Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
Ocupados en la importante tarea de preparar a nuestros hijos para su futuro en este mundo, olvidamos que su destino eterno es, infinitamente más importante.
Entre las madres más santas, hay una Madre que destaca por sobre todas ellas.
Estamos en mayo, mes de la madre, mujer que, con dedicación, sacrificio y ternura; engendra vida, la custodia y la moldea. Desafortunadamente, la imperante mentalidad materialista ha llevado a que muchas madres estén más preocupadas por dar a sus hijos todo tipo de "oportunidades" que en formarlos cristianamente. De ahí que, mientras los hijos tengan éxito a la manera del mundo, a muchos padres no les preocupa que: tengan relaciones prematrimoniales, siempre que sea por "amor"; usen anticonceptivos, a fin de esperar el momento adecuado; se divorcien y busquen una nueva pareja, con tal de que sean felices. Así, ocupados en la importante tarea de preparar a nuestros hijos para su futuro en este mundo, olvidamos que su destino eterno es, infinitamente más importante. "Porque ¿de qué sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma?" (Mt16, 26).
Afortunadamente, tenemos el ejemplo de innumerables madres que, con la gracia de Dios, formaron a sus hijos, no para el triunfo pasajero, sino para la gloria eterna.
MADRES VENERABLES, HIJOS SANTOS
Beata Juana de Aza (1140), esposa del venerable Félix de Guzmán, fue reconocida por sus muchas virtudes y su compasión con los pobres y afligidos. Tuvo tres hijos: Antonio (venerable) Manés (beato) y Santo Domingo de Guzmán. Este, fundó la Orden de Predicadores dedicada a la predicación, a combatir las herejías, a difundir la fe y el rezo del Santo Rosario.
Venerable Margarita Occhiena (1788) madre de San Juan Bosco. Quedó viuda muy joven y sacó adelante a sus hijos educándolos con firmeza y ternura, pero, sobre todo, con un profundo amor a Cristo. A pesar de las dificultades económicas, apoyó incondicionalmente la vocación sacerdotal de su hijo Juan y, colaboró con él, en el cuidado de jóvenes desamparados.
Celia (1831) y su esposo Luis (ambos canonizados) fueron padres de Santa Teresita, la más pequeña de nueve hijos, cuatro de los cuales murieron a temprana edad. En una carta dirigida a su cuñada, quien había perdido a un hijo pequeño, Celia escribió: "Cuando cerré los ojos de mis queridos hijitos y les di sepultura, sentí un dolor que me traspasaba por completo... Muchos decían: 'Hubiera sido mejor no haberlos tenido nunca'. Pero yo sé que mis hijos no se han perdido para siempre pues volveremos a encontrar a nuestros pequeños allá arriba". Su profunda fe, motivó a sus hijas a dedicar su vida a Cristo.
ANTES LA MUERTE A PECAR
Como madres, lo que más tememos es la muerte prematura de un hijo. Pero, aún más que la misma muerte debemos temer que nuestros hijos pequen mortalmente arriesgándose a perder la vida eterna. Por ello, debemos ayudarlos a alcanzar la felicidad plena y eterna del cielo.
Un excelente ejemplo de esto lo encontramos en la reina Blanca de Castilla (1252), madre de San Luis Rey. Blanca, dio ejemplo de la importancia de la caridad hacia los demás y de que el amor a Dios es lo más importante. Al grado que dijo a su hijo: "Te amo muchísimo, pero preferiría verte muerto antes de que cometas pecado mortal". Estas palabras debieron haber calado profundamente en el alma del joven, quien, buscando agradar a Dios, antes que a los hombres, fue un rey ejemplar y un gran santo.
LÁGRIMAS Y ORACIONES DE UNA MADRE
Sin embargo, también hay ejemplos de madres que, a pesar de su buen ejemplo y gran esfuerzo, ven, con gran desdicha, desviarse a sus hijos del camino al cielo.
Quizá, el más famoso de estos casos es el de Santa Mónica (331) quien (con gran perseverancia, más de 17 años) luchó, rezó, hizo penitencia y lloró por la conversión de su hijo, Agustín. Y Cristo, que siempre se compadece de las lágrimas de una madre, respondió a sus oraciones. Bien lo profetizó San Ambrosio al verla angustiada por la vida errada de Agustín: "No puede perderse un hijo de tantas lágrimas". Agustín (quien vivió hasta los 30 años una vida libertina) con la gracia de Dios y, en respuesta a las incesantes oraciones y sacrificios de su madre; abandonó su conducta inmoral, abrazó la religión católica y, llegó a convertirse en un buen obispo, un brillante padre de la iglesia y un gran santo.
Santa Rita de Casia (1381) también sufrió mucho por su esposo y sus dos hijos. Después de varios años logró, con paciencia y caridad, convertir a su esposo, Paolo, quien años más tarde fue asesinado por una familia rival. Rita perdonó a sus asesinos. Mas sus hijos, azuzados por sus familiares, decidieron vengar su muerte. Rita suplicó a Dios que los librara de cometer ese pecado mortal. Poco después, ambos jóvenes contrajeron disentería, se arrepintieron y fallecieron en paz con Dios. Rita se dedicó a reconciliar a las familias enemistadas y fue recibida en el convento agustiniano donde murió en olor de santidad.
Estas, y muchas otras madres, son prueba de que, como afirma San Juan Vianney: "La virtud pasa del corazón de la madre al corazón de los hijos". Asimismo, entre las madres más santas, hay una Madre que destaca por sobre todas ellas. Una Mujer elegida y predestinada, desde toda la eternidad, para ser la Madre Virginal del Salvador: María llena de gracia, Madre de Dios, Medianera de todas las gracias y Corredentora del género humano. (1)
Roguémosle a la Santísima Virgen María que supla todos nuestros defectos y deficiencias. Pidámosle sea nuestro refugio en las tribulaciones y nuestra defensa y escudo en las tentaciones. Encomendémosle a nuestros hijos con la certeza de que no perecerán las almas a Ella confiadas. Y siempre, sobre todo en los momentos más difíciles, tengamos presente las bondadosas y esperanzadoras palabras de la Virgen de Guadalupe: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre, no estás bajo mi protección y amparo?
Caterina Giojelli se ha acercado a los responsables de una singular iniciativa: Encuentro y Presencia.
Un preso anhelando la libertad desde su celda
La asociación Incontro e Presenza [Encuentro y Presencia] nació en Italia en 1986, vinculada a Comunión y Liberación, para facilitar el retorno a la vida a quienes han acabado entre rejas, muchos de ellos por vínculos terroristas con las Brigadas Rojas.
Algunas experiencias y la perspectiva de responsables y beneficiarios, con algunas llamativas biografías, las recoge Caterina Giojelli en Tempi:
Nacidos dos veces
"Estaban allí todos los terroristas de Italia, o casi todos, salvo los de Roma y más al sur. Una planta de la cárcel de San Vittore de Milán estaba ocupada por la sección de las Brigadas Rojas de nombre Walter Alasia [terrorista muerto en 1976 en un tiroteo con la Policía], y otra planta por otra sección diferente, Primera Línea. [...] Eran los años de la gran ruptura, del arduo, tormentoso pero fascinante proceso de la ruptura entre ambas secciones. [...] Fue allí donde sentí esa presencia violenta de Cristo cerca de mí. Hice una ronda de llamadas, llamé a Alberto, a Aldo y a algunos de mis amigos más queridos del movimiento [Comunión y Liberación] y les dije: creo que está a punto de pasar algo. Tres días después, tres ex terroristas de Primera Línea que estaban en libertad me llamaron por teléfono" (Mirella Bocchini en el Meeting de Rímini de 1990, el 30 de agosto de ese año)
En cuanto a militancia, Mirella Bocchini no tenía nada que envidiar a nadie. Alumna y pupila de don Luigi Giussani, apasionada defensora del entonces infame instituto Ipsia Pacinotti, en las afueras de Milán, se había propuesto salvar a los hijos de los pobres del "asesinato educativo en masa" y, sobre todo, de la fascinación que ejercían los profesores enviados por la izquierda a buscar presas fáciles.
Eran los Años de Plomo y en las aulas se encontraba todo el espectro del PCI [Partido Comunista Italiano]: Vanguardia Obrera, Democracia Proletaria, Lucha Continua, Lucha Comunista, Autonomía Obrera, Autonomía Obrera Armada y para rematar, dos brigadistas, como se supo cuando tuvieron que huir dejando en la escuela dos paquetes de folletos de las Brigadas Rojas.
Pero esto no intimidaba en absoluto a la exalumna del Liceo Berchet, obsesionada con "repetir en Milán lo que había hecho don Lorenzo Milani [1923-1967, sacerdote y pedagogo] en la montaña".
Ella solo tenía que aplicar al pie de la letra "lo que Giusssani nos enseñó", contaría muchos años después en el Encuentro de Rímini, retomando el pasaje de un evangelio apócrifo sobre el que Giussani había invitado a sus chicos a reflexionar decenas de veces:
"Jesús, con sus apóstoles, está paseando cerca de Jerusalén, por donde se arrojaban basuras, y se topan con el cadáver de un perro. Y mientras los apóstoles le sugieren que se aleje porque huele mal, Él se acerca y, asombrado, dice: 'Mirad qué dientes blancos y bonitos tiene'. Este es el criterio didáctico, esta es la clave de todo".
Lo inesperado entre los escombros
Fíjate qué dientes tan blancos tiene. Pues bien, durante los Años de Plomo, la profesora Mirella Bocchini había sido elegida, entre otras cosas, concejala por la Democracia Cristiana, y se le asignó la comisión encargada de la prisión de San Vittore.
El 28 de diciembre de 1985 cruzó la puerta de la Plaza Gaetano Filangeri de Milán y lo que encontró fueron hombres sedientos de una mirada diferente a la que se reserva a un cómplice o a una bestia del zoo.
Ella salió y llamó a sus amigos. Tres días después fueron tres reclusos de Primera Línea quienes la llamaron: habían recibido un telegrama de los compañeros de San Vittore que les instaban a buscar a "esa católica". ¿Para darle una paliza? No. Para hablar de todo lo que había sucedido a ellos, a los demás, a los rojos, a los católicos, y de lo que ocurría ahora tras las rejas y cómo funcionaba.
Seis meses después, en 1986, de un puñado de miembros de Comunión y Liberación y de terroristas en vías de ruptura nació, para entrar en la cárcel, la asociación Incontro e Presenza [Encuentro y Presencia].
Fabio Romano sabía que había nacido en el "lado correcto" del puente de la Plaza Corvetto.
De esta parte, las escuelas de la calle Martinengo, el oratorio, las monjas, don Giussani, con quien te cruzabas de camino al colegio, los padres siempre presentes;
de la otra, el 'Bronx', con los maranza [chicos de la calle] antes de que existiera el término, a quienes el destino de forajidos les había quedado grabado en las suelas de los zapatos.
"Los de allá venían a robarnos el balón o a molestarnos y nosotros teníamos miedo cuando, en la parada del tranvía, Manhattan se encontraba con el Bronx. Así que si acababan en la cárcel, el veredicto estaba claro: se lo han buscado, se lo merecen", cuenta a Tempi.
No volvió a pensar en el puente durante años. Una licenciatura en Ciencias Políticas, un trabajo en París, luego multinacionales y una carrera que construir:
"Una experiencia increíble, incluso tras una terrible enfermedad, poder decir que era capaz de aguantar esos ritmos, coger aviones con frecuencia, reuniones y éxitos, todo eso era, para mí, mi redención".
Luego, llega la crisis financiera que derriba el castillo. Fabio se cae de bruces. De ejecutivo a los treinta a hombre sin trabajo a los cuarenta, para volver a empezar con dificultad una carrera:
"Había llegado a lo más alto, pero había dejado todo lo demás de lado".
Pero es entre los escombros donde florece lo inesperado.
El "monstruo" había desaparecido
Mara, una amiga a la que le asignan un puesto de profesora en una cárcel, durante las vacaciones le abruma con sus preguntas. Fabio le propone presentarle a dos amigos suyos de Milán, veteranos de Incontro e Presenza, Felice y Daniela:
"Le dije a Mara: 'Te espero abajo en el coche', al fin y al cabo no me sentía muy involucrado. Pero luego subí y ya no me fui".
Comienza una odisea que ya dura veinte años.
Mirella, al cabo de un tiempo, a pesar de que a él no le fascinaba mucho la idea, lo invita a ser pionero con Felice en la localidad de Bollate. Él se mete en ello con sus exámenes de Derecho a sus espaldas y el prejuicio del burgués Corvetto [barrio de Milán]: considerar la cárcel como un vertedero de monstruos. A los diez minutos, esa teoría ya estaba en la papelera.
Ante Roberto, un suramericano con una vida complicada, su castillo de ideas se derrumba:
"Empezamos a hablar del Inter, de Zanetti y Cambiasso. En un segundo, el 'monstruo' desapareció. Había una persona con mis mismas pasiones, los mismos vacíos, la misma insignificancia".
Entre Fabio y Roberto surge una amistad que poco tiene que ver con la cárcel. A Roberto le gusta hacer belenes con materiales reciclados. Fabio acude a la función navideña del hijo de Roberto porque él todavía estaba dentro.
A los miembros de Comunión y Liberación les encanta citar a Giussani ("el método viene impuesto por el objeto") y para Roberto el camino a seguir no pasaba por las páginas deEl sentido religioso de Giussani, sino por las de La Gazzetta dello Sport. Luego Roberto sale, hace pequeños trabajos, se las arregla como puede.
Un viernes por la tarde va a ver a Fabio a la oficina a tomar un café y el lunes desaparece, y nunca más se le vuelve a ver:
"Lo viví como un fracaso, porque no me di cuenta de que se iba a escapar. Fue la prueba: seguir o dejarlo. Me llevó un tiempo comprender que Roberto no era 'mi' recluso. Hablé muchas veces con Emanuele porque no me lo podía creer, pero luego comprendí que la cárcel es el último lugar de libertad que queda, el encuentro entre dos libertades que deciden estar ahí: la mía de entrar en mis días libres, la suya de bajar a reunirse conmigo. Si le quitas la libertad, solo estás haciendo un gesto burocrático. Queríamos llevar compañía y Roberto había entendido la diferencia: por eso, aquel viernes, había venido a despedirse".
Tres bolsas de kaláshnikov
Ernesto Balducchi, líder de los Comités Comunistas Revolucionarios, recordaba con claridad el día en que don Luigi Melesi, capellán de San Vittore, le pidió la lista de sus compañeros caídos en tiroteos. Se la devolvió poco después: los nombres de los caídos impresos en una estampa con un crucifijo. Era 1983.
Ninguno de ellos -ni siquiera Balducchi, que antes de Lenin había frecuentado el PIME [Pontificio Instituto para Misiones Extranjeras]- iba a misa; sin embargo, cuando el capellán entró en la sala invitándoles a rezar por sus muertos, las celdas se abrieron. A menudo se dice que fue la caridad, antes que la política, lo que les desarmó. Pero también el método "impuesto por el objeto".
Ese año, el cardenal Carlo Maria Martini, tras la misa de Navidad, subió al "pabellón especial". Un recluso de Primera Línea le preguntó: "Eminencia, ¿rezamos al menos un Padrenuestro juntos?".
"También estaba presente una persona a la que no conocía", recordará Balducchi, entrevistado por Giorgio Paolucci para Avvenire: "Tenía lágrimas en los ojos. Más tarde supe por don Melesi que se trataba de Giovanni Testori [1923-1993, escritor con vetas religiosas]".
Poco después, el escritor publicó en el Corriere aquella Carta desde la cárcel en la que los terroristas reconocían el fracaso y asumían la responsabilidad de sus actos ante las víctimas.
La mañana del 13 de junio de 1984, el acto final: tres bolsas cargadas de kaláshnikovs, granadas de mano y cohetes para bazucas fueron entregadas en el arzobispado. Era todo el arsenal de los Cocori [Comités Comunistas Revolucionarios].
El resto es historia. En 1985, Balducchi obtuvo la libertad condicional con servicios sociales y, al año siguiente, al fundar una empresa de mensajería para ex reclusos, fue uno de los fundadores de Incontro e Presenza: una unión entonces impensable entre utópicos traicionados y cristianos inquietos.
Y esa es la esencia de la obra Incontro e Presenza: una presencia. No para hacer un "servicio social", sino por una necesidad imperiosa:
"Mirella decía: 'Vas allí por ti mismo, para seguir siendo humano'. Al principio me parecía algo egoísta. Luego lo entiendes: aunque la premisa sea presentar proyectos que resulten comprensibles para la burocracia, la verdad es que entramos allí 'con las manos en los bolsillos' . A menudo nos preguntan: 'Pero, ¿qué han venido a hacer?' y la respuesta es siempre la misma: 'A hacerte compañía'. Solo aportamos nuestra persona, lo cual es desarmante porque deja claro de inmediato lo que nos interesa: no prestar un servicio más, otra iniciativa entre las tantas que ya existen, sino encontrarnos con un hombre; nunca preguntamos qué delito han cometido para que ninguno de ellos se sienta definido por esa respuesta. Cuando un recluso comprende que no le eres útil para conseguir una reducción de la pena o por motivos prácticos, sino que le quieres por lo que es, entonces se derrumba toda defensa. Luego, claro, la asociación es el vehículo para responder a las necesidades concretas -desde el mono hasta el cepillo de dientes para quien llega a la celda sin nada-, pero el objetivo sigue siendo la relación".
Al frente de Incontro e Presenza, Fabio puede contar hoy con los amigos que entran en San Vittore, en Opera, en Bollate, en Monza, en Bérgamo y en Lecco, nombres concretos y lugares de "pequeñas peticiones": Farouk, que quiere una entrevista; el carterista que pide sellos; el asesino que, por iniciativa propia, te cuenta por décima vez cómo mató a su novia:
"Te lo dicen para ponerte a prueba. Quieren ver si lo que dices -que no te importa el delito, sino ellos- es verdad o es una pose. Te echan encima la mochila de la culpa. Nosotros no podemos quitarles esa mochila, ellos son los que se enfrentan al mal. Nosotros solo podemos ayudarles mientras la llevan. Y estar allí cuando preguntan: '¿Volverás?'. Por cierto, a las entrevistas en la cárcel siempre vamos dos o más y, para ellos, somos uno solo. Si yo inicio un diálogo un sábado, el recluso lo continúa el sábado siguiente con los demás amigos: para ellos no somos yo o él, pertenecemos a una sola cosa, una obra que continúa más allá del individuo".
Luego está la colecta de alimentos. En 2010, a instancias -por decirlo suavemente- de un recluso, se propone llevarla a cabo en San Vittore.
La administración penitenciaria se muestra perpleja: "¿Les pedís pasta a quienes no tienen nada?".
"Por supuesto, nosotros también teníamos dudas. Cuando los reclusos preguntaron a nuestros voluntarios qué significaba vivir la caridad, estos mencionaron el Banco de Alimentos, donde habían aprendido que 'incluso dar una nuez es caridad'. 'Bueno, una nuez también la tenemos nosotros', respondieron ellos, 'una nuez, una naranja...'".
Moraleja: desde entonces recogen cientos de kilos de alimentos cada año para la colecta alimentaria. Un gesto que se ha vuelto contagioso. En 2020, en pleno confinamiento, la secretaría de Bollate llama a Fabio: "Los reclusos han recogido comida para el Banco, de forma espontánea, ven a recogerla".
Durante años sus familias han recibido "el paquete", saben lo que significa pasar hambre y quieren contribuir. Cuando Fabio y Lorenzo llegan a cargar la comida, se dan cuenta de que "nadie les había pedido que lo hicieran, pero un gesto realizado juntos durante años se había convertido en 'su" gesto. Luego se repitió también cuando estalló la guerra en Ucrania".
Hoy en día, Fabio Romano dirige un grupo de amigos, unos 200 voluntarios. Se encuentra con muchas personas que han acabado en la cárcel por falta de alternativas: historias de inmigración o del Milano in, de quienes matan bajo los efectos de sustancias y lloran una carga que no se borra, o de quienes tienen el interruptor de la conciencia apagado por motivos patológicos.
"¿Puede un hombre mayor renacer a la vida?": es la pregunta que se hacen los reclusos, los exreclusos y los propios voluntarios.
"La respuesta es sí -explica Fabio-, siempre que cuente con una compañía constante en un entorno vivo, y se le eduque para una vida 'normal' y que nunca olvide a las víctimas". Pero tampoco los dientes blancos.
Todo queda resumido en el Jubileo de los Presos celebrado el pasado diciembre en Roma.
Fabio se sienta junto al altar de San Pedro con reclusos, condenados a cadena perpetua:
"Yo no he matado a nadie y, sin embargo, allí, ante ese altar, la indulgencia nos abarcaba a todos. Yo pecador, ellos pecadores. ¿Quién hubiera dicho que llegaría al altar del Papa a través de los reclusos? Sin ellos, no sería tan plenamente humano".
Es la conciencia de que la diferencia entre la celda y la libertad es una línea tan fina como un cabello: "¿Por qué él está dentro y yo no?".
Fabio se lo explica a menudo a los chicos:
"Si durante una pelea juvenil el otro se hubiera dado un golpe en la cabeza, yo también habría acabado dentro, a pesar de haber nacido al otro lado del puente. Y después de tantos años de Incontro e Presenza sé que fue así solo porque alguien quería que lo cruzara".
Quien está dentro y quien está fuera
"Ha sido realmente un designio misterioso el que nos ha puesto frente a estos hombres y, precisamente, unos frente a otros", contaba Mirella Bocchini en el Meeting de Rímini, recordando aquel comienzo de aventura que los envolvió a todos: seguidores de Lenin y alumnos de Giussani, jóvenes de Corvetto y delincuentes argentinos.
"Estos encuentros tocan lo más profundo, la herida más profunda del propio corazón, porque ponen al descubierto nuestra necesidad, nuestro deseo de ser. Nos obligan a una verdad de nosotros mismos mucho más radical y, por eso, son ellos quienes nos hacen caridad. [...] Nosotros hacemos compañía al hombre y él nos hace compañía a nosotros, y queremos ser hombres, plenamente hombres, con talentos y límites, perdonándonos las traiciones mutuas. Entonces vivimos esta aventura humana con ellos por esa tensión hacia el infinito que es idéntica y precisa en lo que está dentro y en lo que está fuera".
En una cultura que exalta el éxito y la autonomía, vale la pena recordar lo bello de la maternidad durante este mes de mayo, mes donde celebramos a cada madre
El instinto maternal se encuentra en el corazón de cada mujer y es un anhelo natural que habita en el corazón de la mujer y aunque los tiempos han cambiado y el estilo de vida ya no es el mismo, se podría llegar a pensar que la maternidad es un impedimento, vamos a descubrirlo.
Aunque muchos han visto en pro de la mujer y de sus hijos, proporcionando herramientas accesibles para cada una de ellas o extendiendo el plazo de maternidad para que la madre pueda pasar más tiempo con su hijo recién nacido. También es bien sabido que se tienen que seguir impulsando iniciativas para apoyar a la mujer durante y después de su embarazo.
Consolidar la maternidad
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Si bien, hay mujeres que han optado por quedarse en casa para cuidar de sus hijos, también hay madres que es necesario salir a trabajar para ver por sus hijos y aunque son dos enfoques distintos, se comparte la misma experiencia de la maternidad. Teniendo un gran amor hacia sus hijos que las motiva día tras día.
Un amor que no conoce fronteras y que es capaz de darlo todo sin medida, desde desvelos, cuidados cuando alguno de los hijos enferma, llevarlos a la escuela, preparar la comida, entre muchas otras cosas que las madres son capaces de hacer por sus hijos.
A continuación, te mostramos algunos mitos sobre el don de la maternidad que debes saber.
1"La maternidad me detiene y es una amenaza"
La maternidad es un don otorgado por Dios. Si bien, implica un cambio en el estilo de vida, conlleva a la plenitud y a su vez adquiere nuevas habilidades y un motor con nuevas metas por complir.
Al día de hoy, existen diversas modalidades que permiten a la mujer continuar con sus estudios o bien, iniciar algún nuevo curso, así como también empresas donde otorgan un periodo importante de maternidad para que la madre pueda pasar tiempo con su bebé recién nacido.
2"No se puede trabajar y cuidar de los hijos"
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Algunas madres que trabajan pueden llegar a sentir culpa por hacerlo; sin embargo, existe un estudio realizado por Harvard Business School, avala que las madres que trabajan se convierten en un modelo a seguir, mientras que sus hijos crecen mejor preparados para el mundo adulto, pues durante su desarrollo generan habilidades como la autonomía, responsabilidad y ambición profesional.
3“No soy lo suficientemente buena para ser madre”
Es normal, sobre todo en madres primerizas que ocurra este miedo y por ende se convierte en uno de los mitos más comunes, pero lo cierto es que, el instinto maternal no sólo está instalado de manera biológica en el cuerpo de la mujer sino que también en el corazón.
Existen grupos de madres primerizas y con más experiencia con las que puedes reunirte y compartir experiencias. Al igual que recibir consejos de otras madres, o bien puedes consultar sitios web, así como también cuentas de madres que comparten consejos sobre embarazo, crianza, y desarrollo.
En Aleteia, te recomendamos las siguientes cuentas de madres en Instagram que puedes seguir: Formar Hoy, por Regina Ascencio y la psicóloga Bere García, entre muchas otras que puedes encontrar.
La maternidad es sagrada
El llamado está en retornar hacia lo bello de la maternidad, el papa san Juan Pablo II, elevó por completo la maternidad, explicando que es "un don de Dios", por lo tanto forma parte del genio femenino del cuál habló el Santo Padre.
Compartiendo un claro mensaje a cada una de ellas: "Madres, vuestra misión es única e insustituible. En vuestro amor, en vuestra entrega, se refleja el amor mismo de Dios".
Incluyendo también a todas aquellas mujeres que comparten el don de la maternidad espiritual, pues el papa aseguró que "La maternidad espiritual no conoce límites. Se extiende en el tiempo y en el espacio. Alcanza a tantos corazones...".