En los últimos años se han impuesto las exigencias de triunfar en todo y de realizarse plenamente en todos los ámbitos. Sin embargo, tras estas frases aparentemente positivas se esconde una presión silenciosa: la de ser feliz a toda costa
"Conviértete en la mejor versión de ti mismo". La
frase pretende ser alentadora y está por todas partes, desde las redes sociales
hasta los podcasts de desarrollo personal. Tiene sus variantes: "Trabaja
en ti mismo", "vive tu mejor vida", "mantén el
equilibrio". Parece suave, pero puede llegar a resultar agobiante.
Si la felicidad se convierte en un objetivo que hay que
alcanzar, cada momento de cansancio adquiere rápidamente el matiz de un
fracaso. ¿Por qué no soy más feliz? ¿Por qué no lo consigo? Para arrojar luz
sobre esta exigencia contemporánea de tener éxito en la vida y alcanzar la
felicidad, Aleteia ha entrevistado a Martina Cabra, psicóloga.
La presión del éxito
Según ella, esta presión se explica, en primer lugar, por la evolución de nuestras sociedades, "que se han vuelto cada vez más individualistas". El éxito ya no depende únicamente de la relación con los demás o con una comunidad, sino de la realización personal: "Se ha producido un cambio muy claro, pasando de la preocupación por el grupo a la preocupación por el individuo", observa Martina Cabra. "Cada uno se convierte así en responsable de su propia felicidad, como si bastara con conocerse mejor a uno mismo, organizarse mejor o quererlo más". Una perspectiva seductora, pero que deja poco margen para los fallos. Sin embargo, recuerda la psicóloga, "para que haya felicidad, también debe haber momentos en los que no la haya".
La ilusión de la falsa felicidad
La trampa consiste precisamente en convertir la felicidad en
un estado permanente. "Es una ilusión creer que podríamos ser felices todo
el tiempo", insiste Martina Cabra. La alegría no es una cima en la que uno
se instala definitivamente. Se arraiga en una vida que, por fuerza, está llena
de contrastes.
"La felicidad o la alegría son emociones,
son momentos en nuestra línea de vida, y no una especie de objetivo que
alcanzar". Querer eliminar la tristeza, la duda o el cansancio equivale a
mutilar algo de la experiencia humana. Como subraya la psicóloga, "si todo
fuera fantástico todo el tiempo, no seríamos los seres humanos complejos que
somos. Todo sería completamente plano".
¿Mejor según qué punto de vista?
Queda, pues, cuestionar esa famosa "mejor versión"
de uno mismo. ¿Mejor según qué punto de vista? ¿El de los demás? ¿El de la
sociedad? ¿El de una historia familiar? "Antes de saber cuál es la mejor
versión de ti mismo, hay que aclarar de dónde provienen tus mandatos, de dónde
provienen tus deseos", continúa.
Lo que tomamos por un deseo íntimo es a veces una
expectativa muy bien disimulada. Sin embargo, crecer sigue siendo una hermosa
aspiración, siempre que no se confunda el desarrollo con la optimización.
Martina Cabra prefiere hablar de un proceso "en forma de espiral,
compuesto de reanudaciones y retornos. Al enfrentarnos a los límites y a los
fracasos, aprendemos no solo a conocernos a nosotros mismos, sino también a
desarrollar recursos".
La fe cristiana abre aquí otro camino. No menosprecia ni el
esfuerzo ni el deseo de conversión, pero los libera de la lógica del
rendimiento. El hombre no tiene por qué construirse a sí mismo por sí solo,
sino que también puede aceptar recibir su vida, confiar en el plan de Dios.
Quizá ahí resida una inmensa liberación: no buscar cada día convertirse en su
"mejor versión", sino aprender con humildad a ser uno mismo bajo la
mirada de Aquel que ya nos ama.
Claire de Campeau, Aleteia
Vea también Síntesis de la espiritualidad católica
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