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domingo, 13 de febrero de 2022

Cómo encontrarte con Dios en persona (no con una idea)

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El corazón debe ser liberado de los apegos, los miedos, las teorías, el ego,... y descubrir que el amor no es algo que se merezca

Hacer lo que Dios me pide no es tan sencillo. ¿Pues cómo sé lo que quiere de mí?

¿O cómo sé que lo que hago es lo que realmente Dios desea y no lo que yo mismo he buscado desde siempre de forma enfermiza?

¿Y cómo puedo distinguir entre mis deseos ocultos bajo la piel y esa voluntad suya que pugna por abrirse paso entre las aguas de mis mares?

«Mi corazón debe ser liberado, primeramente del apego desordenado a todas las cosas, y después sobre todo del apego desordenado a nosotros mismos».

King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

Dependencias que atan

ZALEŻNOŚĆ

Los apegos son sutiles. No es tan sencillo ver mis dependencias.

A veces, sí, es obvio, necesito ayuda para cortar las cadenas. Y si no pido ayuda seguiré a la deriva sin encontrar mi rumbo.

Pero otras veces me lleno de miedo y no sé avanzar, no logro encontrar un camino seguro. No me separo de la tierra que me grita, suplica, llama a voces.

Libre de apegos, libre de mí mismo.

Desorden interior

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Desordenadamente. Como esa alma mía en la que los compartimentos están mezclados y confusos y no logro poner orden.

No sé limpiar, ni ordenar, ni siquiera establecer prioridades. No logro mandar ni que mis órdenes sean escuchadas.

Huyo de mí mismo en una lucha inútil por encontrar un camino, un sendero más fácil, más abierto.

Mis ideas de Dios

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Hacer lo que Él me dice sería fácil si me lo dijera con voz clara. Pero no es tan evidente su llamada. Y yo he aprendido a amar la idea de Dios, no conozco del todo a la persona:

«La mayoría de los hombres de hoy, también los que pueden hablar con entusiasmo sobre Dios, no aman en absoluto a Dios como persona, sino que aman una idea«.

King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

No me enamoro de su carne en Jesús. Ni me he apropiado de su rostro. No he logrado tocar sus manos cálidas.

SUNSET

Las ideas son más fáciles de manejar que las personas. Las ideas se adaptan a mis manos, a mis ojos, a mi piel.

Las personas se alejan, superan mi mirada, desbordan mi imaginación. Más aún pasa con Dios. Es infinito y eterno. Desborda toda idea que tenga sobre Él.

Quiero reducirlo a palabras y contenerlo en oraciones que lo expliquen. Como si fuera una teoría sacada de algún libro.

Un Dios a medida

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O como si fuera producto de mis pensamientos. Un Dios maniatado, hecho a la medida de mis sueños. Para que no me defraude, para que no me escandalice.

Si ato sus manos no hará cosas extrañas. Si sujeto su lengua no dirá nada inapropiado. Lo limito, lo sujeto.

Mi Dios hecho a la medida de mis límites. Tiene tiempo, no es eterno. Y así me siento en paz y seguro.

¿Qué podrá mandarme hacer que yo no sepa? Lo he sometido, lo he limitado. Nada de lo que Él quiera escapará de mis capacidades.

Un Dios hecho idea, limitado a un pensamiento, sujeto en una definición. Así, conciso y exacto, preciso y palpable.

Realismo

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Las palabras del profeta me conmueven:

«Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles. Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira, yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte».

Un Dios personal me ama como soy y me envía. Quiere hacerme plaza fuerte. Quiere revestirme de su poder.

Y quiere que les diga que Él me manda. ¿Quién es Él en mi vida? ¿Lo ven o es a mí a quien ven?

Negativos instintos protectores

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Me gustaría liberarme de tantos miedos que no me dejan ser libre. Tantos apegos que frustran mi grito de libertad. Tantas escaramuzas para evitar hablar a Dios cara a cara.

Sujetando en la punta de mi pluma todos los mandatos posibles que he imaginado sin apenas oír su voz.

Quiero hacer siempre lo que Él me pide. Pero no escucho su voz. Escucho más esa voz interior que desea lo que no me conviene y persigue lo que no me hace bien.

Hago más caso a mi vanidad herida, a mi orgullo que pretende levantar fortalezas para proteger mi ego. Que no me mancillen, que no me hagan daño.

Voy buscándome en todo lo que hago, digo, sueño o escribo. Como un náufrago que busca la isla de sus sueños en la que poder descansar.

¿Qué quieres de mí?

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Quiere que renuncie a mis planes para ser libre, para caminar sin rumbo, para perderme por un desierto oculto en medio de mil bosques.

Me quedo quieto queriendo oír su voz. Una voz que me diga lo que tengo que hacer. Fácil o difícil.

Renunciando a algo o aceptando el don de la vida. Atando cuerdas en medio de la selva. Buscando fuentes bajo la tierra excavada. Descubriendo pájaros que sueñan la luz del sol volando contra el viento.

Y bajo mi piel ese picor extraño que desea abrirse paso hasta la superficie. El deseo de abrazar la vida y sujetar los frutos.

El amor no se merece

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El deseo de entregar el amor que llevo dentro sin pretender que me quieran en correspondencia.

Amar y ser amado sin méritos, sin nada que justifique el amor que doy y recibo. Justo al revés de lo que decía Freud: «Si amo a alguien, es preciso que este lo merezca por algún título».

Rotas mis cadenas Jesús sólo desea que ame sin que nadie lo merezcaY que me quiera a mí mismo también sin merecerlo.

Carlos Padilla Esteban, Aleteia




Vea también     Condiciones para encontrar a Dios







































lunes, 21 de diciembre de 2020

Ideas de regalos de Navidad para mejorar como personas y querernos más

 



Ideas de regalos que mejoren la vida de las personas que te rodean, que refuercen vuestra relación y nos hagan más humana.

Un año más tenemos las navidades a la vuelta de la esquina. Jesús ha venido. Se ha hecho hombre. Ha sido bebé, se ha reído, ha tenido sueño, preocupaciones y cansancio.

Se ha ilusionado, ha hecho amigos y, aunque no lo cuenten los evangelios, ha tenido caries y alguna que otra jaqueca. Es uno de los nuestros, y tenemos que celebrarlo por todo lo alto.

Ríete de fichar a Messi. La humanidad ha fichado, sencillamente, al MEJOR.

La euforia que difícilmente podemos contener en Navidad se desborda necesariamente en celebraciones, comidas y regalos. Quizá este año, por las circunstancias derivadas de la Covid-19, las navidades sean algo diferentes. Pero el motivo de nuestra celebración está intacto, y a los cristianos se nos tiene que notar.

La alegría de los regalos

Una manifestación clásica de nuestra alegría es el intercambio de regalos. Hay muchas formas de regalar. Hay regalos grandes y pequeños. También hay regalos sinceros y regalos por compromiso. Y hay regalos que unen y regalos que separan.

Que cada uno regale lo que quiera y como quiera. Yo aquí te voy a proponer un criterio para tus regalos de estas fechas: regala cosas que mejoren la vida de las personas que te rodean; cosas que refuercen vuestra relación; que hagan vuestra vida más humana.

Ideas de regalos para esta Navidad

Antigoni Lekka | Shutterstock

1. Regala objetos bonitos

Aprender a admirar objetos bonitos nos hace mejores personas. Rodear nuestro entorno de cosas bien diseñadas y que generan placer estético es un camino para la felicidad. Date un paseo por una galería de arte, por una tienda de decoración o por el bazar chino de tu barrio. Seguro que encuentras alguna escultura que te gusta, un jarrón bonito, algún objeto divertido. En esta categoría también entran las plantas, que si están bien cuidadas son siempre una fuente de alegría en un hogar.

WOMAN HUGGING BOOK,
MJTH | Shutterstock

2. Regala libros

En los días que corren, sentarse a leer un rato es un verdadero acto de rebeldía, que nos permite ensanchar nuestro mundo interior, conocernos mejor, desarrollar la imaginación y resistir a la corriente de atolondramiento que recorre nuestra sociedad. Que no falte entre tus regalos de navidad un buen libro.

FRIENDS, BIKE, WOOD
Monkey Business Images | Shutterstock

3. Regala planes compartidos

Siempre he estado un poco en contra de regalar “vales”. “Vale por una bicicleta”; “vale por una suscripción a Amazon”; “vale por una camiseta del Atleti”. A menudo los vales son una salida de última hora de un rey mago al que le ha pillado el toro. Pero hay un tipo de “vale” que me parece genial: son “vales” para hacer planes juntos durante el año. “Vale por un día en familia en el Parque de Atracciones”; “Vale por dos visitas al zoo”; “vale por tres noches de canguro para irnos al cine y a cenar juntos”. Regalar estos planes, y comprometerse a realizarlos durante el año es una magnífica inversión.

©Nenad Aksic/Shutterstock

4. Regala hobbies y aficiones

Tenemos que ayudarnos a desarrollar y defender nuestros hobbies frente a la omnipresente tentación del ocio pasivo tecnológico y netflixiano. Los regalos navideños son un buen momento para revitalizar estas aficiones.

Si tu hijo pinta bien, regálale unas acuarelas.

Compra bicis de paseo para salir juntos.

Regala juegos de mesa: catán, Dixit, ciudadelas. Regala un juego de cartas y amarracos para jugar juntos al mus después de comer en verano.

Regala puzles, libros de sudokus, aletas de bucear, cestas de mimbre para coger setas, peces para el acuario.

Bien enfocada, cada una de estas aficiones es un espacio de crecimiento personal y de amistad.

5. Regala recuerdos

Uno de los regalos más baratos y perdurables consiste en un marco bonito y una foto de un buen momento juntos. Si además la foto lleva en el reverso unas palabras cariñosas, el regalo es un éxito seguro.

Di lzf|Shutterstock

6. Regala deporte

Hacer deporte genera satisfacción y permite ampliar el círculo de conocidos y cultivar nuestras relaciones. Regala zapatillas de deporte, esterillas de pilates, raquetas de bádminton, tenis o pádel. Regalar deporte es, casi siempre, regalar salud.
Hasta aquí los ingredientes de una buena receta de regalos navideños. No hay que puntuar en todas las categorías, como es lógico, pero un buen equilibrio entre estas facetas dará un resultado positivo y ganador.

Regalos porque es Navidad

Terminamos igual que comenzamos. En Navidad los cristianos celebramos que Dios se ha hecho hombre y es uno de nosotros, para siempre. En Navidad celebramos, por lo tanto, la humanidad. Vamos a esforzarnos para que nuestros regalos nos ayuden a crecer como personas, a pasar más tiempo juntos y a querernos más.

En medio del frenesí consumista de estas fiestas intenta recordar que el mejor regalo nunca es el más caro: el mejor regalo navideño es el que transmite más cariño y el que nos ayuda a mejorar.

Juan M. Otero, Aleteia 

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