Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
La serie The Chosen, con su primera temporada traducida a 125 idiomas, ha conseguido un segundo "Récord Mundial Guinness": es la serie en streaming más traducida de la historia
¡Un nuevo hito alcanzado! El 23 de febrero, Come and See, la organización sin fines de lucro dedicada a producir las siete temporadas de la serie estadounidense The Chosen, celebró un logro memorable. La multipremiada serie, la primera dedicada íntegramente a la vida de Jesús y sus apóstoles, ha sido reconocida por segunda vez como la serie más traducida de la historia por el Libro Guinness de los Récords. La primera temporada ya está disponible en 125 idiomas.
"Este no será el último disco"
El título se otorgó en ChosenCon, un encuentro internacional que reunió a fans, miembros del elenco y creadores de la serie del 19 al 21 de febrero para celebrar el impacto global de la serie. Con miles de asistentes, ChosenCon ofreció avances exclusivos, mesas redondas y diversos vistazos tras bambalinas a la producción. "Gracias al apoyo de todo el mundo y al extraordinario trabajo de Come and See y sus colaboradores, estoy seguro de que este no será el último récord de traducción que rompamos", declaró Dallas Jenkins, creador y director de la serie, en el evento.
Objetivo de seiscientos idiomas
El director ejecutivo de Come and See , James Barnett, elogió la generosidad de quienes apoyaron la serie, "quienes vinieron de todos los rincones del mundo". Al expresar su objetivo de traducir y doblar "Los Elegidos" a seiscientos idiomas para que sea accesible para todos, dijo: "La gente necesita escuchar la historia de Jesús en su propio idioma, el idioma en el que hablan, sueñan y oran".
Concluyó: "Este reconocimiento es un testimonio del trabajo de nuestro equipo de más de doscientos lingüistas expertos, teólogos locales, pastores y biblistas de todo el mundo, que trabajan incansablemente para hacer realidad este objetivo".
Este logro supera el récord establecido en septiembre de 2025, cuando la primera temporada fue reconocida por su disponibilidad en ochenta y seis idiomas. Desde su lanzamiento en 2017, la serie ha llegado a 175 países y ha superado los 280 millones de espectadores en todo el mundo, a través de plataformas de streaming y socios de transmisión.
"Cuando nos consideremos siervos de Dios, usaremos sus dones para su gloria y para la salvación de nuestras almas".
En uno de sus últimos artículos de Catholic Exchange, el sacerdote y oblato misionero de María Inmaculada, Nnamdi Moneme, reflexionaba por qué la batalla contra la tentación “es la primera, la más importante y la más incesante para cualquier cristiano serio que esté decidido a seguir a Cristo hasta el final”.
Siguiendo el Evangelio de Lucas, observa cómo Jesús comenzó su vida y ministerio público solo tras enfrentar y vencer las tentaciones en el desierto, aún a pesar de que el diablo volvería repetidamente buscando venganza. Frente a una figura de Cristo que está “lleno del Espíritu -y guiado por él- a lo largo de su misión”, el sacerdote se pregunta por qué los fieles “seguimos siendo derrotados por el diablo en la tentación, a pesar de poseer el Espíritu victorioso de Jesús”.
En su opinión, los cristianos “cedemos a las tentaciones” porque “no tenemos tres realidades grabadas en nuestra mente y corazón”:
“No confiamos en que podría salvarnos solo con pedirlo”
Para el sacerdote, uno de los motivos principales es que “dudamos fácilmente” de Dios, especialmente en momentos de pruebas y tentaciones”
“No confiamos en que siempre nos dará lo mejor para la eternidad. Apenas conectamos con su presencia en los momentos de tentación. No confiamos en que “Dios no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas” (1 Corintios 10:13). No nos damos cuenta de que podría salvarnos de las tentaciones con solo implorarle con fe. Incluso podemos caer en la tentación porque suponemos que es más fácil pedir perdón que resistir la tentación por su gracia. Carecemos de la determinación de agradarle venciendo las tentaciones y cedemos fácilmente ante el tentador”, explica.
Desconocer la misión y usar mal sus dones
Entre otros motivos, el sacerdote subraya la falta de conocimiento de la misión con la que Dios llama a los fieles a servirle y adorarle.
“Cuando nos consideremos siervos de Dios, usaremos sus dones para su gloria y para la salvación de nuestras almas. Cuidaremos de no abusar mediante el pecado y el egoísmo. Cumpliremos el propósito de nuestra existencia”, explica. Por el contrario, advierte de que “cederemos fácilmente a las tentaciones cuando no nos veamos como siervos de Dios dotados para su propósito. El diablo nos tentará incesantemente a usar los dones de Dios para obtener más poder, posesiones o placer”.
Obsesionados con lo terrenal… y olvidados de lo celestial
En tercer lugar, Nnamdi observa que el católico del presente está tan “absorto en las luchas diarias” que “fácilmente olvidamos que somos peregrinos en camino a nuestro hogar celestial”.
“Nos centramos tanto en las dificultades profesionales, financieras, sociales, de salud, etc., que ignoramos la constante batalla contra las tentaciones y sus consecuencias eternas. Sin darnos cuenta, podemos vivir obsesionados solo por esta vida terrenal e ignorar el cielo”, comenta
Se trata a su juicio de un éxito del tentador, que “sabe muy bien cómo hacer que olvidemos nuestro destino trascendental de estar en la gloria eterna con Dios. Sus tentaciones buscan hacernos perder tanto la paz como la influencia del cielo. Poco a poco nos arrebata toda esperanza hasta que nos sentimos completamente desesperados de luchar contra las tentaciones y alcanzar la vida eterna”.
Frente a estas actitudes, Nnamdi contrapone el ejemplo de Jesús, que “lleno y guiado por el Espíritu”, venció cada una de sus tentaciones especialmente por tres motivos que se alejan mucho de las primeras razones expuestas:
1º Conocía quién era ante el Padre
El sacerdote misionero observa que Cristo conocía su identidad de hijo amado ante el Padre y sabía que siempre podía acudir ante él.
Jesús, dice, “estaba centrado por completo en complacer al Padre en todo. Por eso pudo responder a la tentación del diablo de convertir las piedras en pan: `No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios´. Incluso en su intensa hambre, eligió depender del Padre y complacerlo y no ceder a la tentación”.
“Jesús sabía que su misión era servir y sacrificarse en la cruz. Por eso, cuando Satanás le ofreció el poder y la gloria del mundo a cambio de que Jesús lo adorara, Jesús respondió: `Adorarás al Señor, tu Dios, y solo a él servirás´. Jesús no cambiaría ni abandonaría su misión por ninguna ganancia ni gloria terrenal”, sentencia el sacerdote.
3º Conocía su destino
En último lugar, Nnamdi recuerda que el mismo Cristo conocía su destino y “sabía que estaba destinado a ser glorificado por el Padre Celestial”. Algo también de suma importancia, pues sabía que su destino no era demostrar su valía, impresionar a los hombres de la tierra o que los ángeles le sirviesen y por eso “se negó a saltar del templo como le sugirió el tentador”.
“Nosotros también tenemos este Espíritu desde nuestro Bautismo. Por este Espíritu, Jesús enfrentó y venció las tentaciones viviendo como Hijo amado del Padre. Por este Espíritu, fue fiel a su misión del Padre hasta morir en la cruz. Por este mismo Espíritu, Jesús fue guiado por su Padre a través de su pasión y cruz hasta la gloria de la resurrección”; concluye.
El uso de clavos, el transporte de su propio patíbulo...
«tiene que ser Él»
El experto Bruno Barberis ofreció recientemente en México una conferencia en la que detalló siete elementos que convierten a la Sábana Santa en un elemento íntimamente ligado a una persona de las características de Jesús
Bruno Barberis es profesor de Física Matemática de la Universidad de Turín y vicepresidente de la Cofradía del Santo Sudario de Turín. El experto acaba de exponer siete razones que permiten asegurar que la figura del hombre de la Sábana Santa es Jesús de Nazaret.
El profesor participó en el Congreso Internacional Ciencia y Fe en la Sábana Santa: ¿Quién es el hombre de la Sábana Santa de acuerdo a la ciencia?. Evaluando los diferentes elementos que se pueden ver en la Sábana Santa, para Barberis, se puede determinar que sólo Jesús de Nazaret pudo sufrir ese suplicio.
En la ponencia titulada La Sábana Santa: Espejo del Evangelio y desafío a la inteligencia, organizada por el Centro Mexicano de Sindonología y de la que se hace eco Desde la Fe, el especialista italiano detalló las siete características que permiten determinar que el sudario perteneció a Jesús.
1- Envuelto en una sábana
El hombre de la Sábana Santa y Jesús después de la muerte fueron envueltos en una sábana, esto es muy raro en tiempos antiguos, sobre todo en el caso de un crucificado. En la mayoría de los casos los cadáveres de los crucificados eran abandonados a los animales salvajes o, como muchos, sepultados en fosas comunes.
2- Corona de espinas
Tanto al hombre de la Sábana Santa como a Jesús les pusieron en la cabeza un casco con espinas. Este hecho es verdaderamente excepcional, y no poseemos ningún documento que nos informe de esta costumbre ni entre los romanos ni entre otros pueblos.
3- El transporte del patíbulo
El hombre de la Sábana Santa, al igual que Jesús, llevó sobre la espalda un objeto pesado que no puede ser otra cosa que el patíbulo al que fue clavado. El transporte del patíbulo por el condenado no se realizaba en todas las crucifixiones, ya que se usaban árboles o cruces ocasionales.
4- El uso de clavos
Tanto el hombre de la Sábana Santa como Jesús fueron fijados a la cruz con clavos, este método parece que estaba reservado a crucifixiones oficiales, mientras que en la mayoría de los casos los condenados se sujetaban a la cruz con cuerdas.
5- No le quebraron las piernas
El hombre de la Sábana Santa y Jesús fueron heridos en el costado después de la muerte, mientras que no les fracturaron las piernas. Este es un hecho prácticamente único, ya que era más común la costumbre de quebrar las piernas a los crucificados para acelerarles la muerte a los condenados.
El hombre de la Sábana Santa y Jesús después de la muerte fueron envueltos en una sábana, esto es muy raro en tiempos antiguos.
6-Sin lavado ni unción
El hombre de la Sábana Santa y Jesús fueron envueltos en el lienzo funerario inmediatamente después de ser bajados de la cruz, sin que se efectuara ninguna operación de lavado, ni la unción. Las costumbres de la época, para el caso de una sepultura normal, preveían el lavado del cadáver y su unción con aceites aromáticos antes de envolver el cuerpo en la tela fúnebre. En el caso de Jesús sabemos que fue envuelto en una sábana y puesto en un sepulcro inmediatamente después del descendimiento de la cruz, por la necesidad de realizar esta operación antes de la caída de la noche, en que comenzaba la pascua hebrea, durante la cual, no podría realizarse ningún trabajo manual. La sepultura final definitiva habría tenido que realizarse, por las mujeres, dos días después.
7- Pocas horas envuelto
Tanto el hombre de la Sábana Santa como Jesús estuvieron en la sábana por poco tiempo. De hecho, para que la imagen que vemos se haya producido, fue necesario que el cadáver estuviera en la sábana algunas horas, pero no más de dos o tres días, ya que de otro modo el proceso de descomposición habría destruido la imagen y habría dejado en la tela manchas simples e irreconocibles, que sin embargo no están presentes en la Sábana Santa. Jesús fue envuelto en una sábana tras ser bajado de la cruz y después de un tiempo no superior a 40 horas en el sepulcro, vigilado por guardias, fue encontrada únicamente la tela mientras que el cadáver no estaba.
"Es imposible que la imagen de la Sábana Santa no pertenezca a Jesús, teniendo presente que estos siete hechos son claramente independientes entre ellos. La probabilidad total de que estos siete sucesos se hubieran dado a la vez en otro hombre y que haya sufrido el suplicio de la crucifixión es de 1 entre 20 mil millones, un número bastante próximo a cero", explicó Bruno Barberis.
"En otras palabras, entre 20 mil millones de crucificados eventuales, solo uno podría haber poseído las siete características que hemos considerado, comunes al hombre de la Sábana Santa y a Jesús. Como es evidente en la historia de la humanidad no pudo haber habido 20 mil millones de crucificados, como máximo algunos cientos de miles o algún millón", subrayó.
"El cálculo realizado", concluyó Barberis, "permite concluir que es altísima la probabilidad de que un crucificado con estas características sea único y que por tanto el hombre de la Sábana Santa sea precisamente Jesús de Nazaret".