sábado, 7 de noviembre de 2026

El arte irlandés de ser amable (y cómo copiarlo)


Irish people

Irlanda tiene motivos oficiales para presumir, ya que ha sido coronada como el país más amigable de Europa. Aquí te presentamos 7 hábitos que tal vez nos convenga copiar


El Condé Nast Traveller ha nombrado a Irlanda el país más acogedor de Europa en sus Premios Readers' Choice 2026, con una puntuación bastante impresionante de 98,39 sobre 100. Y tampoco se trata de un destello puntual del encanto irlandés: después de quedar en segundo lugar los dos años anteriores, Irlanda finalmente se ha hecho con el primer lugar.

Así que, en honor al último título de Irlanda, aquí hay siete formas en las que todos podríamos inyectar un poco más de amabilidad irlandesa en nuestra vida cotidiana.

1Habla con desconocidos

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Zamrznuti tonovi | Shutterstock

Entra solo a un pub irlandés y es muy probable que no te quedes solo por mucho tiempo. Condé Nast Traveller incluso menciona la facilidad con la que los visitantes pueden encontrarse charlando con desconocidos, y es un hábito que vale la pena imitar.

Nos hemos vuelto extraordinariamente buenos para evitarnos unos a otros en público, con la enorme ayuda de los teléfonos, los audífonos y la repentina fascinación que todos desarrollamos por el piso cuando entramos a un elevador. Sin embargo, algunos de los encuentros más agradables de la vida comienzan con algo tan sencillo como un comentario, una pregunta o una sonrisa.

2Haz preguntas… y escucha las respuestas

Lo mejor de una buena charla es que, en realidad, no tienes que ser particularmente interesante. Solo tienes que interesarte por la otra persona.

Pregúntale de dónde es, cómo está su mamá, si le fue bien en el nuevo trabajo o cómo diablos logró hacer ese pastel. Y cuando te responda, resiste la tentación de pasar todo el tiempo preparando la fascinante historia sobre ti mismo que vas a contar a continuación.

3Haz espacio para uno más

La hospitalidad irlandesa no tiene por qué implicar una mesa bellamente puesta, servilletas a juego ni tres días de limpieza frenética antes de que alguien pueda cruzar la puerta principal. A veces, basta con acercar otra silla y poner la tetera al fuego.

Hay una inmensa generosidad en hacer espacio para las personas, ya sea en la mesa, en una salida o en una conversación. Lo importante no es lo que sirvas ni si la casa se ve presentable, sino asegurarte de que la persona que acaba de llegar no se sienta como si estuviera molestando.

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4No te tomes demasiado en serio

Los irlandeses tienen mucho sentido del humor, pero quizás lo más importante es que suelen ser bastante buenos para dirigírselo a sí mismos. Ser capaz de reírte de tus propios desastres, peculiaridades y actos ocasionales de completa estupidez hace que la vida sea más fácil para todos los que te rodean. Además, les ahorra a los demás la agotadora tarea de fingir que no se han dado cuenta.

5Cuenta la historia

La tradición narrativa irlandesa le ha dado al mundo a algunos escritores formidables, pero no hace falta ser uno de ellos para contar una buena historia. Una buena historia ni siquiera necesita un comienzo particularmente prometedor.

6Fíjate en la persona que está al margen

reuniones con amigos

DGLimages | Shutterstock

Ahora bien, tal vez este sea el punto más importante. Es fácil ser amable cuando estamos rodeados de gente que ya conocemos y queremos. Se necesita un poco más de esfuerzo para fijarse en la persona que está sola en una fiesta, en el nuevo colega que se queda al margen de una conversación, en el vecino de edad avanzada al que no has visto desde hace unos días o en el padre o la madre que está en la entrada de la escuela y que parece no tener nunca a nadie con quien hablar.

7En caso de duda, pon la tetera al fuego

Por fin llegamos a una de las grandes soluciones a los problemas humanos: el té. ¿Un mal día? Té. ¿Un visitante inesperado? Té. ¿Una crisis familiar? Definitivamente, té. ¿Alguien acaba de conducir seis horas y dice que no quiere nada? Ignora esa tontería obvia y pon la tetera al fuego.

Y tal vez eso sea lo más bonito que se puede tomar prestado del país recién coronado como el más amigable de Europa. Ser amigable no requiere grandes gestos ni una personalidad excepcionalmente extrovertida.

Cerith Gardiner, Aleteia

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Así transforma este sacerdote madrileño una parroquia japonesa: adoración, catequesis y paella

José Ramón Rubio Moldenhauer es un sacerdote de la diócesis de Madrid y misionero en Japón desde 2023.

Durante dos años estudió japonés de manera intensiva antes de asumir la parroquia de Sakaide, en la isla de Shikoku.

Durante dos años estudió japonés de manera intensiva antes de asumir la parroquia de Sakaide, en la isla de Shikoku.


    En un país donde apenas el 0,3 % de la población es católica, un sacerdote español está descubriendo una forma de evangelizar marcada por la paciencia, los pequeños gestos y el encuentro personal. 

    Se trata de José Ramón Rubio Moldenhauer, sacerdote de la diócesis de Madrid y misionero en Japón desde 2023, que ha relatado algunas de las sorprendentes particularidades de la vida de fe en el país asiático de cara a la próxima celebración del Domund. Alfa y Omega cuenta su historia.

    El sagrario iluminado

    Su experiencia revela una Iglesia muy distinta a la española. Tanto, que una de las primeras situaciones que le llamó la atención al llegar a una de sus parroquias fue encontrar el sagrario en una capilla lateral cerrada, sin iluminación y prácticamente invisible para los fieles.

    Lejos de tratarse de una decisión motivada por falta de fe, José Ramón explica que responde a una mentalidad profundamente pragmática muy arraigada en la sociedad japonesa. Si no hay personas utilizando un espacio, se considera lógico reducir gastos y apagar las luces.

    Sin embargo, el sacerdote decidió aprovechar la ocasión para profundizar en el significado de la Eucaristía. Explicó al consejo pastoral que el corazón de una iglesia es precisamente la presencia real de Cristo en el sagrario y defendió la importancia de que ocupe un lugar visible y accesible para la oración personal.

    Este episodio refleja uno de los principales desafíos de la evangelización en Japón: no basta con aprender el idioma, sino que es necesario comprender una cultura radicalmente diferente para anunciar el Evangelio de forma eficaz.

    José Ramón lo sabe bien. Durante dos años estudió japonés de manera intensiva antes de asumir la parroquia de Sakaide, en la isla de Shikoku. Y aun así, reconoce que el idioma sigue siendo un reto formidable.

    La próxima reunión sacerdotal tendrá un ingrediente inesperado: una paella preparada por él mismo.

    La próxima reunión sacerdotal tendrá un ingrediente inesperado: una paella preparada por él mismo.ALFA Y OMEGA

    "El japonés es el idioma más difícil sobre la faz de la tierra", comenta con humor. De hecho, descubrió que para evangelizar no bastaba con dominar el vocabulario, sino que necesitaba comprender la historia, las costumbres y la forma de pensar de los japoneses.

    Su nueva parroquia se encuentra además en una región que refleja algunos de los grandes problemas demográficos del país. Japón vive un acusado envejecimiento de la población y muchas comunidades cristianas no escapan a esta realidad.

    Precisamente una de las notas más llamativas de la Iglesia japonesa actual es la procedencia de sus jóvenes fieles. Según explica el sacerdote, prácticamente todos los jóvenes que participan en las celebraciones son inmigrantes. Entre ellos destacan especialmente los vietnamitas, que constituyen la inmensa mayoría y tienen una edad media cercana a los 23 años.

    Ante esta situación, José Ramón ha comenzado a impulsar nuevas iniciativas pastorales. Entre ellas destacan la introducción de la adoración al Santísimo, el aumento de las celebraciones litúrgicas y la creación de espacios de formación para adultos que se acercan al cristianismo.

    Son propuestas sencillas, pero que buscan responder a una realidad particular: una sociedad donde el cristianismo sigue siendo muy minoritario y donde muchas personas apenas tienen contacto con la fe católica.

    Otro aspecto que ha sorprendido al sacerdote es el fuerte individualismo presente en la sociedad japonesa, algo que también afecta a la vida del clero. Mientras que en España las reuniones de sacerdotes forman parte habitual de la vida pastoral, en Japón esta dimensión fraterna está menos desarrollada.

    Por eso ha decidido promover encuentros entre curas de la zona. Y lo hará de una forma muy española.

    La próxima reunión sacerdotal tendrá un ingrediente inesperado: una paella preparada por él mismo. Gran aficionado a la cocina, considera que compartir una comida puede ayudar a fortalecer vínculos personales y generar espacios de confianza entre los sacerdotes.

    A pesar de las dificultades, José Ramón asegura que la misión le está regalando grandes alegrías. Destaca especialmente la cercanía de los fieles japoneses y el cariño con el que cuidan a sus sacerdotes.

    También reconoce que Japón le ha ayudado a redescubrir otro ritmo de vida. Acostumbrado a una intensa actividad pastoral en Madrid, asegura que su llegada al país asiático le ha permitido dejar atrás cierto "activismo insano" para centrarse más en las relaciones personales y en el acompañamiento espiritual.

    Curiosamente, hasta algunos detalles cotidianos parecen haber facilitado su integración. El sacerdote bromea con que quizá el Señor le envió a Japón porque le apasiona el sushi y confiesa que podría comer pescado crudo todos los días.

    Pero detrás de la anécdota gastronómica emerge una realidad mucho más profunda: la de una Iglesia diminuta en número, pero llena de desafíos y oportunidades. 

    ReL

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    Los 10 mandamientos de la pareja cristiana para fortalecer el amor y mantener vivo el matrimonio

    El filósofo Vivien Hoch propone diez claves para vivir el matrimonio cristiano: poner el amor por encima de todo, compartir las alegrías y crecer en la fe.

    La sociedad aprecia el matrimonio y sabe que es fundamental para su estabilidad colectiva, pero... no se hacen los sacrificios necesarios para sostenerlo firme.

    La sociedad aprecia el matrimonio y sabe que es fundamental para su estabilidad colectiva, pero... no se hacen los sacrificios necesarios para sostenerlo firme.



    El principio básico es el siguiente: "Para mayor gloria de Dios, Cristo, Verbo del Padre, escogió desde siempre por el Espíritu Santo a los hombres para conducirlos por el mundo y, mediante su gracia, para que fundasen una familia unida por el Amor
    en la perfección sobrenatural, a imagen de la Santísima Trinidad, y en la perfección natural, a imagen de la Sagrada Familia".

    ¿Cuál es el camino para alcanzar ese fin?

    I. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente (Mt 22, 37).

    Ésta es la razón última por la que está el hombre sobre la faz de la tierra. Por tanto, Dios, su Amor y la Redención que nos concedió graciosamente mediante la muerte de su Hijo único debe ser el objeto, principio y fin de todas nuestras actividades, puesto que de ello dependen nuestra felicidad o nuestra desdicha, nuestra vida o nuestra muerte.

    II. Por encima de todo está el amor (Col 3, 1415).

    Poner el Amor por encima de todo consiste en adaptar el primer mandamiento a nuestra vida de pareja. La vida de pareja es una larga y difícil muerte de uno mismo, dándose todo al otro. Cuanto más se sacrifica uno por el otro, más muere a sí mismo y más vive Dios en él. En la vida de pareja hay que poner el Amor por encima de todas las cosas, y sobre todo por encima de uno mismo.

    III.Ese Amor no puede desaparecer, porque viene de Dios (cfr. I Jn 4, 7).

    Mediante su Hijo Unigénito, Dios nos ha salvado de nosotros mismos para abrirnos al Amor, que es Él mismo. Justo porque ha elegido para nosotros el destino del Amor, este destino es eterno, y por tanto indestructible. Si el Amor parece faltar, o perderse, o cambiar, somos nosotros quienes lo percibimos así, pero no es Él en realidad. Él es incorruptible, mientras que nosotros somos corruptibles y cambiantes. Cualquier cosa que emprendamos, hay que hacerlo con la convicción inquebrantable de que el Amor existirá siempre en la pareja. Por tanto no se debe formular ni como hipótesis que todo pueda terminar algún día.Todo pensamiento de ese tipo viene del demonio, quien intenta siempre dividir y confundir los corazones.

    IV. En y por ese Amor, formaremos una sola carne (Gn 2, 24).

    Como el Amor es el principio de la cohesión de la pareja, dos partes que fuera del Amor son distintas, en Él forman un único principio, un único ser, con todo lo que eso implica: esencialmente, una única voluntad, y por consiguiente la supresión de toda voluntad propia. Lo que uno quiere por su propia cuenta, sin el aval del otro o sin dárselo a conocer, no vale nada.

    V. El principio de vid de nuestro matrimonio será el de la vida trinitaria de Dios.

    Hay que vivir uno del otro, y el otro del uno, siendo cada uno la imagen más brillante posible de lo que hay de más brillante en el otro: una procesión única, ininterrumpida y eterna de Amor. Uno solo ser en tres personas: el marido, la mujer y su vida divina.

    VI. Seremos como dioses el uno para el otro (cfr. Jn 10, 34).

    No consiste en idolatrar al otro, sino en respetarlo en cuanto hemos elegido llegar a Cristo a través suyo. Considerar al otro como un dios es considerarse a sí mismo como inferior, más débil, esclavo. En cada incomprensión, considerarse causa de la incomprensión, considerar que los errores vienen de uno mismo y ver al otro como puro e inmaculado. En ese sentido, cada aparición del otro será un momento sagrado, y por eso e la familia la relación entre ambos seres será también sagrada.

    VII. Ninguna palabra, pensamiento o acción quedará oculta (cfr. Mt 6, 6).

    Vivir en una única voluntad significa ya no vivir nunca solo. Es imposible ocultarse algo a sí mismo. Tampoco en la pareja. Desde el momento en el que pensamos no abrir nuestro corazón al otro sobre algo, viene el demonio y es un anuncio de grandes males. Los sentimientos y las pasiones sugieren constantemente miles de cosas que uno teme confiar a la otra parte. Pero no hay que confundir el Amor con la vida sentimental y pasional, y el mejor modo de no perderse en estas últimas es sacrificarlas por completo, con sufrimiento pero sin vergüenza, ofreciéndolas por Amor al otro. A Dios no se le puede ocultar nada, y si hacemos del otro nuestro camino para llegar a Dios, sería contradictorio ocultarle algo.

    VIII. La desgracia de uno lo será de los dos, la alegría de uno lo será de los dos (Suma Teológica I-II, 28, 2).

    Dos seres, cada uno con su personalidad, pero viviendo en una sola carne y una sola voluntad, viven el doble de cosas y con intensidad doble. Vivir el doble de alegrías es vivir el doble de Dios, compartir un hecho o una pasión lo hace más intenso. Muertos a sí mismos, los dos seres de una pareja viven la misma viva divina bajo la misma modalidad, no pueden por tanto vivir una misma cosa de forma diferente.

    IX. El alejamiento sólo puede ser temporal y material (cfr. Ps 138).

    Una misma carne, una misma vida divina y una misma voluntad en dos seres no puede separarse, aunque ambos seres puedan estar alejados temporal y materialmente. Viven una misma vida divina, pero esa vida divina es frágil y el demonio de este mundo es fuerte. No conviene alejarse demasiado tiempo ni demasiado a menudo, y es bueno que, estando separados, sólo piensen el uno en el otro.

    X. Sólo Dios juzga nuestros esfuerzos comunes y unidos hacia Él (cfr. Ps 138).

    San Pablo nos dice que los sufrimientos del tiempo presente no son nada comparados con la gloria prometida. Pero a veces, durante ese largo y difícil camino, Dios, en su infinita bondad, se permite visitarnos, y una sola de esas visitas convierte toda desdicha en un capricho infantil. Así que en el camino que quienes se aman han escogido, tanto para su misión familiar como para su apostolado en el mundo, tendrán que ser santos, pero no a los ojos del mundo, sino a los ojos de Dios.

    C.L./ Rel



    «Dios siempre ha estado a nuestro lado»: separados o divorciados, han decidido mantenerse fieles


    La comunidad “Nuestra Señora del Pacto” reúne a personas separadas o divorciadas que viven solas y que han decidido permanecer fieles al sacramento del matrimonio. Testimonios de Emmanuel y Véronique.


    Se casaron hace dos, diez o treinta años. Hoy, ya divorciados o separados de su cónyuge, estos hombres y mujeres han decidido vivir solos, fieles al sacramento del matrimonio. Existe un movimiento eclesial dedicado a ellos: la Comunión Nuestra Señora de la Alianza, que cuenta con cerca de 300 miembros en Francia y Bélgica.

    Mantenerse fiel al sacramento a pesar de la separación y apoyarse en Cristo: esa es la intuición fundacional de este movimiento, que surgió en 1983 y ofrece regularmente sesiones o peregrinaciones. Emmanuel, de Essonne (91), es su comoderador desde hace cuatro años. Recién jubilado del sector de la construcción, se unió a la Comunión en 2008 tras un doloroso divorcio.

    Como creyente no practicante, se casó en 1986 con una católica ferviente. A pesar de la llegada de sus dos primeros hijos, la pareja, que "no estaba bien", participó en un retiro de Cana-familias (Chemin Neuf). Allí, Emmanuel vivió una profunda conversión espiritual. Unos años más tarde, otros dos hijos completaron la familia; sin embargo, ante las dificultades persistentes, su esposa solicitó el divorcio en 2008.

    Llamado por Dios a permanecer fiel

    Communion Notre-Dame de l’Alliance

    Un impacto para Emmanuel, quien, iluminado por su encuentro con Dios, se siente llamado "a permanecer fiel al sacramento del matrimonio, a sus mandamientos y a su palabra". "Estaba pasando por una prueba, pero sabía que esa llamada era para mí más fundamental en mi vida que ir en busca de la felicidad en otra parte, como si fuera un producto de consumo", da testimonio.

    A pesar del sufrimiento que sintió toda la familia, y que aún hoy persiste, confiesa: "Ahora el dolor se vive con más paz porque el Señor siempre está a nuestro lado. Ante las tentaciones, me vuelvo hacia Él, pues Él me brinda la verdadera felicidad interior".

    Se enteró de la existencia de la Comunión Nuestra Señora de la Alianza en 2008, casi al mismo tiempo que se anunció la separación. "La semana en que recibí la solicitud de divorcio de mi esposa, alguien, sin saber nada de mi situación, se me acercó al salir de la misa para hablarme de la Comunión. Sentí que el Señor me hablaba a través de ella".

    La conversión de Verónica

    Verónica, una de las coordinadoras, también comparte esta fe profunda. Aunque no es practicante, se "convirtió durante su divorcio". La partida de su esposo "por otra persona" fue como un trueno, ya que "no se lo esperaba para nada". Hoy, al repasar los acontecimientos, sabe que Dios siempre ha estado a su lado.

    Un año antes de la fatídica noticia, la niñera de sus hijos le había confiado: "Dios me sanó de mi cáncer en Lisieux, me gustaría llevarte allí". Verónica la había acompañado, sin saber nada de ese lugar. Allí, había conocido a un religioso y a una persona divorciada muy creyente.

    "Cuando me enteré de que mi esposo se había ido, estas dos personas me llamaban todos los días para animarme, para animarme a mantener la confianza", recuerda la madre de familia de la región parisina. ¿Cómo no ver la mano de Dios? La casa, el trabajo… Mientras debe empezar de cero con sus tres hijos, su corazón se abre poco a poco a la gracia y de pronto se ve invadida por una curiosidad insaciable.

    "¡Quería saberlo todo sobre Jesús y sobre la religión! Iba a reuniones parroquiales, a conferencias…". Cada domingo por la mañana, ante la sorpresa de sus hijos, Véronique sale de casa para ir a misa. Les explica que, ante la soledad, "solo Dios puede ayudarla".

    "A pesar de la separación, el sacramento sigue presente"

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    "En el fondo de mi corazón, a pesar de las preguntas de los niños, sabía que no volvería a casarme", confiesa. Durante una velada parroquial dirigida a personas divorciadas, conoce a un sacerdote que se convierte en su acompañante y la orienta hacia la Comunión Nuestra Señora de la Alianza. Allí la recibieron con los brazos abiertos en 2008. Enseñanzas, alegre solidaridad…: Véronique encontró su punto de apoyo.

    "La Comunión es muy fraternal", añade Emmanuel. "Allí compartimos el mismo misterio: esa llamada descabellada e incomprensible a permanecer fieles al sacramento. A mucha gente se le escapa…", reconoce. "En la Comunión, damos testimonio de que la enseñanza de la Iglesia no es un pensamiento filosófico-moral, sino algo mucho más íntimo y más verdadero de lo que se cree.

    Claro que nos apoyamos unos a otros, pero no entre lágrimas. Porque estamos ahí para dar testimonio de la alegría de permanecer fieles. A pesar de la separación, el sacramento siempre está presente. Es nuestro deber anunciárselo a nuestros hermanos y hermanas, porque lo que hemos recibido es gracias a la Iglesia".

    Karen Hutch, Aleteia



    jueves, 5 de noviembre de 2026

    Cómo cuidar a los hijos durante una crisis matrimonial

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    Proteger a los hijos durante una crisis de pareja exige madurez. Descubre cómo darles estabilidad, afecto y un entorno seguro


    Cuando un matrimonio entra en crisis, los hijos también sienten que su mundo tiembla. Aunque nadie les explique lo que ocurre, perciben las miradas de distancia, los silencios y la tensión. Por eso, mientras la pareja busca resolver sus diferencias, es indispensable proteger la tranquilidad de los hijos para que sigan sintiéndose seguros. El amor hacia ellos exige cuidarlos especialmente en los momentos más difíciles. A continuación, algunas recomendaciones clave:

    1Mantener el hogar como un refugio seguro

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    La primera responsabilidad es evitar pleitos, insultos y escenas de descontrol en su presencia. Escuchar una discusión desde la habitación también los asusta. Si necesitan abordar asuntos difíciles, busquen un momento de calma y un espacio privado, preferentemente fuera de casa. El hogar debe conservar su condición de refugio: un lugar seguro y tranquilo.

    2No involucrarlos en los conflictos

    Nunca les pidamos que decidan quién tiene la razón, que juzguen al otro progenitor o que tomen partido. Tampoco debemos convertirlos en mensajeros, espías o confidentes de nuestras heridas matrimoniales. Los hijos tienen derecho a querer a ambos padres sin sentir que traicionan a alguno de los dos.

    3Liberarlos de la culpa y la responsabilidad

    Escuchar cómo se sienten es indispensable, pero jamás debemos pedirles ni insinuarles que pueden ayudar a resolver el conflicto de los adultos; eso les impone una carga injusta.

    Tampoco hay que atribuirles la crisis ni decirles frases como: "Seguimos juntos por ustedes", ya que esto convierte su existencia en una carga muy dolorosa. Muchos niños llegan a imaginar que, si se portaran mejor, sus padres dejarían de pelear. Debemos aclararles con palabras sencillas que ellos no causaron los problemas y que tampoco les corresponde arreglarlos. Las soluciones matrimoniales pertenecen únicamente a los adultos.

    4Cuidar nuestras reaciones y no desquitarnos con ellos

    Hay que vigilar, además, no desquitarnos con los hijos. La frustración acumulada con la pareja puede terminar en gritos, castigos injustificados o frialdad hacia ellos, lo cual los desconcierta profundamente. Dejarles de hablar, retirarles el cariño o enojarnos por cualquier cosa los hace pagar los platos rotos.

    Cuando sientan que pierden el control, es necesario detenerse, recuperar la calma y buscar apoyo personal. La tristeza o el enojo de los adultos merecen atención, pero los hijos necesitan seguir recibiendo afecto constante.

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    5Proteger su identidad y su infancia

    Conviene evitar frases como "eres igual a tu papá" o "te pareces a tu madre", sobre todo si se dicen con ira. El hijo puede sentir que una parte de sí mismo es indeseable. El cariño no debe depender de su parecido con alguien, de una obediencia perfecta ni de su capacidad para darnos consuelo. El niño debe conservar la libertad de jugar y crecer, sin convertirse en el vigilante de sus padres.

    6Manejar la incertidumbre con responsabilidad

    Las amenazas de divorcio o de abandonar el hogar siembran una profunda angustia. No conviene emplearlas para presionar al cónyuge ni para presentar la separación como una respuesta automática ante cualquier dificultad. Si existe una decisión firme de separarse, habrá que comunicarla con serenidad, adaptando el mensaje a la edad de los hijos, explicándoles qué cambiará y cómo serán cuidados, sin prometer lo que aún se desconoce.

    7Hablar con la verdad y validar sus emociones

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    Protegerlos también implica hablar con honestidad. Negar una tensión que resulta evidente solo aumenta su confusión. Es preferible decirles: "Estamos teniendo dificultades y estamos buscando resolverlas. Ustedes no tienen ninguna culpa". Después de esto, es importante dar espacio para sus preguntas, su tristeza o sus miedos. No hace falta corregir cada emoción que expresen; lo importante es escucharlos y acompañarlos.

    8Reparar los errores y buscar ayuda profesional

    Si los hijos ya presenciaron una discusión fuerte, hay que reparar el daño: reconocer lo ocurrido, pedirles perdón por haberlos asustado y demostrar cambios concretos. Una disculpa repetida que no modifica la conducta pierde toda validez.

    Mantener sus horarios, sus momentos de juego y sus rutinas de convivencia les devuelve la estabilidad. Si aparecen alteraciones del sueño, aislamiento o problemas en la escuela, conviene buscar orientación psicológica y acompañamiento. Ante cualquier situación de violencia o maltrato, la prioridad absoluta debe ser siempre proteger a los más vulnerables.

    Los hijos necesitan comprobar que, incluso durante una crisis, su dignidad, su bienestar y su tranquilidad están resguardados.

     Guillermo Dellamary, Aleteia




    Aprende a orar con los siete pasos de santa Teresa de Jesús

     

    Cuando orar parece difícil sirven de mucho los consejos de los santos, por eso el método de santa Teresa de Jesús te ayudará a aprender eficazmente


    ¿Te resulta difícil orar? ¿Te distraes? Santa Teresa de Jesús  (1515-1582) sigue ofreciendo hoy el secreto y el método. 

    El secreto lo recoge en esta frase de su  Libro de la Vida: la oración consiste en tratar "a solas con quien sabemos nos ama" (Capítulo 8, 5).

    El método para orar, que toda persona puede vivir, lo dejó con su vida y consejos, recogidos en sus obras. 

    La Orden de los Carmelitas ha contribuido a hacer accesible este método. Aleteia te ofrece una sencilla guía, inspirada en una síntesis realizada por el Carmelo joven.

    Consejos de santa Teresa de Jesús para tomar decisiones

    Consejos de santa Teresa de Jesús para tomar decisiones

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    1Aclarando confusiones

    Para aclarar qué es la oración, santa Teresa de Jesús escribía:

    "No os pido ahora que penséis en Él [al Señor], ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis" (Camino de Perfección, capítulo 26, 1).

    Para la Doctora de la Iglesia, orar es algo tan sencillo como vivir la amistad con Jesús y cultivarla en el silencio, en el encuentro personal, en la oración.

    Como toda amistad, necesita condiciones para que pueda durar y se fortalezca. En particular, la persona debe cuidar sus relaciones:

    1. Las relaciones con los demás: respeto, amor, solidaridad, perdón…
    2. La relación con uno mismo.
    3. La relación con Jesús.

    Santa Teresa sabe muy bien que la vida de oración exige una "grande y muy determinada determinación" (Camino de Perfección, capítulo 21, 2). Requiere decisión y entusiasmo, pues no faltarán dificultades para alcanzar los frutos duraderos de la amistad con Jesús.

    2La preparación

    La oración puede estar sometida a mil distracciones. Ante todo, es necesario, por tanto, crear condiciones favorables. 

    Busca un ambiente adecuado y silencio.

    Prepara un texto del Evangelio, un canto, colócate ante una imagen de Jesús: te ayudará a centrar la atención en Él.

    La postura ayuda mucho: asume una actitud relajada, que te ayude a centrarte, en ahondarte en el encuentro con el Amado.

    Toma conciencia de tu respiración, de tu cuerpo, de tu interior para evitar la dispersión.

    Centra, pues, tu atención en Jesús, en su presencia amorosa contigo.


    3Entrar en la oración

    Pasa ahora a encontrar tu propio modo de orar, según tu modo de ser, tu sensibilidad y tu situación. Lo importante está en volver la mirada y el corazón a Jesús, contemplarle, penetrar en su misterio con ayuda de su Espíritu Santo.

    Santa Teresa ofrecía estas sugerencias:

    1. Representa a Jesús vivo en tu interior.
    2. Contempla a Jesús adentrándote en uno de los pasajes del Evangelio.
    3. Contempla una imagen de Jesús o repite una frase breve que exprese lo que quieres decirle.
    4. Recita muy pausadamente el Padrenuestro, la oración que el mismo Jesús nos enseñó y saboréala.
    5. Es bueno reflexionar un rato, profundizar, tratar de comprender… pero esto no debe ser el centro de  la oración. La amistad es cosa del corazón… La oración es cosa del corazón.

    Santa Teresa escribía: "Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder; tu dolor, que no le gozas, y tu gozo, de lo que te puede llevar allá, y vivirás con gran paz".

    4Profundiza

    El centro de tu oración es la persona de Jesús. La clave está en permanecer a su lado: déjate mirar por él, escúchale, acoge su luz para conocerle, penetra en su misterio desde tu propio corazón y déjate envolver por su presencia.

    Santa Teresa aconsejaba: "Estate allí, acallado el entendimiento, mira que te mira, acompáñale y habla y pide y regálate con Él. Pídele que aciertes a contentarle siempre, porque de Él te ha venido todo bien".

    Es tiempo de recibir el don de Dios, de dejarle a Él la iniciativa para que obre en tu interior, para que transforme tu corazón. 

    Para ello ha llegado la hora  de responder a su amor: una palabra, un gesto, un sentimiento, una petición... 

    Sobre todo, es tiempo de dar gracias y reconocer: «Su amor hace obras grandes». Es tiempo de pedir conocer su voluntad. Pide a Dios que te cuente el sueño que acaricia para ti.

    5El camino

    La oración no es un momento, es un camino. Te irá descubriendo poco a poco quién es Jesús, su misterio, su persona,  el amor con que te acoge y te busca… 

    Al mismo tiempo, te ayudará a conocerte personalmente de otro modo: quién eres y cómo vives a la luz de Dios. 

    Orar no es más que mirar a Jesús y mirarte tal y como Dios te ve y te sueña. Solo hay verdadera oración en la verdad, como sucede con la amistad.

    De este modo, se irá concretando poco a poco la llamada que te hace Jesús. Independientemente de tus circunstancias, te invita a vivir con Él y a ser como Él. Ser orante es vivir el seguimiento de Jesús con todas las consecuencias.

    Santa Teresa decía: "Dios no ha de forzar nuestra voluntad; toma lo que le damos; mas no se da a sí del todo hasta que nos damos del todo".

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    Josh Applegate | Unsplash | CC0

    6La transformación

    Con frecuencia, la oración será tiempo de paz, de alegría interior, de luz… pero no siempre. Tu momento personal, tu situación, el cuestionamiento que encuentras en la oración…, hacen que los sentimientos que nacen en la oración sean siempre distintos.

    No evalúes por esto tu oración. Lo importante es que se produzca el encuentro, que tu actitud sea de atención amorosa y escucha. Recoge las luces que hayas  recibido,  agradece  la  presencia  del Señor y su amor, la sientas o no. La oración es cuestión de fe, de tiempo, de constancia… y de compromiso.

    Mira hacia afuera, ¿acaso no empiezas a verlo todo de otra manera? Los demás, la vida de cada día, lo que sucede en el mundo…, tiene ya otros colores: colores de esperanza y de amor.

    Santa Teresa, describiendo la potencia de la oración, decía: "Guíe su Majestad por donde quisiere. Ya no somos nuestros, sino suyos".

    7La huella

    La oración deja huella en nuestro interior, "deja dejos". No se trata de tener muy buenos deseos, ni de hacer "buenos propósitos". La oración, como la amistad, es sobre todo un don, un regalo que, acogido desde el corazón, va haciendo crecer algo nuevo, nos cambia. Y eso se nota por fuera, son esos "dejos confirmados con obras".

    "El amor de Dios no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras", decía santa Teresa.

    Lo fundamental es que esa obra de Jesús en ti, unida a tu respuesta, se va reflejando en otro modo de ser, con otros valores, otros criterios, otros sentimientos profundos. Él nos ama sin medida ni condiciones. Amarle no es cosa de palabras bonitas, "sino de servir con justicia y fortaleza y humildad". 

    Santa Teresa sintetizaba la huella de la oración en estas palabras: "La mejor manera de descubrir si tenemos el amor de Dios es ver si amamos a nuestro prójimo".

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    Matilde Latorre, Aleteia