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sábado, 29 de febrero de 2020

Sencillos tips para lograr la paz del corazón

Te proponemos un desafío al empezar la Cuaresma, porque nuestra vida diaria puede ser agitada y a veces abrumadora, pero sólo se necesitan unos pocos cambios pequeños e inteligentes para encontrar la paz y difundirla en nuestro entorno
SERENITY
Nuestra vida diaria puede ser agitada y a veces abrumadora, pero sólo se necesitan unos pocos cambios pequeños e inteligentes para encontrar la paz y difundirla en nuestro entorno 
Para hacer la paz en tu entorno, tienes que intentar hacer la paz dentro de ti mismo. Esto es a menudo el trabajo de toda una vida. Aquí tienes algunos pasos y consejos para esta misión esencial.
1. Mírate en el espejo del corazón de Dios.
2. Nunca te desesperes por tus faltas, espera que todo puede cambiar.
3. Medita diariamente en este versículo de la Biblia: “Tú eres precioso a mis ojos” (Is 43:4).
4. Busca en el sacramento de la Reconciliación la mirada del Padre misericordioso.
5. Pídele a Jesús la fuerza para convertir tus vicios y tener una mejor imagen de tu persona.
6. Busca razones que ofrezcan alegría y paz.
7. Tómate un tiempo cada día para dar gracias a Dios (a través del canto del Magnificat, por ejemplo).
8. Reza cuando ocurran eventos trágicos y piensa que el Espíritu de Dios está trabajando en este mundo para bien.
9. Todos los días, ofrece alegría a alguien y difunde palabras positivas a tu alrededor en lugar de señalar los defectos e imperfecciones de los que te rodean.
10. Pregúntate qué espacio le das a Dios, a tu familia y a los demás. Haz un programa semanal evaluando las diferentes prioridades: la pareja, los hijos, el trabajo, los amigos, la vida de oración, la formación intelectual, los momentos de intercambio, etc.
11. Aprende a veces a decir “no” y no dudes en aliviar tu agenda.
12. Nunca olvides la máxima de san Josemaría Escrivá de Balaguer: “Haz lo que tengas que hacer y ponte a hacer lo que hagas“.
13. No te olvides de la limosna, pues abre el corazón: “Ningún poder, por alto que sea, puede resistirse a la limosna… ” (San Juan Crisóstomo). Atrévete a hablar con los más pobres que encuentres, a sonreírles, a considerarlos como personas dignas. Considera dar un porcentaje de tus ingresos (el diezmo) a una parroquia o asociación. Vive la “opción preferencial por los pobres” según la tradición cristiana.
14. Examina tu vida a la luz del significado que te gustaría darle y escribe una carta de vida (lo que es importante para ti, tus prioridades) y vuelve a ellas.
15. Toma decisiones de conversión muy pequeñas para empezar a cambiar.
16. Lee la Palabra de Dios y tómala como guía, está viva e ilumina nuestras elecciones. Canta los salmos de la Biblia, verdaderos himnos a la creación. Suscríbete a una revista de oración como Magnificat, si no lo has hecho ya.
17. No olvides que estamos esperando al Reino, en una peregrinación aquí.
18. Cuando algo te perturba en la relación con los demás, explícaselo a la persona o a las personas implicadas en lugar de pretender que no ha pasado nada. Esto ayuda a combatir el espíritu de resentimiento y venganza.
19. Después de explicaciones tormentosas o de una crisis grave, reza para que tengas el humilde coraje de decir: “Te pido perdón” o “Te perdono”. No olvides pedir a Dios que te conceda la gracia del perdón, sabiendo que tal regalo no es automático ni inmediato, sino que a menudo pasa por todo un viaje interior que puede llevar tiempo.
20. Cree que Dios está cuidando de ti, aunque no entiendas los eventos que pueden afectarte. Discierne la obra de la Providencia y entrégate a ella. Recuerda decir oraciones de abandono y confianza como el rosario o la oración del corazón (“Señor Jesús, ten piedad de mí, un pecador”). A través de la oración nos hacemos amigos de Dios, hay que aprender a conocerle, a hablarle y a confiar en Él.
21. No olvides los sacramentos, alimentos del alma para nuestra peregrinación en la Tierra.
22. No juzgues a los demás manteniendo un discernimiento de las acciones, ten una visión positiva de las personas y abstente de críticas negativas. Prefiere el diálogo y la sinergia a la competitividad y la comparación.
23. No te pierdas en los laberintos de la introspección interior.
24. Tómate un fin de semana para disfrutar de la naturaleza o del arte.
Edifa, Aleteia


lunes, 28 de octubre de 2019

ADOLESCENTES: ABORDAJE FAMILIAR


Juan Antonio Perteguer, director del colegio Edith Stein y padre de familia, ofrece algunos consejos sobre cómo abordar en el ámbito familiar los cambios que experimentan los hijos adolescentes.  Pincha aquí para ver los capítulos anteriores



ReL

viernes, 27 de septiembre de 2019

Cómo mantener un “sí” toda la vida

La fuerza para ser fiel a un compromiso, a una vocación, viene de Dios, 
y se expresa en lo pequeño

Engagement Ring

La fidelidad es esa palabra que hoy parece ser tan débil. La palabra dada. El contrato para siempre. El sí dado para la eternidad.
Y luego el corazón cambia. No sólo cambian el pelo, el físico, las circunstancias. Cambia el alma y la forma de ver la vida. Entonces la fidelidad es cuestionada. Diez, veinte, cincuenta años. Demasiado tiempo.


La vida es muy larga. Y voy cambiando con el paso de los años. Pesa tanto la fidelidad… Como una losa sobre mi espalda. La cojo cada mañana al levantarme. Pesa.
Mis manos frágiles dudan si seguir el camino o emprender otro. Al fin y al cabo, hay tanta infidelidad a mi alrededor… ¿Qué añade una gota más al océano? El corazón tiembla.
Jesús, a través de una parábola, invita a servir bien, a ser fiel en lo poco y en lo mucho:
“El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, lo vuestro, ¿quién os lo dará?”.
Servir bien siempre. En lo poco y en lo mucho. Ser fiel con el dinero ajeno y con el propio. Con el dinero justo y el injusto.
Ser fiel a la palabra dada, a la promesa pronunciada. Una vida entera. Son palabras grandes que exceden mis fuerzas, mi voluntad débil. ¿Cómo puedo llegar a ser fiel siempre? Decía el padre José Kentenich:
“Una entrega a Dios sana y firme sólo se genera y crece en la medida en que el alma se esfuerce, con fidelidad en la oración, por comprender cada vez mejor y más profundamente a Dios, y desasirse de todo desorden. De ahí que deseche un amor no lúcido, fantasioso y sentimental. Para ella el faro y el alimento es la meditación serena y honda; y la prueba de su autenticidad, el desasimiento serio y grato a Dios“.
La fidelidad es de Dios. Y mi vida consiste en asirme a Él y desasirme de todo lo que me quita la paz. Y necesito aprender a abandonarme en sus manos para poder ser fiel.

Daniel Reche

No soy fiel en actos de voluntad cargados de esfuerzo. Me pesa la vida, el alma, el mundo. Y todo va tan rápido a mi alrededor…
Quiero ser fiel. En lo pequeño. Cada día.
Comienzo al levantarme cuando miro el día ante mis ojos. Todo demasiado grande y pesado. Y yo con mis pocas fuerzas dispuesto a iniciar una lucha titánica. Imposible.
El corazón desiste a menudo frente a la tentación. Pensaba que podía, pero no puedo. No logro alcanzar la meta después de tanto tiempo corriendo. No consigo amar con más fuerza después de muchos días de entrega. El corazón se cansa. El cansancio del hombre fiel.
Ser fiel en lo poco. ¿Lo soy? Miro mi corazón. Si soy fiel en lo pequeño seré fiel en lo grande. Si hago lo más fácil, Dios me dará fuerzas para emprender lo más difícil. Una fidelidad a prueba de luchas, de desafíos.
Me siento muy débil en esa fidelidad a la que Dios me llama. Santa Teresita me dice que el amor cree en lo imposible. El que ama con profundidad no cree en los límites ni piensa en lo que parece inalcanzable:
“Cuánta verdad hay en aquello de que el amor jamás encuentra pretexto de imposibilidad porque cree que todo lo puede y le conviene”.
Un amor así es un lujo imposible. Un amor profundo y fiel. El amor es fiel. Sólo cabe entonces mantener encendido el amor. Echar leña al fuego de mi amor a Dios, a los hombres. Cuidar esa hoguera que ilumina mis pasos y mantiene caldeada mi vida.
Ese amor que es fuego que todo lo abrasa. Ese amor es el que quiero para la vida. Es el amor fiel de los esposos que exclaman cada mañana: “Quiero quererte”. Esa voluntad que me lleva a querer amar. A querer luchar.
Y entonces comprendo que es una gracia amar a alguien, amar algo, una vocación, un camino, toda una vida. El hombre es inconstante y tiembla ante tareas imposibles. Como dice la santa:
La prudencia humana tiembla a cada paso y, por decirlo así, no se atreve a apoyar el pie”.
Mi prudencia humana tiembla. Mi deseo de carne es frágil. Y sólo una fuerza inmensa de lo alto puede hacer posible lo imposible y cambiar mi vida.
Dios es fiel. Da la vida siempre por mí. Nunca tiembla ante mi fragilidad. No se desencanta de mis fracasos. No me mira con tristeza al ver cómo caigo. Me anima, infunde en mi alma fuerzas nuevas. Da aliento a mis pasos cuando estoy cansado.
Quiero buscar la fidelidad en Dios. No en mí mismo. Porque yo con mis fuerzas no puedo caminar. Tiemblo y caigo ante los desafíos de una vida que se hace cuesta arriba con tanta frecuencia.
Miro a Dios desde mi miseria y veo su misericordia que se abaja sobre mí y me levanta. Él me hace capaz de ser fiel. Me anima a pronunciar mi sí una vez más, cada mañana. Mi sí frágil y herido por el pecado. Mi sí confiado porque es Dios el que sostiene mis pasos. Mi sí a lo pequeño, porque en lo cotidiano se juega lo eterno. Lo he comprobado.

Carlos Padilla Esteban. Aleteia

jueves, 15 de marzo de 2018

Resiliencia: Ante los acontecimientos, ¿te doblas o te rompes?

3 cosas sobre flexibilidad que deberías saber

¿Eres una persona flexible, o más bien no aceptas los cambios?
En el momento de empezar a redactar este artículo, me viene a la cabe una frase-lema de algunos y una frase-tabú de otros: “Prefiro ser una metamorfosis ambulante que tener esa vieja opinión formada sobre todo”.
Ni tanto ni tan calvo: Tener opiniones sólidas y mantenerlas sobre los asuntos fundamentales de la vida es importante y síntoma de madurez. Pero tener una certeza infalible e inmutable sobre todo no es de sentido común, no es compatible con el ser limitado y finito del ser humano, no te hace crecer ni intelectual ni espiritualmente como persona, e incluso puede ser doloroso y emocionalmente extenuante. No tiene nada que ver con la actitud del sabio y humilde, que sabe que cuanto más sabe, más le queda por aprender.
Desde el punto de vista psicológico, esa inflexibilidad puede representar posibilidades de desarrollar disturbios y trastornos diversos. Aquí, tres señales de que podrías estar necesitando incluso apoyo profesional:

1- Sientes necesidad de tener siempre la razón

Si necesitas que todos reconozcan que siempre tienes razón, tu actitud, en realidad, lo que esconde es tu miedo a estar equivocado, a no saber tomar decisiones o a haber hecho elecciones equivocadas en la vida. Trabajar tus recelos, tus miedos, tus incertidumbres que, aunque estén bien escondidas, deben existir, es una forma de asegurar tu salud mental.

2- No cambias de opinión

Muchas personas tienen grandes dificultades en cambiar de opinión. Igualmente, tiene dificultades en reconocer que sus verdades, sus creencias, sus opiniones pueden ya no coincidir con la realidad tal y como se presenta.

3- No cambias de actitud

Hay quien prefiere “darse cabezazos contra la pared”, reproduciendo viejos patrones de comportamiento, perjudicándose a sí mismo, obteniendo resultados no deseados, sólo por no querer o no poder cambiar de actitud.
Esos problemas requieren atención. Ser flexible, adaptarse, cambiar de idea y de actitud, reconocer la obsolescencia de nuestras viejas certezas, abandonarlas y adoptar la resiliencia y la transformación como modo de supervivencia son actitudes fundamentales para que podamos vivir en armonía en un mundo de diferencias y de cuestionamientos constantes.
La resiliencia es, justamente, la capacidad de adaptarse. Cuando ejercemos una fuerza las extremidades de un bambú, por ejemplo, se dobla. Esto hace que después de la tempestad y del viento agresivo, pueda recuperar su forma. Pero hay otros árboles con raíces más profundas, con troncos más vistoso, pero que no se doblan al viento. Y que acaban, por ser inflexibles, sucumbiendo a él.
De acuerdo con Munhoz (2014, p. 01),
La resiliencia es la habilidad de adaptarse y superar con éxito los desafíos y las situaciones estresantes. Es la superación de las adversidades de forma sana y constructiva. La resiliencia fue definida por Garmezy (1984) como resistencia al estrés o invulnerabilidad frente a condiciones adversas. El individuo resiliente no presenta problemas de comportamiento o emocionales frente a los estresores.
Pueden haber muchos cambios en la vida personal, siempre están surgiendo nuevos desafíos, así que es importante aprender a lidiar adecuadamente con ellos. La resiliencia está en la superación de las dificultades, la persona resiliente “da la vuelta por encima” de los percances. Consigue ser productiva, aprender y desarrollarse incluso ante situaciones estresantes.
El término procede de la física, se trata de la capacidad de los materiales de resistir a los choques y presiones sin alterar sus cualidades. En los últimos años, el término se incorporó a las ciencias humanas, y expresa la capacidad de un ser humano de superar adversidades.
Así, aprender siempre, modificarse, adaptarse, es lo mismo que ser resiliente. Ser resiliente, por tanto, no significa ser inconstante, voluble y sin objetivos. Al contrario, una persona con creencias sólidas y bien fundadas sabe que a veces, es preciso alterar el curso, para conseguir llegar al destino propuesto.
(Adaptado al español del original de Júlia Damasceno, via Psiconlinews)