miércoles, 6 de mayo de 2026

Esperanza viva, 7 historias de fe y superación que ensanchan el alma, en cines

Una película con 7 testimonios españoles: Ángel Custodio, Chules de Bocatas, la rapera Aisha Ruah... y fray Marcos de Masterchef como presentador.

Javier y María cuentan cómo afrontaron la muerte de su hija en un accidente y la fuerza que obtuvieron para salir adelante haciendo el bien a otras personas.

Javier y María cuentan cómo afrontaron la muerte de su hija en un accidente y la fuerza que obtuvieron para salir adelante haciendo el bien a otras personas.


Pablo J. Ginés, ReL - Vea también



    Esperanza Viva es una película de testimonios de fe y superación que ya lleva una semana en los cines españoles, y deja un corazón animoso, abierto al bien, a buscar a Dios y a servir al prójimo, que es muy cercano.

    Conducen las historias, con breves comentarios, el claretiano Salvador León y fray Marcos, el dominico colombiano que se hizo popular por su paso en Masterchef España.

    El director y guionista es Marcel Montealegre Talero. Dura 74 minutos y la distribuye European Dreams Factory. La fotografía es profesional, pero sencilla y directa, busca dejar hablar a los protagonistas en sus 7 historias y recoger el contexto en el que se mueven.

    En la web de Esperanza Viva se pueden consultar los cines que ofrecen la película, muchos con pases acompañados por algunos de los testimonios protagonistas.

    La caja de Pandora: el poder de la esperanza

    Empezamos con unos elegantes dibujos animados: cuentan la historia de la caja de Pandora, de la que salieron tantos males pero donde permaneció para los hombres un tesoro, la esperanza.

    La primera historia es la de Ángel Custodio, autor del libro Salir de la calle. Por una combinación de depresión, fracaso familiar y laboral, quedó en la calle. Un día se tiró de una gran altura, con intención de matarse. "Me tiré, pero no me maté, y ahí tuve un despertar. Entendí que Dios tenía propósitos para mí", explica.

    Empezó a rezar. En la calle dormía en la puerta de un banco en la Plaza Manuel Becerra, en Madrid. Al perseverar allí, empezó a conocer a los vecinos. Cuando llevaba 7 meses, escribió su libro y lo empezó a vender. "Yo no sé escribir, esto vino rodado. El primer mes vendí 1.000 libros", explica.

    Pudo reorganizar su vida y hoy quiere ayudar a otros. Dice que no fue resiliente, sino que se acogió a la misericordia de Dios, al agradecimiento por seguir vivo. Recomienda ir a encuentros como Emaús, dónde, dice, "vas a ver a Dios". Cuando escuchas otros testimonios aprendes a ver que tu cruz es llevadera si va con Cristo, afirma.

    El padre Salvador Romero era párroco en Paiporta, epicentro de la Dana, que arrasó Valencia en 2024

    El padre Salvador Romero era párroco en Paiporta, epicentro de la Dana, que arrasó Valencia en 2024

    Paiporta: el barro y el barrio

    El segundo testimonio lo explica Salvador Romero, el párroco de la parroquia de San Ramón Nonato en Paiporta (Valencia), barrio inundado y destrozado por las riadas de 2024. Cuenta una historia de comunidad y perseverancia, con la parroquia físicamente devastada en sus pisos bajos, pero espiritualmente llena de fuego y ganas. Parroquianos y vecinos se ayudaban y salían para hacer el bien: "ahí encontraban sentido a la vida, en el barro", explica el párroco. Fue una experiencia límite con Cristo. "Ahí entiendes que, con Cristo tienes todo, aunque pierdas muchas cosas", asegura.

    Jóvenes tocados en retiros

    Esperanza Viva recoge muchas historias de personas que han encontrado a Dios en retiros. Es el caso de Juan Luis, Pablo, Inés... en distintas experiencias de retiros espirituales, incluyendo los de Effetá.

    Explican cómo cambió su visión materialista de la vida, su ir tirando, para incorporar la oración, el amor al prójimo y el servicio, hoy implicados en proyectos de caridad y evangelización.

    Convivir con el necesitado

    La cuarta historia es la de Javier Cascón Coca, impulsor de la campaña Amen Sin Tilde. El libro que la cuenta ayuda a financiar alojamiento y casas para personas sin hogar. Javier y su familia conviven con ellas desde que empezó en 2022.

    En el trato con los demás, todos salen reforzados, explica. "Sentí que Dios me lo pedía, en la oración, a través de la Biblia, a través de mociones", explica. "Mi mujer, mi hija, yo y otros 18 vivimos en esta casa", explica. Y el proyecto tiene 3 casas grandes en ese formato.

    La rapera "pescada en Tiberíades"

    La quinta historia es la de Isabel, madre de familia, pero que en redes es más conocida como Aisha Ruah, rapera católica a la que muchos vieron en la JMJ de Lisboa, bastante seguida en redes. Ganó el premio Catholic Music Award 2025 a Mejor Canción Urbana con su tema "Sal de ti".

    Aunque su familia era muy católica, de joven ella estaba muy alejada de la fe. Aceptó ir a Tierra Santa simplemente porque se lo daban todo pagado y así se saltaba días de colegio. Pero en Tiberíades puedo hablar con un cura, con profundidad. Sentí que el Señor me decía: "Eres mi hija, da igual lo que hagas. Y así en Tiberíades Él me pescó a mí".

    Ha contado su testimonio en una serie de videoclips titulados El Rescate. Isa ha contado varias veces su historia pero sigue emocionándose al recordarlo y también emociona al espectador. Es una historia de amor vivo, que da vida y se revive.

    Repartir bocadillos... pero sobre todo escuchar y hacer amigos

    La sexta es la de Chules, impulsor de Fundación Bocatas. Desde 1996, la gente de Bocatas reparte comida en Cañada Real y otros lugares complicados. Son eficaces en su logística, pero sobre todo mantienen su frescura por el contacto directo con necesitados en las calles.

    Su almacén prepara comidas, su comedor atiende 150 personas en cada sesión. Pero su clave humana es buscar la amistad sincera con los que acuden, escuchar, conocer nombres... hasta que el corazón se abra al cambio, a la mejora, a la esperanza. "Sin acercarse al prójimo, que es el otro cercano, no puedes llegar a ese Otro qué es Dios", afirma Chules.

    Becas para estudiantes: esperanza en el joven brillante

    La séptima historia es la del programa de becas de la Universidad de Comillas, para acoger a estudiantes brillantes pero con pocos recursos económicos en esta universidad eclesial. Los becados se sienten agradecidos. Saben que se espera de ellos que ayuden a cambiar la sociedad a través de su labor soial. Es la única de las historias que no menciona a Dios, pero sí es una narración de esperanza y superación.

    Una hija murió: ahora sirven a muchos niños

    La última historia es la del Africamp, en La Vera (Sierra de Gredos), que organiza campamentos para niños de 7 a 13 años de economía escasa, apoyados en la Fundación Soñar Despierto.

    Detrás hay una historia conmovedora. África era una joven vital y alegre que murió con 21 años en un accidente de avioneta. Sus padres, Javier Lacalle y María Cuvillo, quedaron hundidos. Su madre tardó todo un año en asimilarlo. El padre llevaba su tristeza en silencio. Los psiquiatras no ayudaban mucho. "No perdí la fe, pero sí la cabeza", dice la madre.

    Pero un retiro de Emaús la ayudó: cambió su mirada y su forma de afrontar la vida y la pérdida. Decidieron hacer algo por otros niños: un campamento, como los que África había disfrutado. Les cambió el chip, dicen. Es un campamento con piscina, con tiendas, con cabañas, 10 días hermosos en la naturaleza... apoyados con voluntarios.

    Al final de la película y sus historias de esperanza, que despiertan deseos de hacer el bien, fray Marcos lanza una pregunta evangélica: "¿Qué quieres que haga por ti?". Y da una clave: la esperanza ha de llevar a la acción.

    Vale la pena ir en familia, o con amigos de comunidad de fe, a conocer estas historias en el cine, inspirarse en ellas y salir con un corazón enanchado.




    Un boina verde, a los jóvenes de hoy: «No pidáis a Dios una vida más fácil, sino hombros más anchos»

    Louis Saillans, en el centro de la imagen, ha sido durante diez años miembro de las fuerzas especiales de la Marina francesa.

    Louis Saillans, en el centro de la imagen, ha sido durante diez años miembro de las fuerzas especiales de la Marina francesa.


      “Los jóvenes viven en un ambiente nihilista que mata sus ambiciones, sus sueños y los deja en el suelo. Quiero decirles que tienen que forzar un poco el destino y volver a levantarse”. Este el mensaje que les lanza a esta nueva generación Louis Saillans, boina verde francés que ha ejercido durante diez años y que ha llegado a ser jefe de comando de las fuerzas especiales.

      Valores como el esfuerzo, la entrega, el honor o el sacrificio están en claro retroceso en Occidente, lo que a su vez provoca la propia decadencia de la civilización. Por ello, anima a los jóvenes a ser valientes y a no tener miedo de dar la vuelta a la tortilla. A raíz de su gran experiencia militar y de sus numerosas misiones especiales en el extranjero ha escrito el libro Chef de Guerre, que ha sorprendido incluso a su autor por el éxito cosechado en Francia.

      La repercusión del libro ha provocado que numerosas escuelas y asociaciones hayan llamado a Louis Saillans (nombre ficticio) para que aliente a los jóvenes ante una cada vez más extendida sensación de resignación y apatía.

      Este exboina verde aceptó de inmediato. Y ahora tiene un objetivo: mostrar a la juventud de hoy un horizonte, unos objetivos y el gusto por la responsabilidad.

      ¿Cómo hacerlo?, le preguntan los jóvenes. “Poniéndote primero metas muy pequeñas, a tu alcance: hacer la cama por la mañana, acostarte y levantarte temprano, ordenar tu habitación, vestirte bien, llegar a tiempo, sonreír, cultivar la cortesía. Son pequeñas victorias sobre uno mismo que fortalecen una voluntad, impactan positivamente en la vida y te permiten avanzar, poco a poco”, explica este militar en Famille Chretienne.

      En el fondo, lanza un mensaje sencillo pero profundo similar al que se viralizó en 2018 del almirante McRaven de la Marina de EEUU, cuando dijo a los estudiantes de su país: “Si quieres cambiar el mundo, empieza por hacer tu cama”.

      Debido a que la sociedad actual produce cada vez más adultos que quieren ser eternamente adolescentes, muchos jóvenes viven sin reglas elementales de higiene de vida, explica Saillans. Y el Ejército impone a los nuevos reclutas un ritmo de vida ordenado.

      Es un método que el autor anima exportar a otros ámbitos porque sólo poniéndose en una trayectoria ascendente uno puede escalar muy alto, más allá de lo que creía capaz. Pero hay que ir creciendo paso a paso, y empezar por poner orden en la propia persona. Cada paso es entonces una puerta abierta a una meta un poco más alta que la anterior.

      “¡No rechaces las responsabilidades! No le pidas a Dios una vida más fácil, sino hombros más anchos”, anima este comando especial a los estudiantes.

      En su opinión, “es aceptando pequeñas responsabilidades en la familia, en el círculo de amigos, en el barrio como uno se prepara para asumir responsabilidades más grandes, y más y más grandes".

      Todo esto que enseña previamente lo ha vivido. “Quería escribir mi historia, en primer lugar para dejar un rastro para mis hijos. Mi abuelo estuvo en el ejército y no sé nada de él durante este período. Entonces me di cuenta de que tenía un mensaje más general que llevar porque el soldado, cuya profesión es modelo de entrega absoluta, puede ser una figura de jóvenes en busca de ideales”, explica.

      En otra entrevista con Ouest-France, Louis Saillans incidía en esa idea: “Mientras más responsabilidad asumas en tu vida, en tu familia y en tus actividades más crecerás, serás mejor”.

      Él mismo confiesa que de adolescente no era el mejor estudiante, iba aprobando sin más pero sin destacar. Pero hubo algo que lo animó sobremanera: “Servir, ser útil a la sociedad, así que el Ejército era perfecto”.

      Tras una enorme trayectoria que le ha llevado a ser jefe de comando de las fuerzas especiales de la Armada francesa confiesa que le ha enseñado esta unidad de élite: “muchas habilidades y valores muy fuertes, como la honestidad, el compromiso, el sentido del servicio y la responsabilidad”. Y está convencido que son exportables a toda la sociedad, lo que lograría transformarla.

      En otra entrevista, este militar es preguntado sobre cómo debe ser un líder y ofrece cuatro características:

      -Sentido de la responsabilidad (tanto en las victorias como de los fracasos de sus hombres o los suyos propios).

      -Valentía (mantenerse firme cuando nadie más lo es).

      -Carisma (se necesita que el carácter aflore).

      -Discernimiento (dejar actuar al sentido común).

      “Es difícil en nuestro mundo donde todo pasa tan rápido detenerse y reflexionar para tomar conciencia de nuestra suerte, pero también de la violencia que nuestros ancestros a la que tuvieron que enfrentarse para lograr crear este frágil estado de paz que conocemos. Es un equilibrio precario que muchos de nuestros contemporáneos no tienen en cuenta por pereza o desinterés, y que la violencia sorprende y devuelve a la realidad”, agrega.

      Por último, en Breizh Info recomienda a los jóvenes que no tengan miedo, que se involucren y tengan confianza. Les recuerda que la “palabra dada” tiene un valor fundamental y que “el honor no está muerto”.

      “Hoy debemos redescubrir el sentido de la responsabilidad y reinvertir en cada uno de nosotros el sentido del deber para luchar contra el nihilismo ambiental que está allanando el camino al salafismo”, concluye.

      Javier Lozano, ReL

      Vea también    Comunidad de amor servicial: El matrimonio en Cristo




      Secuestrado, casi 300 días en una «caja» llena de cámaras: «Hice un pacto con Dios allí dentro»

      Alberto de la Fuente y de la Concha es un empresario mexicano que fue secuestrado en 2016, a plena luz del día, cerca de Puebla (México).

      "No le endosé la responsabilidad de que me sacara sino que fue hacer un trabajo en conjunto. Ese día se gestó una comunión increíble", relata Alberto.


        Alberto de la Fuente y de la Concha es un empresario mexicano, tiene 45 años, es padre de dos niños, está casado y el 29 de noviembre del año 2016, a punto de cumplir los 38, fue secuestrado a plena luz del día cerca de Puebla (México).

        Durante 290 días vivió aislado del mundo exterior, sin ver la luz del sol, rodeado de cámaras, con música y ruido de fondo constante. Ni siquiera pudo sufrir el síndrome de Estocolmo, porque nunca pudo ver ni oír a las personas que lo mantenían retenido.

        Cuando se cumplen justo ocho años del terrible suceso, ReligiónEnLibertad ha charlado con este sobreviviente que logró mantenerse con vida en "una caja" de 1,5 m de ancho por 2 m de largo. Gracias a un pacto con Dios, y a una "visión" que tuvo de su hijo pequeño, este empresario, que compagina su trabajo con ser escritor y conferenciante, se autoimpuso reencontrarse un día sano y salvo con sus seres queridos.

        Lo que van a leer a continuación es la increíble historia de un hombre "común y corriente" que luchó cada día por no resignarse a morir sepultado en lo que llamaría "aquel contenedor de almas".

        Hace un año, Alberto de la Fuente contó su testimonio en La caja. Crónica de un secuestro de 290 días. 

        -¿Quién es Alberto de la Fuente?

        -Soy un sobreviviente de un secuestro que duró 290 días. A pesar de ello, he tratado de reconstruir mi vida como si no hubiera sucedido, lo que me convierte en una persona común y corriente. Soy padre de familia, empresario y, ahora, escritor y conferenciante.

        »Mi único propósito es ayudar con mi testimonio a personas que están viviendo una situación difícil, que están desesperanzados, que no encuentren la manera de salir de sus problemas. Me gusta compartir mi historia, por si puedo guiarlos en esa oscuridad. Es una historia que le puede ayudar a cualquier persona.

        -¿Nos puedes describir cómo era "la caja"?

        -Desde que me secuestraron, desde el minuto uno, me cubrieron los ojos, me esposaron y me pusieron una especie de antifaz con el que no podía ver nada. Cuando logré ver otra vez me encontraba en un lugar de dimensiones ridículas. Yo a 'la caja' la llamo 'el contenedor de almas'. Era un espacio de 1,5 m de ancho por 2 m de largo, si estiraba mis brazos tocaba las paredes, y si caminaba tres o cuatro pasos me encontraba con otro de los muros.

        »Este lugar estaba cubierto por entero de gris. Cada pared tenía una mirilla desde donde me observaban los secuestradores. En el techo, que tendría una altura de 2,10 cm había dos lámparas led, donde ponían siempre la luz a una baja intensidad. En medio había un detector de movimiento, por si en algún momento se me ocurría patear la caja o tirar la puerta. En dos de las esquinas había dos cámaras de videovigilancia infrarroja, y, en las otras dos esquinas, había dos bocinas forradas de gris por donde me martirizaban con música a todo volumen las 24 horas.

        »El mobiliario era muy precario, al no ser un cuarto corriente, no tenía instalaciones de ningún tipo: no tenía baño, no tenía lavabo, no tenía ducha. Básicamente tenía un colchón muy pequeño, que era casi como dormir en el suelo. Esto me causó muchos dolores de cervicales y de espalda durante semanas.

        Recreación de 'la caja' en la que estuvo encerrado Alberto.

        Recreación de 'la caja' en la que estuvo encerrado Alberto.ARCHIVO

        »También había ciertos artículos de necesidad básica, como un cepillo de dientes, papel higiénico, un pequeño banco para sentarme, y el lugar donde hacía mis necesidades, que era una especie de nevera naranja portátil, que, afortunadamente, tenía una tapa. En una de las paredes había dos extractores de aire, por supuesto, no había ventanas. No tuve contacto con la luz del sol durante nueve meses y medio. Había, además, una puerta pequeña, por donde me introdujeron, que no tenía bisagras ni cerradura. Tenía su mirilla y una trampilla, como en las cárceles, por la que me metían la comida y los libros.

        -El 29 de noviembre se cumplieron ocho años del día en el que fue secuestrado...

        -Ese día era, también, el aniversario de boda de mis padres, que acaban de cumplir ahora 50 años de casados. Los primeros aniversarios fueron más difíciles, eran días que no me apetecía salir a la calle o intentaba irme de viaje. No es una fecha que me encante ni me emocione, a mí me gusta más celebrar el 14 de septiembre, que fue la fecha de mi liberación.

        »Le he ido restando peso y nostalgia a la situación, porque si algo me impuse desde que salí fue intentar recuperar mi vida con la mayor normalidad posible. No me quiero estancar en un hecho que ya pasó, aún hay secuelas y llevo cicatrices, más del alma que físicas. En ese encierro hubo más violencia psicológica que física, aunque también me pegaron.

        -¿Y, cómo fue ese 14 de septiembre?

        -El anhelo de cualquier persona que esté privada de libertad es volverse a reencontrar con los suyos, con su familia. En el encierro uno se da cuenta de que lo verdaderamente importante, y por lo que vale la pena luchar, es por la familia. En ese tiempo tenía una niña de un año, y un niño de tres años y medio. Siempre digo que mis hijos fueron mi mayor dolor pero, también, mi mayor motor. Fueron los motivos por los que traté de no romperme dentro de 'la caja', todos los días pensaba y rezaba por volverlos a ver.

        »En un secuestro tan largo, la única manera de sobrevivir es encapsulando o anestesiando tu lado más humano. Tienes que volverte un hombre de piedra para poder soportar lo insoportable. Durante los primeros meses lloraba cinco o seis horas seguidas, pero los últimos meses ya ni siquiera podía llorar.

        »Cuando me notifican, mediante un comunicado, que se había llegado a una negociación, estaba tan muerto en vida que ni siquiera sentí nada. No fue el sentimiento que hubiera esperado, apenas se me escapó una o dos lágrimas, además, no sabía si era verdad o estos personajes estaban jugando con mi psicología.

        »Cuando me reencontré con mi familia pudo parecer un encuentro más bien frío, como si hubiera estado de vacaciones. Más allá de que volví con 25 kilos menos y totalmente blanco por no haber visto el sol. Pero, no me desmoroné, no me desarmé, por esa coraza que se había creado durante mi cautiverio. Para volver a recuperar los sentimientos tuvieron que pasar todavía un par de meses.

        -¿Qué le dijeron sus hijos al verlo?

        -Mis hijos eran muy pequeños. La niña fue la que menos se resintió de mi desaparición. Lo que sí fue duro fue cuando me vio al llegar a casa, que ni siquiera me reconoció. De las cosas que más sufrí fue que tardara mucho en reconocerme y en cogerme cariño.

        »El niño, como manteníamos una relación muy cercana, a pesar de que tenía tres años y medio, preguntaba por mí prácticamente todos los días. Mi familia optó por mentirle, y decirle que, por un tema de trabajo, tuve que irme a vivir a España. El niño siempre me tuvo en su corazón, y, desde que me vio, corrió hacia a mí, me abrazó. Durante muchos meses, cada vez que iba al baño, se quedaba en la puerta, cuidándome, como para que papá no se volviera a escapar.

        -¿Y su mujer?

        -Siempre supe que corría un riesgo muy alto de ser asesinado, porque en mi país muchas veces los secuestradores no cumplen con el trato. Pero pensaba en ese reencuentro con mi mujer y me preparé por si ese día llegaba. Fueron tantos meses que, muchas veces, lo dudé. Así que decidí que en vez de desarmarme o llorar era bueno hacerle una broma.

        »Nosotros, antes del secuestro, teníamos una boda a la que no queríamos ir, y estábamos buscando una excusa. Se me ocurrió decirle eso a mi mujer. Al verme, nos dimos un abrazo y le dije que había encontrado una buena excusa para no ir a la boda. Se me quedó mirando como si me hubiera vuelto loco, luego entendió la importancia de romper el hielo con una broma.

        -Se acerca la Navidad... ¿cómo fueron esos días lejos de los suyos?

        -Fue terrible, nunca había valorado tanto una fecha tan significativa. Mi secuestro tuvo la particularidad de que nunca tuve contacto con mis secuestradores, no podía hablar con ellos ni ellos conmigo. Todo era por carta redactada por ordenador. Dentro de 'la caja' los vi tres veces y no los vi, porque entraban disfrazados con monos blancos, como si fueran trajes bacteriológicos.

        »Fue un cautiverio de completa soledad, una soledad muy dura pero que también me permitió muchísima introspección y conexión espiritual. Esa Navidad, que yo no sabía si era 25 de diciembre o no, porque no tenía forma de constatar el paso del tiempo, fue terrible. Ahí entendí que la verdadera importancia de esas fechas es estar con la gente que amas, que los regalos y los brindis son lo de menos.

        -Habla de conexión espiritual... ¿cómo era su relación con Dios antes del secuestro?

        -Yo era un católico por imposición geográfica. No era un gran practicante, pero siempre he creído en Dios, nunca me fue ajeno. Siempre supe que había algo más allá de lo entendible, una fuerza que nos cuida y que nos protege.

        »Durante mi cautiverio, los primeros días, sí que estaba enfadado y decepcionado con Dios, no entendía por qué me sucedía a mí, cuando yo no era una persona que se metiera con nadie. No entendía bien si era un castigo.

        »Pero, en un momento de lucidez, dentro de todo ese ruido que había en 'la caja', porque estaba intoxicado de cortisol, en continuo estrés, comencé a hablar con Dios y le dije: 'tengo claro que Tú no me pusiste aquí, que esto no es un castigo, que no me quieres dar ninguna lección, pero juntos vamos a salir de esta prueba, Tú vas hacer tu parte fuera de los cuatro muros de esta caja y yo haré la mía dentro. Él cumplió con su parte, y yo también.

        »Para la persona que está en libertad puede parecer algo muy simple, pero me propuse levantarme con la mejor actitud, empecé a rezar muchísimo, a comer todos los alimentos que me daban, me gustaran o no, comencé a hacer ejercicio, para producir endorfinas, y que no muriera de tristeza, a leer todos los libros que me dieran, aunque la literatura era horrible, todo eran libros de zombis.

        »En ese momento hice un pacto con Dios, no le endosé la responsabilidad de que me sacara sino que hiciéramos un trabajo en conjunto. Ese día se gestó una comunión increíble, que nunca se había dado, ni en mi bautizo ni en mi confirmación. Fue un diálogo de tú a Tú, y, desde entonces, durante nueve meses, tuve diálogos y diálogos con Dios.

        -¿Se encomendaba a algún santo o a la Virgen?

        -Cuando me metieron en 'la caja' me quitaron la ropa, me desnudaron al 100% y me dieron un uniforme carcelario, que también era gris. Lo único que me dejaron fue una medalla de San Benito, que me regaló mi esposa cuando éramos novios, era como una conexión directa con mi mujer y con Dios. La apretaba con fuerza cuando rezaba, desde entonces nunca me la he quitado, ni para lavarla.

        »A San Benito le recé muchísimo, en ese momento no tenía ni idea de quién era ni por qué era famoso, luego ya me enteré de que la gente le reza para mantener al mal fuera. También me encomendé mucho a la Virgen de Guadalupe. Hacía más de 500 oraciones cada día. Eran avemarías y padrenuestros, que eran casi las únicas que conocía. Llevaba tanto tiempo sin decirlas que, al principio, me costaba recordarlas. Cuando no rezaba estaba hablando con Dios.

        »A los cuatro meses hubo un momento muy especial. Después de luchar mucho y echarle ganas, al no tener noticias del mundo exterior, me vino un bajón emocional muy fuerte. Empecé a coquetear con una depresión. Hubo dos días en los que dejé de hacer mi rutina, mis ejercicios, dejé de comer y, simplemente, estaba tumbado todo el día. Siempre he pensado que fue Dios el que me mandó esa señal.

        »Entonces, pude ver la imagen de mi hijo pequeño, a unos pocos centímetros de mí. Él no me dijo nada, simplemente nos miramos, y, en ese momento, comprendí que era una señal de Dios. Que no dependía de mí que estos tipos entraran y me pegaran un tiro en la cabeza, pero sí de la actitud con la que enfrentara al encierro. Lo tenía que hacer de la mejor manera, porque, si se daba el milagro de mi liberación, quería que mi familia me viera fuerte, no a una persona que se había vuelto loca, o a alguien débil. Gracias a esa 'aparición' se renovó toda mi actitud.

        -¿Qué sentimientos tiene hacia sus captores?

        -En su momento, antes de mi encierro, tuve la suerte de oír un testimonio de una persona que estuvo 257 días secuestrada en condiciones muy similares a las mías, en los años noventa. Cuando estaba intentado adaptarme a 'la caja' buscaba información en mi cabeza que me pudiera ayudar a sobrevivir, y me acordé de la charla de este personaje.

        »Sus puntos eran: encomendarse a Dios, que era algo que ya había aceptado; hacer ejercicio, llegué a hacer nueve horas de ejercicio diario, y, la tercera, era 'no canalices tu energía odiando a las personas que te tienen cautiva, si haces eso te vas a enfermar, canalízala mejor en las razones por las que quieres salir de ahí'.

        »Es muy difícil odiar a quien nunca viste, a quien nunca oíste, con los que no tuve ni siquiera el síndrome de Estocolmo, porque no hubo nunca esa relación. Al principio buscas a quien echarle la culpa, con quién estar enfadado, pero, con el paso del tiempo, entendí que si seguía cargando con esa bola de odios y resentimientos lo único que iba a pasar es que no iba a disfrutar de mi anhelada libertad.

        »Llegué a la conclusión de que yo ya había sufrido demasiado en la vida, y que, ahora, tocaba mirar para adelante. Que si no sanaba emocionalmente iba a terminar salpicando a la gente que mas quería.

        -¿Sirvió para algo todo este sufrimiento?

        -Fue una experiencia que me habría ahorrado si hubiera podido. A mí el secuestro me sigue doliendo mucho, pero, dentro de todo, me permitió conocer lo fuerte que soy. Me descubrió muchas características que no sabía que tenía.

        »Gracias a esta experiencia he priorizado lo que realmente es importante en la vida. Me dio una mirada que me permite ver la vida de manera distinta, vivir una situación límite te da una sensibilidad muy especial.

        -¿Y, ahora, cómo se lleva con Dios?

        -Ya no tengo la misma conexión que en 'la caja', no porque crea menos sino porque estoy en mi día a día cotidiano. Siempre le voy a estar agradecido y no hay día que no amanezca y le de gracias por estos tiempos extras que me ha regalado. Yo ya soy más de los que agradecen que de los que piden.

        »He hecho tres caminos de Santiago. Al primero llevé a mi mujer. Al segundo invité a mi padre, porque fue el negociador directo y tuvo que cargar con una piedra muy pesada. De sus decisiones dependía mi vida. Y hace un año hice el tercero con mi mujer y mis hijos. De las mejores experiencias de mi vida. Los niños no saben la historia completa, pero se la vamos dosificando. Siempre agradezco por la vida y es lo que le trasmito a mis hijos.

        -¿Qué busca contando su testimonio en un libro?

        -El libro encierra muchos mensajes, pero me gusta sintetizarlo en que las personas no le den el poder a ninguna circunstancia, que cada uno es el capitán de su navío y el guionista de su vida. Aunque la situación sea difícil, si se tiene actitud y fe, se puede salir adelante.

        »A los que están sufriendo, que crean en sí mismos y en Dios, y le echen ganas, porque siempre hay motivos para salir, yo soy un ejemplo viviente. Soy un sobreviviente de una situación extrema y he podido recuperar la felicidad.

        »Como escribí en una libreta dentro de 'la caja': el tiempo que me robaron lo voy a triplicar. Mi secuestro fue un viaje a los confines de la propia oscuridad, donde yo era el único pasajero y Dios, mi piloto.

        Juan Cadarso, Artículo de hemeroteca, Aleteia

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