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sábado, 21 de marzo de 2026

Joven madre, sanada tras ver la película «Gema Galgani», ponerse su reliquia y pedirle la curación

Diana quedó curada de una grave e inhabilitante lesión de muñeca tras siete meses de baja y a una semana de su operación quirúrgica.

Diana, junto con su esposo Jesús.

Diana, junto con su esposo Jesús.©Diana Romero

20.03.2026 | 10:32

Actualizado: 

    Hace siete meses, una amiga mía, joven madre de familia con dos niños pequeños a la que acompaño espiritualmente, sufrió una grave lesión de muñeca que la ha tenido de baja, y muy limitada, durante siete meses. 

    Estos meses ha necesitado mucha ayuda de su marido y de sus amigos para hacer muchas cosas por la limitación para poderlas hacer. Aunque había querido varias veces ver la película Gema Galgani, sólo lo consiguió el último día en que se proyectaba en Madrid. 

    Ese día intervinieron el director y la actriz principal de la película. Al acabar la película ofrecieron la reliquia para venerar. La joven madre se acercó a la actriz para venerar la reliquia y pedirle que la curara. El director de la película se acercó a ella interesándose por su situación. Ella le dijo: “Yo quiero que Santa Gema me sane”. En ese momento tomó la reliquia y se la puso en su mano izquierda, donde tenía la lesión. Tres días después, cuando se quitó la férula, notó que su mano no le dolía, estaba curada.

    He aquí el testimonio de su sanación:

    Testimonio de Diana Romero

    Mi nombre es Diana Romero. Soy colombiana, estoy casada con Jesús Gracia, de Zaragoza, soy fisioterapeuta y madre de dos hijos. Mi hija mayor tiene siete años y el pequeño dos.

    El 28 de julio de 2025 sufrí una lesión en la muñeca. Tenía a mi bebé en brazos cuando de repente se lanzó bruscamente hacia atrás. Para evitar que se me cayera y se golpeara la cabeza, hice un mal movimiento con mi muñeca izquierda. Gracias a Dios conseguí sujetarlo, pero sentí un dolor muy intenso en la muñeca.

    Fui a urgencias y me dijeron que se trataba de un esguince. En ese momento no me preocupé demasiado. Pensé que en unas tres semanas estaría recuperada. Sin embargo, el tiempo pasaba y el dolor no sólo no desaparecía, sino que cada vez era más fuerte y tenía mayor limitación en la movilidad de la muñeca.

    Decidí acudir a un traumatólogo especialista en mano, que me mandó hacer una resonancia. El resultado mostró algo mucho más serio: tenía edema óseo y una rotura del fibrocartílago triangular, clasificada como Palmer tipo 2C, una lesión importante de la articulación. El traumatólogo fue claro: la solución era la cirugía.

    En esta imagen con su marido Jesús puede apreciarse la mano protegida de Diana antes de su curación.

    En esta imagen con su marido Jesús puede apreciarse la mano protegida de Diana antes de su curación.©Diana Romero

    Como fisioterapeuta, mis manos son mi herramienta de trabajo. Por eso decidí pedir una segunda opinión médica a un traumatólogo de confianza. Este doctor me propuso intentar primero todo el tratamiento conservador posible, porque una vez que se entra en cirugía ya no hay vuelta atrás.

    Durante meses llevé férula y realicé 20 sesiones de fisioterapia privada con tecnología avanzada, diseñada para favorecer la regeneración del cartílago. Como fisioterapeuta, estaba muy ilusionada con ese tratamiento y confiaba en que podría evitar la operación.

    Pero la realidad fue muy distinta. Cuando terminé el tratamiento me hicieron otra resonancia para evaluar la evolución. La lesión no había mejorado. Al contrario, ya no era un Palmer 2C, sino un Palmer 2E, lo que significaba que la rotura del cartílago se había agravado.

    Tras hablar con un cirujano especialista en este tipo de lesión, me dijo que la única opción que me quedaba era una cirugía de mano. La programamos para el 9 de marzo de 2026.

    A partir de ese momento intenté prepararme psicológicamente. Pero tenía muchísimo miedo. Miedo a no poder volver a ejercer mi profesión, miedo a tener secuelas en la muñeca, miedo a pensar qué haría si no pudiera seguir siendo fisioterapeuta.

    También tenía miedo a la anestesia. En mi primer parto se excedieron en la cantidad, viviendo una situación muy angustiosa en la que sentí que me iba a morir.

    A todo esto, se sumaban otras preocupaciones. Tengo otra lesión en el pie, una lesión de Lisfranc, que probablemente también necesitará cirugía. Y en ese mismo tiempo a mi padre le habían diagnosticado cáncer, y estaba esperando pruebas para saber el alcance de la enfermedad.

    Además, mi familia vive en Colombia y mi familia política en Zaragoza, por lo que me preocupaba mucho cómo organizar el postoperatorio teniendo un niño de dos años que depende de mí.

    En medio de todas estas preocupaciones, una amiga me comentó que estaban proyectando en el cine la película sobre Santa Gema Galgani. No pude ir con ella el día de su cumpleaños, pero me quedé con la inquietud de verla.

    En mi oración personal le decía a Santa Gema que me gustaría ver esa película. Pensaba que ya no estaba en cartelera, pero sentí en mi corazón mirar en los cines Cinesa. Así descubrí que aún se estaba proyectando la película, y decidí ir con dos amigas el domingo 22 de febrero.

    Al terminar la película hubo un coloquio con los actores y el productor, algo que me sorprendió mucho. En ese momento comentaron que la actriz tenía una reliquia de Santa Gema.

    Me acerqué a ella, le di un abrazo y me dejó tocar la reliquia de primer grado. La pasé por la férula de mi muñeca mientras repetía una oración muy sencilla:

    • “Santa Gema, sáname. Santa Gema, sáname.”

    En ese momento el productor me preguntó qué me ocurría. Le expliqué que en unos días me iban a operar de la mano. Él me respondió con naturalidad:

    -Bueno, entonces con la cirugía te sanarás.

    Y yo le contesté algo que salió de lo más profundo de mi corazón:

    -Yo quiero que Santa Gema me sane.

    Diana, con una imagen de Santa Gema Galgani (1878-1903), beatificada en 1933 y canonizada en 1940.

    Diana, con una imagen de Santa Gema Galgani (1878-1903), beatificada en 1933 y canonizada en 1940.©Diana Romero

    Mientras seguía rezando, comencé a sentir un latido muy fuerte en el corazón, como una fuerza interior muy grande.

    Al día siguiente me encontraba afónica y con gripe, así que estuve dos días en reposo. Al tercer día me sentía mejor. Cuando fui a lavarme las manos me quité la férula y empecé a notar algo diferente: la mano estaba muy ligera, muy suave.

    De repente me di cuenta de algo sorprendente: no me dolía.

    Comencé a mover la muñeca en todas las direcciones. Flexión, extensión, rotaciones… No sentía dolor. Estuve aproximadamente una hora y media moviendo la mano sin poder creer lo que estaba pasando. No dejaba de dar gracias sin parar a Jesús y a Santa Gema por lo que estaba viendo. Me sentía en shock. El asombro, el agradecimiento, y la alegría me invadieron.

    Conseguí una cita con el cirujano el 3 de marzo para que me revisara antes de la operación. Y efectivamente, el doctor, tras examinar mi mano, igual que lo había hecho un mes antes, me confirmó que la muñeca estaba estable, no había dolor y los rangos de movilidad eran completos, por lo que anuló la cirugía que estaba programada.

    Como fisioterapeuta, aquello me impresionó muchísimo. Después de tantos meses con la mano inmovilizada, lo normal habría sido encontrar rigidez y limitación. Sin embargo, no había dolor y la movilidad era completa.

    Para gloria de Dios, Jesús me ha sanado por intercesión de Santa Gema Galgani.

    Dios hace posible lo imposible, y Él, como Padre, espera de nosotros que confiemos en Él.

    Cree en un Dios grande… y verás cosas grandes.

    Álvaro Cárdenas, ReL

    Vea también    Una Sanación Eucarística






    sábado, 2 de abril de 2022

    Su hijo iba a morir y ofreció a María el bautismo de su familia a cambio de que viviese: hoy es sacerdote


     

    En verano de 1979, la ciudad vietnamita de Saigón fue devastada por un agresivo brote de dengueUn niño de nueve años, Bao Thai, vio como gran parte de sus amigos fallecían en cuestión de días y cuando contrajo la enfermedad, los médicos y especialistas le auguraron el mismo futuro. Thai no aguantaría mucho y solo un milagro podía evitar el próximo desenlace.

    Como recientemente relató el portal Orange County Catholicningún miembro de su familia estaba bautizado y todos estaban lejos de considerarse cercanos a la Iglesia. Sin embargo,  a la madre del joven, Kim-Anh Nguyen, se le agotaban todos los recursos. Ni el dinero ni la medicina podían hacer nada por su hijo.

    Angustiada, solo pensó en rezar a la Virgen y prometió que si curaba a su hijo, ella y sus hijos pasarían a formar parte de la Iglesia.

    Siete bautismos a cambio de un milagro

    Los médicos y especialistas constataron una mejoría inmediata y en cuestión de días, el niño estaba en casa, completamente recuperado. Su madre no tardó en cumplir su promesa, y el 15 de agosto del mismo año recibió el bautismo junto a sus cinco hijos.

    La familia, ya bautizada, se trasladó a un barrio católico a las afueras de Saigón. "Podíamos escuchar a nuestros vecinos rezando las avemarías de sus rosarios", recuerda Thai en OCRegister.

    Mientras, el país afrontaba la dura posguerra que durante 20 años asoló Vietnam y al concluir el conflicto, su padre, soldado paracaidista, fue encarcelado en un "campo de reeducación" comunista al ser apresado dos días antes de que concluyese la guerra, el 30 de abril de 1975.

    La curación milagrosa de su hijo, sus nuevos vecinos y el acercamiento a la fe operado en su familia provocó que, tras su puesta en libertad seis años después, también el recibiese el bautismo.

    "Llamado" a seguir los pasos de los santos

    Bao, que terminó de acercarse por sí mismo a la Iglesia a los 18 años comenzó sus estudios en informática en la Universidad de Saigón y después ejerció como profesor de matemáticas en la escuela secundaria durante un año.

    Fue entonces, en 1988, cuando sintió "la llamada" para convertirse en sacerdote, tras la canonización por Juan Pablo II de 117 vietnamitas asesinados por su fe entre 1773 y 1862, 11 de ellos españoles, todos dominicos y seis obispos. "Quería seguir sus pasos", expresó.

    Cinco años después su familia pudo ser reubicada en Estados Unidos y se asentaron en el condado de Orange (California) en 1993. "Nos instalamos en Westminster, y mis padres y tres de mis hermanos nunca se fueron", relata.

    Pronto, Bao pudo cumplir su sueño e ingresó en el seminario, donde se licenció en filosofía y poco después amplió su formación con posgrados en Filosofía y en Divinidad. Fue entonces cuando conoció al sacerdote Cristopher Smith, párroco de la Iglesia de San José, a quien recuerda como un elemento clave en su formación sacerdotal.

    Thai fue ordenado el 7 de junio de 2003, y durante los siguientes años se desempeñó como párroco en multitud de templos de la diócesis, entrando en contacto con el obispo de la diócesis de Orange en California, Kevin Vann.  “Mi tiempo allí me ayudó no solo a conocer a Bao, sino ver su amor por sus feligreses como su pastor”, relató el obispo, especialmente con los de origen vietnamita, hispano, filipino y coreano, muy presentes en la diócesis.

    La catedral de Cristo, una megaiglesia antiterremotos

    Mientras, la Catedral de Cristal, famosa por ser el "edificio de vidrio más grande del mundo" comenzaba a atraer la admiración y curiosidad de todo el mundo. La megaiglesia edificada en 1980 albergó el culto protestante durante 33 años, fue diseñada para resistir devastadores terremotos de 8 grados, puede albergar más de 2.200 personas y los más de 10.000 paneles rectangulares vítreos que lo componen no tienen más ensamblaje que un pegamento similar a la silicona.

    Perteneciente originariamente al culto protestante bajo Crystal Cathedral Ministries, la compañía se declaró en banca rota en 2010 y la diócesis adquirió el edificio por 57 millones y medio de dólares, a lo que hubo que añadir 72 millones más para su rehabilitación y adaptación sísmica. Tras su reasignación en 2019, la catedral pasó a denominarse Catedral de Cristo

    Así fue la inauguración de la Catedral de Cristo en la diócesis de Orange (California). 

    Ante la inminente jubilación del rector de la Catedral, el obispo de la diócesis necesitaba un perfil muy concreto para sustituirle: el nuevo rector no solo debería tener facilidades para relacionarse con otras culturas, sino también para hablar y celebrar misa en multitud de idiomas y encontró en Bao el candidato perfecto.

    Especialmente por encontrarse en la misma catedral el Santuario de Nuestra Señora de La Vang, dedicado a las apariciones de esta advocación que tuvieron lugar en Vietnam en 1798.  El santuario mariano, al aire libre, dispone de una estatua de más de 4 metros de altura, representada con vestimentas vietnamitas en recuerdo a las apariciones a los católicos perseguidos en la selva vietnamita. 

    El santuario de Nuestra Señora de La Vang.

    El santuario erigido a la Virgen en Orange (California) recuerda las apariciones sucedidas en 1798 para socorrer a un grupo de católicos perseguidos. En la estatua de más de 4 metros, la Virgen María lleva un vestido tradicional áo dài y sostiene al niño Jesús. 

    Nuevo rector de la catedral de Cristo

    Por ello, el sacerdote nunca olvidará el 14 de enero de 2022, cuando el obispo le invitó a una comida en la que le propondría un "gran favor", en referencia a su nuevo puesto al frente del templo. "Me quedé sin palabras, sabía que iba a suceder algo pero no esperaba esto", recuerda.

    Al aceptar su nombramiento, Bao es el cuarto rector vietnamita en una catedral de Estados Unidos y el segundo en California.

    Utilizaré humildemente mis dones para llevar a cabo la visión del obispo Vann para la Catedral de Cristo con la ayuda de Dios. No veo mi nuevo rol como un honor para mí, sino para toda la comunidad vietnamita que reside en los Estados Unidos y en todo el mundo”, añade.

    El sacerdote vietnamita Bao Thai.

    El sacerdote vietnamita Bao Thai, tras su nombramiento como rector de la catedral de Cristo en Orange (California).

    Publicado originalmente en el portal mariano Cari Filii.

    Vea también     Imágenes del milagro de la vida y del crimen de la muerte  (haga clic en las imágenes y se engrandeces. Si es muy sensible no vea las imágenes del aborto que aparecen al final del desarrolo de como era usted en en seno de su madre)





















    viernes, 11 de febrero de 2022

    Los cinco últimos milagros reconocidos por la Iglesia en Lourdes, un lugar de formidables curaciones

         Desde 1858 se han reconocido 70 milagros
    y 7.200 sanaciones inexplicables


    Miles de enfermos, pero no sólo, son sumergidos en las piscinas de Lourdes

    Este viernes 11 de febrero la Iglesia celebra la festividad de la Virgen de Lourdes porque justo este día hace 164 años, es decir, en 1858, María se aparecía por primera vez en la cueva de Massabielle a una jovencita Bernardette Soubirous.

    La que a día de hoy es una de las mayores advocaciones marianas del mundo está muy vinculada a los enfermos y a las curaciones físicas y espirituales. De hecho, la primera de ellas se produjo el 1 de marzo de 1858 cuando Catherine Latapie sumergió su brazo herido en el manantial y quedó sanado.

    Desde entonces millones de personas han peregrinado hasta Lourdes, y sin contar este extraño tiempo de pandemia, hasta seis millones de personas visitan cada año el santuario, entre ellos decenas de miles de enfermos.

    En estos 164 años la Iglesia Católica ha reconocido un total de 70 milagros y casi 7.200 curaciones inexplicables, siempre desde una exhaustiva investigación científica. De hecho, en Lourdes hay una Oficina Médica encargada de estudiar estas sanaciones y para ello utilizan 7 exigentes criterios.

    Desde 1999 a 2018, en dos décadas, se han reconocido los últimos cinco milagros producidos en Lourdes, donde la tecnología y la ciencia avanzada han debido rendirse ante la evidencia.

    Estos son los últimos cinco milagros, que tienen como protagonistas a dos franceses y tres italianos:

    Jean-Pierre Bély, milagro tras recibir la Unción de enfermos

    Este hombre de 51 años sufría esclerosis múltiple y llevaba ya dos años en silla de ruedas cuando llegó a Lourdes el 9 de octubre de 1987. Si bien había perdido su capacidad de andar, después de haber recibido el sacramento de los enfermos se dio cuenta de que podía volver a mover los brazos y las piernas.

    Jean-Pierre Bély decía que adquirió una fuerza espiritual desconocida en él cuando recibió los tres sacramentos de sanación de la Iglesia: la Reconciliación, la Eucaristía y la Unción de enfermos. Aseguraba que esta energía recibida se difuminó por todo su organismo provocando su curación instantánea. Se liberó en el acto de dolencias que sufría desde los 16 años.

    Fue sólo después de once años de investigación que su curación fue reconocida como "correspondiente a un hecho inusual e inexplicable” y declarado milagro el 9 de febrero de 1999.

    Anna Santaniello, la mujer que salió andando de la piscina

    Esta mujer italiana de 41 años llegó a Lourdes el 19 de agosto de 1952  víctima de una descompensación cardíaca por enfermedad mitral, consecuencia de una artritis reumatoide aguda, y a quien los médicos no veían cura.  

    Anna Santaniello fue curada milagrosamente en Lourdes

    Esta malformación le impedía caminar y hablar claramente. Asimismo, le causaba cianosis en la cara y edemas en las extremidades inferiores. Según dijo al diario de «La Città» de Salerno, “ya casi no lograba respirar y le dije a mi hermano que mi último deseo era ir a Lourdes”, a donde llegó “viva aunque en camilla”.

    Conducida a las piscinas en camilla, salió por su propio pie: “el agua estaba helada, pero sentí inmediatamente algo que hervía en el pecho, como si me hubieran restituido la vida. Después de pocos segundos, me levanté con mis propias fuerzas y comencé a caminar, rechazando la ayuda de los camilleros, que me miraban con incredulidad”. El 21 de septiembre de 2005 su curación fue declarada "milagrosa" por la Iglesia.

    Hermana Luigina Traverso, la monja que sintió “un calor fuerte”

    La monja italiana tenía 30 años cuando en julio de 1965 llegó a Lourdes por primera vez. Afectada por una parálisis de la pierna izquierda, participó en las celebraciones tumbada en una camilla. El quinto día de la peregrinación, durante la adoración, sintió un fuerte calor que la invitó a enderezarse. Inmediatamente pudo mover los miembros inferiores paralizados y el dolor desapareció.

    Luigina Traverso

    Reconocido como milagro 11 de octubre de 2012, esta salesiana aún vive en su monasterio.

    Danila Castelli, milagro en las piscinas

    La italiana Danila Castelli tenía 35 años y cuatro hijos. Se le diagnosticó un cáncer extraordinariamente virulento que le producía tumores en cualquier parte del cuerpo. Sufrió ocho operaciones y vivía atiborrada a pastillas para soportar los dolores.

    Danila Castelli, en Lourdes, el mismo lugar en el que se curó de un cáncer terminal

    En 1989 los médicos se rindieron y le aconsejaron buscar tranquilidad para sus últimos días. Fue con su marido a Lourdes, no buscando un milagro (ya habían ido otras veces con la esperanza de la curación) sino para estar ante la Virgen en un último "viaje de novios". Iba a morir con 43 años: quería pedir a la Virgen "que Ella estuviese siempre cerca de mis hijos". Pero tras formular su oración, de inmediato se sintió tan aliviada que el dolor desapareció. Y toda la enfermedad.

    Hermana Bernadette Moriau, invitada a quitarse los dispositivos

    Esta francesa, religiosa de Bresles (Oise), se curó a los 69 años, el 11 de julio de 2008 tras padecer una patología en la llamada cola de caballo o cauda equina, agrupación nerviosa en el extremo de la médula espinal fundamental para la movilidad de las extremidades inferiores y la funcionalidad de los órganos pélvicos. Fue operada cuatro veces de la columna vertebral y se veía obligada a tomar morfina para el dolor.

    Bernadette Moriau, último milagro reconocido, en un encuentro con el Papa Francisco

    Rezando en la capilla de su comunidad pocos días después de una peregrinación diocesana a Lourdes, revive en su corazón un momento fuerte vivido en la Basílica de San Pío X durante el sacramento de los enfermos: luego se siente invitada a quitarse el corsé y la férula que ha usado durante casi veinte años, y descubre que su pie ha vuelto a su posición normal. Después de los exámenes médicos, su curación fue reconocida como el 11 de febrero de 2018, precisamente día de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes.

    J. Lozano / ReL

    Vea también     El papel de las viudas en la sociedad y en la Iglesia - San Juan Pablo II













































    domingo, 18 de noviembre de 2018

    Acribillado e inválido en la I Guerra Mundial, su curación en Lourdes dejó a todos boquiabiertos

    John Traynor, totalmente desahuciado volvió a Liverpool empujando su propia camilla




    John Traynor saliendo de Lourdes, y a su llegada a Liverpool empujando la silla de ruedas
    John Traynor saliendo de Lourdes, y a su llegada a Liverpool empujando la silla de ruedas

    Hace ahora un siglo, el 11 de noviembre de 1918, acabó la Primera Guerra
     Mundial, uno de los conflictos bélicos más sangrientos de la historia
     y
     que dejó millones de muertos y otros tantos de heridos. Uno de ellos fue el
    soldado británico natural de Liverpool, John Traynor, que quedó inválido
    debido a los múltiples disparos de una ametralladora en Gallipoli (Turquía).
    Pobre y desahuciado tras una guerra que le dejó sin poder andar, con un brazo también paralizado, con una herida abierta en la cabeza y con varios ataques
    de epilepsia al día, su curación milagrosa en Lourdes en 1923 resultó un
    auténtico acontecimiento en Liverpool
    , pues había pasado por las manos
    de numerosos médicos que le dieron como un caso de imposible curación.
    Una fe y amor a la Virgen transmitida desde niño
    El padre Patrick O´Connor, misionero de San Columbano, conoció bien a
    JacK Traynor y recopiló toda la documentación que pudo para contar este
    hecho sobrenatural.
    De origen irlandés, Traynor quedó huérfano joven pero la fe, el amor a
    la Eucaristía y la devoción a la Virgen María quedaron impreso en él
    desde su infancia
    . Algo que le sería de gran ayuda en la dura vida que
     le
    tocaría vivir.
    Tras estallar la I Guerra Mundial en 1914 fue movilizado en la marina
    británica. En Amberes recibió en la cabeza el impacto de metralla
    y durante cinco semanas estuvo inconsciente
    . Al año siguiente
     fue enviado como expedicionario a Egipto y la actual Turquía. Allí él y
     sus compañeros fueron masacrados hasta que gracias a numerosos
    refuerzos pudieron abrirse paso ante los otomanos. Así siguió hasta
     que el 8 de mayo realizando una carga 
    de bayonetas fue alcanzado
     por los disparos de una ametralladora.
     Recibió numerosos impactos
    de bala: en la cabeza, en el pecho, en un brazo, en la clavícula…
    Este fue el inicio de un sinfín de intervenciones quirúrgicas y de
    traslados de un hospital a otro.
     Tenía un brazo destrozado el cual
    querían amputar, comenzó a sufrir ataques de epilepsia y a perder la
     movilidad en las piernas hasta no poder ni moverlas. Y además buena
    parte de sus órganos estaban dañados.
    Un desecho humano
    Finalmente llegó de vuelta a Liverpool donde junto a su mujer vivió una vida
    muy humilde hasta que en 1923 ocurrió algo que cambiaría su vida para
    siempre. Una vecina llegó a su casa y le habló de una peregrinación
    diocesana a Lourdes
    . Con el escaso dinero que tenía guardado la familia,
    vendiendo algunas de sus pertenencias y empeñando otras, decidió que iría
     a ver a la Virgen. Y se apuntó.
    No fue sencillo pero logró montar en el tren que le llevaría hasta el santuario.
     En varias ocasiones ya en Francia estuvieron a punto de dejarle en algún
    hospital pensando que iba a morir al no soportar el viaje.
    Su terrible llegada a Lourdes
    “Llegamos a Lourdes el 22 de julio, y fui trasladado con el resto de los enfermos
    al hospital ‘Asile’ cerca de la gruta. Estaba en unas condiciones terribles, ya
     que mis heridas y llagas no habían sido vendadas ni cambiadas desde
    que salí de Lourdes”
    , recordaba Jack en el testimonio escrito que dejó al
    padre O´Connor.
    traynor1923
    John, una vez curado pero todavía débil a su salida de Lourdes en 1923
    Seis días sería la estancia en Lourdes. Los primeros días estuvo muy enfermo,
     con hemorragias y ataques constantes. Todos creían que moriría allí. Sin embargo, debido a su obstinación y cierta terquedad logró que lo bañaran
     ocho veces en las piscinas del manantial.
    Algo ocurrió en una de las piscinas
    Era la tarde del 25 de julio y todo seguía igual en él. No notaba ningún tipo
    de mejoría. Pero él quiso que le volvieran a bajar a las aguas del manantial de Lourdes. Recuerda en su escrito que “llegó mi turno, y cuando estaba en
    el baño, mis piernas paralizadas se agitaron violentamente
    . Los camilleros
     se alarmaron una vez más pensando que estaba teniendo otro ataque. Luché
    por ponerme de pie sintiendo que podía hacerlo fácilmente, y me pregunté por
    qué todo el mundo parecía estar en mi contra. Cuando me sacaron de la piscina
    lloré de pura debilidad y agotamiento”.
    Los camilleros le vistieron rápidamente para montarlo en la camilla y llevarlo a
     la procesión. Aquel día el arzobispo de Reims llevaba el Santísimo y a su paso
    le bendijo. “Acababa de pasar cuando me di cuenta de que se había
    producido un gran cambio en mí.
     Mi brazo derecho, que había estado muerto
     desde 1915, estaba violentamente agitado. Rompí los vendajes y me santigüe
    con él por primera vez en años”, escribía.
    Se quiso levantar pero los camilleros y enfermos que ya conocían su
    temperamento pensaron que podría montar el espectáculo y se lo llevaron
    dándole algo para tranquilizarlo. Le acostaron. Aquella noche apenas durmió,
    pero sí rezó bastante tiempo, sobre todo el Rosario.
    El milagro se había producido
    Por la mañana –recordaba- “salté de la cama. Primero, me arrodillé en el
    suelo para terminar el Rosario que había estado recitando, luego corrí
    hacia la puerta,
     aparté a los dos camilleros y salí corriendo por el pasillo
    hacia el aire libre”.
    No había caminado desde 1915 y su peso había disminuido sobremanera.
    Ya en la calle, John Traynor corrió velozmente hacia la gruta de la Virgen,
     que se encontraba a unos 300 metros
    . Allí volvió a arrodillarse todavía
    con el pijama y empezó a rezar y a dar las gracias a la Virgen María.
    “Todo lo que sabía era que debía agradecérselo y la Gruta era el lugar
    para hacerlo”.
    traynor1923-liverpool
    A su llegada a Liverpool le esperaba una multitud, y él apareció
    empujando su propia silla
    La noticia empezó a difundirse por Lourdes casi al instante, al punto de que
     cuando dejó de rezar, John encontró a una multitud asombrada mirándole fijamente
    . Lo mismo ocurría con las personas que se fue cruzando por la calle
    o en el hospital. De hecho, afirmaba que “fui al baño a lavarme y afeitarme. Otros hombres estaban allí antes que yo. Les di los buenos días a todos, pero ninguno
    de ellos me respondió, sólo me miraban asustados, me preguntaba por qué”.
    Un nuevo examen médico
    Ahora la multitud se congregaba a las puertas del hospital. El sacerdote de la peregrinación que en un primer momento no quería que fuera porque moriría en el camino quería verlo pero era imposible llegar a él. Al final logró sortear a las personas, y una vez que vio a Jack completamente curado se derrumbó y se echó a llorar.
    El día que debía volver a Inglaterra tres médicos volvieron a examinarle y confirmaron que podía caminar perfectamente, que había recuperado la función de su brazo derecho, que recuperó la sensibilidad en las piernas, que la abertura de su cráneo había disminuido considerablemente y que no había tenido más crisis epilépticas.
    Cuando John se quitó el último de los vendajes al volver de la gruta el día antes de volver a casa encontró que todas las llagas habían cicatrizado.
    La bendición no del arzobispo sino al arzobispo
    En el tren viajaba aturdido por todo lo que le había pasado y por todo lo que le rodeaba. En una de las paras se abrió la puerta de su compartimento y era el arzobispo Keating de Liverpool, que también estaba en la peregrinación. “Me arrodillé para obtener su bendición. Me levantó y me dijo: ‘John, creo que debería recibir yo tu bendición’. No podía entenderlo. Nos sentamos, y al mirarme me dijo: ‘John, ¿te das cuenta de lo mal que estabas y de que la Virgen Santísima te ha curado milagrosamente?’. Entonces todo volvió a mí, el recuerdo de mis años de enfermedad y los sufrimientos del viaje a Lourdes y lo mal que había estado. Comenzó a llorar, y el arzobispo comenzó a llorar, y los dos nos sentamos allí, llorando como dos niños. Me di cuenta plenamente de lo que había sucedido”.
    La noticia también había llegado a Liverpool y la prensa contaba la asombrosa noticia del milagro de John. La Policía tuvo que custodiar la estación de tren ante la cantidad de gente que había allí esperándole.
    Una vida nueva para John
    Ya sanó pudo tener su propio negocio de transporte de carbón y hasta 12 trabajadores a su cargo. “Levanto sacos de carbón que pesan casi 200 libras y puedo hacer cualquier otro trabajo que pueda hacer un hombre sano. ¡Pero oficialmente todavía estoy clasificado como 100% discapacitado y permanentemente incapacitado!”.
    Era tal la seguridad que los médicos tenían de que nunca se curaría de su invalidez que los facultativos y funcionarios del Ministerio de Pensiones de Guerra nunca quisieron revocar  la pensión de invalidez completa.
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    Cada año desde su curación fue a Lourdes como camillero
    Viajó a Lourdes cada año desde su curación
    “Nunca he permitido que ningún dinero llegue a mi familia en relación con mi cura o la publicidad que la ha seguido. Sin embargo, Nuestra Señora también ha mejorado mis asuntos temporales, y gracias a Dios y a Ella, ahora tengo una situación cómoda y todos mis hijos están bien provistos. Tres de ellos han nacido desde mi cura, uno de ellos es una niña a la que hemos llamado Bernadette”.
    Además, aseguraba que “una gran cantidad de conversiones en Liverpool se han dado tras el milagro”. Tras esto John, volvió a Lourdes como enfermo. No faltó ni un solo año hasta su muerte, yendo incluso en algunas ocasiones hasta dos o tres veces en el mismo año.
    John falleció en 1943,  víspera de la Inmaculada, por una hernia, nada relacionado con sus antiguas dolencias. Vivió 20 años de forma sana y mostrando al mundo el amor de María por el hombre.
    Publicado originariamente en Cari Filii News. Puede suscribirse a su boletín de noticias, aquí.
    Javier Lozano, ReL