domingo, 10 de mayo de 2026

6 formas concretas de santificar tu noviazgo rumbo al matrimonio

El noviazgo es un camino de formación, es el tiempo para aprender a amar de verdad, salir de uno mismo y poner a Dios en el centro. Si sueñan con un matrimonio santo, aquí tienen algunas formas concretas para empezar a construirlo desde hoy. 

A través de su cuenta de Instagram, el apostolado de evangelización digital New Fire recuerda que hoy muchas veces el noviazgo se vive solo desde la emoción o la comodidad, olvidando que “el amor verdadero se construye con decisiones, con virtud y con intención”.

“Si Dios está en medio, todo cambia: la forma de amar, de decidir, de esperar y de sostenerse”, resaltan.

Si quieres santificar tu noviazgo en este camino hacia el matrimonio, estos 6 consejos pueden ayudarte:

1. Reza por tu pareja

Es importante rezar por esa persona, sus aspiraciones, problemas, su santidad. Reza con tu pareja también por este proyecto en común que es el noviazgo.

2. Asistan a Misa juntos

Es una de las formas más significativas para que su noviazgo esté unido e iluminado por Dios.

3. Tomen decisiones de cara a Dios

Lo mejor para tomar una decisión de pareja es hacerlo junto con Cristo. Que sea Él su guía para el discernimiento de esta relación.

4. Vivan la castidad

El mejor regalo que podemos darle a nuestra pareja es el de la espera. A través de la castidad se forja la voluntad y el control de los impulsos.

5. Rodéense de parejas católicas

Busquen noviazgos que sean un ejemplo católico, estén buscando vivir las mismas virtudes y la santidad. La comunidad es clave para la perseverancia.

6. Fórmense juntos

Escuchen charlas, tomen cursos o lean sobre temas como la castidad, la comunicación o el matrimonio, les dará herramientas concretas para crecer. 

Atrévete a vivir un noviazgo donde Dios sea el centro.

Harumi Suzuki, churchpop

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creemos en Cristo y en su Iglesia

Un matrimonio más sólido en cuatro sencillas claves

La investigación de Arthur Brooks, científico social de Harvard y converso al catolicismo, aborda de lleno las grandes cuestiones que se plantean sobre nuestras vidas

Arthur Brooks es un reconocido profesor de Harvard y científico social, converso católico devoto. En una de sus charlas aborda las cuestiones sociales y religiosas de un matrimonio, con una perspicacia poco común.

Su investigación sobre la ciencia de la felicidad, el liderazgo y el desarrollo personal aborda de lleno las grandes preguntas que tantas personas se plantean sobre sus vidas. Y sus consejos son tan útiles que pueden ponerse en práctica de inmediato para mejorar nuestras vidas.

Un fragmento reciente de una de sus entrevistas en el podcast de Tim Ferriss ofrecía un resumen conciso y muy útil de lo que recomienda.

"Así es como se arregla cualquier matrimonio: hay que hacer cuatro cosas", dijo Brooks.

¿Cómo fortalecer mi matrimonio?

Si quieres fortalecer tu matrimonio, prueba estas cuatro sencillas prácticas, todas ellas respaldadas por estudios científicos y que encajan a la perfección con el estilo de vida católico.

1Disfruten más juntos

Disfrutarán más juntos en lugar de echarse la culpa el uno al otro. Más diversión, menos culpas.

2Oren o mediten juntos

matrimonio orando - año nuevo

Recen juntos. Si se casan, el objetivo es fusionar sus hemisferios derechos. La mejor manera de hacerlo es meditando juntos, rezando juntos y realizando actividades propias del hemisferio derecho juntos.

3contacto visual cuando hablan

Nunca hables sin mirar a los ojos. [El contacto visual] es mucho más importante para tu esposa que para ti, mucho más importante, porque ella produce tres veces más oxitocina —lo que significa que le resulta más fácil crear vínculos afectivos, pero también que se siente más despojada cuando no recibe suficiente oxitocina.

4Mantén siempre el contacto físico

Y por último, pero no menos importante, recuerda el lema ABT: Always Be Touching (mantén siempre el contacto físico). [Esto es] más importante para los hombres que para las mujeres, de hecho. Por eso, cuando estás con tu amada y ella te coge del brazo mientras caminan por la calle, y tú piensas: "Soy grande y fuerte". ¿Por qué? Porque eso es súper importante.

Theresa Civantos Barber, Aleteia

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sábado, 9 de mayo de 2026

Madres ejemplares

Ocupados en la importante tarea de preparar a nuestros hijos para su futuro en este mundo, olvidamos que su destino eterno es, infinitamente más importante.

Entre las madres más santas, hay una Madre que destaca por sobre todas ellas.

Entre las madres más santas, hay una Madre que destaca por sobre todas ellas.


    Estamos en mayo, mes de la madre, mujer que, con dedicación, sacrificio y ternura; engendra vida, la custodia y la moldea. Desafortunadamente, la imperante mentalidad materialista ha llevado a que muchas madres estén más preocupadas por dar a sus hijos todo tipo de "oportunidades" que en formarlos cristianamente. De ahí que, mientras los hijos tengan éxito a la manera del mundo, a muchos padres no les preocupa que: tengan relaciones prematrimoniales, siempre que sea por "amor"; usen anticonceptivos, a fin de esperar el momento adecuado; se divorcien y busquen una nueva pareja, con tal de que sean felices. Así, ocupados en la importante tarea de preparar a nuestros hijos para su futuro en este mundo, olvidamos que su destino eterno es, infinitamente más importante. "Porque ¿de qué sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma?" (Mt16, 26).

    Afortunadamente, tenemos el ejemplo de innumerables madres que, con la gracia de Dios, formaron a sus hijos, no para el triunfo pasajero, sino para la gloria eterna

    MADRES VENERABLES, HIJOS SANTOS

    Beata Juana de Aza (1140), esposa del venerable Félix de Guzmán, fue reconocida por sus muchas virtudes y su compasión con los pobres y afligidos. Tuvo tres hijos: Antonio (venerable) Manés (beato) y Santo Domingo de Guzmán. Este, fundó la Orden de Predicadores dedicada a la predicación, a combatir las herejías, a difundir la fe y el rezo del Santo Rosario. 

    Venerable Margarita Occhiena (1788) madre de San Juan Bosco. Quedó viuda muy joven y sacó adelante a sus hijos educándolos con firmeza y ternura, pero, sobre todo, con un profundo amor a Cristo. A pesar de las dificultades económicas, apoyó incondicionalmente la vocación sacerdotal de su hijo Juan y, colaboró con él, en el cuidado de jóvenes desamparados. 

    Celia (1831) y su esposo Luis (ambos canonizados) fueron padres de Santa Teresita, la más pequeña de nueve hijos, cuatro de los cuales murieron a temprana edad. En una carta dirigida a su cuñada, quien había perdido a un hijo pequeño, Celia escribió: "Cuando cerré los ojos de mis queridos hijitos y les di sepultura, sentí un dolor que me traspasaba por completo... Muchos decían: 'Hubiera sido mejor no haberlos tenido nunca'. Pero yo sé que mis hijos no se han perdido para siempre pues volveremos a encontrar a nuestros pequeños allá arriba". Su profunda fe, motivó a sus hijas a dedicar su vida a Cristo. 

    ANTES LA MUERTE A PECAR

    Como madres, lo que más tememos es la muerte prematura de un hijo. Pero, aún más que la misma muerte debemos temer que nuestros hijos pequen mortalmente arriesgándose a perder la vida eterna. Por ello, debemos ayudarlos a alcanzar la felicidad plena y eterna del cielo. 

    Un excelente ejemplo de esto lo encontramos en la reina Blanca de Castilla (1252), madre de San Luis Rey. Blanca, dio ejemplo de la importancia de la caridad hacia los demás y de que el amor a Dios es lo más importante. Al grado que dijo a su hijo: "Te amo muchísimo, pero preferiría verte muerto antes de que cometas pecado mortal". Estas palabras debieron haber calado profundamente en el alma del joven, quien, buscando agradar a Dios, antes que a los hombres, fue un rey ejemplar y un gran santo. 

    LÁGRIMAS Y ORACIONES DE UNA MADRE

    • Sin embargo, también hay ejemplos de madres que, a pesar de su buen ejemplo y gran esfuerzo, ven, con gran desdicha, desviarse a sus hijos del camino al cielo

    Quizá, el más famoso de estos casos es el de Santa Mónica (331) quien (con gran perseverancia, más de 17 años) luchó, rezó, hizo penitencia y lloró por la conversión de su hijo, Agustín. Y Cristo, que siempre se compadece de las lágrimas de una madre, respondió a sus oraciones. Bien lo profetizó San Ambrosio al verla angustiada por la vida errada de Agustín: "No puede perderse un hijo de tantas lágrimas". Agustín (quien vivió hasta los 30 años una vida libertina) con la gracia de Dios y, en respuesta a las incesantes oraciones y sacrificios de su madre; abandonó su conducta inmoral, abrazó la religión católica y, llegó a convertirse en un buen obispo, un brillante padre de la iglesia y un gran santo. 

    Santa Rita de Casia (1381) también sufrió mucho por su esposo y sus dos hijos. Después de varios años logró, con paciencia y caridad, convertir a su esposo, Paolo, quien años más tarde fue asesinado por una familia rival. Rita perdonó a sus asesinos. Mas sus hijos, azuzados por sus familiares, decidieron vengar su muerte. Rita suplicó a Dios que los librara de cometer ese pecado mortal. Poco después, ambos jóvenes contrajeron disentería, se arrepintieron y fallecieron en paz con Dios. Rita se dedicó a reconciliar a las familias enemistadas y fue recibida en el convento agustiniano donde murió en olor de santidad. 

    Estas, y muchas otras madres, son prueba de que, como afirma San Juan Vianney: "La virtud pasa del corazón de la madre al corazón de los hijos". Asimismo, entre las madres más santas, hay una Madre que destaca por sobre todas ellas. Una Mujer elegida y predestinada, desde toda la eternidad, para ser la Madre Virginal del Salvador: María llena de gracia, Madre de Dios, Medianera de todas las gracias y Corredentora del género humano. (1) 

    Roguémosle a la Santísima Virgen María que supla todos nuestros defectos y deficiencias. Pidámosle sea nuestro refugio en las tribulaciones y nuestra defensa y escudo en las tentaciones. Encomendémosle a nuestros hijos con la certeza de que no perecerán las almas a Ella confiadas. Y siempre, sobre todo en los momentos más difíciles, tengamos presente las bondadosas y esperanzadoras palabras de la Virgen de Guadalupe: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre, no estás bajo mi protección y amparo?

    (1)https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2a3p2_sp.html

    Angélica Barragán, ReL

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