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jueves, 14 de marzo de 2024

¿Cuál es la diferencia entre un pecado mortal y uno venial?

Padre no confessionário

Los pecados mortales y veniales son formas diferentes de categorizar nuestras ofensas a Dios y a los demás

Los pecados no son algo en lo que normalmente nos gusta detenernos, ya que nos recuerdan nuestras faltas y fallas.

Sin embargo, la Iglesia nos insta a reconocer la gravedad de nuestros pecados y a volver al Padre, confesándolos en el sacramento de la confesión. Al hacerlo, nos reunimos con Dios, y nuestra relación se restaura.

Al hablar de pecado, la Iglesia católica nota una diferencia entre pecados mortales y veniales.

Pecados mortales

El Catecismo de la Iglesia Católica define el pecado mortal como «una infracción grave de la ley de Dios».

Y añade que tal pecado «aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior» (CCC 1855).

Para que un pecado sea mortal, para romper nuestra relación con Dios, debe cumplir con tres requisitos específicos establecidos por el  Catecismo.

El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado.

CCC 1859

Para resumir las tres calificaciones, un  pecado mortal  debe ser materia grave, cometido con  pleno conocimiento  y la persona debe tener pleno consentimiento.

Pecados veniales

Los pecados veniales son ofensas contra la caridad, el amor de Dios por nosotros y nuestro amor a los demás. 

Aunque no cortan nuestra relación con Dios o con la vida de gracia, los pecados veniales pueden tener consecuencias de largo alcance

A menudo, cuando cometemos pecados veniales repetidamente, nuestra determinación se debilita y es más probable que cometamos un pecado mortal.

La Iglesia nos invita a confesar estos pecados «veniales», porque dañan nuestra relación con Dios y con los demás. 

Además, «la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu» (CIC, 1458 ) .

La diferencia básica entre los pecados mortales y veniales es que estamos obligados a confesar todos los pecados mortales en confesión, y se nos anima, pero no se nos exige, a confesar todos los pecados veniales.

Los pecados veniales son típicamente nuestras debilidades cotidianas, mientras que nuestros pecados mortales son aquellas cosas que nos separan de Dios y de la Iglesia.

Philip Kosloski, Aleteia

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Phuilip Koloski, Aleteia



lunes, 31 de julio de 2023

Jóvenes: ¿Y si oculto un pecado grave en confesión? Dos sacerdotes youtubers contestan

Confesión. Foto: Portaluz


Dijeron que a pesar de que un mal haga sentir vergüenza o incomodidad por haberlo cometido, la confesión y debe ser sincera.

(ZENIT Noticias – Porta Luz / Zamora, 26.07.2023).- Por vergüenza o temor, para muchas personas es difícil confesar algunos pecados durante el sacramento de la Reconciliación. Sin embargo, rara vez se es consciente de las consecuencias que involucra ocultar deliberada y a conciencia un pecado grave durante la confesión.

Desde hace años, los sacerdotes franciscanos Leonard Bielecki y Franciszek Chodkowski, animan desde Polonia el canal de YouTube bEZ sLOGANU (Sin eslogan), en el que debaten importantes temas de espiritualidad. En el último episodio, abordaron la cuestión de los pecados que algunos silencian en el confesionario.

Se invalida la confesión

Se preguntan los sacerdotes si, ¿ocultar un pecado de forma deliberada invalida la confesión? «Cuando acudimos al confesionario tendemos a no alardear de nuestros pecados. Saber que algo estuvo mal nos hace sentir vergüenza. Pero, aunque nos incomode, poco o mucho, llega el momento de la confesión y debe ser sincera. Si vengo al confesionario y oculto un pecado, no quiero decirlo y se trata de un pecado grave, la confesión no es válida», advierte el fraile Leonard Bielecki.

Y su hermano OFM Franciszek Chodkowski complementa: «Estamos obligados a confesar los pecados graves en la confesión (CDC n°s 987 y 988). Hay que confesarlos. Los pecados leves a veces se nos escapan. Nuestra vida es imperfecta y cada día nos suceden pequeños pecados. En cuanto al sacramento de la Confesión, es allí donde deben confesarse los pecados mortales».

La Iglesia enseña que solo mediante la confesión sacramental se pueden perdonar los pecados graves. Y todo lo confesado está bajo el resguardo del sacramento al que se obligan los sacerdotes confesores. «El secreto de confesión, que amordaza al sacerdote de forma absoluta (CDC n°s 983 y 984), está precisamente ahí para darte el consuelo de la confesión. La tercera cosa que es bastante importante aquí se refiere al hecho de que el sacerdote que te confiesa ya ha escuchado decenas, miles, cientos de miles de confesiones, y realmente para el sacerdote, si alguien viene con un pecado, la absolución es más importante que la vergüenza», explica el hermano Leonard Bieleck y añade que si de forma deliberada se ocultan pecados: «Una confesión así no es válida y las confesiones posteriores tampoco lo son porque se ha ocultado el pecado grave».

Ser sinceros ante Dios

Es vital –subraya el franciscano Franciszek Chodkowski– tener presente que en el Sacramento de la Reconciliación tenemos el privilegio de ser sinceros ante Dios, de situarnos desde la verdad.

«Que yo oculte ante el sacerdote mi pecado mortal no significa que Dios no lo sepa. Él lo sabe. Y yo, al acercarme al sacramento de la reconciliación, me confronto con la inmensidad de la misericordia de Dios y quiero hacer uso de este don. ¿Le pido perdón y al mismo tiempo le miento? No confesar un pecado es un intento de ocultar a Dios la verdad sobre mí mismo», alerta el hermano Franciszek.

Prepárate, abre tu corazón y alaba a Dios por su perdón

Al ir a confesarte…

  • Haz examen de conciencia para confesar todas tus faltas.
  • Se consciente de la tristeza que en Jesús provocan tus pecados. Permítete sentir el dolor por tus pecados.
  • Ten propósito de enmienda.
  • Di todos tus pecados al confesor desde la última confesión bien hecha (si alguna vez ocultaste algún pecado… dilo al sacerdote confesor y abre tu corazón, confiesa ese pecado que ocultaste).
  • Cumple la penitencia.































viernes, 14 de julio de 2023

No estoy en gracia, ¿mis obras buenas tienen valor?

stanowisko Kościoła katolickiego w kwestii pobierania i przeszczepiania narządów               

Orar y hacer obras buenas siempre será bueno, independientemente de la condición en la que se encuentre la persona, sin embargo, para que trasciendan para la eternidad, es importante estar en gracia santificante.

Bien dice Jesús: «Sin mí nada pueden hacer» (Jn 15, 5). ¿Qué quiere decir Jesús? Que sin Él no podemos hacer obras que trasciendan a la eternidad, obras que den frutos de vida eterna, obras con méritos sobrenaturales. Es claro que sin Jesús, sin la vida de gracia, se pueden hacer cosas pero son cosas que se quedan aquí, obras sólo con méritos naturales.

En la vida moral de los bautizados se pueden dar dos situaciones: caer en pecado mortal y luego hacer obras buenas; o estando en gracia de Dios, hacer obras buenas y después caer en pecado mortal.

Haciendo obras buenas sin estar la gracia

Las obras buenas de quien está en pecado grave no son ante Dios meritorias, no tienen efectos sobrenaturales, pues es una condición esencial para que una obra sea meritoria desde el punto de vista sobrenatural, el que sea realizada en estado de gracia.

Se sabe que quien está en pecado mortal, no tiene vida de gracia, no tiene vida espiritual; por tanto, una persona «muerta», espiritualmente hablando, no puede hacer nada. Estas obras, dice Santo Tomás (Suma Teológica, III, 89, 6) se llaman «muertas», porque, aunque son buenas a los ojos de los hombres, por su forma, se realizan sin la acción de Dios que es el principio de vida y por tanto carecen de mérito sobrenatural.

¿Se puede recuperar el mérito?

Si la persona sale del pecado, esas obras hacen parte del pasado y no pueden recuperar el mérito pues nunca lo tuvieron. Ahora bien, el hecho de no tener la vida de Dios o la vida de gracia, no significa que, mientras llega el momento de la confesión, dejemos de hacer obras buenas a los ojos humanos; no olvidemos que tenemos deberes, responsabilidades, tareas, etc.

Estas acciones sin mérito sobrenatural son necesarias e incluso es obligatorio hacerlas, pues, fuera de que tienen mérito natural, entre otras cosas, pueden disponer a la persona para la gracia, empezando por la gracia de la conversión.

Una cosa importante a tener en cuenta es que no podemos, erróneamente, pensar que cuando se pierde la gracia santificante esa persona deja de ser amada por Dios, o que Dios ya no la mira con benevolencia.

Obras en Estado de Gracia y luego caer en pecado

Si una persona ha hecho obras meritorias desde el plano sobrenatural, peca y nuevamente se confiesa para recuperar la gracia santificante, esas obras no pierden sus méritos sobrenaturales porque fueron hechas en gracia de Dios. Aquí entonces se habla de la «reviviscencia» de los méritos anteriores.

¿Qué se quiere decir con esto? Que esos méritos «no mueren» (Suma Teológica III, 89, 5); permanecen ante Dios, pero no tienen eficacia para llevar a la vida eterna a la persona que los mereció hasta tanto no se recupere el estado de gracia. Cuando se recupera la gracia, esas obras recuperan la eficacia de conducir a la vida eterna. La Iglesia usa el término «sobrenatural» para referirse a las realidades que están por encima de nuestras propias acciones naturales, es decir, más allá de nuestra naturaleza.

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Mujer en oración.

La oración

Un claro ejemplo para analizar el tema es el siguiente: el estado de coma profundo o en estado vegetativo. Si no se tiene la vida de Dios es como estar en coma profundo o en estado vegetativo y si se está en esta situación, espiritualmente hablando, no se puede comulgar, pues estas personas, que parecen muertas, no comen.

Ahora, a pesar de estar en pecado grave se puede orar pues, siguiendo con el ejemplo anterior, la persona en coma profundo o en estado vegetativo sí que puede tener una actividad cerebral y es aquí que entra la oración, sobre todo la oración de arrepentimiento, la oración que motiva la conversión.

La oración ayuda a que no decaiga la fe, sirve para no seguir pecando, para no alejarse aún más de Dios, para tener la seria intención de conseguir la gracia del perdón en la confesión y «salir de ese estado de coma profundo».

Además, la Iglesia recomienda acudir a la comunión espiritual si es que no es posible recibir la Eucaristía al estar en pecado mortal.


Henry Vargas Holguín, Aleteia 

Vea también       El pecado, la gran bajeza, la gran locura, la gran primada, la gran canallada - P. Jorge Loring sj