viernes, 2 de octubre de 2026

El espiritismo la alejó de la fe: murió su abuela, quiso contactar... ¡y fue con alguien distinto!

La asombrosa historia de Lydie muestra las situaciones terribles a las que pueden conducir las llamadas «ciencias ocultas».

Lydie conoció de forma muy directa el impacto terrible del espiritismo y el ocultismo no solo sobre la fe, sino sobre su vida cotidiana.

Lydie conoció de forma muy directa el impacto terrible del espiritismo y el ocultismo no solo sobre la fe, sino sobre su vida cotidiana.


    Lydie nació en lo que define como una "familia cristiana no practicante". 

    Quizá eso la habría abocado a una religiosidad superficial, pero... su abuela paterna se encargó de dotar a su nieta de una religiosidad profunda. En la casa de la anciana había una foto del Papa y abundaban imágenes de la Virgen de Lourdes, del santuario y de crucifijos. 

    Descubrir a Jesús

    "Para complacer a mi abuela, mis padres me llevaron a las clases de catecismo", que constituían en aquella época, comenta, "la educación popular" en la localidad cercana a París donde vivían.

    Le encantaron aquellas catequesis porque "se hablaba de Jesús": "Y lo que me impresionaba de la vida de Jesús era que dio su vida para salvar a todo el mundo. Yo le veía verdaderamente como a un superhéroe que hacía el bien a tantas personas que yo me ponía enseguida a rezar todas las noches en mi habitación cuando mamá me apagaba la luz".

    Alejarse de Jesús

    Así creció la profesión de fe de Lydie durante su infancia... y sin embargo empezó a menguar en plena crisis de adolescencia: "Hubo un punto de inflexión un poco imprevisible en mi vida cuando una persona de mi entorno me habló de ciencias ocultas, esto es, de espiritismo, de visiones, de reencarnación, de cartomancia... Sembró la duda y la confusión en mi espíritu".

    Lo atribuye al propio temperamento adolescente, pero reconoce que supuso un cambio importante y perdurable: "Me desentendí un poco de Jesús... y me mantuve así algunos años".

    ¿Hablar con los difuntos?

    Y un día murió su abuela paterna.

    Aquello fue el inicio de una crisis interna importante, desencadenada por la decisión que tomó bajo su nueva perspectiva post-católica: "Quise comunicarme con ella".

    Describe los dos medios de los que creía disponer:

    • una tablero ouija manejado con un dedo circulante entre números y letras para hacer preguntas y atender respuestas...
    • o tomar un lápiz y dejar directamente que la mano escribiese mientras ella pensaba intensamente en la fallecida.

    Eligió el segundo, pero lo que pasó es escalofriante:

    • "No fue nada agradable, fue un poco extraño... y no reconocía a mi abuela: ni en el estilo de sus frases ni su forma de ser. Sobre todo, no había referencia alguna a mis recuerdos. Resultaba un poco descabellado, un poco raro. Aquello me asustó bastante, pero al mismo tiempo me sentía cautiva, no conseguía detenerme".

    Explica que tomaba su lapicero para dedicarse a esto cada vez que tenía tiempo libre, pero incluso durante las clases a las que asistía.

    Dice que la persona con la quien 'hablaba' se había hecho pasar al principio como un protector... pero había acabado insultándola, provocándole "mucha angustia y mucho pavor". Incluso empezó a escuchar voces, multiplicando su "inquietud", como explicó a Découvrir Dieu:

    Su estado de ánimo no remontaba y se agravaba su "depresión" -pues así define su estado- hasta pensar en "la idea de la muerte", es decir, del suicidio: "Llevaba diez meses así, ya no era vivible, era un infierno para mí".

    El médium espiritista

    El caso es que... ¡lo iba a incrementar con su decisión siguiente! A saber, dar un paso más en el espiritismo. Pensaba que pondría fin a la "profunda repulsión" con la que sentía estar viviendo.

    Buscó un médium al que había que pagar, y quien en su primera intervención mezcló todas las religiones y habló de Buda, de Jesús, de la reencarnación: 

    • "¡Un montón de cosas un poco extrañas! Pero no respondía a mis preguntas. Tenía que comunicarse con el más allá, y durante ese estado de trance (su rostro me espantaba, como sus estremecimientos y sus ojos desorbitados)... ¡me dijo algo muy sorprendente, que visitase un centro católico que hay el norte de Francia!"

    Como no le dio la dirección precisa, Lydie le llamó por teléfono al día siguiente, pero el espiritista le dijo que buscase ella esa información y colgó con violencia. Ella lo interpreta como que "él no recordaba la conversación que habíamos tenido la víspera". 

    [¿Está Lydie sugiriendo algo que resultaría creíble? ¿A saber, que 'alguien' -quizá su propio ángel de la guarda- manejó las palabras nocivas de ese espiritista para hacerle decir algo que él no pensaba decir y acudir así en socorro de la joven?]

    Retorno a los sacramentos

    Al final Lydie logró por otros cauces la dirección y se desplazó hasta dicho centro católico para visitarlo. Así fue lo que pasó:

    • "Llego allí y hay muchas personas rezando. El sacerdote me recibe en su oficina. Le cuento mi historia. Y le muestro mis cuadernos [se refiere a los escritos de 'conversaciones' con el desconocido espíritu]. Él rezó por mí y yo sentí profundamente en mi corazón el amor de Jesús. Resulté transformada y lloré. Sentí también una gran paz. Tenía necesidad de confesarme porque, tras las aclaraciones del sacerdote, me dije que había emprendido un mal camino, me había puesto en peligro y ese camino me había perjudicado. Así que quería pedir perdón".

    Ahora confiesa que ha reencontrado su libertad interior, que ya no siente angustia ni miedo y ha reencontrado la alegría que perdió en los periodos previos de depresión.

    E insiste en que todo cuanto pasó con el médium fue una intervención contra la voluntad del espiritista:

    • "Dios decidió intervenir para decirme: '¡Libérate de eso! ¡Es muy peligroso! ¡Retoma el camino que habías emprendido, es mucho más seguro!' [clara alusión a la fe que había abandonado en su adolescencia]".

    Lydie lanza un mensaje muy directo en esa línea:

    • "Le diría a todas las personas tentadas por las ciencias ocultas o que ya las practican que se fijen bien en qué aportan a su vida: ¿aportan paz o, al contrario, implican angustia o depresión?".

    Y concluye con la broma de que, es cierto, ella no ha conseguido el teléfono de su abuela para llamarla al cielo pero...

    • "Sé que ella está cerca de Dios y puedo pensar en ella y rezar por ella, y que nuestro vínculo no se ha roto por esa esperanza de que está cerca de Él y el Reino de Dios existe".
    ReL




    40 años de una pastoral oficial para homosexuales... que en España casi no se aplica

    En 1986, Doctrina de la Fe, en «Homosexualitatis Problema», pedía una pastoral cercana a las personas con sentimientos homosexuales y fiel a la doctrina; eso es Courage, pero en España hay grupos solo en 2 diócesis. Los obispos no han hecho su trabajo.

    Amistad cristiana sincera, no sexualizada, basada en la fe, con oración, acompañada por sacerdotes... eso ofrece Courage en muchos países

    Amistad cristiana sincera, no sexualizada, basada en la fe, con oración, acompañada por sacerdotes... eso ofrece Courage en muchos países


      El 1 de octubre de 1986, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una carta a los obispos (Homosexualitatis Problema, [con firma del cardenal Ratzinger, nota de Rel]) con instrucciones para la atención pastoral a las personas homosexuales. 

      Este difícil “problema” (tal como lo plantea la Carta), lo afronta con esa maravillosa “contradicción” propia de la fe cristiana: verdad y caridad, siempre unidas. No hace falta explicar aquí lo que dice la Carta en materia de doctrina sobre la homosexualidad, pues el Catecismo ya lo resumió muy bien posteriormente.

      Esa claridad doctrinal, un faro que sigue atrayendo conversos en un mundo relativista, choca con una aplicabilidad muy relativa. En Estados Unidos y Canadá la Carta llegó para confirmar una pastoral activa: Courage International, fundado en 1980, se le había adelantado seis años.

      Pero ¿y España? ¿Cumplieron los obispos de la Conferencia Episcopal Española lo que pide la Carta? 

      • “Esta Congregación, por consiguiente, anima a los obispos para que promuevan en sus diócesis una pastoral que, en relación con las personas homosexuales, esté plenamente de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia” (numeral 15).

      Busco y rebusco, y previo a la aparición en 2021 de Courage en Toledo (ahora disuelto por decisión del arzobispo), no encuentro a un solo sacerdote en toda España que fuera nombrado oficial y públicamente para atender a las personas homosexuales. 

      Antes de eso, solo encuentro dos realidades promovidas por obispos y congregaciones religiosas: acompañamiento psicoafectivo y grupos pro LGTB.

      Unos dirán: ¿Qué pasa con los fieles que desean cambiar su orientación sexual para poder formar una familia o entrar al orden sagrado? ¿Acaso no merecen ser atendidos? Otros añadirán: ¿Y qué pasa con los fieles que consideran que el estilo de vida gay no tiene nada de malo? ¿Acaso los tenemos que echar de la Iglesia?

      Preguntas legítimas, pero la Iglesia española se ha centrado solo en estas dos y ha olvidado la más importante: ¿qué hacemos con las personas homosexuales que simple y llanamente quieren ser castas? 

      Es la misma pregunta que se hizo la Carta hace 40 años.

      Y esta pregunta tiene prioridad por varias razones: en primer lugar, porque sí entra dentro de los parámetros de la Iglesia. La sanación psicoafectiva o la teología queer, aún si pueden ser realizadas por miembros de la Iglesia, son pretensiones extra-eclesiales. La labor de la Iglesia es acompañar personalmente a cargar con la cruz. Sanación psicológica y lucha social pueden venir después, ya en una salida al mundo donde el clero ni pincha ni corta.

      Segunda razón, porque el grupo que la Carta y el Catecismo sí llaman a atender es mucho mayor: aquellas personas que todos conocemos y nadie nombra, presentes en todas partes —clero, familias, seminarios, parroquias, monasterios, conventos— y que cargan por defecto con incomprensión y soledad, caminando entre la deshonestidad o el rechazo.

      Repetidamente me encuentro a sacerdotes jóvenes y bien formados, que reconocen que su única formación sobre la atracción al mismo sexo se había limitado a cuestiones psicológicas, y que era una sorpresa para ellos la posibilidad de que un laico abrace una soltería casta y feliz. 

      ¡Cuánto bien espiritual habría surgido si desde los años 80 se hubiera aplicado la Carta sin más, afrontando la cuestión homosexual con naturalidad!

      Y he aquí una ironía clerical: ahora que las llamadas “terapias de conversión” son sistemáticamente perseguidas, la CEE viene a quejarse de que se está atacando su atención espiritual a las personas homosexuales, haciendo énfasis que eso no tiene nada de terapéutico. 

      Que me disculpen los señores obispos. ¿Qué atención espiritual? 

      Aparte de unos silenciosos grupos de Courage en dos diócesis, ¿actualmente quién está atendiendo en España esta realidad que afecta a miles de fieles?

      Aunque sea con 40 años de retraso, el remedio sería sencillo: que cada diócesis tuviera al menos un sacerdote encargado públicamente de esta pastoral, que los seminarios formaran en el tema sin eufemismos, que se apoyara con estabilidad a iniciativas como Courage. 

      Más allá del confesionario y del director espiritual, ¿qué puede hacer hoy una persona homosexual para vivir en castidad? 

      ¿Habrá algún día un solo sacerdote que en nombre de la Conferencia Episcopal Española pueda decir “yo respondo”? 

      • Lorenzo Carrera Bloise es miembro de Courage y contó su testimonio personal en el blog del P. Jesús María Silva, aquí en ReL.

      Lorenzo Carrera Bloise, ReL

      Vea también      Los homosexuales pueden cambiar

      martes, 29 de septiembre de 2026

      Un jefe scout, una chica evangelizadora... las preguntas de los jóvenes a León XIV

      Miniatura del video


      El viernes por la noche, en la Vigilia de Oración de Jóvenes en el Stade de France, algunos jóvenes dieron voz a las inquietudes de su generación y las plantearon ante León XIV.

      Chloé, una joven católica de 25 años, preguntó: ¿cómo anunciar a Cristo con fuerza y perseverancia, pero sin perder el respeto hacia quienes no comparten la fe?

      François, un jefe scout (el movimiento scout muy extendido en Francia y fuente de muchas vocaciones) preguntó ¿cómo discernir dónde Dios nos llama a servir y cómo entregar la vida sin dejarse vencer por la ansiedad y la incertidumbre?

      León XIV les respondió animando a una vida arraigada en Cristo y el servicio. 

      Para discernir la propia vocación, propuso escuchar al Espíritu Santo, con la oración, la Eucaristía y el ejemplo de los santos.

      Otros temas que el Papa mencionó fueron la ansiedad e incertidumbre sobre el futuro, la adicción o distracción por las pantallas, el cambio climático, la situación económica y la búsqueda de sentido. [22 min 52 seg]

      ReL



      Cinco excusas para no dar servicio en la Iglesia

      couple in the church

      Cuando vemos a las personas que desempeñan algún servicio en la Iglesia podríamos preguntarnos si nosotros también podemos apoyar, pero siempre hay excusas


      El sacerdote tiene la misión de llevar el Evangelio a las comunidades que le encomienda su obispo, para eso se ordenó y se ha comprometido de por vida. Pero él no puede hacer todo solo, requiere que los laicos ofrezcan su servicio desinteresado para que sean más efectivos sus esfuerzos. Sin embargo, no todos están dispuestos a servir en la Iglesia y ponen distintas excusas para evitar involucrarse.

      Aquí te compartimos las más comunes.

      1No puedo

      Esta es la más sencilla. "No puedo" significa todo y nada. Tal vez quiere decir que somos muy jóvenes - como Jeremías (1, 6)- o muy viejos - como Abraham, quien no se negó a obedecer a Dios (Gn 12, 1)- , que tenemos hijos, que atendemos a nuestros padres, a nuestras mascotas o algún negocio... en fin, que sobran los quehaceres.

      Por supuesto, si nos pusiéramos a pensar un momento, descubriríamos que sí podemos y tenemos capacidad para realizar alguna tarea, por muy sencilla que sea. El asunto es querer.

      2No tengo tiempo

      Viene de la mano con el anterior. El tiempo es muy valioso, sin duda, y hay que aprovecharlo al máximo. Pero, sinceramente, ¿a quién le pertenece? ¡Solo a Dios!, y si somos honestos, no estamos ocupados todo el día.

      Hay momentos de ocio que quizá usamos para descansar, para consultar las redes sociales o simplemente para estar sin hacer nada. Uno de esos tiempos desocupados podríamos dedicarlos - aunque fuera solo una hora - para alguna actividad en nuestra parroquia.

      Lo máximo a lo que aspirar: servir

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      3No tengo dinero

      Cuando se trata de servir a veces se requiere invertir recursos, pero no es siempre. Por supuesto que cada parroquia tiene una realidad muy distinta dependiendo del lugar en el que esté ubicada, pero lo que nunca estará de más será la buena voluntad para apoyar en los trabajos y actividades parroquiales.

      Recuerda esta enseñanza de san Pablo que es válida para todos:

      Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te dejaré ni te abandonaré (He 13, 5).

      Po eso, el dinero no es un problema importante porque a nadie que preste un servicio se le exige una cantidad fija - eso no se estila en la Iglesia católica -; y en caso de requerirse, el sacerdote o la misma comunidad se encargan de resolverlo. No te preocupes por eso.

      4no me nace

      Aquí no hay nada qué hacer. Si no hay voluntad, está de más pedir ayuda. El trabajo es voluntario y créelo, siempre deja muchas satisfacciones y alegrías porque "hay más alegría en dar que en recibir" (Hch 20, 35).

      Además, es el deseo de Dios, como nos recuerda san Pablo: "No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a Dios" (He 13, 16). ¿Por qué no lo intentas?

      Este es el servicio que ejerce el catequista en la Iglesia

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      5No tengo preparación

      Tampoco los Apóstoles la tenían. En la Iglesia asiste gente de todo tipo y también hay grupos en los que puedes recibir formación acorde a la tarea que desempeñarás. De este modo, todos se preparan y se ayudan mutuamente, tanto si te apuntas como lector, catequista, monaguillo o apoyas a familia, jóvenes, grupos de pastoral social y hasta de comunicación.

      Ten la certeza de que Dios provee de lo necesario para quien se ofrece de corazón.

      Así es que, no tengamos excusas para servir al Señor, porque, al final, Él nos dará a cada quien lo que merezcan nuestras obras. ¿Cuánto quieres recibir?

      Mónica Muñoz, Aleteia

      Vea también    Teología de la Iglesia católica



      ¿Sufre el feto en un aborto? Ana Iris Simón responde a la ministra en El País

      La escritora denuncia en su columna que el verdadero estigma no recae sobre el aborto, sino sobre las mujeres cuyas experiencias «no encajan en el relato presuntamente progresista».

      Mujer embarazada.

      Mujer embarazada.


        La escritora Ana Iris Simón ha dedicado su columna de este sábado en El País a la respuesta que dio la ministra de Sanidad, Mónica García, cuando una periodista le preguntó si, desde el punto de vista sanitario, puede garantizarse que el feto no sufre durante un aborto voluntario. 

        «Perdona, no entiendo la pregunta», contestó García. La periodista la repitió con educación. La ministra, según relata Simón, siguió sin entenderla «mientras dibujaba una media sonrisa».

        La escena tuvo lugar en la presentación de la nueva campaña del Ministerio de Sanidad sobre el aborto, cuyo objetivo declarado es «combatir la culpa y los juicios» que todavía lo rodean y «reivindicar el derecho a recibir información». 

        Para la autora de Feria, la paradoja salta a la vista: «Parece que hay información que las mujeres no merecen tener, cuestiones que es inoportuno siquiera plantear».

        Una anestesióloga ante la pregunta del dolor

        Simón no deja pasar un detalle que convierte la escena en algo más que un tropiezo de rueda de prensa: Mónica García es anestesióloga, y el dolor es precisamente una de las cuestiones a las que responde su especialidad. «Algún asistente pudo pensar que igual la señora García lleva tanto tiempo en el despacho que se le ha olvidado», ironiza.

        Tras acusar a la periodista de que su pregunta tenía «una carga de profundidad negacionista del derecho de las mujeres», la ministra zanjó que «hay evidencia más que de sobra que demuestra que no hay sufrimiento». 

        La columnista recuerda que la cuestión de cuándo puede el feto experimentar dolor sigue siendo objeto de discusión científica, y cita a una de las autoridades en la materia en España, el doctor Reinoso Barbero, coordinador de la Unidad de Dolor Infantil del Hospital La Paz, que sostiene que «la evidencia disponible indica que los fetos tienen la capacidad de responder a estímulos dolorosos desde etapas tempranas del desarrollo que se corresponden con la mitad de la gestación».

        Aunque, matiza Simón, el dolor ni siquiera debería ser lo decisivo: «Lo relevante es si hay o no vida, con independencia de cómo se experimente».

        ¿Dónde está el estigma?

        La escritora da la vuelta al planteamiento de la campaña y pregunta cuáles son hoy los estigmas que carga el aborto. Propone mirar a la cultura: cuántos libros a favor y cuántos críticos publican cada año las editoriales generalistas. 

        Y recuerda el revuelo que se montó cuando a la guionista Diablo Cody, a la que describe como «modernísima», la acusaron de posicionarse contra los derechos de las mujeres por escribir Juno, la película en la que una adolescente embarazada decide no abortar y dar a su hijo en adopción.

        Las mujeres a las que nadie quiso escuchar

        El ejemplo más reciente lo sitúa en Barcelona. Cuatro días antes de la presentación de la campaña, en la parroquia de Montalegre estaba previsto un acto en el que varias mujeres, una de ellas inmigrante en riesgo de exclusión, iban a contar cómo vivieron su aborto. 

        «No eran activistas provida, no eran integristas de ninguna religión ni causa, no iban a teorizar sino a hablar de lo que vivieron», escribe. No llegaron a hacerlo: un grupo de feministas irrumpió en el acto al grito de «nosotras parimos, nosotras decidimos».

        Simón lo resume con una estocada: el «hermana, yo sí te creo» funciona «siempre que la hermana cuente lo que a la que tiene que creerla le interese». De ahí su conclusión: quizá lo estigmatizado no sea el aborto, sino «las experiencias de quienes no encajan en el relato presuntamente progresista. Las preguntas de quienes no se contentan con un eslogan».

        Hay preguntas que no se entienden porque se entienden demasiado bien. Y hay silencios que, en una rueda de prensa, dicen más que cualquier campaña.

        ReL

        Vea también    Madres solteras: No han abortado y hoy viven felices