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domingo, 9 de agosto de 2026

Sacerdotes: los panes no son nuestros

“Ese es el sacerdote que la Iglesia necesita. No un genio con micrófono. Un servidor que sea humilde para arrodillarse ante Dios, recibir y el pan con sumo cuidado y entregarlo sin que ni una migaja de alimento se pierda”

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    “Tomó los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente” (Marcos 6,41).

    Este Evangelio contiene un detalle que pasa desapercibido pero es importante. Jesús parte los panes pero no se los da a la gente, se los da a los apóstoles para que ellos lo hagan. Fíjate que ellos no multiplican el pan.

    No lo inventan. No lo mejoran. No lo adaptan. Lo reciben partido de las manos de Cristo y lo entregan. Ya está. Esto es una imagen de lo que es el sacerdocio. el sacerdocio. Nosotros no hemos de alimentar a la Iglesia con lo que nos parece sino con lo que Cristo nos entrega ya partido: su Palabra, sus sacramentos, su doctrina.

    No podemos enseñar lo que se nos ocurre en cada momento, o lo que creemos aunque sea contrario a las enseñanzas de Jesús. La palabra no es nuestra, se nos presta, somos su altavoz. Un sacerdote está para repartir lo que ha recibido, no para inventar cosas nuevas ni para proyectar sobre sus fieles teorías basadas en sus heridas y conflictos no resueltos.

    Todos conocemos ejemplos. Se da muy a menudo. Cuando un cura predica una “pastoral” que contradice lo que la Iglesia enseña no está repartiendo el pan de Cristo sino el suyo propio. Sin embargo al hacerlo está utilizando un púlpito que la Iglesia le ha dado, se está aprovechando de ella. Si no fuera porque es sacerdote nadie le haría caso.

    Es una de las tentaciones que tenemos los sacerdotes: creernos los dueños del pan. El día que enseñamos “nuestra” verdad en vez de la de Cristo, nos desacreditamos, dejamos de ser apóstoles fieles al depósito recibido. Y como siempre tendremos alguien que nos alabe y felicite nos creeremos soberbiamente que tenemos razón mientras toda la Iglesia está equivocada y lo ha estado durante siglos.

    “El Señor es mi Pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar (…) repara mis fuerzas” (Salmo 23). No somos nosotros quienes reparamos a nadie. Es Él quien nos conduce, nos alimenta y nos repara. Es a este Buen Pastor a quien tenemos que presentar a los fieles, no a nosotros y nuestras “bondades” de creernos mejores y más modernos que otros pastores por predicar cosas contrarias y de fácil aplauso.

    El sacerdote más fiel no es el más original. Es el que tiene coraje y se atreve a repartir un pan que no es suyo sino de Jesús. Y tiene claro que no estamos para predicarnos a nosotros mismos sino solo a Él. Ese es el sacerdote que la Iglesia necesita. No un genio con micrófono. Un servidor que sea humilde para arrodillarse ante Dios, recibir y el pan con sumo cuidado y entregarlo sin que ni una migaja de alimento se pierda.

    Francisco Javier Bronchalo, ReL

    Vea también     Oración por la Santificación de los Sacerdotes




    miércoles, 15 de julio de 2026

    Este laico beato ayudó a la gente a enamorarse de la misa

    CARLOS MANUEL RODRIGUEZ

    El beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago dedicó gran parte de su corta vida a enseñar a los demás la belleza de la misa y a ayudarles a comprenderla

    Durante la primera mitad del siglo XX, el hoy beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago comenzó a adentrarse en la riqueza de la misa, donde encontró una gran belleza que deseaba compartir con los demás.

    No era sacerdote ni religioso, sino un simple laico de Puerto Rico que quería poner sus dones y talentos al servicio de la mayor gloria de Dios.

    Evangelizador laico

    El beato Carlos Manuel nació el 22 de noviembre de 1918 en Caguas, Puerto Rico, y se crio en una numerosa familia católica. Siempre se sintió atraído por la religión y vivió una profunda experiencia tras recibir su Primera Comunión.

    Tras terminar el instituto estudió en la Universidad de Puerto Rico, pero tuvo que abandonar los estudios por motivos de salud. Posteriormente, el beato Carlos Manuel trabajó como empleado de oficina en Caguas, Gurabo y en la Estación Experimental Agrícola.

    En medio de su labor en el mundo, conservó su pasión por la liturgia. Su biografía vaticana explica que destinaba sus ingresos a compartir su amor por la misa:

    "Gastaba casi la totalidad de su modesto sueldo en fomentar el conocimiento y el amor a Cristo. Lo hacía, sobre todo, promoviendo una mayor comprensión del significado de la Sagrada Liturgia. Mediante artículos sobre temas litúrgicos que él mismo traducía y editaba, Carlos Manuel comenzó a publicar «Liturgia y Cultura Cristiana», publicaciones a las que dedicó innumerables horas".

    También fundó un «Círculo de Liturgia», en el que pequeños grupos estudiaban la riqueza y la belleza de la misa.

    Caballero de Colón

    Meg Hunter-Kilmer explica en un artículo para Aleteia que "a Carlos le encantaba la Vigilia Pascual. Su estribillo casi constante era 'Vivimos para esta noche', recordando a todos aquellos con quienes se encontraba que el corazón de la vida cristiana es el misterio pascual, la verdad de que el Dios del universo, que se encarnó por ti, murió por amor a ti y resucitó, venciendo al pecado y a la muerte".

    El beato Carlos Manuel también fue miembro de los Caballeros de Colón.

    Esta pasión perduró durante toda su vida, que concluyó el 13 de julio de 1963, cuando solo tenía 44 años. Falleció a causa de una enfermedad con la que luchó durante la mayor parte de su vida adulta.

    Fue beatificado por san Juan Pablo II el 29 de abril de 2001, y su festividad se celebra actualmente el 13 de julio. El siguiente paso en su proceso de canonización es el reconocimiento de un milagro que lo confirme como santo. Es el primer beato de Puerto Rico.

    Philip Kosloski, Aleteia

    Vea también    La Misa, Fuente y Cumbre de la Vida Cristiana


    miércoles, 24 de septiembre de 2025

    “Era una vitamina diaria”: Arquitecto narra que imaginar ir a Misa lo ayudó a sobrellevar el secuestro

     


    Durante los 257 días que pasó secuestrado en un diminuto cuarto, el arquitecto Bosco Gutiérrez Cortina encontró en la fe su fuerza para sobrevivir. En una reciente entrevista, relató que cada día imaginaba unirse a la Misa, una práctica que describe como “una vitamina diaria”.

    En una reciente conversación con la creadora de contenido Jessica Fernández, el arquitecto méxicano narró, 35 años después de esta terrible experiencia, cómo fueron esos nueve meses de cautiverio y la rutina que lo ayudó a mantenerse firme.

    El arquitecto recordó que, inspirado en una conversación que tuvo tiempo atrás con un amigo de su padre, decidió adaptarse a las circunstancias en lugar de dejarse vencer por ellas. Limpio el cuarto de tres por un metro donde estaba encerrado y decidió empezar a hacer un horario.

    “Pedí instrumentos de limpieza y me dediqué un día completo a limpiar el cuarto. Yo mismo me limpié, impresionante, mis pies, mis uñas. Y ese día dije: ‘Hoy regresa aquí el arquitecto Bosco Gutiérrez, y aquí despacho. Yo aquí estoy limpio y está ordenado, y en esa pared pongo mi calendario y sé dónde están las cosas, aún con luz o sin luz’”, relató.

    Para crear esta rutina, primero estableció los horarios de los alimentos y luego fue incorporando las demás actividades del día.

    “En la mañana ponía: limpieza del cuarto y desayuno. Rezaba media hora mentalmente. Yo tenía una Biblia que había pedido y, después de la oración de la mañana, hacía lectura de cualquier cosa que tuviera a la mano”.

    Uno de los momentos más importantes de su rutina era la Misa, a la que asistía con la imaginación.

    Bosco explicaba que se unía espiritualmente a la Eucaristía que se celebraba en ese momento en algún lugar del mundo.

    “En este momento hay una misa en cualquier lado de todo el planeta; pues yo me uno espiritualmente a esa Misa. Entonces, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén. Está entrando el padre a la misa, está leyendo el Evangelio. Y, como Gaby está comulgando diario, como Gaby y yo somos una sola persona, pues me está llegando a mí también. Entonces yo la recibo”.

    Ese momento de participar espiritualmente de la Misa era, según sus palabras, lo que le daba fuerzas y lo ayudaba a seguir adelante.

    “Al finalizar este rato de pensar en la Misa, sentía una fuerza. Lo hacía por necesidad: era una vitamina diaria”.

    Después del almuerzo, dedicaba tiempo a “ver” su serie favorita: imaginar su escape.

    “Me dije: ‘Quiero ver un capítulo de una serie diario, pero no tengo televisión. Entonces me la tengo que inventar’. ¿Cuál es mi serie preferida? El escape de Bosco. Piensa cómo te puedes escapar. Ese pensamiento no lo vas a escribir porque te pueden cachar. Imagina cómo te escaparías, qué harías, qué necesitarías para escaparte”.

    También incorporó el deporte a su rutina: hora y media de correr dentro del pequeño espacio y otra hora y media de ejercicios como lagartijas y flexiones. Finalmente, al terminar el día, volvía a dedicarse a la oración. 

    “Luego, otra vez, lectura espiritual, oración mental de la noche, lectura del Evangelio, mis oraciones de la noche. Y ya pedía que apagaran la luz”.

    Harumi Suzuki, churchpop

    Vea también    La Santa Misa: Re-Actualización del Misterio Pascual en medio de la Iglesia


    sábado, 1 de febrero de 2025

    (VIDEO) ¿Te distraes en Misa? Conoce este sueño de Don Bosco

     


    Don Bosco es un santo muy querido y este sueño que tuvo nos permite comprender mejor esas recurrentes distracciones que nos impiden centrarnos en la Misa

    Modelo para niños, jóvenes y adultos, Don Bosco es un gran ejemplo de vida y santidad, pero no solo eso, sino que también nos inspira una profunda devoción a María.

    San Juan Bosco tuvo muchos sueños que han sido documentados y preservados. Existen, al menos, 159 sueños proféticos reunidos en sus memorias biográficas; incluso, uno de ellos sirvió como inspiración para crear su sistema preventivo, el modelo pedagógico salesiano que educa basándose en el amor, la razón y la religión.

    Otro, por ejemplo, puede interpelar a los fieles que se distraen continuamente durante la Misa sin saber por qué.

    Conoce el relato de este sueño que él mismo hizo a los jóvenes de su oratorio en 1861.

    Fátima Navarro - Redacción de Aleteia

    Vea también      Remedio para la distracción al orar