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sábado, 24 de febrero de 2024

Cómo responder a ofensas y malos comentarios en una pelea

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Probablemente en algún momento de tu vida, te has encontrado con personas difíciles, o momentos en los que te han ofendido, insultado verbalmente, ya sea en el trabajo, al hablar con un cliente o en otra situación diferente


Nadie está a expensas de vivir una situación en la que podamos enfrentarnos a ciertos desacuerdos u ofensas hacia nosotros mismos, por ello, perder la paciencia ante una ofensa, ya sea en el trabajo, en la familia o con algún amigo, es muy sencillo. 

Cuando ocurre esto, la situación puede desencadenar un ataque de ira e incluso puede ser muy desgastante pues se inicia un ambiente de agresiones verbales entre las personas involucradas en la discusión. 

Seguramente te preguntarás ¿cómo mantener la calma ante estas situaciones?, ¿Cómo responder ante alguien que busca provocarnos para hacernos perder la paz? 

La manera en la que reacciones es clave. Si bien, no puedes controlar lo que diga la otra persona -o su comportamiento- si puedes tener un buen manejo de tus emociones y acciones.

La autora Bárbara Nerckhan, en su libro Defiéndete de los ataques verbales, comparte una serie de consejos que pueden ayudarte a mantener la calma, a no caer en provocaciones y, sobre todo, a mantenerte firme y respetuoso. 

Esperanza

1
ESTADO DE ÁNIMO INDEPENDIENTE

Este es el primer paso para la autodefensa. Enfocarte en tu estado de ánimo te ayudará a no perder la calma. No permitas que tu estado de ánimo dependa de los demás. 

«Siempre que nuestro humor y nuestros sentimientos dependen del trato que nos propinan otras personas, nos encontramos atrapados como peces en el anzuelo».

2
ESCUDO PROTECTOR

Crear un escudo mental ayudará a no tomar tan a pecho el comportamiento o actitud que tiene el otro hacia ti. Te ayudará a reconocer que las personas quizás estén pasando por un mal momento y por ello han perdido la calma. 

Es como si fuera una cadenita: alguien que vive una situación desagradable lo pasa por medio de su actitud a otra persona, y así sucesivamente; por ello, debes cortar de raíz esos pensamientos inquietantes. 

3
FRASE DE FONDO

La psicóloga Bárbara recomienda traer a tu mente una frase que suene de fondo mientras la otra persona intenta discutir contigo; ayudarán frases como «eso es cosa de los demás». «Eso no va conmigo» o «eso no me corresponde».

Escucha con paciencia y actúa de forma amable.

4
NEGOCIAR TENAZ Y RELAJADAMENTE

Las personas funcionamos con acuerdos, incluso en cada charla importante se fija un acuerdo en común. Por ello, puedes hablar con tranquilidad y fijar un acuerdo que funcione para ambos. 

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5
HABLAR SIN PERDER EL HILO

Muchos, al ver la actitud atacante del otro, comienzan a sentirse intimidados, lo que provoca que el nerviosismo aumente y entre a flote la inseguridad. 

Cuando te enfrentes a esta situación: respira profundo y recuerda todos los pasos anteriores para que generes tu escudo protector y puedas expresarte ante el otro de manera adecuada. 

6
MUESTRA TU SEGURIDAD

Recuerda que el lenguaje verbal transmite más de lo que piensas. Es importante mostrar seguridad no solo con tus palabras, sino también con tu postura. 

Dice la autora que es importante asegurarte de mantener el contacto visual, no bajes los hombros. 

Eso denotará que estás abierto al diálogo, pero mostrándote seguro y respetuoso.


Karen Hutch, Aleteia

Vean también       El Evangelio del día: Amar al Enemigo


martes, 21 de noviembre de 2023

Inspiradoras citas bíblicas para no pelear con tu cónyuge

COUPLE FÂCHÉ              


Estas poderosas palabras les ayudarán a reflexionar sobre la ira y las discusiones que a veces se ciernen sobre su matrimonio


Hay momentos en el matrimonio en los que su cónyuge puede haberle hecho enfadar por una razón u otra. Aunque este enfado puede ser pasajero, en otras ocasiones puede enconarse y crecer en el interior del marido o la mujer, trayendo consigo resentimiento.

Es importante cortar de raíz este enfado para intentar mantener la felicidad conyugal. Por eso hemos reunido algunos versículos bíblicos que proporcionan una valiosa guía sobre cómo tratar la ira en su matrimonio, promoviendo la paciencia, el perdón y la reconciliación. Sin embargo, no tema buscar orientación y apoyo espiritual si siente que las cosas se le están yendo de las manos.

Lo que dice la Palabra de Dios

Terço sobre a Bíblia Sagrada

1
IMPORTANCIA DE TRATAR LA IRA CON PRONTITUD

«Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando así ocasión al demonio».

(Ef 4, 26-27)

2
DEJAR DE LADO LA IRA Y EMOCIONES NEGATIVAS

«Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras».

(Col 3,8)

3
PACIENCIA Y LA COMPRENSIÓN

«El que es lento para la ira es rico en inteligencia; el que es iracundo muestra su insensatez».

(Pr 14, 29)

4
RECONCILIACIÓN Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

«Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y solo entonces vuelve a presentar tu ofrenda».

(Mt 5,22-24)

5IMPORTANCIA DE ESCUCHAR Y SER LENTO PARA LA IRA

«Tengan bien presente, hermanos muy queridos, que debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar y para enojarnos. La ira del hombre nunca realiza la justicia de Dios».

(Stg 1,19-20)

Cerith Gardiner, Aleteia 

Vea también     14 sencillas ideas para atenuar, con resultados, los conflictos de convivencia en el matrimonio

























miércoles, 2 de septiembre de 2020

El arte de tomar decisiones en pareja

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¿Ya están ustedes discutiendo? Como aprender a decidir entre dos sin gritos ni peleas

Se desdibujan los últimos rayos de la luna de miel y se perfila una faceta desconocida y un poco decepcionante del ser amado: quiere imponer sus formas de ver y de hacer.
“Hasta ahora, estaba dispuesto/a a hacer lo que yo quería y ahora se planta delante de mí oponiéndose y exigiendo lo que espera de la relación”.
Una situación frecuente en muchas parejas que inician la vida en común y que descienden, un poco abruptamente, de su pequeña nube. De repente, se confrontan mutuamente y se descubren tal y como son realmente, con sus cualidades, pero también con sus defectos, sus diferencias y también su deseo de tener su espacio en la relación. Entonces, ¿cómo aprender lo necesario para tomar decisiones entre dos?

Expresar nuestras expectativas, necesidades y esperanzas

Esto es lo que todo el mundo querría comprender… “Pero si es a expensas de mí mismo… Yo existo, así que manifiesto mis deseos y mis necesidades”. Y todos pasmados con la boca abierta. No se ha comprendido bien lo que representa la vida en pareja. Esta lucha por el poder es inevitable y necesaria. Además, más vale aprender a decidir entre dos que intentar aplicar una mano de hierro que solamente engendrará perjudicados. Y saber a veces ceder generosamente ese pequeño pedazo de poder que codiciamos…
La pareja debe explorar junta todos los ámbitos de la vida: organización de vida doméstica, evolución de las carreras profesionales, lugar de veraneo, número y educación de hijos, gestión de finanzas, vida social, vida sexual…
Todo esto permite que cada uno se sitúe con respecto al otro y exprese sus expectativas, necesidades y esperanzas.

De la lucha por el poder a saber compartirlo

Estos tiempos de ajuste no serán, sin duda, un campo de flores, pero permitirán pasar de la lucha por el poder a aprender a compartirlo. Saber compartirlo tendrá en cuenta las diferencias fundamentales: “Yo soy hombre”, “Yo soy mujer”, y diferencias particulares ligadas al carácter, la educación, las aptitudes…
Las diferencias, en vez de separar, terminarán enriqueciendo la relación. Aceptarlas es, sin ninguna duda, una etapa importante tanto de nuestro crecimiento personal como de nuestra pareja, tal y como nos exhorta san Pablo (Rm 15,7): “Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios”.
Marie-Noël Florant  Edifa Aleteia

Vea también  Renovación del Matrimonio


sábado, 23 de mayo de 2020

A veces conviene entrar en el conflicto con tu pareja

La confrontación y las consecuencias que puede engendrar dan miedo. Sin embargo, aceptar el enfrentamiento puede ser beneficioso para la pareja, siempre que se sigan unas reglas básicas
KŁÓTNIA MAŁŻEŃSKA

“Con mi esposa, a menudo entramos en conflicto”, confiesa Édouard. “Y ya no soporto más esas escenas que nos agotan y nos dejan agitados y frustrados. Cuando no estamos de acuerdo, prefiero detener la discusión, cosa que enfada todavía más a mi mujer. Y en la actualidad, temo que nos hayamos equivocado al decidir casarnos”. Situaciones parecidas a esta son comunes para muchas parejas.
Al mirar más concretamente tanto a los elementos desencadenantes, el desarrollo y las sensaciones de estos conflictos destructores, parece que estos conflictos suceden durante confrontaciones de ideas, de sentimientos o de intenciones antagonistas entre los cónyuges. Los que bajan la bandera cada vez que se presenta esta situación lo hacen porque se sienten incapaces de sostener la discusión y de hacer frente a la situación. Se sienten en peligro y prefieren esquivarlo. Pero ¿es conveniente esta actitud para afrontar los conflictos?

Los beneficios de los conflictos en pareja

Hay quien podría pensar que se trata de una actitud prudente. Pero no hay que confundirse: aunque la huida evite el conflicto abierto, no erradica la oposición de base que queda, pues, latente y continúa envenenando el fondo de la relación. ¿Hay que evitar siempre este conflicto tan temido? ¿No podría ser una ocasión para tener en cuenta la individualidad del cónyuge? ¿Una forma de darle testimonio del respeto que suscita su amor?
No hay que temer exponer una oposición. Esto permite que cada uno exista tal y como es, a condición de que se planteen las preguntas adecuadas y de que se conozcan las reglas para no herir demasiado al otro. Durante esas confrontaciones, es importante plantearse esta pregunta: “¿Sé distinguir los diferentes sentimientos que me motivan (el temor de mi propia agresividad que podría dañar a mi cónyuge, mi terquedad personal…) de la cuestión de fondo?”. ¡Con una insatisfacción no compartida en uno o varios ámbitos se corre el peligro de crear animosidad!

Algunas reglas que seguir antes de abordar una confrontación

Antes de atreverse a iniciar una confrontación, por un lado habría que admitir que sufrimos con estas situaciones de oposición (y decírselo al cónyuge) y, por otro lado, aceptar la idea de que estas confrontaciones no van a causar mal.
Para ello, será necesario respetar ciertas normas básicas: hablar en primera persona (“Siento que…”, “Preferiría…”) y demostrar una escucha activa, es decir, poner el acento en la satisfacción mutua de las necesidades. 
Marie-Noël Florant, Edifa Aleteia
Vea también 5 reglas para una buena pelea matrimonial

miércoles, 17 de abril de 2019

¿Peleas en la familia? Sigue el consejo de San Vicente de Ferrer


San Vicente de Ferrer fue un religioso dominico nacido en Valencia en 1350. Por su gran inteligencia llegó a ser profesor de filosofía en una universidad a los 21 años.
Era famoso por sus sermones que, a pesar de ser largos, eran muy entretenidos así como formativos. Asimismo, era una persona muy entregada a los más necesitados.
Una de las cosas que más lo volvió famoso fue su consejo para detener las peleas en la familia. La técnica que propuso terminó llamándose “Agua de Fray Vicente”.
Cuando alguna señora peleaba mucho con su marido, San Vicente le proponía tomar agua bendita y tenerla en la boca sin pasarla cuando el esposo venía hacia ella con ánimos de enfrentamiento.
De esta forma, la boca estaba suficientemente ocupada como para contestar o continuar con el pleito, y, aunque suene gracioso, tuvo maravillosos resultados.
Propuso esto porque comprendía que lo más perjudicial en una pelea no era tanto la palabra ofensiva que se recibe, sino la palabra que se responde; pues, si bien no se puede hacer mucho para que otros no pequen, puedes hacer mucho para evitar pecar tú ya que no continúa el pleito.  
ChurchPOP

















lunes, 20 de noviembre de 2017

Por qué es bueno dejar que tus hijos se peleen



Pero quizás quieras esperar hasta que sean lo bastante mayores como para entender las normas de una pelea justa.

Si me dieran un dólar cada vez que digo “Niños, por favor, ¡podéis parar de pelear!”, probablemente podría pagar mis préstamos universitarios. En serio, mis hijos se pelean constantemente.
La mayoría de las veces no se pelean por algo real, sino por alguna grosería imaginaria o la percepción de una agresión. “Es que me está mirando” es un recurrente inicio de discusión, al igual que “¡Me tocaba hablar a mí y ha empezado él!”.
Si tuviera tiempo y espacio para analizar sus discusiones, estoy segura de que descubriría que, en realidad, luchan por algo real, como el desarrollo de sus nociones de justicia o su floreciente autonomía o cosas así. Pero no tengo tiempo ni espacio. Tengo cinco hijos. Así que les suplico que dejen de pelearse porque no puedo manejarlo de otra forma.
Por suerte (¿o por desgracia?) para mí, según parece, la tensión y la discusión son habilidades esenciales para fomentar la creatividad. Sí, en serio. Véase el testimonio de Adam Grant, de The New York Times, en su artículo Dejen pelear a los niños, cuyo título ya despierta el temor en los corazones de madres de todo el mundo:
“Presenciar discusiones y participar en ellas nos vuelve más resistentes. Desarrollamos la voluntad de pelear batallas a contracorriente y nos da la habilidad de ganarlas, así como la resiliencia de perder una batalla hoy sin perder nuestra determinación a futuro. (…)
Si nadie discutiera jamás, muy probablemente no renunciaríamos a viejas formas de hacer las cosas, y ni hablar de intentar probar nuevas. Los desacuerdos son el antídoto para el pensamiento grupal. Cuando estamos fuera de sincronía estamos en nuestro punto más imaginativo. No hay mejor momento que la niñez para aprender a repartir palos y a recibirlos”.
Fíjate tú. Vale, lo entiendo. Entiendo que los hermanos Wright diseñaran su doble hélice pionera después de semanas de contiendas a voces, pero os garantizo que su madre no estaba en la misma habitación durante esas peleas intentando pagar facturas o hablar por teléfono. Segurísimo que no. Porque si hubiera estado, ese avión nunca se habría diseñado y todos estaríamos usando trenes bala en vez de aviones nocturnos.
Entiendo que la creatividad florece en medio del conflicto, que la resiliencia se aprende a través de los conflictos y de su resolución, y que el pensamiento de grupo es algo malísimo.
Por un lado, me encanta la idea de enseñar a mis hijos a tener desacuerdos saludables. De hecho me encantan las reglas que se establecen en el artículo para esos desacuerdos:
  • considera la discusión como un debate, no un conflicto
  • argumenta como si estuvieras en lo correcto, pero escucha como si estuvieras equivocado
  • interpreta la perspectiva del otro de la manera más respetuosa
  • reconoce los puntos en los que coincides con tus críticos y lo que has aprendido de ellos.
Por otro lado, solo imaginar la aplicación práctica de estas reglas me da acidez de estómago. Daré por supuesto, a pesar de la imagen que encabeza este artículo, que el público infantil objetivo es algo mayor de 5 años, por el bien de mi cordura (y la de los lectores). Pero para niños mayores esto suena estupendo.
Con un niño en el umbral de la adolescencia, me parece que poner por escrito estas normas en nuestra cocina es una forma magnífica de arbitrar nuestras discusiones antes de que se desmadren. Es una norma externa a la que todos podemos acudir en el calor del momento y que quizás evite que las discusiones desciendan a acusaciones e ira.
Y si mis hijos me salen súpercreativos y resilientes, pues eso que aplicamos.
Este artí­culo fue publicado originalmente en la edición inglesa de Aleteia , y ha sido traducido y / o adaptado aquí­ para lectores de habla española.
Calah Alexander, aleteia