martes, 14 de abril de 2026

Joven madre, sanada tras ver la película «Gema Galgani», ponerse su reliquia y pedirle la curación


Diana quedó curada de una grave e inhabilitante lesión de muñeca tras siete meses de baja y a una semana de su operación quirúrgica.

Diana, junto con su esposo Jesús.

Diana, junto con su esposo Jesús.©Diana Romero


    Hace siete meses, una amiga mía, joven madre de familia con dos niños pequeños a la que acompaño espiritualmente, sufrió una grave lesión de muñeca que la ha tenido de baja, y muy limitada, durante siete meses. 

    Estos meses ha necesitado mucha ayuda de su marido y de sus amigos para hacer muchas cosas por la limitación para poderlas hacer. Aunque había querido varias veces ver la película Gema Galgani, sólo lo consiguió el último día en que se proyectaba en Madrid. 

    Ese día intervinieron el director y la actriz principal de la película. Al acabar la película ofrecieron la reliquia para venerar. La joven madre se acercó a la actriz para venerar la reliquia y pedirle que la curara. El director de la película se acercó a ella interesándose por su situación. Ella le dijo: “Yo quiero que Santa Gema me sane”. En ese momento tomó la reliquia y se la puso en su mano izquierda, donde tenía la lesión. Tres días después, cuando se quitó la férula, notó que su mano no le dolía, estaba curada.

    He aquí el testimonio de su sanación:

    Testimonio de Diana Romero

    Mi nombre es Diana Romero. Soy colombiana, estoy casada con Jesús Gracia, de Zaragoza, soy fisioterapeuta y madre de dos hijos. Mi hija mayor tiene siete años y el pequeño dos.

    El 28 de julio de 2025 sufrí una lesión en la muñeca. Tenía a mi bebé en brazos cuando de repente se lanzó bruscamente hacia atrás. Para evitar que se me cayera y se golpeara la cabeza, hice un mal movimiento con mi muñeca izquierda. Gracias a Dios conseguí sujetarlo, pero sentí un dolor muy intenso en la muñeca.

    Fui a urgencias y me dijeron que se trataba de un esguince. En ese momento no me preocupé demasiado. Pensé que en unas tres semanas estaría recuperada. Sin embargo, el tiempo pasaba y el dolor no sólo no desaparecía, sino que cada vez era más fuerte y tenía mayor limitación en la movilidad de la muñeca.

    Decidí acudir a un traumatólogo especialista en mano, que me mandó hacer una resonancia. El resultado mostró algo mucho más serio: tenía edema óseo y una rotura del fibrocartílago triangular, clasificada como Palmer tipo 2C, una lesión importante de la articulación. El traumatólogo fue claro: la solución era la cirugía.

    En esta imagen con su marido Jesús puede apreciarse la mano protegida de Diana antes de su curación.

    En esta imagen con su marido Jesús puede apreciarse la mano protegida de Diana antes de su curación.©Diana Romero

    Como fisioterapeuta, mis manos son mi herramienta de trabajo. Por eso decidí pedir una segunda opinión médica a un traumatólogo de confianza. Este doctor me propuso intentar primero todo el tratamiento conservador posible, porque una vez que se entra en cirugía ya no hay vuelta atrás.

    Durante meses llevé férula y realicé 20 sesiones de fisioterapia privada con tecnología avanzada, diseñada para favorecer la regeneración del cartílago. Como fisioterapeuta, estaba muy ilusionada con ese tratamiento y confiaba en que podría evitar la operación.

    Pero la realidad fue muy distinta. Cuando terminé el tratamiento me hicieron otra resonancia para evaluar la evolución. La lesión no había mejorado. Al contrario, ya no era un Palmer 2C, sino un Palmer 2E, lo que significaba que la rotura del cartílago se había agravado.

    Tras hablar con un cirujano especialista en este tipo de lesión, me dijo que la única opción que me quedaba era una cirugía de mano. La programamos para el 9 de marzo de 2026.

    A partir de ese momento intenté prepararme psicológicamente. Pero tenía muchísimo miedo. Miedo a no poder volver a ejercer mi profesión, miedo a tener secuelas en la muñeca, miedo a pensar qué haría si no pudiera seguir siendo fisioterapeuta.

    También tenía miedo a la anestesia. En mi primer parto se excedieron en la cantidad, viviendo una situación muy angustiosa en la que sentí que me iba a morir.

    A todo esto, se sumaban otras preocupaciones. Tengo otra lesión en el pie, una lesión de Lisfranc, que probablemente también necesitará cirugía. Y en ese mismo tiempo a mi padre le habían diagnosticado cáncer, y estaba esperando pruebas para saber el alcance de la enfermedad.

    Además, mi familia vive en Colombia y mi familia política en Zaragoza, por lo que me preocupaba mucho cómo organizar el postoperatorio teniendo un niño de dos años que depende de mí.

    En medio de todas estas preocupaciones, una amiga me comentó que estaban proyectando en el cine la película sobre Santa Gema Galgani. No pude ir con ella el día de su cumpleaños, pero me quedé con la inquietud de verla.

    En mi oración personal le decía a Santa Gema que me gustaría ver esa película. Pensaba que ya no estaba en cartelera, pero sentí en mi corazón mirar en los cines Cinesa. Así descubrí que aún se estaba proyectando la película, y decidí ir con dos amigas el domingo 22 de febrero.

    Al terminar la película hubo un coloquio con los actores y el productor, algo que me sorprendió mucho. En ese momento comentaron que la actriz tenía una reliquia de Santa Gema.

    Me acerqué a ella, le di un abrazo y me dejó tocar la reliquia de primer grado. La pasé por la férula de mi muñeca mientras repetía una oración muy sencilla:

    • “Santa Gema, sáname. Santa Gema, sáname.”

    En ese momento el productor me preguntó qué me ocurría. Le expliqué que en unos días me iban a operar de la mano. Él me respondió con naturalidad:

    -Bueno, entonces con la cirugía te sanarás.

    Y yo le contesté algo que salió de lo más profundo de mi corazón:

    -Yo quiero que Santa Gema me sane.

    Diana, con una imagen de Santa Gema Galgani (1878-1903), beatificada en 1933 y canonizada en 1940.

    Diana, con una imagen de Santa Gema Galgani (1878-1903), beatificada en 1933 y canonizada en 1940.©Diana Romero

    Mientras seguía rezando, comencé a sentir un latido muy fuerte en el corazón, como una fuerza interior muy grande.

    Al día siguiente me encontraba afónica y con gripe, así que estuve dos días en reposo. Al tercer día me sentía mejor. Cuando fui a lavarme las manos me quité la férula y empecé a notar algo diferente: la mano estaba muy ligera, muy suave.

    De repente me di cuenta de algo sorprendente: no me dolía.

    Comencé a mover la muñeca en todas las direcciones. Flexión, extensión, rotaciones… No sentía dolor. Estuve aproximadamente una hora y media moviendo la mano sin poder creer lo que estaba pasando. No dejaba de dar gracias sin parar a Jesús y a Santa Gema por lo que estaba viendo. Me sentía en shock. El asombro, el agradecimiento, y la alegría me invadieron.

    Conseguí una cita con el cirujano el 3 de marzo para que me revisara antes de la operación. Y efectivamente, el doctor, tras examinar mi mano, igual que lo había hecho un mes antes, me confirmó que la muñeca estaba estable, no había dolor y los rangos de movilidad eran completos, por lo que anuló la cirugía que estaba programada.

    Como fisioterapeuta, aquello me impresionó muchísimo. Después de tantos meses con la mano inmovilizada, lo normal habría sido encontrar rigidez y limitación. Sin embargo, no había dolor y la movilidad era completa.

    Para gloria de Dios, Jesús me ha sanado por intercesión de Santa Gema Galgani.

    Dios hace posible lo imposible, y Él, como Padre, espera de nosotros que confiemos en Él.

    Cree en un Dios grande… y verás cosas grandes.

    Álvaro Cárdenas, ReL

    Vea también    El milagro de la vida
    en el seno de la madre






    ¿Sientes que no encajas? Santa Gemma Galgani puede ayudarte

    individualismo

    Esta joven santa pasó por varios momentos en donde sentía que no encajaba y se burlaban de ella. En un mundo tan disperso, santa Gemma puede ayudarnos

    Podemos estar en un grupo de amigos, en una relación o bien en algún lugar, hasta que llega una sensación difícil de nombrar. Sentimos que algo no termina de encajar o no estamos suficientemente cómodos. No es soledad, es más bien una sensación interior. Si alguna vez has tenido esta sensación, no te preocupes porque santa Gemma Galgani, también puede ayudarte. 

    La presión de encajar

    ŚWIĘTA GEMMA GALGANI

    Desde que somos pequeños aprendemos que "encajar" en algún grupo, lugar o con alguien es importante para nuestra vida. Y las posibles maneras que vemos para desarrollar ese sentido de pertenencia son pensar parecido, actuar de la misma manera y tener los mismos intereses. 

    Hoy esto se intensifica con las redes sociales, comparaciones constantes y expectativas invisibles. Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿soy yo el problema… o simplemente no pertenezco aquí?

    Una vida con sentido

    Santa Gemma Galgani fue una joven que carecía de salud, por lo que en más de una ocasión fue rechazada en varias comunidades religiosas. Su fe, su forma de ver la vida y la relación que tenía con Dios era tan profunda que incluso cuando ella llegó a presenciar manifestaciones de Cristo, se reían de ella y muchos no le creían.

    A pesar de dicha situación, Galgani siguió confiando en el plan que Dios tenía para ella y sin duda fue uno muy grande, pues ella había escogido permanecer con Cristo a pesar de las indiferencias del mundo. En una ocasión se le apareció su ángel de la guarda y le mostró dos coronas, mientras le pedía que escogiera una y ella escogió la corona de Jesús con espinas.

    A continuación, te compartiremos algunas recomendaciones de esta persistente santa, quien se enfrentó a situaciones adversas durante su vida. 

    1No cambies tu esencia por los demás

    Quizás te sientas identificado con santa Gemma si has recibido rechazo por algunas personas, pero es ahí donde comienza un sentimiento de pensar que tenemos algo mal en nosotros mismos, pero el testimonio de esta santa nos muestra que lo que eres en lo profundo no es un error que deba corregirse, sino una verdad que debe cuidarse.

    Especialmente cuando se trata de vivir y expresar nuestra, ya que en muchos lugares podemos ser rechazados, a causa de nuestra devoción, por lo que esta se convierte en una invitación para confiar en Cristo y ser pacientes. 

    2No endurezcas el corazón por las heridas

    mujer- dudando

    El rechazo puede invitarte a cerrarte, pero el verdadero desafío es seguir amando sin volverte frío. Con prudencia, sí, pero sin perder la capacidad de abrirte a los demás.

    Por el contrario, Glgani, siguió amando con un corazón abierto a pesar de los múltiples rechazos. Es esa la invitación que podemos ver en su vida.

    3No midas tu valor por la aprobación de otros

    Tu valor no depende del lugar donde encajas ni de cuántos te aceptan. Se sostiene en algo más profundo: la verdad con la que eliges vivir. Por lo que su ejemplo nos dice que no debemos avergonzarnos o sentirnos mal por no encajar en ciertos espacios o ser rechazados, ya que eso no disminuye nuestro valor. 

    Que el testimonio de esta increíble santa nos ayude a redescubrir nuestro valor en el amor de Cristo y con ello demos testimonio de nuestra vida.

    Karen Hutch, Aleteia

    Vea también    La Dignidad y la Vocación de la Mujer: San Juan Pablo II