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sábado, 20 de mayo de 2023

Atea, se reía de los católicos... hasta que conoció a uno y presenció la «intervención divina»


Tras años burlándose de los católicos, Ally Han-Yu Yang es hoy una de ellos, tras largas horas recibiendo catequesis e incapaz de decirle que no a Dios.

 

Criada como atea en Taiwán, Ally Han-Yu Yang "disfrutaba burlándose" de los católicos cada vez que veía a uno. La Iglesia en Taiwán es minoritaria, la siguen poco más del 1% de sus 23 millones de los habitantes -unas 300.000 personas- por lo que conocer católicos en persona no era algo a lo que estuviese acostumbrada.

Algo que cambió cuando se trasladó a Hong Kong por negocios y conoció a un católico de Colombia, Andrés Germán Martínez Calderón, también residente en la región por motivos laborales.

Yang explica a UCA News que eran "extraordinariamente diferentes" en todo, en edad -el tenía 32 y ella 37-, en sus orígenes, en su cosmovisión o incluso en su fe. "Ni siquiera conocíamos el idioma del otro", menciona.

Las discusiones eran frecuentes entre ambos, especialmente cuando el colombiano le mostraba su fe y afirmaba que "Dios se encargaría de todo" en el día a día.

Sin embargo, Yang no tardó en ver como esto sucedía realmente, llegando a experimentar de forma milagrosa la intervención divina en varias ocasiones.

Pequeños milagros que le llevaron a la fe: el primero, en el Covid 

Una de ellas fue durante la pandemia del Covid, cuando Martínez no pudo vacunarse por motivos de salud y Yang comenzaba a cansarse de Hong Kong, sin posibilidad de regresar a un Taiwán completamente blindado ante el aumento imparable de los infectados de coronavirus.

"Dejémoslo en manos de Dios y si es un camino que debemos recorrer, Él cuidará de nosotros", le dijo su compañero.

Lo cierto es que desde ese comentario, no pasó una semana hasta que Taiwán permitió de nuevo la entrada de extranjeros.

Yang tomó la decisión de recorrer ese camino hasta las últimas consecuencias, renunció a su trabajo y volvió a Taiwán con Andrés para casarse y recibir a Dios en su vida.

La decisión no fue fruto del azar ni poco pensada. Cuenta que comenzó a planteárselo cuando salían en Hong Kong y veía cómo Martínez iba a misa, solo al principio, hasta que ella empezó a acompañarle e incluso a probar la oración.

Ally Han-Yu Yang.

Ally Han-Yu Yang, junto con otros catecúmenos. 

"Pronunciaba oraciones que apenas entendía y discutía mucho con él sobre la doctrina de la Iglesia", comenta.

Algo que resultó especialmente difícil por la barrera del idioma, por lo que no podía entender las complejas explicaciones que le ofrecía Martínez.

Aceptada en catequesis, de forma excepcional 

Yang se dio cuenta de que no bastaba con eso para resolver sus dudas sobre la fe y de que necesitaba la ayuda de alguien que fuese católico pero que al mismo tiempo supiese chino y español.

Así, a finales de 2022, Yang y Martínez fueron juntos a misa en la la parroquia de Nuestra Señora de Songshan, en la archidiócesis de Taipei, entonces finalizando el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos para los interesados en formarse en la fe y prepararse para recibir los sacramentos de iniciación.

Pero una nueva "intervención" providencial se hizo efectiva cuando una de las catequistas, Mary Sze-Ying Chen, la aceptó en el programa de forma excepcional, coincidiendo con otro catequista, Justin Chun-Chien Wu, que sabía español y chino.

"Justin me ayudó a vivir la esencia de la fe, resolvía mis dudas enseñándome su origen y el contexto histórico y Mary me ayudaba a entender como Dios era un ser vivo con ejemplos y situaciones del día a día", explica.

Entusiasmada por lo que empezaba a conocer, Yang asistió dos horas al día durante cuatro días por semana al programa para recuperar las clases a las que no había podido asistir.

Ally Han Yu Yang.

Ally Han-Yu Yang siendo aceptada como catecúmena, en la parroquia de Nuestra Señora de Songshan en la archidiócesis de Taipei.

Al principio estaba preocupada por si las clases podrían ser aburridas o por lo que sucedería si, después de todo el esfuerzo, seguía sin querer ser católica.

Atea de nacimiento, pero incapaz de decirle que no a Dios 

"Una vez lo supe todo, no pude encontrar una sola razón para decir que no. ¿Qué podría ser tan maravilloso en el mundo como seguir los mandamientos de Dios?", expresó, convencida de que las largas jornadas de formación a las que asistía fueron "un regalo cuya profundidad no podría agotar".

Martínez, por su parte, se muestra seguro de que "la mano de Dios" estuvo presente a lo largo de toda la historia de Yang, que ha sido "un gran ejemplo para mostrar que nada es imposible para Dios", aunque no fue un camino fácil ni exento de dificultades.

"Cada prueba manifestó la presencia de Dios", añadió.

Chen, la catequista, destacó el valor de Yang y su "profunda admiración" por ella al haber acudido a la Iglesia con una perfecta rectitud de intención. "No se unió para poder casarse con un católico, sino que trabajó muy duro para comprender el contenido de la fe, hizo muchas preguntas y abrazó sus respuestas de todo corazón con su fe", admitió Chen.

Wu, el otro catequista, coincidió con esta última versión al afirmar que Yang ha sido su alumna con más talento, sin mostrar ningún miedo a la hora de hacer preguntas que mostraban su interés y comprensión de la fe.

Bautizada, y preparando su matrimonio 

"Por todo ello y sus firmes hábitos de piedad, estoy seguro de que su camino cristiano la acercará cada vez más a Jesús, la fuente de toda su alegría", añadió el catequista.

Tras su conversión en la vigilia pascual del pasado 8 de abril, el párroco de Nuestra Señora de Songshan, Jean Lucas, mostró su alegría por la intención de la pareja de unirse en matrimonio este año.

"Ella pensó que era bueno conocer su religión antes del matrimonio. Ayudada por nuestro catequista y por su prometido, avanzó muy rápido en el conocimiento de la fe", expreso. A día de hoy, Yang y Martínez preparan su próximo matrimonio, tras ser recibida formalmente en la Iglesia.

ReL

Vea también      Youcat: El Catecismo joven de la Iglesia católica






















sábado, 19 de febrero de 2022

El curioso episodio de una «influencer» provida y anti-«woke» que la llevó del ateísmo a la Iglesia

Asegura ante 625.000 seguidores que su falta de fe
fue «de las cosas más aterradoras»


La activista Kaitlin Bennett defendió durante años las propuestas
republicanas desde el ateísmo hasta que descubrió la fe.

Durante años, Kaitlin Bennett se ha desempeñado como una exitosa activista a favor de los debates republicanos más candentes en Estados Unidos: guerras culturales, defensa de la vida, ideología de género, cultura woke... Y lo hizo con tanta notoriedad que llegó a ser invitada a la Casa Blanca durante la administración Trump.

Pero siempre lo hizo bajo una estricta motivación ideológica y un marcado ateísmo. Algo que, como explica a sus más de 620.000 suscriptores en su canal de YouTube, Liberty Hangout, ha cambiado.  

Bennett fue educada en una familia católica, pero a los 12 años tuvo una crisis de fe motivada por un profundo miedo al infierno y a la muerte, alimentada por la incredulidad ante varios episodios de la Biblia.

“Tenía tanta ignorancia y falta de formación que era más fácil para mi rechazarlo todo si eso significaba no asumir seriamente la posibilidad de entrar en el infierno o la existencia de Satanás”, relata.

El ateísmo, una experiencia "aterradora"

Sin embargo, aquellos miedos no solo permanecía, sino que el ateísmo llegaría a convertirse "en una de las cosas más aterradoras" por las que pasó.

“Rechazar la bondad de Dios para minimizar mis miedos al infierno me llevó a exacerbar esos miedos y ansiedades, y el pensamiento que siempre ocupaba mi cabeza era: `¿Y si me equivoco?´”. 

“Aunque me asustaba, siempre recordaba la enseñanza de que si rechazas a Dios con los que te rodean, Él te rechazaría en el cielo pero yo ya lo había hecho así que, ¿por qué parar?”, se preguntaba.

Durante los últimos años en la escuela y sus estudios universitarios, Bennett abrió un canal de YouTube donde comenzaba polémicos debates con liberales y wokistas defendiendo las posturas conservadoras en lo relativo al aborto, la ideología de género o la cancelación.

La joven recuerda uno de sus multitudinarios debates frente a cientos de activistas que le acusaron de ser una “estúpida cristiana”. “Cuando les dije que en realidad era atea se sorprendieron y parecieron aceptarme”, recuerda. “Uno de ellos se disculpó por atacarme ante 400 personas y eso me hizo sentir vergüenza de mí misma. ¿Cómo podía alinearme con personas que trataban a los demás sin dignidad?”, se pregunta.

Uno de los "escraches" woke a Kaitlin Bennett  en Ohio, en febrero de 2020. 

Incapaz de defender la vida sin Dios

Aquel pensamiento fue solo el primero de muchos que le hicieron replantear su ateísmo. El segundo fue el aborto.

“Un tema que siempre me ha apasionado es la lucha contra el aborto, siempre he reconocido que toda vida humana es sagrada, pero veía que me costaba justificar mi posición sin Dios”, explica.

“Es obvio que algunas acciones son malas pero ¿cómo podría pensar esto si no hubiese nada en el universo que te ayude a saber y decidir que es absolutamente malo e incorrecto?”, se preguntaba.

Bennet comenzó una lucha intelectual interna que se acrecentó al comprender que pese a que no creía en Dios, cada vez le avergonzaba más decirlo.

Un novio cristiano

La joven detalla que sin saberlo, su noviazgo y posterior matrimonio en 2020 en la Iglesia católica haría que se decantase la balanza.

Mi esposo quería que nuestros votos matrimoniales fuesen sellados ante Cristo a través del matrimonio, pero durante el año siguiente continué rechazando la religión por completo”.

Kaitlin Bennet con su marido, Justin.

La oración de Justin llevó a Kaitlin de vuelta a la fe, tras años de un profundo y angustiante ateísmo.

Su marido rezó durante años por su conversión y la invitó decenas de veces a acompañarle a misa. Hasta que ella, “a regañadientes”, aceptó.

Desde entonces, dice, “tuve muchas dudas sobre la fe y las tradiciones del cristianismo y comencé a preguntar a amigos católicos, cristianos y no cristianos. Me di cuenta de que no tenía ni idea sobre el catolicismo y me reafirmé en mi rechazo: ¿Cómo iba a aceptar algo de lo que no sabía nada?”.

La joven comenzó a buscar la respuesta a sus preguntas en la Iglesia, y veía que “cuanto más aprendía sobre la verdad, mas cambiaba la perspectiva con la que veía el mundo”.

Oración ante la tristeza

Sin embargo, admite que lo que le llevó finalmente a la fe “no fueron grandes revelaciones, sino algo tan poco importante” y particular como una grave enfermedad de su mascota.

A consecuencia de esa enfermedad “entré en un estado de tristeza, desesperación y ansiedad tal que Justin se ofreció a rezar conmigo”, recuerda.

“Rezar era lo único que me traía paz, el único momento del día en el que se sentía que sin importar lo que terminase pasando, todo estaría bien. Solo rezando pude calmar mis angustias y me ayudó a hacerme más preguntas sobre cómo funciona la oración, cómo debes rezar y qué se supone que debes esperar de Dios al hacerlo”, añade.

Kaitlin, consciente “de que hay muchos otros problemas y más graves por los que rezar”, supo que aquel iba a ser el desencadenante final del viaje que había iniciado en la universidad.

“Todo lo que sé es que mi esposo estuvo rezando durante años por mi conversión y porque tuviese una oportunidad de ver a Cristo en acción, y eso fue lo que sucedió”, explica.

“Tras rezar en un momento oscuro como ese, hoy sigo haciéndolo cuando estoy contenta y agradecida por lo que tengo. Desearía haber descubierto antes la verdad, pero me siento humilde al saber que incluso una pecadora como yo nunca fue olvidado por Dios”, concluye.

 

ReL

Vea también   Romano Guardini: relato sobre mi conversión