Raniero Cantalamessa ha sido el predicador oficial del Vaticano durante casi 45 años, un recórd para un cargo vaticano que será dificil de igualar. Le sustituye fray Roberto Pasolini, franciscano -como su predecesor-, quien ha sido nombrado este sábado 9 de noviembre por el Papa Francisco. A partir de ahora será él quien predique las catequesis de Adviento y Cuaresma para el Papa y para la Curia vaticana.
Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
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miércoles, 13 de noviembre de 2024
martes, 10 de marzo de 2020
Jubilación: cuidado con la depresión
¿Has terminado tu vida laboral y ahora te sientes inútil e improductivo?

Jubilarse es un paso importante en la vida. La vida laboral termina y comienza una nueva vida llena de posibilidades. Para muchas personas este momento puede ser complicado pues se enfrentan a factores desconocidos que, a veces, pueden resultar un poco deprimentes. Por eso, es importante examinarse bien para no caer en las trampas de la depresión.
Cómo seguir adelante
“Tienes que preguntarte: ¿cómo puedo seguir llenando mi vida? ¿Qué tengo que hacer para que mi vida siga teniendo sentido? “, explica la psicóloga Geneviève de Taisne en su libro escrito en francés y titulado Para el placer de los abuelos.
“Para lograrlo, tienes que aceptar pasar por un período de duelo: duelo por ser padre, duelo por ciertas actividades, duelo por esperar que la sociedad te dé tu identidad, tu ser, el sentido de tu vida. A cierta edad, tienes que darte a ti mismo tus razones para vivir.”
El trabajo de duelo es, por lo tanto, un paso necesario. Uno debe morir para renacer. “No pude soportarlo cuando me vi al margen“, admite Francis, finalmente tranquilizado después de dos años de grave depresión. “Afortunadamente, Solange, mi esposa, estaba presente y me ayudó a dejar atrás el pasado y a mirar el futuro con serenidad“.
Más que nunca, el cónyuge vulnerable necesita el apoyo y la escucha de la otra persona. Razón extra para planificarlo juntos, para no esperar a que estemos los dos con la espalda contra la pared para discutirlo juntos y compartir proyectos.
Encontrar nuevas actividades
“Todavía tengo algo de tiempo de sobra”, dice Robert, que pronto se retirará. A medida que se acerca la fecha límite, tiene algunos proyectos en mente, y una cosa es cierta: “No voy a sentarme en casa y dar la vuelta del salón, ¡necesito acción!”
A su lado, su esposa está de acuerdo… y sonríe: “Los dos estamos de acuerdo con la idea de que cada uno tenga su espacio personal”.
Ya no hay preocupaciones de trabajo o familia, la pareja de jubilados puede finalmente disfrutar de una merecida libertad. Cada pareja tiene su propia manera de acoger esta nueva libertad.
Algunos se entusiasman y viven una especie de “noviazgo”, otros lo ven como una oportunidad para abrirse juntos a una nueva existencia. A veces es necesario permitir un período de espera en el que cada uno se va adaptando y ajusta su ritmo al de su cónyuge antes de hacer un nuevo comienzo juntos.
“Los gustos y el carácter de cada uno entran en juego, advierte Laure, que vive con su marido jubilado con más independencia de la que había imaginado. Rápidamente me di cuenta de que no podía implicar a Bernard en mis planes. Se obligó a sí mismo una o dos veces para complacerme, pero tan pronto abrí la jaula, el pájaro se fue volando”, se lamenta, un poco nostálgica. Bernard se dedica plenamente a una asociación de ayuda a los presos y se dedica a ella con una pasión de la que su esposa se siente un tanto excluida.
¿Qué vamos a hacer cuando nos jubilemos? Depende de cada pareja. Cuidado cuando se quiere hacer demasiadas cosas al mismo tiempo… Cuidado también cuando se quiere pasar la jubilación únicamente en el hogar y cuando la pareja, por miedo a ser devorada por demasiados compromisos, ya no hace nada.
Dedicarse a su familia
En la jubilación, muchos abuelos se dedican a sus nietos: por las tardes, los miércoles, los fines de semana o durante las vacaciones escolares. Esta relación intergeneracional crea vínculos.
Monique y Guy dedican todo su tiempo a su tribu: cinco hijos, diez nietos y los padres de Guy en el mismo pueblo, todos ayudándose mutuamente. Sin embargo, no siempre es fácil compaginar las generaciones y dar tiempo a todos: “Los lunes, reunimos a los primos para almorzar y que se conozcan mejor”, explica Guy, que siempre está dispuesto a dar un paseo en bicicleta con cualquiera que quiera seguirle. Este abuelo sabe que tiene un papel importante: “Hacemos el vínculo, ayudamos a los hijos y unimos a los nietos”.
El aumento de la esperanza de vida también tiene su lado negativo: cuando al mismo tiempo la pareja tiene que acoger a un padre anciano, escuchar al nieto adolescente o ayudar a una madre exhausta, se encuentran destrozados, aplastados por una gran responsabilidad.
“No tenemos un momento para nosotros”, admite Ghislaine, literalmente devorada por su familia. Una hija divorciada, su padre en un asilo al otro lado de la ciudad – corre de uno a otro, afortunadamente con la ayuda de su marido.
“No es fácil en estas condiciones disfrutar de este tan esperado retiro!” Pero una cosa es cierta: la jubilación, si se vive bien, es un factor de equilibrio para todas las generaciones.
Tiempo interior
Durante la jubilación, la dimensión religiosa también renace, ya no está asfixiada por un ritmo de vida difícil. Algunas personas se dedican a las parroquias: animación litúrgica, catequesis, grupos de oración…
También vuelven a dar a la oración un lugar que la vida familiar y las limitaciones profesionales habían eclipsado. “Estamos más disponibles en nuestra vida de fe”, confían Louis y Maguy, que se reúnen cada día para un tiempo de oración conyugal y van juntos en peregrinación a Jerusalén.
Los años han pasado, el ser espiritual ha crecido. El tiempo de ocio de la jubilación puede traer alegría, pero no siempre satisfará ese “plus” que caracteriza la trascendencia de la persona humana. En el final de la existencia, este apetito espiritual se profundiza en nuevas dimensiones.
Dar gracias por la familia, alabar a Dios por todo el camino recorrido y depositar a sus pies conflictos y preocupaciones. ¡Qué testimonio más bello de amor conyugal para las jóvenes generaciones que una pareja unida en la oración y la acción de gracias!
Pascale Albier, Edifa Aleteia
Vea también San Juan Pablo II: El desafío de la depresión
miércoles, 1 de enero de 2020
¿Orgulloso o competente? El éxito que vale de verdad
Algunas personas se centran solo en el éxito profesional descuidando todos sus amores, sin darse cuenta de que en el ineludible destino de la jubilación
se han de encontrar con un triste balance humano fuera del ámbito laboral…
se han de encontrar con un triste balance humano fuera del ámbito laboral…

El buen orgullo es humanamente positivo cuando se origina en sentimientos nobles que tienen que ver con el bien del ser de la persona, como el nacimiento de un hijo, un logro académico o la estatura moral de un amigo o pariente, entre otros.
El deseo de competir también es bueno cuando obedece a afanes nobles que ponen en juego lo mejor de la naturaleza, sin menoscabo de ningún valor.
Sin embargo, existe la mala combinación del mal orgullo con el espíritu competitivo, donde el legítimo deseo de autosuperación de quien busca realizar lo mejor de su naturaleza personal es sustituido por el solo deseo de ser y tener más que los demás
Y el mal orgullo es insaciable.
Llevados por este sentimiento, algunas personas se centran solo en el éxito profesional descuidando todos sus amores, sin darse cuenta de que en el ineludible destino de la jubilación se han de encontrar con un triste balance humano fuera del ámbito laboral.
En ese momento podrían llegar a sentir que están de más.
Son personas “exitosas” que al llegar a esta etapa se quejan en forma de reclamo hacia quienes consideran que “les deben”, aferrándose a un afán posesivo sobre cosas y personas que los van dejando atrás.
Un sentimiento que suelen expresar en frases como “no me lo reconocen ni agradecen”, “trabajé mucho, pero fue por darle lo mejor a mi familia”, “los que se decían mis amigos me buscaban solo por interés”.
Lo cierto es que todo lo hicieron por orgullo y codicia, creyendo que el dinero todo lo consigue, como el amor de una familia, el afecto y reconocimientos de propios y extraños.
Eso explica que desde ese “su éxito” no hayan sabido amar, y esperaron solo que los amaran; no se entregaron, mas exigieron que se les entregaran, y además fueron unos tiranos, susceptibles, desconfiados, que difícilmente reconocían haberse equivocado.
¿Cómo empezó el germen de su mal orgullo?
Es probable que, cuando siendo estudiantes no aspirasen al saber, sino a la máxima calificación de su grupo, a ser el mejor en tal deporte, o el más sobresaliente en esto o lo otro…
Luego en la vida profesional, sus amigos, compañeros de trabajo y hasta su propia familia se convirtieron en escalones por los cuales ascender hacia su éxito personal.
Éxito que significaba ser el de la mejor casa, las mejores vacaciones, mejores cosas que comer y beber, con el orgullo de ser un hombre más rico que ningún otro, y claro, con más poder, que es lo que el orgulloso más disfruta.
Bastaba que el vecino o un conocido comprara un mejor coche, una mejor casa u obtuviera algún reconocimiento para que su propio coche, casa o títulos le aparecieran de pronto desabridos.
Porque su orgullo se fundaba no en el placer de lograr las cosas, sino en tener más que los demás.
Para el competitivo por orgullo es por las comparaciones en las que resulta en un plano superior que encuentra color y sabor a sus logros, mismos que le dan la oportunidad de ver a los demás por encima del hombro y con la condescendencia de hacer favores con cierto gusto, porque en el fondo se alegra de ver a los demás necesitados.
Cuando no sucede así suele ser presa de la envidia y la insatisfacción, por lo que es difícil que no se alegre ante los supuestos fracasos y defectos de quien es el envidiado.
Y jugando siempre a no perder… se pierde todo al ganar, pues es precisamente en el terreno del amor humano donde en las comparaciones no salen favorecidos.
Por este camino, el paso del tiempo pone de relieve entonces a un ser empobrecido, frustrado e íntimamente angustiado ante la pérdida del sentido que había dado a su vida.
Sin embargo, como sentido indica dirección para llegar a un puerto, a un destino, bien puede aún dar un definitivo golpe de timón y corregir el rumbo en el trecho que aún queda por recorrer, ya que el verdadero sentido de la vida solo se alcanza al final, llegando a puerto seguro por haber navegado bien.
Y la virtud de humildad es como la estrella que orienta al buen navegante en la limpieza de su corazón.
Es necesario admitir que el mal del orgullo nos concierne a todos; en mayor o menor medida todos padecemos este mal y sufrimos sus consecuencias.
Reconocerlo es la mitad de la solución, pues habla ya de un principio de humildad, y es la humildad precisamente su antídoto más eficaz.
Consúltanos en: consultorio@aleteia.org
Orfa Astorga, Aleteia
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