lunes, 26 de octubre de 2026

Perdió dos veces su ministerio por el alcohol, pero una llamada inesperada le cambió la vida

El padre Ed vivió una dura batalla contra el alcoholismo que puso a prueba su vocación. Cuando parecía no haber salida, encontró una nueva esperanza.

Ed Thompson, fallecido con 92 años, consideraba sus últimos 23 años como los más felices de su vida sacerdotal, ya libre de alcohol.

Ed Thompson, fallecido con 92 años, consideraba sus últimos 23 años como los más felices de su vida sacerdotal, ya libre de alcohol.


    En febrero de 2016 falleció Ed Thompson, un sacerdote muy querido por sus fieles y con una historia turbulenta y difícil marcada por el alcohol y la presencia constante de la gracia de Dios, incluso en forma de encuentros improbables para rescatarle. Tenía 92 años y era el sacerdote más anciano en activo en la diócesis de Orlando, en Florida, donde durante más de veinte años sirvió en la iglesia de Santa María Magdalena, en Altamonte Springs.

    Entre sus amigos figuró un joven bloguero, Brandon Vogt, uno de cuyos hijos se hizo célebre en Youtube jugando a decir misa. El padre Thompson fue el director espiritual de Brandon desde su conversión al catolicismo en 2008, y además le casó y bautizó a sus hijos. "Pasamos cientos de horas juntos en la última década", recuerda.

    El padre Thompson, con Brandon al fondo, el día en que le casó.

    El padre Thompson, con Brandon al fondo, el día en que le casó.

    La historia de este sacerdote merecía ser conservada en su propia voz, y es lo que hizo Brandon unos meses antes de su fallecimiento: le grabó 22 minutos en un inglés muy claro que presentan la semblanza de un hombre humilde que da cuenta pormenorizada de sus pecados: abandonó dos veces las labores sacerdotales por culpa del alcohol y volvió a ellas en unas circunstancias sorprendentes que le dejaron 23 años finales de una felicidad sacerdotal como nunca la había vivido.

    La vida del padre Ed Thompson, contada por él mismo

    (Si entiendes bien el inglés puedes ver directamente el vídeo abajo, vale la pena escucharlo de su propia voz. Pero en los párrafos siguientes incorporamos datos que no están en la grabación, procedentes del blog de Brandon y otras fuentes.)

    Edward Thompson nació el 29 de mayo de 1923 en Filadelfia (Pennsylvania), ocho minutos antes que su hermano gemelo, David, también sacerdote y futuro obispo de Charleston.

    Pudieron morir abortados

    Su madre, Kate, tenía un delicado estado de salud, y los médicos le dijeron que si seguía adelante con el embarazo podía morir durante el parto o contraer una artritis reumatoide crónica. Le aconsejaron abortar. Ella ni se lo planteó. Era "una auténtica señora irlandesa", evoca el anciano sacerdote, cuyo padre era viajante de comercio.

    "Así que nosotros nacimos, y efectivamente ella contrajo una artritis reumatoide", recuerda Thompson: "Y los dolores le duraron, creedlo o no, hasta el día en que David y yo concluimos el seminario".

    El día del parto, a consecuencia de sus problemas físicos, Kate no pudo sostener en brazos a sus hijos: "Lo primero que hizo con nosotros fue coger nuestra manita derecha y hacer sobre nuestro cuerpo la señal de la cruz. Ya como sacerdotes, siempre hemos considerado que fue por ese comienzo que ella quiso para nosotros por lo que nosotros hacíamos la señal de la cruz sobre el pueblo de Dios".

    El empeño en ser sacerdote

    Edward y David fueron a un colegio católico y a un instituto católico. Eran tan parecidos que incluso sus padres les confundían. El padre Thompson cuenta una anécdota: un día David se había ganado una azotaina, pero se la dio a Ed. Cuando terminó, le dijo: "Dile a Edward que entre". "Yo le respondí: 'Papá, el que está fuera es David'. No tuvo corazón para pegarle a él lo que me había pegado a mí, de lo atribulado que se quedó".

    Edward recibió el "regalo" de la vocación sacerdotal cuando tenía 11 años: "Pero hubo distracciones en el camino. Yo era un chico normal, no era especialmente piadoso ni iba a todas partes con un rosario en la mano. Jugaba al fútbol, al baloncesto o al béisbol como cualquier otro. En el instituto salí con chicas y bailé las canciones de Tommy Dorsey y Frank Sinatra en el hotel Bellevue-Stratford de Filadelfia. Tuve una novia formal. Trabajé un año en Westinghouse, un buen trabajo. Estaba haciendo mucho dinero, y necesitábamos ese dinero, porque era tiempo de guerra. Fue entonces cuando le dije a mis padres que quería ser sacerdote".

    Su hermano se había ido al seminario el año anterior, y su padre insinuó que se estaba dejando arrastrar por él: "¿No te importa tu casa? ¿No puedes ser diferente a tu hermano". La reacción de su madre no fue mejor: "Vuelve a trabajar, necesitamos el dinero".

    En cuanto al párroco... "Me decía: 'Estoy de acuerdo con tus padres'. Yo decía: pero ¿qué está pasando? ¡Yo quiero ser sacerdote! ¿Mis padres me están bloqueando? No era eso. Me estaban probando. Querían estar seguros de que yo podía hacerlo y de que lo hacía por la razón correcta".

    Cuando aprobó el examen de ingreso en el seminario San Carlos de Filadelfia, confiesa que sintió "una gran paz": "Yo sabía lo que quería hacer, sabía lo que debía hacer. La única duda que tenía era si podría aprobar los estudios para ser sacerdote. Gracias a Dios se me dio ese regalo. Nunca quise ser otra cosa que sacerdote, y así sigue siendo 63 años después".

    Seguidores del obispo Fulton J. Sheen

    Los hermanos Thompson tenían una gran admiración por el obispo Fulton J. Sheen (18951979), uno de los prelados más influyentes en los años 50 y 60 en Estados Unidos, por su presencia en los medios (la radio y la incipiente televisión) y su impresionante oratoria, y actualmente en proceso de beatificación: "Era nuestro héroe. David y yo le venerábamos. Queríamos ser como él".

    Le seguían a cualquier parte donde hablara, en la medida de lo posible. Incluso en el seminario, como no tenían radio en la habitación, salían al pasillo y se sentaban a la puerta, para escuchar la radio del rector, que ponía a los alumnos sus discursos impresionantes: "He leído todos los libros que escribió, y son unos setenta. Y los sigo leyendo: me entretienen, me inspiran, y le comprendo, por la magnífica habilidad que tenía para coger los temas más elevados y hacerlos accesibles a los más bajos. Era un magistral predicador de la Palabra de Dios, y yo siempre quise tener su entusiasmo. No quise imitarle, pero sí tener su entusiasmo. Cuando David y yo hablábamos sobre lo que íbamos a decir en el sermón del domingo -y lo hacíamos todas las semanas-, siempre cogíamos lo que hubiese dicho Fulton Sheen sobre ese asunto particular".

    El obispo Fulton Sheen, en proceso de beatificación, fue un gran predicador televisivo y radiofónico.

    El obispo Fulton Sheen, en proceso de beatificación, fue un gran predicador televisivo y radiofónico.

    Un día fueron a Nueva York a escucharle en directo en el estudio en un programa de The Catholic Hour. Sheen les divisó entre el público: "Cuando vio el negro de nuestras vestiduras, se dirigió al resto de asistentes y dijo: '¡Seminaristas!'. Luego le cambió la mirada y exclamó: '¡Gemelos! Dios os quiere'. Nos abrazó y nos dijo: 'Hagáis lo que hagáis, perseverad, perseverad, perseverad. Sed buenos y santos sacerdotes católicos'".

    El padre Ed fue ordenado sacerdote en 1951, y poco después fue nombrado director de vocaciones de la archidiócesis de Filadelfia. "Su labor aún hoy se considera legendaria", explica Brandon. Llegaron a ordenarse cien seminaristas al año. Le concedieron el título honorífico de monseñor, aunque él jamás lo usó. En las jornadas de oración por las vocaciones, para llenar la catedral el padre Thompson recurría a los mejores oradores y a las personalidades más eminentes. El obispo Sheen estuvo dos veces y coincidió en una de ellas con la Madre Teresa de Calcuta.

    Un infierno que comenzó... con Kennedy

    "Tras ser director de vocaciones durante doce años, en 1974 me dieron una parroquia en Filadelfia. Pero yo tenía un problema. La bebida. Yo era un auténtico alcohólico", confiesa el anciano sacerdote al comenzar a evocar la parte más dura de su vida: "Sólo duré un año. Estaba tan enfermo y tan avergonzado que al cabo de ese tiempo dejé la parroquia".

    ¿Cómo había adquirido ese mal hábito? Fue en 1960, cuando se juntó en un bar con otros sacerdotes para celebrar la victoria de John F. Kennedy en las elecciones, que llevaría por primera vez a un católico (y de origen irlandés, cómo él) a la Casa Blanca. Aquel día bebieron un poco de más, pero lo que para otros fue algo episódico, jovial e intrascendente, para el padre Edward se convirtió en una esclavitud, porque quiso repetir al día siguiente, y al siguiente...

    Tras el fracaso en su parroquia, se trasladó a Florida: "Durante un año trabajé en un cementerio, vendiendo tumbas", explica con la voz aún ahogada por el dolor del recuerdo. "Mi hermano David nunca me llamó, nunca intentó rescatarme. Mi madre le decía: 'Ve a buscar a Edward, traele de vuelta'. Pero David le decía, con razón: 'Iré cuando él quiera que vaya'. Seis meses después, le llamé. Y me dijo: 'Edward, eres un alcohólico. Y eres un mentiroso'. Porque un alcohólico tiene que mentir para sobrevivir, no puedes sobrevivir diciendo la verdad".

    Entonces Edward hizo el programa de Alcohólicos Anónimos. Su hermano arregló las cosas para que pudiese vivir en una casa de los religiosos del Sagrado Corazón: "Estuve un año para volver a mi vida anterior. Tenía un trabajo. Salía todos los días a las cinco de la mañana para alimentar a los cerdos... Así que la historia del hijo pródigo tiene mucho en común con la mía".

    La sentencia más espantosa

    "Se me dio una segunda oportunidad para ser un sacerdote activo en Reno (Nevada). El obispo me acogió, y al cabo de un año me hizo miembro oficial de la diócesis. ¿Y sabes lo que hice cuando lo supe, para celebrarlo?", recuerda con el dolor transparente en su rostro: "Lo celebré bebiendo un whisky escocés. No me cazaron hasta un año después".

    Le enviaron a varios centros de rehabilitación, que pagó su familia, porque la diócesis no podía. "Me mandaron a la última casa de retiro y al finalizar me dijeron: 'Te vamos a despedir. Tendrás que valerte por ti mismo'". El obispo le retiró todas sus facultades: "Nunca volverás a ejercer como sacerdote", le dijo. La decisión fue devastadora para él y le sumió aún más en un vicio del que no conseguía salir ni siquiera para ser lo único que quería ser: sacerdote.

    La llamada de la Providencia

    Se enteró entonces de que una persona que vivía en Florida quería contactar con él. Se había dirigido a la archidiócesis de Filadelfia, donde le habían dicho que estaba en algún lugar de Nevada. Ella escribió entonces a la diócesis de Reno, donde, sin revelarle la situación del padre Ed, le tomaron el nombre y el teléfono.

    A él no le sonaba el nombre, pero llamó. Y recordó. Era una mujer que, treinta años atrás, le había confiado que Dios le hablaba, y que quería vivir una vida consagrada, pero no en una orden religiosa. Había consultado a muchos sacerdotes, pero ninguno creyó que Dios le hablase. Edward sí. No se había casado, pero vivía consagrada a Dios en soltería.

    "¿Por qué me llamas?", recuerda el padre Thompson que le dijo: "Y ella me contestó: 'Porque Jesucristo me dijo que estaba usted en dificultades y que le ayudase. Usted fue el único que me creyó cuando hace treinta años le conté que Jesús y yo hablábamos'".

    "Y yo le dije: 'Necesito tu ayuda. No tengo a dónde ir, salvo el suelo. ¿Tienes alguna habitación para mí para que pueda conseguir un trabajo'. Me dijo: 'Sí'".

    El lugar era... cerca de la parroquia de Santa María Magdalena, en Altamonte Springs. Su último destino.

    Diciéndole misa a los gatos

    "Así que en julio de 1990 o 1991 aterricé en la puerta de la casa de aquella señora, aquí en Maitland Avenue. Entré. 'Esta es tu habitación', me dijo. ¡Había cuatro gatos, y a mí me asustaban los gatos!": trabajó limpiando, cortando la hierba, yendo a la compra porque aquella señora estaba enferma y no podía cargar con las bolsas.

    Asistía discretamente a la cercana parroquia. Su condición de sacerdote retirado acabó siendo conocida. El párroco de entonces, Paul Henry, le invitó a contarle su historia. Cuando lo hizo, le recomendó volver a Alcohólicos Anónimos. Y esta vez el padre Edward Thompson dejó de beber de verdad.

    "Se me permitió decir misa en mi habitación, yo solo, con los gatos como únicos feligreses. Luego se me dio la oportunidad de trabajar en la parroquia: enseñar a los monaguillos, enseñar las Escrituras, hacer las lecturas... Y finalmente ocurrió un milagro: el obispo [de Orlando], Thomas Grady, consiguió del obispo de Reno-Las Vegas que me permitiese volver a ejercer como sacerdote", recuerda emocionado.

    Brando Vogt (en el centro) grabó el testimonio del padre Ed Thompson (a la derecha de la foto): aparece aquí con él y su hermano gemelo David (a la izquierda de la foto), que fue obispo de Charleston (Carolina del Sur) entre 1990 y 1999 y murió en 2013.

    Brando Vogt (en el centro) grabó el testimonio del padre Ed Thompson (a la derecha de la foto): aparece aquí con él y su hermano gemelo David (a la izquierda de la foto), que fue obispo de Charleston (Carolina del Sur) entre 1990 y 1999 y murió en 2013.

    Los años más felices

    "Y durante los últimos 23 años he tenido la alegría de ser sacerdote parroquiano, aquí en la parroquia de Santa María Magdalena. Han sido los 23 años más felices de mi vida sacerdotal, de toda mi vida. He estado bajo la dirección del padre Charlie, que ha sido el perfecto pastor para mí y es mi querido amigo... Tanto que hemos acordado que algún día nuestras tumbas estén juntas. ¡Ha sido un tiempo muy alegre!", exclama.

    "Ahora no tengo la capacidad física para hacer todas las cosas que me gustaría. El padre Charlie me da toda la ayuda que necesito. Digo misa, confieso, enseño las Escrituras... Y te diré una cosa", concluye: "Si hago esas cosas y las hago bien es porque he encontrado sacerdotes maravillosos".

    "Queridos amigos", se despide: "Hay algo que quiero deciros antes de ir al otro mundo, al importante. Hagáis lo que hagáis, recibid a Jesucristo en la Santísima Eucaristía. Él está ahí, Él es nuestro Redentor, sólo la Iglesia católica tiene a Cristo en la Eucaristía. No os rindáis. Él está siempre con vosotros. Dios os ama".

    El adiós, una absolución

    El padre Edward Thompson "fue un gigante espiritual y dejó un legado inmenso", evoca Brandon al resumir la vida del hombre cuyo testimonio nos ha ofrecido: "Todos los que le conocieron quedaron impresionados por su profunda fe y su misericordia. Pero pocos conocían toda su historia".

    Brandon se confesó con él pocas semanas antes de morir, en el último día que se sentó en el confesionario. "Escuché su voz temblorosa y vi en sus ojos llorosos que él sabía que era nuestro último encuentro. Las últimas palabras que me dijo fueron: 'Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Brandon, Dios te ama, yo te amo'. Nos abrazamos, nos dijimos adiós. Eso fue todo".

    C.L./ReL

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    ¿Te cuesta dejar de ser negativo? Estos santos te ayudarán

    negatividad - molestia- jóven

    Muchas veces vamos por la vida quejándonos o viendo siempre lo negativo o malo de las cosas y de los demás. Estos santos podrán ayudarte a cambiar tu actitud


    El negativismo es una actitud o enfoque que se caracteriza por una predisposición a ver el lado negativo de las cosas, enfocándose en problemas, dificultades y aspectos desfavorables en lugar de destacar las oportunidades y soluciones. Esta actitud puede ocasionar que nos perdamos solo en lo negativo y no veamos todo lo bueno que nos rodea, por ello estos santos serán tu aliado. 

    ¿Cómo afecta el negativismo?

    Esta forma de pensar puede influir en la percepción de la realidad, afectando tanto el bienestar personal como las relaciones interpersonales. El negativismo puede manifestarse en diversos contextos, desde la vida cotidiana hasta el ámbito laboral, familiar y espiritual. 

    Esta actitud puede ser alimentada por factores como experiencias pasadas, influencias sociales o incluso el estrés. Comprender sus causas y efectos es esencial para fomentar un enfoque más equilibrado y positivo hacia la vida. Sabemos que el estrés, la rutina y las noticias malas (o tristes) que vemos a diario nos hacen optar por una actitud negativa, pero incluso en la adversidad se puede buscar el bien mayor y de ahí comenzar a tener una vida más plena.

    A continuación, te mostramos algunos santos que pueden ayudarte a mejorar tu actitud y comenzar a vivir una vida más alegre.

    1Santa Teresa de Ávila

    Sin duda, sabemos que esta Doctora de la Iglesia, es recordada especialmente por todos sus escritos poéticos tan profundos, fruto de su oración. En una ocasión escribió este hermoso poema que se convirtió en oración: 

    "Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta. Eleva el pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe".

    Haciéndonos esta invitación a dejar los miedos a un lado y comenzar a centrarnos en una vida más paciente y amable. 

    2San Felipe Neri

    SAINT-PHILIPPE-NERI

    Es conocido por ser el santo de la alegría, por lo que pedir su intercesión te ayudará a alejar los pensamientos negativos y así ayudarte a sonreír y a ser más alegre, viendo las cosas con humor. 

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    3San Francisco de Sales

    Es curioso decir que, precisamente, este santo de temperamento colérico, pasó a ser conocido como el santo de la dulzura. Lo que quiere decir que, a pesar de que tengamos un carácter fuerte o un temperamento de este tipo, es posible ver las cosas con buen trato y aprovechar para contrarrestar el mal. 

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    4San Pablo

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    Este santo apóstol también era conocido por ser de carácter fuerte y podríamos decir que, en algunas ocasiones, hasta necio; pero Dios se valió de él y pasó de perseguir cristianos a ser el eterno enamorado de Dios.

    Se dedicó a evangelizar comunidades, en las que hablaba con la verdad y motivación, dejando a un lado la actitud negativa. 

    Que estos santos te ayuden a llevar la paz y positivismo a tu corazón, y ser amable con los demás y contigo mismo.

     Karen Hutch, Aleteia

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    De quedar el 76º entre los chicos a ganar entre las chicas: el caso trans que desata una protesta

    Las estudiantes de un instituto de Washington protestaron por la participación de un atleta trans que había competido antes en categoría masculina.

    Un varón biológico que dice sentirse mujer en el equipo Camas High School (EEUU)

    Un varón biológico que dice sentirse mujer en el equipo Camas High School (EEUU)


      Una competición escolar de atletismo en el estado de Washington (Estados Unidos) ha terminado convirtiéndose en el escenario de una protesta contra la participación de deportistas transgénero en categorías femeninas. 

      Una docena de corredoras del instituto Camas High School decidió no disputar la carrera al conocer que un atleta trans, varón biológico, competiría en su misma categoría.

      El episodio, recogido por varios medios estadounidenses, ha provocado una considerable repercusión en las redes sociales, donde circulan las imágenes de las jóvenes abandonando la competición.

      La polémica comenzó cuando las estudiantes supieron que un atleta, que había iniciado la temporada compitiendo en categoría masculina, participaría en la carrera femenina.

      El atleta había quedado en el puesto 76 en una prueba masculina disputada en septiembre.

      Posteriormente manifestó que se sentía mujer y comenzó a competir en categoría femenina, en la que habría conseguido dos victorias.

      Las corredoras decidieron entonces protagonizar un plante. Cuando se dio la salida, algunas participantes comenzaron a correr normalmente, mientras que las jóvenes que protestaban atravesaron la línea de salida caminando y se dirigieron hacia una zona arbolada próxima al circuito.

      Los padres también protestaron

      Entre las estudiantes que participaron en la protesta se encontraba Holly Burns, cuyos padres también expresaron públicamente su rechazo a la participación de la atleta trans.

      Su padre, Kevin Burns, acudió a la competición con una pancarta reivindicativa y aseguró que el personal de seguridad intentó obligarlo a abandonar el recinto.

      «Levanté mi cartel y varios guardias de seguridad me siguieron, me acosaron y me dijeron que tenía que irme. Y yo simplemente dije: "No, no me voy a ir"», declaró.

      Una normativa que permite competir según la identidad de género

      La Asociación de Actividades Interescolares de Washington (WIAA), responsable de regular las competiciones escolares, permite actualmente que los estudiantes participen en categorías deportivas acordes con su identidad de género.

      El distrito escolar de Camas defendió que la participación de la atleta se ajustaba a las normas vigentes.

      La controversia coincide con un debate político en el estado de Washington. El próximo 3 de noviembre está prevista una votación sobre la denominada Iniciativa 638, una propuesta que pretende establecer restricciones basadas en el sexo biológico para participar en competiciones deportivas femeninas escolares.

      Mientras tanto, el episodio ha vuelto a poner sobre la mesa una discusión: las garantías de igualdad competitiva en las categorías femeninas.

      La próxima competición del instituto Camas está prevista para la semana que viene. Por el momento, se desconoce si las estudiantes repetirán su protesta.

      ReL

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      Varden elogia a quienes no pueden comulgar y siguen yendo a misa: «Son un ejemplo de fidelidad»

      En un encuentro en el Vaticano, el obispo noruego defiende la acogida cristiana sin relativizar la doctrina sobre el matrimonio y la Comunión.

      Erik Varden, obispo católico de Trondheim, es uno de los impulsores del documento  noruego contra la ideología de género

      Erik Varden, obispo católico de Trondheim, es uno de los impulsores del documento noruego contra la ideología de género


        El obispo cisterciense Erik Varden, responsable de la diócesis de Trondheim (Noruega), ha reflexionado sobre la situación de los católicos divorciados y vueltos a casar, así como sobre su acceso a la Sagrada Comunión, en el marco de un encuentro celebrado en el Vaticano sobre la exhortación apostólica Amoris Laetitia.

        Sus palabras ponen el acento en una cuestión especialmente delicada: cómo acoger con caridad a quienes viven situaciones matrimoniales irregulares sin relativizar las enseñanzas de la Iglesia.

        Varden considera que una de las principales tareas pastorales consiste en ayudar a las personas a descubrir que incluso las dificultades pueden convertirse en una oportunidad de crecimiento espiritual.

        «El matrimonio, no menos que la vida monástica, es una escuela de conversión», asegura el obispo noruego.

        Acoger sin relativizar

        Respecto a las relaciones matrimoniales irregulares, Varden destaca la madurez con la que muchas comunidades católicas acompañan a quienes se encuentran en estas circunstancias.

        «Puede ser liberador para las personas en tales situaciones estar en un entorno donde su irregularidad es reconocida, no relativizada; y donde, sin embargo, son abrazadas con amistad cristiana», explica.

        El obispo recuerda especialmente el testimonio de aquellos fieles que, aun sabiendo que no pueden recibir la Comunión, continúan participando cada domingo en la vida de la Iglesia.

        «Pienso en el ejemplo de muchas personas fieles que conozco que, domingo tras domingo, se acercan para una bendición en el momento de la Comunión, sabiendo que no pueden acceder al sacramento, pero confiando en la misericordia de Dios».

        Para Varden, lejos de ser un testimonio estéril, esta perseverancia constituye una auténtica lección de esperanza para toda la comunidad cristiana.

        «Su ejemplo de fidelidad hace mucho para edificar la comunidad cristiana», subraya.

        Y concluye con una afirmación especialmente significativa: «El exilio sacramental sostenido a lo largo del tiempo puede preparar un regreso gozoso al hogar».

        El horizonte de toda acción pastoral, insiste, debe ser conducir a las personas hacia una vida transformada por Cristo, y no limitarse a ofrecerles una simple afirmación humana.

        ReL

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