
Irlanda tiene motivos oficiales para presumir, ya que ha
sido coronada como el país más amigable de Europa. Aquí te presentamos 7
hábitos que tal vez nos convenga copiar
El Condé Nast Traveller ha nombrado a Irlanda el país más
acogedor de Europa en sus Premios Readers' Choice 2026, con una puntuación
bastante impresionante de 98,39 sobre 100. Y tampoco se trata de un destello
puntual del encanto irlandés: después de quedar en segundo lugar los dos años
anteriores, Irlanda finalmente se ha hecho con el primer lugar.
Así que, en honor al último título de Irlanda, aquí hay
siete formas en las que todos podríamos inyectar un poco más de amabilidad
irlandesa en nuestra vida cotidiana.
1Habla con desconocidos

Zamrznuti
tonovi | Shutterstock
Entra solo a un pub irlandés y es muy probable que no te
quedes solo por mucho tiempo. Condé Nast Traveller incluso menciona la
facilidad con la que los visitantes pueden encontrarse charlando con
desconocidos, y es un hábito que vale la pena imitar.
Nos hemos vuelto extraordinariamente buenos para evitarnos
unos a otros en público, con la enorme ayuda de los teléfonos, los audífonos y
la repentina fascinación que todos desarrollamos por el piso cuando entramos a
un elevador. Sin embargo, algunos de los encuentros más agradables de la vida
comienzan con algo tan sencillo como un comentario, una pregunta o una sonrisa.
2Haz preguntas… y escucha las respuestas
Lo mejor de una buena charla es que, en realidad, no tienes
que ser particularmente interesante. Solo tienes que interesarte por la otra
persona.
Pregúntale de dónde es, cómo está su mamá, si le fue bien en
el nuevo trabajo o cómo diablos logró hacer ese pastel. Y cuando te responda,
resiste la tentación de pasar todo el tiempo preparando la fascinante historia
sobre ti mismo que vas a contar a continuación.
3Haz espacio para uno más
La hospitalidad irlandesa no tiene por qué implicar una mesa
bellamente puesta, servilletas a juego ni tres días de limpieza frenética antes
de que alguien pueda cruzar la puerta principal. A veces, basta con acercar
otra silla y poner la tetera al fuego.
Hay una inmensa generosidad en hacer espacio para las
personas, ya sea en la mesa, en una salida o en una conversación. Lo importante
no es lo que sirvas ni si la casa se ve presentable, sino asegurarte de que la
persona que acaba de llegar no se sienta como si estuviera molestando.
5
formas de amabilidad sencillas de difundir todos los días
4No te tomes demasiado en serio
Los irlandeses tienen mucho sentido del humor, pero quizás
lo más importante es que suelen ser bastante buenos para dirigírselo a sí
mismos. Ser capaz de reírte de tus propios desastres, peculiaridades y actos
ocasionales de completa estupidez hace que la vida sea más fácil para todos los
que te rodean. Además, les ahorra a los demás la agotadora tarea de fingir que
no se han dado cuenta.
5Cuenta la historia
La tradición narrativa irlandesa le ha dado al mundo a
algunos escritores formidables, pero no hace falta ser uno de ellos para contar
una buena historia. Una buena historia ni siquiera necesita un comienzo
particularmente prometedor.
6Fíjate en la persona que está al margen

Ahora bien, tal vez este sea el punto más importante. Es
fácil ser amable cuando estamos rodeados de gente que ya conocemos y queremos.
Se necesita un poco más de esfuerzo para fijarse en la persona que está sola en
una fiesta, en el nuevo colega que se queda al margen de una conversación, en
el vecino de edad avanzada al que no has visto desde hace unos días o en el
padre o la madre que está en la entrada de la escuela y que parece no tener
nunca a nadie con quien hablar.
7En caso de duda, pon la tetera al fuego
Por fin llegamos a una de las grandes soluciones a los
problemas humanos: el té. ¿Un mal día? Té. ¿Un visitante inesperado? Té. ¿Una
crisis familiar? Definitivamente, té. ¿Alguien acaba de conducir seis horas y
dice que no quiere nada? Ignora esa tontería obvia y pon la tetera al fuego.
Y tal vez eso sea lo más bonito que se puede tomar prestado
del país recién coronado como el más amigable de Europa. Ser amigable no
requiere grandes gestos ni una personalidad excepcionalmente extrovertida.
Cerith Gardiner, Aleteia
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