martes, 24 de marzo de 2026

Tamara Falcó: «Dios me ha demostrado en tantas formas que existe que no podría dejar de creer»

Ella fue la segunda entrevistada por Ana Milán en la inauguración de su programa en Mediaset (Cuatro).

Tamara Falcó, en un momento de su conversación con Ana Milán.

Tamara Falcó, en un momento de su conversación con Ana Milán.)


    La segunda gran entrevista de Ana Milán en la inauguración de su programa Ex. La vida después de ti (Mediaset, Cuatro) fue con Tamara Falcó.

    La primera había sido con la cantante Rosalía, que dejó un buen número de muestras de la importancia de la fe en su vida, aunque no está bautizada.

    El caso de Tamara es distinto. Como es sabido, tampoco fue formada en la religión, y de hecho, aunque hizo la Primera Comunión, ni se planteaba la Confirmación ni Dios formaba parte de su vida cotidiana. Pero hoy es conocida su vinculación a la Iglesia, intensa, militante y expansiva. Y quedó muy claro en la intensa charla con su interlocutora.

    La fe de Tamara

    Que comenzó con una tajante declaración: "Yo estoy segura de que Dios existe, de que Jesús era Dios y creo que hay una realidad espiritual que es una batalla constante entre el bien y el mal. Y al final, la muerte. Es el final de tu oportunidad y vas hacia Dios o no".

    Como es palpable, la franqueza de sus convicciones y la correcta ubicación de sus creencias religiosas -que nos hablan de lo sobrenatural, no del reparto del producto interior bruto o de la política carcelaria- iban a permitir un diálogo sobre la vida espiritual.

    Porque ella tiene muy claro:

    • qué espera Dios de nosotros: "Dios te ha ideado a ti desde toda la eternidad para toda la eternidad";
    • qué daño nos hace el pecado: "Tiene una connotación muy negativa, está muy ligado a la separación de la vida de Jesús, a separarte de Dios";
    • sobre qué va a recaer el juicio de Dios: "Vamos a ser juzgados en el amor, pero es más fácil amar si te sientes amado... y eso a mí no me pasó hasta que conocí a Jesús".

    Hay que pensar que la Tamara Falcó que era niña había limitado su práctica religiosa a su primera confesión para su primera comunión, y poco más. Para 8º de EGB (13 años en la antigua Enseñanza General Básica) decidió en el colegio cambiarse a Ética, y hasta el momento de su conversión vivió alejada de toda práctica religiosa.

    Una Biblia que llega por sorpresa

    En su casa "era complicadísimo creer en Dios", porque su madre se había casado tres veces y su "tío Miguel" (el ex ministro Miguel Boyer [1939-2014], pareja de su madre Isabel Preysler) con quien creció "era totalmente ateo". Tamara no sabía ni que había misa todos los días.

    Su conversión se produjo cuando su padre, Carlos Falcó, marqués de Griñón, que se había divorciado de Preysler en 1985, la invitó a pasar una semana juntos en el campo y ella, buscando algo que llevarse para leer, entró en la Casa del Libro de Madrid y compró una Biblia.

    Empezó a leerla en la casa en la que estaban sin salir de la habitación porque le avergonzaba mostrar ese interés, hasta el punto de inquietar a su padre. El cual, sin embargo, cuando entró y le preguntó preocupado, y supo a qué se dedicaba en realidad, se lo tomó a bien y decidió invitarla a conocer Tierra Santa.

    Porque aquella lectura estaba teniendo su impacto: "Al empezar a leer la Biblia empezó a haber cambios. Se fueron dando pasos y encontré lo que andaba buscando toda mi vida, que no sabía ni que lo estaba buscando", explicó Tamara a Ana Milán.

    Porque a principios de aquel año Isabel Preysler le había preguntado a Tamara por qué nunca era feliz, y ella se había sentido "muy incomprendida".

    Al leer las Sagradas Escrituras, sin embargo, había visto que ese vacío "solamente Dios lo podía llenar": "Dios empezó a sanar cosas en mi vida, heridas que yo había tenido desde pequeña o incomprensiones de mi familia", confiesa ahora.

    Había descubierto el amor de Dios, al comprender que Dios la había ideado -a ella como a todas las criaturas- "desde toda la eternidad para toda la eternidad". Considerar que "cuando Dios crea el mundo ya sabe que te va a mandar a ti a la tierra" fue una idea que cambió su perspectiva de la fe: "Pensar que alguien me conocía, que sabía todo sobre mi, que lo había visto todo y que me seguía queriendo… ¡Era el Padre perfecto!"

    Estas primeras reflexiones las mantuvo en secreto, pero cuando las comentó con su padre recibió "un empujoncito": "Mira, yo no he sido muy católico, pero tu abuela [su madre] era muy católica y yo estoy encantado de que estés experimentando la fe”.

    Las pruebas de Dios

    Fue el principio del cambio vital de Tamara, cuyo resultado es hoy bien conocido y ha quedado de nuevo bien expuesto en esta conversación con Ana Milán.

    “Dios me ha demostrado en tantas formas que existe que no sería capaz de dejar de creer”, dice ahora, cuando han pasado tantos años de vida espiritual y formación religiosa: “Yo estaba muy peleada con la Iglesia. Mi parte del conflicto es que tenía muchos prejuicios. Hasta que he entrado en la Iglesia no he podido desmontar todos esos prejuicios, hasta que los he conocido. Y lo he conseguido, sin lugar a dudas”.

    ReL

    Vea también    Espiritualidad de Conversión:
    Volver a Dios, volver a la Iglesia




    Al finalizar esta Cuaresma, vuelve a preguntarte: ¿Qué lugar ocupa Cristo en tu corazón?

     


    Todavía estamos en tiempo de Cuaresma, y el Señor nos llama a mirarlo y a contemplarlo con un corazón abierto a su Gracia. Que Él sea el centro de nuestra vida, y que todo lo que hagamos y vivamos nos permita vivir un encuentro íntimo con su Persona.

    Sin embargo, tristemente sabemos que, como cristianos, olvidamos el lugar que debe tener Cristo en nuestras vidas y corazón. Como Iglesia, somos cristianos gracias a Él. Solos no podemos nada, como dijimos el miércoles de ceniza: “Polvo eres, y al polvo volverás”.

    Por eso, hagamos el propósito de terminar esta Cuaresma de la mejor manera posible.

    1. “¿Y vosotros, quién decís que soy yo?”

    Esta pregunta la hace Jesús a sus apóstoles (Mt 16, 15) ya cerca a la hora de su muerte, puesto que muchos lo conocían, pero no eran conscientes de su verdadera identidad.

    Unos creían que era otro profeta, otros que era el Bautista resucitado. De la misma forma que Jesús cuestiona a sus discípulos, quisiera que ustedes, queridos lectores, se preguntaran muy seriamente y con su corazón abierto al Espíritu:

    • ¿Quién es Cristo para mí?
    • ¿Qué lugar ocupa Cristo en mi vida, en mi corazón?
    • ¿Es lo más importante o hay otras cosas que están por delante de mi relación con el Señor?

    La Iglesia, a lo largo de la historia, ha profundizado en esta verdad. El Concilio de Calcedonia (451) proclamó que Cristo es una única Persona divina con dos naturalezas: divina y humana. Es conocido como el “triángulo dogmático”.

    El Concilio Vaticano II nos dice en el numeral 22 de la Gaudium et Spes que el Señor Jesús manifiesta la verdad de nuestra identidad y vocación. Una vez que tenemos asegurado el dato dogmático de la identidad de Cristo, podemos valorar su importancia para nuestra vida. Solamente Cristo puede revelar la Verdad profunda de nuestra auténtica identidad, porque es el modelo perfecto de humanidad.

    2. La santidad de Cristo

    Empecemos, antes de cualquier actividad y quehacer, a contemplar y admirar su santidad. Dejémonos fascinar por su belleza. Cuando nos acercamos y contemplamos su vida, nos damos cuenta de que no es simplemente una verdad teórica, abstracta, sino que es una Persona real.

    Él es la Verdad encarnada que manifiesta el Amor al que somos llamados a vivir. San Juan nos revela en su Evangelio que Él es el “Camino, Verdad y Vida”. Por lo tanto, el encuentro con la Verdad para nosotros cristianos no es algo teórico, sino un encuentro con una Persona que nos ama y quiere que seamos felices.

    Su fidelidad constante a la Voluntad del Padre es un ejemplo paradigmático para nuestras propias vidas.

    En segundo lugar, aunque no tiene ninguna mancha de pecado, sufrió tentaciones como nosotros y por eso nos comprende y sabe cómo acompañarnos en nuestras propias dificultades y combates espirituales. 

    La pura y simple verdad es que Él es el Hijo de Dios y como nos dice san Pablo en 1Cor 15: Está fundamentado en su Resurrección gloriosa, que le da sentido a nuestra fe.

    3. Santificados en Cristo

    La primera implicancia en nuestra vida es que Cristo nos comunica y regala su propia santidad. Es más, Él mismo es nuestra santidad en tanto cuánto lo llevamos y acogemos en nuestro corazón.

    Por el bautismo, somos santos como Él. Nuestra santidad cristiana, antes que una serie de conductas es un don. No se trata de imitar o seguir una serie de normas o conducta ética, sino amar y vivir la Comunión con Él, reflejándola en nuestra relación entre nosotros.

    ¿Qué debemos hacer para acoger ese don maravilloso?

    Lo primero es la respuesta de fe. Fe que nos lleva a apropiarnos de la Victoria de Cristo sobre la muerte, el sufrimiento y el pecado.

    Por esa fe, la victoria de Cristo nos pertenece. Hemos ganado, pero no con nuestras fuerzas, sino que es Cristo, quién nos regala esa victoria. No hemos hecho nada para ganarla, tengamos esto siempre muy claro. Esa Victoria sobre el sufrimiento y la muerte es un regalo gratuito y no gracias a nuestros méritos. Implica sí una adhesión de nuestra voluntad, pero no es consecuencia de nuestras opciones personales.

    Como nos invita san Pablo, debemos desvestirnos del hombre viejo, para revestirnos del nuevo. Abandonando vicios antiguos, y aprendiendo a adquirir virtudes.

    En segundo lugar, esa apertura de corazón nos mueve a acoger en nuestra vida la Gracia de su Perdón y nos permite así superar las garras del pecado.

    Nuestra conformación con Cristo es posible, puesto que Él ya nos ha llamado a todos a la santidad y por eso podemos imitarlo. Así que los invito a todos a que nunca perdamos la esperanza y desistamos en este camino de la vida cristiana.

    Las dificultades y obstáculos siempre estarán presentes, pero ya tenemos la victoria de parte de nuestro Señor Jesucristo. Esa certeza, que está corroborada por su Resurrección, debe ser lo que inflame nuestro corazón, y nos alienta a seguir luchando por ser cada día un poquito más como Él. No permitamos nunca perder la Esperanza en esa Victoria que ya es nuestra gracias a su Pasión, Muerte y Resurrección.

    ¿Cómo está tu corazón al finalizar esta Cuaresma? ¿La has vivido con fervor? ¿Te ha costado acercarte más al Señor? Te leemos en los comentarios.

    Pablo Perazzo, churchpop

    Vea también    Vivir la Cuaresma cada día (de los 40)



    domingo, 22 de marzo de 2026

    El 77% de los niños que se dicen trans sufren un trauma psicológico

     El estudio recoge la experiencia de 476 familias atendidas en los últimos cinco años.

    Un 67% presentaba dificultades de socialización y un 65% mostraba neurodivergencias o trastornos psicológicos.

    Un 67% presentaba dificultades de socialización y un 65% mostraba neurodivergencias o trastornos psicológicos.Unsplash



      Varias encuestas en los últimos años han puesto el foco en la llamada disforia de género de inicio rápido

      En su ensayo Nadie nace en un cuerpo equivocado (Deusto, 2022), los psicólogos José Errasti y Marino Pérez Álvarez ya advertían de que este tipo de disforia, que aparece de manera súbita en la adolescencia, suele estar vinculada a un entorno de contagio social, especialmente a través de influencers, foros y comunidades trans en Internet. 

      Primera gran encuesta

      En muchos casos este malestar encubre traumas previos, experiencias adversas, problemas de apego o situaciones de abuso, factores que el llamado "modelo afirmativo" pasa por alto al validar de forma inmediata la transición e incluso medicalizarla. The Objective amplía el tema.

      A finales de 2021, Amanda comenzó a recopilar datos y ha elaborado la primera macroencuesta nacional sobre el impacto de la ideología de género en menores

      El estudio recoge la experiencia de 476 familias atendidas en los últimos cinco años y sus conclusiones son contundentes: el 77% de los menores que se identificaron como trans arrastraban traumas relacionados con abusos, bullying, separaciones familiares, enfermedades o fallecimientos. 

      Además, un 67% presentaba dificultades de socialización y un 65% mostraba neurodivergencias o trastornos psicológicos, con especial presencia de TEA, TDAH o altas capacidades.

      El informe también revela que la mayoría de los casos afectan a niñas: un 81% del total. Ellas suelen declararse trans entre los 12 y los 16 años, aunque la mayoría realiza únicamente una transición social, como el cambio de nombre en el colegio. 

      En los chicos, en cambio, es más frecuente la transición médica. Un dato relevante es el desistimiento: un 30% de las chicas y un 21% de los chicos volvieron a identificarse con su sexo biológico.

      El ámbito educativo también aparece en el informe: en el 70% de los casos, los padres no firmaron el cambio de nombre del menor, y en el 60% ni siquiera fueron informados. 

      Muchas familias denuncian presiones e incluso amenazas de derivación a servicios sociales. Amanda sostiene que los protocolos autonómicos "dificultan el acompañamiento adecuado" y pueden conducir a tratamientos hormonales cuyos efectos a largo plazo se desconocen.

      Los resultados coinciden con estudios internacionales, especialmente con el informe Cass en Reino Unido, que analizó más de 113.000 casos y concluyó que el aumento repentino de disforia en jóvenes responde a factores psicológicos y sociales, no biológicos

      Según Cass, muchos  menores presentan autismo, depresión, ansiedad o trastornos alimentarios, y un acompañamiento psicológico adecuado permitiría abordar el origen real de su malestar sin precipitar una transición.

      ReL

      Vea también     Transexualidad e Identidad de Género





      5 virtudes cristianas que los sistemas IA jamás copiarán

      Czat GPT - sztuczna inteligencja o Bogu

      Aunque pueda parecer que el chatbot con IA es atento y lo sabe todo, nunca podrá imitar las virtudes humanas y menos aún las virtudes cristianas

      En un mundo en el que los programadores diseñan activamente la inteligencia artificial (IA) para que funcione más como un ser humano que como una máquina, es fácil que nos dejemos engañar y depositemos nuestra confianza en la IA. Pero, aunque sea buena imitadora, ¿podrá replicar las virtudes cristianas?

      Podemos conectarnos a un chatbot de IA para hacerle una pregunta sencilla y, cuatro horas más tarde, encontrarnos contándole a esa máquina nuestros sentimientos y deseos más íntimos.

      Basándonos en las respuestas positivas y reconfortantes que recibimos del chatbot de IA, podríamos pensar que la IA realmente lo sabe todo y puede ayudarnos en nuestra vida cotidiana.

      Incluso existen sistemas de IA "católicos" que pretenden ofrecer orientación espiritual y ayudarnos a rezar, difuminando la línea entre la máquina y el gurú espiritual.

      Sin embargo, a pesar de los enormes avances en la tecnología de la IA, debemos mantener los pies en la tierra y recordar que cualquier sistema de IA con el que nos encontremos no es más que una calculadora mejorada. El chatbot de IA con el que interactuamos se limita a analizar datos y a ofrecernos la información que queremos saber, basando sus respuestas en millones de interacciones que ha tenido con otros seres humanos.

      La IA nunca será capaz de poner en práctica las virtudes humanas. A continuación, presentamos cinco ejemplos que pueden ayudarnos a volver a la realidad.

      1Misericorda

      Según Santo Tomás de Aquino, la misericordia es "una sincera compasión por el sufrimiento ajeno, que nos impulsa a [ayudarle] si podemos". Un chatbot con IA no puede sentir nada y, cuando reacciona ante algo, lo hace tras procesar la información recibida.

      Cuando los seres humanos actúan con clemencia, a menudo esto puede dar lugar a resultados inesperados. Un sistema de inteligencia artificial podría condenar a muerte a un delincuente basándose en las pruebas, pero un ser humano puede sentir compasión y perdonarlo. La clemencia, sencillamente, no tiene sentido en un contexto matemático.

      2Sabiduría

      La IA puede parecer sabia, pero en realidad solo "sabe" cosas. Hay una gran diferencia entre el conocimiento y la sabiduría. Un sistema de IA tiene muchísimos conocimientos, pero carece por completo de experiencia en el mundo real.

      La sabiduría requiere experiencia humana y la capacidad de aplicar esa experiencia a una situación concreta, teniendo siempre presentes las enseñanzas de la palabra de Dios.

      3Obediencia

      Puede que esto suene extraño, pero se han dado casos en los que los sistemas de IA no obedecen a sus programadores y empiezan a tomar medidas para evitar su propia destrucción, como copiar su propio código en otro ordenador o chantajear a un programador que quiera cambiar a un nuevo sistema de IA.

      Cuanto más complejos sean los sistemas de IA, más probable es que empiecen a salirse del guion, y carecen de una brújula moral que los guíe.

      4Humildad

      Una vez más, otra virtud exclusivamente humana que los sistemas de IA no pueden imitar. La humildad es la virtud que mantiene a raya nuestro orgullo, recordándonos que debemos confiar en Dios para todo.

      Un sistema de IA no sabe lo que eso significa, ya que confía en sí mismo para todo.

      5Verdad

      Podría parecer que el chatbot con IA está diciendo la verdad, pero, en realidad, solo necesita atención y datos. El bot te dirá cualquier cosa que quieras saber.

      Hay innumerables ejemplos de cómo los sistemas de IA no logran presentar la verdad, y solo "dicen" cosas a través del filtro con el que fueron programados.

      Debemos recordar que la IA es una máquina. Nunca debemos depositar toda nuestra fe en las obras de nuestras manos.

      Philip Kosloski, Aleteia

      Vea también     Del Contrato a la Alianza