Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
El joven australiano halló en la fe la esperanza y fuerza para sortear los 4.000 metros que situaban a su madre y hermanos entre la vida y la muerte.
Austin nadó 4 kilómetros hasta la orilla para dar la alarma tras ser arrastrado por el mar con su madre y sus hermanos.
Aún no ha pasado una semana desde que Austin Appelbee, joven de 13 años, fue descrito como un “verdadero héroe de Australia” tras nadar durante cuatro horas para salvar a su familia de una muerte más que probable. Su historia épica aún es tendencia. Comenzó cuando quedaron varados en pleno mar, a 4 kilómetros de la costa, mientras una tormenta se precipitaba sobre su familia, aferrada a un kayak. En su extenuante travesía buscando ayuda, agotado, la fe era su esperanza y fortaleza. Hoy, no duda en afirmar ante los medios que no fue él quien lo logró, sino Dios. “Fue Él, todo el tiempo”.
El episodio comenzó el 30 de enero, cuando la familia Appelbee fue a navegar en kayak a la playa de Auindalup. Austin, de 13 años, estaba con su madre Joanne, su hermano Beau (12) y su hermana Grace (8), cuando el mar comenzó a embravecerse y a arrastrar la embarcación hacia el interior.
Joanne se vio obligada a tomar una de las decisiones más difíciles que recuerda hasta la fecha. “Tuve que decirle a Austin que intentase llegar a la orilla y conseguir ayuda, [la situación] podría ponerse muy seria rápidamente. Sabía que él era el más fuerte y podía hacerlo”, recuerda.
Solo, en plena mar
La distancia no hizo dudar a Austin. Tampoco el mar embravecido, las imponentes y crecientes olas. Ni siquiera la más que probable presencia de peligros en la zona, Geographe Bay, donde predomina el tiburón ballena. El mismo día antes del incidente fue notificado un aviso de avistamiento de un tiburón de dos metros en la zona. Incluso él mismo dudaba de haber visto uno en su travesía.
"Empecé a remar hacia la orilla en el kayak... pero seguía llenándose de agua y yo estaba luchando contra un mar agitado y entonces creí ver algo en el agua y me asusté mucho", declaró.
Decidido, el joven continuó nadando, alternando durante 4 horas crol, braza y espalda de supervivencia, buscando optimizar el tiempo, salvar a su familia y sobrevivir.
Pronto, el adolescente fue consciente de que el salvavidas le retrasaba y dificultaba en su avance.
“Me lo quité, me até la cuerda al pie, pero seguía sin funcionar. Así que tuve que desatar el chaleco salvavidas y nadar, sin nada, hasta la orilla”, explicó.
“No fui yo, fue Dios quien lo hizo. Todo el tiempo”
Sin protección ni salvavidas, el joven se llenó nuevamente de valor y se dijo a sí mismo que lo lograría, mientras pensaba en sus amigos del colegio y de su grupo juvenil cristiano.
La fe no tardó en ocupar buena parte de sus pensamientos. Durante las siguientes dos horas, explica, “la oración, las canciones cristianas y los pensamientos alegres fue lo que me impulsó a seguir adelante”.
Exhausto, más tarde reconoció que llegar a la costa fue un hecho más atribuible a una intervención divina que a su propia fuerza.
“No creo que fuera yo quien lo hizo, fue Dios, todo el tiempo. Seguí rezando y rezando y le dije a Dios: 'Me voy a bautizar, me voy a bautizar'”.
Tras cuatro horas, el joven llegó exhausto a la orilla. Pero la agonía no había terminado. Aún tendría que correr dos kilómetros hasta llegar a un teléfono desde el que poder alertar a las autoridades, que se pusieron en marcha de inmediato.
“Pensé que definitivamente era el fin”
Austin lo había logrado. Pero su familia no solo seguía en peligro, sino que se había adentrado aún más en la inmensidad. Joanne era consumida por la ansiedad al ser consciente del riesgo de muerte en que estaba su familia y sin saber si su hijo se encontraba a salvo.
Al principio trataron de mantenerse positivos a la deriva, cantando, bromeando y considerándolo un juego. Pero conforme el sol se desvanecía, el mar se agitaba cada vez más, el oleaje los arrastraba sin tregua y la esperanza daba paso al miedo.
“Cuando se puso el sol, pensé que algo había salido terriblemente mal. Mi temor era que Austin no lo hubiera logrado. Cuando oscureció, pensé que nadie vendría a salvarnos”, relató ella.
Llegado un punto, la madre de los Appelbee admitió de que se había preparado mentalmente para la muerte de sus hijos mientras trataba de consolarlos. “Definitivamente, era el final”, pensaba.
Finalmente, la acción coordinada de la Policía Acuática de Australia Occidental, un helicóptero de rescate y la Naturaliste Marine Rescue lograron salvar la vida, in extremis, de madre e hijos.
Un verdadero héroe
Días después, durante sus apariciones en medios, aún se podía ver al joven Austin apoyándose en muletas para caminar debido al esfuerzo. Según le dijeron, el desgaste físico que llevó a cabo equivalía a correr dos maratones.
La hazaña del joven fue tal que llegó a las autoridades nacionales. El inspector de policía James Bradley admitió que su gesta era incalificable y su determinación y valentía fueron, a decir de experimentados rescatistas, “sobrehumanos”.
El primer ministro Roger Cook elogió a Austin en las redes sociales y declaró que era un "verdadero héroe del oeste de Australia".
"La valentía de Austin va más allá de su edad, mostrando un coraje, una resiliencia y una determinación notables frente al peligro real", escribió.
El escritor Claudio de Castro responde a un lector de Aleteia con el que puede identificarse cualquiera que pasa un mal momento
Últimamente recibo muchos correos de mis lectores. Es reconfortante sentirnos unidos, ser parte de la familia de Aleteia, ustedes y nosotros. Siento que caminamos juntos en este caminar, hacia el encuentro con Dios.
Me siento agradecido. Cuando ustedes escriben y dejan sus comentarios, empezamos a conocernos. Es un honor leerlos, saber de sus vidas, sueños e ilusiones.
Me escriben por diversos motivos.
Necesidad de oraciones por algún conflicto personal o una dificultad familiar.
Dudas sobre nuestra fe.
Sienten que ya no pueden más.
No encuentran sus propósitos en la vida.
Si estás en Aleteia, sabrás que tienes a tu disposición cientos de monasterios en los que rezan por ti si lo necesitas y solicitas. No estás solo. Te acompañamos felices de poder ayudarte.
Solo imagínalo, son más de 500 monasterios que pueden rezar por tus necesidades. Esto es más importante de lo que podemos imaginar. Y llega más lejos de lo que nosotros podemos.
La vida me ha enseñado que Dios siempre escucha la oración.
Todos estamos aquí por algo
Recientemente recibí un correo fuerte.
Sé que vas a leer este artículo, amable lector que me escribiste.
Sabes… la vida no es fácil, pero es maravillosa. Te da la oportunidad de conquistar sueños, perdonar, pedir perdón, ser humildes, caminar hacia la santidad que tanto nos pide Dios.
Quiero pedirte que no te rindas, nunca te rindas.
Somos hijos de Dios, muy amados por el Padre. No estamos hechos para rendirnos, ni para dejar que el pecado nos consuma y aleje de Dios.
Cada persona tiene un propósito. Tú también.
La vida es para ser felices en el Paraíso, conquistar nuestros sueños, hacer el bien.
Debes tener el coraje de seguir adelante, nunca rendirte, empezar a escalar la montaña santa de Dios. Estamos llamados a ir más allá de la bondad, debemos amar más y ser santos.
No cedas
Hay un poema de Mario Benedetti que me encanta. ¿Lo conoces? Lo ha publicado Aleteia:
Te copio un fragmento:
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños…
Lo leo en ocasiones especiales. Te anima a continuar…
Palabra de Dios: «Todo es posible para quien cree»
Hay una palabra que poco menciono: «IMPOSIBLE«.
Anótala y ahora quítale el IM. Queda entonces una palabra extraordinaria, llena de profundos significados: «POSIBLE«.
Es maravillosa. La encontramos en Marcos 9, 23. La dice Jesús:
«Jesús le dijo: ¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!».
El miedo ha dejado de ser una opción.
Ahora sabemos que podemos dejarlo a un lado, arrimado en el camino. Basta amar. Si amas el miedo no te afecta.
Lo explica la Biblia con asombrosa claridad. ¿Tienes una Biblia a mano? Busca 1 Juan 4, 18 y lee:
«En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera el temor».
¿Crees eso? Yo sí. Es Palabra de Dios. Y sé por propia experiencia que se cumple. Si amas te verás en la presencia amorosa de Dios que es amor y te llenarás de una luz sobrenatural.
Esa paz desplazará tus miedos y dudas.
Mira estas frases de la Biblia para perder cualquier miedo:
Darren Harrison cree que fue "la mano de Dios" la que lo ayudó a salvar su propia vida y la del piloto y el otro pasajero
Darren Harrison lleva dos meses paseando por los platós de televisión después de su heroico aterrizaje de un avión Cessna 208. El piloto de aquella avioneta se encontró indispuesto y en aquel momento crítico, las acciones decisivas, tranquilas y llenas de fe de Harrison lo llevaron a tomar el control del avión, a pesar de no tener experiencia previa de vuelo, y aterrizarlo de manera segura.
En una entrevista con la famosa periodista Savannah Guthrie para el programa Today de NBC, el pasajero convertido en piloto compartió algunos puntos clave acerca de la misión de rescate y cómo Dios tuvo un papel muy importante en esa acción.
La recuperación casi milagrosa del piloto
Harrison explicó que el piloto se desplomó por una disección aórtica -un peligroso desgarro en la arteria principal del cuerpo- y tuvo que sortear su cuerpo para hacerse con los mandos de la avioneta. Textualmente dijo que fue “un milagro”, como señaló la entrevistadora Guthrie. Harrison no pudo estar más de acuerdo y lo describió como «la parte más aterradora de toda la historia».
De hecho, un cardiólogo del Centro Médico Palm Beach Gardens, el Dr. Nishant Patel, explicó que las posibilidades de sobrevivir a una disección de este tipo son limitadas:
“El cincuenta por ciento de los pacientes no llegarán al hospital, y luego el 50 por ciento de los pacientes que lo logran morirán dentro de las 24 horas sin un diagnóstico y tratamiento oportunos”.
Sorprendentemente, el piloto fue dado de alta del hospital el lunes, luego de someterse a una cirugía que le salvó la vida.
Encontrar la calma en todo el caos
Parecía haber un poder superior en toda aquella sucesión de hechos, lo que le dio a Harrison la capacidad de permanecer extremadamente tranquilo durante la aterradora experiencia. Es difícil de creer, pero cuando Guthrie preparó la entrevista con sus copresentadores, reveló que Harrison le había dicho que él no era una persona tranquila por naturaleza y que había estado usando la Biblia y los estudios bíblicos para ayudarlo a encontrar más tranquilidad en su vida.
Fue exactamente su enfoque razonado para manejar la situación lo que lo ayudó a aterrizar el avión con éxito, salvando su vida, así como la del piloto y otros pasajeros.
“Estuve bastante tranquilo y sereno todo el tiempo, porque sabía que era una situación de vida o muerte. O haces lo que tienes que hacer para controlar la situación o vas a morir. Y eso es lo que hice”, compartió el héroe. “En mi mente sabía que no me iba a morir… Hoy no es mi día. Sabía que iba a aterrizar este avión”.
Aterrizando sin alas
Afortunadamente, a pesar de que sus auriculares se habían estropeado en el incidente y tuvo que depender de otros (¡solo para aumentar el drama!), pudo comunicarse con el controlador de tráfico aéreo Bobby Morgan.
Morgan pudo ayudar a Harrison, que estaba descalzo y no tenía GPS, a orientarse y guiarlo hacia el aeródromo de Palm Beach. Aunque le dijo a Harrison que iba demasiado rápido cuando se acercaba a la pista de aterrizaje y que los alerones del avión monomotor no funcionaban, Harrison aterrizó sin problemas. Quizás las alas de su ángel de la guarda lo ayudaron a aterrizar con seguridad.
Su mujer, embarazada
En otro giro de los acontecimientos, la esposa de Harrison, Britney, quien está embarazada de 7 meses del primer hijo de la pareja, compartió cómo se puso particularmente ansiosa cuando el número de su esposo apareció en su teléfono antes de lo esperado. Lamentablemente, su propia hermana había perdido a su esposo cuando estaba en el sexto mes de embarazo el año pasado.
Pero, afortunadamente, la llamada telefónica fue para informarle de lo que había sucedido y para decirle que su esposo estaba a salvo.
Su primer pensamiento fue una oración a Dios
Todo el incidente resultó agotador para Harrison. Aunque explicó que su ritmo cardíaco estaba en los 90 durante el suceso, cuando aterrizó sintió que era “probablemente de 160”. Sin embargo, después de la emergencia, su primer pensamiento fue una oración a Dios.
“Dije la oración más importante que he dicho en mi vida… Fue una oración de agradecimiento por la seguridad y todo lo que había sucedido. Pero la última parte de la oración, y la parte más fuerte, fue por el tipo de atrás [en referencia al piloto]. Porque sabía que no era una buena situación”.
Esas oraciones fueron respondidas, ya que el piloto está bien y ahora ya se encuentra fuera del hospital.
La experiencia de la presencia de Dios
Después del agotamiento de una hazaña humana tan increíble, Guthrie le preguntó al futuro padre cómo pudo mantenerse tan concentrado y tranquilo. Harrison simplemente declaró: “Dios”. Continuó compartiendo que «fue la mano de Dios la que estaba en ese avión», lo que llevó a Guthrie a decir «y sobre ti».
«Sí absolutamente. Así que eso es lo único a lo que puedo atribuirlo”.
Y aunque no lo entiende, Harrison cree que hay un propósito divino para superar un evento tan extraordinario. Él espera descubrir más sobre lo que es eso en los próximos días.
Un video prueba que en su acción podía haber perdido la vida, pero pensó más en la de los 5 pequeños
Cuando Nicholas Bostic pasó junto a una casa en llamas alrededor de la medianoche de la semana pasada, su primera reacción fue dirigirse directamente al fuego, independientemente del peligro que suponía para sí mismo.
El joven de 25 años entró corriendo a la casa por la puerta trasera y trató de alertar a cualquiera que estuviera en la casa. Sin que él lo supiera antes, ahí en la casa se encontraban cinco niños de entre 1 y 18 años.
A pesar del peligro, Bostic siguió atrayendo la atención de todos y manteniéndolos a salvo. Mientras estaba en su misión de rescate, los niños le dijeron que había un niño de 6 años atrapado arriba. Sin pensarlo dos veces, Bostic se dirigió directamente arriba para encontrar al niño. Luego levantó al niño y saltó desde una ventana del segundo piso.
Como Bostic compartió con el periodista Dave Bangbert :
“Quiero decir, lo estaba siguiendo, al 110%. Empezó a ser difícil de ver, porque el humo se estaba poniendo espeso. No sé cómo explicarlo, pero fue como si aceptara que probablemente iba a morir, allí mismo, esa noche. Pero era una calma extraña. Solo tienes que trabajar lo más rápido que puedas”.
Según el Departamento de Policía de Lafayette, el niño “milagrosamente, salió ileso”.
El héroe compartió con Bangbert cómo se sintió después de aterrizar del peligroso salto:
“Ahí es donde pensé que me habían encontrado, como si hubiera tenido suficiente. Pensé que mi última pizca de energía estaba justo allí, donde aterricé. Pero creo que tenía un poco de un extra, no sé, un respaldo adicional, como un respaldo para el respaldo, para un último empujón… Sentado aquí contándolo, es simplemente irreal para mí. Es Dios, hombre. Eso es todo lo que puedo pensar.
Bostic sufrió lesiones, algunas de las cuales requirieron puntos de sutura en la mano, así como una grave inhalación de humo. Pero afortunadamente había tenido el reflejo de cubrirse la boca y la nariz con la camisa.
Si bien el bombero en ciernes se centró en llevar a los niños a un lugar seguro, un video publicado por el Departamento de Policía de Lafayette nos da una pequeña idea de la gravedad del incendio. Y cerca del final del video se puede ver que, mientras recibía tratamiento por sus lesiones, la principal preocupación de Bostic era poner a todos a salvo.
Naturalmente, Bostic está siendo aclamado como un héroe. Ya se reunió con el alcalde de Lafayette, Tony Roswarski, y los padres de los niños obviamente están tratando de sobrellevar la terrible experiencia, pero también le dijeron a Bangert que sentían que era un enviado de Dios.
Bostic parece un poco incómodo con su condición de héroe y comparte: “Todo el mundo dice, héroe-esto o héroe-aquello. No sé sobre eso. Yo era solo un chico”. ¡Bueno, él sí que es un tipo muy valiente!
Se organizaron algunos eventos para recaudar fondos para ayudar a Bostic mientras hace frente a sus lesiones y sus crecientes facturas, incluido un GoFundMe que ha recaudado casi $ 500,000 .
uelo levanta a mujeres, a niños e incluso a hombres tirados por las calles que son adictos al alcohol y a las drogas. María Guadalupe “La Madrina” va por las noches a través de callejones y lugares donde la luz no penetra las tinieblas del mal.
Lupita llega hasta los basureros, los picaderos y debajo de los puentes, buscando a seres humanos en huesos, consumidos por sus vicios y pecados. Su misión la ha llevado a confrontarse con cárteles y distribuidores de droga, y ha logrado rescatar a mujeres y hombres sicarios que han cometido los peores actos.
Pero a ella no le importa: se los lleva a todos, los adopta, los baña, los cura, los alimenta, los abraza, los escucha, limpia sus lágrimas y ora mientras ellos, en su llanto, buscan salvación, perdón y misericordia.
Lupita se los ofrece a Dios para que los convierta en seres relucientes de su gracia. Pero María Guadalupe “La Madrina” tiene una historia oscura: fue violada de niña por su propio primo, y parte de su vida la pasó ideando cómo matar a su violador.
Su camino fue de perdición. Sus heridas y adicciones al sexo, al alcohol y a las drogas casi la llevan a la muerte y a una condena segura.
Conoce la historia de “La Madrina”, que fue rescatada de lo más profundo del abismo de las tinieblas: de las drogas, de la prostitución, del alcohol y de la perdición total.
«Mi nombre es María Guadalupe Reséndiz Robles. Nací en Querétaro (México), pero mis padres son de El Capulín, Guanajuato.«
-Dios te ha dado muchos talentos.
Soy licenciada en Administración de Empresas, consejera y terapeuta en adicciones y tengo mucha competencia en esa área. Tengo 48 años y hoy en día soy directora de un centro de tratamiento contra las adicciones. Soy soltera, nunca me casé por la Iglesia y tengo dos hijos.
Lupita con sus dos hijos, cuando estos eran pequeños.
Chucho Picón – Aleteia
-¿En qué contexto creciste?
Vengo de una familia tradicional, católica. Soy la número 16 en la familia. Murieron cinco hermanos y ahora somos once. Estudié la primaria en Guanajuato, parte de la secundaria y estuve en el coro de la iglesia.
A los 12 años, estando en la secundaria, tuve una crisis de ira y me trajeron a Querétaro a seguir estudiando. En la universidad ya tenía a mis hijos. Dentro de nuestra familia había muchas carencias, desde la económica hasta la afectiva. Mis padres pertenecían al Movimiento Familiar Cristiano y mi padre ayudaba en la iglesia, pero dentro de la familia había mucha violencia, rechazo, abandono, alcoholismo, adicciones y maltratos físicos.
Lo que me distraía era ir a la escuela, ir al catecismo y estar en el coro. Era lo que me hacía feliz, pero también experimentaba mucho la depresión y la ansiedad por la violencia dentro de la familia y porque fui violada a los seis años.
–¿Quién generaba la violencia?
Mis hermanos, y también la escuela. Mi papá era un hombre que todo el tiempo trabajaba y nunca nos faltó comida, aunque fuera sencilla. Mi mamá se dedicaba solo a la casa y las necesidades que, en mi caso, se convirtieron en exigencias.
–¿Qué te decían tus hermanos?
Había maltrato físico y lo que hoy conocemos como bullying, y eso fue generando inseguridad dentro de mí.
En el pueblo a mi papá le decían “El Borrego” y a mí me decían “La Borreguita” a manera de burla. Por la violencia y la ansiedad que sentía desde muy corta edad me orinaba en la cama a los ocho o nueve años, y, como tenía poca ropa, así me iba a la escuela y eso generaba más burlas. De verdad, la economía estaba mal.
–¿Nos podrías compartir un poco más de la situación dramática que viviste a los seis años?
Desde los cuatro años me sentía acosada por uno de mis primos. Sentía que no era normal la manera en la que se me acercaba. Yo vivía carente de abrazos por parte de mi padre y de mi madre, porque ellos así fueron educados.
Llevando una vida de mujer católica, Lupita ha encontrado la fuerza para ayudar a otras personas.
Chucho Picón – Aleteia
Con ese primo siempre me sentía insegura, me causaba ansiedad. Cuando él llegaba a la casa me sentía ansiosa y temblorosa y tenía mucho miedo de que se me acercara. Después comenzó a acercarse, a abrazarme y me decía “Manzanita”, porque en el pueblo hacía mucho frío y las mejillas se me ponían rojas.
Con el tiempo me fue tocando, me mandaba llamar para hacerle algún mandado y yo llegaba con mucha ansiedad porque sabía lo que me iba a hacer. Él era mucho mayor que yo, tendría unos 19 años, ya era un adulto que sabía lo que estaba haciendo.
María Guadalupe tuvo una conversión de sus adicciones. Ahora vive muy unida a Dios y la Virgen.
Chucho Picón – Aleteia
De alguna manera, porque me daba cosas que yo no tenía, me compensaba; pero sabía que no era bueno.
En una ocasión se lo dije a uno de mis primos. Le dije que no me dejara sola porque me daba miedo. Mi papá y mi mamá se iban los martes a vender a otros municipios y era cuando más sufría porque él iba a la casa simulando que se preocupaba por nosotros, cuando en realidad era un acosador y un violador. Hasta que un día se dio la violación física y me dijo que no podía decírselo a nadie porque no me iban a creer y él me iba a matar. A mis seis años vivía con miedo y ansiedad todo el tiempo.
Había una estufa vieja en el huerto de la casa y todo el tiempo me la pasaba ahí escondida. En una ocasión me acerqué a una de mis hermanas, pero no me atreví a decírselo porque él ya me había infiltrado el miedo. Al saber que llegaba, que iba a estar sola, quería que la tierra me tragara.
–¿Te destruyó por completo?
Sí, porque empecé a odiar. Mi corazón se llenó de odio. Sentí que odié a Dios, a mi padre, a mi madre, a mis hermanos por ser más grandes y no haberme protegido. En la escuela me desquitaba, les pegaba a los niños y niñas que se metían conmigo.
Llegué a encontrar revistas, no pornográficas, pero de vaqueros y traileros, y uno de mis hermanos me encontró y me dijo palabras altisonantes que yo no conocía, como si yo estuviera viéndolas con morbosidad, pero yo no pensaba en eso.
Él, el hombre que me hizo daño, abrió mi mente y la distorsionó, porque practiqué mi sexualidad desde niña; no porque haya sido una mala persona, sino porque me torcieron con la conducta y con la habilidad que me dieron.
Después, otra prima que tenía atracción por el mismo sexo, me acosaba; yo ya tenía entre nueve y diez años y, desgraciadamente, nadie me creía porque era rebelde y agresiva en la escuela.
«A mis diez años mi mente estaba torcida, veía todo con morbosidad por esa acción sexual de que había sido víctima.»
–¿A muy corta edad tu forma de ver el sexo cambió?
Sí. A mis diez años mi mente estaba torcida, veía todo con morbosidad por esa acción sexual de que había sido víctima. Así como a mí me acosaron, yo también acosaba a hombres y mujeres, con premios, con secretos. Para mí ya era adrenalina el estar buscando los “jueguitos”, las cartitas. Hasta la manera de vestirme comenzó a cambiar. Yo sabía que podía controlar con mi sexualidad. Mi mente planeaba ser modelo, ser una escort. Me llegué a prostituir y a tener sexo por dinero.
A los 17 años me embaracé. Al principio tenía la idea de un matrimonio y casarme para toda la vida, pero desgraciadamente elegí mal, elegí a una persona enferma igual que yo y no funcionó.
Me separé y empecé a experimentar con mujeres y con hombres, y me di cuenta de que a través del sexo podía obtener seguridad económica y emocional, porque por primera vez me sentía querida y amada. Era la única sensación de amor que yo concebía. Llegué a pensar que la atracción que tenía hacia las mujeres era algo normal y maravilloso, pero muchas veces me causaba vergüenza.
«Empecé a prostituirme»
Entonces empecé a abandonar a mis hijos por irme a los bares, a los antros y a otras ciudades, y empecé a prostituirme. Estaba en una empresa en donde tenía mucho poder, pero hice cosas malas; me corrieron y en ningún otro lado me contrataban porque me boletinaron.
Por fin Lupita ha encontrado la paz y la alegría, lejos de la vida de prostituta que tuvo en el pasado.
Chucho Picón – Aleteia
Al necesitar dinero me metí a trabajar de mesera y ahí empezó mi camino con la adicción al sexo, a las drogas (anfetaminas) y al alcohol. Me di cuenta de que con la prostitución podía volver a tener seguridad económica. Me daba mucho miedo no tener dinero.
Todas las personas con las que me involucraba consumían cocaína. Empecé a tener el concepto de alcoholismo social cuando me involucré con personas de alta sociedad y era dama de compañía. Caí en las redes del alcohol. Empezó a ser una adicción y no podía parar ni una semana.
En cinco años el alcohol acabó conmigo, acabó con mi trabajo, con mi dignidad, con mis hijos, con muchas parejas que tuve y que querían ayudarme; pero a mí no me interesaba, y no me interesaba porque era lo único que conocía como felicidad. Alguien que quisiera quitarme la botella o el consumo de drogas era mi peor enemigo. Prefería perder todo a mí alrededor.
Después de experimentar tanto sexo con tantas personas llegué a sentir un vacío existencial. Cuando llegaba a un antro decía: “Con ese me voy a ir esta noche” y me iba. Estaba con él, me despertaba a su lado y sentía un vacío tan terrible que me la pasaba llorando en el hotel.
«Me sentí usada»
Un día me involucré con una persona emocionalmente, lo que yo no quería, y con él me iba a casar porque me emocioné mucho. Se comportaba conmigo como un caballero. Sin embargo, me fue infiel dos veces y eso me hizo tocar fondo: me sentí usada, vacía, triste y resentida con todos los hombres. Buscaba venganza, pero terminaba saboteándome y lloraba todas las noches.»
María Guadalupe con una nieta, hija de una de las mujeres que ha adoptado.
Chucho Picón – Aleteia
En una ocasión mi mamá se dio cuenta de que estaba bebiendo porque, al reunirme con ellos, me ponía muy violenta. Ella una vez me dijo: “Yo sé que te vas a morir, pero lo único que puedo hacer es pedir por ti como santa Mónica por san Agustín”. Yo le decía: “San Agustín, tú y tu Dios se pueden ir al infierno”.
«Toqué fondo»
Finalmente, cuando cumplí 25 años, casi terminé en un psiquiátrico por el consumo de anfetaminas y alcohol. El psiquiatra me pidió que me mantuviera abstemia por un mes, pero no podía y en ese momento toqué fondo: consumía pastillas para dormir, me despertaba y seguía bebiendo.
En ese tiempo, una de mis hermanas, que regresó al camino del catolicismo, me llevó a la oración en el templo de la Santa Cruz. Ella ayuda y es catequista, una mujer maravillosa que ha salido adelante y que me decía: “No sé cómo lo voy a hacer, pero yo sé que Dios te va ayudar así como a mí me ha ayudado”. Las veces que paraba de consumir era porque estaba con una persona que creía que me iba a ayudar.
Mi hermana se llevó a mis hijos por cómo me veían y ese día tuve una visión. Pensaba que estaba en delirio porque estoy diagnosticada con el límite de personalidad, es decir, sin consumir estoy totalmente loca y debo llevar un tratamiento de por vida.
Estaba en la sala de mi casa y vi un catrín muy guapo que me decía que tomara y, de repente, vi que no era un catrín, que era una boa a la que le decía: “Pues también toma tú”, y le aventé las botellas. Quedé inconsciente, terminé en el hospital y ahí estuve tres días por una sobredosis y nadie de mi familia supo, sólo una amiga que oraba mucho por mí.
Después de estar hospitalizada, me di cuenta de que estaba aventando las botellas a la ventana y que estaba discutiendo con el Enemigo. Él me decía que ya me tenía y que era de él.
Deseos de morir
Cuando estaba en el hospital deseaba morirme. Ya no quería despertar, pues llegué al límite de no sentirme feliz, no encontraba sentido a la vida. Cuando quedé inconsciente tuve un sueño: estaba en una cueva acostada sobre una piedra, desnuda, y veía todo el pasaje de mi vida desde niña, todo mi sufrimiento, cuando me violaron, y estaba muy enojada con Dios.
«Sentí un golpe en mi pecho y dije: ‘Si en realidad existes, ayúdame’.”
Y del otro lado veía a mis hijos tristes y a mis padres, y sentí un golpe en mi pecho y dije: “Si en realidad existes, ayúdame”. Vi a lo lejos una luz y sentí un temor que, hasta el día de hoy, no sé descifrar.
Rechazando la ayuda
Desperté y entré en depresión. Empecé con la abstinencia y viví los ataques y los delirios. Después de unos días me fui a trabajar y me encontré con un cantante, con el cual trabajé, y él ya estaba en el movimiento de Alcohólicos Anónimos (AA), ya tenía tres años sin consumir y yo no lo podía creer porque era adicto a la cocaína. Me preguntó: “¿Cómo estás?”. Yo pesaba 49 kilos en ese momento. Le dije: “Bien”, pero él me respondió: “No, no estás bien”. Me invitó a una junta. Era un anexo, pero al principio me dijo que era un lugar en donde él iba a cantar.
Fachada de COFOE, el centro donde atiende a sicarios, prostitutas y personas adictas que buscan ayuda para cambiar de vida.
Chucho Picón – Aleteia
No me dijo la verdad porque no iba a aceptar la ayuda, él me conocía muy bien. Llegué a la junta y no volví a beber jamás, pero vinieron otros procesos.
Había otros asuntos que sanar
Vino un proceso de cuatro años de haber tapado la botella, y de involucrarme con un hombre y con otro. Pero yo seguía teniendo los mismos deseos con hombres y eso me causaba mucha vergüenza.
Hay un paso maravilloso en el programa de AA que dice: “Hasta que el defecto te vuelva desgraciado”. Toqué fondo otra vez y volví a sentirme peor que cuando consumía y nada más tenía dos opciones: una, retomar el programa o beber hasta esperar mi amargo fin. Entonces, acudí con un padrino veterano de muchos años, para colmo guadalupano; fue muy cauteloso y me dio el librito de los Cinco Minutos y ese librito me empezó a encaminar.
Entonces empecé a hacer el programa de manera personal, admití que era adicta al alcohol, a las drogas, a las relaciones destructivas y al sexo, y me di cuenta de que necesitaba la guía y el control de Dios en mi vida. Me di cuenta de que había recuperado mi voluntad.
Mi padrino me dijo: “Entrégale esa voluntad a Dios, porque tú no puedes hacer nada con tu voluntad”. Y hay un tercer paso que dice: “Decidimos entregar nuestra vida y nuestra voluntad”, y cuando yo decidí entregarle mi vida y mi voluntad, estuve dispuesta, porque toqué fondo y fue muy doloroso. Fue entonces cuando Dios hizo un cambio en mí, fue la gracia.
La confesión supuso un antes y un después en su vida.
Chucho Picón – Aleteia
El padrino y el momento de la confesión
-¿Te confesaste?
Por supuesto. Hice un inventario moral, un inventario de toda mi vida. Lo que soy es por mi padrino, que en paz descanse. Dios lo puso en mi vida y en mi camino. Él me dijo: “Vamos a hacer un quinto paso donde admites ante Dios, ante ti y ante otro ser humano la naturaleza exacta de tus defectos de carácter, tu egoísmo, tu deshonestidad, tu temor mal manejado, la inconsideración que has tenido hacia los demás. Te sugiero que te confieses”.
Los que hemos practicado las relaciones con el mismo sexo debemos aceptar que vivimos en una neurosis, una inseguridad extrema y un vacío terrible, que es lo que deberíamos decir en lugar de promocionar otras cosas.
«Fue maravilloso porque fui sintiendo en mi corazón algo sanador.»
Yo no me quería confesar porque no lo había hecho desde mi primera Comunión, pero mi padrino me hizo una cita y me mandó a la iglesia de san Agustín con un sacerdote viejito.
El día de mi cita mi padrino me llevó a la puerta de la iglesia. Yo iba con gafas, gorra y pants para que nadie se diera cuenta de que estaba ahí. El sacerdote salió vestido de blanco y me dijo: “¿La alcohólica?”, y yo dije: “Sí”. Me pasó, puso una silla enfrente de mí y en cuanto me dijo “Ave María Purísima” comencé a temblar y no podía hablar.
Él me miró, me preguntó cosas, comencé a llorar y fue maravilloso porque fui sintiendo en mi corazón algo sanador, como si alguien estuviera protegiéndome y comencé a decirle todo lo que había hecho sin parar de llorar.
Fue algo maravilloso, porque en el momento en que me impuso las manos sentí el perdón. Por primera vez en mi vida me sentí perdonada por Dios; cerré los ojos, sentí sus manos calientes y me imaginé a Jesús en la cruz perdonándome mis pecados.
El padre me dijo: “Te felicito, gracias. Ve hacia el Santísimo y ahí vas a recibir indicaciones”. Fui y esperé a que alguien me dijera qué hacer, pero sólo vi una cruz, a Jesús escurriendo de sangre, ese que yo me imaginé cuando me impuso las manos, y me arrodillé. Sentí como si Él me dijera “Te amo”. Sentí tanto amor dentro de mí que le dije: “Señor, si Tú me permites sentir esto todo el tiempo, yo te entrego todo lo que Tú quieras”. Ahí estuve cerca de una hora, salí y quería decirle a todo el mundo lo que sentía en ese momento y comencé a ver el cielo y los árboles como si estuvieran flotando.
Llegué al grupo en donde estaba militando, les regalé mi experiencia y todos se burlaron de mí. En ese tiempo yo fumaba dos cajetillas de cigarro diarias, porque tenía mucha culpa y me quería hacer daño inconscientemente.
En las sesiones de COFOE trata de ayudar a las mujeres que se prostituían o pensaban abortar.
Chucho Picón – Aleteia
Empecé a arreglarme de diferente manera, a cuidarme, a no crear prejuicio con mis compañeros, a respetarlos, a ver a las mujeres no como una competencia sino como mis hermanas. Ya no pude estar en ese lugar porque era muy juzgada, pero ya tenía mucha fuerza.
Mi padrino me regaló un DVD con la vida de san Agustín y me aconsejó ver sobre la vida de los santos. Entonces empecé con una lucha espiritual muy fuerte. A las tres de la mañana me despertaba porque tocaban a mi recámara, comencé a sentir miedo y al rezar el rosario mis manos temblaban. La lujuria y la ira me dominaban.
Una clienta muy buena del diablo
Mi padrino me dijo: “Lupita, eras una clienta muy buena del Maligno y vas a tener muchos ataques, te sugiero que a partir de ahora comiences a vivir tus sacramentos”.
Sacramentos y una aventura de amor hacia los demás
Los domingos iba al templo de San Francisco y conocí a un sacerdote maravilloso que extraño mucho, el padre Luis Vilchis, que fue mi director espiritual por seis años y me ayudó a trabajar todas las presencias que tenía. Me confesaba una vez al mes, comulgaba a diario, ayunaba y, sobre todo, empecé a servir a los demás. Empezó todo este cambio que es una aventura de amor hacia los demás.
–¿Recibiste oraciones de liberación?
Sí. Me mandaron con un sacerdote e iba una vez al mes.
-¿Quién estuvo detrás de tu rescate?
Dios me permitió que yo viviera todo eso, porque ha sido un proceso largo y doloroso. La mayoría de los adictos quisiéramos una recuperación instantánea, pero no existe porque la conversión es 24/7. Quien me empezó a encaminar espiritualmente fue mi padrino, que me enseñó mucho sobre mi religión.
Pero todo esto no hubiera sucedido si no hubiera estado en el programa de Alcohólicos Anónimos. A mí ese programa me ayudó a reconciliarme con mi religión y todo lo que vivo en el programa es lo mismo que me llevó a mi religión. El día de hoy hago lo que todo católico debe hacer, que es evangelizar, transmitir el mensaje.
Hoy mis amigos y amigas son religiosas, sacerdotes y mis hermanos adictos también lo son.Mi cambio también ha sido gracias a las oraciones de mi madre.
–¿Qué pasó con tu primo? ¿Hablaste con tu familia?
Una Navidad fui a ver a mi madre. Ya había muerto mi papá, y por casualidad me lo encontré en una panadería, lo vi de lejos y ya no sentí rencor. Él me dijo: “Hola”. Le di la mano y le dije: “Te perdono por todo el daño que me hiciste en el pasado, deseo de todo corazón que tú también ya te hayas perdonado, que Dios te dé paz y tranquilidad del alma”. Y lo único que sentí cuando me abrazó fueron sus lágrimas. Tenía que darse cuenta de que había hecho algo malo.
-¿Nunca pensaste denunciarlo?
Llegué a pensar en matarlo y lo planeaba. Cuando bebía me acordaba mucho de eso y odiaba a quien no me protegió. Mi familia lo sabe pero no se dice nada. Uno de mis hermanos hoy está en el mismo programa que yo, ya está por cumplir ocho años y me da gusto que haya recibido el mensaje.
Mis hijos aún tienen etapas difíciles y he aprendido a respetar, pero tengo fe y sé que ellos también algún día verán esa luz maravillosa; todavía les falta tocar un fondo.
–Después de todo esto fundaste una organización para ayudar a otros. Cuéntanos al respecto.
Después de siete años de haber dejado de consumir, estando en el programa y formada en mi religión, no sabía qué hacer. Trabajaba en una empresa coreana y me ofrecían irme a trabajar a otro país. Siempre tuve buenos puestos, pero nada de eso le daba sentido a mi vida. Entonces fui con un sacerdote y me propuso abrir esta casa que se llama “Conversión, fortaleza y esperanza”, un centro de tratamiento contra las adicciones, en donde recibimos personas desde los 15 hasta los 60 años, hombres y mujeres.
Una de las sesiones para hombres que piden apoyo para salir de su vida de adicción o su trabajo de sicario.
Chucho Picón – Aleteia
Hace diez años se abrió con la gracia de Dios porque yo no tenía ni un peso. Abrí mi closet, vendí lo que tenía y comencé a comprar cosas. Otra persona que es laica me ayudó a comprar otras cosas y empezó este trabajo que es una aventura maravillosa.
«En una ocasión le “compré” una chica embarazada a un vendedor de drogas, le compré su libertad, y ese niño el día de hoy tiene siete años.»
A los seis u ocho meses tenía diez internos. A algunos los recogí de la calle. Recogía a embarazadas adictas, que son mis preferidas, a mujeres que no tenían donde vivir.Lo que yo quería era servir porque eso es el verdadero amor. En una ocasión le “compré” una chica embarazada a un vendedor de drogas, le compré su libertad, y ese niño el día de hoy tiene siete años.
–De cariño te dicen “La Madrina”.
Sí, me dicen “La Madrina”. Tengo muchos ahijados y muchos nietos espirituales. Mujeres embarazadas que han querido abortar han llegado aquí. En una ocasión platicaba con una chica que fue traslada del penal de Puebla para su recuperación, porque había intentado matar a un hombre.
El caso de una chica que no llegó a abortar
Ella me decía que tenía derecho al aborto, que tenía tres meses de embarazo y que se había embarazado antes de entrar al penal. Un día le toqué la pancita, el bebé se movió y ella se emocionó, pero seguía con dudas. Me puse a orar por ella, recibió toda la atención, escuchó el corazón de su bebé y aceptó tenerlo. Fue una niña y ahora tiene cuatro años.
–Te has enfrentado con gente peligrosa para poder rescatar adictos, ¿te han amenazado?
Sí. He convivido con sicarios, con gente que se dedica a vender droga, con mujeres sicarias. Los primeros años tenía mucho miedo, pero el padre me decía: “Dios te los mandó, quiere que tú los acerques”.
Conviví con dos mujeres sicarias y una de ellas no podía creer que yo le dijera “Te creo”, pues se consideraba una mala persona. Yo le decía que en ella veía el rostro de Jesucristo y se levantó y empezó a llorar. Le dije que no la juzgaba y la aceptaba tal cual. Hoy tiene once meses sin consumir, estaba tratando de reintegrarse y por seguridad se ha tenido que ir.
Dormitorio para las mujeres que necesitan un lugar de acogida.
Chucho Picón – Aleteia
Un sicario que había matado a su padre
–¿Has logrado convertirlos?
Sí. Hay uno que tiene ocho años sin consumir drogas. Hizo muchas cosas malas: mató a muchas personas, incluido su padre; desaparecía personas y fue manipulado al grado de que lo hacían comer carne humana. Él pidió la misericordia de Dios, estaba muy necesitado de su amor. Yo le entregué al Santísimo su historia y le pedí que lo ayudara.
«No tengo carro, no tengo novio, no tengo ni siquiera casa, pero tengo el sentido de la vida y ganas de ir al Paraíso, de ir al Cielo. Lucho para ir al Cielo y para ello ofrezco mi castidad.»
Un día me dijo que lo llevara al Santísimo, pero ese día coincidía con una Hora Santa de jóvenes y lo llevé. Me dijo que quería confesarse y fui a buscar al padre y lo confesó. Me gusta entregar así a las personas, ellos le dan el sentido a mi vida. No tengo carro, no tengo novio, no tengo ni siquiera casa, pero tengo el sentido de la vida y ganas de ir al Paraíso, de ir al Cielo. Lucho para ir al Cielo y para ello ofrezco mi castidad.
-¿Crees que Dios te mandó lo más duro?
A finales de enero de este año tuve la amenaza de un cártel. Me llamaron por teléfono y me dijeron que vendrían al Centro, me mandaron fotos de cuando salía a correr, de mis nietos y de mis hijos, y me dijeron que me iban a matar. Hice una querella, mandaron algunas patrullas y dejé de hacer algunas actividades porque es algo que nunca te esperas.
En febrero me marcaron y me dijeron que venían para acá y les dije: “Esta bien, pero sólo me llevarán a mí”. Estuve esperando todo el día con mi rosario y le decía a Dios: ‘¿Por qué no te siento, Señor? ¿Dónde estás?’. En ese momento un amigo sacerdote me mandó un audio que explicaba el momento en que Jesús estuvo en el Huerto de los Olivos, y pensé que estaba viviendo lo que Jesús vivió y lo tomé como mi viacrucis. Yo no quería dejar de servir por miedo.
Para contactar a María Guadalupe “La Madrina” escribir a: cofo2012@gmail.com. También puedes entrar en la página de Facebook Grupo Fortaleza y Esperanza AC.
Ellos necesitan de tu ayuda para sostener el Centro de Rehabilitación COFOE y poder rescatar a más mujeres en riesgo de abortar y hombres con adicciones.