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viernes, 26 de abril de 2024

Escucha activa: practícala con estos consejos

Conversation

Cuando nos tomamos el tiempo para escuchar de verdad, las discusiones pueden ser momentos productivos de crecimiento

Muchas discusiones y malentendidos podrían evitarse si las personas implicadas hubieran usado la escucha activa para entender lo que la otra persona tenía que decir. Sin embargo, hacer el esfuerzo para escuchar honestamente puede resultar difícil.

A menudo, en el calor del momento, tendemos a no prestar atención a lo que la otra persona está diciendo. Llegamos a conclusiones precipitadas. Esto es especialmente cierto en estos momentos de redes sociales y polarización política.

Inteligencia Emocional

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Ciertamente, uno de los cimientos principales de la inteligencia emocional es la escucha activa. Esta destreza requiere la empatía de ser capaz de mirar a los ojos a la otra persona y entenderla, sin dejar que nuestras propias experiencias e historias vitales nos lleven a juicios precipitados.

La escucha activa amplía nuestra capacidad de comprensión. Nos evita extraer conclusiones antes de que la otra persona acabe siquiera de hablar y antes de que entendamos lo que está diciendo realmente. Por eso, esta técnica se ha convertido en un recurso valioso tanto para la vida privada como para la profesional.

Desarrolla tu capacidad de escucha

Aquí hay 5 consejos útiles para practicar la escucha activa y evitar conflictos innecesarios con las personas que nos rodean.

1
REPITE LO QUE LA OTRA PERSONA ACABA DE DECIR

Aunque lo hagamos solo mentalmente, este ejercicio nos ayuda a comprender exactamente lo que ha dicho la otra persona, y no lo que nosotros pensamos que ha dicho, basándonos en nuestras propias ideas y preconcepciones.

2
CENTRA TU MENTE

Gracias a Internet y al smartphone, tendemos a distraernos con facilidad. Incluso durante una conversación, nuestra mente puede divagar en otras cosas y terminamos por no asimilar lo que la otra persona está diciendo. Por eso necesitamos controlarnos para mantener la atención.

Si estás en una conversación presencial, evita sacar tu celular y mira a la persona con la que estás conversando; si estás en una llamada telefónica, puedes irte a un lugar con mayor privacidad para escuchar sin distracciones.

3
INTERÉS REAL

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En este aspecto es donde tenemos que ser particularmente empáticos. Tenemos que mostrar un interés genuino por lo que tiene que decir nuestro interlocutor. Pongámonos en su piel, intentemos ver las cosas desde su perspectiva. Esto no solo mejora nuestro entendimiento, sino que también ayuda a la otra persona a sentirse más cómoda para expresarse con calma y sinceridad.

4
PRIORIZA LA INTERACCIÓN CARA A CARA

Al lidiar con cuestiones serias o delicadas, conviene dejar a un lado la mediación de los mensajes de texto y dar prioridad a la conversación cara a cara. Esto nos permite una comunicación más integral donde percibamos el tono de voz de la otra persona, sus expresiones más naturales y su lenguaje corporal.

5
SUSPENDER LOS JUICIOS

Tendemos a juzgar y extraer conclusiones apresuradas sobre lo que nos dice la otra persona antes siquiera de que haya concluido su intervención. Tenemos que adoptar la posición comprensiva de alguien que quiere encontrar la verdad y soluciones, y no ahondar en las diferencias.


Octavio Messias, Aleteia

Vea también      La Familia y sus problemas... y algunas soluciones


















viernes, 27 de octubre de 2023

La receta para ganar la batalla a los enfados sin importancia

 Pareja feliz matrimonio novios noviazgo                                 

Es necesario tener la cabeza un poco fría, y objetividad en nuestras relaciones personales, para no dar categoría de problema a las cosas que no lo merecen

Cuántas veces hemos perdido un viernes por la tarde o un día de un viaje soñado por un mísero malentendido. Son momentos que no volverán, perdidos por enfados que, con el paso del tiempo, ni siquiera será posible recordar por qué ocurrieron, pero que en realidad, convierten días que deberían ser inolvidables en días dignos de olvidar.

Es necesario tener la cabeza un poco fría, y objetividad en nuestras relaciones personales, para no dar categoría de problema a las cosas que no lo merecen. Aquí dos aspectos básicos para no dejar que las cosas escalen:

1
EXPLICAR POR QUÉ NOS IRRITAN CIERTOS GESTOS

Como primera premisa, debemos diferenciar circunstancias y gestos que nos irritan, pero que no son -categóricamente- malos en sí mismos, como pueden ser cosas tan sencillas como del acomodo de los cojines del sofá:

A ti te gustan de una determinada manera y la otra persona no le da la misma importancia que tú a esta cuestión; esto no debería ser capaz de arruinar un buen ambiente familiar. Con paciencia y tiempo, tu compañero de sofá puede entender tu punto de vista, y para lograrlo, solo tienes que explicarle por qué ese acomodo de los cojines es importante para ti; así, le darás la oportunidad de comprender la situación y valorar lo que significa para ti.

2
LA INTENCIÓN POR ENCIMA DEL RESULTADO

Con cabeza fría, debemos valorar las intenciones y no solo los resultados de las acciones de los miembros de nuestra familia. Está comprobado que, con solo ese gesto, reduciríamos un 60% los momentos de tensión y enfados familiares; de ahí la importancia de valorar la intención por encima de los resultados.

Un claro ejemplo de esto es la irritación o el enfado al ver la cocina hecha un desastre cuando alguien de tu casa quería darte una sorpresa y preparar tortitas para desayunar. En ese momento, necesitamos calma y la capacidad de ver más allá, valorando el cariño y las ganas de sorprender que han tenido, sabiendo que la suciedad se puede limpiar fácilmente, pero que la decepción de haber disgustado a quien querías alegrar no es tan sencilla de reparar.

Recuerda que no hay hombres perfectos, pero sí intenciones perfectas; y cuando el enfado ha ganado o los errores se han cometido, tampoco tienen que ser perfectas las formas de pedir perdón. Estas suelen variar en cada casa, para algunos serán rosas; para otros, disculpas sinceras; para alguien más, un mensaje de whatsapp; y para muchos, simplemente recoger ese plato que nunca recogen. En ese momento, cuando ya reconoces su lenguaje particular de pedir perdón, disculpas aceptadas: que no sea necesario arrodillarse o hacer un espectáculo.

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Amar no significa no cometer errores

La vida puede ser mucho más sencilla. Hoy metes la pata tú y mañana será tu pareja. La experiencia de los esposos no puede estar más en desacuerdo con la mítica frase de Love Story: «Amar es no tener que decir nunca lo siento». Amar no es incompatible con cometer errores o valorar algo de forma diferente, pero sí significa que es imposible no perdonar y que debemos disculpar y abrazar sin necesidad de un gran protocolo a quienes, sin querer, nos han herido.

Ya lo decía San Josemaría: «No he necesitado aprender a perdonar, porque el Señor me ha enseñado a querer».


Mar Dorrio, Aleteia 

Vea también      Reglas matrimoniales para el diálogo,
los pleitos...
























jueves, 5 de septiembre de 2019

5 claves para mejorar nuestras conversaciones con los demás

Con algunos aspectos prácticos podemos mejorar la calidad de nuestras conversaciones
 y evitar discusiones



La comunicación es un componente fundamental en nuestras relaciones. Incorporar buenos hábitos que nos ayuden a perfeccionarnos nos pueden convertir  en mejores comunicadores a la hora de empatizar con el otro, ser escuchados como deseamos y expresarnos mejor.

1
APRENDER A ESCUCHAR

Por lo general se escucha poco porque nos distraemos fácilmente o porque preferimos ser nosotros los que decimos algo. Cuando hablamos tenemos el control de la situación, somos el centro de atención y no tenemos que escuchar algo de lo que no estamos tan interesados.
No escuchamos con la intención de entender, sino más bien con la intención de responder y transmitir algo que queremos decir. La escucha y prestarle atención al alguien, requiere de un esfuerzo que es fundamental para estar en una conversación real con el otro.

2
RECONOCER QUE NO SABEMOS ALGO CUANDO NO SABEMOS

Escuchar a una persona que siempre “sabe todo” es aburrido y predecible. Es bueno saber reconocer que hay muchas cosas que no sabemos e iniciar una conversación con la conciencia de que siempre tenemos algo por aprender.
La escucha sincera requiere ponerse uno mismo y las opiniones personales a un lado y dejar entrar al otro. Todos somos expertos en algo y cada persona que llegamos a conocer, puede saber algo que nosotros no. Esa es una verdadera oportunidad.

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rawpixel.com | Pexels

3
ESTAR PRESENTES CON EL OTRO

A la hora de comunicarnos es importante centrarnos en el momento presente. No sólo dejar de lado el móvil, la computadora, las llaves o lo que uno tenga en las manos, sino estar totalmente presentes con el otro de manera que sienta que es valorado.
Muchas veces la mente nos lleva a otros sitios mientras estamos escuchando al otro. Lo hacemos durante unos minutos y luego pensamos en otras cosas. Si uno desea salir de la conversación, es mejor abandonarla pero no estar mitad presente y mitad ausente.

4
NO COMPARAR EXPERIENCIAS PERSONALES

Al escuchar algo podemos sentir la tentación de comparar nuestras propias experiencias con las de los demás, pero es verdad que cada experiencia se vive de modo individual y lo que necesita esa persona en ese momento es ser escuchada antes que recibir consejos.
Sea por la pérdida de un familiar o un problema laboral que esté atravesando, nunca es lo mismo. La comparación no sirve. No se trata de uno, sino del otro. No es bueno usar un  momento difícil para mostrar cuánto uno ha sufrido o qué superado ha sido al salir adelante.

5
NO SER REPETITIVOS O EXTENSOS EN EL DISCURSO

Ser repetitivos puede ser aburrido. Tendemos a hacerlo mucho especialmente en conversaciones de trabajo o con nuestros hijos: cuando tenemos una idea, la seguimos parafraseando una y otra vez sin sentido.
Hay que ser claros en lo que queremos transmitir. La gente no está interesada en los detalles que no aportan. La vida diaria no es como leer una novela. A la gente no le importa. Lo que le interesa es la persona, como és y lo que se tiene en común con ella.
Cecilia Zinicola, Aleteia 

viernes, 12 de enero de 2018

¿Juntos para toda la vida? Aquí una prueba para resolver la incógnita

Los investigadores pueden distinguir si una pareja está destinada al divorcio solamente por la forma en que discuten.

Una cosa que me encanta de la relación de mis padres es que siempre están burlándose el uno del otro. Incluso cuando discuten o hay tensión en el ambiente, siempre están haciéndose pequeñas bromas.
Son familiares, los mismos chistes que se han estado diciendo durante años, pero los hijos nos seguimos riendo porque los reconocemos por lo que son: pequeños momentos de conexión entre nuestros padres, pequeños destellos de su afecto perene mutuo.
De hecho, existe un nombre para este fenómeno y es una de las diversas formas demostradas científicamente para fortalecer una relación.
En la década de 1970, el doctor John Gottman y sus socios investigadores pidieron a unas parejas que resolvieran un conflicto en su relación en 15 minutos mientras ellos observaban.
© Shutterstock
Después de estudiar las grabaciones y de llevar un seguimiento de las parejas nueve años después, fueron capaces de predecir qué parejas seguirían juntas y cuáles se divorciarían, con una precisión de más del 90 por ciento. ¿Cómo?
Sostienen que la diferencia entre las relaciones felices e infelices se reduce a la proporción entre interacciones positivas y negativas, más concretamente, de cinco a uno. Así que, por cada interacción negativa durante un conflicto, un matrimonio feliz tiene cinco (o más) interacciones positivas.
“Cuando [las parejas en un matrimonio feliz] hablan sobre algo importante”, dice el doctor Gottman, “quizás estén discutiendo, pero también ríen y bromean y hay muestras de afecto, porque han establecido conexiones emocionales”.
Esto no surge de forma natural en todas las parejas, obviamente. Sobre todo en matrimonios en los que las personalidades tienden a chocar en vez de complementar, puede ser necesario un auténtico esfuerzo de voluntad para aceptar las burlas bienintencionadas en medio de un debate. Sin embargo, es una de las cosas más importantes que puede hacer una pareja para mantener su conexión emocional.

Ser un equipo

Hay otra manera importante de fortalecer tu relación y también resulta ser algo que a mis padres se les da especialmente bien. Esta requiere menos fuerza de voluntad y más arremangarse a la antigua usanza: compartir las tareas domésticas.
Lo sé, lo sé. Es un rollazo pasar todo el día en el trabajo para luego llegar a casa y tener que trabajar más. Pero así es la vida: vivirla requiere trabajo y vivirla felizmente con la persona amada requiere asegurarse de que es feliz también.
YANLEV | HUTTERSTOCK
Y eso significa compartir el trabajo, incluso los fines de semana, incluso en vacaciones, incluso después de largos días de oficina. Si tu cónyuge está constantemente de pie mientras tú te relajas, te garantizo que no es feliz… y es muy posible que más tarde te comunique esta circunstancia. ¿No sería más relajante a largo plazo colaborar un rato para luego poder relajaros juntos?
Después de todo, una relación se basa realmente en estar juntos. No solamente en vivir juntos, tener hijos juntos y administrar el dinero juntos, sino de ser un equipo.
Una de mis amigas me dijo una vez que ella está en el equipo de su marido y él está en el de ella. Esa imagen se me quedó grabada en la mente, porque es tan profunda como simple. Un estudio reciente ha demostrado que una dinámica de equipo que se apoya es esencial para el éxito de la pareja.
Así que, ¿qué hacen los compañeros de equipo? Trabajan juntos, aprenden juntos, limpian juntos. Se alegran por los triunfos del otro y lamentan las derrotas del otro, y se animan mutuamente a seguir intentándolo, a ser mejores, a esforzarse más.
Pero lo hacen trabajando codo con codo, uno al lado del otro. Un buen compañero no se sienta en casa a ver Netflix mientras todos los demás están trabajando. Un buen compañero sabe que el éxito y la felicidad de todo el equipo dependen de que cada uno se vuelque, que comparta la carga y que colabore.
Así que, si estáis trabajando para fortalecer vuestra relación en el nuevo año, una buena forma de empezar es renovando la forma en que piensas en la relación. No es tanto un tira y afloja entre los dos, ni una serie de compromisos infinitos, aunque sean cosas que pasan.
Pero son cosas que pasan mejor si piensas menos en lo que inviertes o extraes de la relación y más en la salud, la felicidad y el bienestar de tu cónyuge. Después de todo, tu cónyuge está en tu equipo, así que empieza a estar tú también en el suyo.
Calah Alexander, aleteia



viernes, 30 de septiembre de 2016

¿Qué hacer cuando agreden tu fe en redes sociales?

Algunas preguntas y consejos al respecto
¿Qué hacer cuando agreden tus creencias en redes sociales?

Esteban Pittaro, aleteia
En torno a distintos tipos de historias que involucran a la Iglesia, en portales católicos, cristianos en general o generalistas, suelen generarse comentarios de usuarios que van desde la simple provocación de quienes cuestionan la espiritualidad cristiana, a acaloradas discusiones. Algunas preguntas y consejos al respecto.

¿Pueden entenderse las redes como un atrio para la discusión respetuosa sobre la fe?

Como punto de encuentro entre quienes comparten la fe en Cristo y quienes no, ciertamente el mundo de internet es un lugar privilegiado. No hay duda.

Pero también los estadios que acogen eventos deportivos pueden servir para dar razón de tus creencias. O los medios de comunicación tradicionales. O la mesa familiar con el primo segundo que hace años no veías.

Todo depende de la disposición de los actores y la coyuntura. Pero así como en la mesa familiar y en el estadio de fútbol la prudencia es la que ordena cuándo proponer el diálogo y cuándo involucrarse en él, lo mismo debe ocurrir en las redes.

Un usuario que no conozco agrede los fundamentos de mi fe. ¿Qué hago?
Todos tenemos derecho a sentirnos agraviados y lastimados. Y contamos con la libertad de responder a quien queramos cuando queramos. Nadie, a menos que por obediencia en su vida de fe deba consultar con sus superiores si los tuviese, da ni quita la posibilidad de emprender un diálogo con el agresivo.

Sin embargo, la imposibilidad de la agresión física no anula la posibilidad de agresión verbal. Sepamos que si hay usuarios que no conoces dispuestos a insultar a tu religión, probablemente estén dispuestos a insultar a quienes la profesan.

Y sepamos que así como en el diálogo personal cuando las pasiones dominan a la razón se pueden decir o hacer cosas imprudentes, también ante un teclado y una pantalla se pueden cometer errores. Ante todo, piensa. Nadie te obliga a una respuesta inmediata.

Si un conocido cuestiona mi fe, e incluso le falta el respeto. ¿Qué hago?
Si conoces al otro, es familiar o amigo, y crees que está equivocado y lo quieres y amas y te preocupas por su vida de fe, ante todo puedes rezar por él. Si quieres sumarte al diálogo, tienes que comprender el contexto en el cual se da. Quizá sea una buena opción la conversación privada, e incluso personal en otra circunstancia.

Más aún, si sabes que el otro puede arrepentirse, no hagas que el otro escriba en público cosas que después queden en la nube sin posibilidad de eliminarse.

¿Puedo convencer al otro con mis argumentos?
Ante todo, el que llama al corazón del hombre es Dios. Que los hombres son instrumentos, y a veces de manera misteriosa, no hay dudas.

Claro que se puede evangelizar y despertar inquietudes en las redes. Pero así como en las discusiones acaloradas entre personas el corazón se clausura a nuevas dimensiones, lo mismo sucede en redes sociales.

Es tan importante el argumento como el modo. Y el acompañamiento del gesto, el tono, la mirada, el tacto, la sonrisa, que nos acompañan y apoyan en nuestro diálogo personal, no lo tenemos en las redes. Con más razón, cuida al extremo la utilización de las palabras y los modos verbales.

La desinformación sobre mi fe se viraliza, ¿cómo hago para responderla?
Que todos los curas son pedófilos… Que la idolatría… Que la cita bíblica dice tal otra cosa… La desinformación, aun sin el agravio del insulto, nos duele. Y así como en el diálogo personal, a veces podemos sentirnos en condiciones de responder y estar en condiciones de responder. Y a veces ni sentirnos en condiciones ni estar en condiciones.

La desinformación en un comentario a un artículo en redes no tiene el valor que tiene la voz de un periodista de un medio masivo. Que puede ser fuente del periodista y que puede viralizarse, sin duda, pero ni todo se viraliza ni todo está legitimado.

Aun así, si sientes que debes responder, asegúrate de que tienes la información precisa para responder, y que haya actitud del otro lado para recibir la respuesta.

Si la discusión se prolonga, sepas que el Señor invitaba también, en algunos casos, a sacudir el polvo de las sandalias y buscar otros sitios…

Un creyente de buena voluntad desinforma, ¿qué hago?
Chiara Lubich decía que la Iglesia es como un gran jardín en el que se abren todas las flores de la compasión cristiana. A veces la flor que nosotros más conocemos y más queremos no es la única flor. La Iglesia es muy rica en expresiones culturales y espirituales legítimas, que muchas veces son desconocidas por los propios creyentes.

Sé respetuoso de las diferencias y ten la seguridad de que lo que el otro expresa sea un error antes de señalarlo.

Si estás seguro, por ejemplo, que tu hermano está compartiendo una información falsa, como varias de las versiones tergiversadas de comentarios de los Papas que circulan, amablemente indica con un vínculo preciso dónde se puede encontrar la verdadera información o contextualización.

¿Y si lo que señalan duele, lastima, pero es verdad, como cuestiones de abusos?
Nunca negar y exponer como falsa una afirmación que sea verdad, por más que duela. Es probable que esa misma afirmación al otro también le duela, y eso explique su enojo. Aun atendiendo a que la información puede estar descontextualizada, no negar lo verdadero.

Si se quiere responder y corresponde, mostrar esa otra faceta de la Iglesia peregrina, la floreciente, la bella, la que conmueve. Son esas dimensiones las que dan cuenta de tu fe, y explican por qué crees.
Si crees que puedes y debes responder e involucrarte en estas discusiones, aquí está el gran consejo:


Dimensionar la discusión y, humildemente, rezar pidiendo por la templanza y sabiduría para involucrarte de la mejor manera.