viernes, 2 de octubre de 2026

40 años de una pastoral oficial para homosexuales... que en España casi no se aplica

En 1986, Doctrina de la Fe, en «Homosexualitatis Problema», pedía una pastoral cercana a las personas con sentimientos homosexuales y fiel a la doctrina; eso es Courage, pero en España hay grupos solo en 2 diócesis. Los obispos no han hecho su trabajo.

Amistad cristiana sincera, no sexualizada, basada en la fe, con oración, acompañada por sacerdotes... eso ofrece Courage en muchos países

Amistad cristiana sincera, no sexualizada, basada en la fe, con oración, acompañada por sacerdotes... eso ofrece Courage en muchos países


    El 1 de octubre de 1986, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una carta a los obispos (Homosexualitatis Problema, [con firma del cardenal Ratzinger, nota de Rel]) con instrucciones para la atención pastoral a las personas homosexuales. 

    Este difícil “problema” (tal como lo plantea la Carta), lo afronta con esa maravillosa “contradicción” propia de la fe cristiana: verdad y caridad, siempre unidas. No hace falta explicar aquí lo que dice la Carta en materia de doctrina sobre la homosexualidad, pues el Catecismo ya lo resumió muy bien posteriormente.

    Esa claridad doctrinal, un faro que sigue atrayendo conversos en un mundo relativista, choca con una aplicabilidad muy relativa. En Estados Unidos y Canadá la Carta llegó para confirmar una pastoral activa: Courage International, fundado en 1980, se le había adelantado seis años.

    Pero ¿y España? ¿Cumplieron los obispos de la Conferencia Episcopal Española lo que pide la Carta? 

    • “Esta Congregación, por consiguiente, anima a los obispos para que promuevan en sus diócesis una pastoral que, en relación con las personas homosexuales, esté plenamente de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia” (numeral 15).

    Busco y rebusco, y previo a la aparición en 2021 de Courage en Toledo (ahora disuelto por decisión del arzobispo), no encuentro a un solo sacerdote en toda España que fuera nombrado oficial y públicamente para atender a las personas homosexuales. 

    Antes de eso, solo encuentro dos realidades promovidas por obispos y congregaciones religiosas: acompañamiento psicoafectivo y grupos pro LGTB.

    Unos dirán: ¿Qué pasa con los fieles que desean cambiar su orientación sexual para poder formar una familia o entrar al orden sagrado? ¿Acaso no merecen ser atendidos? Otros añadirán: ¿Y qué pasa con los fieles que consideran que el estilo de vida gay no tiene nada de malo? ¿Acaso los tenemos que echar de la Iglesia?

    Preguntas legítimas, pero la Iglesia española se ha centrado solo en estas dos y ha olvidado la más importante: ¿qué hacemos con las personas homosexuales que simple y llanamente quieren ser castas? 

    Es la misma pregunta que se hizo la Carta hace 40 años.

    Y esta pregunta tiene prioridad por varias razones: en primer lugar, porque sí entra dentro de los parámetros de la Iglesia. La sanación psicoafectiva o la teología queer, aún si pueden ser realizadas por miembros de la Iglesia, son pretensiones extra-eclesiales. La labor de la Iglesia es acompañar personalmente a cargar con la cruz. Sanación psicológica y lucha social pueden venir después, ya en una salida al mundo donde el clero ni pincha ni corta.

    Segunda razón, porque el grupo que la Carta y el Catecismo sí llaman a atender es mucho mayor: aquellas personas que todos conocemos y nadie nombra, presentes en todas partes —clero, familias, seminarios, parroquias, monasterios, conventos— y que cargan por defecto con incomprensión y soledad, caminando entre la deshonestidad o el rechazo.

    Repetidamente me encuentro a sacerdotes jóvenes y bien formados, que reconocen que su única formación sobre la atracción al mismo sexo se había limitado a cuestiones psicológicas, y que era una sorpresa para ellos la posibilidad de que un laico abrace una soltería casta y feliz. 

    ¡Cuánto bien espiritual habría surgido si desde los años 80 se hubiera aplicado la Carta sin más, afrontando la cuestión homosexual con naturalidad!

    Y he aquí una ironía clerical: ahora que las llamadas “terapias de conversión” son sistemáticamente perseguidas, la CEE viene a quejarse de que se está atacando su atención espiritual a las personas homosexuales, haciendo énfasis que eso no tiene nada de terapéutico. 

    Que me disculpen los señores obispos. ¿Qué atención espiritual? 

    Aparte de unos silenciosos grupos de Courage en dos diócesis, ¿actualmente quién está atendiendo en España esta realidad que afecta a miles de fieles?

    Aunque sea con 40 años de retraso, el remedio sería sencillo: que cada diócesis tuviera al menos un sacerdote encargado públicamente de esta pastoral, que los seminarios formaran en el tema sin eufemismos, que se apoyara con estabilidad a iniciativas como Courage. 

    Más allá del confesionario y del director espiritual, ¿qué puede hacer hoy una persona homosexual para vivir en castidad? 

    ¿Habrá algún día un solo sacerdote que en nombre de la Conferencia Episcopal Española pueda decir “yo respondo”? 

    • Lorenzo Carrera Bloise es miembro de Courage y contó su testimonio personal en el blog del P. Jesús María Silva, aquí en ReL.

    Lorenzo Carrera Bloise, ReL

    Vea también      Los homosexuales pueden cambiar

    martes, 29 de septiembre de 2026

    Un jefe scout, una chica evangelizadora... las preguntas de los jóvenes a León XIV

    Miniatura del video


    El viernes por la noche, en la Vigilia de Oración de Jóvenes en el Stade de France, algunos jóvenes dieron voz a las inquietudes de su generación y las plantearon ante León XIV.

    Chloé, una joven católica de 25 años, preguntó: ¿cómo anunciar a Cristo con fuerza y perseverancia, pero sin perder el respeto hacia quienes no comparten la fe?

    François, un jefe scout (el movimiento scout muy extendido en Francia y fuente de muchas vocaciones) preguntó ¿cómo discernir dónde Dios nos llama a servir y cómo entregar la vida sin dejarse vencer por la ansiedad y la incertidumbre?

    León XIV les respondió animando a una vida arraigada en Cristo y el servicio. 

    Para discernir la propia vocación, propuso escuchar al Espíritu Santo, con la oración, la Eucaristía y el ejemplo de los santos.

    Otros temas que el Papa mencionó fueron la ansiedad e incertidumbre sobre el futuro, la adicción o distracción por las pantallas, el cambio climático, la situación económica y la búsqueda de sentido. [22 min 52 seg]

    ReL



    Cinco excusas para no dar servicio en la Iglesia

    couple in the church

    Cuando vemos a las personas que desempeñan algún servicio en la Iglesia podríamos preguntarnos si nosotros también podemos apoyar, pero siempre hay excusas


    El sacerdote tiene la misión de llevar el Evangelio a las comunidades que le encomienda su obispo, para eso se ordenó y se ha comprometido de por vida. Pero él no puede hacer todo solo, requiere que los laicos ofrezcan su servicio desinteresado para que sean más efectivos sus esfuerzos. Sin embargo, no todos están dispuestos a servir en la Iglesia y ponen distintas excusas para evitar involucrarse.

    Aquí te compartimos las más comunes.

    1No puedo

    Esta es la más sencilla. "No puedo" significa todo y nada. Tal vez quiere decir que somos muy jóvenes - como Jeremías (1, 6)- o muy viejos - como Abraham, quien no se negó a obedecer a Dios (Gn 12, 1)- , que tenemos hijos, que atendemos a nuestros padres, a nuestras mascotas o algún negocio... en fin, que sobran los quehaceres.

    Por supuesto, si nos pusiéramos a pensar un momento, descubriríamos que sí podemos y tenemos capacidad para realizar alguna tarea, por muy sencilla que sea. El asunto es querer.

    2No tengo tiempo

    Viene de la mano con el anterior. El tiempo es muy valioso, sin duda, y hay que aprovecharlo al máximo. Pero, sinceramente, ¿a quién le pertenece? ¡Solo a Dios!, y si somos honestos, no estamos ocupados todo el día.

    Hay momentos de ocio que quizá usamos para descansar, para consultar las redes sociales o simplemente para estar sin hacer nada. Uno de esos tiempos desocupados podríamos dedicarlos - aunque fuera solo una hora - para alguna actividad en nuestra parroquia.

    Lo máximo a lo que aspirar: servir

    Lo máximo a lo que aspirar: servir

    Lea el artículo

    3No tengo dinero

    Cuando se trata de servir a veces se requiere invertir recursos, pero no es siempre. Por supuesto que cada parroquia tiene una realidad muy distinta dependiendo del lugar en el que esté ubicada, pero lo que nunca estará de más será la buena voluntad para apoyar en los trabajos y actividades parroquiales.

    Recuerda esta enseñanza de san Pablo que es válida para todos:

    Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te dejaré ni te abandonaré (He 13, 5).

    Po eso, el dinero no es un problema importante porque a nadie que preste un servicio se le exige una cantidad fija - eso no se estila en la Iglesia católica -; y en caso de requerirse, el sacerdote o la misma comunidad se encargan de resolverlo. No te preocupes por eso.

    4no me nace

    Aquí no hay nada qué hacer. Si no hay voluntad, está de más pedir ayuda. El trabajo es voluntario y créelo, siempre deja muchas satisfacciones y alegrías porque "hay más alegría en dar que en recibir" (Hch 20, 35).

    Además, es el deseo de Dios, como nos recuerda san Pablo: "No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a Dios" (He 13, 16). ¿Por qué no lo intentas?

    Este es el servicio que ejerce el catequista en la Iglesia

    Este es el servicio que ejerce el catequista en la Iglesia

    Lea el artículo

    5No tengo preparación

    Tampoco los Apóstoles la tenían. En la Iglesia asiste gente de todo tipo y también hay grupos en los que puedes recibir formación acorde a la tarea que desempeñarás. De este modo, todos se preparan y se ayudan mutuamente, tanto si te apuntas como lector, catequista, monaguillo o apoyas a familia, jóvenes, grupos de pastoral social y hasta de comunicación.

    Ten la certeza de que Dios provee de lo necesario para quien se ofrece de corazón.

    Así es que, no tengamos excusas para servir al Señor, porque, al final, Él nos dará a cada quien lo que merezcan nuestras obras. ¿Cuánto quieres recibir?

    Mónica Muñoz, Aleteia

    Vea también    Teología de la Iglesia católica



    ¿Sufre el feto en un aborto? Ana Iris Simón responde a la ministra en El País

    La escritora denuncia en su columna que el verdadero estigma no recae sobre el aborto, sino sobre las mujeres cuyas experiencias «no encajan en el relato presuntamente progresista».

    Mujer embarazada.

    Mujer embarazada.


      La escritora Ana Iris Simón ha dedicado su columna de este sábado en El País a la respuesta que dio la ministra de Sanidad, Mónica García, cuando una periodista le preguntó si, desde el punto de vista sanitario, puede garantizarse que el feto no sufre durante un aborto voluntario. 

      «Perdona, no entiendo la pregunta», contestó García. La periodista la repitió con educación. La ministra, según relata Simón, siguió sin entenderla «mientras dibujaba una media sonrisa».

      La escena tuvo lugar en la presentación de la nueva campaña del Ministerio de Sanidad sobre el aborto, cuyo objetivo declarado es «combatir la culpa y los juicios» que todavía lo rodean y «reivindicar el derecho a recibir información». 

      Para la autora de Feria, la paradoja salta a la vista: «Parece que hay información que las mujeres no merecen tener, cuestiones que es inoportuno siquiera plantear».

      Una anestesióloga ante la pregunta del dolor

      Simón no deja pasar un detalle que convierte la escena en algo más que un tropiezo de rueda de prensa: Mónica García es anestesióloga, y el dolor es precisamente una de las cuestiones a las que responde su especialidad. «Algún asistente pudo pensar que igual la señora García lleva tanto tiempo en el despacho que se le ha olvidado», ironiza.

      Tras acusar a la periodista de que su pregunta tenía «una carga de profundidad negacionista del derecho de las mujeres», la ministra zanjó que «hay evidencia más que de sobra que demuestra que no hay sufrimiento». 

      La columnista recuerda que la cuestión de cuándo puede el feto experimentar dolor sigue siendo objeto de discusión científica, y cita a una de las autoridades en la materia en España, el doctor Reinoso Barbero, coordinador de la Unidad de Dolor Infantil del Hospital La Paz, que sostiene que «la evidencia disponible indica que los fetos tienen la capacidad de responder a estímulos dolorosos desde etapas tempranas del desarrollo que se corresponden con la mitad de la gestación».

      Aunque, matiza Simón, el dolor ni siquiera debería ser lo decisivo: «Lo relevante es si hay o no vida, con independencia de cómo se experimente».

      ¿Dónde está el estigma?

      La escritora da la vuelta al planteamiento de la campaña y pregunta cuáles son hoy los estigmas que carga el aborto. Propone mirar a la cultura: cuántos libros a favor y cuántos críticos publican cada año las editoriales generalistas. 

      Y recuerda el revuelo que se montó cuando a la guionista Diablo Cody, a la que describe como «modernísima», la acusaron de posicionarse contra los derechos de las mujeres por escribir Juno, la película en la que una adolescente embarazada decide no abortar y dar a su hijo en adopción.

      Las mujeres a las que nadie quiso escuchar

      El ejemplo más reciente lo sitúa en Barcelona. Cuatro días antes de la presentación de la campaña, en la parroquia de Montalegre estaba previsto un acto en el que varias mujeres, una de ellas inmigrante en riesgo de exclusión, iban a contar cómo vivieron su aborto. 

      «No eran activistas provida, no eran integristas de ninguna religión ni causa, no iban a teorizar sino a hablar de lo que vivieron», escribe. No llegaron a hacerlo: un grupo de feministas irrumpió en el acto al grito de «nosotras parimos, nosotras decidimos».

      Simón lo resume con una estocada: el «hermana, yo sí te creo» funciona «siempre que la hermana cuente lo que a la que tiene que creerla le interese». De ahí su conclusión: quizá lo estigmatizado no sea el aborto, sino «las experiencias de quienes no encajan en el relato presuntamente progresista. Las preguntas de quienes no se contentan con un eslogan».

      Hay preguntas que no se entienden porque se entienden demasiado bien. Y hay silencios que, en una rueda de prensa, dicen más que cualquier campaña.

      ReL

      Vea también    Madres solteras: No han abortado y hoy viven felices




      domingo, 27 de septiembre de 2026

      León XIV ante Macron: la pregunta incómoda que el Papa puso sobre la mesa en el Elíseo

      El Papa recuperó a Georges Bernanos y su “Paraíso de las Máquinas” para advertir de una tentación muy contemporánea: que el hombre termine poniendo su confianza en aquello que él mismo ha creado.

      El Papa León XIV y el presidente de la República francesa Emmanuel Macron, en la bienvenida institucional del Pontífice al país.

      El Papa León XIV y el presidente de la República francesa Emmanuel Macron, en la bienvenida institucional del Pontífice al país.


        Hay lugares en los que una palabra pesa más que en otros. Y quizá por eso resultó especialmente significativo escuchar a León XIV hablar de la persona en el Elíseo, delante de Emmanuel Macron y en el corazón de una República que ha hecho de la laicidad uno de los pilares de su identidad.

        El Papa no llegó allí para discutir con Francia sobre su pasado. Tampoco para pedirle que volviera a ser la Francia católica de otros siglos. Habló de sus raíces, de su tradición intelectual y cristiana, de esa historia que también ha contribuido a formar la idea europea de dignidad y de derechos. Pero lo hizo para llevar la conversación hasta el presente: qué queda de todo aquello cuando la sociedad cambia y aparecen problemas que hace apenas unos años ni siquiera sabíamos cómo nombrar.

        La cuestión de la persona atraviesa entonces buena parte de su intervención. Y ahí el discurso adquiere un tono particularmente reconocible para quien lo escucha desde la fe. León XIV no entiende la dignidad como algo que se concede en función de las capacidades, de la utilidad o del lugar que cada uno ocupa. La persona está antes que todo eso.

        No es una idea menor cuando se habla de ciencia y tecnología. El Papa recuperó a Georges Bernanos y su “Paraíso de las Máquinas” para advertir de una tentación muy contemporánea: que el hombre termine poniendo su confianza en aquello que él mismo ha creado. No se trata de tener miedo al progreso, sino de no confundir lo posible con lo bueno.

        Y quizá ahí esté una de las preguntas más interesantes que dejó el discurso. Hemos aprendido a hacer cosas extraordinarias. Pero seguimos teniendo que decidir qué merece la pena hacer.

        León XIV llevó esa misma mirada al debate sobre la vida. Habló de manipulación genética, gestación subrogada, compra de órganos y muerte programada, y defendió el derecho a la vida como fundamento de los demás derechos. Es una posición inequívocamente católica y el Papa no intentó disimularlo. En un escenario político como el Elíseo, esa claridad también forma parte del mensaje.

        Con la laicidad hizo algo distinto. No la presentó como un obstáculo, ni reclamó para la Iglesia un espacio de poder que Francia ha decidido separar del Estado. Habló de una “justa laicidad”, capaz de permitir que las comunidades religiosas participen en la conversación pública y contribuyan al bien común.

        Ahí, quizá, estaba el verdadero diálogo del Elíseo. No en buscar que Macron y el Papa pensaran igual, sino en comprobar que todavía es posible hablar desde convicciones diferentes sin tener que esconderlas.

        Macron representa la República francesa. León XIV habla desde una fe que ya no ocupa en Francia el lugar de antaño. Pero ambos se encontraron ante una cuestión que desborda a la política y también a la religión: qué clase de sociedad queremos construir.

        El Papa dejó su respuesta bastante clara. Cuando todo cambia —la ciencia, la tecnología, la política, incluso la manera de entender la vida— hay algo que no debería convertirse en una variable más: la persona.

        Y quizá esa sea la razón por la que un discurso pronunciado en el Elíseo terminó sonando, en algunos momentos, menos a política que a una pregunta de conciencia.

        Matilde Latorre de Silva, ReL

        Vea también  Batalla de los católicos por los derechos humanos   



        Para los que no se enteraron - Recomendaciones del Papa a todos

         

        De las lágrimas del Papa León en Notre Dame al rugido de 80.000 jóvenes en la vigilia de oración

        León XIV cerró su primer día en Francia con dos escenas opuestas y complementarias: el nudo en la garganta ante la Virgen de la catedral resucitada y un estadio en pie contra la «soledad aterradora» de la generación de los «me gusta».

        La vigilia con los jóvenes en el Stade de France reunió a más de 80.000 personas.

        La vigilia con los jóvenes en el Stade de France reunió a más de 80.000 personas.


          El papa León XIV vivió este viernes 25 de septiembre, primer día de su viaje apostólico a Francia, dos momentos de gran emoción. Por la tarde, presidió las Vísperas en la catedral de Notre Dame, la primera visita de un Papa desde su reapertura tras el incendio de 2019, y se le vio visiblemente conmovido mientras cantaba el Salve Regina ante una imagen de la Virgen. 

          Por la noche, reunió a unos 80.000 jóvenes en el Stade de France de Saint-Denis, a quienes pidió huir del egoísmo, elegir el bien y luchar con una sola arma: «el amor que se entrega».

          «Notre Dame es mucho más que un monumento»

          León XIV entró en la catedral, se arrodilló ante el sagrario y besó la reliquia de la corona de espinas. Después presidió las Vísperas con unos 2.000 obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas. 

          En su homilía volvió a aquella noche de abril en la que el mundo vio arder la catedral: «Han pasado siete años desde que el mundo entero, conteniendo el aliento, vio cómo la catedral era devorada por un terrible incendio». Aquel dolor, dijo, no fue solo de los católicos: «En aquella hora dramática comprendimos que Notre-Dame es mucho más que un monumento».

          Pero el Papa no fue a París ni visitó una de las catedrales más famosas del mundo solo por su valor histórico o artístico, y lo dejó claro: «La catedral no es una envoltura de piedra destinada a ser admirada: vive del misterio sagrado que en ella se celebra. Privada de la acción litúrgica, perdería su alma», advirtió. 

          Pidió al clero francés que las celebraciones se vivan «siempre con dignidad y decoro, también allí donde se reúnen comunidades más pequeñas», y lanzó una petición: «Antepongan, por tanto, la comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia a sus sensibilidades personales, para cultivar la unidad del pueblo de Dios».

          A una Iglesia que en muchos pueblos de Francia sobrevive con pocos feligreses, le dio un consuelo: «La pobreza de medios no impide la misión (...). Esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella en un nuevo impulso de santidad y de misión cotidiana».

          Dos Vírgenes y un nudo en la garganta

          La homilía terminó mirando a la Virgen de París, la talla del siglo XIV que sobrevivió al fuego: «Levantemos la mirada hacia la imagen del siglo XIV de la Virgen con el Niño, que el incendio no alcanzó y que resplandece de nuevo ante nosotros».

          Lo más emocionante, sin embargo, llegó fuera. Al salir, el Papa se detuvo en el atrio ante otra imagen mariana, la Virgen con el Niño de plata del orfebre Charles-Nicolas Odiot, una superviviente de otra época: fue arrojada desde el palacio arzobispal en los disturbios de 1831 y se libró por poco de acabar fundida. 

          Ante ella y junto a miles de fieles, León XIV cantó el Salve Regina en latín, sin poder disimular la emoción y las lágrimas. 

          «Recibir una gran cantidad de "me gusta", pero quedándonos solos»

          Del silencio de Notre Dame, pasó al rugido de los jóvenes en Saint-Denis. El Stade de France recibió al Papa a las nueve de la noche con una coral de 2.500 jóvenes, fuegos artificiales y una representación sobre los santos franceses, con Juana de Arco incluida a caballo. 

          León XIV abrió su intervención improvisando, y le salió del alma: «Queridos amigos, la primera cosa que yo quisiera decir es muy simple: ¡gracias! Gracias a Dios, gracias a ustedes, gracias por su valentía, gracias por su presencia, gracias por su fe. ¡Ustedes son los santos de Francia!».

          Chloé, farmacéutica de 25 años que anima noches de adoración en los barrios populares de Île-de-France, le preguntó cómo anunciar a Cristo en una sociedad que parece ajena a Dios. El Papa le dio la vuelta a la pregunta: «Es verdad, como tú has dijo, que la sociedad en la que vivimos parece indiferente a Dios. Sin embargo, ¡el Señor no es indiferente a nosotros!». Y añadió un diagnóstico sin anestesia: «Es el hombre quien se extravía cuando afirma que Dios ha muerto».

          François, estudiante de Agronomía y jefe scout de Borgoña, le habló de la ansiedad que frena a su generación. León XIV, antes de responder, preguntó con una sonrisa: «¿Hay muchos scouts aquí? Ah, ¡muy bien, bienvenidos!». 

          Luego puso nombre a muchos de los miedos de los jóvenes, «el cansancio provocado por las pantallas y la ansiedad ante el cambio climático o la situación económica e internacional», y les ofreció una receta sorprendentemente sencilla: «Para vencer la angustia o la incertidumbre, tengan el valor de decir una sola palabra, simple y hermosa: gracias. Gracias, Jesús, por tu amor». A los que sentían la llamada al sacerdocio o la vida consagrada les habló sin rodeos: «¡La Iglesia en Francia los necesita mucho!».

          Huir, tender, luchar

          En la meditación final, el Papa desgranó tres verbos de la carta de san Pablo a Timoteo, como quien entrega un plan de entrenamiento. Primero, huir del orgullo, la vanidad y la avidez, porque ese egoísmo «esconde una soledad aterradora». Aquí dejó la frase que más circula hoy por las redes, y no deja de tener su ironía: «Ese estilo de vida nos empuja a tenerlo todo, pero a no ser nadie; a recibir una gran cantidad de "me gusta", pero quedándonos solos con nosotros mismos».

          Segundo, tender al bien, con un criterio para no perderse: «El bien da vida, nunca la quita; el bien cuida, no toma para sí. El bien no es un concepto bonito, sino el rostro radiante del amor: ¡es Dios mismo!». Puso como ejemplo al beato Marcel Callo, scout y obrero que, «en la oscuridad del campo de concentración, nunca dejó de tender hacia el bien, conservando su libertad interior».

          Y tercero, luchar, en la tierra de Juana de Arco, aunque con matices: «Nuestra lucha no es una batalla contra los demás; no recurre a las armas de la violencia, el desprecio o la opresión. Nuestra única arma es el amor que se entrega».

          La noche terminó ante dos reliquias expuestas en el estadio, la túnica de Cristo que se conserva en Argenteuil y una cruz. León XIV las leyó como un díptico: «Una fue quitada a Cristo; la otra, le fue dada a Cristo». Jesús, dijo, «es despojado de su túnica para cubrirnos con la vestimenta blanca».

          Notre Dame enseñó que una catedral puede resucitar de sus cenizas. El Stade de France, que una generación también puede hacerlo de su ansiedad. Para ambos milagros, el Papa dejó la misma receta: rezar y dar gracias.

          ReL

          Vea también    Espiritualidad de los Jóvenes