domingo, 8 de noviembre de 2020

12 errores que no se perdonan en las homilías y predicaciones: los fieles desconectan, hartos...

 


La popular actriz Assumpta Serna y su marido Scott Cleverdon, responsables y fundadores en Madrid de una escuela para actores, oradores y comunicadores, han empezado a colaborar con entidades eclesiales en cursillos de formación y comunicación, tanto para laicos como para sacerdotes.

Su relación con la comunicación católica empezó en 2017, con el rodaje de la película Red de Libertad, la historia de la monja Helena Studler que ayudaba a muchas personas a huir de los nazis. Les gustó trabajar con el director Pablo Moreno y el sacerdote Juan Carlos Sánchez y su equipo y han repetido ahora con una película sobre San Antonio María Claret.

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Fruto de varios cursillos y encuentros con sacerdotes, parroquianos y profesores, ha surgido el libro Entre la espada y la pared (Ed. San Pablo) lleno de ideas para comunicar bien el Evangelio.

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El libro incluye ideas y consejos muy aplicables sobre cómo mejorar las homilías, cómo hablar ante la cámara, cómo leer en misa, cómo vocalizar mejor (incluso con algunas páginas de ejercicios vocales).

La Iglesia española casi nunca ha encargado encuestas ni sondeos sobre nada (desde hace décadas se limita a asumir las que encargan otros, incluyendo las de sus enemigos). Sin embargo, cuando alguna entidad católica ha sondeado a los feligreses, y también en el extranjero, se ha constatado que la mayor queja de los fieles son las malas homilías: aburridas, sin sustancia o incomprensibles.

En 2017 el periodista Álex Navajas constataba que "el 90 por ciento de las homilías que escucho son son completamente prescindibles y aburridas. No son más que una repetición de palabras angostas y barrocas mezcladas con cierta ñoñería sensibloide e ideas generales y ambiguas que apenas nadie entiende".

Assumpta y Scott en el libro señalan 12 errores de comunicación comunes en las malas homilías, los malos discursos y las malas predicaciones y los llaman "Los 12 errores que no se perdonan".

Los 12 errores que no se perdonan

1. No se le entiende.

No oigo lo que dice. No me habla a mí. No quiere o no siente la necesidad de comunicar. No le preocupa si no le entiendo. Parece que solo cumple con la misa, sin voluntad de hacerse entender, de llegar, de conectar. No puedo oírle.

2. No despega los ojos del texto.

No sé a quién habla, no busca los ojos, se esconde. Está rígido, su voz es monótona. Parece como que todo lo que dice es para él. Ni siquiera puedo verle. ¡Comprueba cómo les llega la comunicación, ponte en su lugar!

3. No hay respeto por lo Sagrado, por la palabra de Dios

"Hemos podido detectar falta de respeto, descuido y negligencia, al comunicar la palabra de Dios. Por ejemplo, el que ayuda al sacerdote, entra y sale en medio de la homilía y se viste con colores chillones impropios de la celebración. O mientras el sacerdote habla, se realiza la colecta. O el domingo, el cura transmite prisa en la homilía y hasta se vanagloria en público de la rapidez con la que ha predicado, para «no aburrir». Si al sacerdote no le importa dar sentido, importancia ni dignidad a la palabra de Dios, los oyentes estarán confundidos, perdidos, perderán la confianza en el que la transmite y el interés en lo que habla".

4. No tiene un mensaje claro que comunicar.

«No sé lo que me ha querido decir esta homilía. Habla mucho, pero no entiendo». Aburre al oyente si no queda claro el mensaje. Le confunde, desconecta, la homilía se le suele hacer larguísima, aunque haya durado pocos minutos. Cita textos bíblicos pero no entiendo lo que esto tiene que ver conmigo hoy.

5. No tiene estructura.

«Se repite en lo que dice, no hay orden en su exposición, no argumenta. No me acuerdo de nada de lo que ha dicho». No argumenta el tema, no conoce la estructura de exposición de cualquier historia.

6. Da órdenes en vez de exponer.

«El cura me dice lo que tengo que hacer, pero no me lo razona». Si la comunicación se produce de manera dogmática, los oyentes de hoy no reciben bien el mensaje de la palabra de Dios.

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7. No busca la cercanía ni la conexión.

Si no le importa lo que pienso, ¿para qué voy a escuchar? No hay sonrisa ni contacto positivo con las personas que asisten a la celebración. No hay interés en saber lo que los oyentes piensan o sienten. Su comunicación es triste, monótona, apagada. Los oyentes se alejan.

8. El sacerdote no transmite nada.

"Cuidado con las manos sin vida, sin armonía, asimétricas o clavadas en el ambón. Intentemos entender por qué nuestra comunicación no es fluida. El celebrante debe procurar crear, saber y dar a entender el porqué de cada movimiento y rito litúrgico. Cada movimiento es revelador de nuestra alma. No pueden tampoco hacerse por rutina".

9. Por miedo a equivocarse no arriesga con pasión al comunicar.

«El sacerdote tiene un tono aburrido, sin energía, impersonal, exhibe una voz reprimida, monótona». No se puede estar hablando de alegría o sabiduría y no tenerla, porque el oyente no le otorgará el papel de referente, de transmisor eficaz de la Palabra que anhela entender. La pasión de lo que comunica el texto bíblico debe ser transmitida por quien me lo comunica.

10. Hace demasiadas pausas.

Para adquirir un impacto dramático abusa de pausas, con lo que el oyente se siente «dirigido», obligado a pensar como él, deja de ser una comunicación honesta, lo que provoca que se retire su confianza en él.

11. No hay un propósito de esperanza positiva para mejorar.

«Si no puedo cambiar la situación, ¿para qué intentarlo?». Desmotivación del oyente: procurar que todos estén motivados a la acción, al cambio, a la conversión en sentido evangélico, que siempre será el propósito de todo buen anuncio.

12. Frases hechas que cubren la ignorancia del sacerdote.

Si intentamos cubrir nuestra ignorancia sobre el tema con frases hechas, solo lograremos la desconfianza de las personas que nos escuchan, que desconectarán sin preguntar. Para darle el título de «padre» al sacerdote, necesitamos que tenga un conocimiento profundo de nuestro mundo. Necesitamos y seguiremos necesitando referentes que nos recuerden la importancia de ir a la esencia, al espíritu y al porqué. Contra la ignorancia, el estudio.

***

Tradicionalmente, los feligreses dejan a los malos predicadores que les aburran semana tras semana durante años y años, mientras sus hijos y sobrinos, hartos, simplemente dejan de ir a la Iglesia.

Otra opción transformadora quizá sería insistirles en que mejoren sus homilías, el mayor momento de contacto hablado entre la Iglesia y los feligreses. Entre la espada y la pared es un libro que ayuda a eso, y también hay cursos.

P.J.G./ReL

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10 pensamientos del Padre Hurtado para cambiar el mundo

 

ALBERTO HURTADO


"Acabar con la miseria es imposible, pero luchar contra ella es deber sagrado"

Cuando el papa Francisco se dirigió a los jóvenes durante su última visita apostólica a Chile, invitó a los jóvenes a conectarse con el “Wifi” de la Fe con una contraseña muy especial: “Qué haría Cristo en mi lugar”. La clave, lo recordó el mismo papa Francisco, responde a uno de los consejos del emblemático san Alberto Hurtado.

El Padre Hurtado (1901-1952), reconocido por su acción social y por haber fundado el Hogar de Cristo, tuvo un calado inmenso en Chile, al punto que el gobierno instituyó el Día de la Solidaridad el 8 de agosto, recordando el día de su prematura muerte por un cáncer de páncreas.

Sin embargo, el Padre Hurtado no sólo es recordado por su compromiso social. Sus mensajes inspiraron en vida, y tras ella, a miles de chilenos, se desempeñen donde se desempeñen. Aquí un compilado con algunas de las frases e ideas más destacadas de este gran santo latinoamericano.

1) ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Ante cada problema, ante los grandes de la tierra, ante los problemas políticos de nuestro tiempo, ante los pobres, ante sus dolores y miserias, ante la defección de colaboradores, ante la escasez de operarios, ante la insuficiencia de nuestras obras ¿Qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?

2) Lo más grande que tiene el mundo es la Santa Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, nuestra Madre, como nos gloriamos en llamarla. ¿Qué sería del mundo sin ella? Porque es nuestra Madre, tenemos también frente a ella una responsabilidad filial: ella está a cargo de sus hijos, confiada a su responsabilidad, dependiendo de sus cuidados… Ella será lo que queramos que sea. Planteémonos, pues, el problema de nuestra responsabilidad frente a la Iglesia.

3) Todo buen ciudadano deberá estar profundamente interesado en que la Iglesia de su patria tuviera muchos y santos sacerdotes. Ellos son la más segura garantía de un progreso valiente y justo en el porvenir. El sacerdote es el padre, doctor, consejero, consolador, amigo, dispensador de la gracia. Cristo viviendo permanentemente en el mundo.

4) Un cristiano verdaderamente consciente de su fe no puede menos que preguntarse cuál es la situación de sus hermanos, cuáles son sus alegrías y sus dolores para “gozarse con los que gozan y dolerse con los que lloran”, como lo hacía Pablo de Tarso.

5) Para realizar este ideal una sola petición quiero haceros, jóvenes esposos: es que procuréis juntos trabajar cada día por conocer más íntimamente vuestra religión, por conocer mejor a Cristo, el gran desconocido de tantos hogares del siglo XX, que recorráis juntos las páginas del Evangelio, las meditéis con amor, y estoy seguro que esa lectura no será ineficaz.

6) Un cristiano sin una preocupación intensa de amar, es como un agricultor despreocupado de la tierra, un marinero desinteresado del mar, un músico que no se cuida de la armonía. ¡Si el cristianismo es la religión del amor!

7) Muchos van a la política para brillar, para surgir, para destacarse: motivos pobres. Otros para defender intereses de un gremio obrero o capitalista, o lo que es más triste todavía, puramente personales; para disfrutar de una influencia que se puede hacer pagar, motivo indigno y bochornoso. Otros van a defender los intereses de su partido, un motivo justo pero insuficiente, porque sobre los intereses del partido están los intereses nacionales. Otros, Dios quiera que sean muchos, van a la política para servir al país.

8) Acabar con la miseria es imposible, pero luchar contra ella es deber sagrado.

9) No descansen mientras haya un dolor que mitigar… Una cruzada de amor y respeto al pobre…porque el pobre es Cristo, Cristo desnudo, Cristo con hambre, Cristo sucio, Cristo enfermo, Cristo abandonado.

10) Es necesario comenzar por salir del ambiente enfermizo de preocupaciones egoístas. Hay gente que vive triste y atormentada por recuerdos del pasado, por lo que los demás piensan de él en el presente, y por lo que podría ocurrirle en el futuro. Que se olviden pues, de sí y se preocupen de los demás, de hacerles algún bien, de servirlos y los fantasmas grises irán desapareciendo. La felicidad no depende de fuera, sino de dentro.

Todas estas frases, y muchas más, se pueden encontrar en la gran colección de escritos y mensajes del padre Alberto Hurtado publicadas en: http://www.padrealbertohurtado.cl/

Esteban Pittaro, Aleteia 

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viernes, 6 de noviembre de 2020

Pareja: Ser claros desde el principio es crucial en un romance


PARA


La comunicación es el antídoto contra la ambigüedad, los malentendidos y las frustraciones de una pareja cuando comienza su historia de amor.

¿Alguna vez has salido con alguien sin saber si considerarlo como una cita? Esta puede ser una situación muy común estos días. Muchas personas fácilmente pueden sentirse confundidas cuando no saben bien si están teniendo una cita o simplemente están encontrándose o pasando el rato.

Cuando dos personas que se están conociendo es normal pasar por una etapa de descubrimiento mutuo sin tener una claridad total sobre el futuro de esa relación, pero el hecho de no ser claros desde el inicio en las intenciones y dar espacio a la ambigüedad probablemente sea algo muy molesto y con el tiempo, hasta peligroso para los dos.

Cuando una persona invierte una energía emocional significativa en otra solo para quedar atrapado en una especie de “limbo sentimental” sin poder avanzar, se convierte en una situación de mucha frustración y sufrimiento. Y cuando una relación termina así, es muy probable que nunca haya sido clara desde el comienzo.

Hoy en día la falta de claridad se está viendo cada vez más incluso en etapas avanzadas de las relaciones, con excepción de aquellas donde hay un compromiso fuerte y claro como es el matrimonio. Con una interacción reducida a las pantallas y en un contexto de pandemia que tiende a poner más distancia, la situación se torna más difícil.

Más allá de las circunstancias, ¿es posible que la falta de claridad se convierta en algo deseable aun cuando pueda ser frustrante?

Gran parte de lo que ocurre tiene que ver con los deseos y los temores de las personas. Hay quienes simplemente no saben lo que quieren y otros ven poca estabilidad en el compromiso debido a la historia personal de sus padres, gente cercana o relaciones previas frustradas.

Con la inestabilidad familiar crece el temor y el no ser claro parece una vía segura ya que el amor duradero se considera arriesgado, improbable e inalcanzable.

Otras veces se limita la cercanía porque se piensa que al evitar el compromiso uno puede prevenir pasar por una pérdida muy dolorosa y otras veces hay temor de que si se habla claro, eso puede convertirse en una amenaza a lo que se tiene o a ser rechazado. En otros casos, la falta de claridad se da simplemente porque no se quiere lastimar al otro.

Lo ambiguo parece dar una seguridad emocional, pero no es real. Entrar en una relación con otro debería ser algo emocionante y no una experiencia frustrante todo el tiempo.

Hoy más que nunca necesitamos claridad en el amor. La claridad es un gesto de amabilidad y la honestidad es uno de los valores más requeridos cuando se trata de estar con otro.

Ser claros no significa terminar una relación o que uno tenga que desaparecer de la vida del otro. Solo explicar amablemente lo que uno busca o pretende puede ser muy liberador. ¿Solo una amistad?, ¿hay un interés más profundo? o ¿aun no lo sabes pero quieres averiguarlo? Comunicarlo es un acto de amor que el otro merece.

Ser claros y honestos el uno con el otro quita el drama y sobre todo la pérdida de tiempo y energía. Se pone como prioridad la búsqueda de la verdad, entendiendo que uno entra en una relación para tener una buena experiencia que le dirá si es posible o no permanecer juntos. Al final todos queremos encontrarnos con la persona indicada.

Mientras estamos conociéndonos, incluso en una etapa temprana, dar primeros pasos siendo claros con los sentimientos e intenciones es algo fundamental. Ser claros hacia dónde queremos ir sin generar falsas expectativas. La verdad puede doler, pero no tanto como la confusión que se genera por la falta de ella.

Si estás buscando el amor y estás harto de no encontrar claridad en tus relaciones, refuerza tu comunicación. Define tus valores, pregúntate qué quieres y esperas de modo que esa firmeza te ayude a ser capaz de expresar tus intenciones sin miedos y con convicción.

Y si estás en una relación en la que sientes que estás continuamente exigiendo una claridad que no llega, las probabilidades de que esa relación tenga un futuro saludable no serán muchas.

Si aún no lo tienes claro, sé sincero y da un paso al costado. No te involucres hasta que puedas saberlo. Y si no estás interesado, dilo desde el comienzo aunque eso signifique rechazar a un buen candidato.

Esa persona merece esa verdad y ¿Quién sabe si ese acto podría ser un impulso para que haga algo para conquistarte o que agregue eso que falta?

La comunicación honesta es el antídoto contra esas frustraciones que al final pueden generar daños emocionales y cerrarnos a nuevas experiencias de amor.

La verdad no siempre es el camino fácil, pero es el más seguro.

Elegir amar, no perder un tiempo valioso ni generar confusión porque “si la trompeta emite un sonido confuso, ¿Quién se lanzará al combate? Así les pasa a ustedes: si no hablan de manera inteligible, ¿Cómo se comprenderá lo que dicen? Estarían hablando en vano” (1 Corintios 14, 8-9).

Cecilia Zinicola, Aleteia

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Era actor con aspiraciones en Hollywood pero su vuelta a misa lo cambió todo: ahora es seminarista

 


Daniel J. Roberts llegó a Los Ángeles como otros muchos miles de jóvenes, con la ilusión de hacerse un hueco como actor y triunfar en Hollywood. Era 2007, cruzó EEUU con su coche empeñado en cumplir su sueño, pero lo que sí que no hubiera imaginado es que diez años después había hecho el camino de vuelta para ingresar en el seminario para ser sacerdote. Ahora ya en tercer curso como seminarista en Pittsburgh relata este camino de ida y vuelta primero hasta la fama y luego hacia la llamada de Dios.

“Llegué a Los Ángeles el 4 de octubre de 2007, fiesta de San Francisco (mi patrón de confirmación, un detalle que se me escapó en ese momento). Estaba cansado después de mi viaje de cinco días por el país en mi Chevy Cavalier, lleno hasta los topes con todo lo que necesitaba para comenzar este nuevo capítulo en mi vida”, cuenta este seminarista en Catholic News Service.

Desde niño le encantaba actuar y pasaba horas y horas haciendo teatro. Pero no fue hasta los 20 años cuando decidió que debía mudarse a Los Ángeles a cumplir este sueño. Acababa de completar sus estudios de interpretación y asegura que en aquel momento “tuve la fuerte sensación de que Dios me estaba llamando a perseguir mis sueños a una escala mayor. Así que di el salto y comencé el capítulo de casi once años de mi vida en Los Ángeles”.

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Daniel, durante una de sus interpretaciones

“Nunca hubiera imaginado que al final de esos 11 años estaría conduciendo de regreso al este, esta vez para ingresar al programa de formación sacerdotal de la Diócesis de Pittsburgh”, afirma Daniel.

Proviene de una familia católica y la fe había sido algo fundamental en su vida. De hecho, consideraba que la actuación era su misión para evangelizar a otros a través de las historias tanto en la pantalla como en el escenario.

En Los Ángeles, hizo cientos de audiciones buscando papeles y no le iba mal en su carrera. Una de las grandes ayudas de ese momento fue su participación en una compañía de teatro cristiana que le impulsó tanto en la creatividad como en espiritualidad.

Iba participando en pequeños proyectos cinematográficos, así como en anuncios y series de televisión como Sleepy Hollow. En esos años también trabajó primero en una cafetería y luego dando clases de interpretación en una universidad.

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Pero pese a todo no se involucró al principio a la vida católica de Los Ángeles sino que durante varios años asistió a una iglesia cristiana sin denominación y participaba en pequeños grupos de oración. Al menos esto le dio unos cimientos para aguantar en un ambiente tan complejo como el del espectáculo.

Otra cosa que me ayudó durante ese tiempo fue la adversidad: largos períodos de sequía entre las audiciones y la creciente conciencia de que si quería tener la oportunidad de perseverar, mi identidad tenía que estar arraigada en algo más profundo que de dónde o cuándo vendría mi próxima oportunidad. Entonces, a lo largo de mis años en Los Ángeles, mi vida espiritual profundizó y asistiera o no a las audiciones, rezaba”, cuenta

 Una de esas oraciones que rezaba decía lo siguiente: “Dios, creo que me llamaste a Los Ángeles y creo que me llamaste para dedicarme a la actuación. Pero si me estás llamando para hacer otra cosa… lo haré. Solo tienes que mostrarme lo qué es".

Pero aunque era feliz con la vida que llevaba, Daniel confiesa que le faltaba algo. Y entonces empezó a volver a sus raíces católicas. “Mientras visitaba a mi familia en Pensilvania, asistí a misa y recordé la belleza de la liturgia católica. Luego, de regreso en Los Ángeles, un amigo me invitó a una parroquia católica, Santo Domingo”, explica.

En su primer domingo en misa sintió que estaba de vuelta en casa. De hecho, recuerda que “la Misa, la predicación de los sacerdotes dominicos y el calor de los feligreses conmovieron mi corazón y me hicieron volver por más”.

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En esta iglesia de Los Ángeles Daniel fue profundizando en la fe y en la llamada al sacerdocio

En esta parroquia dominica, el ahora seminarista llegó a una “nueva comprensión de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la confesión, y me involucré en la comunidad, mucho más rápido de lo que esperaba”.

Al final su involucración era tal que ayudaba en una pastoral para jóvenes adultos y en un grupo de debate sobre películas. Además, profundizó en la lectura espiritual y en la Adoración Eucarística.

Fue entonces cuando en su mente empezó a resonar algo nuevo: ¿y si había nacido para ser sacerdote?. “Este pensamiento me sorprendió y asustó al principio”, confiesa. Le costó un tiempo discernir y asimilar todo esto, pero con la ayuda de algunos sacerdotes aquel mensaje en su mete se volvió imposible de ignorar.

“En 2007, sentí que Dios me estaba llamando a Los Ángeles. Desde que discerní el sacerdocio, he experimentado una llamada más profunda, una llama interior que ha traído un nuevo enfoque a mis años en Los Ángeles y más allá. Tuve mi sueño, y fue lo suficientemente grandioso, pero no se podía comparar con la visión de Dios para mi vida”, afirma Daniel.

Finalmente, cogió sus cosas y volvió a cruzar Estados Unidos en el sentido contrario a cuando lo hizo años antes. Esta vez lo hacía para servir al Señor y ofrecerle su vida. Daniel está ya en el tercer año de seminario. “He recibido muchas más gracias a lo largo del camino. No ha estado exento de desafíos, pero lo que una vez me pareció una locura se parece cada vez más a la aventura que Dios pretendía desde el principio”, concluye.

J. Lozano / ReL

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jueves, 5 de noviembre de 2020

Carta del Vaticano sobre las palabras del Papa en el documental ‘Francesco’

 

 Una carta difundida por la Secretaría de Estado del Vaticano explica lo que dice el Papa Francisco sobre la convivencia entre personas del mismo sexo en el documental Francesco (Francisco).

Se trata de un documento “pastoral” para uso de los obispos, querido por el propio Santo Padre para aportar todas las aclaraciones necesarias después de la confusión causada por las interpretaciones del documental, según confirmaron fuentes vaticanas a la edición francesa de zenit.

El texto, en español, fue publicado el pasado 31 de octubre, sin ninguna otra indicación de origen o destinatario, en la página de Facebook de Mons. Coppola, lo que indica implícitamente el origen de la carta (Secretaría de Estado) y la voluntad de Francisco de aclarar el contexto de sus observaciones, que fueron mal interpretadas.

La misiva, explica, como también hizo zenit, que “hace más de un año, durante una entrevista, el Papa Francisco respondió a dos preguntas distintas en dos momentos diferentes que, en el mencionado documental, fueron editadas y publicadas como una sola respuesta sin la debida contextualización, lo cual ha generado confusión”.

Referencia pastoral

En el extracto que ha causado revuelo en los medios, el Santo Padre hizo en primer lugar “una referencia pastoral acerca de la necesidad que, en el seno de la familia, el hijo o la hija con orientación homosexual nunca sean discriminados. A ellos se refieren las palabras: ‘las personas homosexuales tienen derecho a estar en familia; son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie ni hacerle la vida imposible por eso’”, se lee en el texto.

Para iluminar las declaraciones del Papa, el documento remite al punto 250 de la Exhortación apostólica post-sinodal sobre el amor en la familia Amoris Laetitia (2016): “Con los Padres sinodales, he tomado en consideración la situación de las familias que viven la experiencia de tener en su seno a personas con tendencias homosexuales, una experiencia nada fácil ni para los padres ni para sus hijos. Por eso, deseamos ante todo reiterar que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar ‘todo signo de discriminación injusta’, y particularmente cualquier forma de agresión y violencia. Por lo que se refiere a las familias, se trata por su parte de asegurar un respetuoso acompañamiento, con el fin de que aquellos que manifiestan una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida” .

Ley local de hace 10 años

Después, la misiva se refiere a la pregunta sucesiva de la entrevista, que, “era en cambio inherente a una ley local de hace diez años en Argentina sobre los ‘matrimonios igualitarios de parejas del mismo sexo’ y a la oposición del entonces arzobispo de Buenos Aires al respecto”.

A este propósito, continúa, el Pontífice “ha afirmado que ‘es una incongruencia hablar de matrimonio homosexual’, agregando que, en ese mismo contexto, había hablado del derecho de estas personas a tener cierta cobertura legal: ‘lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil; tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Yo defendí eso’.

Doctrina reafirmada

En este sentido, el documento remite a las palabras que el Obispo de Roma pronunció en una entrevista del 2014: “El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar las uniones civiles para regular diversas situaciones de convivencia, movidos por la exigencia de regular aspectos económicos entre las personas, como por ejemplo asegurar la asistencia sanitaria. Se trata de pactos de convivencia de diferente naturaleza, de los cuales no sabría dar un elenco de las distintas formas. Es necesario ver los diversos casos y evaluarlos en su variedad”.

Por lo tanto, “es evidente que el Papa Francisco se ha referido a determinadas disposiciones estatales, no ciertamente a la Doctrina de la Iglesia, numerosas veces reafirmada en el curso de los años”, concluye.

Con Anita Bourdin

A continuación, sigue el texto completo de la carta compartido por Mons Franco Coppola.

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PARA ENTENDER ALGUNAS EXPRESIONES DEL PAPA EN EL DOCUMENTAL FRANCISCO

Algunas afirmaciones, contenidas en el documental Francisco del guionista Evgeny Afineevsky, han suscitado, en días pasados, diversas reacciones e interpretaciones. Se ofrecen por lo tanto algunos elementos útiles, con el deseo de favorecer una adecuada comprensión de las palabras del Santo Padre.

Hace más de un año, durante una entrevista, el Papa Francisco respondió a dos preguntas distintas en dos momentos diferentes que, en el mencionado documental, fueron editadas y publicadas como una sola respuesta sin la debida contextualización, lo cual ha generado confusión. El Santo Padre había hecho en primer lugar una referencia pastoral acerca de la necesidad que, en el seno de la familia, el hijo o la hija con orientación homosexual nunca sean discriminados. A ellos se refieren las palabras: “las personas homosexuales tienen derecho a estar en familia; son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie ni hacerle la vida imposible por eso”.

El siguiente párrafo de la Exhortación apostólica post-sinodal sobre el amor en la familia Amoris Laetitia (2016) puede iluminar tales expresiones: “Con los Padres sinodales, he tomado en consideración la situación de las familias que viven la experiencia de tener en su seno a personas con tendencias homosexuales, una experiencia nada fácil ni para los padres ni para sus hijos. Por eso, deseamos ante todo reiterar que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar ‘todo signo de discriminación injusta’, y particularmente cualquier forma de agresión y violencia. Por lo que se refiere a las familias, se trata por su parte de asegurar un respetuoso acompañamiento, con el fin de que aquellos que manifiestan una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida” (n. 250).

Una pregunta sucesiva de la entrevista era en cambio inherente a una ley local de hace diez años en Argentina sobre los “matrimonios igualitarios de parejas del mismo sexo” y a la oposición del entonces Arzobispo de Buenos Aires al respecto. A este propósito el Papa Francisco ha afirmado que “es una incongruencia hablar de matrimonio homosexual”, agregando que, en ese mismo contexto, había hablado del derecho de estas personas a tener cierta cobertura legal: “lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil; tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Yo defendí eso”.

El Santo Padre se había expresado así durante una entrevista del 2014: “El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar las uniones civiles para regular diversas situaciones de convivencia, movidos por la exigencia de regular aspectos económicos entre las personas, como por ejemplo asegurar la asistencia sanitaria. Se trata de pactos de convivencia de diferente naturaleza, de los cuales no sabría dar un elenco de las distintas formas. Es necesario ver los diversos casos y evaluarlos en su variedad”.

Por lo tanto, es evidente que el Papa Francisco se ha referido a determinadas disposiciones estatales, no ciertamente a la doctrina de la Iglesia, numerosas veces reafirmada en el curso de los año

Larissa I. López, Zenit





«Soy Yo», exclamó Jesús desde aquel sagrario, «aquí estoy, quiero consolarlos» (Un bello Testimonio)

 


Hoy en misa me ocurrió algo extraordinario. La verdad es que fui temprano por insistencia de Vida, mi esposa. Había pasado una mala semana y estaba desganado espiritualmente. Son esos momentos en que descuidas la oración y todo se pone peor.

No hice más que pisar aquella iglesia cuando escuché una dulce voz en mi interior: «Aquí estoy Claudio».

De pronto me inundó un gozo infinito, difícil de explicar, que estremeció mi vida y mi alma. Todavía, al momento de escribir estas palabras, ruedan pequeñas lágrimas de emoción por mis mejillas.

Qué indignos somos de tanto amor.

Era tanto que se desbordaba de mi alma… Imposible retenerlo.

Me senté en la banca que me asignaron sin decir una palabra.

No quería que aquella certeza del amor de Dios, que estaba en mí, me abandonara.

Sentía el Paraíso en la tierra. Cuánta dulzura en el alma experimenté en aquella Eucaristía, en la que Jesús se hizo presente.

Le pedí a mi esposa un trocito de papel y un lapicero y escribí en él rápidamente esta oración, que me brotó del alma, pidiendo perdón por mis pecados, dudas e indiferencias, agradeciéndole tanto amor, tanta gracia.

Señor del Sagrario, aquí estoy.
He venido a saludarte.

Apiádate de mí.
He dejado de rezar
como solía hacer.
Han disminuido mis fuerzas y
estoy cansado.

Señor del Sagrario, te veo y me miras ilusionado.
A veces creo que ya no puedo más.
Y llegas Tú y me pides continuar.

¿Por qué lo haces?
«Porque te amo».

Señor del Sagrario,
esta mañana he visto al sacerdote
pasar frente a ti.
Se detuvo, te miró, se arrodilló.
Hizo un rato de adoración fervorosa

Quiero esa fe, esa certeza
de que Tú, el Hijo Vivo de Dios
estás allí, en ese Sagrario.

Pero, ¿Cómo puedo quejarme?
Te veo tan solo en tantos Sagrarios,
olvidado, abandonado.

Hasta yo he dejado de venir con esta pandemia.
Pero Tú no dejas de amar y de llamarnos.

Hoy te he visto en todo tu resplandor
Y toda tu majestad.
Y te reconocí.
Y he percibido tu tristeza por nuestros pecados
y tu amor inmenso por la humanidad.

Señor del Sagrario, perdona mi indiferencia
mi poca fe, mi pobreza espiritual.
Aumenta mi fe.

Quiero consolarte, amarte, estar contigo.
Señor del Sagrario, aquí estoy para ti.

«Los veo y pienso cuánto los amo.
Mi sacrificio no ha sido en vano.
Guardan en sus almas semillas de eternidad.
Y pronto germinarán y darán frutos.

Vengan a mí los que van cansados,
llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.

Hijo mío, debes saber que en tu debilidad
está mi fortaleza
Que no eres tú, con tus fuerzas
sino yo, quien te da fuerzas para continuar.
Y que en tu dolor está mi dolor,
en tus alegrías mis alegrías, porque los amo.

Yo estoy siempre contigo, con ustedes,
todos los días hasta el fin del mundo.»

 

Claudio de Castro, Aleteia 

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¿Cómo decir adiós a alguien que quieres, cuando el corazón no quiere soltarle?

 


No hay recetas para estos momentos, solo dejar que el amor busque su propio camino

Nos preparamos para casi todo en esta vida. Vamos a las mejores universidades para sacar títulos profesionales de los más altos rangos y para lo único que seguro todos experimentaremos -la muerte- no nos preparamos. Ni para enfrentar la muerte personal ni la de un ser querido. ¿Pero en realidad existirá eso de preparase para la muerte?

En mi opinión, sí y no. Sí, cuando se vive en clave de eternidad, es decir, con los ojos puestos en la vida eterna, en el cielo. El encontrarte algún día con Dios, cara a cara, es la esperanza más hermosa con la que podemos vivir.

Luego, ¿cómo prepararte para entregar a tu ser amado? También viviendo un desprendimiento profundo, sabiendo que todos los amores son prestados y despidiendo con gratitud por el tiempo compartido. Eso sí, este concepto lo entiende la cabeza, pero NO el corazón. Por eso duele tanto el decir adiós.

Lo que sí me queda claro que un duelo se experimenta muy distinto cuando se vive desde la gratitud y el amor, que cuando se vive desde el miedo y los remordimientos. De cualquier manera, la muerte siempre va a impresionar, a sorprender y a doler tanto como si te amputaran el corazón. Luego pasa el tiempo y te das cuenta que un duelo vivido de forma sana sirve para purificar y transformar corazones.

¿Pero qué es lo que duele? ¿Acaso sólo la ausencia? Esa espantosa sensación de un cuchillo traspasándote el alma es literal. Solo quien ha sufrido pérdidas profundas podría expresarlo con palabras y, sobre todo, entenderlo. Duele decir «adiós» (aunque para los que creemos en la vida eterna sabemos que es un adiós esperanzador).

Duele la falta de su presencia. Se extraña el olor de su persona. Se echan de menos las palabras y el tono de su voz. Escuchar su canción te transporta a esos momentos en los que hoy desearías que el tiempo regresara y se detuviera simplemente para mirarle, para que con palabras silenciosas pudieras decirle una vez más cuánto le amabas… pero ¿Cómo saber que pronto partiría…?

Duelen los recuerdos y las palabras no dichas; duelen los pendientes no concluidos y los problemas no resueltos; duelen los abrazos no dados, las caricias no recibidas y los besos no robados; duelen los perdones no otorgados y los acercamientos rechazados.

Duele el amor no aceptado, las llamadas no regresadas y los mensajes no contestados. Duele su presencia no presente, la impotencia de su ausencia… Quererle abrazar y no poder consolándote con el recuerdo del último apretón que recibiste de ella.

Te quieres envolver en sus brazos protectores y solo te puedes aferrar a la almohada empapada de tu dolor. Quieres escuchar su voz, necesitas sus consejos y a lo lejos sólo escuchas su recuerdo, porque no hay nadie que conteste o que dé respuesta a tanto sufrimiento.

Duele que el mundo la olvide y que la huella de amor que dejó alguna vez se borre. Ciega tanto el sufrimiento de una pérdida que el día se vuelve noche; amaneces sin querer amanecer porque sabes que te espera un día más de lágrimas, de ese dolor en el pecho que no te deja respirar. El llanto te ahoga, vives sin vivir. Simplemente piensas, ¿ahora cómo hago para seguir sin ti? Me quiero ir contigo y no puedo… Sigo aquí sin seguir… Vivo sin vivir…

¿Y qué sigue después? Aprender a vivir de manera diferente, hacer mío el dolor, tan mío que aprenda a vivir con él. Luego éste se transforma, el sufrimiento cambia, todo adquiere un significado distinto.

Que si el duelo tiene 5 o 6 etapas, dicen los expertos… Esas etapas de duelo fue un modelo que E. Kubler-Ross creó mientras trabajaba con pacientes terminales de cáncer, es decir, las 5 etapas (negación, enojo, negociación, depresión y aceptación) es el proceso experimenta una persona que va a morir y hoy en día es aplicado a todo proceso de duelo sin distinción.

Pero cuando estás de luto, ¿de qué te sirve saber en qué etapa estás? Que me digan en cuál de esas etapas te voy a dejar de extrañar; en cuál te voy a dejar de sufrir, en cuál te dejaré de llorar cuando tu recuerdo se apodere de mí alma y te quiera gritar con la impotencia de una hija huérfana que le reclama al cielo, ¿por qué te fuiste, por qué me dejaste? ¿En qué etapa se le deja de sufrir a un hijo o a ese hermano que no merecía morir así?

Mientras comienzas a vivir ese proceso escuchas frases de gente de buena voluntad que te suenan tan absurdas: “Ella ya está en un mejor lugar” y uno piensa por dentro, “¡Pues no! Yo la quiero conmigo”. Y que tal esa de “Ya tienes otro angelito en el cielo para cuidarte” ¿Ah sí? ¡Pues no! Yo no quiero otro angelito, ya tengo uno. Yo le quiero a ella, aquí junto a mí, cuidándome aquí, abrazándome aquí.

O esa frase que me pone los pelos de punta: «¡échale ganas!» ¿Echarle ganas? ¿Cómo se le hace? Pujo para que salgan las ganas, ¿o cómo? Neta, cómo echarle ganas si lo que siento es querer morir junto con el que se fue. Esa es la sensación, muerte en vida. Por eso, necesitamos aprender a dejar vivir a cada quien su duelo como vayan pudiendo y solo acompañemos, calladitos. En esos momentos el único que de verdad consuela es Dios, si tienes fe.

Un duelo es tan personal y único como estrellas hay en el firmamento. Cada pérdida es única y digna de ser vivida de acuerdo a nuestras capacidades personales. Aquí lo único importante es vivirlo tan profundamente como podamos, siempre de la mano de Dios.

Dicen que el tiempo todo lo cura y yo no estoy tan de acuerdo con eso. El tiempo te enseña a vivir con la pérdida, pero no podemos hablar de curación cuando el dolor que sentimos viene de un profundo amor. Además, sólo se cura lo que está enfermo y el amor no es una enfermedad. Un duelo que viene del amor no necesita curarse sino vivirse. Además, si el curar implica que te voy a dejar de extrañar y de pensar, prefiero no curarme, porque tu vivirás mientras tu recuerdo viva en mí.

Por qué somos tan necios y no gozamos de la presencia de nuestros seres amados como si de verdad hoy fuera su último día.

De mi corazón al tuyo, LI.

Luz Ivonne Ream, Aleteia 


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