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miércoles, 6 de septiembre de 2023

5 métodos para cultivar la relación con tu ahijado

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Los padrinos desempeñan un papel muy importante y significativo en la vida de un niño. ¿Sabes cómo construir una buena relación con tu ahijado?

«¡Ser padrino es un papel hermoso, grande y responsable! Al fin y al cabo, una madrina y un padrino deben apoyar a un joven (¡y más tarde también a un adulto!) en ‘el camino de la vida cristiana’ (CIC 1255). Y para ello -como todos sabemos- son esenciales unas buenas y estrechas relaciones, que merece la pena fortalecer incluso cuando el ahijado es todavía muy joven o vive lejos de nosotros.

He aquí algunos consejos para ayudar a su ahijado a conocer a Jesús y a establecer una relación estrecha con Él desde una edad temprana:

1PASAR TIEMPO JUNTOS

Busca una forma sencilla de pasar tiempo con tu ahijado. Escríbele una carta, planea una charla por webcam o invítale a tomar un té o un chocolate caliente. Para que estos encuentros puedan producirse con regularidad, procura planificar estas actividades con antelación. Más aún si se trata de un viaje largo de varios días.

2REGÁLALE UN LIBRO VALIOSO

Nada ayuda tanto a infundir la fe como un buen libro que merezca la pena. Y la oferta es realmente amplia. Puedes regalar una Biblia para niños, historias sobre los santos o una lectura típicamente aventurera pero con una sabia moraleja. Quizá puedas encontrar un artículo que le ayude a aprender a rezar o le ayude a experimentar la Eucaristía.

3IR JUNTOS A LA IGLESIA

¿Ir juntos a nuestro templo favorito? ¿Por qué no? Pasa por la iglesia para rezar, encender una vela o contemplar interesantes esculturas, pinturas y vidrieras. Te garantizamos que tu ahijado lo recordará durante mucho tiempo. Aprovecha la ocasión para contarle la historia de Jesús o de su santo patrón.

Si no se ven todos los días, es buena idea enviarle una foto de una iglesia en la que hayas estado recientemente, junto con un breve mensaje diciendo que has rezado por él.

4REZAR JUNTOS

Rezar juntos es una forma estupenda de mantenerse en contacto con su ahijado. Ya sea en casa o en la iglesia, basta con cantar juntos una canción, rezar a los santos patronos o iniciar una oración espontánea. Y lo que es más importante, esta forma tan sencilla puede ponerse en práctica aunque los separe una gran distancia.

5CELEBREN ANIVERSARIOS DE BAUTISMO

Cada año, recuérdale a tu ahijado que el día de su bautizo es una ocasión muy especial que merece la pena celebrar. ¿Cómo celebrarlo? Por ejemplo, rezando una breve oración, combinada con la lectura conjunta de la historia del bautismo de Jesús en el río Jordán (Mateo 3,3-17).

Si tu ahijado aún es pequeño, pueden simplemente mirar juntos las ilustraciones bíblicas. En este día, piensa en un regalo para conmemorar el bautismo. Podría ser, por ejemplo, un álbum de fotos con imágenes de este importante acontecimiento.

Como ves, no necesitas grandes hazañas para construir una relación estrecha con tu ahijado. Lo más importante son las buenas intenciones y tomar la iniciativa. Una relación como esta, si se cultiva con regularidad, puede durar toda la vida y dar frutos realmente hermosos.

Cecilia Pigg, Aleteia 

Vea también    Código de Derecho Canónico

De los padrinos 872-874

C872 En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo.

C873 Téngase un solo padrino o una sola madrina, o uno y una.

C874 P1 Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:
1º. haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres o por quienes ocupan su lugar o, faltando éstos, por el párroco o ministro; y que tenga capacidad para esta misión e intención de desempeñarla;
2º. haya cumplido dieciséis años, a no ser que el Obispo diocesano establezca otra edad, o que, por justa causa, el párroco o el ministro consideren admisible una excepción;
3º. sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir;
4º. no esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada;
5º. no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar.
P2 El bautizado que pertenece a una comunidad eclesial no católica sólo puede ser admitido junto con un padrino católico, y exclusivamente en calidad de testigo del bautismo.




















jueves, 1 de junio de 2023

¿Vives lejos de tu ahijado? Sé así buen padrino a distancia

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Ser elegido padrino o madrina de un niño es una gran alegría. Pero también es una responsabilidad: ¿cómo asumirlo cuando estamos alejados geográficamente de nuestro ahijado?

El día del bautismo, nos comprometemos, como padrino o madrina, a ayudar a los padres de nuestro ahijado o ahijada a “educarlos en la fe, para que estos niños, guardando los mandamientos de Dios, amen al Señor y al prójimo, como Cristo nos enseña en el Evangelio”.

No hemos sido meros testigos del bautismo: hemos dado nuestra palabra. Y la dimos en serio, pero… ¿y después?

Al cabo de meses y de años zarandeados por la vida, inundados de mil preocupaciones, alejados geográficamente, tenemos dificultades para respetar este compromiso y nos sentimos vagamente culpables por no haber hecho suficiente por nuestros ahijados, o por algunos de ellos.

A veces incluso tenemos conciencia de haberles fallado con errores más o menos graves. Nunca es demasiado tarde para hacer el bien: incluso si, después de varios años, apenas nos hemos ocupado de ellos, no es una razón para bajar los brazos.

Estar presente en todos los acontecimientos importantes

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Para empezar podemos rezar por ellos y pedir al Espíritu Santo que nos enseñe a ejercer nuestras responsabilidades hacia ellos.

Una carta auténtica, en la que pidamos circunstancialmente perdón por un silencio demasiado largo o incluso por riñas o faltas graves, permitirá retomar el contacto.

Incluso en la edad adulta, es precioso tener un padrino y una madrina atentos y cariñosos. Nunca es demasiado pronto para comenzar.

Recordemos que nuestra misión consiste, ante todo, en ayudar a los padres, por eso desde el principio es importante establecer relaciones profundas con ellos.

Aunque los conozcamos bien, aunque sean hermanos o buenos amigos, nuestro estatus de padrino y madrina establece unos vínculos nuevos, de orden espiritual. Recemos por ellos y, cuando sea posible, con ellos.

¿Por qué no mantener una relación epistolar?

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Joey Laffort | Shutterstock

Cuando el niño es pequeño, dediquemos tiempo a hablar de él con sus padres. Interesémonos por su personalidad que se esboza poco a poco, por sus progresos y sus dificultades.

Evoquemos aquello que deseamos para él. Y ofrezcamos los medios para mantener esta relación: programemos regularmente un fin de semana con una tarde juntos o algunos días de vacaciones todos los años, cuando el distanciamiento geográfico no permita encuentros más frecuentes.

Estemos atentos a todo lo que compone la vida de nuestro ahijado. Es importante prestar atención a las noticias, estar presente a pesar de las distancias en todos los acontecimientos importantes, como cumpleaños, la vuelta al cole, la entrega de un diploma, etc.

Por otra parte, no olvidemos que los niños, sobre todo a partir de los cinco o seis años, se alegran mucho al recibir cartas a su nombre.

Aunque se trate de unas sencillas palabras en una postal, eso les muestra que alguien pensó en ellos de una forma muy especial.

Y, una vez que aprenden a leer y escribir con soltura, las cartas permiten decir muchas cosas, desde las más anecdóticas a las más profundas. Una carta se conserva, se relee… ¡es un auténtico tesoro!

Crear recuerdos inolvidables

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Padrino y madrina son unos interlocutores privilegiados ante los que el niño se siente único e irremplazable.

También es importante, cuando hagamos una visita a nuestro ahijado o ahijada, reservar un momento a solas, sin sus hermanos o hermanas, sin nuestros propios hijos.

Puede tratarse simplemente de un paseo los dos o una jornada más especial en la que se hagan cosas un poco más alocadas, cosas fuera de lo habitual, entre las que se pueden incluir la misa de domingo o un tiempo de oración.

A menudo nos sentimos unos pésimos padrinos o madrinas… ¡y quizás lo seamos! Pero entonces, la peor de las tentaciones sería perder coraje.

Recordemos que, a través de la petición de los padres y a través de la Iglesia que ratificó su decisión, es Dios mismo quien nos ha confiado esta misión.

Apoyémonos en Él para administrarla bien, aunque sea a varios kilómetros de nuestros ahijados. Y tengamos la seguridad de que Él nos da los medios para nuestra tarea, aquí y ahora.


Edifa

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