viernes, 10 de abril de 2026

Buscan multiplicar por 60 la eutanasia en España; para eso, hablarán mal de la esperanza

 

El caso de Noelia Castillo pone sobre la mesa una práctica legalizada y en aumento.

El suicida entra en visión de túnel... y los partidarios de la eutanasia lo favorecen cuando dicen que no busque más terapias

El suicida entra en visión de túnel... y los partidarios de la eutanasia lo favorecen cuando dicen que no busque más terapiasCHRISTOPHER LEMERCIER, EN UNSPLASH



    El mismo día que eutanasiaban a Noelia Castillo, Holanda anunciaba sus cifras anuales de eutanasia: superaban las 10.000, un 6% de las muertes del país. Leí que en Quebec también son un 6%.

    En España hay unos 436.000 fallecimientos al año (datos de 2024 y 2023; hace diez años que tenemos más muertes que nacimientos en la envejecida España). En 2024 se practicaron 427 eutanasias en España.

    Cuando lleguemos al 6% de eutanasiados, como en Holanda o Quebec, mataremos 26.000 personas al año (el equivalente a una ciudad pequeña como Pinto, Cambrils o Almendralejo).

    Los eutanasiastas (entusiastas de la eutanasia) miran continuamente a Holanda, su meca feliz. Para alcanzar a Holanda los españoles hemos de multiplicar por 60 la eutanasia.

    Es lo que los eutanasiastas buscan y desean: multiplicar para normalizar. Y usarán todo tipo de técnicas para ello, algunas mediáticas; otras, sectoriales, en el mundo sanitario; otras políticas.

    En realidad, se trata de un cambio de civilización: pasar de una civilización hipocrática, de médicos que curan, donde la vida del hombre es sagrada, a una de médicos que matan, de individuos solos y asustados a los que el Estado no protege, sino que ayuda a eliminar.

    Cuidado, porque el mismo Estado que te mata diciendo que tu vida no vale mucho, que lo que vale es tu voluntad suicida, mañana puede declarar que ahora tu voluntad tampoco vale mucho, que vales más muerto, por tus órganos, o tu carne para hacer abono, o galletitas como en la película Soylent Green. Cuando el ser humano deja de ser sagrado, pasa a ser, simplemente, kilos de carne, recursos. (Para implantar barbaridades así, lo consultarán con una IA que, obviamente, les dará la razón).

    ¡Atención los sanitarios! Para multiplicar por 60 las eutanasias necesitarán muchos más eutanasiadores. Los buscarán entre médicos y enfermeras.

    ¿Cuántos pacientes puede eliminar un eutanasiador al año?

    Sospecho que hay dos tipos de eutanasiadores. Los psicópatas o narcisistas fríos, sin empatía, pueden matar tantos pacientes como haga falta, pero pocos de estos entran en el sector médico, y con el tiempo se meten en líos. Si se crean eutanasiaderos (lugares especializados en eutanasia, donde todos en el local están en el ajo), los psicópatas narcisistas pueden ser jefes allí y aguantar muchos años en ese nicho sin que les controlen casi nada, hasta que algún pariente dolido y ofendido le denuncie por malas maneras, negligencias o abusos de algún tipo. Pero, insisto, de estos hay pocos y aún no hay eutanasiaderos en España (sí en otros países).

    El eutanasiador más frecuente es un médico que cree que "ayuda". Probablemente no es muy bueno en lo suyo, o se ha metido en un campo que no domina. Probablemente sabe muy poco de cuidados paliativos igual que sabe muy poco de enfermedades tropicales. La ley española intenta que el eutanasiador sea el médico de familia, es decir, el médico más generalista.

    Algunos están ideologizados con discursos de "libertad", "autonomía", "calidad", etc... Otros son activamente anti-religiosos, adoran las cosas técnicas... aunque para matar no necesitas tanta técnica como para curar y cuidar.

    Pero por ideologizados que sean, parece que no pueden hacer más de 3 eutanasias al año, porque el efecto mental se acumula.

    En el libro Eutanasia, lo que el decorado esconde el enfermero especializado en paliativos François Trufin, de Bélgica, cuenta el caso de un eutanasiador que dijo en un comité de eutanasia: "Esta vez acepto volver a practicar la eutanasia por este paciente; pero después se habrá acabado por este año. He practicado otras dos ¡y ya está bien!".

    Algo en su interior les duele, por ideologizados que estén. Cuando la Cámara de los Lores en 2005 estudió la eutanasia, el doctor Mensingh van Charente declaró: "No es un tratamiento médico, nunca te acostumbras a ella". El doctor De Graas declaró: "Para el médico individual nunca se hace menos estresante". Simplemente, aprendían trucos para soportarlo, al menos por un tiempo más.

    Un truco para reclutar eutanasiadores es buscarlos entre médicos que están a punto de jubilarse. Que hagan 3 o 4 al año durante sus últimos dos o tres años y luego lo dejan, heridos y dolidos.

    Los promotores de la eutanasia van a promover la visión de túnel de los suicidas, repetirán que no deben buscar más terapias o alternativas

    Los promotores de la eutanasia van a promover la visión de túnel de los suicidas, repetirán que no deben buscar más terapias o alternativasRICHARD STACHMANN, EN UNSPLASH

    Un estudio publicado en 2020 (“An indelible mark”, Kelly, Handley, Kissane, Vamos, Attia) repasa otros 9 estudios publicados sobre el asunto. Entre el 30 y el 50% de los médicos declaraban una gran carga emocional e incomodidad por participar. Entre el 15 y 20% de eutanasiadores admiten un impacto personal negativo que perdura con el tiempo.

    Los médicos normales, los que aman la vida, evitarán las eutanasias. Sus ejecuciones tenderán a concentrarse en ciertos sanitarios. Al que ya hizo una, por compasión, o por ideología, le pedirán que haga más. Y más.

    Pero tras un puñado, si no es un psicópata, se hartará. Por ideología, dirá que alguien ha de hacerlo, "pero yo ya no". Así que intentará que lo hagan otros colegas. Y enfermeras. Igual que un drogadicto busca generar otros drogadictos para financiarse su droga, y tener compañeros de desgracia, así los eutanasiadores intentarán que haya más y más eutanasiadores.

    Esto es distinto al aborto. Un solo abortista hace varios abortos al día, muchos a la semana. El aborto se concentra en una casta especial de aborteros, siempre los mismos, insensibilizados, fríos, ensoberbecidos, que acumulan cada uno cientos o miles de pequeñas víctimas.

    Pero con la eutanasia es distinto. Solo unas pocas personas, tirando a psicópatas, pueden aguantar hacer más de un puñado de eutanasias al año.

    Para lograr esas 26.000 eutanasias anuales en España, ese 6% que ya tienen en Holanda, sabiendo que un eutanasiador tipo se negará a hacer más de 3 al año, necesitarán unos 8.700 eutanasiadores. ¡Son muchísimos!

    Van a necesitar corromper a masas enteras de sanitarios, van a tener que anunciarles una y otra vez el perverso 'evangelio' oscuro de la eutanasia, buscando adeptos. Van a tener que incitarles a que rompan el tabú del "no matarás", siempre con música bonita de fondo, bombones para la abuelita, parientes sonrientes. Una vez lo hayan roto, les volverán a llamar una y otra vez: "tú ya lo hiciste, ¿no?" Hay especialidades donde habrá más eutanasiadores, otras que lo evitarán como la peste.

    Les va a costar encontrar esos 8.700 pero lo van a intentar, lo van a predicar, lo van a subvencionar.

    No quieren un nicho, como con las clínicas abortistas. Quieren un cambio total de cultura, de civilización. Necesitan implicar a miles como cómplices.

    Para eso van a acosar a los sanitarios que se nieguen, les van a señalar, les van a buscar problemas, hasta que "prueban de la droga", hasta que rompan el tabú... Una vez roto, les dirán que insistan, que ya no hay vuelta atrás. Pero sabemos, por los arrepentidos, que sí hay vuelta atrás, aunque los muertos no van a volver, excepto en el Juicio Final, cuando todo salga a la luz.

    Más allá de ámbito sanitario y las listas negras de objetores, más allá de promocionar a lugares altos a los suyos, los que ya rompieron el tabú, van a buscar comprensión y reconocimiento.

    Los aborteros son un ejemplo. Suelen mendigar desesperadamente este reconocimiento en los congresos médicos, aunque saben que el resto de ginecólogos les miran con asco y desprecio.

    Para generar esa comprensión, los eutanasiadores necesitarán muchos documentales lacrimógenos, muchas películas de "qué buena es la eutanasia". Y muchas historias de terror: qué terrible es la vida, qué terrible es sufrir...

    Antiguamente, los predicadores predicaban las torturas del infierno con detalles espeluznantes y morbosos. Tenían que añadir detalles porque, por un lado, los oyentes solían ser granjeros, que mataban animales cada día como parte de su forma de vivir. Y también veían ejecuciones de criminales. Ese público tenía cierto nivel de insensibilidad. El infierno tenía que ser peor.

    La gente hoy, en cambio, es muy sensible al dolor visto y escuchado. 

    Los predicadores de la bondad de la eutanasia tienen que insistir en la maldad de la vida.

    Eso implica asumir y predicar la "visión de túnel" de cualquier suicida

    Los santos cristianos tienen visiones del Cielo ("veo los cielos abierto y al hijo del hombre...", dice San Esteban) y las transmiten para dar esperanza.

    El suicida y el depresivo no ven salidas, ni las buscan ya... y el eutanasiador valida y aplaude que deje de buscar, aunque las haya

    El suicida y el depresivo no ven salidas, ni las buscan ya... y el eutanasiador valida y aplaude que deje de buscar, aunque las hayaVERNE HO, EN UNSPLASH

    En cambio, los predicadores de la eutanasia predican la "visión de túnel" del suicida. "La paciente no tenía horizontes, no buscaba nada más, y eso está bien", dice el eutanasista.

    En la vida hay muchas cosas buenas, hermosas, muy variadas, desde el amanecer a las estrellas, o bichos raros como los koalas o las jirafas o los wombats. Hay amigos, música, juegos de mesa o de habilidad, deporte (ahí están las Paraolimpiadas) y poesía. Hay muchos paisajes peculiares por visitar, mil y una noches de cuentos por escuchar. Hay 8.300 millones de personas, seguro que alguna de ellas es interesante para ti. Una sola de ellas puede cambiarlo todo en tu vida. Y está Dios, que es un Padre bueno que nos ama y cambia las perspectivas.

    Pero el suicida no ve nada de eso, es incapaz de imaginarlo y menos de buscarlo, aunque cuando lo encuentra de cerca le suele ayudar, le va cambiando la perspectiva. Su "visión de túnel" le impide acudir a todas estas cosas sanadoras.

    Y los eutanasiadores predican esa visión de túnel. Cuando un eutanasiador dice "el paciente no está obligado a seguir buscando alternativas", está diciendo "no prediquéis la esperanza, adoptad todos la visión de túnel propia de un suicida".

    O, dicho de otra forma, la rota 'sabiduría' de un suicida con su enfermiza visión de túnel vale tanto o más que la esperanza, la vida, la creatividad, el bien... según el eutanasista.

    Para lograr esas 26.000 eutanasias anuales en España, esos 8.700 eutanasiadores activos, van a tener que predicar contra la esperanza una y otra vez, predicar el miedo, insistir en que la vida es terrible, y en que los hombres no tienen capacidad para encontrar mejores soluciones.

    Y todo eso, en una época en que la robótica, la química, la neurología, etc... ofrecen enormes avances. Una ideología que proclame, con visión de túnel, que "la solución es matar" no incentivará esos avances. Tratarán de esconderlos. No los financiarán.

    Cada historia de superación que redifundes, cada reportaje sobre avances en prótesis o medicinas, cada caso de suicida arrepentido... es un ladrillo que construye la cultura de la vida.

    Pero los eutanasiadores van a desdeñar todo eso, ocultar todo eso y contar historias de terror. No les hagas caso: han asumido como su religión perversa la oscura visión de túnel.

    Combátelo ya, antes de que nos prohíban por ley la esperanza.

    • La alternativa ética y correcta ante el dolor y la vulnerabilidad al final de la vida no es la eutanasia, sino los cuidados paliativos, el documental "Morir en paz" los explica bien.

    Pablo J. Ginés, ReL

    Vea también    Eutanasia - la análisis de la realidad


    “La vida es un regalo”: joven con parálisis cerebral conmueve con su testimonio


    La joven Lola González-Pinto no tiene un camino sencillo. Diagnosticada con parálisis cerebral a los pocos meses de nacida, la silla de ruedas la ha acompañado desde entonces. Sin embargo, hoy comparte su testimonio y afirma con convicción: “la vida es un regalo”.

    En su cuenta de Instagram “desdemisillaa”, Lola compartió su testimonio como parte del Día Internacional de la Vida, que se celebra el 25 de marzo. En el video, ella cuenta que todo empezó el 25 de junio.

    “Mi padre se iba a tomar algo con sus amigos porque, al día siguiente, que era su cumpleaños, se iba con mi madre al concierto de Maná, a Madrid. Pero mi madre, que se quedó en casa porque estaba embarazada, empezó a sangrar, y llegó mi padre y, con mi abuela, se fueron los tres al hospital”, indica.

    Al llegar al hospital, y luego de una ecografía, el doctor indicó que su mamá tenía un desprendimiento de placenta y era necesario una cesárea de urgencia. Lola nació con apenas 1 kilo 470 gramos y tuvo que permanecer durante un mes en la incubadora.

    Meses después, llegaría el diagnóstico: parálisis cerebral, una condición que afecta sus piernas y su brazo derecho, y que ha hecho que la silla de ruedas forme parte de su vida desde entonces. Sin embargo, lejos de quedarse en la dificultad, Lola ha decidido mirar su historia con una perspectiva distinta.

    “La vida me ha puesto un reto complicado, pero siempre he dicho que para mí la vida es un regalo y que estoy aquí para disfrutarla y para ser feliz también. Así que sí a la vida siempre”, señala.

    Ver esta publicación en Instagram

    Una publicación compartida de Lola González-Pinto (@desdemisillaa)

    La publicación ha tocado corazones y muchos usuarios han dejado comentarios agradeciendo el testimonio de vida de Lola.

    “Gracias de verdad por tu ejemplo me pones la meta muy alta!!!! Cuánto ayuda verte y escucharte!!! Enhorabuena y abrazo grande”.

    “Fuerte ejemplo si a la vida🙌”.

    “Eres una gran luchadora. Sigue disfrutando y siendo feliz. Con tu relato nos has recordado que los retos pueden hacernos más fuertes. Un abrazo”.

    Luchemos por la vida en todo momento.

    Harumi Suzuki, churchpop

    Vea también     Mi dolor ¿tiene sentido?





    Sacerdote de Haití: “A veces pasa un año sin celebrar la Eucaristía”

    haití HUGUES-PAUL

    En muchas comunidades de Haití los fieles pasan meses, incluso casi un año, sin poder participar en la Eucaristía. Esa realidad marcó la vocación del sacerdote Hugues Paul, que sintió la llamada de Dios a servir a su pueblo en medio de la pobreza, la inseguridad y las heridas que todavía quedan abiertas tras el terremoto de 2010

    Los católicos en Haití viven una situación que sorprende en otros lugares del mundo: son comunidades de fieles que -en ocasiones- pasan meses sin poder celebrar y vivir la Eucaristía. Hugues Paul, de la diócesis de Jacmel, conoce esta realidad desde su infancia. "En estas comunidades eclesiales, a veces puede pasar casi un año sin la celebración de la Santa Misa", explica.

    Fue precisamente esa carencia la que despertó en él la vocación. Creció en una pequeña comunidad que en Haití se conoce como capilla, una iglesia dependiente de una parroquia donde, ante la falta de sacerdotes, los fieles mantienen viva la fe con celebraciones de la Palabra dirigidas por laicos.

    Dios le llamó para ayudar como sacerdote en su viña

    "Normalmente hay un agente pastoral, a quien llamamos director de la capilla, encargado de presidir celebraciones de la Palabra en ausencia de los sacerdotes". En medio de esa realidad Hugues Paul sintió la llamada de Dios:

    "Fue en este contexto donde sentí la llamada de Dios a echar una mano en su viña, para ayudar a su pueblo a encontrarlo y a vivir la fe de una manera más profunda donde la Eucaristía fuese el centro".

    Hugues Paul fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 2021 y ahora tiene 39 años. En su hogar recibió una sólida educación católica, aunque su formación académica se desarrolló en centros cristianos de otras confesiones.

    Su adolescencia estuvo marcada por una participación intensa en la vida de la Iglesia local. "Viví una adolescencia muy alegre y activa, participando en grupos y en el coro de la capilla, hasta que finalmente ingresé en el seminario".

    Aquella comunidad sencilla, donde la fe se sostenía con pocos recursos, pero con gran convicción, fue el lugar donde maduró su vocación.

    haití HUGUES-PAUL

    Preocupados por la isla

    Hoy continúa su formación sacerdotal en España. Llegó el 30 de junio de 2024 gracias al apoyo de la Fundación CARF y de otras instituciones, y actualmente está terminando una licenciatura en Teología Bíblica.

    Desde la distancia observa con preocupación la situación de su país. Haití atraviesa una crisis profunda marcada por la violencia y la inseguridad. "La vida se ha vuelto muy difícil, sobre todo a causa de la inseguridad que afecta a casi todo el territorio, especialmente a la capital", explica.

    Sin embargo, incluso en medio de ese contexto, la fe sigue siendo una fuerza viva. "A pesar de ello, el pueblo sigue creyendo: muchas personas asumen riesgos para encontrar un lugar donde vivir su fe y participar en las celebraciones".

    La diócesis de Jacmel, situada en el sureste del país, vive una situación relativamente más estable que otras regiones, pero las consecuencias del gran terremoto de 2010 siguen siendo visibles. "Seguimos esperando la finalización de los trabajos de reconstrucción de la catedral y de muchas parroquias destruidas".

    La falta de recursos y ayudas suficientes ha retrasado durante años esas obras que para muchas comunidades son esenciales.

    Los católicos en Haití, más del 60 % de la población

    Los católicos en Haití representan entre el 60 y el 66 % de la población. En la diócesis de Jacmel hay unos 80 sacerdotes para 36 parroquias, y en todo el país –sumando las diez diócesis y los religiosos– se calcula que hay entre 800 y 900 sacerdotes. La Iglesia universal ha sido un apoyo fundamental en estos años difíciles. "Hemos recibido un gran apoyo de la Iglesia universal, especialmente a través de Ayuda a la Iglesia Necesitada".

    España: la belleza de las iglesias y su secularización

    Su experiencia en España también le ha hecho reflexionar sobre las diferencias entre ambas realidades eclesiales. Lo que más le ha impresionado positivamente es "la belleza de las iglesias". Sin embargo, le preocupa ver templos con pocos jóvenes. "Me llama la atención que la Iglesia parezca estar formada principalmente por personas mayores, con muy poca presencia de jóvenes y niños en las celebraciones".

    A su juicio, la sociedad española vive un proceso profundo de secularización. Aun así, cree que también existen oportunidades para revitalizar la vida de la Iglesia. En particular, piensa que los católicos españoles podrían inspirarse en la manera en que se vive la liturgia en Haití. "Los católicos españoles podrían aprender de los católicos haitianos el entusiasmo por las celebraciones cantadas, que ayudan a hacerlas más vivas y participativas".

    Cercano y coherente con la fe

    Mirando al futuro, Hugues Paul tiene claro qué tipo de sacerdotes necesita la Iglesia en el siglo XXI: "ser cercano, empático y coherente con su fe; buen comunicador, abierto al diálogo, sensible a los problemas sociales, con una vida espiritual sólida y capaz de acompañar sin juzgar".

    Esa misma actitud considera imprescindible para acercarse a quienes hoy viven lejos de la fe. "Para evangelizar a los jóvenes y a quienes están alejados de Dios, considero fundamental escucharlos con respeto, dar testimonio con la propia vida, utilizar un lenguaje actual y los medios digitales; crear espacios de acogida y mostrar que la fe responde a las preguntas reales del mundo de hoy".

    La historia de Hugues Paul recuerda una realidad que a menudo pasa desapercibida: en muchas partes del mundo los cristianos pasan muchos meses sin Eucaristía y esperan la llegada de un sacerdote para poder celebrar la Santa Misa.

    Precisamente de esa espera, nacen también nuevas vocaciones dispuestas a servir. Todos los socios, amigos y benefactores de la Fundación CARF se encargan de rezar por ellas, de promover su buen nombre en todo el mundo y de encontrar recursos económicos para que puedan recibir una formación integral.

    Álvaro Garrido, Aleteia

    Vea también    Vocación Cristiana, Vocación
    a la Santidad