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lunes, 26 de octubre de 2020

¿Por qué los cuidados paliativos? «Si no puedo salvarte la vida, como médico me quedo contigo»

 El doctor Eduardo Bruera dirige el mayor centro de cuidados paliativos de EEUU

Mientras en España la tramitación de la ley que legalizará la eutanasia avanza rápidamente son abrumadoras las voces médicas que critican que se apruebe esta práctica y ni siquiera se hayan planteado ampliar y promover los cuidados paliativos como una alternativa eficaz y real a la que ofrece la eutanasia.

Médicos y expertos en Bioética defienden estos cuidados paliativos, y la experiencia les dice que donde se cuida al paciente en su dimensión física, psicológica y espiritual no hay demanda de eutanasia.

Sobre este aspecto pocos saben más que el doctor Eduardo Bruera, oncólogo y uno de los mayores expertos en cuidados paliativos del mundo. Este médico argentino que se define como católico creó y es el jefe del departamento de cuidados paliativos, rehabilitación y medicina integrativa del MD Anderson Cancer Center de Houston, el centro de cuidados paliativos más grande de EEUU.

Uno de sus grandes retos es hacer ver la verdadera importancia de este acompañamiento al final de la vida en los sistemas de salud, en las facultades de medicina y en los propios directivos de los hospitales. Es su gran desafío y para ello ha publicado Algunos consejos para médicos que se plantean iniciar una carrera en cuidados paliativos (Ediciones i), para que no les sea tan difícil.

En una entrevista en la contraportada de La Vanguardiael doctor Bruera arroja mucha luz en un asunto de candente actualidad y con la eutanasia a las puertas de los hospitales españoles:

-La suya es una especialidad con poco glamur...

- Cierto, los cuidados paliativos no tienen nada de sexy, ya me lo decía mi madre.

- ¿Y por qué se metió ahí?

Era un oncólogo consciente de que el sufrimiento humano era casi dejado de lado. Estaba convencido de que los cuidados paliativos iban a ser algo brillante, que todos los sistemas de salud y facultades los incluirían. Me equivoqué.

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- Curioso, porque la muerte es el momento más importante de la vida.

- Un momento en el que siempre va a haber sufrimiento físico, emocional y espiritual; pero es innecesario sufrir tanto, podemos hacerlo mejor.

- Hábleme de ese dolor.

- Cuando el enfermito me dice: “Doctor, me duele la espalda”, yo pienso en la metástasis, pero también entiendo que tiene ante sí todos esos sueños que ya no va a poder cumplir; y ese dolor es todavía peor y hay que contemplarlo. Pero esa demanda de humanidad debe venir de la sociedad, porque no vendrá de las instituciones médicas ni académicas.

- ¿Por qué no?

- El sesgo, la influencia biomédica, de la farmacología, de los laboratorios y de la omnipresencia de la enfermedad lo controla todo de tal modo, que no puedes ni sacar la cabeza para ver que la razón por la que la medicina existe es para tratar enfermos y no para tratar enfermedades.

¿Cuál es el desafío?

-Cómo rehacerme, cómo volver a recobrar mi persona por el tiempo que me queda de vida es el desafío, y nosotros trabajamos para eso.

- ¿Cómo ponerte en la piel del que muere?

-Si yo no soy capaz de entender que la prioridad de mí paciente es estar en la boda de su hija, me va a costar ayudarle. Debo saber qué le da sentido a su vida, así puedo entender lo que está perdiendo y ver cómo reemplazarlo.

-¿Y si no lo puede hacer?

- Si no lo puedo hacer, me quedo contigo. El mejor instrumento médico es la silla, me siento a tu lado y te permito que me digas todo lo que has perdido, que llores, que confíes. Identificar y expresar lo que te ocurre es un gran alivio.

- Hábleme de su experiencia.

- Hay un montón de estudios no solo científicos sino también sobre el comportamiento humano detrás de lo que le digo. Y existe una enorme ­evidencia en la literatura médica que ratifica que si tú pones un grupo de paliatólogos en un hospital ahorras millones de euros por año.

- ¿Crear una unidad nueva reduce gastos?

- Si tú ves a Don Juan y a su familia y enfatizas el bienestar, les vas a hacer sentir mejor con tra­tamientos más simples que necesitan menos resonancias nucleares y terapias costosísimas que al final de la vida no son útiles.

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- ¿Qué ha entendido de la muerte?

- Traté a una señora con un cáncer de ovario que sufría muchísimo pero se resistía a la muerte porque tenía un hijo con problemas mentales y físicos. Le ayudamos a entender que debía encontrar a alguien que se encargara de ese hijo. Contactamos con la familia extensa y buscamos con ella a la persona. Murió aliviada.

- Sin duda fueron de gran ayuda.

- Recuerdo a otra enfermita con cáncer de mama, que no podía levantar a su hijo por su dolor. Yo le repetía: “Señora, es normal que le duela”, y luego me sentía horrible.

- ¿Por qué?

- ¿Cómo es posible que nosotros, oncólogos, normalicemos el dolor? Aprendí mucho más a través de mis errores que de mis aciertos.

-¿Hace falta compasión en la profesión?

- Es esencial aprender a empatizar. Uno no puede empatizar con un hígado ni con un pulmón, pero sí con un arquitecto de 40 años, fan del Atleti, al que se le ha muerto un hijo y que no puede ir a pescar como siempre le ha gustado.

- Me está enterneciendo.

- Para poder ejercitarlo, el músculo de la empatía debe convertirse en una parte fundamental de la historia clínica, de las prioridades del hospital y la universidad. Mientras los cuidados paliativos sigan siendo algo optativo, secundario, es más difícil que la gente sea compasiva.

- ¿Qué ha comprendido de la muerte?

-Desde que éramos cucarachas está en nuestro genoma que morirse no es una buena idea, y por tanto acercarnos al final es una causa de sufrimiento. Pero morirse, y eso es algo que me costó entender, tampoco es tan mala idea.

- ¿...?

Creer que no nos vamos a morir no nos ayuda a vivir. He aprendido el valor del momento viendo como pacientes que antes eran presidentes de una compañía y tenían sirvientes, en ese momento, en la silla de ruedas, muy enfermos, encuentran el valor en ver un pajarito en el árbol.

- ¿Nunca es tarde?

- Sé que los cuidados paliativos no son un tema brillante y puede ser interpretado como deprimente. Le aseguro que ayudar a gente que está sufriendo, física y psicológicamente, es una fuente de satisfacción personal y profesional.

- Vaya, que no es usted el doctor muerte.

Soy el doctor vida, vivir en condiciones difíciles todo lo posible y lo mejor posible. Creo que, como bien hizo el Quijote, hay que reconocer que vale la pena pelear, o como Borges decía, los caballeros solo deberían luchar por causas perdidas. Me siento orgullosísimo.

ReL

Vea también  La Eutanasia - Suicidio y Homicidio





jueves, 23 de mayo de 2019

Donación de órganos, nueva frontera de la eutanasia: no esperar a la muerte, matar trasplantando

Empieza a pedirse en congresos médicos y revistas especializadas

Con la normalización de la eutanasia para un número creciente de supuestos, se abre la posibilidad de una eutanasia específica para donación de órganos, incrementado brutalmente la presión sobre algunos pacientes.
Con la normalización de la eutanasia para un número creciente de supuestos,
se abre la posibilidad de una eutanasia específica para donación de órganos,
 incrementado brutalmente la presión sobre algunos pacientes.

¿Existirá en un futuro más o menos próximo el concepto de "muerte por donación", es decir, que la extracción de órganos sea la causa inmediata y directa del fallecimiento del paciente? Hoy por hoy es ilegal: el ordenamiento jurídico exige que se haya producido la muerte del donante para que pueda procederse a la operación quirúrgica que rescate alguna parte de su cuerpo para salvar la vida de otra persona.
Sin embargo, ya existen voces que piden que se elimine esta exigencia. "En congresos médicos internacionales a lo largo de 2018 y 2019", cuenta el doctor E. Wesley Ely en un artículo publicado recientemente en USA Today, "he asistido al debate, por parte de cientos de especialistas en trasplantes y atención de emergencia, en torno a la 'donación después de la muerte'. Se refiere a un escenario en rápida expansión en Canadá y algunos países de Europa Occidental, en el que una persona muere a consecuencia de la eutanasia, mediante una inyección letal que ella misma ha pedido, y enseguida se le opera para coger órganos para donación".
El doctor E. Wesley Ely.
Pues bien, continúa, en cada uno de esos congresos ha surgido la cuestión de la 'muerte por donación', esto es, "acabar con la vida de una persona con su consentimiento informado, llevándoles al quirófano para allí, bajo anestesia general, abrirles pecho y abdomen cuando aún están vivos para quitar órganos vitales y trasplantarlos a otra persona".
Se trata de ganar unos minutos preciosos para disminuir el tiempo de isquemia, esto es, el tiempo durante el cual el órgano trasplantado deja de recibir sangre del organismo muerto. Los 5 o 10 minutos que tarda en producirse la muerte por inyección letal podrían así ganarse para mejorar la calidad del órgano obtenido y mejorar las posibilidades de una implementación exitosa en el receptor.
El doctor Ely no oculta su preocupación ante esta nueva línea roja que parece estar dispuesta a cruzar la mentalidad eutanásica en aquellos países donde se ha instalado al calor de la legalización, como Canadá, Bélgica u Holanda. Él es catedrático en la facultad de Medicina de la Vanderbilt University de Tennessee (Estados Unidos) y co-director de su centro para la enfermedad crítica, la disfunción cerebral y la supervivencia, como lo fue del programa de trasplantes de pulmón. Asimismo es director asociado del centro estatal para investigación geriátrica. Conoce, pues, bien toda la problemática de los pacientes en proximidad a la muerte.
"La 'muerte por donación' obviaría el principio, tanto tiempo respetado, del 'donante muerto', que prohíbe quitar los órganos vitales hasta que se declare el fallecimiento del donante. Actualmente la 'muerte por donación' sería considerada un homicidio dirigido a acabar con una vida y conseguir órganos", advierte, pero ya empieza a solicitarse la mitigación de ese criterio. Dos médicos y un bioeticista proponían recientemente en The New England Journal of Medicine que se anulase ese criterio, considerando la mejora en la calidad del trasplante como una justificación ética suficiente para ese 'homicidio'.
Ely, por el contrario, sabe lo que ocurriría: se estaría lanzando un mensaje de estigmatización sobre personas con discapacidades físicas y psíquicas proponiéndoles "hacer algo noble" con sus órganos sanos y solicitar la eutanasia voluntariamente con ese fin, al mismo tiempo que se hurtaría la posibilidad de decidir a los pacientes que no pueden expresarse por sí mismos.
Ben Mattlin escribe para diversos medios en torno a la enfermedad y la lucha por la superación. Tiene 57 años, lleva 30 años casado, tiene dos hijos y se licenció en Harvard, todo ello padeciendo una severa atrofia muscular degenerativa.
Cita el caso de uno de ellos, Ben Mattlin, quien en 2012 relató en The New York Times la realidad de las personas que, como él (víctima de una atrofia muscular espinal), son sometidas a presiones muy duras que se añaden a su problema físico: "¡Qué fácil es que alguien te influya sin darse cuenta para que te sientas subestimado y sin esperanza, presionándote suavemente pero con determinación… para aligerar a los demás de tu carga!", exclamaba con realismo. Y añadía: "No podéis ni imaginar la cantidad de fuerzas sutiles -invariablemente bienintencionadas, bondadosas, incluso amables, y sin embargo tan persuasivas como un tsunami- que se despiertan cuando tu autonomía física está comprometida y sin esperanza de recuperación".
En efecto, el doctor Ely cita estudios según los cuales en el 27% de las eutanasias practicadas en Bélgica se ha acelerado la muerte sin el consentimiento del paciente, algo que la Sociedad Belga de Medicina de Cuidados Intensivos considera "admisible".
"Cuando los médicos participan en procedimientos dirigidos a quitarle la vida a una persona", concluye, "¿se sentirán los pacientes 100% seguros de que su médico juega firmemente del lado de la curación? ¿Qué mensaje se manda sobre el valor de toda vida humana cuando los médicos respaldan el intercambio de una vida por otra?"
C.L./ReL