la madurez del menor, de lo que se le inculque... Por eso insisto en la misma idea: es vital enseñarles desde pequeños, establecer un clima de confianza con el menor. Hay padres que consienten todo y cuando es así, tenemos dos opciones: que nunca pase nada o que, cuando pase, sea ya demasiado tarde para encauzar esa situación.

    Entrevista publicada originariamente en el diario ABC , ReL se hizo eco el 6 de febrero de 2020.

    REL

     Vea también    Una cultura adicional para Evangelizar






    viernes, 25 de julio de 2025

    Las 9 grandes amenazas de los «influencers» católicos: los valores del Evangelio... ¿o de Instagram?

     «La viralidad promete visibilidad, pero tiene el peligro de cambiar la esencia por la actuación»

    Rob Galea, Jessica Bond, Claire Forbes y Augie Angrisano, presentadores de Catholic Influencers Podcast.

    Rob Galea, Jessica Bond, Claire Forbes y Augie Angrisano,
    presentadores de Catholic Influencers Podcast.

    La Iglesia se prepara para la celebración en Roma de un gran evento jubilar dedicado a los “influencers” católicos y a los conocidos como “misioneros digitales”. Es la primera vez que la Iglesia apuesta por dirigirse exclusivamente a ellos desde el Vaticano, lo que sucederá los próximos 28 y 29 de julio, en los primeros días del Jubileo de los jóvenes. Ante su proximidad, no son pocos los que comienzan a plantearse algunas advertencias o aspectos a tener en cuenta para que la evangelización en redes no se separe de su sentido y significado originales.

    Uno de ellos es el sacerdote Noé Banasiewicz, que recientemente titulaba su último artículo para America Magazine advirtiendo de que “los influencers católicos tienen un problema de teoría -y de evangelización- en los medios”.

    Para el sacerdote no pasa desapercibido que los llamados “influencers católicos” son vistos, cada vez más, como los nuevos misioneros y comparte de que las redes facilitan que cualquiera pueda ser un evangelizador natural. Sin embargo, plantea, también “se corre el riesgo de alterar el significado mismo de lo que significa evangelizar”.

    En este sentido, y tras citar a algunos de los grandes expertos en la teoría de la comunicación contemporánea, Banasiewicz observa que el Evangelio ha encontrado “un nuevo púlpito” en las redes sociales, que ofrecen “una oportunidad única para conectar, especialmente con los alejados de la Iglesia”.

    1. Hablar al algoritmo: ¿Buena evangelización o publicación?

    Pero frente a esta oportunidad también hay una amenaza que radica en la constitución misma de las redes sociales, regidas por un algoritmo que “no es ni neutral ni objetivo”.

    El éxito, observa, se mide cuantificando la interacción, con incentivos que premian y recompensan ciertos comportamientos y estilos de contenido, por lo que se debería considerar si la interacción puede ser una métrica significativa para evaluar la eficacia de nuestros esfuerzos de evangelización. En resumen, una pregunta que se podría desprender del planteamiento del sacerdote es si tener 100 likes, o 100.000, permite presumir de que se ha desarrollado una buena labor evangelizadora o simplemente una buena publicación desde los criterios técnicos.

    2. La diferencia entre una conversión y un "me gusta"

    El sacerdote coincide en que el problema no es la interacción en sí misma. Tener más o menos likes y compartidos y que el algoritmo lo premie. Al fin y al cabo, es lógico plantearse qué sentido tendría usar las redes si la gente no encuentra el mensaje a transmitir. El problema, dice, es su sospecha de que el entretenimiento o contenidos no estrictamente evangelizadores permeen en lo que los influencers consideran que es algo netamente religioso y espiritual.

    “El problema no es la interacción, sino las negociaciones [o cesiones] que los influencers católicos realizan al elaborar su contenido bajo esta imposición [del algoritmo]. Este asunto es aún más preocupante cuando reconocemos que estas negociaciones ocurren tanto consciente como inconscientemente. Con demasiada frecuencia, parecemos confundir la conversión de corazones y mentes con la adquisición de "me gusta" y seguidores”, advierte Banasiewicz.

    3. ¿Los valores del Evangelio... o los de Instagram?

    El sacerdote reitera en varias ocasiones que su artículo no pretende ser una crítica a los llamados “influencers católicos”; pero sí una advertencia frente a las herramientas que estos emplean: al mismo tiempo que presentan una gran oportunidad para difundir, también cuestiona “su tendencia a potenciar el contenido emotivo, partidista e incluso hostil”, lo que a su juicio es “una profunda debilidad”: “Si bien las tendencias y la viralidad prometen visibilidad, conllevan el peligro de cambiar la sustancia por la actuación”.

    El sacerdote concluye preguntándose si, en definitiva, las redes sociales en las que se encuentran los influencers católicos reflejan los valores del Evangelio o los de la plataforma en sí misma.

    Al estudiar estas plataformas y lo que recompensan, concluye, “las medidas de éxito propuestas a menudo contrastan marcadamente con los esfuerzos y las condiciones del discipulado y apostolado. Los influencers católicos necesitan reconocer estas dinámicas para ser más perspicaces y resistir la tentación de contribuir a ellas. Este es el primer paso necesario para fomentar una participación más sana en las redes sociales y preservar la integridad de cualquier esfuerzo de evangelización digital”.

    4. Un formato que busca determinar el mensaje

    Otra de las que se ha sumado a este análisis es Amy Welborn, escritora especializada en fe y espiritualidad residente en Alabama.

    Como si se tratase de una continuación al artículo de Banasiewicz, Welborn observa tres peligros fundamentales que afectan a toda evangelización en la vida cristiana, pero que se convierten en tentaciones especialmente significativas cuando se aborda el fenómeno de la evangelización digital.

    Advierte en primer lugar de “centrarse en el yo en lugar de Dios en el discurso”, de modo que se evite un “deísmo terapéutico” por el que se prioriza la felicidad personal como meta espiritual. Un episodio al que parecen contribuir el entorno digital y de las redes sociales, que a su juicio “privilegia la expresión que se centra en elevar a la persona”.

    Especialmente la experiencia, apariencia y contenidos de moda, corriendo el riesgo de que el contenido se vea influenciado o determinado por el formato y el mensaje por las necesidades del emisor y las demandas de la audiencia. Así, lamenta, “la evangelización en la era de Instagram se convierte en lo que Instagram y el resto de las redes sociales son: un mercado aspiracional que comercia con la imperfección y lo performativo”.

    5. Una evangelización viral... que olvida al prójimo

    El segundo de los peligros es un alcance global que pasa de ser una posibilidad a una “obligación”, olvidando al prójimo más inmediato en pos de uno lejano y, en muchos casos, virtual. Algo que ejemplifica irónicamente con un hipotético ejemplo de preguntas a quien no evangeliza por redes: “¿Qué te pasa? ¿Solo le haces la compra a tu vecina mayor y le haces compañía? ¿Solo dedicas tus días a mantener una casa y criar a tus hijos? ¿No deberías estar usando tus dones y talentos para arrasar [evangelizando en redes]? Es fácil hacerlo, ¿sabes? Existe esta plataforma”.

    Para Welborn, esta secuencia de preguntas es una muestra del énfasis en la “valentía de arriesgarse”, contrastando con una espiritualidad tradicional que “siempre ha recordado que se requiere valentía y gracia para acercarse al prójimo, cara a cara, con las obras de misericordia y centrando en nuestra vida espiritual lo cotidiano y pequeño”.

    6. Parroquias con muchos seguidores y pocos fieles

    Un riesgo que también puede afectar a las parroquias que aspiran a una destacada presencia en internet. “Es genial e importante pero, ¿la parroquia ofrece un servicio [de evangelización y apoyo] puerta a puerta en los límites de su jurisdicción? ¿Todas las personas dentro de esos límites, católicas o no, conocen la parroquia como un lugar donde encontrarse con Cristo”, plantea la escritora.

    Aborda también los peligros que suponen para la humildad unas redes sociales y medios de comunicación contemporáneos que lo que alientan es generalmente el orgullo y la vanidad.

    7. El orgullo como virtud, la humildad como vicio

    “La forma potencial más importante que tiene el panorama actual para doblegar nuestra fe y nuestro sentido de nosotros mismos como personas es la inversión de valores: tentarnos a ver el orgullo como una virtud y la humildad como un vicio”, advierte.

    La pregunta es si el modelo de las redes sociales llega a ese extremo. Para Welborn no parece haber duda de que así se trata, lo que argumenta señalando a un algoritmo que “premia centrarse en el creador, el individuo y la narrativa personal”.

    De ello surgen “fuertes tentaciones” que “nos alejan de la humildad y nos llevan al orgullo”. Para explicarlo, también remarca la diferencia entre realizar actos de virtud y exponerlos públicamente. Así, exponer la búsqueda de la justicia o la práctica de las obras de misericordia, no son actos de orgullo, pero lo que es seguro es que “lentamente nos arrastrará” a ello. Hablando de los santos, observa que la gente se sentía atraída por ellos debido a su obra y personalidad. La pregunta es: ¿Estaba Santa Catalina de Siena construyendo su marca en aras de su ministerio?

    8. Señales de alerta

    Entre algunas señales que deberían alertar a todo influencer católico de la posibilidad de incurrir en esta desviación, observa estas actitudes:

    • Centrarse constantemente en uno mismo.

    • Presentar la propia vida como un modelo espiritual, incluso aunque se diga que todo es para Jesús.

    • Exponerse, haciendo del falso desorden, cuidadosamente compuesto, un destino diario para quienes buscan comprensión y consuelo.

    • Convertirse en un líder de pensamiento cuyas opiniones deben publicarse lo antes posible.

    • Crear una cuenta en redes sociales que, según se afirma, trata sobre evangelización, pero que, de alguna manera, no es mucho más que una plataforma de marketing.

    9. Ver la oportunidad, pero también la amenaza

    La autora concluye reconociendo que nadie enciende una lámpara para meterla debajo del celemín y que los fieles estamos llamados a evangelizar.

    La cuestión, dice, es comprender cómo el enfoque de las redes basado en el “yo” y el alcance global tienta para olvidar unas obras de misericordia que deben ser puestas en práctica fuera de los hogares, y su lugar es ocupado por una “elevación” personal que enorgullece en nombre de la evangelización.

    En resumen, concluye, “podría ser bueno equilibrar nuestra comprensión de las grandes redes como una "oportunidad" (que lo es) con la posibilidad de que sean una "tentación". Y no solo para perder el tiempo o revolcarnos en la perversión, sino como una tentación para deformar nuestra propia fe: redefinir el apostolado de maneras que inviertan la virtud y el vicio y justifiquen nuestra evasión del trabajo mucho más arduo del amor cara a cara al prójimo”. 

    J.M.C., ReL

    Vea también     Evangelización en el mundo moderno