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jueves, 9 de agosto de 2018

Su padre la violó, pero no abortó a su hija: «Te ayuda a sanar las heridas, da sentido a tu existir»

Verónica encontró en Dios la capacidad para perdonar


Verónica, con su hija: ambas son felices y afrontan con alegría una nueva etapa en su vida.
Verónica, con su hija: ambas son felices y afrontan con alegría una nueva etapa en su vida














Verónica Cardona vive en Colombia. Está a punto de casarse y es feliz. Tiene una hija, de 11 años, fruto de una violación: la de su propio padre. Su caso reunía todas las causales que acababan de hacer el aborto legal en su país: violación, riesgo de malformación, peligro para la vida de la madre. Su testimonio en Salvar el 1 muestra por qué tomó la decisión acertada: elegir la vida.
Quedé embarazada a los 16 años como consecuencia de las violaciones de mi propio padre

Mi primera reacción cuando supe que estaba embarazada fue sentirme totalmente destrozada. El impacto era muy grande al darme cuenta de que esperaba un hijo. En ese preciso momento sentí que mi vida se había frustrado, más aún porque sabía que el bebé que venía en camino era el “producto” de una violación. Caí en depresión unos días, no quería matar a un ser inocente, pero tenía miedo, quizás el mismo miedo que sienten muchas mujeres al enterarse de que están embarazadas. Miedo a que no fuera capaz de salir adelante, miedo a los prejuicios, miedo a que me vieran con lástima, miedo a afrontar la realidad, miedo a quedarme sola.
Naturalmente casi toda mi familia, doctores, jueces, en fin, todos querían que abortara y más aún aquí en Colombia, que se acababa de hacer “legal” el aborto en tres casos: por violación, por malformación y por riesgo de la vida de la madre. Yo cumplía con todos los requisitos: violación, una posible malformación por la información genética, y mi vida estaba en riesgo pues era un embarazo de alto riesgo.
Por otra parte, recordaba un día en el cual mi mamá, llorando, me pedía perdón pues ella había intentado abortarme, no quería que yo viviera, y pensé que yo no tenía el derecho de arrancarle la vida a nadie y menos a una personita indefensa que no podría defenderse, una personita que no me había hecho nada a mí.
Y así, aunque mi familia me dejó de hablar por unos días, sólo mi mamá me apoyaba en mi decisión, pues me había dicho que fuera cual fuera mi decisión era mía y me iba a apoyar. Y así comenzó a crecer en mí el más grande milagro de amor.
Cerca y lejos de Dios
Fue una experiencia, aunque dura, hermosa. Cuando veía las ecografías podía darme cuenta del gran milagro de la vida, sentir sus pequeños pero inofensivos golpecitos en mi estómago. Y luego, ver su ternura al nacer.
En este tiempo mi mamá se encontraba asistiendo a una comunidad católica, y ellos me ayudaron bastante. Me animaban a seguir en mi decisión de traer esa vida al mundo, ya fuera que al nacer diera a mi hija en adopción, o decidiera quedarme con mi hija y salir adelante. Hablábamos de los muchos niños que han sido abortados.
Durante este tiempo quise olvidarme de Dios. Me enojé con Él porque no podía entender cómo un Dios tan bueno y con tanto amor hacia mí podía permitir que me pasara esto, que no había hecho nada malo en la vida, y que desde antes de nacer ya estaba sufriendo bastantes dificultades pues desde el vientre de mi mamá ya no era deseada. No podía entender, mas, sin embargo, me refugiaba en Él y le pedía fuerzas para continuar adelante y hoy estoy segura de que Él siempre estuvo conmigo en mis noches y días de llanto. ¡Era Él quien me animaba y me levantaba!
Después del nacimiento de mi hija, me sentía con muchos vacíos y busque llenarlos refugiándome en muchas cosas: amigos, fiestas, bebida, trabajo.
Por esa época, los papás de mi mejor amiga se iban a separar y los invitaron a un retiro espiritual de parejas en la comunidad Lazos de Amor Mariano. Ellos asistieron a pesar de haber hablado ya con sus abogados para empezar el proceso de separación, y cuando regresaron de este retiro era impresionante, parecían novios. En los años que llevaba de conocerlos nunca había visto esto y yo soy como parte de la familia, incluso me encontraba trabajando con ellos.
Ellos quisieron que yo fuera a un retiro de conversión en la misma comunidad. Tengo que admitir que sentí miedo de ir, porque sabía que me iba a encontrar con Dios, iba a entender muchas cosas. Sentía miedo porque hacía un tiempo le había dado la espalda a ese mismo Dios que siempre estuvo a mi lado.
¡Estando en el retiro pude volver a vivir! Pude perdonar a mi papá y a todos los que alguna vez me habían hecho daño. Entendí muchas cosas, me sentí digna nuevamente, ¡volví a nacer!, ¡fue hermoso!
Cuando salí del retiro, sentí un gran deseo de pertenecer a esta comunidad, así que empecé un proceso. Por gracia de Dios, empecé a servir y me di cuenta de que la vida es un don.
Falacias de los abortistas
Me indignaban, como me indignan ahora, los argumentos de los abortistas, que se escudan en casos como el mío para matar a un inocente y llenar sus bolsillos con dinero manchado de sangre inocente, diciendo que cada vez que veas a ese niño vas a recordar el momento tan doloroso en que fuiste abusada, o que si tiene alguna malformación va a ser un niño infeliz, o que si mueres quién cuidara de tus hijos.
Sentí la necesidad enorme de gritar la verdad al mundo, que es que un hijo nunca te recordará las circunstancias, porque es una persona absolutamente diferente, por el contrario, te ayudará a sanar las heridas, le dará alegría y sentido a tu existir.
Lo digo desde mi propia experiencia y no como los abortistas que hablan sin siquiera conocer o haber pasado por una experiencia de estas, porque la mayoría que apoyan el aborto no han abortado, pues las mujeres que, engañadas, abortan después son defensoras de la vida.
No son infelices los niños con malformación. Además, la mayoría de diagnósticos médicos en estos casos se han equivocado. Según ellos, mi hija iba a ser un ogro y bueno, hoy es el más bello ogro. No tiene ninguna dificultad, no tiene ninguna enfermedad, no tiene ningún retraso. Y si lo tuviera, como una primita mía, no sería infeliz, por el contrario, ella es absolutamente feliz.
Y eso de que se puede abortar por riesgo de vida de la mamá, pues mueren más mujeres abortando que mujeres dando vida.
A los abortistas no les importa la mujer como quieren aparentar. Sí les importara verdaderamente, no ofrecerían un aborto sino, por el contrario, ayuda para salir adelante con su hijo, aceptarían realidades como el síndrome post-aborto, aceptarían que la vida comienza en la fecundación del óvulo como lo dicen los científicos.
Reclaman “derechos” de la mujer y ellos son los primeros en pasar por encima de ellos, pues las mujeres tenemos derecho a saber la verdad, algo que ellos no hacen. Las mujeres tenemos derecho a una maternidad, y ellos pasan por encima de este hermoso don, convirtiendo el vientre de las mujeres en la tumba de su propio hijo.
¡El aborto no desembaraza a nadie! Matar no es una opción, es la peor decisión. La vida engendra vida, la muerte, por el contrario, engendra muerte, dolor, llanto, desesperación, angustia y una culpa que muy difícilmente se borrara de tu mente, de tu alma, de tu ser.
Los abortistas no deben jugar con el dolor de la mujer y de muchos hombres también que son víctimas de un aborto.
El perdón
Por último, quiero invitar a todos los católicos, cristianos, evangélicos, ateos y a todos los que están a favor de la vida, a que no nos cansemos de ser la voz de aquellos que, aunque tienen voz y derechos, han querido callarlos desde el vientre.
Gracia a Dios pude perdonar a mi papá, mirarlo a los ojos y darle las gracias por haberme dado la vida. Mi hija que está próxima a cumplir 11 años, hace un año y medio que sabe todo lo que pasó porque ella tiene derecho a saber la verdad y lo tomó muy bien. Ella también ha perdonado a mi papá, que murió hace seis años.
En este momento Dios nos ha regalado la oportunidad de estar en preparación para el matrimonio y hemos podido darnos cuenta mi hija y yo que no todos los hombres son iguales. Que el verdadero amor existe y que se puede vivir la reconciliación con las personas que nos han hecho daño.
Testimonio publicado originalmente en Salvar el 1.








viernes, 29 de diciembre de 2017

Embarazada del octavo hijo tuvo cáncer y rechazó el tratamiento para así salvarlo: murió en Navidad


Embarazada del octavo hijo tuvo cáncer y rechazó el tratamiento para así salvarlo: murió en Navidad
Sapna Tracy se ha convertido en un testimonio de amor y entrega en toda la India

Sapna Tracy ha dado su vida para salvar la de su hija. Esta mujer 
india de 43 años murió  el día de  25 de Navidad debido a un cáncer de mama,
 que le fue detectado durante el embarazo de su octavo hijo. Rechazó el 
tratamiento para que el bebé no muriera y finalmente la pequeña nació sana 
aunque el cáncer se extendió durante ese tiempo provocando ahora su muerte.

Este caso se ha convertido en un testimonio en toda la India y está copando páginas y artículos en la prensa nacional.

Familia católica y provida, ejemplo para toda India

Esta familia católica tenía claras sus convicciones provida, y las ha llevado 
hasta el final. Desde jóvenes, tanto Tracy como su esposo Joju pertenecían 
a la Renovación Carismática. Ella trabajaba como enfermera en el Instituto 
de Ciencias Médicas de la India y él como trabajador social de la Diócesis de 
Delhi.

Durante los últimos años, el matrimonio estaba completamente volcado 
en el movimiento provida dentro de la Iglesia, donde trabajaba contra el aborto y ayudando a las familias numerosas. Ahora han mostrado estas 
convicciones al mundo entero.


La familia al completo. Tracy sostiene en sus brazos
 a la pequeña Filomena, a la que se negó a abortar


"Sólo yo puedo dar a luz a este niño que crece en mi vientre"
“A Tracy le diagnosticaron cáncer de mama cuando estaba en el tercer 
mes de su octavo embarazo. Los médicos querían que abortara y que se 
sometiera a una cirugía inmediatamente para salvar su vida. Amigos y 
hasta parientes le recomendaron que siguiera los consejos médicos. Pero
 ella estaba decidida a no matar a su hijo. Los médicos le 
advirtieron de que dejaría huérfanos a sus otros siete hijos si 
no comenzaba el tratamiento”, cuenta su marido a Indian Express,
 tras haber quedado viudo.

Sin embargo, Tracy contestó al médico: “Sólo yo puedo dar a la luz 
a este niño que está creciendo en mi  vientre. Hay muchas personas 
de buen corazón que pueden cuidar de mis otros siete hijos”.

Manteniéndose firme en su fe y en la sacralidad de la vida humana, Tracy 
siguió adelante y dio a luz a Filomena, que en la muerte de su madre, 
tiene un año y medio.

Tracy, una "bendición" en su barrio de Delhi
Al sexto mes de embarazo se sometió a una mastectomía, que consiste en una operación quirúrgica en la cual se extirpa la glándula mamaria. Los médicos insistieron en comenzar de manera inmediata la radioterapia y la quimioterapia. Tracy dijo que estaba de acuerdo, pero únicamente después de dar a luz.

“Unos meses después del parto recibió la radio y la quimio. Ella tenía una fuerte convicción de que no debíamos acabar con una vida, incluso aunque ello pusiera en riesgo la suya propia. Dando a luz a ocho hijos y criándolos a todos mientras trabajaba, Tracy fue una bendición en nuestro barrio de Delhi”, agrega Joju, su marido.

El viudo ni juzga a Dios ni se arrepiente de haberla apoyado
Hace aproximadamente un año que comunicaron a esta valiente mujer que tenía metástasis y que el cáncer se había extendido a los pulmones. Se moría. Toda la familia se trasladó a Kerala, lugar natal del matrimonio.



El viudo no juzga a Dios ni se arrepiente de haber apoyado la decisión de Tracy, aunque le haya costado la vida. “Consideramos que la vida es muy valiosa. No tenemos derecho a acabar con ella. No tuve reparos en respaldar su decisión de no abortar para comenzar el tratamiento del cáncer. No podríamos haber salvado dos vidas”, confiesa Joju, que cree que si su mujer se hubiera sobrepuesto a la enfermedad hubieran ido a por el noveno hijo.

Preparar a los hijos para la muerte de su madre
Pese a que la enfermedad avanzaba ella siguió con su frenética actividad de madre y activista provida y católica hasta que el último mes quedó definitivamente postrada en cama. Durante este último tiempo, tanto ella como su marido fueron preparando a sus hijos sobre la inminente muerte. “Se dieron cuenta de que su madre se iría algún día pero Dios y la gente de buen corazón se encargarían de ellos. Les hemos educado como personas con esperanza por lo que no hay lugar a la desesperación”.

El 25 de diciembre, día de Nacimiento de Cristo, era también el “dies natalis” de esta madre católica. Además de a su marido dejó aquí a sus hijos Jaime (15 años), Teresa (14), José (11), Sebastián (9), Francisco (8), María (6), Antonio (4) y Filomena, con apenas año y medio.

Inspiración del mensaje evangélico
El arzobispo de la eparquía de Faridabad. Mar Kuriakose Bharanikulangara, recuerda enAsiaNews la heroicidad de esta mujer que “dijo a los médicos que si su vida era digna de valor, entonces eso mismo también valía para su hija por nacer”.

“Sapna Tracy fue un poderoso testigo del movimiento provida. Para su testimonio, esta pareja católica recibió su inspiración del mensaje del Evangelio”, dijo el prelado. Junto a este arzobispo también asistió al entierro el arzobispo de Thrissur así como numerosos fieles y sacerdotes.
J. Lozano, ReL