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martes, 2 de julio de 2024

¿Cuál es la frase que aparece más veces en la Biblia?

child family scripture praying

La Biblia es la carta de amor de Dios hacia nosotros, una fuente inagotable de sabiduría, enseñanza y gracia, pero hay una frase que se repite para nuestro bien

Para quienes tienen el hábito de leer la sagrada Biblia, es casi seguro que les serán familiares las frases que se van repitiendo a lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento.

El mismo Jesús la dijo en varias ocasiones y las cartas de los Apóstoles mencionan la misma idea: no teman, no tengan miedo..., porque la confianza en el Señor les hacía reiterarla.

En este espacio, colocaremos algunas para provecho espiritual de quien desee meditarlas.

No tengan miedo: Antiguo Testamento

"No tengas miedo, Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu recompensa será muy grande" (Gen 15, 1).

"El mayordomo les dijo: 'Quédense tranquilos y no tengan miedo¿" (Gen 43, 23).

"Fíjense en cómo es la tierra, si es rica o pobre, si hay o no árboles. Y no tengan miedo en traernos algunos productos del país. Porque era la estación de las primeras uvas" (Num 13, 20).

"No tengan miedo de los caldeos, quédense en el país, sirvan al rey de Babilonia y no les pasará nada" (2 Re 25, 24).

"¡No tengan miedo! Piensen que el Señor es grande y terrible, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus mujeres y sus casas" (Ne 4, 8).

"Calma, no tengan miedo, porque ya viene su Dios a vengarse, a darles a ellos su merecido; El mismo viene a salvarlos a ustedes" (Is 35, 4).

No tengan miedo: Nuevo Testamento


"No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10, 28).

"¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no tengan miedo" (Mt 10, 31).

"Pero Jesús les dijo: 'Tranquilícense, soy yo; no teman'" (Mt 14, 27).

"Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo" (Mt 17, 7).

"Pero el Ángel le dijo: 'No temas, María, porque Dios te ha favorecido'" (Lc 1, 30).

"Pero Jesús, que había oído, respondió: 'No temas, basta que creas y se salvará'" (Lc 8, 50).

"No temas por lo que tendrás que padecer: mira que el demonio va a arrojar en la cárcel a algunos de ustedes para que sean puestos a prueba, y tendrán que sufrir durante diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida" (Ap 2, 10).

¡Anímate a leer la sagrada Biblia y busca más citas!, el Señor siempre está contigo.

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también      El temor de Dios es necesario



viernes, 9 de junio de 2023

15 historias del Antiguo Testamento que la arqueología de Tierra Santa demuestra que son verdad


La arqueología con el paso de los años demuestra que lo que dice el Antiguo Testamento es verdad: los "20 siclos" de José o la existencia de un diluvio local... son solo algunos de los elementos que enumera el profesor Armstrong.

El Antiguo Testamento es una de las dos patas de las que consta la Biblia. Un fragmento que muchas veces es considerado como legendario o mitológico y, sin embargo, existen pruebas arqueológicas de que muchas de sus historias fueron reales.

El autor Dave Armstrong, en la web National Catholic Register, enumera 15 elementos que han sido contrastados por la ciencia moderna y que podrían haber ocurrido de verdad.

1. El diluvio pudo existir y ser local

Las pruebas arqueológicas existentes demostrarían que hubo una inundación hacia el 2900 a. C. en la llanura de Mesopotamia (actualmente el sur de Irak), en un área plana entre dos grandes ríos (el Tigris y el Éufrates).

Así lo aseguró el arqueólogo Lonard Wooley mientras excavaba la antigua ciudad bíblica de Ur. Las aguas del diluvio tardaron 10 meses en desaparecer (Génesis 7:11; 8:13).

Un hecho nada raro si se tienen en cuenta otros ejemplos de la historia como las inundaciones de 1926-1927 en Luisiana, cerca del río Mississippi (EE.UU). En este caso llovió durante ocho meses y las aguas tardaron un año en desaparecer.

2. Abraham vivió en Beerseba… en el desierto

Los escépticos siempre han dicho que el patriarca Abraham no vivió en la ciudad de Beerseba y que esto era un anacronismo, ya que dicha ciudad no existía en su tiempo.

Sin embargo, en ninguna de las once menciones que hace la Biblia aparece un pueblo, y mucho menos una ciudad. La primera mención, durante la vida de Abraham (Génesis 21:14), se refiere al "desierto de Beerseba".

3. Sodoma y Gomorra: juzgadas con "azufre y fuego"

En Génesis 19:24, la Biblia habla de la destrucción que hace Dios de las ciudades pecadoras de Sodoma y Gomorra.

La ciencia actual propone que esto pudo deberse al estallido de un meteorito en el aire en 1750-1700 a. C, en vida del propio Abraham. La explosión fue tan fuerte que las rocas se convirtieron en vidrio.

4. José fue vendido como esclavo por "20 siclos"

El código Hammurabi (1750 a. C.) y los archivos de Mari (1761 a. C.) confirman que el precio de los esclavos en la época de José era de 20 siclos.

jose1La arqueología asegura que José costó según el precio de mercado de la época.

5. Los pactos en Éxodo, Levítico y Deuteronomio: propios de la época

Se conocen más de 100 documentos de pactos de la antigua Mesopotamia y Egipto. Y tendrían vinculación con los pactos que se hacen en los libros bíblicos de Éxodo, Levítico y Deuteronomio.

La forma de estos pactos de entre 1350 a. C. y 1180 a. C (a diferencia de los anteriores y posteriores) podrían ser muy similares a los egipcios.

Esto se debería a que se hicieron en vida de Moisés, que fue criado por la hija del Faraón (Éxodo 2:10), y que habría tenido grandes oportunidades de aprender sobre leyes egipcias.

6. El rollo que demuestra la cuota de los esclavos egipcios 

Un rollo egipcio que data del año quinto del reinado del faraón Ramsés II (1275 a. C.) menciona que los esclavos eran responsables de una cuota de 2.000 ladrillos de barro (Éxodo 5:8- 5:19).

7. Dios alimentó a los israelitas con codornices

La Biblia sitúa las codornices en la península del Sinaí, específicamente a lo largo de las costas (Éxodo 16:1) y durante la primavera (Éxodo 16:1; Números 10:11, 11:31, 34).

La ciencia moderna ha confirmado migraciones anuales y masivas de codornices en primavera, que se alinean perfectamente con las descripciones hechas por la Biblia.

8. Moisés sacaba agua de las rocas en el desierto

En los libros de la Biblia de Éxodo 17:6, Números 20:10 y Deuteronomio 8:15, se muestra a Moisés sacando agua de las rocas en el desierto.

Esto podría deberse a que la Península del Sinaí contiene mucha arenisca y piedra caliza, que son rocas porosas, capaces de absorber y almacenar agua. En condiciones de mucho calor, desarrollan una costra dura que, si se golpea lo suficientemente fuerte, puede hacer que el agua fluya.

9. Jericó no existía en la época de Josué, por alguna razón

Los escépticos aseguran que la arqueología no proporciona evidencias de que Jericó existiera en la época de Josué (1200 a. C.), cuando la Biblia afirma que sus muros se derrumbaron (Josué 6:20).

Podrían tener razón, pero hay una explicación lógica para esto. Jericó está muy cerca del Mar Muerto, uno de los lagos más salados del mundo. La erosión por culpa de la sal y de una larga temporada de lluvias (de finales de octubre a abril) pueden explicar la erosión masiva de los muros de la ciudad.

10. David no es tan mítico como el rey Arturo: fue real

Mientras los historiadores mitificaban al rey David, algo cambió en julio de 1993. En el norte de Israel se descubría la estela de Tel Dan, que data del siglo IX a. C., y que contenía la frase "Casa de David" (1 Samuel 20:16).

11. El profeta Amós vivió en el siglo VIII a. C.

Entre los relatos de la Biblia hay una referencia a un terremoto que ocurrió en Jerusalén, la capital del reino de Judá. Hoy, gracias a unas excavaciones en el Parque Nacional de la ciudad de David, se han encontrado evidencias de que este, efectivamente, se produjo, hace 2800 años.

El profeta Amós, dice: "Estas son las palabras de Amós, que era un pastor de Tecoa. Tuvo una visión acerca de Israel durante los reinados de Uzías en Judá, y de Jeroboán hijo de Joás en Israel. Esto sucedió dos años antes del terremoto" (Am 1.1-2).

12. Ezequías reinó hacia el 715– 687/6 a. C.

Ezequías es uno de los reyes que se mencionan en la genealogía de Jesús. En 2015, se encontró el sello del rey bíblico Ezequías en la parte más antigua de Jerusalén. Estaba fechado entre el 727 y el 698 a. C.

Ezequías fue el encargado de cavar el famoso túnel que lleva su nombre (2 Reyes 20:20; 2 Crónicas 32:2–4,30; Isaías 22:11) y que hoy se puede visitar.

13. El profeta Isaías vivió desde el 740 al 681 a C.

Isaías fue uno de los mayores profetas de Israel. La tradición hebrea cree que nació alrededor del 765 a. C. en Jerusalén y el cristianismo le atribuye el anuncio del nacimiento, el sacrificio y la gloria de Jesús.

En 2018 se encontró en Jerusalén un sello con su nombre. Los arqueólogos que trabajan en las ruinas del templo de esta ciudad localizaron un pequeño sello de arcilla llamado bulla. En su interior figura el nombre Yesha’yah[u] (Isaías) en letras hebreas junto a la expresión NVY. Parecen las primeras letras de la palabra nun-beit-yod-aleph, que significa literalmente profeta.

14. El profeta Jeremías vivió del 650 al 570 a.C.

Existen 19 pruebas arqueológicas separadas e independientes que así lo demuestran.

15. Nabónido llegó a ser rey de Babilonia

El que se conoce como último rey de Babilonia (556–539 a. C.) no se menciona en ninguna parte de la Biblia.

En cambio, su hijo Belsasar es llamado "rey de Babilonia" (Daniel 7:1; cf. 5:1, 5-10, 13, 30; 8:1). Eso se debe a que su padre estuvo en el extranjero durante 10 años, por lo que actuó como su regente (por lo tanto, podría llamarse "rey").

Tomado del portal de la Fundación Tierra Santa.

Vea también    El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento -
San Juan Pablo II


















sábado, 24 de abril de 2021

¿Por qué el Antiguo Testamento es importante para los cristianos?

 

Emmaus


El esperanzador mensaje que Jesús ofreció en Emaús. Por cierto, ¿sabes dónde está Emaús?

En la tradición judía, el Antiguo Testamento se divide en tres partes: la Ley (Torá), los Profetas (Nevi’im) y los Salmos (Ketuvim).

Por lo tanto, el título dado a las Escrituras en hebreo proviene de las primeras letras de los nombres de estas tres partes y es TaNaKh.

En el Evangelio, Jesús dice que las tres partes del Antiguo Testamento hablan de Él:

“Tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Por esta razón, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son muy importantes para los cristianos.

Los puntos de vista de los marcionistas y posteriormente de los maniqueos, que rechazaban el Antiguo Testamento, eran herejías.

Tenía que cumplirse todo

La palabra “cumplir” aparece muy a menudo en todos los Evangelios porque estos son el testimonio de que las profecías del Antiguo Testamento se cumplieron en la persona de Jesucristo.

Jesús mismo aclaró el cumplimiento de las Escrituras a los discípulos en el camino hacia Emaús.

Les explicó que el Mesías tenía que sufrir y resucitar porque eso está escrito en el TaNaKh.

Emaús es un icono que muestra que el Antiguo Testamento se cumple en el Nuevo Testamento.

¿Dónde está Emaús?

Hoy en día, no sabemos exactamente dónde estaba Emaús, pero hay muchos indicios de que era Emaús-Nicópolis.

Emaús-Nicópolis

Hay restos de lugares de los primeros siglos del cristianismo (el más antiguo del siglo III después de Cristo).

Emmaus

Estos primeros santuarios demuestran que era un lugar muy importante para los primeros cristianos.

EmaúsGal

En Emaús, Jesús destacó la necesidad de volverse a Dios y el perdón a todas las naciones. Sus palabras nos muestran que Jesús vino a todas las naciones.

Su misión va más allá de una nación, y el Evangelio se predica a todos.

Un regalo para todo el mundo

Los tiempos actuales lo confirman. Los cristianos viven en diferentes países, en todos los continentes.

Hay más de mil 345 millones de católicos, y este número ha aumentado en 16 millones desde 2018.

Las Sagradas Escrituras son muy importantes para cada uno de nosotros.

El papa Francisco nos anima a tenerlas siempre en el bolsillo o en la cartera, porque Jesús nos habla a través de la palabra de Dios.

Podemos tenerlas siempre con nosotros en nuestro smartphone, utilizando una de las muchas apps o portales on line.

Paweł Rytel-Andrianik, Aleteia 


Vea también     Pasajes del Antiguo Testamento para contar a los niños

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lunes, 8 de julio de 2019

Cómo entender el sorprendentemente sensual Cantar de los Cantares

En el Antiguo Testamento es uno de los libros preferidos de los místicos y santos,
pero puede resultar impactante para el lector medio

SONG OF SOLOMON

El Cantar de los Cantares (también conocido como el Cantar de Salomón) es uno de los libros más controvertidos de la Biblia. Aunque ha permanecido como parte del canon de las Escrituras desde el siglo IV, en el pasado algunos líderes religiosos han prohibido su lectura por el contenido explícito.
Pero, al mismo tiempo, numerosos santos han citado este libro en múltiples ocasiones y fue el favorito de muchos personajes místicos, quienes dedicaron horas a la oración meditando sobre su simbolismo espiritual.

¿Cómo debería entender este libro un lector medio?

De una forma similar a los Salmos, el Cantar de los Cantares es una recopilación de poesía. Diferentes tradiciones afirman que fue escrito por el Rey Salomón, aunque la mayoría de los eruditos bíblicos no pueden precisar un autor concreto ni el periodo exacto en el que se creó.
Juan Pablo II fue uno de los defensores más populares de este libro y explicó cómo había que entender su lectura durante una audiencia general en 1984. Allí ilustró que el Cantar de los Cantares solo se puede leer “de una forma parecida a los escritos en los primeros capítulos del Génesis, como un testimonio del principio”. Juan Pablo II se refiere a los siguientes versos del Génesis como la clave para entender el Cantar de los Cantares. 
Dijo entonces Adán:
 “Esto es ahora hueso de mis huesos
y carne de mi carne;
esta será llamada Varona,
porque del varón fue tomada”.
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. (Génesis 2:23-25)
Esto sitúa el Cantar de los Cantares como una manifestación fundamental del amor “verdadero” entre un hombre y una mujer en el sacramento del matrimonio. Se trata de un amor inmaculado por el pecado original, repleto de pasión que une a los amantes en un solo ser. No se trata de un amor lujurioso, sino un amor puro de deseo.
El papa Benedicto XVI valida esta lectura del Cantar de los Cantares al explicar un poco de contexto en su encíclica Dios es Amor. “Según la interpretación hoy predominante, las poesías contenidas en este libro son originariamente cantos de amor, escritos quizás para una fiesta nupcial israelita, en la que se debía exaltar el amor conyugal”, escribe en la encíclica.
Sin embargo, aunque el libro parece centrarse en este tipo de amor carnal, su intención es ir mucho más allá. Juan Pablo II explica que “las palabras, los movimientos y los gestos de los cónyuges corresponden al movimiento interior de sus corazones. Es posible entender el lenguaje corporal solo a través del prisma de este movimiento”.
Además, el amor erótico que se enfatiza se transforma en un amor abnegado que muestra un vínculo integral entre dos tipos de amor. Benedicto XVI explica cómo en el Cantar de los Cantares “el amor se ha convertido en la preocupación y el cuidado hacia el otro. Ya no se trata de un sentimiento egoísta, un hundimiento en la embriaguez de la felicidad. En su lugar, busca el bien del ser querido, se convierte en una renuncia y está listo, incluso dispuesto, al sacrificio”.
Además de servir de ejemplo para el amor ideal compartido entre cónyuges, el Cantar de los Cantares también se interpreta como una representación del amor de Dios hacia nosotros. El papa Benedicto resume esta creencia que fue muy popular entre los místicos de la Iglesia.
Por eso podemos comprender que la recepción del Cantar de los Cantares en el canon de la Sagrada Escritura se haya justificado muy pronto, porque sus cantos de amor describen en el fondo la relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios. De este modo, tanto en la literatura cristiana como en la judía, el Cantar de los Cantares se ha convertido en una fuente de conocimiento y de experiencia mística, en la cual se expresa la esencia de la fe bíblica: se da ciertamente una unificación del hombre con Dios —sueño originario del hombre—, pero esta unificación no es un fundirse juntos, un hundirse en el océano anónimo del Divino; es una unidad que crea amor, en la que ambos —Dios y el hombre— siguen siendo ellos mismos y, sin embargo, se convierten en una sola cosa: “El que se une al Señor, es un espíritu con él», dice san Pablo. (1 Co 6:17)
Por este motivo, el Cantar de los Cantares es un libro popular entre las parejas casadas y las personas solteras. De hecho, la mayoría de los santos que alabaron este libro fueron dedicados hombres y mujeres religiosos que nunca experimentaron el amor del matrimonio.
Ante todo, la poesía contiene una visión profunda del amor de Dios por nosotros, mostrando un Dios que nos desea y nos busca. El Cantar de los Cantares revela a un Dios que reconoce nuestra belleza y quiere unirse a nosotros en una eterna unión espiritual.

Philip Kosloski, Aleteia































lunes, 28 de enero de 2019

Conoce a Isaías, uno de los personales más fascinantes (y misteriosos) de la Biblia

Sus escritos son los más citados en el Nuevo Testamento pero, ¿quién fue?

OLD TESTAMENT
El profeta Isaías es una de las figuras más influyentes de la Biblia hebrea. El Libro de Isaías se cita con tantísima frecuencia en el Nuevo Testamento que incluso se le conoce como “el Quinto Evangelio”. De hecho, es famosa la cita de san Jerónimo diciendo que Isaías “fue más un Evangelista que un Profeta, porque describió todos los Misterios de la Iglesia de Cristo de forma tan vívida que uno podría asumir que no está profetizando sobre el futuro, sino más bien componiendo una historia de acontecimientos pasados”. También, y quizás no extrañe, su figura está representada en los Manuscritos del Mar Muerto con más frecuencia que cualquier otro profeta o patriarca. Sin embargo, todavía no hemos contestado a la pregunta: ¿quién fue Isaías?
Isaías fue un profeta del siglo VIII a.C. que empezó su ministerio unos pocos años antes de la muerte del rey Ozías, que vivió durante los reinados de Jotán y Ajaz y que murió en el 14.º año del reinado de Ezequías, que fue rey de Judá hasta el año 740 a.C. (aproximadamente). Es decir, tal vez estuviera activo en su ministerio durante más de 60 años.
Sin embargo, los expertos actuales coinciden casi unánimemente en que no hubo un único Isaías, sino diferentes autores que escribían bajo el mismo nombre, probablemente con siglos de diferencia entre ellos, ya que el libro muestra claros indicios de haber sido escrito a lo largo de un extenso periodo de tiempo. Estos autores son conocidos como Primero, Segundo y Tercer Isaías, aunque no todos los investigadores hacen una distinción tajante entre el Segundo y el Tercer Isaías.
Los expertos coinciden en que el Primer Isaías (o Proto-Isaías) escribió la mayoría de los capítulos del 1 al 39 y en que es el profeta original que da nombre a toda la obra. De hecho, los investigadores sostienen que su influencia fue tan grande que tuvo discípulos que continuaron con su ministerio tras su muerte. A este grupo de discípulos se le conoce como “Escuela de Isaías” y a se le atribuye la producción del Segundo Isaías (o Deutero-Isaías), es decir, de los capítulos 40 al 55 del Libro, en el siglo VI a.C.
El Tercer Isaías (o Trito-Isaías) habría escrito los capítulos del 56 al 66 en el siglo V a.C. Pero, ¿por qué los eruditos llegaron a esta conclusión? La clave está en las múltiples y diferentes preocupaciones que el lector encuentra en la predicación de Isaías y en el cambio radical de tema al comienzo del capítulo 40.
En este punto es cuando el regreso del cautiverio babilónico se convierte en el tema dominante del libro. Ciro, el mismo rey persa que ordenó la liberación de Israel en el año 539, es mencionado en el capítulo 44, versículo 28. Esto llevó a los expertos a considerar la primera mitad del libro (capítulos 1-39) como producción del profeta histórico, que luego fue intercalada con comentarios en prosa en tiempos del rey Josías unos cien años después y que, finalmente, el resto del libro data de inmediatamente antes (e inmediatamente después) del final del exilio en Babilonia, casi dos siglos después del tiempo en que vivió el profeta histórico.
 Daniel R. Esparza, Aleteia