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martes, 12 de abril de 2022

Pensamientos negativos que destruyen vs. positivos que construyen

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Una vida perdida, desastrosa, incoherente, rota, es expresión de una forma de pensar y entender las cosas...

La actitud en la vida lo es todo. Me lo dicen los especialistas, los coach, los terapeutas, los consejeros, los sicólogos, me lo dice Dios. El otro día leía las declaraciones de un tenista, Rafael Nadal:

«Estoy jugando con la actitud adecuada, positiva en todo momento, sin quejarme en ningún momento de nada. Es momento de hacer un ejercicio de humildad, de aceptar que las cosas no van a ser perfectas, que habrá momentos en que van a estar complicadas. En general, ha habido muchos más momentos positivos que malos. Los malos se han podido superar y aquí estamos. Estoy increíblemente feliz y disfrutando este momento».

La actitud adecuada, positiva, sin quejas, humilde.

Escojo en qué pensar

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No siempre lo hago y me siento en tensión. Vivo quejándome de lo que me sucede. Comenta Jon Butcher:

«Mi mente es muy valiosa. Debo protegerla, cuidarla. No quiero basura en mi mente. La mejor prueba de tu inteligencia es cómo la aplicas en tu vida. Si mi vida es un desastre no soy tan inteligente. La verdadera inteligencia es vivir con conciencia. Yo decido en qué pensar».

Y mi pensamiento determina mi vida

La actitud y la forma como pienso y veo lo que estoy viviendo, lo que estoy haciendo es lo que hace que mi vida no sea un desastre.

Pero una vida perdida, desastrosa, incoherente, rota, es expresión de una forma de pensar y entender las cosas.

No me sorprende la forma de pensar de aquellos que viven infelices. Porque las decisiones que tomo vienen precedidas de pensamientos equivocados. Y así no puede salir bien.

Pensamientos negativos que destruyen

Encontrar personas maduras emocionalmente es casi un milagro. Miro mi corazón y veo sus inmadureces.

No hago lo que pienso que es lo mejor. No actúo como pienso que sería mejor. Mi pensamiento es el que está roto y equivocado.

Creo que los demás son los que están mal y no veo mi propia debilidad y pecado. O me creo merecedor de un amor que es siempre un don, nunca una exigencia.

Veo que tengo celos y no le pido ayuda a alguien para mejorar. No basta con decir que soy así, que es mi fragilidad.

Hago la vida insoportable a otros y no pienso que tendría que cambiar mi forma de ver la vida.

Quiero controlarlo todo para que no se me escape de las manos y no me doy cuenta de lo nociva que es esa actitud en mi corazón y el daño que me hace.

El control me tensiona. Dejar que sea Dios el que conduzca mi vida me acaba pareciendo una irresponsabilidad. Como si pensara que Dios no sabe nada y no me va a hacer feliz.

Dejo de confiar en su llamada, en su elección, en su amor predilecto.

Miro a los demás y no veo en ellos su fragilidad. Interpreto sus actos y no veo bondad en ellos.

No me resultan las cosas como deseaba, como esperaba y le echo la culpa al universo, a los demás, nunca a mí mismo.

Y ante las pequeñas derrotas no soy capaz de mirarlas con perspectiva y alegrarme con los logros obtenidos.

Pensar de forma sana

Mi forma de pensar es la que me salva o condena. Las personas maduras emocionalmente lo son porque han aprendido a pensar de forma sana. Y sus pensamientos las construyen por dentro.

No se comparan, están seguras desde lo que son, no pretenden ser diferentes a quienes son.

Se aceptan en su verdad, sin ser esta completa, plena, o perfecta. Reconocen las caídas como parte de un camino y buscan soluciones para mejorar.

Nunca se estancan echando la culpa a otros. Avanzan paso a paso con humildad, sin detenerse, sin dejar de luchar.

Reconocen que lo pueden hacer todo mejor pero tampoco se obsesionan. Aceptan que las cosas son las que son y las circunstancias no se pueden alterar.

Simplemente aceptan los propios errores y los límites del entorno en el que les toca vivir.

Saben ver siempre la botella medio llena y en los errores entienden que hay segundas oportunidades, siempre pueden volver a empezar.

El perdón necesario para avanzar

Nada es definitivo salvo el día de la muerte y mientras tanto comprenden que el perdón es lo único que me permite seguir avanzando.

Sin perdón, no hay salida en mi vida. Si me quedo atado a mis resentimientos y sentimientos de culpa no lograré avanzar un solo paso.

Viviré enzarzado con los que me rodean viendo en ellos enemigos dispuestos a entorpecer mis pasos. Juzgaré sus actitudes sin comprender que ellos, al igual que yo, hablan desde su herida.

Me faltará misericordia y los condenaré porque yo tampoco he recibido el perdón de nadie.

Aceptar, un paso sabio

Las ideas equivocadas sobre la vida y sobre el mundo me harán incapaz de enfrentar con madurez los problemas. Los evitaré para que sean otros los que los resuelvan.

No aceptaré a las personas a mi alrededor, porque veré en ellos competidores que quieren quitarme el puesto.

Abusaré de mi poder cuando lo tenga porque no sabré qué hacer con la responsabilidad que se me ha confiado.

Mi inmadurez en mi forma de pensar me hará infeliz. Por eso necesito ordenar mis ideas, cambiar mis prejuicios, dejar a un lado los miedos.

Confiar en que las cosas están en manos de Dios y yo no puedo controlarlo todo.

Pero sí puedo aprender a vivir renunciando y aceptando las cosas como son. Es un paso sabio.

Carlos Padilla Esteban, Aleteia 

Vea también        Los efectos (muy) negativos de la cohabitación















































martes, 27 de agosto de 2019

¿Siempre pegado a tu móvil? Cuidado, podrías sufrir de este trastorno (y no es de la vista)

Ya no se trata sólo de tus ojos, sino también de tus cervicales

NECK

Quizá estés leyendo este artículo en tu móvil o tablet con la cabeza sumamente inclinada hacia abajo… por favor, detente y sube tu dispositivo a la altura de tus hombros. Y es que esta postura cabizbaja, que se ha vuelto tan cotidiana, está causando a muchas personas una dolencia a la que han llamado “cuello de texto”.
A veces pensamos que ese dolor de cuello, hombros, parte superior de la espalda o, incluso, cabeza que no se nos quita es por estrés, porque dormimos en una mala posición o hicimos un mal movimiento; pero no necesariamente, los médicos han encontrado que muchas veces es por la cantidad de horas que pasamos viendo nuestros dispositivos electrónicos en una mala posición, poniendo en nuestra cervical más peso del indicado.
De hecho, una inclinación de 60 grados, según un artículo publicado en The Washington Post con datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, puede significar hasta unos 30 kilos de peso sobre nuestra columna vertebral (como si tuviéramos un niño de 9 años colgado al cuello por horas).

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Shutterstock | Alla Bagrina

Expertos médicos alertan que, sobre todo en los jóvenes, puede convertirse en un peligro serio en el futuro y que, incluso, algunos lleguen a necesitar cirugía… sobre todo ahora que hasta desde los 3 años se les dan dispositivos electrónicos a los niños para que se entretengan o que hay muchos millennials que trabajan gestionando redes sociales desde su móvil.

¿Qué hacer al respecto?

Por supuesto que lo primero y más evidente es cuidar siempre nuestra postura cuando estemos usando nuestros dispositivos (porque dejar de usarlos, en estos tiempos, no sería sincero y poco factible).
Pero como no siempre estamos conscientes de ello, también se pueden tomar otras medidas complementarias, ya que además del cuello de texto, también hay otros problemas asociados al uso excesivo de dispositivos electrónicos: vista, sociales, entre otros.

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Shutterstock | elenabsl

– Poner límite u horarios al tiempo que pasamos mirando la pantalla (puedes poner alarmas en tu propio móvil, etc). Incluso, hay algunas aplicaciones pagas que lo hacen por ti (particularmente en Android).
– Toma descansos. Si tienes que mandar correos, chatear, etc en tu celular, trata de dividirlo en períodos de tiempo a lo largo del día. Recuerda que bajas tu cuello no sólo con lo electrónico, también tienes que sumar cuando lees un libro, cortas verduras, etc.
– Si por alguna razón debes mantener tu dispositivo a un nivel bajo, trata de sólo mover tus ojos para mirar hacia abajo, sin mover el cuello.
– Haz ejercicios sencillos y cortos de estiramiento con tu cuello para fortalecerlo durante el día (muévelo lentamente hacia adelante y hacia atrás, y luego de un lado a otro). Los puedes hacer en la oficina, en la casa, etc. Te tomará 5 minutos.
– Practicar yoga, Pilates u otro tipo de ejercicios que se centren en la postura corporal en general.
En conclusión, no se trata de que dejes disfrutar de la tecnología y los beneficios que también ofrece, sino que seas más consciente del tiempo que le dedicas y, sobre todo en este caso, la postura corporal que adoptas al usar tus dispositivos.

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Shutterstock | Halfpoint
Adriana Bello, Aleteia