martes, 21 de abril de 2026

¿Quieres que tu corazón arda por Jesús?, ¿qué te hace falta?

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Podemos decir que amamos a Dios porque cumplimos con algunos preceptos y vamos a la Iglesia, pero, ¿qué hace falta para que tu corazón arda por Jesús?

Vamos a Misa, nos portamos correctamente, cumplimos los mandamientos y preceptos de la santa Madre Iglesia, somos lo que se dice "unas buenas personas". Pero, a pesar de eso, personalmente sentimos que falta algo. Amar a Jesús no es solo guardar un sentimiento bonito, sino provocar que el corazón arda de amor.

¿Cómo se puede lograr?

Los discípulos de Emaús

El santo evangelio que escucharemos este domingo nos trae a colación esa frase, cuando narra el episodio de aquellos dos discípulos que, después de la crucifixión del Señor Jesús, regresaban a su pueblo cabizbajos, apesadumbrados por la muerte del maestro.

Es obvio que las noticias no corrían con la velocidad de hoy, que basta un "clic" en las redes sociales para enterarnos de lo que pasa en el último rincón del mundo, pero el pasaje dice claramente que fue el mismo día de la resurrección. Es decir, los discípulos no habían creído que Jesús estaba vivo.

Así lo narra san Lucas (24, 13-35) diciendo que los dos hombres - Cleofás y Simón - iban discutiendo los acontecimientos mientras recorrían los once kilómetros que separaban a Emaús de Jerusalén. En eso estaban cuando Jesús se les une y ellos no lo reconocen. Él les pregunta qué es lo que discuten y ellos le cuentan que se habían enterado por las mujeres que el Señor no estaba en el sepulcro y que estaba vivo, pero ellos no lo creyeron.

Con razón ardía su corazón

Por eso, Jesús les reprocha su dureza de corazón. Entonces, "les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él". Y cuando llegaron a su destino, le piden que se quede con ellos porque es tarde. Entonces, al partir el pan es cuando se les abrieron los ojos y por fin lo reconocieron.

Sin embargo, el Señor se desaparece y ellos exclaman:

"¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

¿Qué hace falta para que tu corazón arda de amor por Jesús? Tenemos la Iglesia instituida por el Señor, los sacramentos, especialmente la Eucaristía, en donde lo encontramos a Él en cuerpo, alma, sangre y divinidad. Tenemos la biblia, la Tradición y el Magisterio. Tenemos a nuestros sacerdotes y obispos; y tenemos a la comunidad.

Y con todo esto, aún tenemos vacío. Porque lo que te hace falta es encontrarte realmente con Jesús y creer que ha resucitado. Te hace falta imprimir pasión en tu relación con Él, ayudar a tus hermanos en desgracia, hacer de tu vida una misión para que tu corazón arda.

Anímate a desprenderte de tu comodidad

¿No te ha pasado que cuando haces alguna obra de caridad - más allá de dar unas cuantas monedas - y que le haces el bien a alguna persona, te sientes muy contento y satisfecho? Esas obras hechas por amor a Jesús son las que hacen que tu corazón arda.

Ese es el secreto de los santos: desgastar su vida en el servicio a los demás, por amor a Jesús.

No te contentes con cumplir, anímate a desprenderte de ti y de tus comodidades para que otros también se beneficien. El Señor se hará presente en ellos y entonces dirás como los de Emaús. "con razón mi corazón ardía cuando me entregué a realizar esta obra en su nombre".

Que el Señor nos inspire para que cada día sea una oportunidad de encontrarnos con Él a través de los hermanos.

Mónica Muñoz, Aleteia

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5 síntomas de que un cristiano padece dureza de corazón

Dureza de corazón, confesión, eucaristía, indiferencia

Circula en las redes una frase dulzona: basta ser buena persona. Pero para Dios eso no es suficiente, y el cristiano que tiene dureza en el corazón está perdido

El cristiano de hoy vive con demasiado ruido en su cabeza. Las preocupaciones de la vida le alejan de lo verdaderamente importante y no quiere detenerse a escuchar lo que dicta su conciencia: "Le perteneces a Dios y un día volverás a Él". Pero no quiere interrumpir su activismo y comienza a presentar una dureza de corazón que terminará perdiéndolo.

Y, como cualquier enfermedad, estos son los síntomas que deben mantenerle alerta.

1Estar ocupado para Dios

Todo cristiano sabe que debe orar. Sin embargo, busca pretextos para no dedicarle ni siquiera cinco minutos de su día. Siempre está muy ocupado y más lo está para Dios. Aún en los momentos de calma, se rehúsa a hablar con el Señor.

Pasa como con las personas que ya no le son atractivas o simpáticas. Ignora su presencia y las elude con cualquier excusa. A Dios lo trata de la misma manera.

2Confesarse solo por cumplir

Se confiesa, sí, pero el demonio de la dureza de corazón le indica a este hermano que debe hacerlo aprisa, solo para recibir la absolución. No siente arrepentimiento sincero, solo frialdad. hay que decirlo: esa confesión no es válida. Estuvo malhecha y no hay propósito de enmienda ni verdadero deseo de conversión.

5No participar en la Eucaristía

Y lo mismo podríamos decir de su presencia en la Eucaristía: va por no cometer pecado, pero no canta, no ora, no se une a la comunidad. Piensa en otras cosas, menos en el Sacrificio incruento del Señor Jesús que se está realizando en el altar.

Una santa Misa vivida con tanta indiferencia poco fruto puede dar en el alma del cristiano.

3Ignorar al hermano necesitado

Encuentra en las calles a muchos pedigüeños y piensa: "ese está muy joven, ¡que trabaje!", y pasa junto al hermano necesitado sin prodigarle ni siquiera una sonrisa. Es verdad que a veces no trae ni una moneda, pero por lo menos debería tratarlo como persona.

Ojalá recordara que es Cristo mismo quien se presenta en los más desafortunados y que de ellos nos pedirá cuentas el Señor. Ah, pero no solo en la calle, tal vez en casa tenga a alguien que lo necesite...

4Creerse buena persona

Murió su conciencia, le da igual pecar, mató su corazón. Cree que porque no le hace mal a nadie es una buena persona. El demonio de la soberbia le impide abrirse a la gracia de Dios y se niega a escuchar a quien le alerta que no va por buen camino.

Se siente autosuficiente y piensa que ya se ganó el cielo, porque "Dios es muy bueno y no condena a nadie", por eso no se esfuerza en contrarrestar sus pecados y convertirse de verdad.

¿Identificas alguno de estos síntomas en tu vida?

Mientras tengas vida hay oportunidad

Es necesario que tomemos conciencia de lo que estamos haciendo con nuestra vida interior y pidamos perdón a Dios, fomentando en nosotros lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica:

"El corazón del hombre es torpe y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones: 'Conviértenos, Señor, y nos convertiremos' (Lm 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo" (CEC 1432).

Recordemos que mientras vivamos tendremos oportunidad de convertirnos y que con la muerte solo quedará el juicio y nuestro destino final. Que sea el Señor el que nos ayude a volver a Él para no perdernos.

Mónica Muñoz, Aleteia

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