lunes, 20 de julio de 2026

De Teresa de Calcuta a Santa Teresita de Jesús: el amor de las pequeñas cosas

Santa Teresita, la santa en la que se inspiró la joven Agnes al elegir su nombre.

Madre Teresa (1910-1997) fue canonizada en 2016.

Madre Teresa (1910-1997) fue canonizada en 2016.


    A la joven agonizante que buscaba comprender por qué Dios permitía su muerte, la fundadora de las Misioneras de la Caridad le ofreció la clave que puede cambiar cualquier vida: "Jesús te quiere a ti, no a tu trabajo". 

    Durante el tiempo que pude convivir con las Misioneras de la Caridad, nos llevaron al cementerio de Calcuta a visitar las tumbas de las primeras hermanas de la Madre Teresa. Una de ellas era una muchacha, fallecida muy joven, que aún no había emitido los votos. Enfermó rápidamente y fue trasladada al hospital, donde los médicos intentarían una operación a la desesperada. 

    La Iglesia, en circunstancias extraordinarias como la inminencia de la muerte, concede la oportunidad de consagrarse antes del tiempo establecido. La Madre Teresa se lo propuso a la novicia, y ella aceptó. 

    "Jesús te quiere a ti, no a tu trabajo"

    Desde una cama de hospital, se entregó por completo a Cristo, sin reservas. Luego le preguntó a la Madre: "¿Por qué Jesús me llama precisamente ahora, tan pronto?". 

    La Madre Teresa le respondió: "Porque Jesús te quiere a ti, no a tu trabajo". 

    Aquellas palabras se posaron, ligeras, sobre la lápida blanca en la tierra, pero pesaron con fuerza en mi corazón. Un corazón que no encontraba consuelo y que, sin embargo, en ese preciso instante, se sintió como liberado. 

    Lo escribía en mi artículo anterior: Calcuta representó "un antes y un después" en mi pequeña vida. 

    De Teresa a Teresita

    A mi regreso de la India, quise profundizar en la vida de Santa Teresita, la santa en la que se inspiró la joven Agnes al elegir su nombre, décadas antes de convertirse en la gran "Teresa de Calcuta" que todos conocemos. Así, volví a leer Historia de un alma, un libro que antes solo había ojeado a ratos, pero que nunca había leído verdaderamente en su totalidad. 

    Estoy segura de que muchos de los lectores saben exactamente de qué se trata y lo han leído con atención. Para quienes no lo sepan, Historia de un alma es la autobiografía de Santa Teresa de Lisieux. Se le pidió que la escribiera para preservar, creo yo, la inmensa sabiduría que albergaba en su corazón, bajo la sombra del anonimato de la vida conventual; una sabiduría que le valió, más tarde, el título de Doctora de la Iglesia. 

    Santa Teresita escribe para obedecer una orden, en absoluto para elevarse por encima de nadie. Aborrecía esto más que cualquier otra cosa y trataba de evitarlo a toda costa, practicando más bien la virtud opuesta: la de ponerse al servicio de todos, la de actuar como la última, hasta el punto de hacer creer a sus hermanas que era, hacía y pensaba —en algunos casos— cosas mucho peores de lo que en realidad era, hacía y pensaba, solo para forzarse a crecer en la humildad y la ofrenda. 

    Me pregunto hasta qué punto Agnes, al elegir ese nombre para sí misma, era consciente de lo que significaría para ella. Resulta fácil, ahora, ver en ese nombre una profecía de su misión, pero también queda claro, al leer su biografía, que entonces no tenía ni idea. 

    De Agnes a Madre Teresa

    La Madre Teresa nunca pidió ir con los más pobres de entre los pobres. De hecho, tras escuchar la voz de Jesús diciéndole "Tengo sed" y ordenándole dejar su vida para abrazar otra completamente distinta, transcurrieron dos años antes de que estuviera materialmente lista para abandonar el convento y fundar su orden. Fueron años necesarios para su discernimiento, para que el obispo comprobara la obra que Dios estaba haciendo en su corazón; pero también años necesarios para que Cristo transformara su interior, preparándolo para lo que Él deseaba de ella. 

    Antes de eso, la Madre había llevado una vida marcada por la disciplina, el orden y la belleza, enseñando en el colegio del que era directora; un recinto de arquitectura noble, rodeado por el verdor de altos árboles y el perfume de flores coloridas. Allí transcurría su trabajo a tiempo completo, ejerciendo de maestra y dirigiendo una de las mejores escuelas de Calcuta de forma impecable. 

    Un día de septiembre, sin embargo, Jesús sacudió su vida y se lo pidió todo de vuelta, ensuciando su cotidianidad en el barro, la lepra y la inmundicia de la pobreza más extrema, convirtiéndola así en una de las más grandes misioneras de la historia de la Iglesia. 

    ¿Por qué es santa Teresa?

    No obstante, la Madre Teresa no es santa por haber elegido mancharse de barro. No es santa por haber dejado la comodidad del convento a cambio de una vida de sacrificio junto a los pobres. Es santa porque decidió hacer lo que Dios le pedía, con gran amor y entrega; es santa porque se santificaba en cada pequeña o gran elección del día a día. Como cuando llegaba a la casa madre el almuerzo, provisto por la Providencia, y ella elegía comer la porción menos apetitosa; o como cuando, en su habitación (la más calurosa de todas por estar encima de la cocina), nunca usó el ventilador de techo a pesar de tener uno. O como cuando elegía, cada día, sonreír a los pobres, incluso cuando su corazón atravesaba el inmenso dolor de la ausencia de Jesús; un dolor que nadie, ni siquiera sus hermanas, sospechaba, y del que solo se tuvo constancia tras su muerte, gracias a las narraciones de sus diarios. 

    La Madre Teresa no era el cirujano que salva vidas bajo las bombas, ni tampoco el político que, con el mundo en sus manos, elige la paz en lugar de la guerra. Y, sin embargo, es probablemente más santa que ambos. Porque las matemáticas de Dios siguen una lógica distinta a la nuestra: no nos unimos a Él "acumulando puntos", sino entregando todo nuestro corazón en las sencillas —o grandes— cosas de nuestra jornada. 

    Santa Teresita es la patrona de las misiones, un hecho que, para quien nunca ha estado en misión, podría parecer contradictorio. Ella, que ingresó en el convento antes de tiempo y permaneció allí solo hasta los 24 años para luego subir al Cielo, es la patrona de quienes consagran su vida a dejar su hogar, salir a las calles, vivir en ellas, viajar continuamente, caminar, partir, en constante movimiento para ir allí donde hay necesidad. Y, sin embargo, lo es. 

    La lección que aprendí

    En aquel cementerio, mientras la monja nos contaba la historia de esa novicia muerta en apariencia demasiado pronto, y compartía con nosotros la respuesta de la Madre, pensé que aquello tenía absoluto y pleno sentido. 

    Que Jesús no nos pide "hacer" algo extraordinario, ni salvar el mundo; eso ya lo ha hecho Él. Jesús sólo nos pide que le entreguemos todo, todo nuestro corazón, cada instante de nuestra vida, en nuestras elecciones, dificultades, pruebas y tentaciones. 

    La escuela de Santa Teresita de Lisieux, la que emerge del relato vital de su libro, es una escuela de amor. La escuela de cómo, escuchándose profundamente a uno mismo, se puede comprender la manera de trabajar en el propio ser para aprender a amar mejor a partir de las pequeñas, minúsculas cosas cotidianas; siempre con la gracia de Dios. 

    Desde cómo se juzga a una hermana al cruzarnos en el pasillo si no nos cae bien, hasta cómo se reza con mayor pureza; desde cómo nos ponemos al servicio de los demás no para buscar elogios, sino sólo por amor a Jesús; desde cómo se disciplinan los propios pensamientos mediante el sacrificio y la entrega, hasta cómo se convive con amor junto a quienes no estamos predispuestos a amar. 

    El epitafio de la tumba de la Madre Teresa

    Jesús no quería el trabajo de aquella joven novicia, no quería "sus trabajo". Le pedía sólo todo su corazón. Una vez hecho eso, el propósito de su vida se había cumplido. 

    Por eso, sobre la tumba de la Madre Teresa está escrito: "Amaos los unos a los otros, como yo os he amado". 

    Porque, como nos recuerda Santa Teresita: "He comprendido que sin amor, todas las obras son nada, incluso las más deslumbrantes, como resucitar a los muertos o convertir a los pueblos"

    Por esta razón es patrona de los llamados a convertir a los pueblos, a consolar a los pobres, a dar de comer a los hambrientos y a sanar a los afligidos: para que sus obras no queden vacías, y para que el sentido de todo nunca sea otro que el de amar, infinita y gratuitamente, en última instancia, a Dios.

    Anna Raisa Favale, ReL

    Vea también   Aspectos de la Espiritualidad de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús





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