El historiador Aniceto Masferrer sostiene que el aborto solo puede entenderse analizando el profundo cambio cultural vivido por Occidente.

La nueva legislación hace que sea ilegal ayudar a una persona menor de 18 años a hacer un aborto, llevarla a hacia un estado donde el procedimiento sea legal o proveerle de píldoras abortivas.
Con motivo de la publicación de Comprender el aborto en el siglo XXI. Claves culturales (Dykinson), el catedrático e historiador del Derecho Aniceto Masferrer analiza las raíces intelectuales, filosóficas y culturales que, a su juicio, han transformado la forma en que Occidente entiende el aborto.
Lejos de plantear una obra centrada únicamente en la discusión jurídica o moral, propone examinar los cambios en la concepción de la libertad, la sexualidad, la familia o la naturaleza humana para explicar por qué el aborto ha llegado a ocupar un lugar central en el debate contemporáneo.

Aniceto Masferrer
- Precisamente porque se ha escrito mucho, pero se ha comprendido poco. El aborto es uno de los temas más debatidos de nuestro tiempo y, sin embargo, el debate suele convertirse en un diálogo de sordos. Unos y otros hablan desde presupuestos que rara vez explicitan. Mi propósito ha sido ayudar a comprender cómo hemos llegado hasta aquí. No tanto convencer como ayudar a pensar.
- Porque vivimos en una época marcada por la polarización. Con frecuencia juzgamos antes de entender. Comprender no significa justificar. Un historiador trata de comprender la esclavitud o los totalitarismos sin por ello aprobarlos. De hecho, cuanto más grave es un fenómeno, más importante resulta comprenderlo. Si queremos afrontar una realidad como el aborto, debemos conocer las causas culturales, ideológicas y jurídicas que la han hecho posible.
- Sí y no. Formalmente sí, porque el aborto constituye su objeto de estudio. Pero, en realidad, es también un libro sobre la cultura occidental contemporánea. Quien quiera entender por qué una sociedad puede llegar a considerar aceptable la interrupción de una vida humana en gestación necesita comprender previamente cómo han cambiado nuestras ideas sobre la libertad, la sexualidad, la familia, la maternidad o la naturaleza humana.
El aborto es la punta del iceberg; el verdadero objeto de análisis es el iceberg entero.
- A que el aborto no aparece de manera aislada. No puede entenderse sin la transformación de la idea de libertad, la revolución sexual, la desvinculación entre sexualidad y procreación, el auge del individualismo y el progresivo rechazo de la naturaleza humana como criterio normativo.
Una vez asumidos determinados presupuestos antropológicos, el aborto termina apareciendo como una consecuencia lógica. Mi tesis es que el debate sobre el aborto no puede separarse de las preguntas fundamentales acerca de qué es el ser humano, qué significa ser libre o qué papel desempeñan el deseo, la responsabilidad y las relaciones humanas en una vida lograda.

El libro de Aniceto Masferrer "Comprender el aborto en el siglo XXI. Claves culturales" (Dykinson)
- No digo que sean los únicos responsables de los cambios culturales contemporáneos. Pero las ideas tienen consecuencias. Muchas categorías que hoy damos por supuestas tienen una historia intelectual concreta. Comprender esa genealogía ayuda a entender mejor el presente.
- No es así. El libro no es una crítica partidista. Mi objetivo es comprender procesos culturales complejos. Además, me parece un error reducir el debate a una confrontación ideológica. El aborto plantea cuestiones humanas que trascienden las categorías políticas convencionales.
En el libro también señalo algunas insuficiencias de ciertos planteamientos antiabortistas cuando reducen el problema a una cuestión exclusivamente jurídica o penal, olvidando la complejidad de las situaciones personales que muchas mujeres afrontan.
- Esa es una de las cuestiones que analizo. Mi conclusión es que hablar de un derecho al aborto plantea importantes dificultades filosóficas y jurídicas. Una cosa es que un ordenamiento jurídico permita determinadas prácticas y otra muy distinta que exista un auténtico derecho fundamental.
- Quizá lo sea, pero creo que contiene una parte de verdad. Muchos debates contemporáneos se desarrollan sobre presupuestos que apenas se examinan. Mi impresión es que una parte importante de la sociedad ha asumido determinadas posiciones sin conocer bien las transformaciones culturales e intelectuales que las sustentan. Esto ocurre tanto entre quienes apoyan la legalización del aborto como entre quienes la cuestionan.
- La religión forma parte legítima del debate público y no debe ser excluida de él. Pero reducir toda crítica al aborto a una motivación religiosa constituye una simplificación. Existen argumentos filosóficos, antropológicos, científicos y jurídicos que merecen ser escuchados y discutidos seriamente. Una sociedad plural no debería temer el debate racional sobre cuestiones fundamentales.
- No exactamente. Sería una simplificación injusta. Lo que sostengo es algo distinto: toda sociedad protege aquello que considera especialmente valioso. La cuestión decisiva consiste en preguntarse qué transformaciones culturales han llevado a que la autonomía individual ocupe hoy una posición tan central que pueda prevalecer incluso sobre otros bienes humanos fundamentales.
Mi propósito no es demonizar a nadie, sino comprender ese proceso histórico e intelectual.
- No estoy afirmando que fenómenos distintos sean equivalentes. Lo que señalo es algo más sencillo: todas las épocas tienen puntos ciegos. Nos resulta fácil identificar los errores morales de generaciones anteriores porque conocemos sus consecuencias. Pero ellos también tenían argumentos para justificarlos.
La pregunta incómoda es otra: ¿qué aspectos de nuestra cultura actual considerarán incomprensibles quienes vivan dentro de cien años? El historiador tiene la obligación de formular esa pregunta, aunque la respuesta resulte incómoda.
- Les diría que no basta con tener una determinada posición sobre el aborto. También es necesario comprenderlo. Durante demasiado tiempo el debate se ha reducido a consignas y argumentos repetidos una y otra vez por unos y otros.
Si el aborto es consecuencia de un determinado paradigma cultural, no basta con discutir sobre su regulación jurídica. Hay que comprender también las ideas sobre la libertad, la sexualidad, la familia y las relaciones humanas que han contribuido a hacerlo posible. En este sentido, el libro puede resultar útil tanto a quienes apoyan su legalización como a quienes la cuestionan.
- Que el aborto no es simplemente un problema jurídico, político o moral. Es uno de los fenómenos que mejor reflejan el profundo cambio cultural experimentado por Occidente durante las últimas décadas.
Comprender el aborto exige comprender también la cultura que lo ha hecho posible. Por eso este libro no pretende únicamente ayudar a entender el aborto, sino también comprender mejor la sociedad en la que vivimos.
ReL
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