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domingo, 10 de julio de 2022

La Misa nos habla, describe y orienta


Cuando hemos comenzado a caminar en la fe todo adquiere un nuevo significado. Por ejemplo, la Misa deja de verse como una carga o simple obligación y se convierte en un espacio de contacto vital con Dios. Se nota por la paz que sentimos al comulgar, pero también al escuchar las lecturas del día en las que nos damos cuenta de que Dios nos habla y toca con exactitud la problemática que llevamos dentro ese día. Es decir, sin planearlo, las lecturas describen nuestra situación personal, el contexto preciso en el que nos encontramos, dándonos las pautas para salir adelante. Muchas veces sucede lo mismo con la homilía. El sacerdote, sin saber de nosotros, habla concretamente sobre algo que llevamos dentro, como si nos leyera la mente, y lo desarrolla de modo que a uno le queda muy claro que Dios se está valiendo de la Misa para decirnos algo significativo y totalmente vinculado con alguna alegría, proyecto o preocupación que en ese momento tengamos.

La Misa, como uno de los siete sacramentos, nos habla, describe y orienta. Habla, porque Dios ha dejado su palabra por escrito para que podamos evaluar si lo que internamente sentimos que nos dice en la oración coincide o no con la objetividad del Evangelio a fin de no autoengañarnos sino de alcanzar la certeza suficiente frente a los dilemas de la vida. Describe, porque las lecturas presentan realidades humanas que conectan con las nuestras. Podríamos leer un mismo versículo todos los días y aun así nos diría algo diferente, acorde a la realidad en la que nos encontremos porque Dios existe y nos envía a su Espíritu para aclararnos y ubicarnos de modo palpable. Orienta, porque, además de darnos la paz y levantarnos el ánimo, nos da pautas, criterios de discernimiento para ir gestionando de la mejor manera posible nuestra vida. Todo eso sucede en la Misa. Cuando la percibimos así deja de ser aburrida y nos abre a un horizonte fascinante.

La Misa es un momento de encuentro con Dios y realmente se le puede percibir a partir de los sentidos, porque no estamos ante un rito abstracto, sino frente a su presencia concreta en el pan que se vuelve su cuerpo y en el vino que se convierte en su sangre. Es decir, Dios entra en escena y resignifica nuestra vida. Si se trata de la Misa del domingo ayuda a evaluar la semana que pasó, retomando las alegrías y las penas, al tiempo que nos prepara para poder iniciar, con buen ánimo, la nueva semana. Jesús habla claramente pero hay que saberlo percibir, captar. Los sacramentos hacen justamente visible lo invisible, acortando las distancias y adentrándonos en la vida interior. Es necesario enseñarle a todos la relevancia de la Misa, no desde un tono meramente ritualista, sino con la conciencia de lo que en ella sucede; es decir, visualizar que Jesús renueva su entrega en la cruz en favor de nosotros y, desde ahí, nos permite entrar en el misterio de Dios que es la clave de la felicidad, porque sólo él puede ocupar el centro de nuestra vida permitiendo que los demás afectos se ordenen y fluyan correctamente.

La Misa, por lo tanto, nos habla, describe y orienta. Concluimos nuestro ensayo con unas palabras del Papa emérito Benedicto XVI sobre la Eucaristía: “«El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo» (Jn 6,51). Con estas palabras el Señor revela el verdadero sentido del don de su propia vida por todos los hombres y nos muestran también la íntima compasión que Él tiene por cada persona…” (cf. Sacramentum Caritatis, 88).

Duc in altum, ReL

Vea también               Sermón sobre la Santa Misa
- Santo Cura de Ars

































miércoles, 19 de mayo de 2021

Especialmente para aquellos que NO suelen ir a Misa los Domingos

 Aquí podemos ofrecer sólo unos pocos aspectos de las mil maravillas de la Santa Misa

Que os améis como Yo os he amado.

Para amar como Jesús nos amó debemos dejarnos transformar totalmente por Él, para que así, transformados en Cristo, amemos como Él amó y entonces, con toda propiedad, nuestra vida entera sea un continuo "por Cristo, con Él y en Él..."

Esta transformación solamente puede realizarla el Espíritu Santo por medio de la Eucaristía, que nos transforma en Aquél que recibimos.

P. Pedro Rubio hdv

La Eucaristía no termina nunca.

La Eucaristía no termina nunca, sino que tiende a transformar toda la humanidad en Cuerpo místico de Cristo y en Pueblo sacerdotal 1 Pe 2, 5-8; Ap 5, 10.

Mons. Juan Esquerda Biffet


Acabamos por ser cambiados misteriosamente.

No es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente.

S.S. Benedicto XVI
Exhortación Apostólica Postsinodal
Sacramentum Caritatis


El anhelo del alma.

El anhelo del alma es no formar más que una sola cosa con el amado; la Comunión, en la que el alma recibe a Cristo en alimento, realiza ese anhelo, transformando poco a poco al alma en Cristo.

Beato Dom Columba Marmión
Jesucristo, vida del alma

Nos unimos a Cristo tal como Él es.

La Eucaristía es Sacramento de unión, como lo indica el mismo vocablo Comunión. Cristo viene a nosotros para unirnos a Él. Unir es hacer de dos cosas una sola. Y nosotros nos unimos a Cristo tal como Él es.

Beato Dom Columba Marmión
Jesucristo, vida del alma

Ese es su fruto específico.

La eficacia de este Sacramento consiste en transformarnos de algún modo en Cristo mediante la caridad. Ese es su fruto específico. Y propio es de la caridad transformar al amante en el amado.

Santo Tomás de Aquino
Doctor de la Iglesia

Me entrego por completo a Ti para que te hagas dueño de todo mi ser.

¡Oh Señor Jesús! Tienes poder para atraerme enteramente a Ti, para transformarme en Ti. Me entrego por completo a Ti para que te hagas dueño de todo mi ser, de toda mi actividad, para que yo no viva sino de Ti, por Ti y para Ti.

Beato Dom Columba Marmión
Jesucristo, vida del alma





Apostolado de la Santa Misa Diaria
















sábado, 17 de noviembre de 2018

Ir a misa el domingo


ir a misa los domingos

El Catecismo de la Iglesia Católica señala la importancia de la misa dominical con una frase preciosa: “La celebración dominical de la eucaristía está en el centro de la vida de la Iglesia”.
De aquí se deduce el por qué es importante la misa dominical: “Nosotros los cristianos vamos a Misa el domingo para encontrar al Señor resucitado, o mejor, para dejarnos encontrar por Él. Escuchar su palabra, alimentarnos a su mesa y así convertirnos en Iglesia, es decir, en su Cuerpo místico viviente en el mundo”.
Desde el primer momento, los discípulos entendieron la importancia del domingo. Para los judíos el primer día de la semana para los romanos el día del sol, para los cristianos el día de la Resurrección del Señor, que había comido con ellos y les dio el Espíritu Santo. También el día solemne de la efusión del Espíritu Santo, comienzo público de la Iglesia. “Por estas razones el domingo es un día santo para nosotros, santificado por la celebración eucarística, presencia viva del Señor entre nosotros y para nosotros. ¡Es la Misa, por tanto, la que hace al domingo cristiano! El domingo cristiano gira en torno a la misa. ¿Qué domingo es, para un cristiano, en que falta el encuentro con el Señor?”
Si se ha perdido este sentido del domingo, hay que recuperar el sentido de fiesta y de alegría de la comunidad parroquial, de la solidaridad y del reposo que domingo no existía en los primeros siglos, los judíos descansaban el sábado; los romanos no tenían previsto un día semanal sin trabajos serviles. Fue el cristianismo quien abrió la puerta a vivir como hijos por la Eucaristía. Hizo del domingo- casi universalmente- el día del descanso. “Sin Cristo estamos condenados a estar dominados por el cansancio de lo cotidiano, con sus preocupaciones y por el miedo al mañana. El encuentro dominical con el Señor nos da la fuerza para vivir el hoy con confianza y coraje y para ir adelante con esperanza. Por eso, nosotros cristianos vamos a encontrar al Señor el domingo en la celebración eucarística”.
La comunión eucarística con Jesús Resucitado, anticipa el domingo sin ocaso, cuando todo haya desaparecido y reine por siempre la alegría de vivir con el Señor.
Al finalizar la catequesis, el Papa plantea el problema de algunos cristianos: “No es necesario ir a Misa ni siquiera los domingos, pero que lo que importa es amar a Dios y al prójimo”. No vamos a Misa para dar algo a Dios, sino para recibir lo que necesitamos. El Prefacio IV del Misal romano nos dice: “Tú no necesitas nuestra alabanza, pero por un regalo de tu amor llámanos para darte las gracias; nuestros himnos de bendición no aumentan tu grandeza, pero nos dan la gracia que nos salva”.
“En conclusión, ¿por qué ir a misa los domingos? No es suficiente responder que es un precepto de la Iglesia; esto ayuda a preservar su valor, pero solo no es suficiente. Nosotros los cristianos tenemos necesidad de participar en la misa dominical porque solo con la gracia de Jesús, con su presencia viva en nosotros y entre nosotros, podemos poner en práctica su mandamiento y así ser testigos creíbles”.

por Creo, Señor, aumenta mi fe


Vea también: Cómo vivir y disfrutar el Domingo

 ir a misa los domingos


El domingo es un día santo para nosotros, santificado por la celebración eucarística, presencia viva del Señor entre nosotros y para nosotros. (Tweet del Papa, 11 nov. 2018)