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lunes, 7 de marzo de 2022

Un encuentro «cara a cara» con Carlo Acutis, el beato de los millennials

ACUTIS


La reliquia de Carlo Acutis llegó por primera vez a Chile y tuve el privilegio de tener un momento de reflexión, compartirle mis intenciones y rezar un Padre Nuestro contemplando la tremenda paz y energía que transmite su rostro, reflejado en la fotografía que la acompaña

Luego de varios intentos y una larga espera, la reliquia de primer grado del joven Carlo, es decir de su propio cuerpo, llegó a Chile. Se encuentra en la Casa de Jóvenes San Felipe de Jesús. En este lugar se realizan los preparativos para el gran encuentro público que se llevará a cabo el próximo 13 de marzo.

El adolescente italiano falleció de leucemia en 2006 y durante su breve (pero intensa) vida fue un aficionado a los videojuegos y la programación. También amante del fútbol y la Eucaristía. Fue en octubre del  2020, cuando fue beatificado por un milagro que se le adjudica. Sucedió luego que un niño brasileño sanara de una rara enfermedad, gracias a su intervención.

La llegada de un amigo

Como madre de dos adolescentes, no deja de impactarme la historia del “santo de  jeans y zapatillas”. Fue su energía y pasión hasta el último minuto en esta tierra lo que me animó aún más para ir a visitar el lugar donde se encuentra su reliquia en Santiago.

El hermano Luis Cisternas Aguirre, animador provincial de la Pastoral Juvenil vocacional de los Franciscanos en Chile y director de la Casa Juvenil, me abrió las puertas de la capilla que la acoge:

“Como es una casa de jóvenes lo buscábamos porque consideramos que en el país que estábamos viviendo con una crisis  social, política y eclesial,  era muy importante volver a encender la fe en la vida de los jóvenes. Pero con un lenguaje actual, cercano para ellos y en ese sentido Carlo Acutis  tiene esa cualidad», dijo el fraile en su diálogo con Aleteia.  

«Fue un adolescente  maravillado con las mismas cosas que se maravillan a los jóvenes, videojuegos, tecnología y comunicación. Pero al mismo tiempo un joven enraizado en la experiencia de Jesús, a través de los medios que la iglesia facilita como la Eucaristía, los sacramentos, la caridad, la devoción a la Virgen María. Entonces para nosotros es muy importante su testimonio porque es cercano, lo conocen, les provoca que la santidad es posible y eso es hermoso», continuó.

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La reliquia de Carlo Actuis que llegó a Chile

Sumando mensajes e intenciones

“Como una reliquia de primer grado debe ser tasladada por una persona, logramos que llegará desde Roma con un fraile que vino de vacaciones para Navidad y cuando me entregó el sobre que la contenía, sentí una profunda emoción, era sentir la presencia de Carlo entre nosotros», contó Luis

«Lo mismo sintieron los frailes que viven acá  cuando lo dejamos en el Tabernáculo de la Capilla.  Lo que nos surgió desde el  corazón en ese momento, fue poner en intención el proyecto de esta Casa y la vida de cada joven que hemos ido conociendo durante este tiempo aquí, que ha hecho experiencia de fe con nosotros. Mientras lo hacíamos,  sentimos la presencia de un amigo y un compañero que apoya este ministerio de acompañamiento a los jóvenes», relató Luis.

Apenas se informó que la reliquia de Carlo había llegado, el equipo se ha sorprendido con la cantidad de mensajes y correos electrónicos que están recibiendo de jóvenes.También de personas de distintas edades. La mayoría de las intenciones que llegan son pidiendo por  un amigo, cuentan. A medida que se suman, las van poniendo a los pies de la reliquia.  

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El hermano Luis Cisternas Aguirre junto a la reliquia de Carlos

Preparando el gran encuentro

El equipo de la Casa de Jóvenes se ha sentido profundamente motivado e inspirado para realizar un hermoso encuentro abierto. Para ello se encuentra preparando la misa de recepción oficial de la reliquia, que se realizará el domingo 13 de marzo en el patio central. Desde ese día y  hasta el domingo 17 de abril, estará de modo permanente para quienes la quieran visitar.

“Queremos recibir y acompañar a quienes lleguen, procurando también tener un momento de oración con ellos”, afirma el director de la Casa. El franciscano aprovecha a enviar un  mensaje:

“Llamo a todos los jóvenes a prepararse a través del testimonio de Carlo que nos llama a que podamos tomar en serio lo que significa la vida cristiana. No es necesario usar un hábito, ni ser religioso, todos estamos llamados a la santidad y  en este tiempo de Cuaresma que iniciamos, es volver a escuchar la voz del Señor que invita a hacer camino profundo de fidelidad, de respuesta generosa y eso lo encontramos en Carlo Acutis”.

ACUTIS
La reliquia junto a una imagen del beato

Finalmente, tengo el privilegio de ingresar a la capilla y tener un hermoso encuentro. Me acerco a la reliquia y contemplo la fotografía de Carlo, la emoción me recorre. Luis me invita a un momento de oración que me llena el corazón. En silencio hablo con Carlo y le pido que guíe y proteja a mis hijas.

“Tú sabes bien lo que es ser joven en esta época”, le digo.

Finalizamos el encuentro y salí fortalecida y esperanzada por la hermosa vivencia que tendrán los jóvenes chilenos en unos días.

Ingrid Saavedra T. - Aleteia Chile 























miércoles, 25 de septiembre de 2019

¿Sólo ves defectos? Esta certeza te animará

Lo que de verdad importa es lo que logra Dios hacer desde la pequeñez

KOBIETA Z ZAMKNIĘTYMI OCZAMI

Dios me levanta cuando he caído. Me sostiene en sus brazos en medio de mi debilidad. Se abaja para que pueda subir de nuevo. La Biblia lo describe así:
Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo”.
Estar desvalido es parte de mi condición humana. Todo me supera. La vida, las peticiones. Las exigencias de todos los que me rodean. Me siento impotente y no logro avanzar en medio de mis limitaciones y deficiencias.

Shutterstock

Quisiera tener un corazón más fuerte, más libre, más audaz. Un corazón capaz de vencer el desánimo y actuar siguiendo los pasos de Jesús allí donde Él vaya. Mis pasos en sus pasos.
Me gustaría hacer siempre lo correcto y no cometer errores. Actuar de acuerdo con lo que Dios me pide y no buscar siempre satisfacer mis deseos. Hacer el bien a los que están en mi camino.
Amar hasta el extremo dando la vida. Vivir sirviendo en el silencio sin esperar aplausos. Sin grandes gestos ni aspavientos. Simplemente dando lo que hay en mi interior. Decía santa Teresita del Niño Jesús:
“Cuando uno cumple con su deber y jamás se excusa, nadie lo sabe; por el contrario, las imperfecciones saltan a la vista enseguida”.
Veo muchas imperfecciones en los demás. Saltan a la vista. Me es más fácil ver la mota en el ojo ajeno, que la viga en el propio.
Lo he comprobado a menudo. Me fijo en algunos defectos evidentes. Y también sé ver otros más sutiles. Los veo con claridad.
Distingo al que hace el mal y saco a relucir sus errores. Veo con claridad al que se equivoca. Tengo tan buena vista para las largas distancias…
Eso sí, cuando se trata de ver mis propios defectos, soy muy torpe. Una persona exclamaba al ser criticada por su carácter: “Soy una persona muy fácil. Cualquiera puede hablar conmigo. Nadie me tiene miedo”.
No había mala voluntad en sus palabras, sólo desconocimiento. Me asombra ver a tantas personas que no se conocen. Creen que no dan miedo y piensan que cualquiera podría decirle lo que quisiera.
No se dan cuenta de sus reacciones al ser criticados. No ven sus modos cuando alguien les lleva la contraria. Piensan que son generosos y siempre ceden, pero es mentira. Simplemente no se conocen.
Dicen: “Siempre hago lo que otros quieren que haga”. No ven la realidad como es. O tal vez perciben una realidad muy distinta. Es la ceguera del propio corazón. Tal vez han tejido en su alma una imagen de ellos mismos que los salva, y les da paz.
¡Cuánto me cuesta a mí ver la viga en mi ojo! Tal vez nadie se atreve a desvelarme quién soy. ¿Podría vivir con ello si lo supiera?
Voy por la vida denunciando pecados ajenos para estar yo más tranquilo. E ignoro las propias debilidades. Veo la mota en el ojo ajeno. Pero no veo la viga en el mío. En la exhortación Amoris Laetitia decía el papa Francisco:
“Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen. Pero no es sólo un gesto externo, sino que brota de una actitud interna”.
¡Cuánta libertad interior hace falta para actuar así! No mirar el defecto que molesta y pasarlo por alto. Y aprender a apreciar lo bueno que hay en el corazón amado. Es un milagro.
La persona que más me quiere, a la que más quiero, deja de tener defectos hirientes. No me fijo en ellos. Ya no sufro. Ojalá pudiera vivir siempre así.
Con frecuencia me detengo en el defecto que me duele. En esa debilidad que me incomoda. No avanzo. Critico, vuelvo a decir lo que está mal y pierdo la alegría.
Sé que el amor debería sacar lo mejor de cada corazón. El amor no se detiene en la fragilidad haciendo ver al mundo la pobreza del amado.
Quiero aprender a pasar por alto los defectos que observo y alegrarme en esas imperfecciones que antes me han molestado.
Quiero ser capaz de ver mis propias debilidades y también sonreír al verme frágil. En mi debilidad se manifiesta el poder de Dios. ¡Cuánto me cuesta mirarme así!
Quisiera poder alegrarme si otros me recuerdan lo torpe y débil que soy. Y vivir en paz con mi verdad sabiendo que en mi vida rota brilla más la luz del amor de Dios que la oscuridad de mis caídas.
Lo que de verdad importa es lo que logra Dios hacer desde mi pequeñez. Desde mi pobreza. Me usa como instrumento roto y logra milagros imposibles. Decía santa Teresita:
“Creo simplemente que es Jesús mismo quien, escondido en el fondo de mi pobre corazón, me hace la gracia de actuar en mí y me hace pensar todo lo que quiere que haga en cada momento presente”.
Galería fotográfica 
Dios escondido en mi alma da una luz que no es mía. Revela una belleza que yo no poseo. Lo puede hacer Él y los demás ven su fuerza, no la mía.
No soy yo el que hago las cosas. Es Él en mí. Esta certeza es la que me sostiene y me anima a seguir dando la vida.
Por mucho que intente hacerlo todo bien no mejoran las cosas. Acepto que no estoy a la altura. Tomo en mis manos mi pecado. Dejo que sea Él quien venza en mi debilidad.
En mi fragilidad actúa como sanador herido. En mi carne que ama es capaz de hacer brillar el fuego de su amor.
Carlos Padilla Esteban, Aleteia