jueves, 17 de septiembre de 2026

REDMADRE cumple 18 años y bate récord: ayudaron a 60.111 mujeres en 2025 a no tener que abortar

Casi ocho de cada diez eran migrantes, la mayoría en paro, y cuatro de cada diez afrontaron la noticia sin el apoyo del padre del hijo que esperaban.

Algunas de las madres ayudadas por REDMADRE

Algunas de las madres ayudadas por REDMADRE


    En 2025, año en que Fundación REDMADRE alcanzó su mayoría de edad, 60.111 mujeres acudieron a la organización buscando ayuda para sacar adelante un embarazo que las había pillado sin red. 

    De ellas, el 85,40% que llegó pensando en abortar acabó decidiendo ser madre en cuanto encontró a alguien dispuesto a sostenerla.

    La cifra no es un dato suelto: es la continuación de una historia que empezó en 2007, cuando un grupo de asociaciones provida decidió coordinarse para que ninguna mujer sintiera el aborto como su única salida. 

    Dieciocho años después, REDMADRE se ha convertido en una red de 37 asociaciones y más de 50 sedes repartidas por España, y ya suma 502.889 mujeres acompañadas desde su nacimiento. Medio millón de historias, cada una con nombre propio, detrás de una estadística que crece cada año.

    Amaya Azcona, directora general de la Fundación, no se conforma con celebrar el aniversario. Lo aprovecha para lanzar un aviso: «La evolución de REDMADRE en estos 18 años, en los que hemos acompañado a 502.889 madres, muestra que los apoyos públicos a la mujer embarazada, y en especial a la que se encuentra en situación de vulnerabilidad, son insuficientes». 

    Y remata con la petición de siempre, la que repite memoria tras memoria sin que nadie parezca tomar nota: que las Administraciones hagan «un análisis profundo de la maternidad» y pongan encima de la mesa «medidas de apoyo realistas, concretas y eficaces».

    Quién llama a REDMADRE en 2025

    El retrato de la mujer que este año ha pedido ayuda dibuja bien el tipo de vulnerabilidad del que habla Azcona. Casi ocho de cada diez (80%) son extranjeras, y la mayoría tiene entre 30 y 39 años (47%) o entre 18 y 29 (44%)

    El 70% está desempleada. Y aunque el 62% cuenta con apoyo de su familia y el 59% con el de su pareja, ahí queda el dato que más duele: cuatro de cada diez mujeres con un embarazo imprevisto afrontan la noticia sin que el padre del hijo que esperan se haga cargo de nada.

    Dentro de esa fragilidad hay una capa más oscura. 437 mujeres reconocieron sufrir maltrato al llegar a REDMADRE —el 63% psicológico, el 21% físico— y un 16% tuvo que ser derivado a recursos especializados en violencia de género. No son mujeres que dudan entre dos opciones cómodas: son mujeres que llegan, muchas veces, huyendo de algo.

    Pañales, empleo y una escucha que no cobra

    Lo que piden estas mujeres tampoco es un misterio, y Religión en Libertad lo ha contado memoria tras memoria: orientación e información, en el 100% de los casos; acompañamiento emocional, para el 56%; ayuda para superar el trauma post aborto, para el 38%; y apoyo para encontrar trabajo, para casi uno de cada cuatro (24%). 

    En lo material, lo más solicitado sigue siendo lo más básico: pañales (51,83%) y alimentación (28,33%). Nada de grandes planes de vida; simplemente, que alguien las ayude a llegar al mes que viene.

    Ese acompañamiento llega sobre todo a pie de barrio: 44.507 mujeres contactaron directamente con la Asociación REDMADRE de su ciudad, mientras que otras 15.604 marcaron primero el teléfono de la Fundación —6.859 llamadas, 6.745 mensajes de WhatsApp y 2.000 correos— antes de ser derivadas a su sede más cercana. 

    Detrás de cada uno de esos contactos hay una de las 1.093 voluntarias que sostienen la red en toda España, sin sueldo ni cámaras, financiadas a base de donaciones privadas y de los convenios que la Fundación va sumando con instituciones para no dejar de crecer.

    Dieciocho años dan para hacerse mayor de edad. REDMADRE los cumple con medio millón de mujeres a sus espaldas y una cifra que no baja: en 2025, ocho de cada diez que llamaron pensando en el aborto colgaron el teléfono pensando en un nombre para su hijo.

    ReL

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    ¿Y si no nos hemos hecho solos?

    Las cosas recibidas se mezclan con nosotros hasta que resulta difícil distinguir qué parte de lo que somos empezó en otra persona.

    Hay cosas que nos enseñaron antes de que supiéramos que las estábamos aprendiendo

    Hay cosas que nos enseñaron antes de que supiéramos que las estábamos aprendiendo


      Hay una frase que decimos con mucha naturalidad cuando alguien nos ofrece ayuda: "No hace falta, ya me arreglo". No solemos pensar demasiado en ella, pero contiene una idea bastante poderosa: que arreglárnoslas solos es una forma de dignidad y que necesitar a otra persona nos coloca, aunque sea durante un momento, en una posición menos libre. Por eso hay quien prefiere pagar de más, devolver un favor inmediatamente o rechazar una ayuda que realmente necesita antes que quedarse con la sensación de deber algo.

      El problema es que, si miramos nuestra vida con un poco de atención, descubrimos que casi nada de lo importante lo hemos conseguido solos. La manera en que hablamos la aprendimos de otras personas. Lo que sabemos hacer nos lo enseñaron. Nuestra forma de entender el bien y el mal está hecha también de conversaciones, ejemplos, correcciones y oportunidades que llegaron antes de que pudiéramos decidir qué hacer con ellas. Incluso aquello que consideramos más nuestro —nuestro criterio, nuestro carácter, nuestra fe— tiene una historia anterior a nosotros.

      Pensemos en una abuela que enseña a su nieta a rezar. Para la niña es una oración que repite sin comprender demasiado. La abuela tampoco sabe qué será de aquellas palabras. No sabe si su nieta seguirá creyendo, si algún día dejará de rezar, si las repetirá cuando sea mayor. Y, sin embargo, puede ocurrir que muchos años después esa mujer se encuentre sola en una iglesia y vuelva a decir exactamente las mismas palabras que aprendió de aquella abuela. Para entonces, quizá la abuela ya no esté.

      Hay algo desconcertante en esas herencias que recibimos sin firmar nada.

      Una profesora dedica horas a una alumna y nunca sabrá qué hizo aquella alumna con lo aprendido. Un amigo permanece al lado de otro durante una enfermedad y quizá, años después, el segundo utilice aquella misma paciencia con alguien cuyo nombre el primero jamás llegará a conocer. Una madre entrega durante décadas cosas tan pequeñas que apenas parecen entregas: tiempo, atención, noches, dinero, renuncias. Casi nunca hay una escena en la que todo eso se reconozca. La vida sigue y las cosas recibidas se mezclan con nosotros hasta que resulta difícil distinguir qué parte de lo que somos empezó en otra persona.

      Tal vez por eso nos cuesta tanto hablar de deuda. Una deuda económica tiene una cifra y una fecha. Una deuda de amor no tiene ninguna de las dos. No podemos devolverle a una madre su infancia, ni a un profesor las tardes que pasó enseñándonos, ni a una amiga aquella noche concreta en la que decidió quedarse. Si intentáramos compensarlo todo, acabaríamos descubriendo que llevamos una vida entera intentando pagar algo que nunca podrá convertirse en una cuenta.

      Y quizá sea precisamente ahí donde el cristianismo tenga algo que decirnos. La gracia no es un premio. Es anterior al mérito. Antes de que hagamos nada, hemos recibido la vida; antes de poder responder a Dios, hemos sido amadas por Él. La Eucaristía, que significa acción de gracias, contiene de algún modo esa mirada: reconocer que no todo empezó con nuestro esfuerzo y que hay cosas esenciales que no podemos atribuirnos.

      Esto también explica por qué la autosuficiencia, llevada hasta el final, tiene algo de triste. Una persona puede llegar a no necesitar nada de nadie y, sin embargo, descubrir que ha construido su independencia sobre innumerables cosas que recibió de otras personas. Somos mucho menos originarias de lo que nos gusta pensar.

      Y quizá lo verdaderamente difícil no sea aceptar que debemos algo, sino aceptar que nunca podremos saber exactamente cuánto. Hay personas a las que creemos deberles una cosa concreta y, con los años, descubrimos que nos dejaron mucho más: una forma de mirar, una confianza, una palabra que apareció en el momento preciso. Otras ni siquiera sabrán que forman parte de nuestra historia. Algunas habrán muerto. Otras habrán olvidado.

      La vida tiene esa injusticia extraña: quienes más han contribuido a hacer posible lo que somos no siempre están presentes cuando llegamos a serlo.

      Y quizá por eso me parece que la gratitud tiene menos que ver con estar continuamente dando las gracias que con aceptar una verdad que a nuestro orgullo le cuesta bastante: no somos del todo nuestros. Hay en nosotros voces que aprendimos, gestos que copiamos, convicciones que alguien despertó, heridas que alguien ayudó a cerrar y una fe que, si la tenemos, llegó también a través de personas concretas. No podemos separar limpiamente lo que hicimos de lo que recibimos.

      Tal vez crecer consista, en parte, en dejar de intentar hacerlo.

      Matilde Latorre de Silva, ReL

      Vea también    Testimonios de Fe y Conversión



      ¿Lo mejor para la salud de los hijos? Que sus padres les eduquen en el Dios de amor: hay 5 formas

      Transmitir la fe es un misterio y es adentrarse en el Misterio... pero Dios sale al encuentro de los que le buscan

      Transmitir la fe es un misterio y es adentrarse en el Misterio... pero Dios sale al encuentro de los que le buscan

      "Si le transmites el don de la fe a tu hija, le habrás hecho el mejor de los regalos, la mejor salvaguarda para su salud y su felicidad futuras". No lo dice un religioso, sino una doctora en medicina, la veterana pediatra norteamericana Meg Meeker, autora de Educar hijas fuertes en una sociedad líquida (Palabra).

      El libro, dirigido a padres de todo tipo, trata de muchos temas educativos y sanitarios (autoridad, afecto, alimentación, amistades, esfuerzo, estudios...) y dedica un capítulo completo a hablar de la fe. Aunque ella se centra en hablar de las chicas, mucho de lo que dice se aplica también a los jóvenes varones.

      "Podría detallarte las excelencias de un estudio tras otro que acreditan las bondades de la religión para la salud de tu hija: le ayudará a vivir más y mejor, reduce el riesgo de tabaquismo o implicación en actividades peligrosas y tiene tantas cualidades beneficiosas que podría considerarse como el mejor de los fármacos", escribe la doctora.

      "Además de cuidar de la salud de tu hija, la hará más feliz, le proporcionará un sentido de felicidad en la vida y hará que su sentido de valor personal mejore enormemente. Nada de esto es desdeñable, de hecho, son cuestiones vitales para el futuro de tu hija".

      "Los agnósticos y ateos rechazan la fe porque la consideran irreal, un cuento de hadas, pero por lo que he podido comprobar, la fe proporcionará tu hija un sentido sustancial de la realidad: la comprensión de que forma parte de algo mayor que ella misma, que no todo gira a su alrededor", añade.

      Lo que llena de verdad a la persona y el corazón

      Buscar llenar la vida con "satisfacción personal" no funciona, porque siempre queda un vacío. La doctora Meeker, después de tratar a muchos niños ricos o exitosos pero vacíos por dentro, cita a San Agustín: "Señor, nos creaste para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti". "Tu hija no descansará, estará siempre insatisfecha hasta que encuentre la fe, y el camino a la fe es la búsqueda de la verdad", escribe la doctora.

      Ella está convencida de que los adolescentes de hoy siguen teniendo gran inquietud por conocer las verdades profundas. Asegura que lo ve hablando con ellos. Señala que cuando en una universidad cualquiera acude un ponente cristiano divulgativo, enseguida se llena el auditorio.

      "El ambiente de los campus universitarios es inquietante y preocupante: un ambiente de promiscuidad, pornografía y adicción a la bebida y a los juegos de ordenador. La vida parece vacía porque lo es. Mucho empeño para conseguir un buen trabajo y pagar los préstamos, pero desean tener respuestas a las preguntas más importantes, más allá del expediente académico o una nómina engrosada. ¿Existe una finalidad más allá de uno mismo?

      Seguir la corriente no ayudará a tus hijos

      Muchos padres ven el problema... pero se resisten a dar el paso a una vida orientada en serio según la fe, porque sería contracultural, iría contra la corriente. Pero seguir la corriente no ayudará a los hijos.

      "Los padres no podrán ayudar a sus hijos en la medida en que acepten la cultura popular y vean la vida desde esa perspectiva. Desde ella no podrán explicar a sus hijas por qué está mal acostarse con cualquiera, por qué les hace daño ver porno y por qué es absurdo sentir ansiedad ante la vida", apunta la pediatra.

      Todo eso mejora enseñando a los jóvenes a mirar "con la perspectiva de Dios" que es una perspectiva de "amor perfecto", de un amor de compromiso, que vence los miedos y acompaña siempre.

      "He visto a niñas privilegiadas hundirse en las profundidades de la depresión y a niñas que vienen de situaciones difíciles que han sabido salir al paso. Honestamente, os puedo decir que las niñas que tienen fe en Dios son las que disfrutan de una mejor relación con sus padres, tienen más confianza en sí mismas y más esperanza en el futuro", insiste Meeker.

      5 formas de transmitir la fe a los hijos

      Una vez convencidos los padres de la importancia de educar a sus hijos en la fe, Meeker les propone 5 formas de transmitirla:

      1) "Haz un balance de tu propia fe"

      "Te resultará mucho más fácil dar a conocer a Dios si le conoces tú mismo", explica. A quien haya estado alejado de la fe, o quien no crea pero está dispuesto a explorar la fe cristiana, le dice que "quienes buscan sinceramente a Dios lo encuentran". A quien ya tiene fe, le pregunta: "¿vives tu fe con coherencia, de forma que tu hija pueda verla? La forma en la que tu hija vea a Dios dependerá en gran medida de cómo tú lo veas".

      2) "Modela tu fe"

      Hay que ser sincero y no mentir. "Si eres escéptico, díselo, las hijas saben leer a sus padres de una forma increíble, a los 3 minutos de entrar en tu habitación saben de qué humor estás".

      Al mismo tiempo, si ven a sus padres esforzarse por mejorar, los hijos aprenderán. Y mejorar es posible. "Si conocemos nuestros puntos débiles, podremos cambiarlos y mejorar como personas. Si reconoces que eres irritable y te enfadas a la mínima, pídele ayuda a Dios para ser más paciente y amable. He conocido a padres que así lo han hecho y han cambiado".

      3) "Ayúdales a buscar a Dios"

      Para esto, recomienda libros y leer juntos la Biblia. Los niños pequeños deberían leer Biblias infantiles y los padres pueden prepararse para responder sus preguntas. Niños más mayores, adolescentes y jóvenes pueden aprender mucho con las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis.

      La doctora Meeker recomienda leer juntos el Evangelio, especialmente el de Juan. Libros cristianos como El caso de Cristo, de Lee Strobel, o Una vida con propósito, de Rick Warren, pueden ayudar mucho.

      4) Rezar con los hijos

      "A la mayoría de las niñas, sobre todo de pequeñas, les encanta rezar con sus padres", constata. "La oración une las familias; aunque el día haya ido mal, ese momento de contacto humano y unidad en la oración puede mejorar mucho las cosas".

      Se puede hacer al bendecir la mesa, antes de dormir, en distintos momentos... "Enséñales que Dios siempre escucha su oración, por torpe que sea. Él es bueno y atento, le ama, todo lo suyo le importa y quiere ayudar".

      Al crecer los chavales, quizá no quieren ya rezar con sus padres. Pero un padre puede decir "rezo por ti, ¿hay algún tema que quieres que rece en especial?" Eso hace que los hijos sepan que sus padres les quieren; muchos pueden más adelante sumarse a esas oraciones conjuntas, aunque sea en ocasiones.

      Acostumbrarse a rezar ayudará a chicos y chicas. "las chicas problemáticas, en particular, necesitan saber que siempre pueden acudir a Dios. Él siempre estará ahí. Siempre las amará. Siempre podrán hablar con Él en la oración. No se puede rezar y ocultar cosas a Dios: es una ocasión para abrirse. Como Él ya sabe lo que nos pasa, se sentirá libre de rezar y hablar con Él de todo aquello que nunca comentaría con sus amigas o contigo. Las niñas necesitan verbalizar cómo se sienten, y la incapacidad de hacerlo puede ser un síntoma de depresión; la oración les da la oportunidad de expresar sus sentimientos. La oración une con Dios. Él puede tocar los corazones e infundirles esperanza".

      5) "Enséñale la naturaleza de Dios"

      "El Nuevo Testamento es iluminador: a lo largo de sus páginas descubrimos que Dios se hizo carne y nos enseñó directamente quién es Él. Él es la Paz, el Amor, la Piedad, el Perdón. Él es el Médico. Él es la Alegría. Y Él es Sacrificio de Inmolación. Le seguimos cuando vivimos nuestras vidas con amor, fe, compasión y servicio. Y también le seguimos cuando educamos, cuando nos educamos a nosotros mismos y a nuestras familias en Dios, y somos apóstoles. Dios está al alcance de todos, no sólo de los eruditos o estudiosos". Empezar a leer los Evangelios es el primer paso.

      Un sociólogo constata 5 cosas ineficaces y 3 que sí funcionan para transmitir la fe a los hijos





      martes, 15 de septiembre de 2026

      «Ni Aitana ni la Fórmula 1: Hakuna»... un huracán de oración, música y esperanza arrasa Alcobendas

      Hakuna Group Music llenó con La Previa el Recinto Ferial de Alcobendas (Madrid).

      "Reviento de amor...", se escuchaba a pleno pulmón. Familias de ocho hijos levantaban pancartas.


        El huracán Hakuna arrasó una vez más, y ya van unas cuantas. Esta vez, el escenario fue la localidad de Alcobendas, en el área metropolitana de Madrid. 

        El grupo católico del momento emocionó a su público con un concierto que mezcló oración, fe y mucha fiesta. Una demostración de cómo llegar al corazón de las familias cuando se deja que Otro sea el que lleve la batuta

        El prime escenario de la noche

        Ni la Fórmula 1 –que se celebra este fin de semana en Madrid– ni el concierto de Aitana ni el partido del Real Madrid, de este sábado, pudieron alcanzar ni de lejos la pasión que desprende este grupo nacido en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. 

        Un cura joven tocando el saxofón, chicas rezando, una cuenta atrás que tensó el aire... y un estallido de "Muertos tan vivos" que hizo que casi sonaran las alarmas de los coches de un concesionario que había cercano. 

        La capilla con la frase

        La capilla con la frase "Solo Tú" en el centro.MLZ

        La capilla del Santísimo—una carpa blanca, con palés de madera en el suelo y un sagrario intimista— fue el primer escenario de la noche. Allí, el artista se encontraría con una soledad necesaria para enfrentarse luego a toda la marea de gente. Lucecitas, silencio, y un cura joven rodeado de un puñado de chicas que rezaba como si se preparara para la batalla.

        Afuera, los músicos formaban un corro y rezaban juntos, como si la música necesitara siempre un acto previo de humildad. Don Josepe Manglano, el autor de todo esto, paseaba entre ellos, con esa sonrisa tranquilizadora, atento y paternal. Se hacía fotos con algunos... y hasta bendecía madres recién embarazadas.

        La cuenta atrás apareció en las pantallas y el público explotó. "Ni muertos tan vivos", gritaban todos, y el confeti cayó como una lluvia temprana que inauguró la fiesta. Caras con la "H" grabada de Hakuna brillaban bajo los focos, una mujer lloraba sin esconderse, y un padre levantaba a su hijo enfermo en brazos pidiendo "una que nos sepamos, venga". 

        Los integrantes de Hakuna rezan en corro antes de comenzar.

        Los integrantes de Hakuna rezan en corro antes de comenzar.MLZ

        Una pancarta: "¿A qué estás esperando?", descansaba junto al cartel "Déjame arder". Y una chica salió a dar las buenas noches, recordando a la joven Martita, amiga de Hakuna y fallecida de cáncer hace ya un tiempo. 

        Luego estalló Sencillamente, y la camiseta del que cantaba así lo corroboraba: "Déjate de historias", decía. Confeti otra vez, como si el cielo insistiera en tener que celebrarlo todo.

        "¿Os acordáis de la chica embarazada del concierto anterior?”, preguntó alguna desde el escenario. Y, entonces, apareció Marquitos, con cascos, presentado como un milagro de la vida.

        Los más jóvenes se sabían todas las canciones.

        Los más jóvenes se sabían todas las canciones.MLZ

        Era La Previa de la doble gira, y también un homenaje a la gente de la cárcel. Sonó el "ha resucitado", que rugió más que cualquier motor. Una pareja cantó, entonces, "por eso Dios le concedió el nombre sobre todo nombre", y un chico con cara de niño entonó Si por un segundo fueras, y en la pantalla apareció otro joven con un corazón pintado en la frente.  

        "Reviento de amor...", se escuchaba a pleno pulmón. Familias de ocho hijos levantaban pancartas. Y sacaron un sofá al escenario. "Dos mil años después cantando y rezando a un humilde carpintero: ¿quién nos lo iba a decir?", dijeron. Cuando los dos niños en el sofá cantaban y se ganaban al público.

        Sonó Arde, y Dime Padre, y volvió el fuego. Un cartel decía "Ahora soy libre". Algunos parecía que iban en pijama, en realidad, iban a la moda del momento. "Todos los pecados arden en el fuego de tu amor", gritó el coro. Mientras el público más joven coreaba: "Esta es la juventud del Papa".  

        Curas, monjas, familias... nadie faltó a su cita con Hakuna.

        Curas, monjas, familias... nadie faltó a su cita con Hakuna.MLZ

        Y sonó El único Rey, un auténtico himno ya para muchos. Desde Hakuna anunciaron que esta noche les acompañaba la Hospitalidad de Lourdes y los niños del Hogar de la Madre. "Estamos grabando un nuevo disco", dijeron también. 

        Y uno de los rostros más familiares del grupo contó la historia del submarino y la grieta: "si dejas una grieta en el fondo del mar, todo se llena de agua, así es el poder de Dios. Esto no va de hacer, sino de dejarse ser". Cantaron "el Cuerpo de Cristo", que bien podría ser un superventas. Y Huracán. Y luego Forofos, todos bailando. Tostadas hizo saltar a todos. 

        "Qué jodxxxx suerte tienen los que tienen fe", murmuró alguien entre el público. Mientras una madre levantó al niño enfermo entre sus brazos como si ofreciera su propia plegaria. Un dinosaurio y un cangrejo inflables cruzaron el escenario. Y se escuchó un "Campeones del mundo".

        Madre de Hakuna cerró la noche. Poco después, Alcobendas había quedado en silencio, como se termina una fiesta que no era fiesta, sino algo más profundo: una comunidad cantando a un carpintero mientras la ciudad, al lado, seguía su vida sin saber que allí dentro había ardido algo de eso que no se apaga.

        Juan Cadarso, ReL

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        domingo, 13 de septiembre de 2026

        El secreto de esta pareja con cuando llega una crisis

        Esta pareja enfrentó agotamiento, soledad y expectativas totalmente diferentes respecto a la vida matrimonial. Una experiencia decisiva les demostró que el amor duradero no es una aventura romántica, sino una decisión que tomamos cada día


        La infancia de Anna estaba llena de los aromas del bosque, los prados y la recolección de hongos en otoño. Creció en el campo junto a su hermano, once años menor que ella. Recuerda con alegría la calidez de su familia multigeneracional y la extraordinaria bondad de su abuela, quien le dedicaba gran parte de su tiempo.

        Fue precisamente su abuela quien le inculcó la pasión por el baile, ya que le contaba y le mostraba cómo se divertían antaño al son de la armónica y el violín. Anna deseaba tanto que su futuro esposo compartiera su pasión, que, con ese propósito, hizo la peregrinación a pie a Jasna Gora nada menos que tres veces.

        "O ella o ninguna"

        archiwum własne

        Estaba en su segundo año de la carrera de filología polaca cuando conoció a Jarek, un estudiante de cuarto año de la facultad de ingeniería, en la residencia de estudiantes. Él había ido a visitar a una amiga para mostrarle unas diapositivas de sus expediciones a las montañas.

        "Me cautivó su curiosidad, su valentía y el hermoso polaco que hablaba. Hice todo lo que pude para que se fijara en mí", recuerda Anna con una sonrisa.

        "O ella o ninguna", pensó Jarek, cautivado por la autenticidad, la inocencia y la sinceridad que resplandecían en su rostro. De inmediato, con cierta resignación, llegó a la conclusión de que, si no la conquistaba, probablemente tendría que ingresar a un convento. Se ofreció a acompañarla a casa. Apenas dos semanas después, Anna ya estaba convencida de que él era su futuro esposo.

        Ambos provenían de familias creyentes. Hablaban mucho sobre la fe, pero para Anna también era muy importante el baile, sin el cual no se imaginaba la vida. Cuando le preguntó a Jareka cómo se le daba el baile, su respuesta superó todas sus expectativas.

        "Probablemente bastante bien, ya que acabo de ganar un concurso de bailes de salón", admitió con una sonrisa. Desde entonces, el baile ha sido para ellos una fuente constante de alegría, confianza y conexión mutua.

        Dos mundos totalmente diferentes y la cruda realidad del día a día

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        Se casaron en 1993. Poco después se mudaron a la casa sin terminar de la madrina de Jarek, una casa que no tenía baño, cocina ni fosa séptica. Además, la joven pareja cuidaba a la tía enferma y a su esposo, que no podía moverse.

        "Empecé a dar clases de polaco y la preparación de mis primeros materiales didácticos me llevó muchísimo tiempo", recuerda Anna. "Jarek también se enfrentaba a numerosos retos en su nuevo trabajo en la industria armamentística".

        En esas difíciles circunstancias, nació su hija Ola. "Estábamos felices, pero al mismo tiempo completamente agotados", recuerda Anna.

        Su hija era un bebé muy exigente: rechazaba el chupón y casi no dormía por las noches. Anna, que se quedó en casa durante el primer año, estaba completamente agotada. Esperaba que su esposo asumiera parte de las responsabilidades. Pero incluso a Jarek le faltaban fuerzas, ya que tenía que compaginar un trabajo exigente con la remodelación de la casa.

        En ese momento se pusieron de manifiesto sus puntos de vista totalmente diferentes sobre la vida. Anna creció en un ambiente de amor, diálogo y comprensión, sin prohibiciones estrictas, por lo que esperaba compasión de su esposo. Jarek, quien fue educado bajo una disciplina estricta, se enfocaba principalmente en cumplir con ciertas tareas y obligaciones, y consideraba innecesario un enfoque empático.

        "Nos costaba entendernos. Cansados y decepcionados, discutíamos. Nos sentíamos cada vez más solos", cuentan.

        A pesar de eso, no les faltaba lo más importante.

        "Fuimos auténticos, sinceros y sabíamos que queríamos quedarnos juntos —tal como nos lo habíamos prometido— hasta el final de nuestras vidas. Eso fue precisamente lo que nos salvó".

        Herramientas de la Iglesia en Casa

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        En una ocasión, un sacerdote le recomendó a Anni la comunidad de la Iglesia en Casa. Jarek se opuso rotundamente a ello. Consideraba que primero debía poner en orden su propia vida y convertirse en un esposo y padre ejemplar. Finalmente, un desconocido que se le acercó en la iglesia lo convenció de visitar la comunidad. Pronto se fueron a unos retiros espirituales.

        "Fue una experiencia decisiva. Al escuchar a otras parejas, nos dimos cuenta de que la mayoría enfrentaba dificultades similares. Comprendimos que estábamos demasiado atrapados cada uno en nuestras propias expectativas", cuentan.

        La Iglesia Doméstica les ofreció herramientas para trabajar en su relación. Aprendieron a expresar ternura y a aliviar tensiones mediante pequeños gestos.

        El amor es una elección

        Los cónyuges Synak llevan más de veinte años ayudando juntos a otras parejas casadas. Organizan regularmente retiros espirituales especiales para matrimonios, que también incluyen un curso de baile.

        "Para nuestra gran alegría, llegan a participar hasta ciento veinte personas", dicen.

        Enseñan a parejas jóvenes y mayores que en la pista de baile no se puede bailar sin diálogo y humildad: uno debe ceder con delicadeza, mientras que el otro debe guiar con confianza. Los participantes también profundizan en cuestiones psicológicas y financieras, conocen la visión cristiana del ser humano y aprenden a escribirse cartas entre sí. De esta manera, se van creando un acervo de experiencias positivas que pueden ayudarles en los momentos más difíciles.

        Los cónyuges Synak enfatizan constantemente que el ser humano es un ser físico y espiritual, por lo que el contacto y la colaboración corporal desempeñan un papel clave en el establecimiento de la cercanía. Jarek también se desempeña como acólito.

        Dorota Niedźwiecka, Aleteia

        Vea también    Los cónyuges hacen de su matrimonio
        algo nuevo

        sábado, 12 de septiembre de 2026

        Cómo combatir tentaciones y obstáculos al hacer oración

        Dios, adorar, adoración, Jesús, Nazaret

        La oración es fundamental para alcanzar la unión con Dios, por eso hay que combatir al demonio que estará listo para distraernos y mantenernos lejos del Señor

        Cuando consultamos el Catecismo de la Iglesia católica encontramos un gran apartado que nos habla ampliamente de la oración, donde nos expone que se trata de un combate espiritual. ¿Y a quien hay que combatir? a nosotros mismos y al demonio que desea separarnos de Dios:

        "La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con Él nos enseñan que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión con su Dios" (CEC 2725).

        León XIV insta a no confundir la oración con una técnica psicológica

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        Lea el artículo

        Orar y vencer obstáculos

        El Catecismo agrega:

        "Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar habitualmente en su Nombre. El 'combate espiritual' de la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la oración" (CEC 2725).

        Ahora bien, encontraremos obstáculos como el "no tener tiempo" y creer que orar depende de nosotros, sin contar con que viene del Espíritu Santo. O bien, podemos desalentarnos por no entregarnos completamente o creer que Dios no nos escucha. Por eso, para vencer los obstáculos, entendamos que "Es necesario luchar con humildad, confianza y perseverancia" (CEC 2728).

        También habrá dificultades

        Otro punto que añade el Catecismo es que enfrentaremos dificultades, como la distracción. Por eso, hay que estar atentos para no caer en las redes de las distracciones:

        "...basta con volver a nuestro corazón: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser purificado" (CEC 2729).

        Pero para quienes sinceramente quieren orar, está la "sequedad". Dice el Catecismo que "es el momento en que la fe es más pura, la fe que se mantiene firme junto a Jesús en su agonía y en el sepulcro" (CEC 2731). 

        La oración que hacía santa Teresita en tiempos de sequedad espiritual

        La oración que hacía santa Teresita en tiempos de sequedad espiritual

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        Y luego, vienen las tentaciones

        Estas tentaciones son la falta de fe y la acedia.

        En el primer caso "cuando se empieza a orar, se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran más urgentes".

        Nos dejamos llevar por nuestras preocupaciones y dejamos de lado lo verdaderamente importante. Así, "la falta de fe revela que no se ha alcanzado todavía la disposición propia de un corazón humilde: «Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15, 5)" (CEC 2732).

        En el segundo caso, está la tentación de la acedia, que abre la puerta a la presunción. El Catecismo aclara :

        "Los Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón" (CEC 2733).

        El remedio eficaz

        ¿Y cuál es el remedio para estas tentaciones? Leemos:

        "Quien es humilde no se extraña de su miseria; ésta le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia" (CEC 2733).

        Roguemos al Señor la humildad que nos hace falta, la confianza filial en su providencia y la constancia para perseverar en la oración y acogernos a su infinito amor.

        Mónica Muñoz, Aleteia

        Vea también    Oración: Maneras, Modos, Métodos y Estilos de comunicarse con Dios