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miércoles, 17 de abril de 2024

Sacerdote explica el verdadero significado del anillo de boda y se hace viral


“La tranquilidad de casarse es que aunque me vaya mal, aunque tropiece, aunque caiga, yo estoy sostenido en mi debilidad"


 

¿Te has preguntado qué significa el anillo de boda? Un sacerdote respondió a esta pregunta y su explicación se volvió viral. ¡Seguro que también te sorprenderá!

En un episodio del podcast “Mantita y fe”, el párroco de la Parroquia Jesús y San Martín, P. Pablo Fernández-Martos, conversó con la joven madre, Barbara Bustamante, sobre la liturgia del matrimonio.

Entre todos los temas que se tocaron en el video, que ya ha alcanzado más de 122 mil me gusta, uno llamó la atención de los usuarios de internet, donde el P. Fernández-Martos explica el verdadero significado de las alianzas.

“El anillo está en el dedo más débil, tú intentas levantar todos los dedos y se levantan fáciles, pero el anular no se levanta”, comenzó.

“Es muy bonito ver eso porque también el que se casa contigo, se casa contigo en tus fortalezas y en tus debilidades, y en el fondo tu matrimonio lo que permite es que aquel que te abraza, te abraza en tu debilidad”, agregó.

El sacerdote resaltó que este anillo en el fondo recuerda que el matrimonio es lo que “da fuerza para caminar, fortalece mi unión”.

“La tranquilidad de casarse es que aunque me vaya mal, aunque tropiece, aunque caiga, yo estoy sostenido en mi debilidad y por tanto no tengo miedo. Puedo caminar sin miedo a tropezar, porque sé que el otro siempre me va a levantar, aún cuando caiga muy profundo.

Vivo en la seguridad de que él me va a amar sin condiciones, no me va a dejar abandonado cuando he tropezado, sino que cuando he tropezado va a estar sosteniéndome, no me va a dejar caer y si caigo me va a levantar”.

Un podcast para ver a Dios en la vida diaria

El podcast “Mantita y Fe” es parte de la Fundación Gospa Arts, una plataforma de evangelización digital.

La creadora del podcast, Barbara Bustamante, indicó a ChurchPOP que este proyecto nació como una búsqueda de conquistar nuevos horizontes de evangelización.

“No teníamos podcast, así que me lancé a abrir uno. ¡Y es lejos mi formato preferido! Mi jefe, Jesús García, me dio total libertad para elegir el contenido, lo que me permitió disfrutar desde el principio, siendo yo misma, compartiendo temas de fe que más me interesaban”, señaló.

Barbara señaló que su programa no busca ser un podcast de oración sino complementar con contenido de valor sobre “la belleza de vivir en y para Dios”.

“Se habla mucho de lo importante que es tener un tiempo para ti mismo, y creo que es verdad. Pero los cristianos sabemos que nunca estamos solos, por lo cual ese tiempo para mí misma es en realidad un tiempo para mí con Dios. La meta, por tanto, es que te pongas los audífonos no para encerrarte en tu ‘mundito’ y escaparte de la realidad, sino todo lo contrario, para que después de escuchar un episodio termines con los sentidos aún más atentos a la presencia de Dios en tu día a día”, resaltó.

La joven madre remarcó que vivir para Dios no le ha dado éxitos pero sí la felicidad.

“Vivir para Dios no me ha dado éxito, ni un casoplón, ni dinero, ni muchas comodidades. Vivo con lo justo, en un tercero sin ascensor, no voy a la moda, ni me da el tiempo para ir al gym, ni viajo cada tres meses. He decidido ser mujer católica, esposa y madre… y eso el mundo te lo hace pagar caro. Pero la felicidad que te da el vivir sin traicionarte y el entregarte por completo por amor, es algo que supera con creces cualquier satisfacción”.

“Por lo tanto, el fruto más importante que me ha dado este apostolado no es hacerme influencer o tener más de 2 millones de visualizaciones en un reel, sino constatar que de esta vida tan ordinaria el Señor puede iluminar y tocar corazones. A Él sea por siempre el honor y la gloria”, agregó.

Puedes escuchar el podcast “Mantita y Fe” en el Canal de YouTube de Gospa Arts, en Spotify, Apple Podcast, Amazon Music, Ivoox y Google Podcast.

Harumi Suzuki, churchpop

Vea también    La importancia y la dignidad del Sacramento del Matrimonio


lunes, 14 de febrero de 2022

¿Cotrolar al cónyuge?

SMART RING



¿Para qué serviría un anillo que controle los pasos del cónyuge? ¿Dónde quedaría la confianza?

Hace escasos días apareció en las redes la noticia de que algunas empresas están trabajando en el desarrollo de “anillos inteligentes”. Muchos se han atrevido a especular sobre lo que sería un anillo de matrimonio: un anillo que, entre algunas de sus funciones, permitiría saber toda la trayectoria de nuestro cónyuge y los lugares visitados por él, así como sus ubicaciones en tiempo real, siempre que él lo lleve puesto también.

Esto no es nuevo. Existen en la red numerosas aplicaciones de control parental que permiten saber dónde se encuentran nuestros hijos adolescentes y prevenir -al conocer- si se pueden estar metiendo en problemas. También son conocidas las aplicaciones de rastreo y ubicación que en muchos casos gustan de utilizar algunos consortes celosos para contrastar la información que sus parejas puedan darles cuando no se fían de ella. Google Maps ya registra la trayectoria de los lugares visitados con solo tener nuestro dispositivo móvil encendido y la función de ubicación activada.

Sin entrar en el hecho de si la noticia es una broma viral pesada o meras conjeturas, el tema nos permite hablar de otra cuestión mucho más interesante: la legitimidad o no del control dentro de las parejas como prueba de su fidelidad.

De hecho, cada vez resulta más preocupante el uso de la tecnología como mecanismo de control: la monitorización de la actividad y de los contactos en las redes sociales, el ciberacoso, la difusión de rumores, control de la actividad on line -por ejemplo dejar “en leído” y no contestar al instante un WhatsApp, etc.

web smartphone hands wjatsapp digital Alejandro Ruhl:Shutterstock
Hay quien se enfada porque le han «dejado en leído» y exige que le respondan al momento.

¿Qué consecuencias puede tener el control entre las parejas? ¿Acaso podemos limitar la acción del otro desde nuestro deseo de encerrar su vida en nuestros esquemas? ¿Actuará el otro igual sabiéndose vigilado? Nuestros adolescentes siguen considerando el control como sinónimo de amor y de preocupación por el otro, algo que se convierte en una tentación agravada por la facilidad con que se nos brinda -diluyendo sus efectos-a través de la tecnología.

Lo realmente grave es que la lógica de la confianza, fundamental en toda relación sana, en todo matrimonio, es suplantada por la lógica de la sospecha. La lógica sacramental por la lógica contractual. El otro no puede ser visto ni recibido como don, porque ya está bajo la sospecha de que puede fallar, hacernos daño, así que mejor protegernos expulsando el drama humano del sufrimiento. Ante la prueba, la condena y el cálculo.

De esta manera, todo intento de control convierte al “controlado” en culpable o sospechoso de serlo. ¿Quién querrá casarse con alguien a quien mira con recelo y no como regalo y promesa de una vida grande? ¿Cómo es posible que la promesa de amor y fidelidad hecha ante Dios se someta a prueba, una especie de detector de mentiras que nos hará saber si nuestro cónyuge está mintiendo -porque lo que está claro es que ya antes le hemos negado nuestra confianza? ¿Puede la confianza ser un valor a custodiar si la sometemos a prueba? ¿No será que en el fondo algo -o todo-se ha roto de verdad?

Aceptar la libertad de la persona amada

Lo cierto es que no nos casamos ”hasta que el otro nos engañe”, y entonces el matrimonio se rompe. Si nos casamos pensando que nuestro cónyuge no puede engañarnos eso sí que sería engañarnos. Quizás la promesa de amor que hacemos al casarnos signifique aceptar la libertad del otro aunque ello produzca sufrimiento, porque apostamos -lo prometimos- respetar su libertad, aun cuando pueda infligir el mayor de los daños. No hay daño más grande que el que uno se causa a sí mismo por usar mal su libertad.

El amor es un juicio, no solo un sentimiento. Un juicio que implica reconocer que el otro puede elegir el mal, romper la confianza dada, que puede destruirlo todo. A posteriori es más fácil enfrentarse a estas situaciones que el propio Derecho contempla para restaurar el daño hecho, el problema es cuando nos creemos que podemos establecer el castigo o la supuesta justicia a priori, o evitar nosotros el mal que quieran causarnos. Si el derecho es la protección del otro frente a nuestras posibles deserciones, ¿podemos defendernos a priori del sufrimiento que el mal uso de su libertad pueda causar?

Mentirse a uno mismo

Por otra parte, ¿de verdad creemos que una prueba de fidelidad basada en el control o en el espionaje va a eliminar el mal del corazón humano, si es que anida en él? Uno puede espiar si quiere, también puede mentir si quiere, ser infiel si lo desea sin sustraerse a las consecuencias que dicha traición “libre” tendrá en la vida de los que le dieron su confianza, podrá incluso esconder la verdad a todo el mundo, pero lo que no puede hacer es mentirse a sí mismo ni a Dios.

Existe la libertad, pero también la conciencia y el perdón. La vida es una aventura que tiene que ver con el “Sí quiero” de cada día. Nada nos previene de, ni nos impide, dar nuestro “Sí”. Nunca es un sí al mal, sino a pesar del mal. Un sí que denuncia el mal sin abrirle la puerta de su corazón odiando al malvado. Es un acto de amor, que tiene la potencia de vencer al mal sin dejarse confundir por él, pues la elección entre el bien y el mal es el combate que libra nuestro corazón, que como bien dijo Dostoievski, es un campo de batalla entre Dios y el diablo.

En definitiva, se trata de un camino de crecimiento en libertad y en confianza. Somos conscientes de que el otro es un Misterio que no va a colmar nuestra felicidad y que participa también como nosotros y con nosotros del Misterio Redentor. Podrá romperse la confianza, pero dicho viaje hacia la plenitud de la cual el otro es signo, está preñado de la esperanza en que Aquel que hace nuevas todas las cosas conozca nuestro corazón. Un corazón que nadie, ni el más leal o desleal de los esposos, está autorizado a robar, juzgar, rastrear o domeñar. Solo Dios conoce la profundidad de nuestro corazón y solo él lo custodia constantemente, porque su Amor infinito nunca nos abandona, único amor que nunca falla, único amor que nunca, nunca, podrá romperse.

El matrimonio necesita de la fe y de la esperanza, no solo del amor. Y la fe en el esposo o la esposa, la confianza, no puede exigirse, no puede ubicarse en ningún anillo tecnológico ni en google maps. La confianza es fruto de una libertad que se da, día a día, para que el otro encuentre junto a nosotros -o dramáticamente sin nosotros-, el camino que le lleve a la salvación. La fe puede ser frágil, pero la esperanza, esa niñita pequeña de nada, como decía Péguy, atravesará los mundos  llevando consigo a las otras dos hermanas mayores (la fe y el amor), ella será la que haga andar a las otras dos y la que hace andar al mundo entero.

Ni Apple, ni Google, ni los IRing del futuro ni la tecnología más avanzada pueden hacernos más vulnerables, pero tampoco más fuertes en esta certeza: que el Amor es la única promesa preñada de Esperanza, fuente viva para todos los hombres hasta el fin del mundo.

Feliciana Merino Escalera,Aleteia

Vea también     Algunas dificultades en el Matrimonio  -   San Juan Pablo II
































miércoles, 2 de febrero de 2022

¿Por qué los anillos de Boda se ponen en el dedo anular?


 

¿Sabes por qué el anillo que se ponen en los esposos el día de la Boda se pone en el dedo anular? Tiene mucho que ver con el significado del Matrimonio. Vas a flipar con el significado, te lo cuento en este post.

Cuando preparo la celebración del sacramento con los novios me gusta hacerles esta pregunta. ¿Por qué el anillo en el dedo anular? Si hay respuesta está suele ser normalmente: “¡Porque es el dedo que está conectado directamente con el corazón!”. Les digo que esa es la respuesta ñoña, y que el dedo que va directamente al corazón se llama… ¡dedo corazón! Menuda sorpresa. Conocimiento desbloqueado.

¿Entonces cuál es la respuesta? Les digo que vamos a hacer un juego. Vosotros que leéis esto vais a hacerlo también. Vamos a cerrar el puño y a ir levantando los dedos. Solo uno a la vez, a ver hasta donde sois capaces de levantarlo y cual levantáis con más facilidad.

1️⃣ Empezamos con el pulgar. Dedo arriba o dedo abajo ¿Fácil no? Todos podemos. Solemos usar este dedo para decir que todo está bien, o que todo ha sido un desastre. Los jóvenes lo podéis usar para decir a vuestros padres las notas de junio. Seguimos.

2️⃣ Seguimos con el índice. También fácil de levantar, ¿no? Este dedo vale para señalar un camino, para acusar a alguien, para hacer ver que se sabe algo o para indicar que hay que seguir leyendo el hilo de Twitter. Y Jesús lo usaba para expulsar demonios. Más. 

3️⃣ Ahora prueba a levantar el dedo corazón. Los niños lo llaman el “dedo palabrota”. Que curioso que el dedo que va directamente al corazón sirva para mandar a tomar por ……. a la gente. Supongo que quien lo hace lo hace “de corazón”. Sigamos. 

4️⃣ Vamos a saltarnos un dedo y toca ahora levantar el meñique. También es muy sencillo. Con este dedo las niñas sellan promesas de súper amigas para siempre, y alguien amanerado lo deja levantado al beber en una copa de balón. Solo nos falta un dedo.

5️⃣ El anular. Prueba a levantarlo con el puño cerrado. ¿Cuesta no? Quizás ni puedas. ¿Y para qué sirve este dedo? Ni para decir que todo está bien, ni para señalar, ni para mandar a ……, ni para hacer promesas. El dedo anular no sirve para nada. Bueno, sirve para una cosa: para que los esposos lleven los anillos que se entregan el día de la Boda.

¿Y por qué en este dedo?  ¡Porque es el dedo débil! Ni siquiera puede levantarse solo. De hecho “anular” tiene que ver etimológicamente con “anulado”. Los anillos de Matrimonio se ponen en ese dedo para que no se les olvide a los esposo que es en la debilidad donde más necesitan amarse. Ahí es donde todos necesitamos que nos quieran. Quien nos quiera poco nos querrá solo por lo positivo: por ser fuertes, simpáticos y generosos. ¿Pero quien nos quiere por nuestras miserias, por nuestras debilidades, por nuestros defectos? Solo quien nos quiera de verdad.

El Matrimonio es para toda la vida, por eso es muy serio. Quererse toda la vida requiere aprender a amar al otro en la debilidad. ¿Recordáis las palabras que pronuncian los novios delante del cura en el momento en que se convierten en esposos? “Yo, N, te recibo a ti, N, como esposo/a y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida”. Ósea, en lo bueno y en malo. Es fuerte. Así necesitamos ser amados y amar.

Amar es aprender a recibir al otro y aprender a entregarse para que el otro te reciba. En la fortaleza y en la debilidad. Cuando esto se da la cosas van bien. Cuando una parte falle la cosa se complica. Necesitamos profundizar cada vez más y madurar la forma de amarnos. El Matrimonio es una Alianza para siempre, en lo próspero y en lo adverso. ¿Sabes el nombre que se le da a los anillos de boda? Exacto. Alianzas.

Me gusta decir a los esposos que cuando tengan una dificultad y les cueste quererse se miren el anillo. Y que cuando haya un problema se pidan perdón (pronunciando la palabra) y además se besen mutuamente el dedo anular con el anillo en señal de veneración y amor. 

La debilidad propia nos va a acompañar toda la vida. Nuestra condición humana es débil, esto requiere aceptación. Y por supuesto la ayuda de Dios, a quien el día de la Boda se le pidió su ayuda. Dios no nos quiere por fuertes, nos quiere por débiles, justo como necesitamos. Ya lo dice San Pablo: “Vivo contento en medio de mis debilidades (…) porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 

Eso si, tampoco vale excusarse en que se es débil para no cambiar. Cambiar y convertirse de lo negativo es un signo de amor al otro. “Yo es que soy así”. Si, claro, pero demuestras orgullo si te conformas con no querer cambiar un rasgo malo o no disculparse nunca.

No olvides esto. El amor es apasionante, pero requiere firmeza en el amor, y el amor firme es el que aprende a aceptar la debilidad propia y a amar la de la otra persona. Así es posible que el amor sea para toda la vida. Enseñemos esto a los jóvenes. Matrimonios: sed luz. 

Y hasta aquí la explicación. Espero que os haya gustado y, ya sabéis, rezad por mi.  Si Dios quiere la temática del nuevo libro va a ser la de este hilo. Así que especialmente me encomiendo a vosotros para llevarlo adelante. La Paz. 

P. Patxi Bronchalo, ReL


































domingo, 10 de noviembre de 2019

Besar la alianza cada día, la indulgencia especial de san Juan XXIII


Cada día puedes descubrir el significado de la alianza que llevas en el dedo, lo recordaba de una forma muy bonita el orfebre de san Juan Pablo II:
“Ninguna de las dos alianzas tiene peso por sí sola – pesan solo las dos juntas”


Me voy lejos. A 1960, cuando Andrzej Jawien, un autor polaco, publica en el mensual católico Znak un drama teatral, El taller del orfebre. Detrás de ese nombre, desconocido para todos, se ocultaba el futuro papa Juan Pablo II, Karol Wojtyla. Una hermosa obra que gira alrededor de un taller de un orfebre y cuenta poéticamente tres historias para permitirnos meditar sobre el sacramento del matrimonio.
El orfebre es la voz de la Divina Providencia que interviene revelando a las conciencias de los protagonistas, guiando su camino, recordándoles su buen destino que ya está empezando a revelarse a través de la opción matrimonial. Una obra llena de diálogos breves, pequeñas piedras preciosas que Karol nos regala.
Pone toda su atención en los cónyuges, y esa será una de las características distintivas de su pontificado.
A continuación les traigo el diálogo entre Anna y el orfebre. Anna está ahora decepcionada y cansada de su matrimonio:
Una vez, al volver del trabajo, y al pasar cerca del orfebre, me dije: -Se podría vender, por qué no, mi alianza (Stefano no se daría cuenta, ya no existía casi para él. Quizá me traiciona, no lo sé, porque ya no me ocupaba de su vida. Se había vuelto indiferente para mí. Quizá, después del trabajo, iba a jugar cartas, después de beber volvía tarde, sin hablar, y si decía algo respondía con silencio).
Esa vez decidí entrar. El orfebre miró la alianza, la sopesó largamente en la palma de su mano y me miró a los ojos. Y luego descifró la fecha escrita dentro de la alianza. Me miró nuevamente a los ojos y la puso en la balanza… luego dijo: “Esta alianza no tiene peso, la aguja está siempre en cero y no puedo obtener de ella ni siquiera un miligramo de oro. Su marido debe estar vivo; en tal caso ninguna de las dos alianzas tiene peso por sí sola, pesan solo las dos juntas. La balanza del orfebre tiene esta particularidad, que no pesa el metal en sí mismo, sino todo al ser humano y su destino”.
Tomé con vergüenza el anillo y sin decir una palabra me fui del taller.


Getty Images

He leído y releído este pasaje. San Juan Pablo II logró expresar de manera maravillosa la belleza del matrimonio, también en el drama de una relación enferma.
La alianza, signo de nuestra unidad indisoluble. Uno para siempre. Unidos al mismo destino. Nuestro valor está unido al de otra persona. Nuestra salvación está unida a la de otra persona. Por eso no es equivocado, en mi opinión, hacer un paralelismo.
El sacerdote que lleva la casulla se prepara entre otras cosas para renovar el sacrificio de Cristo en el Calvario. ¿Nosotros no hacemos lo mismo?
Al llevar ese anillo, con el nombre de mi esposa grabado dentro, he prometido darle todo de mí mismo. Al llevar ese anillo me he comprometido a donarle mi corazón, que no es una metáfora sentimentaloide, sino una actitud concreta: significa cada día hacerme pequeño para hacer espacio dentro de mí.
Sus necesidades se vuelven las mías, sus deseos los míos, sus preocupaciones las mías y su alegría se vuelve mi alegría.
El sacerdote Bardelli repetía a menudo las palabras de la Carta de San Pablo a los Gálatas: “Y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal 2,20); nos repetía estas palabras diciendo a los esposos:
Ustedes deben decir: ya no soy yo que vivo sino mi esposo o mi esposa que vive en mí; esto significa el sacramento del matrimonio, Cristo vive en ustedes cuando viven en la profunda comunión y donación del uno al otro.







Quiero terminar con una bella reflexión. Quizá pocos saben que Juan XXIII tuvo una feliz intuición, cuando quiso reglar a los esposos cristianos un fácil y profundo modo de vivir la religiosidad en la pareja: es decir, vinculó una “indulgencia especial” (y parcial) al gesto conyugal de besarse al menos una vez al día recíprocamente la alianza.
Motivó su decisión al concluir con estas palabras:
Es necesario que los esposos cada día descubran el significado de la alianza que llevan en el dedo, lo besen cada día prometiéndose ambos el respeto, la honestidad de los hábitos, la santa paciencia del perdonarse en las pequeñas faltas, y que miren esta alianza que llevan como vínculo de indisolubilidad en la que los hijos que Dios quiera mandarles, aprendan a crecer en las santas virtudes que tanto gustan a Dios y hacen feliz a Jesús, y que luego hacen feliz a la familia misma que sabrá así ser testigo de cómo se vive como cristianos y cómo se es feliz superando juntos cada día las grandes dificultades de la vida.
Matrimonio cristiano, Aleteia