lunes, 2 de febrero de 2026

Rocío Palomar, interiorista, ayuda a crear hogares que hablan de Dios: por qué el orden es clave

La esposa, madre de familia numerosa y responsable de Cotidiano Estudio profundiza en su cosmovisión artística y espiritual.

Rocío Palomar, responsable de Cotidiano Estudio, donde ofrece una visión de orden, belleza y personalidad en el diseño de espacios e interiores.

Rocío Palomar, responsable de Cotidiano Estudio, donde ofrece una visión de orden, belleza y personalidad en el diseño de espacios e interiores.

A lo largo de 2025, la interiorista Rocío Palomar decidió volcar su experiencia en el ámbito de la empresa y diseño de interiores en un proyecto tan personal como decidido. Cotidiano Estudio es la fusión de la faceta espiritual, matrimonial, de madre de familia numerosa y emprendedora de su impulsora, cuyo apellido podría sonar al lector después de que su hermana Teresa avanzase imparable en el reality La Voz, en pleno año de pandemia. 

Rocío se sienta con Religión en Libertad para abordar de primera mano lo que muchos han venido a llamar “Teología del Hogar” y que, para ella, es más un modo de vida que una teología en sí misma. Según explica, esta no se limita a meras ideas o divagaciones filosóficas: se trata de poner rostro concreto y práctico a, como ella dice, “hogares que hablen de Dios”.

-Rocío, ¿cómo comienza tu interés por el diseño de interiores?

-Desde pequeña me ha llamado muchísimo la atención el interiorismo. Cuando iba a casa de amigas del colegio, siempre me fijaba en cómo eran las casas y en lo que transmitían. Recuerdo perfectamente que había hogares en los que me sentía muy a gusto y otros en los que no, y eso me hacía pensar mucho. También me di cuenta muy pronto de que había familias con las que estaba más cómoda que con otras, incluso aunque su casa fuese más bonita.

»Esa relación entre hogar y ambiente familiar siempre me ha fascinado. Ya de adolescente me encantaba ver programas de transformaciones y reformas, ver cómo cambiaban los espacios… Era algo que disfrutaba muchísimo.

-¿Y en qué momento empezó a ser también un modo de vida?

- Estudié ADE en inglés y empecé a trabajar en una empresa pionera en el sector de muebles y decoración, aprendí muchísimo del oficio desde dentro. La oficina estaba en la planta superior de una nave, y justo debajo estaba el taller. Me fascinaba bajar y ver cómo se creaba todo desde cero.

- ¿Tenías contacto con el cliente? ¿Podías corroborar en el cara a cara que eso era lo tuyo?

- Varias veces al año organizábamos outlets y teníamos que bajar a la tienda a atender al público. Me encantaba ese contacto con los clientes, el asesorarles, ayudarles a combinar piezas… y fue ahí cuando me di cuenta de que realmente se me daba bien y me apasionaba.

»Después me casé, llegó el COVID y la empresa hizo un ERE. Y ese fue el momento en el que decidí lanzarme de verdad: hice un máster de interiorismo y empecé con proyectos pequeños, primero para amigos y familia.

- ¿Cómo encajaba en todo ello tu familia?

-Lo compaginé con mis embarazos y los partos de mis dos primeros hijos, así que fue todo un reto, pero también un aprendizaje enorme. Y este año, por fin, he podido lanzar mi marca y mi estudio: Cotidiano Estudio.

- ¿Cómo lo definirías en tres líneas?

-Somos un estudio de interiorismo y diseñamos espacios para personas reales que quieran sentirse bien en casa. Cotidiano Estudio nace para redescubrir la belleza del día a día de cada uno, transformando tu casa en un hogar que hable de ti y los tuyos.

-Habláis de “espacios reales para personas reales”. Pero las casas de hoy se alejan mucho de la necesidad real de una persona o familia, suelen ser pisos pequeños, muy funcionales y muchos sin siquiera terraza o aire libre… ¿Es posible hacer de los pisos un hogar real para lo que necesita la gente?

-Sí. Para mí, el primer paso es siempre el orden. Una casa ordenada es, en cierto modo, sinónimo de una mente ordenada. Cuando el hogar está en caos, cuesta muchísimo encontrar calma o descanso. Por eso el orden es fundamental, no solo por estética, sino por nuestro propio bienestar y el de la familia.

"Cuando el hogar está en caos, cuesta muchísimo encontrar calma".

-¿Tiene algo que decir la educación de los hijos en todo esto?

-Es verdad que hoy en día no suele haber familias con muchos niños y que la mayoría de los pisos nuevos son cada vez más pequeños. Si necesitas más espacio, la oferta es escasa y muy cara. Además, las familias solemos tener un presupuesto ajustado: farmacia, pañales, ropa, leche… La lista de gastos parece infinita.

»Justo por eso, cuando el espacio es limitado —y con niños más aún— es clave ser muy ordenados, evitar compras impulsivas y no dejarnos llevar por modas. Se trata de comprar con conciencia y de enseñar a los niños ese valor del orden y del cuidado del hogar.

-Muchos se resignan a primar lo funcional en detrimento de lo bello por que la casa en la que viven es alquilada…

-Que un piso sea pequeño o que estemos de alquiler no significa que no debamos mimarlo y hacerlo apetecible. Hay detalles muy accesibles que cambian completamente la sensación de hogar: una lámpara bonita en vez de la primera que encontremos, unos cuadros monos, una estantería cuidada, ropa de cama con color, pequeños gestos que hacen que tanto nosotros como nuestros hijos estemos mejor en casa. Hoy en día hay muchísima oferta de decoración infantil preciosa y asequible. Con orden, cuidado y detalles bien escogidos, cualquier piso puede convertirse en un hogar real para la familia que lo vive.

- Desde el “boom” de Carrie Gress y Noelle Mering en Estados Unidos, parece resonar mucho la cuestión de la Teología del Hogar. ¿Te enmarcas, aunque sea personalmente, en esa tendencia?

-Realmente no me enmarco como tal en esa corriente. Simplemente me leí un libro sobre el tema y me gustó mucho, porque me recordó a muchas cosas que yo ya había vivido de pequeña en casa de mis padres sin saber que aquello tenía un nombre.

-Es decir, para ti es más un modo de vida que una teoría…

-No siento que tenga que “aplicar” la teología del hogar a la decoración. Es verdad que, en los últimos años, especialmente desde el COVID, esta corriente ha tenido mucho auge y ha llegado con fuerza a España. En mi caso, siempre he vivido mi casa desde la fe y desde las tradiciones familiares, de una manera muy natural. No lo llamaba así, era simplemente mi forma de vivir en familia y de entender el hogar.

-¿Y cómo la explicarías a quien no haya tenido la posibilidad de vivirlo desde la infancia o conocerlo con los libros?

-Para mí, se trata de aprender a tener a Dios en casa como uno más. Que forme parte de tu familia y de tu día a día. Y creo que ahí está lo importante: en ser conscientes del valor del hogar y del valor que tiene un día normal. Vivimos en un ritmo que no invita a vivir conscientemente, parece que se nos empuja a escapar de lo cotidiano… Y, sin embargo, cuando nos falta esa normalidad, la echamos muchísimo de menos.

-Habrá quien te acuse de “rutinaria”…

-Creo que hay que redescubrir y agradecer esos pequeños momentos que tenemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y que podemos ofrecer a Dios dentro de la vida diaria. Nuestra rutina merece ser bella, no hay que “hacerla de menos”, todo lo contrario.

- No hablas de Teología del hogar, pero sí de hogares cristianos y que evangelicen. ¿Cómo los definirías?

-Creo que el principal testimonio de un hogar cristiano es la familia que vive en él. No sirve de nada tener la casa llena de imágenes religiosas si dentro no se respira cariño y alegría. De hecho, a veces nos hacemos un flaco favor cuando cuidamos más la estética que el trato. 

En Cotidiano Estudio, y en su día a día, Palomar se muestra convencida de que

En Cotidiano Estudio, y en su día a día, Palomar se muestra convencida de que "se trata de aprender a tener a Dios en casa como uno más. Que forme parte de tu familia y de tu día a día".

-¿Podrías profundizar?

-Un hogar católico debería ser un reflejo del hogar de Nazaret. Para mí, lo que más delata un hogar cristiano no son los objetos, sino la forma de vivir: la alegría, la dulzura y el cuidado con el que nos tratamos unos a otros. Eso se nota muchísimo. Pero al final, el corazón del hogar cristiano es la familia, y cómo esa familia convive.

-Recientemente “Rescoldo” ha lanzado una campaña para entronizar al Sagrado Corazón en los hogares. ¿Qué tiene que decir la decoración material de un hogar cristiano?

-Hay detalles visibles que acompañan esa vivencia interior: un cuadro de la Virgen, del Niño Jesús o del Ángel de la Guarda en las habitaciones de los niños. Antes era muy común —y me parece una tradición preciosa que se está perdiendo— colocar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en la entrada de la casa, como signo de protección y bendición para todos los que viven allí.

-Quizá uno de los efectos de Hollywood en este campo ha sido el de asociar los hogares católicos con casas excesivamente decoradas, saturadas de imágenes religiosas, alejado de todo sentido estético. ¿Crees que la decoración de un hogar católico está reñida con la belleza?

-No tiene por qué. Por un lado, es importante diferenciar que nuestra casa —que debe ser un lugar de oración para nosotros— no es una capilla. Está muy bien tener un pequeño rincón pensado para la oración, pero la realidad es que muchas veces no vamos a poder reservar un espacio exclusivamente para eso. Y no pasa nada. Lo importante es no confundir una cosa con la otra y tampoco inundar la casa de elementos religiosos. Pero sí creo que lo natural, para una familia cristiana, es que su hogar hable de su fe.

-No son muchos los que hoy creen en la idea de belleza, y menos aún que esta tenga una aplicación viable y concreta… ¿Crees que afecta un hogar bello a quienes residen en él?

-La belleza transforma. Te eleva el espíritu, te remueve por dentro. Y es importantísimo despertar esa sensibilidad en los niños desde bien pequeños, y educarnos nosotros mismos para buscarla y anhelarla en nuestro día a día. Aunque a veces cueste más, merece la pena, porque la belleza tiene valor en sí misma, no necesita justificar su existencia siendo funcional. No menospreciéis la belleza. No es superficial. Es fundamental.

-Y esa belleza, ese diseño, ¿pueden favorecer, por ejemplo, la oración en familia?

- Creo que sí, absolutamente. El diseño puede acompañar —y mucho— a la vida espiritual de una familia, no porque “produzca” la oración, sino porque la facilita. Igual que un buen diseño favorece el descanso, la convivencia o el estudio, también puede favorecer esos momentos de recogimiento que en el ritmo actual de vida son tan difíciles de encontrar.

- ¿Podrías poner algún ejemplo?

- Algo tan sencillo como crear un pequeño punto focal en el salón —una repisa, una balda, una mesita auxiliar— donde tengamos una vela, una imagen bonita, una Biblia accesible… No hace falta “reservar” una habitación entera para rezar, pero sí podemos introducir señales discretas que nos recuerden lo importante en medio del día a día.

»También ayuda mucho la manera de distribuir los espacios: si todo está orientado exclusivamente a la pantalla, es muy difícil que la familia encuentre ratos de silencio o de conversación. Un salón con un rincón más calmado, con luz cálida y sin estímulos constantes, invita de manera natural a parar, a recogerse, a estar juntos.

-Para muchos, rezar con niños en casa es una misión imposible. ¿Crees que esa oración que puede favorecer la belleza incluye también la de los hijos?

-La oración con niños pequeños no es perfecta, pero es real. Y esa realidad, vivida con cariño y constancia, es la que más les enseña.

- ¿Algún elemento que sea de especial utilidad en tu caso?

-Me gusta tener libros y cuentos que hablen de la fe: Biblias infantiles, vidas de santos, historias de Navidad… No siempre los leemos, pero que estén ahí y que formen parte del entorno ayuda a los niños a vivir su fe con naturalidad, como algo que también pertenece a su mundo.

- Hablas mucho de hogares que hablan de Dios. ¿Cuáles son sus notas predominantes?

-Un hogar que hable de Dios es aquel donde se respira paz, donde la belleza se cuida, donde hay pequeños signos de fe elegidos con cariño, y donde la familia vive sabiendo que Dios forma parte de su cotidianidad.

-Por último: si alguien te pidiese algunas ideas para llevarlo a la práctica, ¿qué cinco ideas le dirías?

1. Creo que lo primero es entender que un hogar que hable de Dios es una casa donde la fe está integrada en la vida cotidiana de forma natural. No se trata de llenar las paredes de imágenes, sino de crear un ambiente que invite a la presencia de Dios en lo pequeño.

2. Por un lado, ayuda muchísimo cuidar la belleza y el orden, porque ambos predisponen el corazón a la oración. Una casa armoniosa, luminosa, cuidada—dentro de las posibilidades reales de cada familia—ya habla de Dios, porque refleja el amor con el que vivimos en ella y el cariño con el que tratamos lo que nos ha sido dado.

3. Luego, por supuesto, están los pequeños signos visibles de la fe. No tienen por qué ser muchos, pero sí elegidos con cariño. Una imagen de la Virgen en la entrada, un Sagrado Corazón en el salón, un Angelito de la Guarda en la habitación de los niños… elementos que no solo decoran, además transmiten naturalidad a los hijos, que crecen viendo que la fe forma parte de la vida diaria.

4. Otro gesto sencillo es crear un pequeño rincón para la oración. Lo suficiente para que, cuando la familia quiera rezar junta—aunque sea un minuto antes de acostar a los niños—haya un lugar que invite a ello.

5. Y, por último, algo que me parece esencial: bendecir la mesa, dar gracias juntos por el día, ofrecer las tareas… Ese tipo de gestos transforman una casa normal en un hogar donde Dios está presente de verdad.

José María Carrera, ReL

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Los 5 pilares de la comunicación con tu hijo adolescente

 

Cinq piliers de communication positive avec son adolescent
Durante la adolescencia, la comunicación puede convertirse rápidamente en una fuente de tensión entre padres e hijos. Sin embargo, adoptando diferentes posturas y replanteándose el diálogo, es posible preservar el vínculo y establecer una buena relación con los adolescentes

La adolescencia se caracteriza por el deseo natural del adolescente de separarse de sus padres para construir su propia identidad. Esta necesaria distancia se manifiesta, en particular, a través de cierta oposición. La comunicación con un adolescente puede convertirse entonces en un reto para muchos padres. Sin embargo, este periodo crucial también puede convertirse en una oportunidad para construir una relación más madura y respetuosa.

Anne-Claire de Pracomtal, terapeuta familiar, coach y cofundadora de la plataforma "IAMSTRONG" para acompañar a adolescentes y padres en dificultades, lo subraya con fuerza: "Hay que reorganizar un poco la forma de comunicarse con los hijos".

Junto con la experta Erika Seydoux, propone los cinco pilares de la comunicación positiva que hay que establecer con un adolescente. Se trata de pautas concretas que favorecen un diálogo más tranquilo, refuerzan la confianza y mantienen un vínculo sólido a pesar de las turbulencias de la adolescencia.

1El "tú" mata, yo digo "yo"

La comunicación con un adolescente puede convertirse rápidamente en un conflicto cuando se basa en acusaciones, especialmente a través del "tú" ("siempre haces...", "nunca respetas..."). Una forma de comunicación que a menudo resulta contraproducente.

"Incluso cuando los padres mantienen la calma, o simplemente quieren ser directos, este tipo de formulación puede ser percibida como agresiva por el adolescente, que entonces corre el riesgo de ponerse a la defensiva", precisa Anne-Claire de Pracomtal, invitando a los padres a utilizar afirmaciones en "yo" que permiten expresar sus emociones sin poner al otro a la defensiva. "Me siento frustrado", "necesito"... Son frases que fomentan una comunicación sin culpas ni discusiones y permiten que se escuche al otro.

"Cuando surge un problema y el enfado es legítimo, es importante expresar lo que se siente sin ser demasiado agresivo ni acusador. Decir lo que se siente, en lugar de lo que el otro 'hace mal', abre más el diálogo", insiste la especialista.

2El copilotaje

Del mismo modo, una postura demasiado autoritaria, sin espacio para el debate, complica el diálogo. "Imponer las normas de forma unilateral, sin explicarlas ni elaborarlas juntos, limita la aceptación por parte del adolescente. Las normas de convivencia son necesarias, pero la forma de presentarlas y aplicarlas marca la diferencia", continúa Anne-Claire de Pracomtal, quien señala que los padres no deben ser los pilotos de la vida de sus hijos, sino colaborar para encontrar soluciones en lugar de imponerlas.

Por ejemplo, al comienzo del año escolar, en lugar de imponer un horario, establecerlo juntos (horarios, comidas, deberes, tiempo libre). "Esto permite involucrar al adolescente, le da opciones y evita que sienta que todo se decide sin él. Esta colaboración fomenta la responsabilidad y reduce los conflictos".

3El tiempo muerto

"Nada se resuelve con gritos o bajo el influjo de la ira", advierte Anne-Claire de Pracomtal. La especialista en adolescencia recomienda una estrategia de comunicación sencilla pero eficaz para evitar que los conflictos se agraven: cuando la discusión se vuelve demasiado emotiva y el diálogo pierde toda eficacia, es aconsejable tomarse un respiro y, si es necesario, establecer una distancia física temporal. "Este momento permite a cada uno recuperar la calma, bajar la tensión y volver a la discusión en mejores condiciones".

4Dejar ir

Atención, dejar ir no significa abandonar. Se trata más bien de elegir las batallas. "Querer controlarlo todo —la ropa que lleva tu hijo, sus notas, sus amistades o sus hábitos— no solo es poco realista, sino también contraproducente. Al querer controlarlo todo, los padres corren el riesgo de que sus hijos dejen de escucharles", explica Anne-Claire de Pracomtal.

Quien aconseja identificar lo que es realmente importante, lo que forma parte de los valores y las responsabilidades educativas que se desean transmitir. "En estos aspectos, el marco debe ser claro y asumido. En cambio, para el resto, es beneficioso confiar en el adolescente". Esta postura favorece la autonomía, refuerza la relación de confianza y hace que la comunicación sea más tranquila y eficaz.

5El tiempo juntos

El tiempo juntos, o el hecho de pasar tiempo juntos, es esencial para mantener el vínculo con su hijo adolescente. Aunque esta edad suele caracterizarse por un distanciamiento, sigue siendo importante interesarse por su mundo y por lo que forma parte de su día a día. El reto consiste en localizar puntos de encuentro, momentos compartidos que permitan alimentar la relación sin forzarla.

"Esto puede hacerse mediante actividades elegidas juntos: ir al cine, practicar una actividad deportiva o creativa elegida conjuntamente", enumera Anne-Claire de Pracomtal. Y señala que, hoy en día, muchos adolescentes y padres viven en mundos paralelos, sobre todo debido a las nuevas tecnologías. "Los padres pueden encontrarse desconectados de lo que ven, hacen o viven sus hijos adolescentes. Es como si un muro invisible los separara". Tomarse el tiempo para entrar en su mundo permite reducir esta distancia y reforzar una relación basada en la comprensión y la presencia".

Estas claves de comunicación nos recuerdan que la relación con nuestros hijos adolescentes no se construye a base de enfrentamientos, sino de escucha, respeto y confianza. Se trata de principios sencillos, aplicables a todas las relaciones (de pareja, laborales, de amistad), que permiten fomentar intercambios más serenos y reforzar de forma duradera los vínculos cotidianos.

Anna Ashkova, Aleteia