miércoles, 4 de febrero de 2026

«¡Escribamos al Papa!»: doscientas cartas de católicos alemanes hartos del camino sinodal

Sus representantes expresaron a León XIV inquietud por la dictadura de los funcionarios laicos en «la mayor crisis desde la Reforma».

León XIV recibe, de izquierda a derecha en la foto, a Martin Brüske, Franziska Harter y Bernhard Meuser.

León XIV recibe, de izquierda a derecha en la foto, a Martin Brüske, Franziska Harter y Bernhard Meuser.

En diciembre pasado, el semanario Die Tagespost y la iniciativa Nuevo Comienzo [Neuer Anfang] lanzaron la campaña ¡Escribamos al Papa! Según los organizadores, se recibieron unas doscientas cartas, de las cuales se elaboró un extracto de veinte páginas

Entrega en mano a León XIV

Franziska Harter, redactora jefe del Tagespost, junto con Martin Brüske y Bernhard Meuser, representantes de Nuevo Comienzo, entregaron este dossier al Papa León XIV a comienzos de enero, en el marco de una audiencia privada de 20 minutos. Los promotores señalan que las cartas recogen voces que -en palabras del propio Pontífice- con frecuencia no son escuchadas en la Iglesia de Alemania.

La carta de presentación que acompañaba la recopilación subrayaba que se trata de católicos que “ya no son escuchados por la Iglesia oficial en Alemania”, identificada con la “Iglesia del Camino Sinodal”, y que hoy se sienten “marginados e incluso combatidos activamente”. Muchos de ellos, proseguía el texto, se consideran “abandonados, menospreciados e incluso, en cierto modo, traicionados” por una parte significativa del episcopado alemán.

Los autores insistían en que no se trata de personas que defiendan “posiciones radicales”, sino al contrario de fieles que representan “un amplio centro eclesial” comprometido con la renovación y la reforma “desde lo más profundo del Evangelio” y con “una sinodalidad auténtica que escuche al Espíritu Santo”.

¿Sinodalidad u oligarquía de funcionarios laicos?

El documento advertía que, en cambio, “los obispos y los funcionarios laicos alemanes siguen otro camino”: un amoldarse “radicalmente” a una cultura contemporánea woke y a un “modelo parlamentario” de corresponsabilidad eclesial. Según la misiva, quienes sostienen la antropología y la ética “atestiguadas por la Biblia y el magisterio” son silenciados o desplazados.

La carta acusaba al Camino Sinodal de utilizar de modo recurrente el concepto de “sinodalidad” como aval para una “reestructuración democrática” de la constitución sacramental y jerárquica de la Iglesia, con la intención de “debilitar el ministerio episcopal” y “marginar al sacerdote”. Aunque el proceso se reviste -añadía- de una retórica presentada como “dogmática y canónicamente correcta”, sigue ejerciendo una “presión psicológica” sobre obispos indecisos para someterlos a un poder decisorio, si bien no jurídico, sí fáctico.

Los firmantes alertaban además que, si se aprueban los estatutos de la llamada “Conferencia Sinodal” -órgano concebido para prolongar el proceso y permitir la participación conjunta de laicos y obispos en las decisiones-, ello “bloquearía cualquier posibilidad de renovación auténtica” de la Iglesia católica en Alemania por tiempo indefinido. En una formulación especialmente dura, describían ese escenario como “una catástrofe para los católicos alemanes”: el “establecimiento aparentemente sinodal de una oligarquía de funcionarios”.

Nunca tolerar la mentira

En declaraciones posteriores, Bernhard Meuser explicó que el propósito de la campaña era ayudar al Papa a comprender “qué es lo que realmente aqueja a la Iglesia en Alemania”, por qué las “recetas” del Camino Sinodal agravan la crisis y por qué un número creciente de católicos practicantes rechaza que funcionarios eclesiásticos “les dicten qué será católico mañana”. Afirmó que la Iglesia alemana atraviesa “la mayor crisis desde la Reforma” y que “sólo Roma” podría frenar esa deriva. A su juicio, la aprobación vaticana de los estatutos de la “Conferencia Sinodal” sería “una traición” a los fundamentos eclesiológicos y éticos: “Sería tolerar la mentira”.

Meuser considera que el Pontífice está informado del conflicto. Durante la rueda de prensa en el vuelo de regreso de su viaje al Líbano, León XIV reconoció su preocupación porque “muchos católicos en Alemania” perciben que ciertos aspectos del Camino Sinodal “no reflejan sus esperanzas para la Iglesia ni su modo de vivirla”, inquietud que -según Meuser- también le habían transmitido obispos alemanes. Para los críticos, el Camino Sinodal actúa como un “bloqueo institucional” frente a necesidades urgentes: “renacimiento espiritual”, “verdadera sinodalidad”, “conversión profunda”, “retorno al Señor” y “nueva evangelización”.

"Vosotros podéis ser el futuro"

Tras la audiencia, Martin Brüske declaró que habían compartido con el Papa hechos sobre Alemania que lo habían conmovido y que les emocionó escucharlo decir: “Sí, comparto vuestras preocupaciones”. Franziska Harter destacó la importancia de que el Pontífice escuchara a jóvenes católicos comprometidos con la evangelización y críticos con el rumbo de gran parte del episcopado. Según su testimonio, León XIV quiso hacer llegar a los miembros de Nuevo Comienzo, a los lectores del Tagespost y a los católicos practicantes de Alemania un mensaje: “¡Poned a Jesucristo en el centro! Ese ha sido mi mensaje desde el primer día. Esforcémonos juntos en ser discípulos misioneros de Cristo”.

Harter añadió que el Papa recordó cómo, a lo largo de la historia de la Iglesia, han sido muchas veces los laicos quienes mantuvieron viva la fe en sus países, y que les dijo una frase que “nos conmovió profundamente: «¡Vosotros podéis ser el futuro a través del cual la Iglesia avance!». Recordaré esta frase del Santo Padre”.

Tras el encuentro, Harter, Brüske y Meuser interpretaron el aliento explícito del Papa como una señal para proseguir su labor. León XIV, afirmaron, no desea una Iglesia regida por lógicas burocráticas, sino evitar que desde Alemania se abra el camino hacia una nueva fractura eclesial, “una segunda Reforma”.

José M. García Pelegrín, ReL

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Bug Hall se «autocanceló» de Hollywood por Dios y vive «como un pobre» en el bosque con sus 5 hijos

El actor de Una pandilla de pillos quiere construir una capilla junto a su autocaravana.

La hija mayor de Hall sueña con fundar de mayor un convento en la propiedad.

La hija mayor de Hall sueña con fundar de mayor un convento en la propiedad.

Bug Hall fue uno de los niños actores más reconocibles de los años 90. Su interpretación de Alfalfa en Una pandilla de pillos lo lanzó a la fama mundial. Sin embargo, el camino que eligió después lo ha llevado a un destino radicalmente distinto al de la mayoría de los niños prodigio de Hollywood.

A los 40 años, Hall vive con su esposa y sus cinco hijos en un terreno aislado del norte de Arkansas (EE.UU). En una autocaravana instalada en una finca de campo, la familia depende de un pozo de agua y un generador. 

Un actor con voto de pobreza

Según contó a Daily Mail, sus gastos mensuales se reducen prácticamente al combustible para el generador y al pago de dos teléfonos móviles. Su objetivo, afirma, es vivir sin depender de ingresos estables: si surge una necesidad puntual, acepta trabajos ocasionales pagados en efectivo.

Hall cuenta que renunció al dinero que ganó como actor por motivos religiosos. Se define como un "católico radical" y sostiene que su voto de pobreza fue una decisión espiritual. 

Bug Hall, a la izquierda como actor, se alejó de la actuación para vivir en una granja junto a su esposa y sus cinco hijos.

Bug Hall, a la izquierda como actor, se alejó de la actuación para vivir en una granja junto a su esposa y sus cinco hijos.archivo

En un vídeo publicado en 2025, explicó que su antigua vida le parecía "un gran montón de nada" comparada con lo que Dios tenía preparado para él.

Su compromiso lo llevó a donar sus ahorros y a desprenderse de la mayoría de sus pertenencias. Ahora planea construir una casa autosuficiente, instalar sistemas propios de agua y electricidad e incluso levantar una pequeña represa hidroeléctrica

Entre sus proyectos también figura la construcción de una iglesia en el mismo terreno, para lo cual trabaja cuando lo necesita.

Hall y su esposa, Jill de Groff, están casados desde el año 2017 y educan a sus cinco hijos en casa. El actor rechaza abiertamente el sistema educativo tradicional y asegura que desaconsejará a sus hijos asistir a institutos o universidades, a las que considera "en su mayoría un sinsentido". 

El sueño de la hija mayor

Entre las historias familiares que cuenta, Hall señala que su hija mayor sueña con fundar un convento en la propiedad, mientras que otra le pidió que le construyera una casa para vivir allí con su futuro marido.

La vida que lleva ahora contrasta profundamente con la que dejó atrás. Nacido como Brandon Rowan, Hall debutó en 1994 con Una pandilla de pillosuna producción apadrinada por el célebre director Steven Spielberg. 

Más tarde participó en proyectos de Disney Channel, fue nominado al Emmy infantil por A Tale Dark and Grimm y llegó a coescribir una película producida por Selena Gomez

A pesar de ello, asegura que empezó a sentir un conflicto interno con la industria del entretenimiento: no quería trabajar en algo que, según él, solo servía para distraer a la gente.

Sus convicciones también lo alejaron del ambiente de Hollywood. Hall se ha manifestado en contra del matrimonio homosexual y del aborto, al que califica como un "asesinato"

En 2020, fue arrestado en Texas por posesión de drogas. Pasó una noche en la cárcel y salió tras pagar una fianza de 1.500 dólares. Hall asegura que llevaba 15 años sobrio y que ese episodio fue una "llamada de atención".  

A partir de entonces, decidió "autocancelarse" de la industria. Según él, lo hizo para poder expresar libremente lo que considera verdadero y bueno, sin temor a represalias profesionales. 

Hoy mantiene una presencia mínima en redes sociales y planea desaparecer casi por completo después de participar como maestro de ceremonias en una gala católica en Florida.

ReL

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Cuando rezas en un santuario, el Cielo se inclina

 


No todos los lugares son iguales.
La Iglesia lo sabe.
Por eso consagra templos.
Por eso bendice santuarios.


Un santuario no es solo un destino piadoso.
Es un punto de encuentro entre el Cielo y la tierra.
Un lugar donde la gracia se derrama con especial abundancia.


Desde los primeros siglos, los fieles han peregrinado.
Han caminado, ofrecido sacrificios y rezado
Han ofrecido sacrificios.
Han rezado.


La peregrinación prepara el alma.
El cansancio purifica.
El silencio dispone.

Y cuando el peregrino llega, no llega con las manos vacías.
Llega con el corazón abierto.
Listo para orar.


En ese contexto, el Santo Rosario adquiere una fuerza particular.
No es una oración más.
Es una súplica confiada en un lugar santo.

La Virgen Santísima ha elegido los santuarios para manifestarse.


Fátima.
Lourdes.
Guadalupe.

En todos ellos, María conduce a lo mismo.
Oración.
Penitencia.
Conversión.

Y siempre, el Rosario.


Rezar el Rosario en un santuario es un acto completo.
El cuerpo ha peregrinado.
El alma se ha dispuesto.
La oración asciende.


Cada misterio se medita con mayor recogimiento.
Cada Ave María se pronuncia con más conciencia.
Cada cuenta pesa más en la eternidad.

La Iglesia enseña que en los lugares santos se obtienen gracias especiales.


Allí se fortalece la fe.
Allí se reaviva la esperanza.
Allí se renueva la caridad.

Por eso el Rosario rezado en un santuario no es rutina.
Es ofrecimiento.
Es reparación.
Es intercesión.


Muchos santos recomendaban unir peregrinación y Rosario.
Porque el camino exterior ayuda al camino interior.
Y la oración perseverante abre el corazón a la gracia.

No hace falta decir mucho.
Basta presentarse.
Tomar el Rosario.
Y rezar.


Por la Iglesia.
Por la familia.
Por los que sufren.
Por las almas que esperan.


Un santuario nos recuerda que no estamos solos.
Que la fe se vive en comunión.
Que el Cielo escucha.

Hoy, más que nunca, necesitamos volver a los lugares santos.
Volver al Rosario.
Volver a la oración sencilla y fiel.

Porque cuando el hombre se arrodilla en un santuario,
el Cielo se inclina.

Y el Rosario, rezado allí,
no vuelve vacío.


permíteme que te haga dos preguntas: ¿cuál santuario te gustaría visitar este año? y ¿en cuál ciudad del mundo vives?


P.D. Ten cuidado con lo que pides porque siempre hay un santo diciendo "amén"



Fatima


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martes, 3 de febrero de 2026

Necesitamos más que una disculpa en una pelea de matrimonio

pareja - disculpas

Las disculpas son importantes, pero no suficientes. Si después de un daño, un malentendido o un gran conflicto la relación realmente quiere revivir, se necesita un proceso más profundo

Reparar las relaciones no es una solución para las crisis. Es una regla cotidiana. Trabajar en la reparación de las relaciones es algo absolutamente fundamental para que estas sean saludables. Esto se aplica a las relaciones románticas, pero también a las amistades, las relaciones familiares, profesionales y sociales. Para que una relación perdure y sea satisfactoria, debe existir la voluntad de reparar no solo los grandes daños, sino también los pequeños, cotidianos. Y eso conlleva más que una disculpa.

Heridas en el matrimonio

Offended upset woman girlfriend

En las relaciones podemos hablar de tres tipos de heridas. Existen los errores: daños involuntarios, accidentales, resultantes de la falta de atención. Existen los malentendidos, cuando dos personas estaban convencidas de que entendían lo mismo, pero en realidad tenían en mente algo diferente.

Sin embargo, la experiencia demuestra que, tras cualquiera de estos escenarios, es posible reconstruir la relación y volver a una profunda satisfacción, siempre que se cumplan ciertas condiciones.

1Reconocer que has herido a alguien, aunque "no tuvieras malas intenciones"

La base del trabajo reparador es reconocer el hecho de que la otra persona ha resultado herida. Incluso cuando alguien está convencido de que no ha hecho "nada malo". En las relaciones íntimas no se trata de un proceso judicial y de determinar la culpa, sino de responder a la pregunta: "¿Me importa que mi acción te haya causado dolor?".

Muy a menudo, las personas se defienden con frases como: "no era mi intención", "no fue para tanto". El problema es que las intenciones no anulan los efectos. Si la otra persona sufre y su dolor es ignorado, la reparación no tiene por dónde empezar.

2Cuidado con la trampa de la vergüenza

El arrepentimiento se confunde a veces con la vergüenza. Y ese es un momento muy peligroso. Cuando decimos "me avergüenzo de ello", parece que estamos asumiendo la responsabilidad, pero a menudo no es así. "Soy horrible", "cómo he podido hacer algo así", "no puedo mirarme a la cara": todo esto sigue centrando la atención en uno mismo.

La vergüenza se convierte fácilmente en una forma sutil de narcisismo. La persona que ha herido sigue siendo el centro de atención, solo que ahora se centra en su propio sufrimiento y en la imagen que tiene de sí misma. En tal situación, no hay espacio para la empatía hacia la otra persona.

El verdadero trabajo comienza cuando alguien es capaz de asumir la responsabilidad adecuada por el daño causado y, al mismo tiempo, soportar la tensión de ser testigo del dolor ajeno, sin refugiarse en la defensa ni en la autocondena centrada en sí mismo. El arrepentimiento constructivo es una actitud del tipo "siento haberte causado sufrimiento, entiendo cómo te sientes".

3volver a valorar a la otra persona

Hacer daño, y especialmente hacerlo de forma consciente, siempre conlleva un mensaje muy doloroso: "no eras lo suficientemente importante para mí". Por eso, las disculpas, aunque sean sinceras, no bastan. Se necesita algo más: demostrar de forma real que la otra persona y la relación tienen valor.

Esto implica un cambio de actitud. La persona que ha herido debe convertirse en una especie de guardián de la relación. Alguien que la proteja con atención, disponibilidad y disposición a estar presente. A veces se trata de gestos muy sencillos: preguntar "¿cómo te sientes hoy?", "¿quieres hablar de ello?". A menudo, la otra persona responde: "No, ahora no". Pero el mero hecho de saber que el espacio está abierto es muy importante.

Es difícil, porque conlleva miedo. Miedo a que cada pregunta vuelva a provocar acusaciones o recuerde la culpa. Sin embargo, sin salir de la propia incomodidad, no es posible reconstruir la confianza.

4¿Por qué es tan difícil soportar el dolor ajeno?

matrimonio

Muchas personas se sorprenden por la magnitud del sufrimiento de la otra parte. "No pensé que dolería tanto", "pensé que no tendría tanta importancia". A menudo, en el momento en que se produce la herida, se produce una desconexión mental: no se piensa en las consecuencias, no se ve a la otra persona.

Enfrentarse al dolor de otra persona puede ser más difícil que enfrentarse a la ira. La ira se puede rechazar, racionalizar, considerar exagerada. El sufrimiento requiere detenerse y asumir la responsabilidad. Y sin asumir las consecuencias de los propios actos no hay verdadera madurez ni libertad.

5Las disculpas son necesarias, pero insuficientes

Por eso, las disculpas, aunque necesarias, a menudo no son suficientes. Hay formas de disculparse que sirven principalmente para recuperar la propia dignidad y el bienestar. Son maniobras de autodefensa.

Sin embargo, las disculpas sinceras demuestran que alguien realmente está presente en el dolor de la otra persona, y no solo quiere "cerrar el tema".

Bogna Białecka, Aleteia

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